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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

1 de junio de 2017

SAN JUSTINO, PADRE DE LA IGLESIA, MARTIR. (c. 100-165). Fiesta: 1 de Junio. "El más importante entre los Padres apologistas del siglo segundo" -Benedicto XVI.

San Justino. Icono situado en la Katholikon del Monasterio Stavronikita.
Teófanes Strelitzas o Teófanes Bathas, pintor griego. 
San Justino fue un gran filósofo. Nacido en Nablus, Palestina, de padres paganos, se convirtió al cristianismo leyendo las Sagradas Escrituras y siendo testigo del heroísmo de los mártires. Tenía unos 30 años.
Sus dos libros: Apología por la Religión Cristiana y Diálogo con el Judío Tripo, se consideran entre los mas importantes del siglo II.
San Justino
Justin filozof.jpg
Mártir

Nacimiento
c. 100 d.C./114 d.C.
Flavia NeapolisVexilloid of the Roman Empire.svg Imperio Romano

Fallecimiento
c. 162/168
RomaVexilloid of the Roman Empire.svg Imperio Romano

Venerado en
Iglesia CatólicaIglesia Luterana

Festividad
1 de junio
Fue decapitado en Roma con otros cristianos. Se conservan los archivos de su juicio. 
Benedicto XVI presenta a san Justino, filósofo y mártir. 20 marzo 2007, audiencia general del miércoles. ZENIT.org 
Queridos hermanos y hermanas: 
En estas catequesis estamos reflexionando sobre las grandes figuras de la Iglesia naciente. Hoy hablamos de san Justino, filósofo y mártir, el más importante de los padres apologistas del siglo II. La palabra «apologista» hace referencia a esos antiguos escritores cristianos que se proponían defender la nueva religión de las graves acusaciones de los paganos y de los judíos, y difundir la doctrina cristiana de una manera adaptada a la cultura de su tiempo. De este modo, entre los apologistas se da una doble inquietud: la propiamente apologética, defender el cristianismo naciente («apologhía» en griego significa precisamente «defensa»); y la de proposición, «misionera», que busca exponer los contenidos de la fe en un lenguaje y con categorías de pensamiento comprensibles a los contemporáneos. 
San Justino Mártir 
Justino había nacido en torno al año 100, en la antigua Siquem, en Samaría, en Tierra Santa; buscó durante mucho tiempo la verdad, peregrinando por las diferentes escuelas de la tradición filosófica griega. Por último, como él mismo cuenta en los primeros capítulos de su «Diálogo con Trifón», misterio personaje, un anciano con el que se había encontrado en la playa del mar, primero entró en crisis, al demostrarle la incapacidad del hombre para satisfacer únicamente con sus fuerzas la aspiración a lo divino. Después, le indicó en los antiguos profetas las personas a las que tenía que dirigirse para encontrar el camino de Dios y la «verdadera filosofía». Al despedirse, el anciano le exhortó a la oración para que se le abrieran las puertas de la luz. 
La narración simboliza el episodio crucial de la vida de Justino: al final de un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde iniciaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino había dirigido su «Apología». 
San Justino Mártir 
Las dos «Apologías» y el «Diálogo con el judío Trifón» son las únicas obras que nos quedan de él. En ellas, Justino pretende ilustrar ante todo el proyecto divino de la creación y de la salvación que se realiza en Jesucristo, el «Logos», es decir, el Verbo eterno, la Razón eterna, la Razón creadora. Cada hombre, como criatura racional, participa del «Logos», lleva en sí una «semilla» y puede vislumbrar la verdad. De esta manera, el mismo «Logos», que se reveló como figura profética a los judíos en la Ley antigua, también se manifestó parcialmente, como con «semillas de verdad», en la filosofía griega. Ahora, concluye Justino, dado que el cristianismo es la manifestación histórica y personal del «Logos» en su totalidad, «todo lo bello que ha sido expresado por cualquier persona, nos pertenece a nosotros, los cristianos» (Segunda Apología 13,4). De este modo, Justino, si bien reprochaba a la filosofía griega sus contradicciones, orienta con decisión hacia el «Logos» cualquier verdad filosófica, motivando desde el punto de vista racional la singular «pretensión» de vedad y de universalidad de la religión cristiana. 
San Justino Mártir 
Si el Antiguo Testamento tiende hacia Cristo al igual que una figura se orienta hacia la realidad que significa, la filosofía griega tiende a su vez a Cristo y al Evangelio, como la parte tiende a unirse con el todo. Y dice que estas dos realidades, el Antiguo Testamento y la filosofía griega son como dos caminos que guían a Cristo, al «Logos». Por este motivo la filosofía griega no puede oponerse a la verdad evangélica, y los cristianos pueden recurrir a ella con confianza, como si se tratara de un propio bien. Por este motivo, mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, definió a Justino como «un pionero del encuentro positivo con el pensamiento filosófico, aunque bajo el signo de un cauto discernimiento»: pues Justino, «conservando después de la conversión una gran estima por la filosofía griega, afirmaba con fuerza y claridad que en el cristianismo había encontrado “la única filosofía segura y provechosa” («Diálogo con Trifón» 8,1)» («Fides et ratio», 38). 
San Justino Mártir 
En su conjunto, la figura y la obra de Justino marcan la decidida opción de la Iglesia antigua por la filosofía, por la razón, en lugar de la religión de los paganos. Con la religión pagana, de hecho, los primeros cristianos rechazaron acérrimamente todo compromiso. La consideraban como una idolatría, hasta el punto de correr el riesgo de ser acusados de «impiedad» y de «ateísmo». En particular, Justino, especialmente en su «Primera Apología», hizo una crítica implacable de la religión pagana y de sus mitos, por considerarlos como «desorientaciones» diabólicas en el camino de la verdad. 
La filosofía representó, sin embargo, el área privilegiada del encuentro entre paganismo, judaísmo y cristianismo, precisamente a nivel de la crítica a la religión pagana y a sus falsos mitos. «Nuestra filosofía…»: con estas palabras explícitas llegó a definir la nueva religión otro apologista contemporáneo a Justino, el obispo Melitón de Sardes («Historia Eclesiástica», 4, 26, 7). 
De hecho, la religión pagana no seguía los caminos del «Logos», sino que se empeñaba en seguir los del mito, a pesar de que éste era reconocido por la filosofía griega como carente de consistencia en la verdad. Por este motivo, el ocaso de la religión pagana era inevitable: era la lógica consecuencia del alejamiento de la religión de la verdad del ser, reducida a un conjunto artificial de ceremonias, convenciones y costumbres. 
San Justino Mártir 
Justino, y con él otros apologistas, firmaron la toma de posición clara de la fe cristiana por el Dios de los filósofos contra los falsos dioses de la religión pagana. Era la opción por la verdad del ser contra el mito de la costumbre. Algunas décadas después de Justino, Tertuliano definió la misma opción de los cristianos con una sentencia lapidaria que siempre es válida: «Dominus noster Christus veritatem se, non consuetudinem, cognominavit – Cristo afirmó que era la verdad, no la costumbre» («De virgin. vel». 1,1). 
En este sentido, hay que tener en cuenta que el término «consuetudo», que utiliza Tertuliano para hacer referencia a la religión pagana, puede ser traducido en los idiomas modernos con las expresiones «moda cultural», «moda del momento». 
En una edad como la nuestra, caracterizada por el relativismo en el debate sobre los valores y sobre la religión --así como en el diálogo interreligioso--, esta es una lección que no hay que olvidar. Con este objetivo, y así concluyo, os vuelvo a presentar las últimas palabras del misterioso anciano, que se encontró con el filósofo Justino a orilla del mar: «Tú reza ante todo para que se te abran las puertas de la luz, pues nadie puede ver ni comprender, si Dios y su Cristo no le conceden la comprensión» («Diálogo con Trifón» 7,3). 
[Traducción del original italiano realizada por Zenit] 
Justino Mártir. Menaion (fragmento). Rusia, primera mitad del siglo XVI. Situado en el Ikonen-Museo Recklinghausen
MEDITACIÓN - SAN JUSTINO, MÁRTIR*
— Defensa de la fe en los momentos de incomprensiones.
— Más apostolado cuanto mayores sean las adversidades.
— Vivir la caridad siempre; también con quienes no nos aprecian.
San Justino Mártir - fragmento del icono ortodoxo del siglo XVII. Situado en la Academia Teológica de Moscú.
I. — Defensa de la fe en los momentos de incomprensiones.
En los comienzos, la fe prendió entre gentes de profesiones sencillas: bataneros, cardadores de lana, soldados de tropa, herreros... Las numerosas inscripciones encontradas en las catacumbas nos muestran la variedad de oficios y de trabajos: bodegueros, barberos, sastres, marmolistas, tejedores... Una de estas inscripciones representa a un auriga, de pie sobre su cuadriga, que lleva en la mano derecha una corona y en la izquierda la palma del martirio.
Muy pronto, el Cristianismo llegó a todas las clases sociales. En el siglo ii hubo senadores cristianos, como Apolonio; altos magistrados, como el cónsul Liberal; abogados del foro romano, como Tertuliano; filósofos, como San Justino, cuya fiesta celebramos hoy, convertido a la fe cristiana entrado ya en años.
San Justino Mártir 
Los cristianos no se separan de sus conciudadanos, visten como los hombres de su tiempo y de su región, ejercitan sus derechos civiles y cumplen con sus deberes. Como los demás, asisten a las escuelas públicas, sin avergonzarse de su fe, a pesar de que durante largo tiempo el ambiente pagano fuera muy adverso a la Buena Nueva. La defensa de la fe –el derecho a vivirla siendo a la vez ciudadanos romanos iguales a los demás– será llevada a cabo con una constancia admirable: desde la conversación normal en el mercado o en el foro, hasta quienes hacen una defensa con las armas de la inteligencia, como hicieron San Justino y otros en sus apologías del Cristianismo.
San Justino Mártir 
Todos, cada uno en su lugar, supieron dar un testimonio sereno de Jesucristo, que fue la mejor apología de la fe. Uno de estos ejemplos vivos de la fe nos ha llegado a través de un grafito que aún se conserva. En el Palatino, la colina ocupada por el palacio del emperador y por las villas nobiliarias romanas, existía una escuela en la que se formaban los pajes de la corte imperial. Entre los alumnos debía de contarse un cristiano llamado Alexamenos, pues alguien hizo un dibujo sobre la pared en el que se representaba a un hombre con cabeza de asno, clavado en una tosca cruz, con una figura humana a su lado. Junto al dibujo se puede leer esta inscripción: Alexamenos adora a su dios. El joven cristiano, con valentía y orgullo por su fe, escribió allí mismo como respuesta: Alexamenos es fiel1.
San Justino Mártir 
Este grafito es también un eco de las calumnias que circulaban frecuentemente en torno a los cristianos. Entre las gentes del pueblo abundaban rumores, chismes, trivialidades, historias increíbles... Entre las clases más cultivadas se repetían con desdén frases como las que nos ha transmitido Tertuliano: «Es un buen hombre ese Cayo Sexto, ¡lástima que sea cristiano!». Otro personaje dice: «Estoy verdaderamente sorprendido de que Lucio Ticio, un hombre tan inteligente, se haya hecho cristiano de repente». Y Tertuliano comenta: «No se le ocurre preguntarse si Cayo es un buen hombre y Lucio inteligente precisamente porque son cristianos; o si se han hecho precisamente cristianos porque el uno es un buen hombre y el otro es inteligente»2.
San Justino Mártir 
San Justino sabe dar razón de la grandeza de la fe cristiana en comparación de todos los pensamientos e ideologías en boga: «Porque a Sócrates –señala– nadie le creyó hasta el punto de dar la vida por su doctrina; pero a Cristo no solo le han creído filósofos y hombres cultos, sino también artesanos y gentes totalmente ignorantes, que han sabido despreciar la opinión del mundo, el miedo y hasta la muerte»3. El propio Justino moriría más tarde atestiguando su fe. Esa misma firmeza nos pide el Señor a nosotros en cualquier situación en la que nos hallemos. También si alguna vez tenemos que enfrentarnos a un ambiente completamente adverso a la doctrina de Jesús.
Mosaicos en el Monte de las Bienaventuranzas: (1) Juan Bautista (2) Justino Mártir (3) David (Salmo palabras: 18:19)
II. — Más apostolado cuanto mayores sean las adversidades.
En los momentos de persecución o de mayores tribulaciones, los cristianos seguían atrayendo a otros a la fe. Las mismas dificultades eran ocasión para un apostolado más intenso, avalado por la ejemplaridad y la fortaleza. Las palabras cobraban entonces una particular fuerza: la de la Cruz. El martirio era un testimonio lleno de vigor sobrenatural y de gran eficacia apostólica. A veces, hasta los mismos verdugos abrazaban la fe cristiana4.
Si somos de verdad fieles a Cristo es posible que encontremos dificultades de distinto género: desde la calumnia y la persecución abierta hasta ver que se nos cierra alguna puerta que debería permanecer abierta, el ser relegados a un trabajo menos preeminente, la ironía o el comentario superficial... No es el discípulo mayor que el Maestro5. La vida del cristiano y su sentido de la existencia –queramos o no– chocará con un mundo que ha puesto su corazón en los bienes materiales.
San Justino Mártir 
Esos momentos de dificultad son especialmente aptos para ejercitar un apostolado eficaz: enseñando la verdadera naturaleza de la Iglesia, difundiendo aquellos escritos que dan luz sobre los temas más controvertidos, hablando con claridad de Cristo y de la vida cristiana... Los primeros cristianos vencieron en su empeño y nos enseñaron el camino: su fidelidad incondicional a Cristo pudo más que la atmósfera pagana que los rodeaba. «Sumergidos en la masa hostil, no buscaron en el aislamiento el remedio al contagio y la garantía de supervivencia; se sabían levadura de Dios, y su callada y eficaz operación acabó por informar aquella misma masa. Supieron, sobre todo, estar serenamente presentes en su mundo, no despreciar sus valores ni desdeñar las realidades terrenas»6.
Si en momentos de incomprensión, de calumnias..., seguimos firmes y constantes en el apostolado personal que como cristianos hemos de llevar a cabo, vendrán frutos a la Iglesia desde los lugares más lejanos; donde parecía imposible lograr ningún resultado. El apostolado es más eficaz cuando la Cruz se manifiesta con más claridad.
San Justino
III. — Vivir la caridad siempre; también con quienes no nos aprecian.
Ni las murmuraciones y calumnias, ni el mismo martirio pudieron lograr que los cristianos se replegaran sobre sí mismos y se resignasen a separarse de los demás ciudadanos y a sentirse exiliados del propio medio social. Aun en los momentos más duros de la persecución, la presencia cristiana en el mundo fue viva y operante. Los cristianos defendieron su derecho a ser consecuentes con su fe: los intelectuales, como Justino, con sus escritos llenos de ciencia y de sentido común; las madres de familia lo harían con su conversación amable y con su ejemplo de vida... Y es en medio de este vendaval de la contradicción donde los cristianos vivieron con especial empeño el mandamiento nuevo de Jesús7: «fue con amor como se abrieron paso en aquel mundo pagano y corrompido»8. «Esta práctica de la caridad es, sobre todo, lo que a los ojos de muchos nos imprime un sello peculiar. Ved -dicen- cómo se aman entre sí, ya que ellos se odian mutuamente. Y cómo están dispuestos a morir unos por otros, cuando ellos están más bien preparados a matarse los unos a los otros»9, nos ha dejado escrito Tertuliano.
Los cristianos no reaccionaron con rencor ante quienes de una forma u otra los maltrataban10. Y como nuestros primeros hermanos en la fe, también nosotros hemos procurado siempre ahogar el mal en abundancia de bien11.
San Justino Mártir 
Juan Pablo I, en la catequesis que llevó a cabo en su corto pontificado, hizo mención de la ejemplar historia de las dieciséis carmelitas mártires durante la Revolución francesa, beatificadas por Pío X. Parece que durante el proceso se pidió que fueran condenadas «a muerte por fanatismo». Una de ellas preguntó al juez: «¿qué quiere decir fanatismo?», y él le contestó: «Vuestra boba pertenencia a la religión». Pronunciada la sentencia, mientras las conducían hacia el cadalso, cantaban himnos religiosos; llegadas al lugar de la ejecución, una tras otra se arrodillaron ante la Priora para renovar su voto de obediencia. Después entonaron el Veni Creator; el canto se iba haciendo cada vez más débil a medida que las cabezas de las religiosas caían bajo la guillotina. Quedó en último lugar la Priora, cuyas últimas palabras fueron estas: «El amor saldrá siempre victorioso, el amor lo puede todo»12. Siempre ha sido así.
San Justino Mártir 
Con todo, la mejor caridad de los primeros cristianos se dirigía a fortalecer en la fe a los hermanos más débiles, a los que se habían convertido recientemente y a todos los que estaban más necesitados de ayuda. Las Actas de los Mártires13 recogen casi en cada página detalles concretos de esta preocupación por la fidelidad de los más débiles. No dejemos nosotros de hacer lo mismo en momentos de contradicción, de calumnias, de persecución: amparar, «arropar», a quienes, por edad o circunstancias particulares, más lo necesiten. Nuestra firmeza y alegría en esos momentos será de gran ayuda para otros.
Al terminar este rato de oración nos dirigimos a Nuestra Señora con una oración que los primeros cristianos recitaron muchas veces: Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix... Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, Virgen gloriosa y bendita14.
Reliquienschrein des hl. Justino dem Märtyrer im Stift Lilienfeld, Niederösterreich
1 Cfr. A. G. Hamman, La vida cotidiana de los primeros cristianos, Palabra, 2ª ed., Madrid 1986, p. 108. — 2 Cfr. Tertuliano, Sobre la idolatría, 20. — 3 San Justino, Apología, II, 10. — 4 Cfr. D. Ramos, El testimonio de los primeros cristianos, Rialp, Madrid 1969, p. 32. — 5 Mt 10, 24. — 6 J. Orlandis, La visión cristiana del hombre de hoy, Rialp, 3ª ed., Madrid 1973, p. 48. — 7 Jn 13, 34.— 8 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 172. — 9 Tertuliano, Apologético, 39. — 10 Cfr. Didaché, I, 1-2. — 11 Cfr. Rom 12, 21. — 12 Cfr. Juan Pablo II, Ángelus 24-IX-1978. — 13 Cfr. Actas de los Mártires, BAC, Madrid 1962. — 14 A. G. Hamman, Oraciones de los primeros cristianos, Rialp, Madrid 1956, n. 107 y nota 60.
* Nació en la región de Samaria a comienzos del siglo ii. Como otros pensadores de la época, abrió una escuela de filosofía en Roma. Después de su conversión, ejerció desde ella un fecundo apostolado. Defendió la fe cristiana con su saber en momentos difíciles para el cristianismo. Se han conservado las apologías dirigidas a los emperadores Antonino y Marco Aurelio. Murió mártir en Roma durante la persecución de este último emperador. Por el empeño que puso en defender con su ciencia la fe, y por el valor ejemplar que tiene para todos, León XIII extendió su fiesta litúrgica a la Iglesia universal.
San JUSTINO
JUSTINO EL FILÓSOFO
Todo aconteció aquella noche en la playa. Todavía no había amanecido. El ya entonces conocido filósofo Justino se topó durante sus cavilaciones con un enigmático anciano. Comenzaron a hablar, y al joven le sorprendieron la sencillez en las maneras del abuelo y su tranquila capacidad para escuchar. Tocaron temas muy variados; el anciano le desveló que era cristiano. Justino no pudo menos que considerar al abuelo algo ingenuo. Pero tras esa escena, tras ese inocente encuentro, una nueva chispa de inquietud nació en el interior del ilustrado, la cual, a partir de entonces, no le dejó tranquilo…
Grabado de Justino Mártir en André Thévet , Les Vrais Pourtraits et Hommes Vies Ilustres, 1584.
VIDA
Justino nació el año 100 en Naplusa (Palestina), ciudad romana y pagana, construida en el emplazamiento de la antigua Siquem, no lejos del pozo de Jacob, donde Jesús anunció a la Samaritana el culto nuevo. Naplusa era una ciudad reciente en la que florecían el granado y el limonero, encajada entre dos colinas a mitad de camino entre la frondosa Galilea y Jerusalén.
Los padres de Justino eran colonos acomodados; puede que fueran de esos veteranos dotados de tierras por el Imperio; esto explicaría en el filósofo su rectitud de carácter, su gusto por la exactitud histórica. No posee ni la flexibilidad ni la sutilidad dialéctica de un heleno. Vivió en contacto con judíos y samaritanos.
San Justino el filósofo
SU ITINIRARIO FILOSÓFICO
De naturaleza noble, prendado de lo absoluto, desde joven supo gustar la filosofía, en el sentido que entonces se le daba: no una especulación, sino persecución de la sabiduría que lleva a Dios. La filosofía lo condujo, etapa tras etapa, hasta el umbral de la fe. El mismo Justino nos cuenta, en el Diálogo con el judío Trifón, el largo itinerario de su búsqueda, sin que nos sea posible distinguir entre el artificio literario y la autobiografía. En Naplusa siguió primero las clases de un estoico y después las de un discípulo de Aristóteles, al que abandonó pronto para acudir a un platónico. En su ingenuidad, esperaba que la filosofía de Platón le permitiría «ver inmediatamente a Dios».
Retirado a la soledad, meditaba sobre la visión de Dios, sin que su inquietud se sosegase, cuando tuvo lugar el encuentro nocturno con aquel anciano en la playa. Éste le mostró que el alma humana no podía alcanzar a Dios por sus propios medios; el cristianismo era la única verdadera filosofía, que lleva a su cumplimiento todas las verdades parciales: 
«Platón prepara para el cristianismo».
La Iglesia acogió a Justino y, con él, a Platón. Cuando se hizo cristiano en el año 130, el filósofo, lejos de abandonar la filosofía, afirma haber encontrado en el cristianismo la única filosofía segura que colma todos sus deseos. Siempre lleva puesto el manto de los filósofos. Para él es un título de nobleza.
Mosaicos en el Monte de las Bienaventuranzas: (1) Juan Bautista (2) Justino Mártir (3) David (Salmo palabras: 18:19)
CRISTIANO Y FILÓSOFO
Justino sabía ver la parte de verdad contenida en todos los sistemas. Le gustaba decir que los filósofos eran cristia­nos sin saberlo. Y justifica esta afirmación con un argumento tomado de la apologética judía, que pretendía que los pensadores debían lo mejor de sus doctrinas a los libros de Moisés. Para él, el Verbo de Dios ilumina a todos los hombres, lo cual explica las partes de verdad que se encuentran en los filósofos. Los cristianos no tienen nada que envidiarles, porque poseen al Verbo mismo de Dios, que no solamente guía la historia de Israel, sino toda búsqueda sincera de Dios. Esta generosa visión de la historia encierra una intuición de genio que, después de Ireneo de Lyon, será recogida desde san Agustín a san Buenaventura, y más recientemente por Maurice Blondel. Está particularmente cercana a nuestra problemática de hoy día.
Justino no se preocupa más que de la doctrina y de la autenticidad del testimonio. Los argumentos que desarrolla tienen una historia: la suya propia. El ha conocido personalmente las tentaciones contra las que nos pone en guardia. El testimonio de la obra de Justino conserva todo su valor para aquel que se decide a seguirlo.
Nadie ha creído en Sócrates hasta morir por lo que éste enseñaba. Pero, por Cristo, artesanos y hasta ignorantes han despreciado el miedo a la muerte». Estas nobles palabras las dirige Justino al Senado de Roma. También a él le toca aceptar la muerte por la fe que había recibido y transmitido. En el momento de su martirio, el filósofo cristiano no está solo, sino rodeado de sus discípulos. Las actas nos citan seis de ellos. Esta presencia, esta fidelidad hasta en la muerte, eran el homenaje más emocionante que se pueda ofrecer a un maestro de sabiduría.
Juicio de San Justino el filósofo
UN PENSADOR DE NUESTROS DÍAS
En este hombre de hace dieciocho siglos percibimos el eco de nuestras inquietudes, de nuestras objeciones y de nuestras certezas. Es un contemporáneo nuestro por su apertura de alma, por su voluntad de diálogo, por su capacidad de comprensión.
Justino, un laico, un intelectual, ilustra el diálogo que comienza entre la fe y la filosofía, entre cristianos y judíos, entre Oriente, donde él había nacido, y Occidente, donde abre una escuela: en Roma al cabo de numerosas etapas. Su vida fue una larga búsqueda de la verdad. Para este filósofo, el cristianismo no es una doctrina, ni siquiera un sistema, si no una persona: el Verbo encarnado y crucificado en Jesús, que le desvela el misterio de Dios.
Había viajado, interrogado, sufrido, con el fin de encontrar lo verdadero. Sin duda por esta razón nosotros descubrimos detrás de lo que él descubre un desprendimiento, incluso una desnudez que es lo que avala a su testimonio. Este filósofo del año 150 está más cercano a nosotros que muchos de los pensadores modernos. Muere el año 165.
Fuente: Hamman, Adalbert G. La vida cotidiana de los primeros cristianos
San Justino Mártir
QUIÉNES SON LOS PADRES DE LA IGLESIA?
EMINENTES CRISTIANOS SANTOS QUE, CON SU FE Y ENSEÑANZAS, FORMARON A LA IGLESIA DURANTE SUS PRIMEROS SIGLOS. HOY PERMANECEN COMO BRÚJULA SEGURA Y FUENTE GENEROSA PARA LOS CATÓLICOS Y OTROS CRISTIANOS.
Padres de la iglesia
Los Padres de la Iglesia son grandes cristianos de los ocho primeros siglos después de Cristo distinguidos por sus enseñanzas coherentes con su vida que contribuyeron a edificar la Iglesia en sus estructuras primordiales.
Fueron un numeroso y diverso grupo de verdaderos pastores que condujeron fielmente a los cristianos de los primeros siglos con la fuerza de su palabra y de su vida de fe, consecuente en muchas ocasiones hasta una muerte heroica: PAPAS como Clemente Romano (que, según el testimonio de San Ireneo, conoció y trató a los apóstoles Pedro y Pablo), Teólogos como el Doctor de la Iglesia Juan Damasceno, monjes eremitas como el después arzobispo Basilio Magno, Místicos como Agustín de Hipona, Mártires como Justino y muchos otros hombres cuya doctrina ortodoxa y vida santa ha sido reconocida por la Iglesia, santos que irradiaban a Cristo e impulsaban a seguirlo, y lo siguen haciendo todavía hoy.
“Padres de la Iglesia se llaman con toda razón aquellos santos que, con la fuerza de la fe, con la profundidad y riqueza de sus enseñanzas, la engendraron y formaron en el transcurso de los primeros siglos”, escribe San Juan Pablo II en la carta apostólica Patres ecclesiae publicada el año 1980 con ocasión del 16º centenario de la muerte de san Basilio.
Los cuatro padres de la Iglesia latina: San Agustín de Hipona, San Gregorio Magno, San Ambrosio de Milán y San Jerónimo de Estridón. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunciónen Villamelendro de Valdavia (Palencia, Castilla y León).
ELLOS FUERON PARA EL DESARROLLO DE LA IGLESIA LO QUE FUERON LOS APÓSTOLES PARA SU NACIMIENTO.
  • Dieron forma a las instituciones de la Iglesia, a su doctrina, su liturgia, su oración, su espiritualidad. 
  • Fijaron el “Canon completo de los Libros Sagrados”
  • compusieron las profesiones básicas de la fe
  • precisaron el depósito de la fe en confrontaciones con las herejías y la cultura de la época dando origen así a la teología
  • pusieron las bases de la disciplina canónica
  • crearon las primeras formas de la liturgia.
Padres de la Iglesia
Según el San Juan Pablo II, 
“son de verdad "Padres" de la Iglesia, porque la Iglesia, a través del Evangelio, recibió de ellos la vida. Y son también sus constructores, ya que por ellos —sobre el único fundamento puesto por los Apóstoles, es decir, sobre Cristo— fue edificada la Iglesia de Dios en sus estructuras primordiales”.
Padres de la Iglesia
En los elementos de consenso entre ellos son reconocidos como intérpretes fidelísimos de la doctrina que predicó Jesucristo.
Los "Padres de la Iglesia" son los mas insignes pastores, generalmente obispos (no siempre), de la Iglesia de los primeros siglos. Sus enseñanzas, en sentido colectivo, son consideradas por la Iglesia como fundamento indispensable de la doctrina ortodoxa cristiana. Por su cercanía a los Apóstoles nos presentan la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras.
  • Los cuatro principales criterios para ser reconocido como "Padre de la Iglesia": antigüedad
  • ortodoxia
  • santidad
  • aprobación de la Iglesia. 

No todos los escritos de los Padres son ortodoxos sino solo aquellos en los que hay común acuerdo entre ellos. (Ej.: Orígenes y Tertuliano cayeron en serios errores pero no se niega el valor de sus obras anteriores.) El Papa Gelasio (Pontificado: 492-496) hizo una lista de autores aprobados que contiene las "obras de los santos Padres aceptadas por la Iglesia"
Padres de la Iglesia 

LOS PADRES SE DISTINGUEN ENTRE GRIEGOS (PROCEDENTES DEL ESTE) Y LATINOS (DEL OCCIDENTE). 
Generalmente se considera que el último de los Padres latinos es Isidoro de Sevilla (560-636) y el último de los Padres del griegos es San Juan Damasceno (675-749).
El título de "Padres" ya era común en el siglo IV.
"Lo que nosotros enseñamos no es el resultado de nuestras reflexiones personales, sino lo que hemos aprendido de los Padres" -San Basilio

La Patrística abarca los 8 primeros siglos de la era cristiana, siendo San Isidoro de Sevilla (muerto en 636) el último Padre latino, y San Juan Damasceno (muerto 746) el último Padre griego.
AL ESTUDIO DE LOS PADRES SE LE LLAMA "PATRÍSTICA" (CUANDO EL ESTUDIO SE CENTRA EN LA DOCTRINA) Y "PATROLOGÍA" (CUANDO SE CENTRA EN LA VIDA PERSONAL).
Padres Apostólicos: Estos son los Padres de la Iglesia que fueron discípulos directos de alguno de los Apóstoles. También se otorga este título a los Padres (siglo I, II) que constituyen un eslabón entre el Nuevo Testamento y los apologistas del segundo siglo. Los escritos de los Padres Apostólicos son considerados como un eco de la enseñanza de los Apóstoles. Ejemplo: San Policarpo, San Ignacio de Antioquía.
Icono en una iglesia ortodoxa griega en Turquía: la Virgen rodeada de los Padres de la IglesiaLISTA DE LOS PADRES DE LA IGLESIA 
En la siguiente tabla aparecen los principales padres de la Iglesia ordenados alfabéticamente y con su fecha de muerte entre paréntesis. 
Padres griegosPadres latinos
San Andrés de Creta (f. 740)San Ambrosio de Milán (f. 397)
Afraates (siglo IV)Arnobio de Sicca (f. 330)
San Arquelao (f. 282)San Agustín de Hipona (f. 430)
San Atanasio de Alejandría (f. 373)San Benito de Nursia (f. 550)
San Atanasio sinaíta (f. 700)San Cesáreo de Arlés (f. 542)
Atenágoras de Atenas (siglo II)San Juan Casiano (f. 435)
San Basilio Magno (f. 379)San Celestino I (f. 432)
San Cesáreo de Nacianzo (f. 369)San Cornelio (f. 253)
San Clemente de Alejandría (f. 215)San Cipriano de Cartago (f. 258)
San Clemente Romano (f. 97)San Dámaso (f. 384)
San Cirilo de Alejandría (f. 444)San Dionisio (f. 268)
San Cirilo de Jerusalén (f. 386)San Enodio de Pavía (f. 521)
Dídimo el Ciego (f. 398)San Eucherio de Lyon (f. 450)
Diodoro de Tarso (f. 392)San Fulgencio (f. 533)
San Dionisio el Grande (f. 264)San Gregorio de Elvira (f. 392)
San Efrén de Siria (f. 373)San Gregorio Magno (f. 604)
San Epifanio (f. 403)San Hilario de Poitiers (f. 367)
Eusebio de Cesarea (f. 340)San Inocencio de Roma (f. 417)
San Eustacio de Antioquía (f. siglo IV)San Ireneo de Lyon (f. 202)
San Firmiliano de cesarea (f. 268)San Isidoro de Sevilla (f. 636) (Considerado el último de los padres occidentales)
Genadio I de Constantinopla (siglo V)San Jerónimo de Estridón (f. 420)
San Germano (f. 732)Lactancio (f. 323)
San Gregorio de Nacianzo (f. 390)San Leandro de Sevilla (f. 600)
San Gregorio de Nisa (f. 395)San León Magno (f. 461)
San Gregorio Taumaturgo (f. 268)Mario Mercátor (f. 451)
Hermas de Roma (siglo II)Mario Victorino (f. h. 382))
San Hipólito (f. 236)San Martín de Braga (f. 579)
San Ignacio de Antioquía (f. 107)Minucio Félix (siglo II)
San Isidoro de Pelusio (f. 450)Novaciano (f. 257)
San Juan Crisóstomo (f. 407)San Optato (siglo IV)
San Juan Clímaco (f. 649)San Osio de Córdoba (f. 357)
San Juan Damasceno (f. 749) (Considerado el último de los padres orientales)San Paciano (f. 390)
San Julio I (f. 352)San Pánfilo (f. 309)
San Justino (f. 165)San Paulino de Nola (f. 431)
San Leoncio de Bizancio (siglo VI)San Pedro Crisólogo (f. 450)
San Macario (f. 390)San Febadio (f. siglo IV)
San Máximo el Confesor (f. 662)Rufino de Aquilea (f. 410)
San Melitón de Sardes (f. 180)Salviano (siglo V)
San Metodio de Olimpo (f. 311)San Siricio (f. 399)
San Nilo el Viejo (f. 430)Tertuliano (f. 222)
Orígenes (f. 254)San Venancio Fortunato (f. 610)
San Policarpo de Esmirna (f. 155)San Vicente de Lerins (f. 450)
San Proclo (f. 446)
Pseudo Dionisio Areopagita (siglo VI)
San Serapión (f. 370)
San Sofronio (f. 638)
Taciano (siglo II)
Teodoro de Mopsuestia (f. 428)
Teodoreto de Ciro (f. 458)
San Teófilo de Antioquía (siglo II)Nota: A veces la lista de padres latinos se amplía también a san Beda el Venerable (f. 735)
Padres de la Iglesia
Fuente:
http://www.corazones.org/santos/justino.htm
http://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.asp
http://es.aleteia.org/2013/01/22/quienes-son-los-padres-de-la-iglesia/
http://www.primeroscristianos.com/index.php/quien-era/item/1208-san-justino-filosofo-martir-ano-165-1-junio
http://www.primeroscristianos.com/index.php/quien-era/item/1208-san-justino-filosofo-martir-ano-165-1-junio
http://www.corazones.org/diccionario/padres_iglesia.htm

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