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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

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30 de mayo de 2012

TRASPLANTE Y DONACIÓN DE ÓRGANOS. GENERALMENTE SE HABLA DE "TRANSPLANTE" CUANDO EL DONANTE ES UNA PERSONA VIVA Y DE "DONACIÓN" CUANDO EL DONANTE ES UN DIFUNTO

ÍNDICE 

Transplante según el Catecismo de la Iglesia Católica
2296 El trasplante de órganos no es moralmente aceptable si el donante o sus representantes no han dado su consentimiento consciente. 

El trasplante de órganos es conforme a la ley moral y puede ser meritorio si los peligros y riesgos físicos o psíquicos sobrevenidos al donante son proporcionados al bien que se busca en el destinatario. 

Es moralmente inadmisible provocar directamente para el ser humano bien la mutilación que le deja inválido o bien su muerte, aunque sea para retardar el fallecimiento de otras personas.
Donación de órganos sí; clonación no

S.S. Juan Pablo II

VATICANO, 30 Ago. 00 

Al recibir a los participantes del XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes, el Papa Juan Pablo II defendió la donación de órganos, pero señaló enérgicamente que la clonación para esos efectos es totalmente inaceptable desde el punto de vista moral.

En un discurso pronunciado en inglés, el Pontífice señaló que “los intentos de clonación humana con el fin de obtener órganos para trasplantar, en cuanto implican manipulación y destrucción de embriones humanos, no son moralmente aceptables, a pesar de que su fin sea bueno en sí mismo”
El Papa recordó que “la ciencia prevé otras formas de intervención terapéutica que no suponen ni la clonación ni el uso de células embrionales, bastando para ello la utilización de células estaminales de organismos adultos”; y destacó que la medicina de los trasplantes, “mientras ofrece esperanza de salud y de vida a tanta gente, también presenta algunos puntos críticos, que requieren ser examinados a la luz de una atenta reflexión antropológica y ética”.
“También en esta materia, el criterio fundamental de valoración debe ser la defensa y la promoción del bien integral de la persona humana, según su peculiar dignidad”, agregó.
Donación de órganos: acto de amor
Tras calificar la donación de órganos como “un auténtico acto de amor”, el Papa puso de relieve que el cuerpo humano “no puede ser considerado únicamente como un complejo de tejidos, órganos y funciones, sino que es parte constitutiva de la persona”.

Por eso, dijo el Papa “toda tendencia a comercializar los órganos humanos o a considerarlos como unidades de intercambio o de venta, resulta moralmente inaceptable, porque a través de la utilización del cuerpo como 'objeto', se viola la misma dignidad de la persona”.

Juan Pablo II destacó también la importancia de que la persona que done los órganos sea adecuadamente informada, de modo que decida libremente y en caso de imposibilidad, se requiere “un eventual consenso por parte de los parientes”.
¿Cuándo está muerto el ser humano?
Los órganos vitales sólo se pueden extraer del cuerpo de un individuo “ciertamente muerto”. Aquí nace, dijo, “una de las cuestiones más debatidas en los círculos bioéticos actuales”, el problema de “la constatación de la muerte”. En este sentido, añadió el Santo Padre, “es oportuno recordar que existe una sola ‘muerte de la persona’, consistente en la total desintegración de aquel complejo unitario e integrado que es la persona en sí misma”.

“La muerte de la persona entendida en este sentido radical es un evento que no puede ser directamente verificado por ninguna técnica científica ni metódica empírica. Pero, la experiencia humana enseña también que la muerte de un individuo produce inevitablemente signos biológicos”.

El reciente criterio de constatación de la muerte, el de la “cesación total e irreversible de toda actividad encefálica, si es aplicado escrupulosamente, no aparece en contraste con los elementos esenciales de una correcta concepción antropológica”, dijo el Pontífice; y señaló que “sólo cuando existe esta certeza es moralmente legítimo iniciar los procedimientos técnicos para extraer los órganos que hay que trasplantar, previo consenso del donante o de sus legítimos representantes”.
“Lista de espera” de órganos
El Papa comentó otro problema, el de “la atribución de los órganos donados mediante las listas de espera o la asignación de prioridades”. El Pontífice destacó que desde el punto de vista moral, un principio de justicia obvio exige que estos criterios “no sean discriminatorios (basados en la edad, sexo, raza, religión, condición social) o utilitaristas. Para determinar quién tiene la precedencia en la recepción de órganos hay que atenerse a valoraciones inmunológicas y clínicas”.

El último problema que afrontó en su discurso fue el de los llamados “xenotrasplantes”, es decir, los trasplantes de órganos procedentes de especies animales. A este respecto, recordó lo que dijo en 1956 el Papa Pío XII: “La licitud de un 'xenotrasplante' requiere por una parte que el órgano trasplantado no incida en la integridad de la identidad psicológica o genética de la persona que lo recibe; por otra, que exista la probada posibilidad biológica de efectuar con éxito este trasplante, sin exponer a excesivos riesgos al que lo recibe”.
Clonación, no
Juan Pablo II manifestó el deseo de que la investigación científico-tecnológica en el campo de los trasplantes “progrese ulteriormente, extendiéndose también a la experimentación de nuevas terapias alternativas al trasplante de órganos”; “Sin embargo -recordó-, hay que evitar siempre aquellos métodos que no respeten la dignidad y el valor de la persona; pienso en particular en los eventuales proyectos o intentos de clonación humana con el objetivo de obtener órganos para trasplantar”, concluyó.
«DONAR LOS ORGANOS ES UN GESTO DE AMOR»
-Cardenal Ratzinger (Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe)
ROMA, 4 feb. (Zenit).- 
«Donar los propios órganos es un gesto de amor moralmente lícito siempre que sea un acto libre y espontáneo». Con estas palabras, el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, recuerda la línea mantenida por la Iglesia en este tema, cuando se acaba de aprobar ayer una ley en Italia para agilizar la donación de órganos y, por tanto, la realización de transplantes. 
La ley, como otras del entorno europeo, presupone que una persona es potencial donante si no se opone expresamente. Es decir, quien calla otorga.
Por primera vez, el cardenal confiesa que forma parte de una asociación de donantes de órganos, mientras subraya la contrariedad de la Iglesia ante cualquier forma de procreación artificial --el Parlamento italiano debate un polémico proyecto de ley sobre fecundación «in vitro»--: 
«Poner a disposición, espontáneamente, partes del propio cuerpo para ayudar a quien tiene necesidad es un gesto de gran amor. No es así, en cambio, el caso de la fecundación artificial de los embriones, que no prevé el acto de amor entre cónyuges. Sobre estos aspectos, es siempre válido lo que está escrito en la «Instrucción sobre el respeto de la vida humana por nacer y la dignidad de procreación», la «Donum vitae», publicada en 1987. 
Aquel documento, después de doce años, sigue siendo actualísimo», recuerda el cardenal.
P.- Cardenal Ratzinger, ¿es siempre moralmente lícito donar los propios órganos?
R.- Cierto que es lícito incorporarse, espontáneamente y con plena consciencia, a la cultura de los transplantes y de la donación de órganos. Por mi parte, sólo puedo decir que he ofrecido toda mi disponibilidad a dar, eventualmente, mis órganos a quien tiene necesidad.
P.- ¿Esto quiere decir que está incluso inscrito en una asociación de donantes?
R.- Sí, hace años que me inscribí en la asociación y llevo siempre conmigo este documento en el que, además de mis datos personales, está escrito que estoy dispuesto, si se da el caso, a ofrecer mis órganos para ayudar a cualquiera que tenga necesidad: es simplemente un acto de amor.
P.- ¿Qué significa para un cristiano ofrecer el propio cuerpo para transplantes?
R.- Significa tantas cosas juntas. Pero, sobre todo, significa cumplir, repito, un gesto de altísimo amor hacia quien tiene necesidad, hacia un hermano en dificultad. Es un acto gratuito de afecto, de disponibilidad, que cada persona de buena voluntad puede realizar en cualquier momento y por cualquier hermano. Esto es todo.
P.- Un acto que, ahora en Italia, se codifica con una ley. ¿Qué piensa de esta ley?
R.- En mi situación, no me permito juzgar ninguna ley de ningún Estado. No juzgo las leyes. Digo sólo que donar los órganos para transplantes, espontáneamente, en plena consciencia y en pleno conocimiento, significa dar vida a un verdadero, profundo, acto de amor hacia el prójimo.
P.- Y, sin embargo, en torno a este «acto de amor» se polemiza: en especial sobre el silencio-asentimiento informado. ¿Qué opinión se ha hecho sobre esto?
R.- No, no respondo. Son aspectos legislativos sobre los que no puedo absolutamente pronunciarme. Incluso porque aún no conozco suficientemente todos los términos de las normas en cuestión. Pero sobre las leyes no expreso juicios, más allá del hecho de que la donación es un gesto de gratuidad fraterna y afectiva.
P.- ¿Nada que decir sobre la fecundación asistida?
R.- Sobre la fecundación es siempre válida la Instrucción «Donum vitae», contraria a toda forma de manipulación y a cualquier acto procreativo fuera del amor conyugal.
ZS99020403 Zenit
Donaciones y Transplantes, una oportunidad para compartir el don de la vida 
Dr. Luis E. Raez
Cada día se hace más necesaria la disponibilidad de órganos para transplantes. Mucha gente no está enterada de lo importante que es donar sus órganos para poder dar vida o prolongar la vida de otras personas. Diversas instituciones han colaborado para incrementar el número de donantes sin embargo todavía existe un inadecuado número de personas que donan órganos comparado con la gran demanda. La doctrina de la Iglesia católica respalda y estimula la generosidad de los donantes dentro de un contexto apropiado. 
En Estados Unidos se hacen cada año miles de transplantes de órganos; desde corneas o partes de huesos, hasta hígados, corazones, pulmones, riñones, etc. Se ha llegado a considerar que de un donante sano que muere accidentalmente más de 20 personas se pueden beneficiar de las donaciones de sus diversos órganos. Pero existe mucho desconocimiento acerca de las donaciones de órganos (y preocupación valida entre los católicos si es adecuado hacerlo). Debido a estos y otros factores existe una gran demanda de órganos sobretodo entre las minorías. 
Una de las formas más comunes de registrar donantes de órganos son las oficinas que dan licencias de manejo donde se registran las personas que tienen deseo de donar órganos en caso de muerte. Donaciones de órganos importantes como hígados, corazones y pulmones pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte para muchas personas que por diversas enfermedades tienen órganos que ya han perdido la posibilidad de seguir funcionando. 
Tenemos casos de niños que nacen con defectos de vías biliares o adultos con falla hepática por cirrosis avanzada del hígado (o hepatitis crónica) que son enfermedades incurables y mortales si no se hace un transplante. También tenemos los casos de pacientes jóvenes con daño pulmonar que morirán de todas maneras a menos que se les transplante un pulmón porque todavía no hay cura para esas enfermedades. En otros casos como los de leucemias, los transplantes de médula ósea representan la posibilidad de curar algunos de estos pacientes o prolongar la vida de otros ya que no todas las enfermedades son curables. En los casos de corneas u huesos, no necesariamente se hacen para salvar vidas pero si representan la posibilidad de mejorar la calidad de vida de los pacientes que podrán volver a caminar o seguir viendo. 
Como decíamos antes, se aceptan también transplantes de médula ósea, cordón umbilical o sangre que contenga células estaminales adultas. Pero felizmente de ninguna manera se acepta legalmente en Estados Unidos lo que alguna gente propone que es crear por fecundación in vitro embriones humanos con fines de transplantar sus órganos o células estaminales. Algo que sería totalmente inmoral y contra la dignidad de la persona humana representada en los embriones humanos. 
Asimismo, para tomar el órgano de un donante, se tiene que verificar rigurosamente que éste halla dado su consentimiento cuando estaba vivo y que ahora esté muerto. Paciente con muerte cerebral, en coma o respiradores artificiales que no estén cerebralmente muertos, no se consideran técnica ni moralmente muertos todavía y no es ético usarlos como donantes de órganos así sea con el propósito de salvar una vida. 
En casos de que no sean órganos absolutamente necesarios para vivir porque tenemos más de uno, como riñones, sangre o médula ósea, no es necesario que el donante esté muerto ya que el donante puede vivir con un riñón y la médula ósea o la sangre se vuelven a reproducir. Pero debe haber una razón fuerte para que el donante tenga que hacerlo, por ejemplo un padre da un riñón para salvar a un hijo o un hermano dona su médula ósea para salvar al otro. Esto es muy diferente a la comercialización de órganos que trae problemas morales serios. 
El Catecismo de la Iglesia Católica establece en el número 2296 el criterio moral para la adecuada donación y transplante de órganos: "Los transplantes de órganos están en conformidad con la ley moral si los riesgos físicos y psicológicos del donante están proporcionados con el bien que se busca en el recipiente. La donación de órganos luego de la muerte es un acto noble y meritorio y se considera como una expresión de generosa solidaridad. No es moralmente aceptable si el donante o su representante legal no han dado consentimiento explícito. Además no es moralmente admisible la mutilación o muerte de una persona con el fin de retardarle la muerte de otras personas. 
El Catecismo enfatiza la misma idea en el número 2301 cuando dice "….la libre donación de órganos luego de la muerte es legítima y se considera meritoria…" El Papa Juan Pablo II en su encíclica "El Evangelio de la Vida" escrita en 1995 habla claramente de la nobleza de la donación de órganos como donación de uno mismo cuando dice: "El evangelio de la vida se celebra en la vida diaria y debe ser llenado de autodonación por los demás. Un ejemplo particular de estos gestos es la donación de órganos hecha de una manera aceptable, con la intención de ofrecer salud y tal vez vida para los enfermos que algunas veces no tienen otra esperanza". 
El mismo Papa dijo en el XVIII congreso internacional de transplantes en Agosto del 2000: "Cada donación de un órgano por la salud y el bien de otra persona es un gesto que es un genuino acto de amor. No sólo se trata de dar algo que pertenece a nosotros, sino también de dar algo de nosotros mismos porque por virtud de su unión con el alma, el cuerpo humano no puede ser considerado un conjunto de tejidos, órganos y funciones; es más bien una parte constitutiva de la persona que se manifiesta y expresa a través de él". 

*El Dr. Luis E. Raez es Profesor Asistente de Medicina, Epidemiología y Salud Pública en la División de Hematología Clínica y Oncología Médica, Departamento de Medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami.- Publicado con permiso del autor. http://www.corazones.org/diccionario/organos_donacion.htm

18 de mayo de 2012

CONVERSACIÓN ENTRE MELLIZOS EN EL VIENTRE MATERNO

En el vientre de una mujer embarazada estaban dos criaturas conversando cuando una le preguntó a la otra:
- ¿Crees en la vida después del nacimiento?
La respuesta fue inmediata:
- Claro que sí. Algo tiene que haber después del nacimiento. Tal vez estemos aquí principalmente porque precisamos prepararnos para lo que seremos mas tarde.
- Bobadas, no hay vida después del nacimiento! ¿Cómo sería esa vida?
- Yo no sé exactamente, pero ciertamente habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y comamos con la boca.
- Eso es un absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? Es totalmente ridículo! El cordón umbilical es lo que nos alimenta. Yo solamente digo una cosa: la vida después del nacimiento es una hipótesis definitivamente excluida – el cordón umbilical es muy corto.
- En verdad, creo que ciertamente habrá algo. Tal vez sea apenas un poco diferente de lo que estamos habituados a tener aquí.
- Pero nadie vino de allá, nadie volvió después del nacimiento. El parto apenas encierra la vida. Vida que, a final de cuentas, es nada más que una angustia prolongada en esta absoluta oscuridad.
- Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del nacimiento, pero, con certeza, veremos a mamá y ella cuidará de nosotros.
-¿Mamá? ¿Tú crees en la mamá? ¿Y dónde supuestamente ella estaría?
- ¿Dónde? En todo alrededor nuestro! En ella y a través de ella vivimos. Sin ella todo eso no existiría.
- Yo no creo! Yo nunca vi ninguna mamá, lo que comprueba que mamá no existe.
- Bueno, pero, a veces, cuando estamos en silencio, puedes oírla cantando, o sientes cómo ella acaricia nuestro mundo. ¿Sabes que? Pienso, entonces, que la vida real solo nos espera y que, ahora, apenas estamos preparándonos para ella...

1 de mayo de 2012

LA BIOLOGÍA DE LA BIOÉTICA: USOS Y ABUSOS DE LOS DATOS CIENTÍFICOS. UNIVERSIDAD DE NAVARRA


http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=smW_clKa1fw
Lección de clausura del Máster en Bioética, a cargo del Dr. Gonzalo Herranz, Universidad de Navarra 2010-2011

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA DE LA PONTIFICIA ACADEMIA PARA LA VIDA. Sábado 25 de febrero de 2012

Sala Clementina
Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:

Me alegra encontrarme con vosotros con ocasión de los trabajos de la XVIII asamblea general de la Academia pontificia para la vida. Os saludo y os doy las gracias a todos por vuestro generoso servicio en defensa y en favor de la vida, en particular al presidente, monseñor Ignacio Carrasco de Paula, por las palabras que me ha dirigido también en vuestro nombre. El enfoque que habéis dado a vuestros trabajos manifiesta la confianza que la Iglesia ha depositado siempre en las posibilidades de la razón humana y en un trabajo científico realizado rigurosamente, que siempre tengan presente el aspecto moral. El tema que habéis elegido este año, «Diagnóstico y terapia de la infertilidad», además de tener relevancia humana y social, posee un peculiar valor científico y expresa la posibilidad concreta de un diálogo fecundo entre la dimensión ética y la investigación biomédica. En efecto, ante el problema de la infertilidad de la pareja, habéis elegido recordar y considerar atentamente la dimensión moral, buscando los caminos para una correcta evaluación diagnóstica y una terapia que corrija las causas de la infertilidad. Este enfoque no sólo nace del deseo de dar un hijo a la pareja, sino también de devolver a los esposos su fertilidad y toda la dignidad de ser responsables de sus decisiones de procreación, para ser colaboradores de Dios en la generación de un nuevo ser humano. La búsqueda de un diagnóstico y de una terapia representa el enfoque científicamente más correcto de la cuestión de la infertilidad, pero también el más respetuoso de la humanidad integral de los sujetos implicados. De hecho, la unión del hombre y de la mujer en la comunidad de amor y de vida que es el matrimonio, constituye el único «lugar» digno para la llamada a la existencia de un nuevo ser humano, que siempre es un don.

Por tanto, deseo alentar la honradez intelectual de vuestro trabajo, expresión de una ciencia que mantiene vivo su espíritu de búsqueda de la verdad, al servicio del bien auténtico del hombre, y que evita el riesgo de ser una práctica meramente funcional. De hecho, la dignidad humana y cristiana de la procreación no consiste en un «producto», sino en su vínculo con el acto conyugal, expresión del amor de los esposos, de su unión no sólo biológica sino también espiritual. A este respecto, la instrucción Donum vitae nos recuerda que «el acto conyugal, por su íntima estructura, al asociar al esposo y a la esposa con un vínculo estrechísimo, los hace también idóneos para engendrar una nueva vida de acuerdo con las leyes inscritas en la naturaleza misma del varón y de la mujer» (n. 4 a). Por eso, las legítimas aspiraciones de paternidad de la pareja que sufre una condición de infertilidad deben encontrar, con la ayuda de la ciencia, una respuesta que respete plenamente su dignidad de personas y de esposos. La humildad y la precisión con que profundizáis en estas problemáticas, consideradas inusuales por algunos de vuestros colegas ante la fascinación de la tecnología de la fecundación artificial, merecen aliento y apoyo. Con ocasión del décimo aniversario de la encíclica Fides et ratio, recordé cómo «la ganancia fácil, o peor aún, la arrogancia de sustituir al Creador desempeñan, a veces, un papel determinante. Esta es una forma de hybris de la razón, que puede asumir características peligrosas para la propia humanidad» (Discurso a los participantes en el congreso internacional organizado por la Pontificia Universidad Lateranense, 18 de octubre de 2008: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 7 de noviembre de 2008, p. 6). Efectivamente, el cientificismo y la lógica del beneficio parecen dominar hoy el campo de la infertilidad y de la procreación humana, llegando a limitar también muchas otras áreas de investigación.

La Iglesia presta mucha atención al sufrimiento de las parejas con infertilidad, se preocupa por ellas y, precisamente por eso, alienta la investigación médica. Sin embargo, la ciencia no siempre es capaz de responder a los deseos de numerosas parejas. Por eso quiero recordar a los esposos que viven la condición de infertilidad, que su vocación matrimonial no se frustra por esta causa. Los esposos, por su misma vocación bautismal y matrimonial, siempre están llamados a colaborar con Dios en la creación de una humanidad nueva. En efecto, la vocación al amor es vocación a la entrega de sí, y esta es una posibilidad que ninguna condición orgánica puede impedir. Por consiguiente, donde la ciencia no encuentra una respuesta, la respuesta que ilumina viene de Cristo.

Deseo animaros a todos vosotros, aquí reunidos para estas jornadas de estudio y que a veces trabajáis en un contexto médico-científico donde la dimensión de la verdad resulta ofuscada: proseguid el camino emprendido de una ciencia intelectualmente honrada y fascinada por la búsqueda continua del bien del hombre. En vuestro itinerario intelectual no desdeñéis el diálogo con la fe. Os dirijo a vosotros la apremiante exhortación que hice en la encíclica Deus caritas est: «Para llevar a cabo rectamente su función, la razón ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente. (...) La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio» (n. 28). Por otra parte, precisamente la matriz cultural creada por el cristianismo —basada en la afirmación de la existencia de la Verdad y de la inteligibilidad de lo real a la luz de la Suma Verdad—, repito, la matriz cultural hizo posible en la Europa medieval el desarrollo del saber científico moderno, saber que en las culturas anteriores estaba sólo en germen.

Ilustres científicos y todos vosotros, miembros de la Academia, comprometidos a promover la vida y la dignidad de la persona humana, tened siempre presente también el papel cultural fundamental que desempeñáis en la sociedad y la influencia que tenéis en la formación de la opinión pública. Mi predecesor, el beato Juan Pablo II, recordaba que los científicos, «precisamente porque “saben más», están llamados a “servir más”» (Discurso a la Academia pontificia de ciencias, 11 de noviembre de 2002: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de noviembre de 2002, p. 7). La gente tiene confianza en vosotros, que servís a la vida; tiene confianza en vuestro compromiso en favor de quienes necesitan consuelo y esperanza. Jamás cedáis a la tentación de tratar el bien de las personas reduciéndolo a un mero problema técnico. La indiferencia de la conciencia ante la verdad y el bien representa una peligrosa amenaza para un auténtico progreso científico.

Quiero concluir renovando el deseo que el concilio Vaticano II dirigió a los hombres del pensamiento y de la ciencia: «Felices los que, poseyendo la verdad, la buscan más todavía a fin de renovarla, profundizar en ella y ofrecerla a los demás» (Mensaje a los intelectuales y a los hombres de ciencia, 8 de diciembre de 1965: AAS 58 [1966], 12). Con estos deseos os imparto a todos vosotros aquí presentes, y a vuestros seres queridos, la bendición apostólica. Gracias.
© Copyright 2012 - Libreria Editrice Vaticana
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2012/february/documents/hf_ben-xvi_spe_20120225_acdlife_sp.html

OBJECIONES TÉCNICAS, ÉTICAS Y ANTROPOLÓGICAS A LA CLONACIÓN HUMANA

Autor: Cardenal Alfonso López Trujillo,
Presidente del Consejo Pontificio para la Familia

Ciertos argumentos, que permiten profundizar en los motivos racionales de la inmoralidad de la clonación, muestran la continuidad ética entre la clonación reproductiva y la terapéutica. Son argumentos unidos por una profunda complementariedad, porque desarrollan diversos aspectos éticos racionales derivados de la dignidad ontológica del embrión humano, y están entre sí en íntima relación con el estatuto antropológico y ético del embrión, que debe ser el punto de partida inicial en toda esta problemática 26.

a) Insuprimible probabilidad del carácter humano de los embriones obtenidos
La obtención de embriones humanos por clonación, tanto con fines de reproducción como de terapia e investigación, implicaría la destrucción de gran parte de ellos. Por ejemplo, para la oveja "Dolly", fue necesario "desperdiciar" centenares de embriones. Más aún, el elevado riesgo de transmisión de enfermedades o malformaciones que implicaría esta técnica añade nuevas razones para su prohibición ética. Esto vale especialmente por lo que atañe a la clonación "terapéutica". De este modo, resulta obvio que la obtención de células madre embrionarias conlleva la producción (y sucesiva destrucción) de un embrión, que muchos de esos investigadores ya no insisten en definir como "un cúmulo de células", concepto elaborado para eludir la cuestión antropológica, y en consecuencia ética, del embrión. En efecto, reconocen que estas técnicas suponen la producción de lo que denominan "early embryo", es decir, embrión en fase inicial. Pero, entonces, se plantea una pregunta: ¿qué sería ese embrión? ¿Cuál sería su estatuto ético y jurídico? Esa pregunta remite a otra subyacente: ¿cuál es el estatuto de todo embrión humano?

La afirmación según la cual al ser humano se le debe respetar y tratar como persona desde el momento mismo de la concepción es central para un correcto planteamiento del problema de la identidad y del estatuto del embrión humano. "La formulación, en estos términos, del deber ético fundamental con respecto al nascituro se ha hecho sumamente necesaria con vistas a los problemas planteados por el desarrollo biotecnológico" 27.

La expresión "pre-embrión" se ha utilizado precisamente para evitar la pregunta antropológica y ética fundamental sobre el estatuto del embrión 28. "El problema es -se dice- que el embrión en su fase inicial no goza de individualidad e identidad, ya que, al estar formado por células totipotentes, en él no son aún identificables uno y varios individuos humanos. Pero razonemos. El embrión (nos referimos al así llamado "pre-embrión") es un ser. Con esta expresión -ser- entendemos una realidad existente y viva que es susceptible de desarrollo biológico propio, diferenciado y autónomo (tiene en sí mismo la fuerza evolutiva) relativamente al medio adecuado y necesario para su subsistencia y para "alimentar" ese desarrollo propio y autónomo. Además, y sobre todo, se desarrolla por sí mismo, sin desempeñar ningún "papel" externo a su propio ser. Una célula no es un ser individuo porque "funge" como parte de un conjunto, su desarrollo forma parte del desarrollo del conjunto en el que está insertada. En cambio, el embrión no forma parte de ningún conjunto, no es fundamental para la vida (biológica) de la madre; si "producimos" embriones en el laboratorio, estos, como tales, no tienen "utilidad" -salvo que se los implante en un útero femenino para proseguir el ciclo biológico que lleva al nacimiento, o que, con la misma finalidad, se desarrolle toda la fase de gestación en el laboratorio-; y eso es verdad hasta el punto de que con el tiempo, cuando no son implantados, se los "descarta", "destruye" o, simplemente, se los "mata", términos que, en este caso, son sinónimos" 29.

En efecto, si la pregunta sobre el embrión es antropológica y éticamente exacta, es preciso decir también que desde el punto de vista ético se plantea una cuestión previa, muy importante para la ética: ¿qué cosa no es?

En otras palabras, ¿podemos estar seguros de que el embrión así engendrado no es humano? Desde el punto de vista moral, ya la admisión de la probabilidad (insuprimible en el estado actual de los estudios) de estar ante un ser humano, como producto de las técnicas de clonación, tiene un peso decisivo. Es evidente que quien se encuentra ante una sombra y duda si es un animal o un hombre, si le dispara, se hace culpable de homicidio. Antes de disparar, tiene el estricto deber moral de asegurarse de que no es un hombre. Este principio ético se viola en esas prácticas, en las que la obtención de células madre embrionarias humanas implicaría la creación y destrucción de un embrión en las primeras fases de vida.

b) La dignidad del embrión humano
El resultado de una fecundación es un nuevo individuo biológico unicelular totipotente, al que se le suele llamar cigoto. Hay que reconocer que el resultado de la clonación efectuada es totalmente análogo al que deriva de la fecundación. No hay ningún fundamento para afirmar que, a pesar de las anomalías genéticas, la clonación no produce un cigoto. Por consiguiente, se debe establecer una estricta analogía entre fecundación y clonación. Es preciso decir, además, que no hay ningún motivo racional para negar a los embriones obtenidos por clonación los mismos derechos que tienen los obtenidos por fecundación artificial y, por tanto, a fortiori, todos los demás embriones engendrados en el proceso natural de fecundación humana. ¿Cuál sería, por ejemplo, la diferencia esencial entre unos y otros, teniendo en cuenta la totipotencialidad de las células que los componen, que nadie pone en duda?

El desarrollo del embrión es la fase inicial del individuo humano. El p. Angelo Serra analiza las tres propiedades principales que caracterizan el proceso epigenético humano, el cual, según C.H. Waddington, se puede definir como "la continua emergencia de una forma de fases precedentes", es decir:

1) La coordinación. "El desarrollo embrional, desde la fusión de los gametos o "singamia", hasta la aparición del disco embrional, a los catorce días y más allá, es un proceso que manifiesta una secuencia coordinada y la interacción de una actividad molecular y celular, bajo el control del nuevo genoma". Esta propiedad requiere una rigurosa unidad del sujeto que se está desarrollando. No es un racimo de células, sino un individuo real.

2) La continuidad. La singamia 30inicia un nuevo ciclo de vida. "Todo indica que hay una diferenciación ininterrumpida y progresiva de un individuo humano bien determinado, según un plan único y rigurosamente definido que comienza desde la fase de cigoto". Esta propiedad de la continuidad implica y establece la unicidad o singularidad del nuevo sujeto humano.

3) La gradualidad. La forma final debe alcanzarse gradualmente. Es un desarrollo permanentemente orientado desde la fase de cigoto hasta la forma final, a causa de una intrínseca ley epigenética. Todo embrión humano mantiene su propia identidad, individualidad, unidad. El embrión vivo, desde la fusión de los gametos, no es un mero cúmulo de células disponibles, sino un individuo humano real en desarrollo. Sí, es hijo desde aquel momento. El embrión es un individuo humano. La introducción abusiva del término pre-embrión fue una estrategia para tranquilizar la conciencia y permitir la experimentación hasta el final de la fase de implantación, es decir, en la especie humana, alrededor de catorce días después de la fecundación. Así, se concluye cómodamente que el embrión no existiría durante las primeras dos semanas que siguen a la fertilización(31).

c) El embrión, incluso en la fase unicelular, tiene dignidad humana
Así pues, el rechazo a reconocer condición humana al embrión obtenido mediante clonación (tanto con finalidad reproductiva como para extraer de él células madre embrionarias) en los primeros días de su desarrollo, se sitúa en la discusión sobre el estatuto antropológico y ético del embrión humano. A estos embriones se les niega el carácter de individuo y se dice que no tienen "vida humana". Es una contradicción. Si se trata de embriones, y no sólo de "ovocitos que se han dividido" (y en vías de extinción), se trata de individuos humanos, dotados de vida humana, y no de "grupos" de células.

El investigador I. Wilmut (famoso por haber obtenido la primera oveja clonada, "Dolly", hoy firme opositor de la clonación humana reproductiva, pero claramente favorable a la terapéutica) reconoce que "cuando se crea un embrión, se pone en auto-pilot en su desarrollo inicial". Si el embrión fuera un "cúmulo de células", como dicen, no sería "piloto de sí mismo", no tendría autonomía ni teleología propia y unitaria, como en cambio muestra tener.

El embrión, desde el momento de la concepción, en la fecundación, se presenta como una entidad dotada de autonomía, que en su desarrollo progresa inmediatamente de una manera gradual, continua, armónica, y en él se da la integración y la cooperación teleológica constante de todas sus células. Se trata de un organismo que progresa sin interrupción según el programa trazado en su genoma. Así, llega a ser sucesivamente, sin intervención directiva desde fuera, cigoto, mórula, blastocito, embrión implantado, feto, niño, adolescente y adulto(32). Si esto acontece en la fecundación natural, ¿por qué no sucedería lo mismo en la clonación?

En este punto encontramos una contradicción cuando niegan al resultado de una eventual clonación lo que reconocen al resultado de la fecundación. Esta distinción (embrión clonado, embrión fecundado) remite a la falsa distinción entre el así llamado "pre-embrión" y el embrión, distinción errónea, como hemos señalado antes, que en la práctica se ha convertido en el mayor obstáculo al reconocimiento de un estatuto del embrión humano 33. Si el embrión humano clonado no fuese humano, entonces ¿qué "cosa" sería? ¿A qué especie animal pertenecería? ¿Tendría un genoma humano, pero no sería humano? No es necesario insistir aquí en las contradicciones que implican esas negaciones. Un embrión humano, así reconocido por la razón como individuo humano, dotado de un organismo propio, tiene una dignidad propia y por eso merece respeto. No se trata de una "dignidad" debida a alguna añadidura externa, sino fundada en su ser, en sí y por sí mismo.

Si al embrión se le niega la dignidad humana, con el pretexto de que no tiene conciencia actual, también se debería negar la dignidad a la persona que duerme o que está en estado de coma. Quien niega la dignidad al embrión, entonces también debería negar su dignidad al niño 34.

El ser humano, cualquiera que sea su condición económica, física o intelectual, no se puede usar como un medio, como un objeto. La malicia de la ofensa a este principio fundamental se agrava cuando este ser humano no puede defenderse contra el agresor injusto. Si uno acepta tratar a un ser humano como medio y no como fin, entonces debe aceptar que también él mismo pueda ser tratado un día de la misma manera. Y no deberá protestar. Aunque se demostrara claramente la aplicación terapéutica de las células madre obtenidas mediante creación-destrucción de embriones humanos (cosa que no se ha verificado), la moral, la sensatez y el buen juicio se opondrían: no se puede hacer el mal por una causa buena. El fin no justifica los medios. La historia de la humanidad está llena de enseñanzas a este respecto. Como decía el filósofo J. Santayana, "quien no conoce la historia, está condenado a repetirla".

d) Personalidad del embrión
Así pues, la valoración moral de la clonación humana depende esencialmente de su objeto, de su finalidad objetiva, y no deriva primariamente de la intención subjetiva con que se emplean esas técnicas. Ya la incertidumbre sobre la naturaleza humana del producto de la aplicación de esas técnicas al hombre impone el deber de no realizarla. Pero, más allá de este estricto deber moral de no crearlos, hay muchos y graves motivos para considerar no sólo que a los embriones así producidos se les debería respetar de acuerdo con la dignidad humana, sino también que son personas humanas primero manipuladas y después destruidas.

e) Inhumanidad de la producción y consiguiente destrucción del embrión en la clonación "terapéutica"
Los defensores de la así llamada "clonación terapéutica" insisten siempre en que su intención no es realizar una clonación reproductiva, sino destruir el embrión humano así creado en los primeros días de su desarrollo. Según sus razonamientos (ampliamente recogidos por la prensa, por los medios de comunicación y en los discursos políticos), este modo de actuar sería "ético", mientras que la clonación reproductiva no lo sería.

La clonación humana que podría llevar al nacimiento de un ser humano se ha de considerar un método inmoral de procreación artificial 35. En la "clonación terapéutica", ese proceso se interrumpe intencionalmente: se crea voluntariamente un embrión humano para destruirlo después, con el fin de extraer células madre embrionarias. Desde el punto de vista ético, este procedimiento es aún peor. Aceptarlo implicaría aceptar una igualdad radical entre la especie humana y las demás (P. Singer). Rechazar la posibilidad de matar una vida humana para curar otras vidas humanas, no procede de una posición específicamente religiosa, sino de la fuerza de argumentos y razones de buen sentido, y de la fuerza de una antropología coherente y de una bioética personalista.

f) La clonación humana se opone a la dignidad de la vida y de la procreación
La aplicación de las técnicas de clonación al hombre, con la intención de crear embriones, tanto para implantarlos luego en un útero (reproductiva) como para extraer células madre y después destruirlas (terapéutica y de investigación), no sólo hiere la dignidad de la vida humana y sus derechos insuprimibles, sino que también se opone al valor moral de la unión intrínseca entre vida, sexualidad y procreación. La orientación de la sexualidad humana hacia la procreación no es una añadidura "biológica", sino que corresponde a la naturaleza humana y se manifiesta en la inclinación natural del hombre a la procreación. En cambio, estas técnicas separan los aspectos procreadores de los unitivos, propios de la sexualidad humana, y se oponen a la dignidad de la sexualidad y de la procreación.

Las técnicas de clonación son, en sí mismas y siempre, "reproductivas". Las experiencias recientes muestran también que la clonación humana, a pesar de enormes dificultades, en principio no es imposible. El interrogante ético afecta, por tanto, no sólo a la dignidad de la vida humana y la instrumentalización y eventual destrucción del embrión, sino también a la del modo específico de procreación humana, que es precisamente sexual y que tiene su valor moral, que esas técnicas no respetan.

g) La clonación de embriones humanos se opone a la dignidad de la familia
Existe también un importante factor ético que conviene considerar, y que a menudo se pasa por alto. El ser humano es un ser social. La dinámica sexual y procreadora en el hombre se desarrolla naturalmente en un marco en el que la sexualidad y la procreación se insertan armónicamente en la realidad del amor conyugal que da pleno sentido a la sexualidad humana abierta a la vida. Amor y responsabilidad se encuentran en el matrimonio en la apertura a la vida y continúan en la tarea de la educación, mediante la cual los padres ejercen de modo integral el cuidado de sus hijos.

La clonación humana rompe toda esta dinámica. En la clonación, la vida se presenta como un elemento completamente externo a la familia. El embrión "aparece", por decirlo así, al margen no sólo de la sexualidad, sino también de una genealogía. Todo ser humano tiene derecho a nacer del amor integral -físico y espiritual- de un padre y una madre, a recibir sus cuidados, a ser acogido como un don por sus padres y a ser educado. Cuando en el horizonte surge la inquietante posibilidad de que se pueda manipular y someter a experimentos la vida del ser humano concebido, para luego destruirla, una vez obtenidas del embrión las células o los conocimientos biológicos que se buscan, entonces es el mismo concepto de filiación y de paternidad-maternidad lo que se pone en tela de juicio, y es la misma idea de familia la que queda destruida.

Conclusión
Los recientes avances de las ciencias muestran que la clonación humana, a pesar de las notables dificultades técnicas y las profundas objeciones éticas y antropológicas, es algo más que una hipótesis y se está convirtiendo en una posibilidad. Los diversos intentos de impedir, mediante la ley y los acuerdos internacionales, que esta posibilidad se transforme en realidad, y de obtener un reconocimiento de su condición de crimen contra la persona humana, no se fundan en un miedo impreciso al progreso y a la técnica, sino en importantes y sensatas motivaciones éticas y en una concepción antropológica bien determinada de la persona humana, de la sexualidad y de la familia. Corresponde a las autoridades públicas, a los Parlamentos y a los organismos internacionales tomar una postura coherente. Se trata verdaderamente de un problema clave para el futuro de la humanidad y para la salvaguardia de la dignidad de la investigación científica y de los esfuerzos en favor de la vida, de la salud y del bienestar de los seres humanos, que justifica la toma de medidas oportunas por parte de la comunidad de los pueblos que constituyen la gran familia humana.

(26) D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; E. Sgreccia, Manuale di bioetica (vol. 1), Vita e pensiero, Milán 1998, pp. 361-422; C. Caffarra, Il problema morale dell´aborto, en AAVV (a cargo de A. FioriE. Sgreccia) L´aborto, Vita e pensiero, Milán 1975, pp. 313-320.

(27) I. Carrasco de Paula, Il rispetto dovuto all´embrione umano: prospettiva storico-dottrinale, en Academia pontificia para la vida, Identità e statuto dell´embrione umano, Librería Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 31.

(28) La expresión "pre-embrión" es engañosa y ha sido manipulada en favor del aborto. Cf. A. Serra, El estado biológico del embrión humano. ¿Cuándo comienza el ser humano?, en Academia pontificia para la vida (a cargo de Ramón Lucas), Comentario interdisciplinar a la "Evangelium vitae", BAC, Madrid 1996, pp. 573-597.

(29) R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003.

(30) Por singamia se entiende la parte de la fecundación que consiste en el proceso iniciado por la penetración del espermatozoo en el ovocito, orientada hacia la reunión del contenido cromosómico de los dos pronúcleos formados (amfimixis).

(31) Cf. Angelo Serra, L´uomo-embrione. Il grande misconosciuto, Ed. Cantagalli, Siena 2003, pp. 41-52. Pueden verse también las voces "Dignidad del embrión humano" y "Selección y reducción embrional" en Lexicon. Termini ambigui e discussi su famiglia, vita e questioni etiche, a cargo del Consejo pontificio para la familia, EDB, Bolonia 2003.

(32) Las expresiones técnicas cigoto, mórula y blastocito corresponden a nombres del embrión según el momento de su desarrollo, de acuerdo con criterios histológicos y fisiológicos.

(33) La engañosa idea de "pre-embrión" se originó, como es bien conocido, en el Comité Warnock, y hoy ha sido aceptada generalmente y está muy arraigada en muchos ambientes. A. Serra, Pari dignità all´embrione umano en Consejo pontificio para la familia, I figli: famiglia e società nel nuovo millennio. Atti del Congresso internazionale teologico-pastorale. Città del Vaticano, 11-13 ottobre 2000, Librería Editora Vaticana, Vaticano 2001, pp. 313-320; R. Colombo, La famiglia e gli studi sul genoma umano; o.c., pp. 321-325; A. Serra, R. Colombo, Identità e statuto dell´embrione umano: il contributo della biologia, en Academia pontificia para la vida, Identità e statuto dell´embrione umano, Librería Editora Vaticana, Vaticano 1988, p. 157; D. Tettamanzi, Nuova bioetica cristiana, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 235-268; L. Ciccone, Bioetica. Storia, principi, questioni, Ares, Milán 2003, pp. 61-80; R.C. Barra, Status giuridico dell´embrione umano, en Lexicon. Famiglia, vita e questioni etiche, EDB, Bolonia 2003; Ph. Caspar, La problematique de l´animation de l´embryon. Survoi historique et enjeux dogmatiques, en Nouvelle Revue Théologique, n. 123/1991 .

(34) Racionalidad, conciencia y autonomía constituirían la persona, según autores como H.T. Engelhardt o P. Singer. H. T. Engelhardt, The foundations of bioethics, Nueva York, Oxford University Press, 1986; Manuale di bioetica, Mondadori, Milán 1991; Practical Ethics, Cambridge University Press, Cambridge 1993; cf. L. Palazzani, Il concetto di persona tra bioetica e diritto, Turín, Giappichelli, 1996.

(35) Congregación para la doctrina de la fe, instrucción Donum vitae, I, 6.
http://www.aciprensa.com/clonacion/lopez-trujillo2.htm

30 de abril de 2012

EL PELIGRO DE LA FECUNDACIÓN IN VITRO


A pesar de que cada vez más mujeres utilizan los tratamientos de fecundación in vitro, aumentan las evidencias que confirman las desventajas de su uso.

El médico canadiense John Barrett describía lo que denominaba una "epidemia de nacimientos múltiples, debidos en gran parte a la fecundación in vitro", informaba el periódico National Post el 22 de septiembre.

"Lo que está haciendo la industria de la fecundación in vitro es crear una población de bebés enfermos... que está afectando a toda la sociedad", afirmaba.

Según el artículo que citaba datos de Statistics Canada, el número de nacimientos múltiples en Canadá ha aumenta en un 45% hasta casi 12.000 al año en el periodo 1991 a 2008.

En otro artículo sobre la fecundación in vitro el 26 de septiembre, el National Post informaba de que se la ha vinculado a raros trastornos genéticos.

En una conferencia sobre fertilidad, la doctora Rosanna Weksberg decía que los bebés nacidos por fecundación in vitro tienen 10 veces más probabilidades de sufrir problemas genéticos. Aunque declaraba su apoyo a la utilización de la fecundación in vitro, Weksberg también decía que está viendo a muchos niños nacidos gracias a ella que sufren de raras enfermedades.

Añadía que hay evidencias de que los bebés nacidos por fecundación in vitro son más propensos a nacer con bajo peso.

La causa de este aumento del riesgo de problemas genéticos es desconocida, pero según Weksberg podría ser una combinación de los problemas de fertilidad de los padres y de los tratamientos de fertilidad mismos.

En los casos en los que se involucra a donantes externos, para los niños puede haber otros problemas debido a la falta de conocimiento de los problemas médicos de su padre biológico.

Enfermedad
En Australia, un canal de televisión hacía pública hace poco la historia de una mujer concebida con el semen de un donante, que ahora tiene cáncer de colon hereditario, algo que no viene de su madre.

Según un reportaje publicado el 5 de septiembre por el servicio British BioNews, la mujer no puede obtener información alguna sobre su padre, ni puede contactar con sus otros ocho medio hermanos, por el hecho de que en el momento de su concepción la identidad de los donantes se mantenía en secreto.

Algunos estados australianos han cambiado la ley que exige a los donantes que consientan que se divulgue información sobre ellos, pero el cambio no tiene carácter retroactivo.

El 21 de julio la norteamericana ABC News informaba de un problema parecido. Rebecca Blackwell y su hijo de 15 años, Tyler, estaban intentando localizar al padre donante de semen y, aunque no ha respondido a sus solicitudes de información, la hermana de este hombre les comunicó que su hermano tenía una enfermedad hereditaria de la arteria aorta del corazón.

Descubrieron que Tyler había heredado esto, lo que podría matarlo sin previo aviso. Más tarde se sometió a una operación, pero será necesario que se someta a una vigilancia continua el resto de su vida.

El padre de Tyler donó su semen a tres clínicas, siendo padre de al menos 24 niños. No contó a ninguno de ellos sus problemas de salud, que también incluyen el síndrome de Marfan, una enfermedad de los tejidos.

Cuando el semen de un donante se utiliza con mucha frecuencia se presentan otras consecuencias negativas. La preocupación es que alguno de los niños, al ignorar quién es su padre, puedan mantener una relación incestuosa.

El Sunday Times de 18 de septiembre informaba de que un donante de semen británico engendró hijos para 17 familias.

Las directrices oficiales ponen un límite de 10, pero la Human Fertility and Embryology Authority (HFEA) ha admitido que se ha sobrepasado en ocasiones. Además, tampoco saben cuántas veces se han roto las reglas.

"Existe el peligro real, en un país pequeño como el Reino Unido, de que los niños concebidos por un donante se encuentren sin saber que son medio hermanos", afirmaba Josephine Quintavalle, de la organización Comment on Reproductive Ethics.

En Estados Unidos, que es mucho más grande que Inglaterra, es significativo el problema de los múltiples descendientes de un mismo donante.

Un caso llamativo era el publicado el 5 de septiembre por el New York Times, que contaba que un hombre había sido padre de hasta 150 hijos. Aunque este es un caso extremo, el artículo decía que hay muchos otros casos de donantes que han sido padres de 50 o más hijos.

"Tenemos más normas que entran en juego al comprar un coche usado que al comprar semen", decía Debora L. Spar, autora de The Baby Business: How Money, Science and Politics Drive the Commerce of Conception (El negocio de los bebés: cómo el dinero, la ciencia y la política dirigen el negocio de la concepción).

Según el New York Times, no hay datos ciertos sobre cuántos niños han nacido utilizando semen de donantes. Se han hecho varias estimaciones que van desde los 30.000 a los 60.000.

Complicaciones

No sólo los bebés corren riesgo. Un análisis de los estudios existentes mostraba que las mujeres que se someten a fecundación in vitro tienen un riesgo mayor, en algunos casos de hasta un 40% más, de complicaciones graves durante el embarazo, informaba el 20 de octubre el periódico Telegraph de Londres.

Se cree que el proceso de desarrollo inicial del embrión fuera del cuerpo de la madre lleva posteriormente a un mal desarrollo de la placenta. Otra causa es que la mujer tiende a ser más mayor y a tener problemas de salud.

Algunos tratamientos de fecundación in vitro implican la donación de óvulos de otra mujer. El Sunday Times informaba el 23 de octubre de que se ha suscitado preocupación por el gran número de óvulos que se toman de algunas donantes, lo que las pone en peligro.

Además de problemas como cambios de humor, dolores de cabeza y cansancio, las hormonas inyectadas en las donantes pueden llevarles a una situación conocida como síndrome de hiperestimulación ovárica, que causa coágulos de sangre y daño renal e incluso en algunos casos la muerte.

Los datos del HFEA muestran que en un caso se tomaron hasta 85 óvulos de una sola donante. A otras se les había retirado de 50 a 70.

Esto se ha conocido en un momento en el que las autoridades de fertilidad han aumentado --de 250 libras a 750 libras (de 400 dólares a 1.200 dólares)- la cantidad que se puede pagar a una donante de óvulos, informaba el 20 de octubre el periódico Independent.

La medida se ha adoptado porque las clínicas sufren escasez de donantes. Esto se debe en parte al haber sido suprimido en 2005 el anonimato de la donante.

"Esta es una decisión desgraciada que pone en peligro la salud de mujeres jóvenes", declaraba David King, director de la organización Human Genetics Alert. El pago de 750 libras es un gran incentivo para las estudiantes universitarias, que luchan por pagar sus estudios, decía.

Aparte de los riesgos para la salud, las clínicas a veces cometen errores, algo que, según un artículo del Daily Mail de 13 de agosto, va en aumento en Gran Bretaña.

Las cifras de la HFEA revelan que en 2010 hubo 564 errores graves o cuasi accidentes en la clínicas de Gran Bretaña. Es una cifra tres veces superior a la de 2007.

Los errores incluyen inyectar espermatozoides incorrectos en un óvulo, destruir embriones por accidente, e implantar en mujeres embriones incorrectos.

Sólo ha habido un ligero aumento en el número de tratamientos de fecundación in vitro en los últimos años, por lo que el notable aumento de errores no se debe a que haya habido un mayor número de casos.

Antes, en un artículo de 22 de julio, el Daily Mail informaba de que las clínicas desechan cientos de miles de embriones.

Según las cifras publicadas por el Departamento de Sanidad, por cada nacimiento con éxito por fecundación in vitro, se crean más de 30 embriones humanos.

La información revelaba que, desde 1991, para las técnicas de fecundación in vitro se han creado más de 3 millones de embriones, con menos de 100.000 nacimientos resultantes.

Según el Daily Mail cerca de 1,5 millones han sido desechados en el curso de los tratamientos y más de 100.000 fueron entregados para investigación en experimentos destructivos.

La oposición de la Iglesia católica a la utilización de la fecundación in vitro es bien conocida, pero no es necesario ser católico para abrigar preocupación por el inmenso coste humano que implican estos procedimientos.

FUENTE: custodiosdesanpedro
Autor: padre John Flynn, L.C.
Publicado por info@custodioss
https://sites.google.com/site/silvioramirezb/3-tema-de-debate-nacional/fecundacion-in-vitro

LA IGLESIA ANTE LA FECUNDACIÓN ARTIFICIAL

Los adelantos tecnológicos en el campo de la fertilidad nos traen nuevos retos y nuevas preguntas en cuanto a la moralidad de algunos procedimientos. ¿Cuáles son las técnicas de fertilización moralmente aceptables? ¿Cuáles no? ¿Por qué? A continuación presentamos unas reflexiones sobre la esterilidad y la fecundación artificial homóloga (técnica encaminada al logro de una concepción humana mediante la unión in vitro de gametos de los esposos). Estas reflexiones están basadas en la encíclica Donum Vitae (Respeto a la vida humana naciente y la dignidad de la procreación) de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sección II, números 4,5 y 8.




En sus enseñanzas sobre el matrimonio y la procreación, la Iglesia nos dice que el acto conyugal tiene dos significados: uno unitivo y otro procreador. Es decir, que el mismo acto por el que los esposos se unen en una sola carne, es el que los hace "idóneos para engendrar una nueva vida .". Dios ha querido que haya una conexión inseparable entre estos dos significados del acto conyugal que el hombre no puede romper por propia iniciativa.

Esta doctrina aclara el problema moral de la fecundación artificial homóloga. Si, por un lado, la contracepción priva intencionalmente al acto conyugal de su apertura a la procreación, por otro, la fecundación artificial intenta una procreación que no es fruto de la unión específicamente conyugal. Por lo tanto, la fecundación artificial deja la procreación fuera del acto conyugal, es decir del gesto especifico de la unión de los esposos.

Un hijo ha de ser el fruto de la donación recíproca realizada en el acto conyugal, en el que los esposos cooperan como servidores y no como dueños, en la obra del Amor Creador.

El origen de una persona humana no puede ser querida ni concebida como el producto de una intervención de técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología científica.

El deseo de un hijo es un requisito necesario desde el punto de vista moral para una procreación humana responsable. Pero esta buena intención no es suficiente para justificar una valoración moral positiva de la fecundación in vitro entre los esposos.

La Iglesia es contraria desde el punto de vista moral a la fecundación "in vitro", ésta es en sí ilícita y contraria a la dignidad de la procreación y de la unión conyugal, aun cuando se pusieran todos los medios para evitar la muerte del embrión humano.

El documento, además, da unas palabras de aliento y consejo a aquellas parejas que son estériles: El sufrimiento de los esposos que no puede tener hijos o que temen traer al mundo un hijo minusválido es una aflicción que todos deben comprender y valorar adecuadamente.

Por parte de los esposos el deseo de descendencia es natural: expresa la vocación a la paternidad y a la maternidad inscrita en el amor conyugal. Este deseo puede ser todavía más fuerte si los esposos se ven afligidos por una esterilidad que parece incurable. Sin embargo, el matrimonio no confiere a los cónyuges el derecho a tener un hijo, sino solamente el derecho a realizar los actos naturales que de suyo se ordenan a la procreación.

Un hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad: es más bien un don, "el más grande" y el más gratuito del matrimonio, y es el testimonio vivo de la donación recíproca de sus padres. Por este título el hijo tiene derecho a ser fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres y también tiene derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción.

La esterilidad, cualquiera que sea la causa, es una dura prueba. La comunidad cristiana está llamada a iluminar y sostener el sufrimiento de quienes no consiguen ver realizada su legítima aspiración a la paternidad y a al maternidad. Los esposos que se encuentran en esta dolorosa situación están llamados a descubrir en ella la ocasión de participar particularmente en la cruz del Señor, fuente de fecundidad espiritual. Los cónyuges estériles no deben olvidar que "incluso cuando la procreación no es posible, no por ello la vida conyugal pierde su valor. La esterilidad física puede ser ocasión para los esposos de hacer otros importantes servicios a la vida de las personas humanas, como son, la adopción, los varios tipos de labores educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos".

Muchos investigadores se han esforzado en la lucha contra la esterilidad. Salvaguardando plenamente la dignidad de la procreación humana, algunos han obtenido resultados que anteriormente parecían inalcanzables.
Fuente: http://www.aciprensa.com/vida/fecundacion/iglesia.htm

3 de febrero de 2012

IDEOLOGÍA DE GÉNERO COMO HERRAMIENTA DE PODER

Entrevista con Jorge Scala
MADRID, 1 febrero 2012 (ZENIT.org).- El libro titulado La ideología de género, del abogado provida argentino Jorge Scala acaba de ser publicado en portugués y lanzado en Brasil en octubre pasado. En España ha sido publicado por la editorial Sekotia, con el subtítulo “el género como herramienta de poder”.


ZENIT ha entrevistado a Jorge Scala, profesor de bioética en la Universidad Libre Internacional de las Américas, para que explique el significado de su libro y las implicaciones de esta ideología en nuestra sociedad.

¿Porqué un libro sobre la ideología del género?
--Jorge Scala: La razón es sencilla: la ONU ha creado una Agencia de género. Esa agencia se dedica a controlar que todos los organismos y programas de la ONU incluyan el género. A su vez, la Unión Europea y el Banco Mundial condicionan los préstamos para el desarrollo de los países pobres, a cláusulas de difusión del género. Finalmente, se ha incorporado el géneroen el sistema educativo de nuestros países. Ante todo esto, es preciso investigar qué cosa es el género.

¿Qué significa decir que la ideología del género es esto, una ideología y no una teoría o un descubrimiento científico? 
--Jorge Scala: Una teoría es una hipótesis verificada experimentalmente. Una ideología es un cuerpo de ideas cerrado, que parte de un presupuesto básico falso –que por ello debe imponerse evitando todo análisis racional--, y luego va desplegando las consecuencias lógicas de ese principio falso. Las ideologías se imponen utilizando el sistema educativo formal (escuela y universidad) y no formal (medios de propaganda), tal como hicieron los nazis y los marxistas.

¿Qué es, por lo tanto, la ideología del género? ¿Cómo la definiría para nuestros lectores?
--Jorge Scala:Su presupuesto básico falso es este: el sexo sería el aspecto biológico del ser humano, y el génerosería la construcción social o cultural del sexo. Es decir que cada quien sería absolutamente libre –sin condicionamiento alguno, ni siquiera el biológico--, para determinar su propio género, dándole el contenido que quiera y variando de génerocuantas veces se le ocurra.

Ahora bien, si esto fuera verdad, no habría diferencias entre varón y mujer –salvo las biológicas-; cualquier tipo de unión entre los sexos sería buena social y moralmente, y todas serían matrimonio; cada tipo de matrimonio daría origen a un nuevo tipo de familia; el aborto sería un derecho humano irrenunciable de la mujer, ya que solo ella queda embarazada, etc. Todo esto es tan absurdo, que sólo se puede imponer con una suerte de “lavado de cerebro” global.

Usted, en su libro, la llama de Ideología totalitaria. ¿Hay relación con las ideologías totalitarias que la humanidad ha experimentado en la historia? ¿O es un paso para llegar a estas situaciones de políticas totalitarias?
--Jorge Scala:El génerodestruye la estructura antropológica íntima del ser humano, por lo tanto quien quede a merced de esa ideología lo hará “voluntariamente”. No es más que una herramienta de poder global que, de imponerse, llevará a un régimen totalitario –aún cuando haya elecciones y partidos políticos como en la Alemania nazi--. En cambio, en las otras ideologías conocidas, el Estado dominaba –o domina como en Corea del Norte o Cuba- por la fuerza bruta.

Parece una ideología que entra en los países por el aspecto legal y jurisdiccional. ¿No será la falta del reconocimiento de una ley natural, y la adopción de positivismo, los fundamentos de este totalitarismo?
--Jorge Scala: El problema parece más profundo y complejo. El ethos es aquello por lo que un pueblo estima lo que está bien o lo que está mal, desde lo más profundo de su corazón, al margen de lo que digan las leyes e incluso de lo que haga cada quien en su propia vida. El problema es que Occidente ha perdido su ethos común que, hasta hace 30 o 40 años, era el Cristianismo. El liberalismo hizo que mucha gente considere que la moral es una cuestión privada de cada persona. Entonces, para algunos es bueno mentir, robar, matar o fornicar –en determinadas circunstancias--; y como todas las opiniones valen lo mismo, la única manera de vivir en sociedad es que las leyes “impongan” un cierto ethos, que debe ser aceptado por todos, bajo ciertas penalidades. Por eso en nuestros parlamentos se fomenta todo tipo de leyes de género. Se busca con ellas que –junto con la educación-, formen el nuevo ethos de nuestros pueblos. Y si el génerose convierte en ethos, el sistema totalitario funcionará a pleno.

La teoría del género es totalitaria, pero no vemos a nadie perdiendo la vida. ¿Por qué, entonces temer algo que no pasa de leyes y de ideas? No debemos respetar la opinión de cada uno? 
--Jorge Scala: El año 2010 España reformó su ley de aborto conforme la ideología de género, considerándolo un “derecho humano” esencial de la mujer. Ese año hubo 113.031 abortos en España. Esa “ley” y esa “idea” mataron –solo en España y solo ese año- a tanta gente. No hay que temer a la ideología de género,sino enfrentarla en el campo de las ideas, que es donde se la puede vencer más fácilmente.

Hay que respetar a las personas –cualesquiera sean sus pensamientos-. En cambio, las opiniones no se respetan: se disciernen. Y luego de estudiarlas, se apoyan o se desechan. El libro ayudará al lector a efectuar su propio discernimiento en torno al género.

¿Cuáles son, entonces, las consecuencias para nuestros hijos, para la próxima generación?
--Jorge Scala: Respondo con un hecho real. Me tocó dar una conferencia sobre esta ideología, a todos los docentes de una ciudad de 7.000 habitantes, en una zona rural de mi provincia. Gente sencilla y de trabajo. Al concluir, una maestra comentó en voz alta: -Ahora entiendo porqué hace unos días mi hijo de 7 años me preguntó: Mamá ¿yo son nene o nena?... Las personas formadas y maduras son inmunes a esta ideología, pero si dejamos que se la metan a los niños desde su más tierna infancia –cine, TV, escuela, radio, revistas--, en no pocos casos habrá que lamentar con el tiempo tragedias de todo tipo.

“Donde haya un hombre –mujer o varón-, su inteligencia buscará la verdad, su voluntad intentará amar y autodirigirse hacia el bien”, es lo que usted afirma en su libro. ¿Cuál sería el mejor modo de contrarrestar esta y otras ideologías parecidas que tienden a penetrar en las constituciones y leyes de los países, es la formación de varones y mujeres verdaderos? ¿Qué significa un varón o una mujer verdadera?
--Jorge Scala:Frente a todas las ideas absurdas o malsanas que campean en nuestro mundo actual, lo más importante no son otras ideas que las enfrenten; sino más bien testigos de la verdad. Mujeres y varones cabales, de carne y hueso. La mujer es la madre, o sea: el amor incondicional y que siempre está presente. El varón es el padre, o sea: la autoridad, el amor que pone límites y condiciones, para sacar lo mejor de sí a cada quien. Ambos amores son necesarios para llegar a la madurez humana. Conocer unvarón y una mujer así, es la mejor “vacuna” contra la ideología de género.

Por Thácio Siqueira
Se puede conseguir el libro en este enlace: http://www.sekotia.com/libros/libro-ideologia-de-genero.htm.
ZS12020103 - 01-02-2012
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