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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

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2 de febrero de 2014

CIENCIA Y FE VS. ATEÍSMO E IDEOLOGÍA ¿La Ciencia y la Fe se contraponen? ¿la Fe está compuesta de simples creencias o tiene alguna base racional? ¿Es posible lograr una adecuada complementaridad entre fe y razón?

http://www.youtube.com/watch?v=mbjAHVMm2YY
El video que presentamos en esta ocasión, se trata de un interesante fragmento del debate entre dos personas: un ateo (Antonio García-Trevijano) y un creyente (el P. Manuel Carreira), que nos traen un pequeño “round” científico y lógico sobre un tema que, para quien no cree, trae mucha controversia.
P. Manuel Carreira, sacerdote jesuita 
-- Manuel Carreira, de la Compañía de Jesús, es Licenciado en Filosofía por la Universidad de Comillas y en Teología por la Universidad Loyola de Chicago. Doctor en Física por la Universidad Católica de Washington, ha sido profesor de Astronomía en las Universidades de Washington y Cleveland, y de Filosofía de la Naturaleza en Comillas. Autor de obras como Metafísica de la materia, ha sido miembro del Observatorio Astronómico Vaticano y colaborado en proyectos como asesor de la agencia espacial de los Estados Unidos.
Tuve la suerte de conocer hace algunos años al P. Manuel Carreira, sacerdote jesuita que se dedica a la teología, la filosofía y la astrofísica. Este hombre, muy sencillo en su actuar, de hablar pausado pero a la vez apasionado, con muchos años encima, pero con una lucidez mayor; testimonia desde su sabiduría científica, un amor muy grande a la Iglesia, a la fe, a la naturaleza y por encima de todo a Dios.
En este fragmento del debate, encontramos muchos elementos que nos pueden ayudar a tener una visión más clara de cómo la Fe es racional, y cómo la misma tiene fundamentos claros en el mundo que nos rodea. Mientras que por otro lado, podemos encontrar también que los argumentos del ateísmo, pierden consistencia frente a lo real y concreto que nos demuestra la ciencia.
Elementos Apostólicos:

Algunos elementos del video que pueden mostrar la compatibilidad entre Fe, razón y Ciencia:
“Ningún proceso físico-químico puede explicar
  • Una poesía
  • Ni mi deseo de conocer
  • De encontrar verdad
  • Belleza y bien” 
señala el P. Carreira. Y eso es verdad. 
El mismo pensador ateo del debate lo reconoce. Tales actividades del ser humano, vienen de “algo” que está en el ser humano que va más allá de las capacidades naturales de la materia.
  • “Como ningún proceso físico-químico explica eso, no puede atribuirse a la materia, que sólo actúa por las cuatro fuerzas que se estudian en la física y lo que no puede explicarse por esas cuatro fuerzas, no puede explicarse por la actividad de la materia” 
continúa el padre en su explicación. 
Y aquí sencillamente aplica conocimientos básicos de un científico, señalando que la materia sólo puede transformar la materia existente con alguna de las cuatro fuerzas mencionadas, 
  • No puede crear algo “nuevo” de “la nada”; y no es posible porque su naturaleza no se lo permite.
Y el padre, cierra con la conclusión de este punto: 
  • “Hay una actividad en el ser humano, que no puede atribuirse a la materia, que necesita una fuente distinta de la materia, y que por lo tanto, no debe ser caduca y perecedera como es todo lo que hace la materia según sus leyes”. 
Siguiendo un razonamiento lógico y según las leyes de la ciencia que se conocen, el padre Carreira cierra magistralmente su argumento, concluyendo que 
  • Si ese “algo” del ser humano, posee actividad que demuestra ser ajena a la materia, tiene que tener diferentes características a la materia (no caducar, y no perecer). Llamemos a ese “algo”, espíritu. Y agregaría que ese “espíritu” tiene que venir de “Algo” o “Alguien” que esté más allá de la materia y sus fuerzas. Llamemos a ese “Alguien”, Dios.
Algunos elementos del video pueden mostrar lo ideologizado (e ilógico) que puede ser el ateísmo:
-- Antonio García-Trevijano
 Abogado y pensador republicano. En 1974, organizó y coordinó la Junta Democrática de España. Ha publicado más de mil artículos en diarios tan diversos como ABC, El País, El Mundo o La Razón. Y es autor, entre otros, de los libros La alternativa democrática, El discurso de la República. Del hecho nacional a la conciencia de España, Frente a la Gran Mentira, Pasiones de servidumbre o Teoría pura de la República.
El Sr. García Trevijano respondiendo a los planteamientos del padre, señala que existe una “evolución de la materia” (argumento muy común entre los ateos más experimentados). No va al punto que plantea el padre, y en particular, no da ningún argumento basado en ciencia que permita entrever que la materia produce “materia evolucionada”. Simplemente demuestra poco conocimiento científico, y una gran cerrazón en sus argumentos.
También llega a sostener que “de la materia emerge una facultad espiritual”; con lo cual, sí, llega a reconocer que hay espíritu, pero plantea que la materia hace o genera algo que no es materia. Nuevamente, da un paso en falso, y con el dato científico de que la materia sólo puede cambiar según sus cuatro fuerzas, mas no “crear” algo nuevo ajeno a sí, queda mal parado el pensador. Y si fuera así… ¿No debería haber una muestra en la realiad de ello? ¿Por qué no seguimos encontrando animales en los cuales la materia sigue “evolucionando”?
Al ver que no tiene argumentos científicos para sostener su creencia, el señor García pasa a la “ofensiva”, jugando el papel de víctima: “¿Por qué no entiende mi falta de fe?” “¿Por qué tiene que hablar con un tono dogmático y de superioridad con una persona que no cree en eso?”, y señalando que el padre se basa en la fe para plantear sus argumentos. Falso. El padre en ningún momento habla de fe. Si bien es cierto, él cree, y tiene fe; sus argumentos tienen una lógica científica más que evidente. Culminando esa parte con un “No quiero entrar en discusiones” terminante, cual manotazo de ahogado.
Es triste ver que una persona se ha cerrado a la verdad. Incluso a la verdad de lo más cotidiano, incluso a la verdad de lo científico (cuando muchos ateos son los que reclaman la irracionalidad y contraposición de la fe con respecto a la ciencia). 
Y es que cuando el ateísmo se convierte en ideología 
  • (Un sistema de ideas cerrado que busca explicar la totalidad de la realidad desde sí mismo), corre el riesgo de impedir la apertura de cualquier sombra de duda a su planteamiento, peor aún a cualquier “luz”.
EL NUEVO TESTAMENTO
CARTA A LOS HEBREOS - CAPÍTULO 11 
  1. AHORA BIEN, LA FE ES LA GARANTÍA DE LOS BIENES QUE SE ESPERAN, LA PLENA CERTEZA DE LAS REALIDADES QUE NO SE VEN. 
  2. POR ELLA NUESTROS ANTEPASADOS FUERON CONSIDERADOS DIGNOS DE APROBACIÓN. 
  3. POR LA FE, COMPRENDEMOS QUE LA PALABRA DE DIOS FORMÓ EL MUNDO, DE MANERA QUE LO VISIBLE PROVIENE DE LO INVISIBLE. 
  4. POR LA FE, ABEL OFRECIÓ A DIOS UN SACRIFICIO SUPERIOR AL DE CAÍN, Y POR ESO FUE RECONOCIDO COMO JUSTO, COMO LO ATESTIGUÓ EL MISMO DIOS AL ACEPTAR SUS DONES. Y POR ESA MISMA FE, ÉL CONTINÚA HABLANDO, AÚN DESPUÉS DE SU MUERTE. 
  5. POR LA FE, HENOC FUE LLEVADO AL CIELO SIN PASAR POR LA MUERTE. NADIE PUDO ENCONTRARLO PORQUE DIOS SE LO LLEVÓ, Y DE ÉL ATESTIGUA LA ESCRITURA QUE ANTES DE SER LLEVADO FUE AGRADABLE A DIOS. 
  6. AHORA BIEN, SIN LA FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS, PORQUE AQUEL QUE SE ACERCA A DIOS DE CREER QUE ÉL EXISTE Y ES EL JUSTO REMUNERADOR DE LOS QUE LO BUSCAN. 
  7. POR LA FE, NOÉ, AL SER ADVERTIDO POR DIOS ACERCA DE LO QUE AÚN NO SE VEÍA, ANIMADO DE SANTO TEMOR, CONSTRUYÓ UN ARCA PARA SALVAR A SU FAMILIA. ASÍ, POR ESA MISMA FE, CONDENÓ AL MUNDO Y HEREDÓ LA JUSTICIA QUE VIENE DE LA FE. 
  8. POR LA FE, ABRAHAM, OBEDECIENDO AL LLAMADO DE DIOS, PARTIÓ HACIA EL LUGAR QUE IBA A RECIBIR EN HERENCIA, SIN SABER A DÓNDE IBA. 
  9. POR LA FE, VIVIÓ COMO EXTRANJERO EN LA TIERRA PROMETIDA, HABITANDO EN CARPAS, LO MISMO QUE ISAAC Y JACOB, HEREDEROS CON ÉL DE LA MISMA PROMESA. 
  10. PORQUE ABRAHAM ESPERABA AQUELLA CIUDAD DE SÓLIDOS CIMIENTOS, CUYO ARQUITECTO Y CONSTRUCTOR ES DIOS. 
  11. TAMBIÉN POR LA FE, SARA RECIBIÓ EL PODER DE CONCEBIR, A PESAR DE SU EDAD AVANZADA, PORQUE JUZGÓ DIGNO DE FE AL QUE SE LO PROMETÍA.
  12. Y POR ESO, DE UN SOLO HOMBRE, Y DE UN HOMBRE YA CERCANO A LA MUERTE, NACIÓ UNA DESCENDENCIA NUMEROSA COMO LAS ESTRELLAS DEL CIELO E INCONTABLE COMO LA ARENA QUE ESTÁ A LA ORILLA DEL MAR. 
  13. TODOS ELLOS MURIERON EN LA FE, SIN ALCANZAR EL CUMPLIMIENTO DE LAS PROMESAS: LAS VIERON Y LAS SALUDARON DE LEJOS, RECONOCIENDO QUE ERAN EXTRANJEROS Y PEREGRINOS EN LA TIERRA. 
  14. LOS QUE HABLAN ASÍ DEMUESTRAN CLARAMENTE QUE BUSCAN UNA PATRIA; 
  15. Y SI HUBIERAN PENSADO EN AQUELLA DE LA QUE HABÍAN SALIDO, HABRÍAN TENIDO OPORTUNIDAD DE REGRESAR. 
  16. PERO ASPIRABAN A UNA PATRIA MEJOR, NADA MENOS QUE LA CELESTIAL. POR ESO, DIOS NO SE AVERGÜENZA DE LLAMARSE «SU DIOS» Y, DE HECHO, LES HA PREPARADO UNA CIUDAD. 
  17. POR LA FE, ABRAHAM, CUANDO FUE PUESTO A PRUEBA, PRESENTÓ A ISAAC COMO OFRENDA: ÉL OFRECÍA A SU HIJO ÚNICO, AL HEREDERO DE LAS PROMESAS, 
  18. A AQUEL DE QUIEN SE HABÍA ANUNCIADO: DE ISAAC NACERÁ LA DESCENDENCIA QUE LLEVARÁ TU NOMBRE. 
  19. Y LO OFRECIÓ, PORQUE PENSABA QUE DIOS TENÍA PODER, AUN PARA RESUCITAR A LOS MUERTOS. POR ESO RECUPERÓ A SU HIJO, Y ESTO FUE COMO UN SÍMBOLO. 
  20. TAMBIÉN POR LA FE, ISAAC, EN VISTA DE LO QUE IBA A SUCEDER, BENDIJO A JACOB Y A ESAÚ. 
  21. POR LA FE, JACOB, ANTES DE MORIR, BENDIJO A CADA UNO DE LOS HIJOS DE JOSÉ, MIENTRAS SE INCLINABA, APOYADO EN SU BASTÓN. 
  22. POR LA FE, JOSÉ, AL FIN DE SU VIDA, HIZO ALUSIÓN AL ÉXODO DE LOS ISRAELITAS Y DEJÓ INSTRUCCIONES ACERCA DE SUS RESTOS. 
  23. POR LA FE, MOISÉS, APENAS NACIDO, FUE OCULTADO POR SUS PADRES DURANTE TRES MESES, PORQUE VIERON QUE EL NIÑO ERA HERMOSO, Y NO TEMIERON EL EDICTO DEL REY. 
  24. Y POR LA FE, MOISÉS, SIENDO YA GRANDE, RENUNCIÓ A SER LLAMADO HIJO DE LA HIJA DEL FARAÓN. 
  25. EL PREFIRIÓ COMPARTIR LOS SUFRIMIENTOS DEL PUEBLO DE DIOS, ANTES QUE GOZAR LOS PLACERES EFÍMEROS DEL PECADO: 
  26. CONSIDERABA QUE COMPARTIR EL OPROBIO DEL MESÍAS ERA UNA RIQUEZA SUPERIOR A LOS TESOROS DE EGIPTO, PORQUE TENÍA PUESTOS LOS OJOS EN LA VERDADERA RECOMPENSA. 
  27. POR LA FE, MOISÉS HUYÓ DE EGIPTO, SIN TEMER LA FURIA DEL REY, Y SE MANTUVO FIRME COMO SI ESTUVIERA VIENDO AL INVISIBLE. 
  28. POR LA FE, CELEBRÓ LA PRIMERA PASCUA E HIZO LA PRIMERA ASPERSIÓN DE SANGRE, A FIN DE QUE EL EXTERMINADOR NO DAÑARA A LOS PRIMOGÉNITOS DE ISRAEL. 
  29. POR LA FE, LOS ISRAELITAS CRUZARON EL MAR ROJO COMO SI ANDUVIERAN POR TIERRA FIRME, MIENTRAS LOS EGIPCIOS, QUE INTENTARON HACER LO MISMO, FUERON TRAGADOS POR LAS OLAS. 
  30. POR LA FE, CAYERON LOS MUROS DE JERICÓ, DESPUÉS QUE EL PUEBLO, DURANTE SIETE DÍAS, DIO VUELTAS ALREDEDOR DE ELLOS. 
  31. POR LA FE, RAHAB, LA PROSTITUTA, NO PERECIÓ CON LOS INCRÉDULOS, YA QUE HABÍA RECIBIDO AMISTOSAMENTE A LOS QUE FUERON A EXPLORAR LA TIERRA. 
  32. ¿Y QUÉ MÁS PUEDO DECIR? ME FALTARÍA TIEMPO PARA HABLAR DE GEDEÓN, DE BARAC, DE SANSÓN, DE JEFTÉ, DE DAVID, DE SAMUEL Y DE LOS PROFETAS. 
  33. ELLOS, GRACIAS A LA FE, CONQUISTARON REINOS, ADMINISTRARON JUSTICIA, ALCANZARON EL CUMPLIMIENTO DE LAS PROMESAS, CERRARON LAS FAUCES DE LOS LEONES, 
  34. EXTINGUIERON LA VIOLENCIA DEL FUEGO, ESCAPARON DEL FILO DE LA ESPADA. SU DEBILIDAD SE CONVIRTIÓ EN VIGOR: FUERON FUERTES EN LA LUCHA Y RECHAZARON LOS ATAQUES DE LOS EXTRANJEROS. 
  35. HUBO MUJERES QUE RECOBRARON CON VIDA A SUS MUERTOS. UNOS SE DEJARON TORTURAR, RENUNCIANDO A SER LIBERADOS, PARA OBTENER UNA MEJOR RESURRECCIÓN. 
  36. OTROS SUFRIERON INJURIAS Y GOLPES, CADENAS Y CÁRCELES. 
  37. FUERON APEDREADOS, DESTROZADOS, MUERTOS POR LA ESPADA. ANDUVIERON ERRANTES, CUBIERTOS CON PIELES DE OVEJAS Y DE CABRAS, DES PROVISTOS DE TODO, OPRIMIDOS Y MALTRATADOS. 
  38. YA QUE EL MUNDO NO ERA DIGNO DE ELLOS, TUVIERON QUE VAGAR POR DESIERTOS Y MONTAÑAS, REFUGIÁNDOSE EN CUEVAS Y CAVERNAS. 
  39. PERO, AUNQUE SU FE LOS HIZO MERECEDORES DE UN TESTIMONIO TAN VALIOSO, NINGUNO DE ELLOS ENTRÓ EN POSESIÓN DE LA PROMESA. 
  40. PORQUE DIOS NOS TENÍA RESERVADO ALGO MEJOR, Y NO QUISO QUE ELLOS LLEGARAN A LA PERFECCIÓN SIN NOSOTROS. 
http://catholic-link.com/2014/02/01/ciencia-y-fe-vs-ideologia-y-ateismo-quien-ganara/
http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__P109.HTM

16 de septiembre de 2013

CARTA A LOS QUE NO CREEN CARTA DEL PAPA FRANCISCO PUBLICADA EN EL DIARIO ITALIANO "LA REPUBBLICA" EN RESPUESTA A LAS PREGUNTAS QUE LE PLANTEÓ EL DIRECTOR DEL MISMO, ACERCA DE FE Y LAICIDAD

Autor: Papa Francisco | Fuente: Zenit / Aciprensa
El diario italiano La Repubblica publicó este miércoles una larga carta escrita por el Papa Francisco en las que responde a algunas dudas sobre la fe planteadas durante este verano por Eugenio Scalfari, un famoso periodista conocido por su posición anti clerical.
En dos artículos publicados el 7 de julio y el 7 de agosto pasados, Scalfari fundador de La Repubblica, plantea preguntas al Pontífice sobre la Encíclica Lumen Fidei.
Texto completo de la carta del papa
Apreciado doctor Scalfari:
Es con profunda cordialidad que al menos a grandes líneas quisiera tratar de responder a la carta que, desde las páginas de La Repubblica, se ha querido dirigir a mi el 7 de julio con una serie de reflexiones personales, que luego ha enriquecido en las páginas del mismo diario el 7 de agosto.

Le agradezco, en primer lugar, por la atención con la que leyó la encíclica Lumen Fidei. La cual en la intención de mi amado predecesor, Benedicto XVI, que la concibió y escribió gran parte, y la que con gratitud, heredé, se dirige no solo a confirmar en la fe en Jesucristo a aquellos que en aquella ya se reconocen, sino también para despertar un diálogo sincero y riguroso con los que, como Usted, se define "un no creyente por muchos años, interesado y fascinado por la predicación de Jesús de Nazaret".

Por lo tanto, creo que es muy positivo, no solo para nosotros individualmente, sino también para la sociedad en la que vivimos, detenernos para dialogar de algo tan importante como es la fe, que se refiere a la predicación y a la figura de Jesús. Creo que hay, en particular, dos circunstancias que hacen que este diálogo sea hoy un deber y algo valioso.

La paradoja de la fe cristiana
Como se sabe, uno de los principales objetivos del Concilio Vaticano II, querido por el papa Juan XXIII y por el ministerio de los papas, es la sensibilidad y contribución que cada uno desde entonces hasta ahora ha dado según el patrón establecido por el Concilio. La primera de las circunstancias -como se recuerda en las páginas iniciales de la Encíclica- deriva del hecho que a lo largo de los siglos de la modernidad, se produjo una paradoja: la fe cristiana, cuya novedad e incidencia sobre la vida del hombre desde el principio han sido expresados precisamente a través del símbolo de la luz, a menudo ha sido calificada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la razón. Así entre la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana, por una parte, y la cultura moderna de carácter iluminista, por la otra, se ha llegado a la incomunicación. Ahora ha llegado el momento, y el Vaticano II ha inaugurado justamente la estación, de un diálogo abierto y sin prejuicios que vuelva a abrir las puertas para un serio y fructífero encuentro.

La fe crece en el testimonio y el diálogo con todos
La segunda circunstancia, para quien busca ser fiel al don de seguir a Jesús en la luz de la fe, viene del hecho de que este diálogo no es un accesorio secundario de la existencia del creyente: es en cambio una expresión íntima e indispensable. Permítame citarle una afirmación en mi opinión muy importante de la Encíclica: visto que la verdad testimoniada por la fe es aquella del amor -subraya- «está claro que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; por el contrario, la verdad lo hace humilde, consciente de que, más que poseerla nosotros, es ella la que nos abraza y nos posee. Lejos de ponernos rígidos, la seguridad de la fe nos pone en camino, y hace posible el testimonio y el diálogo con todos» ( n. 34 ). Este es el espíritu que anima las palabras que le escribo.

La fe vivida en la Iglesia
La fe, para mí, nace de un encuentro con Jesús. Un encuentro personal, que ha tocado mi corazón y ha dado una dirección y un nuevo sentido a mi existencia. Pero al mismo tiempo es un encuentro que fue posible gracias a la comunidad de fe en la que viví y gracias a la cual encontré el acceso a la sabiduría de la Sagrada Escritura, a la vida nueva que como agua brota de Jesús a través de los sacramentos, de la fraternidad con todos y del servicio a los pobres, imagen verdadera del Señor.

Sin la Iglesia -créame-, no habría sido capaz de encontrar a Jesús , mismo siendo consciente de que el inmenso don que es la fe se conserva en las frágiles odres de barro de nuestra humanidad. Y es aquí precisamente, a partir de esta experiencia personal de fe vivida en la Iglesia, que me siento cómodo al escuchar sus preguntas y en buscar, junto con Usted, el camino a través del cual podamos, quizás, comenzar a hacer una parte del camino juntos.

Lo que Jesús fue y es para nosotros
Perdóneme si no sigo paso a paso los argumentos propuestos por usted en el editorial del 7 de julio. A mí me parece más fructífero -o por lo menos es más agradable para mí- ir de una determinada manera al corazón de sus consideraciones. No entro ni siquiera en el modo de exposición seguida por la Encíclica, en la que Usted advierte la falta de una sección dedicada específicamente a la experiencia histórica de Jesús de Nazaret.

Observo únicamente, para empezar, que un análisis de este tipo no es secundario. Se trata de hecho, siguiendo después la lógica que guía el desarrollo de la encíclica, de centrar la atención sobre el significado de lo que Jesús dijo e hizo, y así, en última instancia, de lo que Jesús fue y es para nosotros. Las cartas de Pablo y el evangelio de Juan, a los que se hace especial referencia en la Encíclica, se construyen, de hecho, en el sólido fundamento del ministerio mesiánico de Jesús de Nazaret, que llegan a su auge resolutivo en la pascua de muerte y resurrección. Así es que, es necesario confrontarse con Jesús, diría yo, en la realidad y la rudeza de su historia, así como se nos relata sobre todo en el Evangelio más antiguo, el de Marcos.

Observamos entonces que el «escándalo» que la palabra y la práctica de Jesús causan alrededor de él, derivan de su extraordinaria «autoridad»: una palabra, esta, atestiguada desde el Evangelio de Marcos, pero que no es fácil reportar bien en italiano. La palabra griega es «exousia», que literalmente se refiere a lo que «viene del ser», de lo que es. No se trata de algo externo o forzado, sino de algo que emana de su interior y que se impone por sí mismo. Jesús realmente golpea, confunde, innova -como él mismo dice- a partir de su relación con Dios, llamado familiarmente Abbà, lo que le da a esta «autoridad» para que él la emplee a favor de los hombres.

Así, Jesús predica «como quien tiene autoridad», cura, llama a sus discípulos a seguirle, perdona... cosas todas que en el Antiguo Testamento, son de Dios y solo de Dios. La pregunta que más retorna en el Evangelio de Marcos es: «¿Quién es este que ...?» , y que tiene que ver con la identidad de Jesús, nace de la constatación de una autoridad diferente a la del mundo, una autoridad que no tiene la intención de ejercer el poder sobre los demás, sino para servir , para darles la libertad y la plenitud de la vida. Y esto al punto de jugarse la propia vida, hasta experimentar la incomprensión, la traición, el rechazo; hasta ser condenado a muerte, hasta caer en el estado de abandono sobre la cruz.

Pero Jesús se mantuvo fiel a Dios hasta el final. Y es precisamente entonces -como exclama el centurión romano al pie de la cruz, en el Evangelio de Marcos-, cuando Jesús se muestra, paradójicamente, ¡como el Hijo de Dios! Hijo de un Dios que es amor y que quiere, con todo su ser, que el hombre, cada hombre, se descubra y viva también él como su verdadero hijo. Esto, para la fe cristiana, está certificado por el hecho de que Jesús ha resucitado: no para demostrar el triunfo sobre aquellos que lo han rechazado, sino para dar fe de que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, que el perdón de Dios es más fuerte que todo pecado , y que vale la pena emplear la propia vida, hasta el final, para dar testimonio de este gran regalo.

La originalidad de la fe cristiana
La fe cristiana cree esto: que Jesús es el Hijo de Dios que vino a dar su vida para abrir a todos el camino del amor. Por lo tanto tiene razón, querido doctor Scalfari, cuando ve en la encarnación del Hijo de Dios la piedra angular de la fe cristiana. Tertuliano escribía: «caro cardo salutis», la carne (de Cristo) es la base de la salvación. Porque la encarnación, es decir, el hecho de que el Hijo de Dios haya venido en nuestra carne y haya compartido alegrías y tristezas, triunfos y derrotas de nuestra existencia, hasta el grito de la cruz, experimentando todo en el amor y en la fidelidad al Abbà, testimonia el increíble amor que Dios tiene respecto a cada hombre, el valor inestimable que le reconoce. Cada uno de nosotros, por lo tanto, está llamado a hacer suya la mirada y la elección del amor de Jesús, para entrar en su manera de ser, de pensar y de actuar. Esta es la fe, con todas las expresiones que se describen puntualmente en la Encíclica.

Siempre en el editorial del 7 de julio, Usted me pregunta también cómo entender la originalidad de la fe cristiana, ya que esta se basa precisamente en la encarnación del Hijo de Dios, en comparación con otras creencias que giran en trono a la absoluta trascendencia de Dios. La originalidad, diría yo, radica en el hecho de que la fe nos hace partícipes, en Jesús, en la relación que Él tiene con Dios, que es Abbà y, de este modo, en la la relación que Él tiene con todos los demás hombres, incluidos los enemigos, en signo del amor.

En otras palabras, la filiación de Jesús, como ella se presenta a la fe cristiana, no se reveló para marcar una separación insuperable entre Jesús y todos los demás: sino para decirnos que , en Él, todos estamos llamados a ser hijos del único Padre y hermanos entre nosotros. La singularidad de Jesús es para la comunicación, y no para la exclusión. Por cierto, de aquello se deduce también --y no es poca cosa--, aquella distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, que está consagrado en el «dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César», afirmada claramente por Jesús y en la que, con gran trabajo, se ha construido la historia de Occidente.

La Iglesia, por lo tanto, está llamada a diseminar la levadura y la sal del Evangelio, y por lo tanto, el amor y la misericordia de Dios que llega a todos los hombres, apuntando a la meta ultraterrena y definitiva de nuestro destino, mientras que a la sociedad civil y política le toca la difícil tarea de articular y encarnar en la justicia y en la solidaridad, en el derecho y en la paz, una vida cada vez más humana. Para los que viven la fe cristiana, eso no significa escapar del mundo o de la investigación de cualquier hegemonía, sino al servicio de la humanidad, a todo hombre y a todos los hombres, a partir de la periferia de la historia y suscitando el sentido de la esperanza que impulsa a hacer el bien a pesar de todo y mirando siempre más allá.

La promesa hecha por Dios al pueblo judío
Usted me pregunta también, al término de su primer artículo, ¿qué debemos decirle a nuestros hermanos judíos sobre la promesa hecha a ellos por Dios? ¿acaso quedó en el vacío? Es esta -créame- una pregunta que nos desafía radicalmente como cristianos, ya que con la ayuda de Dios, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, hemos descubierto que el pueblo judío sigue siendo para nosotros, la raíz santa de la que germinó Jesús. También yo, en la amistad que he cultivado a lo largo de todos estos años con nuestros hermanos judíos, en Argentina, muchas veces me cuestioné ante Dios en la oración, sobre todo cuando la mente se iba al recuerdo de la terrible experiencia de la Shoah. Lo que puedo decirle, con el apóstol Pablo, es que nunca ha fallado la fidelidad de Dios a su alianza con Israel y que, a través de las pruebas terribles de estos siglos, los judíos han conservado su fe en Dios. Y por esto, con ellos nunca seremos lo suficientemente agradecidos como Iglesia, sino también como humanidad. Ellos justamente perseverando en la fe en el Dios de la alianza los invitan a todos, también a nosotros cristianos, al estar siempre a la espera, como los peregrinos, del regreso del Señor y que por lo tanto, siempre debemos estar abiertos a Él y nunca cerrarnos ante lo que ya hemos alcanzado.

Tres respuestas más
Llego así a las tres preguntas que me pone en el artículo del 7 de agosto. Me parece que, en los dos primeros, lo que le su corazón quiere es entender la actitud de la Iglesia hacia los que no comparten la fe de Jesús.

  • En primer lugar, me pregunta si el Dios de los cristianos perdona a los que no creen y no buscan la fe. Teniendo en cuenta que -y es la clave- la misericordia de Dios no tiene límites si nos dirigimos a Él con un corazón sincero y contrito, la cuestión para quienes no creen en Dios es la de obedecer a su propia conciencia. El pecado, aún para los que no tienen fe, existe cuando se va contra la conciencia. Escuchar y obedecerla significa de hecho, decidir ante lo que se percibe como bueno o como malo. Y en esta decisión se juega la bondad o la maldad de nuestras acciones.
  • En segundo lugar, Usted me pregunta si el pensamiento según el cual no existe ningún absoluto, y por lo tanto ninguna verdad absoluta, sino solo una serie de verdades relativas y subjetivas, se trate de un error o de un pecado. Para empezar, yo no hablaría, ni siquiera para quien cree, de una verdad «absoluta», en el sentido de que absoluto es aquello que está desatado, es decir, que sin ningún tipo de relación. Ahora, la verdad, según la fe cristiana, es el amor de Dios hacia nosotros en Cristo Jesús. Por lo tanto, ¡la verdad es una relación! A tal punto que cada uno de nosotros la toma, la verdad, y la expresa a partir de sí mismo: de su historia y cultura, de la situación en la que vive, etc.

    Esto no quiere decir que la verdad es subjetiva y variable, ni mucho menos. Pero sí significa que se nos da siempre y únicamente como un camino y una vida. ¿No lo dijo acaso el mismo Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida»? En otras palabras, la verdad es en definitiva todo un uno con el amor, requiere la humildad y la apertura para ser encontrada, acogida y expresada. Por lo tanto, hay que entender bien las condiciones y, quizás, para salir de los confines de una contraposición... absoluta, replantear en profundidad el tema. Creo que esto es hoy una necesidad imperiosa para entablar aquel diálogo pacífico y constructivo que deseaba desde el comienzo de esta mi opinión.
  • En la última pregunta me interroga si, con la desaparición del hombre sobre la tierra, desaparecerá también el pensamiento capaz de pensar en Dios. Es verdad, la grandeza del hombre está en ser capaz de pensar en Dios. Y por lo tanto, en el poder vivir una relación consciente y responsable con Él.

    Pero la relación es entre dos realidades. Dios -este es mi pensamiento y esta es mi experiencia, ¡y cuántos, ayer y hoy lo comparten!-, no es una idea, aunque sea un alto fruto del resultado del pensamiento del hombre. Dios es una realidad con la «R» mayúscula. Jesús lo revela -y tiene una relación viva con Él-, como un Padre de infinita bondad y misericordia. Dios no depende, por lo tanto, de nuestra forma de pensar. Y de otro lado, mismo cuanto terminará la vida del hombre sobre la tierra -y para la fe cristiana de todos modos, este mundo así como lo conocemos está destinado a tener un fin- el hombre no acabará de existir, y en una manera que nosotros no sabemos, tampoco el universo que fue creado con él. La Escritura habla de «cielos nuevos y tierra nueva» y afirma que, al final, en el dónde y en el cuándo, que está más allá de nosotros, pero hacia el cual, en la fe tendemos con deseo y espera, Dios será «todo en todos».


    Estimado doctor Scalfari, concluyo así mis reflexiones, suscitadas por lo que ha querido decirme y preguntarme. Acójalas como una respuesta tentativa y provisional, pero sincera y confiada, con la invitación que le hice de andar una parte del camino juntos. La Iglesia, créame, a pesar de todos los retrasos, infidelidades, errores y pecados que haya cometido y todavía pueda cometer en los que la componen, no tiene otro sentido ni propósito que no sea vivir y dar testimonio de Jesús: Él que fue enviado por el Abbà «para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc. 4, 18-19).

    Con fraternal cercanía,

    Francesco
  • 18 de noviembre de 2012

    ¿QUIÉN ES MÁS BOBO?. EL ATEO O EL AGNÓSTICO

    La vida de cada uno es un camino personal
    ¿Quién es más bobo -nos preguntábamos un alumno de primero de Bachillerato y yo-, el ateo que niega la existencia de Dios o el agnóstico que simplemente vive como si Dios no existiera "porque nadie se lo ha presentado"?

    Yo siempre había pensado que el ateísmo sólo es explicable por una especie de espejismo que ha conducido al error a muchas generaciones en los últimos siglos. Pero en sí mismo el planteamiento ateo es absolutamente acientífico e irracional. Si prescindimos de los justificantes culturales históricos que han permitido que tantas personas inteligentes incurran en esa estupidez, lo cierto es que el ateísmo no tiene dónde sostenerse. Negar la existencia de cualquier cosa por el solo hecho de que yo no la conozca, es ya signo de estupidez. La mayor parte de las herejías lo son no por lo que afirman, sino por lo que niegan. La negación tiene algo de absoluto y, por tanto, de arriesgado. La afirmación es lo propio de los hombres, que vamos conociendo el mundo de forma paulatina y progresiva. Podemos errar, pero es más fácil que el error sea de apreciación o de matiz.

    Cuando lo que negamos es la misma existencia de Dios, no me cabe duda de que ya en eso mismo se manifiesta la soberbia en grado sumo. Nos situamos en el centro del Universo y somos quienes decidimos qué es lo que existe y lo que no.

    Siempre he sentido cierta estima por los agnósticos. Me agradaron mucho las palabras del Papa, pronunciadas hace unos meses, en las que afirmaba que muchos agnósticos pueden estar más cerca de Dios que tantos católicos tibios que no se esfuerzan en vivir las exigencias de la Fe y de su condición de hijos de Dios. El agnóstico, en efecto, es suficientemente sensato como para no negar la existencia de nada por el simple hecho de no conocerlo; admite que la Fe puede suponer un gran regalo en la vida de la persona e incluso facilitar mucho la existencia, pero asegura sinceramente que ese regalo no le ha sido concedido.

    ¿Quién es más bobo?
    Después de todo lo que hemos dicho, es difícil saber quién es más bobo.
    La pereza y la comodidad, en ocasiones, son comunes en los agnósticos y en los católicos tibios 

    El ateo puede serlo con una cierta justificación intelectual, embebido en las doctrinas filosóficas del siglo XIX.

    El agnóstico parece actuar con gran serenidad y un cierto señorío. No incurre en la estupidez indicada, pero corre también el peligro de usar esa actitud para enmascarar la comodidad y vivir con una moral hecha a la medida de sus gustos.

    El católico tibio -y entre ellos cabe incluir a los llamados católicos no practicantes- pueden ser también víctimas de la misma comodidad vital, pero están instalados en una contradicción, puesto que si es cierto lo que afirman -ser católicos- deberían estar en una en proceso de continua conversión.

    En definitiva, podemos decir que el menos tonto es el creyente o el que -aun sin haber recibido la Fe- está en búsqueda constante de la verdad. El agnóstico buscará esa verdad en los caminos del mundo y de la conciencia moral; el creyente , en cambio, no sólo en esos caminos que podemos denominar naturales o comunes a todos los hombres sino también en las fuentes de la Revelación.

    Precisamente porque la vida tiene estructura de camino, es necesario haber intentado recorrer algunas etapas, descubrir los ámbitos de la realidad, estar abiertos a los valores que la inteligencia naturalmente reconoce de manera espontánea.
    El principio del camino es el deseo de Dios; el final está simbolizado por la montaña

    Hablando de manera simbólica, si no se ha subido ninguna montaña es difícil justificar la actitud del que se define "agnóstico" acerca de lo que hay o no hay al otro lado.

    En definitiva, el deseo de Dios es el principio del camino. Es Él quien lo pone en el corazón. 
    A veces no lo sabemos interpretar y lo confundimos con otros sentimientos o ideas; sin embargo, es ese deseo de Dios el que nos pone en movimiento a todos: a los creyentes para seguir siéndolo; y a los que no creen, para ponerse en condiciones de recibir la Fe.

    Si el principio del camino es el deseo de Dios; el final del camino está simbólicamente representado por la montaña. Allí arriba, en la cumbre, termina el camino. Ya no se puede subir más alto. Ya sólo está el Cielo y todo el panorama del mundo que se extiende a nuestros pies.
    http://nosponemosencamino.blogspot.com.ar/2012/11/quien-es-mas-bobo.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+NosPonemosEnCamino+(+++++Nos+ponemos+en+camino)

    1 de junio de 2012

    NADIE ES ATEO POR RAZONES CIENTIFICAS. EXPLICA EL P. JORGE LORING SJ


    http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=vXb2ZMF2MmM
    La Ciencia no ofrece fundamento alguno para los ateos, tampoco razones científicas como explica el P. Jorge Loring sj

    http://www.youtube.com/watch?v=EfA5eQHtork&feature=relmfu
    El Padre Loring explica que ningún ateo puede apoyarse en razones científicas para defender su ateísmo.