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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

26 de enero de 2019

CRISTÓBAL COLÓN FIEL DEVOTO DE LA VIRGEN MARÍA.


CRISTÓBAL COLÓN, FIEL DEVOTO DE LA VIRGEN 
➖“La Conquista de América no es sino un capítulo del historial mariano. Sin la Virgen la historia del Nuevo Mundo pierde su sentido cabal y auténtico. Es como un libro al que han arrancado, con la portada, los títulos de sus mejores capítulos. Quien no divisa la imagen de Nuestra Señora en el frontispicio de la conquista americana, no ha aprendido a leer todavía las crónicas de Indias.” 
➖La obra de la Conquistadora comienza en la Rábida. Colón frecuentaba el convento de la Rábida, y en una de las visitas que hizo conoció a fray Antonio Marchena, quien pondrá al Almirante en contacto con las figuras más importantes de la España de aquellos tiempos. 
- Sin embargo, la personalidad de real importancia que Colón visitaba en aquel convento franciscano era la Santísima Virgen María, representada en una bella imagen: 
✴️“Desde su santuario de la Rábida iluminó María la ruta fantástica de las carabelas, y abrió el camino de Indias a España y al mundo para pasmo y alborozo de los siglos por venir.” 
➖Unas páginas antes, al inicio de sus estudio, nos describía el P. Bruno -citando la obra Colón y la Rábida, de Fray José Coll- las características de la imagen: 
✴️“De mediana estatura (...), más bien baja que alta, como que sólo mide 54 centímetros de alto y cuatro el pedestal sobre el que descansa. La materia de que está formada es de alabastro, y aunque su escultura presenta reminiscencias de estilo ojival, el gusto de las épocas le ha dado, sin embargo, diversas modificaciones.” 
- Unos párrafos más adelante, luego de contarnos las historias que se fueron tejiendo con respectos a la imagen, acota Bruno:
✴️“Nuestra Señora de la Rábida, la de los finos alabastros y peregrinas historietas, está en Palos, allá por los años de 1492, como un faro luminoso que mira al mar océano abriendo a los navegantes los nuevos derroteros de España.” 
➖La devoción de Colón a la Virgen era ferviente. Dice Cayetano Bruno:
✴️“(Colón) es un hijo fiel de la Iglesia y devoto apasionado de Nuestra Señora (...)
✴️(...) de Colón dice el cronista Antonio de Herrera en la primera de sus Décadas, fue muy católico (...) devotísimo de Nuestra Señora (...)
✴️(...) estampó Colón en su Memorial la jaculatoria ‘Iesus cum Maria sit nobis in via; y (...) cambió el nombre de la (nave) capitana por el de Santa María.” 
➖Con respecto al primer viaje de Colón nos narra José María Iraburu:
✴️“La tripulación de la nao Santa María y de las carabelas Pinta y Niña la componen 90 marineros, la mayoría andaluces, algunos vascos y gallegos, y sólo cuatro eran presos en redención de penas. 
- No todos eran angelitos, pero sin dudas eran hombres de fe, gente cristiana, pueblo sencillo. Así, por ejemplo, solían rezar o cantar cada día la Salve Regina, con otras coplas y prosas devotas que contienen alabanzas de Dios y de Nuestra Señora (...).” 
MARIA «LA CONQUISTADORA» ANTE EL MUNDO AMERINDIO. MARÍA LLEGA A AMÉRICA LATINA POR LOS DESCUBRIDORES Y CONQUISTADORES PORTUGUESES Y ESPAÑOLES.
DEVOCIÓN MARIANA DE LOS CONQUISTADORES
Como ha afirmado Vargas Ugarte,
«aunque es forzoso reconocer que muchos de los conquistadores españoles no estuvieron exentos de graves defectos, es incontestable que casi todos eran hombres de arraigada fe y además fervientes devotos de la Virgen María».15
La afirmación, desde nuestra temática y desde las actuales perspectivas en las que se mueve el historiador, es sugerente y nos abre a dos preguntas: ¿Cuál era la Virgen María que latía en la fe de los conquistadores? ¿Cómo aparecía esta Virgen María ante los ojos de los indígenas?
Conocida es la devoción a la Virgen tenida por Cristóbal Colón, en cuyo estandarte estaban impresas las imágenes de Jesús y de María, y que bautizó la segunda isla descubierta con el nombre de Concepción, y que en su segundo viaje erigió en Santo Domingo la primera iglesia levantada en América, consagrándola a Jesucristo y a su Madre Santísima.
Lo mismo nos consta de Hernán Cortés por los testimonios de Bernal Díaz del Castillo. El conquistador sólo llevaba sobre su pecho una cadena de oro con la imagen de Nuestra Señora, la Virgen Santa María, con su precioso hijo en los brazos. Rezaba las Horas todas las mañanas, oía la Misa y «tenía por su muy Abogada a la Virgen María».
Cuenta el mismo cronista que, habiendo desembarcado en la isla de Cosumel, vieron en un templo una reunión religiosa de indios, y que les ordenaron
«que quitasen de aquella casa aquellos sus ídolos..., que les llevarían al infierno sus almas y se les dio a entender otras cosas santas e buenas, e que pusiesen una imagen de Nuestra Señora que les dio Hernán Cortés e una cruz». 
No se atrevieron los indios a quitar sus falsos dioses, temiendo no les sucediese algún mal y propusieron a los españoles que los echasen ellos, persuadidos que luego les vendría algún castigo, y así mandó Hernán Cortés que los despedazasen y echasen a rodar por las gradas del templo abajo. «Luego mandó traer mucha cal, que había harta en aquel pueblo e indios albañiles y se hizo un altar muy limpio, donde pusiésemos la imagen de Nuestra Señora, e mandó a dos de nuestros carpinteros.., que hiciesen una cruz... la cual se puso en uno como humilladero que estaba cerca del altar e hizo misa el Padre que se decía Juan Díaz, y el papa (sacerdote de los ídolos) y todos los indios estaban mirando con atención» 16
Testimonios similares sobre la devoción a la Virgen tenida por conquistadores y misioneros de la época, se podrían prolongar indefinidamente, porque se trata de una nota común de aquellos hombres.
CONFIGURACIÓN DE LA VIRGEN COMO «LA CONQUISTADORA»
Misioneros y conquistadores traían a la Virgen a las tierras de América con las características de la teología de la Contrarreforma, envuelta en la original religiosidad popular luso-hispánica, y expresada en imágenes y devociones de marcado cuño occidental.
Pero al llegar a las nuevas playas, María adquiere inmediatamente una nueva y original configuración, cuya expresión más típica, a mi juicio, y al mismo tiempo la más ambigua, será la de ser considerada como «La Conquistadora». Así se denominará ya en los primeros años y, concretamente en Guatemala, a la Virgen llevada por el mercedario Fray Bartolomé de Olmedo.17
Es el mismo nombre que el San Roque González daba a la imagen de la Virgen que llevaba en todas sus correrías apostólicas en medio del mundo guaraní, y que era un lienzo de la Inmaculada Concepción, que había pintado el Hermano Bernardo Rodríguez, y que se lo había regalado el Provincial P. Diego de Torres.18
Imagen de la Virgen de las Mercedes y lienzo de la Inmaculada, pero en ambos casos es la Conquistadora.
El nombre es sumamente significativo, porque con él se mostraba que la Virgen quedaba incorporada cualitativamente a la empresa hispánica en las nuevas tierras descubiertas, empresa de conquista, siguiendo la tradición medieval española de la «reconquista», y que los misioneros intentaran suavizar con la cualificación de «conquista espiritual».19
Sin duda que, dada la dimensión evangelizadora de la empresa hispánica, bajo el nombre de «La Conquistadora» se encubre para la Virgen el nombre de «La Evangelizadora», canalizando bajo esta denominación toda una nueva teología de María para los misioneros.
PERO LA CONQUISTA, EN SU GLOBALIDAD, NO ERA TAN PURA Y DESINTERESADA COMO HUBIESE SIDO UNA EMPRESA DE MERA EVANGELIZACIÓN.
Cierto que Alejandro VI instaba a los Reyes Católicos a enviar misioneros afirmando que «confío con la ayuda de Dios, en poder ya propagar ampliamente el sagrado nombre y el Evangelio de Jesucristo». Y el mismo Cristóbal Colón escribía a Isabel y Fernando diciendo que
«espero que Dios mediante Vuestras Altezas, se resolverá pronto a enviarnos personas devotas y religiosas para reunir a la Iglesia tan vastas poblaciones y que las convertirán a la fe». 
Y el mismo León XIII, con ocasión del cuarto centenario del Descubrimiento, afirmaba de Cristóbal Colón que fue un hombre «cuyo principal propósito y el que más arraigado estaba en su alma no fue otro que abrir el camino al Evangelio por nuevas tierras y por nuevos mares».20
Pero la conquista fue simultáneamente económica, social, y política, por lo que en la época se hablaba de una conquista con la espada y con la cruz, con una característica mentalidad colonizadora, que en los primeros años incluso llegó a poner en duda la humanidad de los indígenas, tema que tuvo que ser resuelto en las aulas universitarias de Alcalá y de Salamanca. Un mismo misionero, como el P. Antonio Ruiz de Montoya, afirmará con toda claridad que
«he vivido todo el tiempo en la provincia del Paraguay y como en el desierto en busca de fieras, de indios bárbaros, atravesando campos y trasegando montes en busca suya, para agregarlos al aprisco de la Iglesia Santa y al servicio de Su Majestad».21 
 E indicará que
«aquellos indios que vivían a su antigua usanza en sierras, campos, montes y pueblos que cada uno montaba cinco o seis casas, han sido ya reducidos por nuestra industria a poblaciones grandes y de rústicos vueltos en políticos cristianos», de tal manera que «los redujo la diligencia de los Padres a poblaciones grandes y vida política y humana, a beneficiar algodón con que se vistan, etc.». 22 
Y el P. Diego de Torres escribía «que estos indios, como todos sus antepasados, poco antes andaban como fieras en esos montes con las armas en la mano matando y destrozando sin conocimiento de Dios Nuestro Señor, más que si fueran bestias». 23
Es al frente de esta compleja conquista como aparece María en la fe de los conquistadores como la Conquistadora, originándose una ambigua teología mariana, si la analizamos desapasionadamente, y una imagen de María mucho más ambigua para el indígena que se sentía agredido por militares y misioneros «conquistadores».
AMBIGÜEDAD TEOLÓGICA DE «LA CONQUISTADORA»
Lo que Bernal Díaz del Castillo afirmaba de la Virgen María con relación a las tropas de Hernán Cortés en la conquista de Méjico, podemos decir que fue la fe mariana de castellanos y portugueses durante todo el período colonial.
Escribía el cronista:
«Y ciertamente todos los soldados que pasamos con Cortés tenemos muy creído, e así es verdad, que la misericordia divina y Nuestra Señora la Virgen María siempre era con nosotros: por lo cual le doy muchas gracias».24
Esta fe la confirmaban con repetidos milagros, atribuidos a la Cruz y a la Virgen, realizados con ocasión de acciones militares y similares. Así se cuenta que en una difícil batalla, dirigida bajo las órdenes del Capitán Francisco de Cortés, en el año 1517,
«el Capitán mandó sacar los estandartes reales y los enarboló, y fuera de esto, otro de damasco blanco y carmesí con una cruz en el reverso y una letra por orla que decía así: ‘En esta vencí y el que me trajere, con ella vencerá’, y por la otra parte estaba la imagen de la Concepción Limpísima de Nuestra Señora y con otra letra que decía: ‘María, Mater Dei, ora pro nobis’, y al descubrirla y levantarla en alto, hincados de rodillas, con lágrimas y devoción le suplicaron los afligidos españoles les librase de tantos enemigos y al instante se llenó el estandarte de resplandores y causó al ejército valor y valentía, y fueron marchando al son de las cajas y clarines y, llegando cerca del pueblo, los enemigos se repartieron por medio de dos bandas, la una se puso hacia la banda de la sierra y la otra hacia la mar que estaba cerca y los cogieron en medio... Los cristianos, sin hacer caso de sus bravezas, fueron adelantando con algún tiento y cuando llegaron bastante cerca de los enemigos, descubrieron los estandartes que traían, tremolándolos delante de la Cruz y la Virgen y... en esta ocasión el estandarte de Nuestra Señora se llenó de más resplandores y así como lo vieron los indios se juntaron y postrados, trajeron sus banderillas arrastrando y las pusieron a los pies del Padre Fray Juan de Villadiego, santísimo sacerdote y anciano que tenía en las manos el estandarte de la Cruz, a cuya mano siniestra iba el Capitán Francisco Cortés con toda su caballería. Treinta capitanes, caciques y señores de aquella provincia se rindieron a la cruz e imagen, por haberse llenado de resplandores sin otra arma alguna... Este suceso fue sábado del año 1517».25
El texto es de una densidad popular mariana extraordinaria. María aparece junto al estandarte de la cruz, siendo nombrada en segundo lugar. Queda diseñada teológicamente como la Madre de Dios e Inmaculada en su Concepción. Con relación a los españoles es Nuestra Señora y apoyo de los afligidos. Ella es la que ora delante de Dios y a la que se le reza con «lágrimas y devoción» en el momento de la dificultad. Ante la oración, ella responde en este caso con el milagro, y un milagro de tal categoría que por una parte «causó al ejército valor y valentía», y por otra, sin necesidad de lucha ni de armas, personalmente con sus resplandores derrota a los indios concediendo la victoria a los españoles.
Casos similares se encuentran continuamente en crónicas y relatos de la época,26 de tal manera que Fray Antonio de Santa María, recogiendo el sentir de sus contemporáneos, podía afirmar que
«Nadie puede dudar que el triunfo de esta conquista se debe a la Reina de los Ángeles».
Pero, si volvemos la moneda, en la fe de los conquistadores aparece María «La Conquistadora» apoyando la globalidad de su empresa y de sus acciones, lo que nos sitúa en la ambigüedad teológica subyacente a La Conquistadora, a la que todos atribuyen el triunfo, que no fue abstracto sino bien concreto.
En efecto, no podemos olvidarnos que el resultado de dicho triunfo era la nueva situación creada para el mundo indígena y que ya denunciaba enérgicamente Fray Antonio de Montesinos en su célebre sermón del cuarto domingo de Adviento de 1511. 27
La Conquistadora aparece como Abogada y Apoyo de tropas creyentes, pero cuya deteriorada imagen, desde el punto de vista moral, era bien conocida y denunciada por los predicadores de la época, como hoy nos lo ha dado a conocer Julio Caro Baroja.28
Incluso, de una manera especial, no podemos olvidar la situación a la que quedó reducida la mujer indígena con ocasión de la conquista, y hasta la propia mujer hispana, como lo ha puesto de relieve José Oscar Beozzo.29
Siguiendo la dinámica del pensamiento de Vilma Moreira da Silva, hay que recordar que en algunos sectores de Occidente se estaba dando una explotación machista del culto a la Virgen María, al reducir el modelo mariano a la «feminidad ideal», en el sentido de la exaltación de algunas de las virtudes que se dicen «propias de la mujer», como la modestia, la aceptación, pasividad, resignación, sumisión, humildad, etc., reduciendo cultural y alienantemente la dimensión global30 del ser femenino.
Es decir, la incrustación de María como Conquistadora por la fe de los propios conquistadores, en su ambiguo —e incluso, en muchas ocasiones, negativo— contexto histórico y cultural, es lo que origina la ambigüedad de la teología mariana de la Conquistadora.
AMBIGÜEDAD DE «LA CONQUISTADORA» FRENTE AL MUNDO AMERINDIO
Hoy que comenzamos a acostumbrarnos a hacer la lectura de la colonización de América no sólo desde la perspectiva de los conquistadores y vencedores —con la clásica óptica metropolitana—, sino también con los ojos de los vencidos —los amerindios y afro americanos—, el problema de la teología mariana de «La Conquistadora» y «a la que todos atribuyen el triunfo» se hace mucho más complicado.
En efecto, Bernal Díaz del Castillo escribe con entusiasmo cómo, refiriéndose a la Virgen,
«los caciques dijeron que les parecía muy bien aquella Gran Tegleciguata (...), porque a las grandes señoras en su lengua llaman tegleciguatas».31 
Y más adelante añade que «preguntando en cierta ocasión Moctezuma a sus guerreros cómo no habían podido vencer a unos pocos castellanos, siendo ellos tantos, le respondieron que no aprovechaban sus flechas ni buen pelear, porque una Gran Tegleciguata de Castilla venía delante de ellos y les ponía temor».32 El problema era mucho más complejo. Desde la perspectiva indígena se trataba de una guerra entre pueblos y dioses —en el contexto de mentalidades enoteístas—, como lo ha propuesto con finura Octavio Paz,33 con relación al mundo azteca.
La conciencia generalizada de los amerindios, como hoy comienza a comprobarse incluso documentalmente, era que se encontraba ante un mundo de invasores y enemigos protegidos por dioses extraños también enemigos. Bartomeu Meliá lo ha dejado claramente expuesto con relación al sector del mundo guaraní renuente a los pactos con los españoles con su subsecuente colonización. 34
En dicho contexto la Virgen «Conquistadora» debía aparecer para el agredido mundo amerindio como el símbolo y la fuerza de sus enemigos, y a la que se debía la causa de sus derrotas en una guerra evidentemente injusta.
Un dato muy significativo, desde esta perspectiva, son los acontecimientos que ocurrieron con ocasión del martirio de San Roque González de Santa Cruz.
La mentalidad de los indígenas aparece transparente en el discurso con el que Potirava concientiza de la nueva situación al cacique Ñeezú y al resto de los indígenas con ocasión de la llegada del misionero Roque González:
«Ya ni siento mi ofensa ni la tuya; sólo siento la que esta gente advenediza hace a nuestro ser antiguo y a lo que nos ganaron las costumbres de nuestros padres.
¿Por ventura fue otro el patrimonio que nos dejaron sino nuestra libertad?
¿La misma naturaleza que nos eximió del gravamen de ajena servidumbre no nos hizo libres aun de vivir aligados a un sitio por más que lo elija nuestra elección voluntaria? (...)
¿No temes que estos que se llaman Padres disimulen con este título su ambición y hagan presto esclavos viles de los que llaman ahora hijos queridos?
¿Por ventura faltan ejemplos en el Paraguay de quién son los españoles, de los estragos que han hecho en nosotros, cebados más en ellos que en su utilidad?
Pues ni a su soberbia corrigió nuestra humildad, ni a su ambición nuestra obediencia: porque igualmente esta nación procura su riqueza y las miserias ajenas.
¿Quién duda que los que nos introducen ahora deidades no conocidas, mañana, con el secreto imperio que da el magisterio de los hombres, introduzcan nuevas leyes o nos vendan infamemente, adonde sea castigo de nuestra incredulidad un intolerable cautiverio?
¿Estos que ahora con tanta ansia procuran despojarte de las mujeres de que gozas, por qué otra ganancia habían de intentar tan desvergonzada presunción, sino por el deseo de la presa de lo mismo que te quitan?
¿Qué les va a ellos, si no las quisieran para su antojo, en privarte de que sustentes tan numerosa familia?
Y lo que es lo principal,
¿no sientes el ultraje de tu deidad y que con una ley extranjera y horrible deroguen a las que recibimos de nuestros antepasados; y que se deje por los vanos ritos cristianos los de nuestros oráculos divinos y por la adoración de un madero las de nuestras verdaderas deidades? ¿Qué es esto? ¿Así ha de vencer a nuestra paterna verdad una mentira extranjera? Este agravio a todos nos toca;
 pero en ti será el golpe más severo; y si ahora no lo desvías con la muerte de estos alevosos tiranos, forjarás las prisiones de hierro de tu propia tolerancia».35
Consecuencia de este discurso fue la muerte de los mártires, al mismo tiempo que los indígenas, simbólicamente, destrozaron la imagen de la Conquistadora, que siempre llevaba consigo el P. Roque González, designándola con dicho nombre. Los testimonios de la época afirman que cuando los soldados acudieron a castigar a los indios, encontraron el lienzo de la Virgen rasgado en dos partes.
Hechos similares se registraron en la muerte del P. Lizardi a manos de los chiriguanos. Como cuenta el P. Lozano, los indígenas destruyeron cuanto encontraron en la iglesia y «a una pintura de Nuestra Señora, inseparable compañera del P. Julián desde las misiones del Paraguay, la dividieron de alto a abajo». Igualmente derribaron de su hornacina a la imagen titular, arrancándole la cabeza y las manos? 36
Referencias
15 VARGAS UGARTE, O. c., p. 10.
16 BERNAL DIAZ DEL CASTILLO, Historia de los sucesos de la Conquista de la Nueva España, Cp. XXIV, citado por VARGAS UGARTE, Oc., pp. 11-12.
17 VARGAS UGARTE, O. e., pp. 43 y 15.
18 RUIZ DE MONTOYA, Antonio, Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las Provincias dc Paraguay, Uruguay y Tape, Bilbao 1892, Cap. 58; VARGAS UGARTE, O. c., pp. 50-51.
19 Así denomina muy significativamente Antonio Ruiz de Montoya la empresa jesuítica de las reducciones, teniendo en cuenta que el libro estaba escrito para el Rey de España, mostrando el malestar existente por el comportamiento de los españoles, pero sin cuestionar la conquista misma, dado que expresamente dirá el autor que los jesuitas pretendían hacer de los indígenas cristianos y súbditos de Su Majestad el Rey. Sobre el concepto de «conquista» y su contenido específico en América, véase SUSNIK, Branislava, El rol de los indígenas en la formación y vivencia del Paraguay, Asunción 1982, pp. 61-68.
20 Las citas están tomadas de VARGAS UGARTE, O. c., pp. 3-9.
21 RUIZ DE MONTOYA, Antonio, Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús..., Bilbao 1892, p. 14.
22 RUIZ DE MONTOYA, Antonio, O. e., pp. 14 y 29.
23 Bonaer., Doc. VI, p. 31.
24 BERNAL DIAZ DEL CASTILLO, Historia de los sucesos de la Conquista de la Nueva España, Cap. XCIV, citado por VARGAS UGARTE, O. c., p. 13.
25 En VARGAS UGARTE, O. c., p. 14, está la cita de la «Crónica Miscelánea de Jalino», escrita por Fr. Antonio de Tello.
26 VARGAS UGARTE, ~. c., pp. 18-27.
27 STEHLE, E., Testigos de la fe en América Latina, Estella 1982, p. 17.
28 CARO BAROJA, Julio, Las formas complejas de la vida religiosa. Religión, sociedad y carácter de la España de los siglos XVI y XVII, Madrid 1978, pp. 415-444.
29 BEOZZO, José Oscar, «A mulher indigena e a Igreja na situaçao escravista do Brasil colonial», en AA. VV., A mulher pobre na história da Igreja latino-americana, Sao Paulo 1984, pp. 70-93.
30 MOREIRA DA SILVA, Vilma, «La mujer en la teología. Reflexión bíblico-teológica» en AA. VV., Mujer latinoamericana. Iglesia y teología, México 1981, pp. 155-156. BOFF, Leonardo, El rostro materno de Dios, Madrid 1981, pp. 35-46.
31 BERNAL DIAZ DEL CASTILLO, Historia de los sucesos de la Conquista de la Nueva España, Cap. XXXVI, citado por VARGAS UGARTE, O. c., p. 13.
32 BERNAL DIAZ DEL CASTILLO, Historia de los sucesos de la Conquista de la Nueva España, Cap. XCIV, citado por VARGAS UGARTE, O. c., p. 13.
33 MUÑOZ BATISTA, Jorge, «Octavio Paz: Nuestras raíces culturales», en AA. VV., Iglesia y cultura latinoamericana, Bogotá 1984, pp. 27-46.
34 MELIÁ, Bartomeu, «O Guaraní reduzido», en AA. VV., Das reduçoes latinoamericanas as lutas indigenas actuais, Sao Paulo 1982, pp. 228-24 1. Véase también DUSSEL, Enrique, «La historia de la Iglesia en América Latina», PUEBLA 18 (1982) 165-192.
35 BLANCO, José María, Historia documentada de la vida y gloriosa muerte de los Padres Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, de la Compañía de Jesús del Caaró e Ijuhí, Buenos Aires 1929, pp. 525-526.
36 LOZANO, Pedro, Relación de la vida y virtudes del Ven. Mártir P. Julián de Lizardi, de la Compañía de Jesús de la Provincia del Paraguay, Madrid 1862. Véase también MELIA, Bartomeu, «Roque González en la cultura indígena», en AA. VV., Roque González de Santa Cruz, Colonia y Reducciones del Paraguay de 1600, Asunción 1975, pp. 105-129.

LA HERMANDAD Y LAS IMÁGENES APARECEN RELACIONADAS CON LA LLEGADA EN EL SIGLO XV A HUELVA DE CRISTÓBAL COLÓN. TRAS SU PRIMERA PARTIDA HACIA AMÉRICA. EL NAVEGANTE PEREGRINÓ AL SANTUARIO PARA AGRADECER LOS FAVORES CONCEDIDOS DURANTE SU TRAVESÍA.

A esta Imagen y al Santuario se le han acreditado muchos milagros con que favorece a sus Devotos.
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Como lo pregonan las muletas de cojos, las mortajas de muertos, las cadenas de cautivos, los cables de navíos… de la ermita…

EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CINTA, TAMBIÉN CONOCIDO COMO “ERMITA DE LA CINTA” O “SANTUARIO DE LA CINTA” HUELVA, ANDALUCÍA.
Es la sede de la patrona de la ciudad. Situado en el cabezo de El Conquero, a pesar de encontrarse en la actualidad dentro de la ciudad es uno de sus lugares más mágicos de la urbe.
Tanto la hermandad como las imágenes aparecen relacionadas con la llegada en el siglo XV a Huelva de Cristóbal Colón tras su primera partida hacia América.
Se sabe que, como hacían todos los marineros de la zona, cumpliendo una promesa, el navegante peregrinó al santuario para agradecer los favores concedidos durante su travesía.
 
LA IMAGEN

A esta Imagen y al Santuario se le han acreditado muchos milagros con que favorece a sus Devotos.
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Como lo pregonan las muletas de cojos, las mortajas de muertos, las cadenas de cautivos, los cables de navíos, las armas de fuego reventadas, los cuerpos, brazos, pierna y pechos de cera o plata pendientes del techo o paredes de dicha ermita.

A LO LARGO DE CUATRO VIDRIERAS SE RELATA UNA LEYENDA MARIANA EN LA QUE LA INTERCESIÓN DE LA VIRGEN DE LA CINTA DA LA LIBERTAD A UN MARINERO ONUBENSE Y POSIBILITA LA CONVERSIÓN DE UN MUSULMÁN.
“Estando este cristiano en un lugar de Berbería, afligido por la mala vida que su amo le daba, se encomendó a Nuestra Señora de la Cinta, y milagrosamente se le apareció y le dijo que le sacara de allí.Su amo el moro oyó hablar al cristiano con Nuestra Señora, y le dijo ¿qué mujer es esa que habla contigo?.Y respondió que era Nuestra Señora de la Cinta, que lo había de sacar de allí.Y respondió el moro “yo te pondré donde no te saque”.“Aquí es donde este moro mandó hacer un Arca, y metió al cristiano dentro, y tomando un gallo le cortó el pescuezo, y le dijo al cristiano cuando este gallo cantare tendrás tu libertad, y cerró la caja, y le echó dos mármoles encima y él se tendió encima del arca, y milagrosamente vino a parar a el Humilladero.Aquí es donde despertó el moro y le dijo al cristiano: en tu tierra estamos.Y respondió el cristiano: ¿ No te lo dije yo, que esta señora era poderosa?.Abrió el arca y envió al cristiano al Lugar a que diese cuenta del milagro que había obrado con él la Virgen.El cristiano vino entre el Cabildo Eclesiástico y Secular y hallaron al moro humillado delante de la Virgen.Aquí es donde quisieron fabricar la Ermita, y por el peligro del mar que daba donde estaba Nuestra Señora, cortaron el paredón y colocaron donde hoy se conserva, la imagen de Nuestra Señora trayéndola en procesión y el moro acompañándola.Y el moro recibió el agua del Bautismo, sirviendo el cristiano de padrino, donde quedaron sirviendo a Nuestra Señora hasta la muerte”.

El santuario está dedicado a la Virgen de la Cinta, también conocida como “La Virgen Chiquita”que, a su vez es la patrona de la ciudad.
Su imagen aparece como mural en la capilla central.
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Se trata de una pintura mural de técnica mixta, fresco con repintes de temple al huevo y pan de oro, cuyo soporte es el muro frontal del presbiterio.
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Aparece la Virgen sentada, mirando a la izquierda del espectador, con su mano derecha soporta en el regazo al niño sentado.
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Con la izquierda presenta una granada entreabierta.
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El Niño aparece desnudo, aunque calzado, sosteniendo en su mano derecha la cinta, mientras que con la derecha parece querer tomar la granada.
La imagen procesional es una escultura de bulto redondo, en madera policromada, del círculo de Benito Hita del Castillo, de hacia 1760.
Muestra en su brazo derecho al Niño, mientras que el izquierdo sostiene la granada.
En su indumentaria presenta una túnica con adornos de flores, ajustada por un cíngulo dorado. Se cubre con un manto de idénticos adornos.
El Niño, desnudo y calzado, porta en sus manos la cinta dorada.
Su origen se remonta al siglo XVIII, aunque la antigüedad tanto de la devoción popular como de la Hermandad arranca del siglo XV.
En la actualidad procesiona en los meses de agosto y septiembre entre el santuario y la Catedral de La Merced de Huelva.
Esta devoción, y su santuario, está relacionada con el descubrimiento colombino en el sentido de constituir una devoción bastante extendida entre la marinería de la zona.
Por otra parte el propio Colón al encontrarse en una situación apurada el 3 de marzo en su viaje de vuelta hizo promesa de peregrinar en camisa a este santuario y así lo cumplió el almirante a su regreso.
EL SANTUARIO
Este edificio gótico-mudéjar del siglo XV, ha sido enormemente transformado por sucesivas actuaciones.
Presenta al exterior un patio de entrada formado por arcos de medio punto, que constituyen galerías porticadas, excepto en el de entrada al oeste; en la galería este se levanta un segundo piso, que se halla rematado con una espadaña de dos cuerpos.
El pórtico inmediato al templo es bastante antiguo, probablemente de las obras realizadas en el xvii.
Posteriormente, en el XVIII, se levantó el segundo piso, para acoger a los peregrinos, como hospedería.
Fue utilizado en 1890 como lazareto y en las obras de 1902 se levantaron las arquerías laterales y se cerró con una verja.
La entrada al templo se encuentra en la galería este.
Se trata de tres puertas del siglo XVI, que están enmarcadas por arcos apuntados de ladrillo, encuadrados en alfiz.
El interior es de planta rectangular con tres naves.
La central es más ancha y se remata con un ábside en testero plano, se cubre con bóveda apuntada de construcción barroca posterior.
El arco triunfal es también apuntado.
A cada lado del ábside se encuentran sendas capillas, adosadas posteriormente.
Las tres están sobreelevadas del resto de la iglesia.
La separación de las naves se realiza a través de tres arcos apuntados, que apean sobre cuatro pilares con semicolumnas adosadas y presentan sus ángulos ligeramente achaflanados.
Estas semicolumnas se coronan con unos capiteles lisos, cúbicos de ángulos rebajados.
La nave central se cubre con una armadura de par y nudillo con tirantes labrados, fue repuesta recientemente; las laterales tienen cubierta de colgadizo.
A los pies de la nave central y en alto aparece el coro, del siglo XVIII.
Sirviendo de entrada porticada al recinto se encuentra el “Patio Claustral Obispo González Moralejo”, construido en el año 1901, este patio blanco está formado por arcos de medio punto en los laterales.
Son interesantes en este lugar tanto las diferentes placas conmemorativas como la lápida funeraria de la Familia Garrocho (1604) que fue traslada al lugar tras el derribo de la antigua Iglesia de San Francisco.
También destacan una serie de azulejos realizados por Daniel Zuloaga en 1920 y que relatan diversas historias marianas y de marinería.
En el año 1955 se acometió una importante reforma del templo (patio, espadaña, verjas, capillas laterales…) que fueron sufragadas por el torero Miguel Báez Espuny “El Litri” y el Gobierno Civil bajo la dirección del arquitecto Juan Miguel Rodríguez Cordero.
Ya en 2007 el pintor José María Franco agregó unas pinturas al ábside con motivos marianos y marineros como sustitución de las anteriores, obras del mismo autor, seriamente dañadas e irrecuperables2
Con el crecimiento de Huelva la ciudad ha ido acercándose a la zona de la ermita (el populoso barrio de La Orden) por lo que ya todo el recinto se encuentra dentro del núcleo urbano.
En él se encuentran diversos edificios religiosos que tienen como centro la ermita.
En el centro se encuentra la “Plaza de los Capellanes” con rosa de los vientos en el centro y un mirador orientado a la ría de Huelva desde el que se puede observar además parte del puerto, el Odiel y los cabezos de la ciudad.
En los jardines se encuentra un pequeño monumento dedicado a la Virgen Chiquita, con una imagen en bronce de la misma, obra de Antonio León Ortega de 1977.
Más abajo, a los pies del cabezo, existe un pequeño humilladero construido, según la leyenda, sobre una ermita que destruyeron los árabes.
Dicha ermita fue levantada por un zapatero al que “milagrosamente” se le curaron sus dolores al encomendarse a la Virgen.
LAS GUADALUPANAS. LA MEXICANA, HIJA DE LA ESPAÑOLA
Sanjuana Martínez y Rodrigo Vera . Nota y entrevista publicada en Revista Proceso (México) N° 1414, 7 de Diciembre de 2003
Daniel Sapia - "Conoceréis la Verdad"
Apologética Cristiana - ® desde Junio 2000
www.conocereislaverdad.org
Desde hace siete siglos, en la provincia española de Extremadura se venera a la Virgen de Guadalupe. Su imagen fue llevada a la Nueva España por los primeros evangelizadores, lo que dio origen a la guadalupana mexicana. Los encargados del Monasterio de Guadalupe están convencidos: La Guadalupe de México se inspiró en ésta de España, y las apariciones al indio Juan Diego sólo son una "preciosa narración". Y agregan que es tal la similitud entre ambas vírgenes, que las autoridades de la Basílica prácticamente no quieren saber nada de la española.
Extremadura, España.- Para historiadores y autoridades eclesiásticas de esta provincia española, el culto a la Virgen de Guadalupe, imagen que aquí se venera desde hace siete siglos, fue llevado a la Nueva España por los primeros evangelizadores, lo que dio origen a la Guadalupana de México. Sin embargo, sostienen, esta imagen fue desligada totalmente de la original mediante "leyendas" y supuestas apariciones en el cerro del Tepeyac, que incluso la transformarían en símbolo de identidad nacional.
Fue tanto el afán por desligar a la Virgen del Tepeyac de la de Extremadura que, actualmente, las autoridades de la Basílica de Guadalupe ni siquiera tienen contacto con los franciscanos que aquí custodian el imponente Monasterio de Guadalupe, donde se encuentra la antiquísima Virgen española, que era venerada por Cristóbal Colón y Hernán Cortés.
El historiador Fray Sebastián García, actual cronista del monasterio, dice a Proceso:
"En México, las autoridades de la Basílica de Guadalupe no aceptan la vinculación histórica de aquella Virgen con la nuestra. Y la mayoría de los mexicanos cree que su Virgen de Guadalupe es la única; ignoran que la original se encuentra aquí".
--¿No hay entonces ninguna relación entre la Basílica y este monasterio? 
--No, ninguna. Esto no quiere decir que haya hostilidad. Simplemente no tenemos ninguna comunicación. ¡No hay nada! Y nosotros no tenemos ningún ánimo de confrontar.
--Algún intercambio religioso debe haber entre los dos santuarios guadalupanos...
--No, no, ninguno. A los mexicanos que vienen, simplemente se les atiende muy bien. Y mire, aquí han llegado obispos de México a visitar a nuestra señora de Guadalupe, pues saben que aquí está la raíz de la Virgen mexicana. Recuerdo, sobre todo, al hoy cardenal Javier Lozano Barragán, quien, siendo obispo de Zacatecas, realizó una visita a nuestro monasterio y conversando nos dijo: "Aquí están nuestras raíces". Claro que ya en público cambian su discurso.
--¿La devoción guadalupana de México salió entonces de aquí?
--Por supuesto. Y no sólo salió a México, sino a toda América, donde existen muchos santuarios dedicados a Santa María de Guadalupe: en Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador... Cristóbal Colón visitaba este monasterio y era devoto de la Virgen. En su honor, le puso Guadalupe a una isla que descubrió en Las Antillas. Cada año, todavía viene al monasterio una peregrinación de esa isla. Hernán Cortés y otros conquistadores eran de Extremadura y veneraban también a la imagen, a la que Cortés usó en el estandarte con el que entró a Tenochtitlán, que aún se conserva en el museo del Castillo de Chapultepec.
"En aquel tiempo, ésta era la Virgen más venerada en toda Europa. Los reyes católicos Isabel y Fernando solían visitar el monasterio; incluso aquí llegaron a reunirse con Colón. De todo esto hay una vasta documentación. Y yo he escrito libros y artículos sobre el asunto." 
Fray Sebastián charla con los reporteros en su amplio despacho, situado en lo alto de una de las torres del monasterio. La intensa luz entra por una ventana gótica desde la que se domina la sierra de Villuercas. Abajo se ven los techos de teja, las casas enjalbegadas de Guadalupe; el pequeño poblado de 2 mil habitantes que circunda al monasterio.
Autor de Guadalupe de Extremadura en América y Guadalupe, historia, devoción y arte, el religioso franciscano es también el bibliotecario del monasterio. Tiene 76 años, y sobre su suéter azul luce el blanco alzacuello. Deambula un momento entre los viejos óleos que decoran las paredes. Luego, señala:
"El Papa Juan Pablo II vino a visitarnos en noviembre de 1982. Es indiscutible la estima tan grande que le tiene a la Virgen de Guadalupe de México. Pero se dio cuenta de que aquí están sus orígenes. Dijo que antes de haber ido a la Basílica del Tepeyac, debió haber venido aquí para comprender mejor la devoción mexicana."
--¿La Guadalupe de Extremadura despierta la misma devoción que la Guadalupe de México?
--No, nosotros recibimos mucho menos fieles, en parte porque estamos aislados entre montañas. Cuando llega una peregrinación de 3 mil gentes, nos las vemos negras para atenderla. En cambio, la Basílica de Guadalupe está en una moderna ciudad que tiene varios millones de habitantes y cuenta con todos los servicios.
--¿Cuántos fieles reciben ustedes al año?
--Alrededor de medio millón. Cifra muy menor a la de quienes van al santuario del Tepeyac, cuya Virgen además se convirtió en un símbolo nacional, en un signo de la identidad mexicana. La copia se ha hecho más famosa que la original. O podríamos decir, valga la expresión, que la hija es más que la madre.
LA VIRGEN DEL CORO
Una carretera sinuosa trepa la sierra de Villuercas, coronada por filosas puntas de roca. Aquí y allá se ven olmos, olivos cargados de racimos. Las ovejas pastando dan vida al solitario paisaje extremeño. Más allá se distinguen por fin las torres almenadas del enorme monasterio, también de roca, levantado durante los siglos XIV y XV.
Sus interiores son suntuosos. Fue declarado por la Unesco, en 1993, patrimonio de la humanidad. Sus salones albergan ricas colecciones de libros de coro y ornamentos religiosos atiborrados de joyas. Atesora también pinturas de renombrados artistas, como Zurbarán, El Greco, Goya, Rubens...
En una cámara especial se exhiben los relicarios, mantos y coronas de la Virgen de Guadalupe. De ahí, lo más preciado son, sin duda, sus coronas en oro y plata, cada una adornada con miles de diminutas piedras preciosas: diamantes, esmeraldas, perlas, zafiros...
Y en lo alto del altar luce la venerada imagen de Santa María de Guadalupe, cubierta con ricos ropajes y sosteniendo un niño Dios y un cetro de oro. Es una Virgen negra, de estilo románico. Algunos códices remontan su origen al siglo primero del cristianismo. Investigaciones posteriores indican, sin embargo, que un autor anónimo la talló en madera de cedro, en el siglo XII.
Se dice que, para evitar su profanación, la escultura estuvo enterrada durante la conquista árabe aquí cerca, en la riberas del río Guadalupe -palabra que se castellanizó del árabe wad al luben (río escondido)-, hasta que la encontró un pastor llamado Gil Cordero. La leyenda empezó a hablar de apariciones marianas por boca de peregrinos, poetas y predicadores. Lo cierto es que al principio se le construyó una ermita, que con el tiempo se transformaría en el actual monasterio gótico y mudéjar.
... Y a la Virgen, como al río, se le llamó Guadalupe.
Fray Sebastián García refiere que, durante la conquista de la Nueva España, "familias enteras de españoles propagaron la devoción a la Virgen en el nuevo mundo, al igual que los primeros misioneros". Sin embargo, aclara que la imagen difundida no era la de la "Virgen titular", sino la de la Virgen de Guadalupe que está en el coro del santuario.
Dice:
"La iconografía de la Virgen del coro la reproducían los propios monjes del monasterio, que eran habilidosos dibujantes y pintores. Ellos repartían estampas con esa imagen, que ya estaba en el coro en 1498".
--¿Por qué eligieron a la del coro para evangelizar América? 
--Porque eran muy celosos con su imagen titular. Muy reservados en ese aspecto, temían que otros santuarios la reprodujeran con exactitud y la colocaran en sus altares. Eso pasó con la guadalupana de México, que pintó el indio Marcos Cipac, pero tomando como modelo a nuestra Virgen del coro.
La Guadalupe del coro está situada frente al altar, hasta el otro extremo de la nave del santuario. Mira de frente a la imagen titular... Y sí, es muy similar a la Virgen del Tepeyac: rayos dorados salen detrás de su manto, y bajo sus pies hay una luna sostenida por un querubín. La diferencia es que ésta lleva al niño Dios en su regazo.
Explica fray Sebastián:
"Es ésta una Inmaculada Concepción tallada en madera. De estilo gótico flamenco, muy extendido en la Europa de los siglos XV y XVI".
--¿Por qué la de México no lleva niño?
--Porque los misioneros vieron que los indígenas no estaban capacitados para comprender la concepción virginal de Cristo. Y para no meterse en barullos, la pusieron sin niño.
Por su parte, el historiador Arturo Álvarez Álvarez, con base en documentos del siglo XVI, ha abundado sobre los inicios de la devoción guadalupana en el cerro del Tepeyac, promovida por los misioneros que levantaron ahí una ermita a la Virgen de Extremadura, la cual era atendida por los religiosos del convento de Santiago Tlatelolco.
En su investigación denominada El primer siglo guadalupano (México, 1524-1648), Álvarez reproduce las cartas escritas en la Nueva España por fray Diego de Santa María, por el sacerdote portugués Antonio Freyre y por el propio virrey Martín Enríquez, en las que dan cuenta de dicha devoción. Algunos de estos escritos están dirigidos al rey Felipe II, quien siempre estuvo al tanto de la evolución del culto guadalupano.
Estas misivas -recalca el investigador- jamás mencionan la aparición de la Virgen al indio Juan Diego, como tampoco la mencionan en sus escritos fray Bernardino de Sahagún y el primer arzobispo fray Juan de Zumárraga, quien, según la tradición mexicana, fue testigo directo del milagro de las rosas.
En entrevista, Arturo Álvarez dice convencido:
"La Guadalupe de México se inspiró en ésta de España. No hay ninguna duda. Y que me perdonen si lo digo con toda crudeza. Pero yo llevo más de 50 años estudiando el tema de las dos Guadalupes, y así fue. Los hechos son irrefutables."
--¿Y dónde queda entonces la aparición de la guadalupana al indio Juan Diego, en diciembre de 1531?
--Ésa es una preciosa narración que, en su tiempo, nadie conocía, ni el propio Zumárraga, hasta que fue escrita más de un siglo después. Y la historicidad de Juan Diego no se puede demostrar. Doy sólo un dato que constata que la de México se inspiró en la Virgen española: al principio, la festividad en el Tepeyac era el 8 de septiembre, que es cuando aquí festejamos a la Virgen extremeña. Ya después se cambió al 12 de diciembre, para ajustarla con la fecha que se pone en la leyenda de las apariciones. Dicho traslado debió realizarse por 1660.
--¿La Guadalupe de México es, entonces, obra del pintor Marcos Cipac, como sostienen algunos historiadores?
--Sí. Estoy totalmente convencido de ello. El indio Marcos fue uno de los más consumados pintores de ese tiempo, al grado de ser elogiado por el cronista Bernal Díaz del Castillo. Se inspiró en la Guadalupe del coro para pintar la Virgen radiada del Tepeyac.
EXALTACIÓN PATRIÓTICA
Álvarez fue, durante 29 años, religioso franciscano y trabajó también en el monasterio de Guadalupe, donde se encargó de sus archivos históricos. Su pasión por el tema lo llevó a escribir el voluminoso libro La Virgen de Guadalupe en el mundo, así como Guadalupe en los clásicos y en los viajeros antiguos, en el que estudia las referencias que han hecho de la guadalupana poetas, dramaturgos, novelistas y viajeros, como Miguel de Cervantes, Luis de Góngora, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Miguel de Unamuno.
Lamenta que en México no quiera aceptarse el vínculo entre las dos Guadalupes, lo cual se debe, en gran parte, dice, a la "exaltación patriótica" que provocó la independencia de México, luego de que Miguel Hidalgo enarboló, en 1810, un estandarte con la Guadalupe del Tepeyac para convertirla en Virgen primigenia y símbolo nacional.
"Muchísimos mexicanos ignoran que en España está la Virgen original. Sería bueno que las dos Guadalupes se confraternizaran, que México y España realizaran reuniones sobre el asunto. Para nosotros es un orgullo la versión iconográfica y la fe que despierta la Virgen del Tepeyac, que eclipsó en gran medida a la Virgen de Extremadura. Aquí hemos intentado, en varias ocasiones, entablar una fraternidad."
--¿Por qué no se ha logrado?
--Principalmente por la reticencia de las autoridades de la Basílica de Guadalupe. No quieren admitir a la Virgen española. Yo mismo fui testigo de ese rechazo. Recuerdo, por ejemplo, que en 1950 llegó al monasterio el entonces arzobispo primado de México, don Luis María Martínez. Venía acompañado por un grupo de obispos y peregrinos mexicanos. Nos traían una imagen de la guadalupana de México que, con gran entusiasmo, colocamos en nuestro santuario.
"Preguntamos al arzobispo Martínez si podríamos, en correspondencia, enviar una escultura de nuestra Virgen para que se pusiera en la Basílica de Guadalupe. Nos dijo que sí, que con mucho gusto. De manera que encargamos la talla a un escultor de primera línea. Resultó una imagen preciosa, a la que se le colocó corona y cetro. Antes de mandarla a México, la imagen hizo un recorrido triunfal por todos los pueblos de Extremadura. La gente se volcaba en procesiones, se le hicieron festivales folclóricos, misas solemnes y otros actos devocionales. Embalada, la Virgen se embarcó a México. Pero al llegar a la Basílica del Tepeyac, se negaron a admitirla. Dijeron que ahí no podía estar. Para nosotros fue un golpe brutal."
--¿Qué fin tuvo esa Virgen?
--No sé dónde quedaría. Al principio, la relegaron a la capilla del hospital Español de la Ciudad de México. Yo la fui a ver en 1966. Habían desaparecido su cetro y su corona. Después, hace apenas tres años, volví a visitarla, pero ya no la encontré. Su lugar estaba vacío. Pregunté al capellán por la Virgen, pregunté a varias personas... todas me contestaron que no sabían nada. 
"A nuestro monasterio también vino el arquitecto que levantó la nueva Basílica del Tepeyac, Pedro Ramírez Vázquez. Lo acompañaba su esposa. Como cualquier peregrino, besó el manto de la Virgen, recorrió el monasterio y conoció su historia. Al final, dijo: 'Ahora comprendo por qué en México no quieren hablarnos de esta Virgen de Guadalupe'."
LA LEYENDA, POR ENCIMA DE LA HISTORIA
Actualmente, el monasterio está a cargo de 10 franciscanos, quienes se apoyan en un centenar de seglares para mantenerlo. El superior de esta comunidad religiosa es fray Guillermo Cerrato, delgado él, rostro anguloso, como salido de los cuadros de El Greco que decoran los macizos muros. Su sencilla vestimenta contrasta con la magnificencia de los tesoros que están bajo su cuidado.
"Toda esta riqueza en pinturas, esculturas, libros corales y joyas sirve para provocar y mantener la fe de un pueblo creyente", refiere mientras deambula por los corredores del claustro.
Cuenta que del siglo XIV al XVII se vivió el esplendor del monasterio. Entonces sólo lo igualaba el de Santiago de Compostela. Después vino una "época de abandono y decaimiento". Lo saqueó en 1808 el ejército invasor de Napoleón Bonaparte, y en 1835 padeció la desamortización de los bienes del clero. A partir de 1908, los franciscanos se instalaron en él.
Mientras fray Guillermo conversa, un puñado de fieles entra en procesión al santuario, llevan un pañuelo azul anudado al cuello. Se mezclan con un ruidoso grupo de escolares adolescentes, controlados por una monja que trae un silbato. Turistas extranjeros fotografían una antigua fuente circular. 
"Muchas personas vienen atraídas por la historia y el arte que encierra el monasterio. Muchas otras se acercan por devoción. Unas y otras salen al final convencidas de que el centro de esta casa es el icono de la Virgen", comenta el superior. 
Coincide en que
"la Virgen de México nació bajo la advocación de la Guadalupe de Extremadura". Y agrega que, si lo demuestra la historia, "al indio Juan Diego no se le pudo aparecer otra Virgen que no fuera la de Extremadura".
Como encargado del monasterio, fray Guillermo dice que procura mantener un "distanciamiento respetuoso" con las autoridades de la Basílica de Guadalupe en México, "para no abrir posibles heridas". Ese distanciamiento se mantuvo durante todo el proceso de canonización de Juan Diego, a quien finalmente el Papa hizo santo el año pasado. Los franciscanos se mantuvieron al margen de la pugna entre los llamados aparicionistas y antiaparicionistas que discutían la existencia del indígena.
El cronista fray Sebastián García revela que Guillermo Schulenburg, el abad que fue expulsado del Tepeyac por no creer en las apariciones de la guadalupana, un día le habló por teléfono para tratar el tema:
"Hablamos de todas esas cosas y de la posible canonización de Juan Diego. Yo le dije que el asunto de la Virgen del Tepeyac es una cuestión mexicana, que nosotros no teníamos por qué meternos en eso."
--¿Schulenburg quería que usted lo apoyara?
--No. Simplemente me pidió mi opinión. Y yo se la di. De eso hará unos cuatro años [1999].
--Y durante la investigación vaticana para canonizar a Juan Diego, ¿los consultó, a ustedes, la Congregación para la Causa de los Santos? ¿Envió investigadores a este monasterio?
--No, que yo sepa. Tal vez consultaron nuestros libros que se encuentran en cualquier biblioteca de España. Quizá no les convencieron. No lo sé. Al Vaticano lo que le interesaba era comprobar la existencia de Juan Diego y las apariciones del Tepeyac.
--¿No invalidan a esas apariciones el hecho de que la Guadalupe mexicana sea una copia de la de Extremadura?
--La devoción mexicana salió de aquí, ¡es cierto! Construimos una ermita en el Tepeyac, ¡es cierto! Y bueno, ya después pudo aparecerse la guadalupana, ¿por qué no? No son cosas contradictorias. En fin, nosotros respetamos mucho la decisión del Vaticano de canonizar a Juan Diego. El problema es que, en México, a la leyenda se le dio carácter de historia. Es una leyenda hasta el relato que habla de las apariciones, el Nican Mopohua.
--La aparición de la Virgen de Extremadura al pastor Gil Codero también es aquí una leyenda.
--¡Sí! ¡sí! ¡Por supuesto! Pero nosotros deslindamos muy bien lo que es leyenda de lo que es historia. Eso de que nuestra Virgen estuvo escondida cerca del río, durante la conquista árabe, tampoco lo podemos probar. No hay documentos al respecto. ¡Pura leyenda!
--¿A usted, como religioso de este santuario, no le causa problemas el decir que las apariciones de su Virgen son leyenda?
Fray Sebastián sonríe por la pregunta. Concluye de buen humor:
--Ningún problema. No pasa nada. Aquí las apariciones de la Virgen no son ningún dogma nacional. Lo que pasa es que allá, en México, son más puristas que el Papa.
CRISTOBAL COLON Y HERNÁN CORTÉS LLEVARON LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE DE EXTREMADURA, ESPAÑA, A MEXICO. Publicado por ANGLINEWS el 2012/05/18
Esta es la imagen original llevada de Extremadura, España, a Mexico por Cristobal Colon, Hernán Cortés y los primeros misioneros españoles que arribaron a America. Las Guadalupanas. La mexicana, hija de la española. Sanjuana Martínez y Rodrigo Vera. Revista PROCESO N° 1414, 7 de Diciembre de 2003:
Desde hace siete siglos, en la provincia española de Extremadura se venera a la Virgen de Guadalupe. Su imagen fue llevada a la Nueva España por los primeros evangelizadores, lo que dio origen a la guadalupana mexicana. Los encargados del Monasterio de Guadalupe están convencidos: La Guadalupe de México se inspiró en ésta de España, y las apariciones al indio Juan Diego sólo son una “preciosa narración”. Y agregan que es tal la similitud entre ambas vírgenes, que las autoridades de la Basílica prácticamente no quieren saber nada de la española. Extremadura, España
Imagen original llevada de Extremadura, España, a Mexico por Cristobal Colon, Hernán Cortés y los primeros misioneros españoles que arribaron a America
Para historiadores y autoridades eclesiásticas de esta provincia española, el culto a la Virgen de Guadalupe, imagen que aquí se venera desde hace siete siglos, fue llevado a la Nueva España por los primeros evangelizadores, lo que dio origen a la Guadalupana de México. 
Sin embargo, sostienen, esta imagen fue desligada totalmente de la original mediante “leyendas” y supuestas apariciones en el cerro del Tepeyac, que incluso la transformarían en símbolo de identidad nacional. Fue tanto el afán por desligar a la Virgen del Tepeyac de la de Extremadura que, actualmente, las autoridades de la Basílica de Guadalupe ni siquiera tienen contacto con los franciscanos que aquí custodian el imponente Monasterio de Guadalupe, donde se encuentra la antiquísima Virgen española, que era venerada por Cristóbal Colón y Hernán Cortés.
El historiador Fray Sebastián García, actual cronista del monasterio, dice a Proceso: 
“En México, las autoridades de la Basílica de Guadalupe no aceptan la vinculación histórica de aquella Virgen con la nuestra. Y la mayoría de los mexicanos cree que su Virgen de Guadalupe es la única; ignoran que la original se encuentra aquí”. 
–¿No hay entonces ninguna relación entre la Basílica y este monasterio? 
–No, ninguna. Esto no quiere decir que haya hostilidad. Simplemente no tenemos ninguna comunicación. ¡No hay nada! Y nosotros no tenemos ningún ánimo de confrontar.
–Algún intercambio religioso debe haber entre los dos santuarios guadalupanos…

–No, no, ninguno. A los mexicanos que vienen, simplemente se les atiende muy bien. Y mire, aquí han llegado obispos de México a visitar a nuestra señora de Guadalupe, pues saben que aquí está la raíz de la Virgen mexicana. Recuerdo, sobre todo, al hoy cardenal Javier Lozano Barragán, quien, siendo obispo de Zacatecas, realizó una visita a nuestro monasterio y conversando nos dijo:
 “Aquí están nuestras raíces”. Claro que ya en público cambian su discurso. 
–¿La devoción guadalupana de México salió entonces de aquí?
–Por supuesto. Y no sólo salió a México, sino a toda América, donde existen muchos santuarios dedicados a Santa María de Guadalupe: en Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador… Cristóbal Colón visitaba este monasterio y era devoto de la Virgen. En su honor, le puso Guadalupe a una isla que descubrió en Las Antillas. Cada año, todavía viene al monasterio una peregrinación de esa isla. Hernán Cortés y otros conquistadores eran de Extremadura y veneraban también a la imagen, a la que Cortés usó en el estandarte con el que entró a Tenochtitlán, que aún se conserva en el museo del Castillo de Chapultepec.
“En aquel tiempo, ésta era la Virgen más venerada en toda Europa. Los reyes católicos Isabel y Fernando solían visitar el monasterio; incluso aquí llegaron a reunirse con Colón. De todo esto hay una vasta documentación. Y yo he escrito libros y artículos sobre el asunto.” 
Fray Sebastián charla con los reporteros en su amplio despacho, situado en lo alto de una de las torres del monasterio. La intensa luz entra por una ventana gótica desde la que se domina la sierra de Villuercas. Abajo se ven los techos de teja, las casas enjalbegadas de Guadalupe; el pequeño poblado de 2 mil habitantes que circunda al monasterio. Autor de Guadalupe de Extremadura en América y Guadalupe, historia, devoción y arte, el religioso franciscano es también el bibliotecario del monasterio. Tiene 76 años, y sobre su suéter azul luce el blanco alzacuello. Deambula un momento entre los viejos óleos que decoran las paredes. Luego, señala:
“El Papa Juan Pablo II vino a visitarnos en noviembre de 1982. Es indiscutible la estima tan grande que le tiene a la Virgen de Guadalupe de México. Pero se dio cuenta de que aquí están sus orígenes. Dijo que antes de haber ido a la Basílica del Tepeyac, debió haber venido aquí para comprender mejor la devoción mexicana.” 
–¿La Guadalupe de Extremadura despierta la misma devoción que la Guadalupe de México? 
–No, nosotros recibimos mucho menos fieles, en parte porque estamos aislados entre montañas. Cuando llega una peregrinación de 3 mil gentes, nos las vemos negras para atenderla. En cambio, la Basílica de Guadalupe está en una moderna ciudad que tiene varios millones de habitantes y cuenta con todos los servicios.
–¿Cuántos fieles reciben ustedes al año? 
–Alrededor de medio millón. Cifra muy menor a la de quienes van al santuario del Tepeyac, cuya Virgen además se convirtió en un símbolo nacional, en un signo de la identidad mexicana. La copia se ha hecho más famosa que la original. O podríamos decir, valga la expresión, que la hija es más que la madre. La Virgen del coro Una carretera sinuosa trepa la sierra de Villuercas, coronada por filosas puntas de roca. Aquí y allá se ven olmos, olivos cargados de racimos. Las ovejas pastando dan vida al solitario paisaje extremeño. Más allá se distinguen por fin las torres almenadas del enorme monasterio, también de roca, levantado durante los siglos XIV y XV. Sus interiores son suntuosos. Fue declarado por la Unesco, en 1993, patrimonio de la humanidad. Sus salones albergan ricas colecciones de libros de coro y ornamentos religiosos atiborrados de joyas. Atesora también pinturas de renombrados artistas, como Zurbarán, El Greco, Goya, Rubens… En una cámara especial se exhiben los relicarios, mantos y coronas de la Virgen de Guadalupe.
De ahí, lo más preciado son, sin duda, sus coronas en oro y plata, cada una adornada con miles de diminutas piedras preciosas: diamantes, esmeraldas, perlas, zafiros… Y en lo alto del altar luce la venerada imagen de Santa María de Guadalupe, cubierta con ricos ropajes y sosteniendo un niño Dios y un cetro de oro. Es una Virgen negra, de estilo románico.
Algunos códices remontan su origen al siglo primero del cristianismo. Investigaciones posteriores indican, sin embargo, que un autor anónimo la talló en madera de cedro, en el siglo XII. Se dice que, para evitar su profanación, la escultura estuvo enterrada durante la conquista árabe aquí cerca, en la riberas del río Guadalupe -palabra que se castellanizó del árabe wad al luben (río escondido)-, hasta que la encontró un pastor llamado Gil Cordero.
La leyenda empezó a hablar de apariciones marianas por boca de peregrinos, poetas y predicadores. Lo cierto es que al principio se le construyó una ermita, que con el tiempo se transformaría en el actual monasterio gótico y mudéjar. … Y a la Virgen, como al río, se le llamó Guadalupe.
Fray Sebastián García refiere que, durante la conquista de la Nueva España,
“familias enteras de españoles propagaron la devoción a la Virgen en el nuevo mundo, al igual que los primeros misioneros”. 
Sin embargo, aclara que la imagen difundida no era la de la “Virgen titular”, sino la de la Virgen de Guadalupe que está en el coro del santuario.
Dice:
“La iconografía de la Virgen del coro la reproducían los propios monjes del monasterio, que eran habilidosos dibujantes y pintores. Ellos repartían estampas con esa imagen, que ya estaba en el coro en 1498”. 
–¿Por qué eligieron a la del coro para evangelizar América? 
–Porque eran muy celosos con su imagen titular. Muy reservados en ese aspecto, temían que otros santuarios la reprodujeran con exactitud y la colocaran en sus altares. Eso pasó con la guadalupana de México, que pintó el indio Marcos Cipac, pero tomando como modelo a nuestra Virgen del coro. La Guadalupe del coro está situada frente al altar, hasta el otro extremo de la nave del santuario. Mira de frente a la imagen titular… Y sí, es muy similar a la Virgen del Tepeyac: rayos dorados salen detrás de su manto, y bajo sus pies hay una luna sostenida por un querubín. La diferencia es que ésta lleva al niño Dios en su regazo.
Explica fray Sebastián: 
“Es ésta una Inmaculada Concepción tallada en madera. De estilo gótico flamenco, muy extendido en la Europa de los siglos XV y XVI”. 
–¿Por qué la de México no lleva niño? 
–Porque los misioneros vieron que los indígenas no estaban capacitados para comprender la concepción virginal de Cristo. Y para no meterse en barullos, la pusieron sin niño. Por su parte, el historiador Arturo Álvarez Álvarez, con base en documentos del siglo XVI, ha abundado sobre los inicios de la devoción guadalupana en el cerro del Tepeyac, promovida por los misioneros que levantaron ahí una ermita a la Virgen de Extremadura, la cual era atendida por los religiosos del convento de Santiago Tlatelolco. En su investigación denominada
El primer siglo guadalupano (México, 1524-1648), Álvarez reproduce las cartas escritas en la Nueva España por fray Diego de Santa María, por el sacerdote portugués Antonio Freyre y por el propio virrey Martín Enríquez, en las que dan cuenta de dicha devoción. Algunos de estos escritos están dirigidos al rey Felipe II, quien siempre estuvo al tanto de la evolución del culto guadalupano.
Estas misivas -recalca el investigador- jamás mencionan la aparición de la Virgen al indio Juan Diego, como tampoco la mencionan en sus escritos fray Bernardino de Sahagún y el primer arzobispo fray Juan de Zumárraga, quien, según la tradición mexicana, fue testigo directo del milagro de las rosas.
En entrevista, Arturo Álvarez dice convencido: 
“La Guadalupe de México se inspiró en ésta de España. No hay ninguna duda. Y que me perdonen si lo digo con toda crudeza. Pero yo llevo más de 50 años estudiando el tema de las dos Guadalupes, y así fue. Los hechos son irrefutables.” 
–¿Y dónde queda entonces la aparición de la guadalupana al indio Juan Diego, en diciembre de 1531? 
–Ésa es una preciosa narración que, en su tiempo, nadie conocía, ni el propio Zumárraga, hasta que fue escrita más de un siglo después. Y la historicidad de Juan Diego no se puede demostrar. Doy sólo un dato que constata que la de México se inspiró en la Virgen española: al principio, la festividad en el Tepeyac era el 8 de septiembre, que es cuando aquí festejamos a la Virgen extremeña. Ya después se cambió al 12 de diciembre, para ajustarla con la fecha que se pone en la leyenda de las apariciones. Dicho traslado debió realizarse por 1660.
–¿La Guadalupe de México es, entonces, obra del pintor Marcos Cipac, como sostienen algunos historiadores? 
–Sí. Estoy totalmente convencido de ello. El indio Marcos fue uno de los más consumados pintores de ese tiempo, al grado de ser elogiado por el cronista Bernal Díaz del Castillo. Se inspiró en la Guadalupe del coro para pintar la Virgen radiada del Tepeyac.
Exaltación patriótica Álvarez fue, durante 29 años, religioso franciscano y trabajó también en el monasterio de Guadalupe, donde se encargó de sus archivos históricos. Su pasión por el tema lo llevó a escribir el voluminoso libro La Virgen de Guadalupe en el mundo, así como Guadalupe en los clásicos y en los viajeros antiguos, en el que estudia las referencias que han hecho de la guadalupana poetas, dramaturgos, novelistas y viajeros, como Miguel de Cervantes, Luis de Góngora, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Miguel de Unamuno. Lamenta que en México no quiera aceptarse el vínculo entre las dos Guadalupes, lo cual se debe, en gran parte, dice, a la “exaltación patriótica” que provocó la independencia de México, luego de que Miguel Hidalgo enarboló, en 1810, un estandarte con la Guadalupe del Tepeyac para convertirla en Virgen primigenia y símbolo nacional.
“Muchísimos mexicanos ignoran que en España está la Virgen original. Sería bueno que las dos Guadalupes se confraternizaran, que México y España realizaran reuniones sobre el asunto. Para nosotros es un orgullo la versión iconográfica y la fe que despierta la Virgen del Tepeyac, que eclipsó en gran medida a la Virgen de Extremadura. Aquí hemos intentado, en varias ocasiones, entablar una fraternidad.” 
–¿Por qué no se ha logrado? 
–Principalmente por la reticencia de las autoridades de la Basílica de Guadalupe. No quieren admitir a la Virgen española. Yo mismo fui testigo de ese rechazo. Recuerdo, por ejemplo, que en 1950 llegó al monasterio el entonces arzobispo primado de México, don Luis María Martínez. Venía acompañado por un grupo de obispos y peregrinos mexicanos. Nos traían una imagen de la guadalupana de México que, con gran entusiasmo, colocamos en nuestro santuario.
“Preguntamos al arzobispo Martínez si podríamos, en correspondencia, enviar una escultura de nuestra Virgen para que se pusiera en la Basílica de Guadalupe. Nos dijo que sí, que con mucho gusto. De manera que encargamos la talla a un escultor de primera línea. Resultó una imagen preciosa, a la que se le colocó corona y cetro. Antes de mandarla a México, la imagen hizo un recorrido triunfal por todos los pueblos de Extremadura. La gente se volcaba en procesiones, se le hicieron festivales folclóricos, misas solemnes y otros actos devocionales. Embalada, la Virgen se embarcó a México. Pero al llegar a la Basílica del Tepeyac, se negaron a admitirla. Dijeron que ahí no podía estar. Para nosotros fue un golpe brutal.” 
–¿Qué fin tuvo esa Virgen? 
–No sé dónde quedaría. Al principio, la relegaron a la capilla del hospital Español de la Ciudad de México. Yo la fui a ver en 1966. Habían desaparecido su cetro y su corona. Después, hace apenas tres años, volví a visitarla, pero ya no la encontré. Su lugar estaba vacío. Pregunté al capellán por la Virgen, pregunté a varias personas… todas me contestaron que no sabían nada.
“A nuestro monasterio también vino el arquitecto que levantó la nueva Basílica del Tepeyac, Pedro Ramírez Vázquez. Lo acompañaba su esposa. Como cualquier peregrino, besó el manto de la Virgen, recorrió el monasterio y conoció su historia.
 Al final, dijo:
‘Ahora comprendo por qué en México no quieren hablarnos de esta Virgen de Guadalupe’.” 
La leyenda, por encima de la historia Actualmente, el monasterio está a cargo de 10 franciscanos, quienes se apoyan en un centenar de seglares para mantenerlo. El superior de esta comunidad religiosa es fray Guillermo Cerrato, delgado él, rostro anguloso, como salido de los cuadros de El Greco que decoran los macizos muros. Su sencilla vestimenta contrasta con la magnificencia de los tesoros que están bajo su cuidado.
“Toda esta riqueza en pinturas, esculturas, libros corales y joyas sirve para provocar y mantener la fe de un pueblo creyente”, refiere mientras deambula por los corredores del claustro. 
Cuenta que del siglo XIV al XVII se vivió el esplendor del monasterio. Entonces sólo lo igualaba el de Santiago de Compostela. Después vino una “época de abandono y decaimiento”. Lo saqueó en 1808 el ejército invasor de Napoleón Bonaparte, y en 1835 padeció la desamortización de los bienes del clero. A partir de 1908, los franciscanos se instalaron en él. Mientras fray Guillermo conversa, un puñado de fieles entra en procesión al santuario, llevan un pañuelo azul anudado al cuello. Se mezclan con un ruidoso grupo de escolares adolescentes, controlados por una monja que trae un silbato. Turistas extranjeros fotografían una antigua fuente circular.
“Muchas personas vienen atraídas por la historia y el arte que encierra el monasterio. Muchas otras se acercan por devoción. Unas y otras salen al final convencidas de que el centro de esta casa es el icono de la Virgen”, comenta el superior. 
Coincide en que “la Virgen de México nació bajo la advocación de la Guadalupe de Extremadura”. Y agrega que, si lo demuestra la historia,
“al indio Juan Diego no se le pudo aparecer otra Virgen que no fuera la de Extremadura”. Como encargado del monasterio, fray Guillermo dice que procura mantener un “distanciamiento respetuoso” con las autoridades de la Basílica de Guadalupe en México, “para no abrir posibles heridas”
Ese distanciamiento se mantuvo durante todo el proceso de canonización de Juan Diego, a quien finalmente el Papa hizo santo el año pasado. Los franciscanos se mantuvieron al margen de la pugna entre los llamados aparicionistas y antiaparicionistas que discutían la existencia del indígena. El cronista fray Sebastián García revela que Guillermo Schulenburg, el abad que fue expulsado del Tepeyac por no creer en las apariciones de la guadalupana, un día le habló por teléfono para tratar el tema:
“Hablamos de todas esas cosas y de la posible canonización de Juan Diego. Yo le dije que el asunto de la Virgen del Tepeyac es una cuestión mexicana, que nosotros no teníamos por qué meternos en eso.” 
–¿Schulenburg quería que usted lo apoyara? 
–No. Simplemente me pidió mi opinión. Y yo se la di. De eso hará unos cuatro años [1999].
–Y durante la investigación vaticana para canonizar a Juan Diego, ¿los consultó, a ustedes, la Congregación para la Causa de los Santos? ¿Envió investigadores a este monasterio? 
–No, que yo sepa. Tal vez consultaron nuestros libros que se encuentran en cualquier biblioteca de España. Quizá no les convencieron. No lo sé. Al Vaticano lo que le interesaba era comprobar la existencia de Juan Diego y las apariciones del Tepeyac.
 –¿No invalidan a esas apariciones el hecho de que la Guadalupe mexicana sea una copia de la de Extremadura? 
–La devoción mexicana salió de aquí, ¡es cierto! Construimos una ermita en el Tepeyac, ¡es cierto! Y bueno, ya después pudo aparecerse la guadalupana, ¿por qué no? No son cosas contradictorias. En fin, nosotros respetamos mucho la decisión del Vaticano de canonizar a Juan Diego. El problema es que, en México, a la leyenda se le dio carácter de historia. Es una leyenda hasta el relato que habla de las apariciones, el Nican Mopohua.
–La aparición de la Virgen de Extremadura al pastor Gil Codero también es aquí una leyenda.
–¡Sí! ¡sí! ¡Por supuesto! Pero nosotros deslindamos muy bien lo que es leyenda de lo que es historia. Eso de que nuestra Virgen estuvo escondida cerca del río, durante la conquista árabe, tampoco lo podemos probar. No hay documentos al respecto. ¡Pura leyenda!
–¿A usted, como religioso de este santuario, no le causa problemas el decir que las apariciones de su Virgen son leyenda? 
Fray Sebastián sonríe por la pregunta.
Concluye de buen humor:
–Ningún problema. No pasa nada. Aquí las apariciones de la Virgen no son ningún dogma nacional. Lo que pasa es que allá, en México, son más puristas que el Papa.

Esta es la imagen original llevada de Extremadura, España, a Mexico por Cristobal Colon, Hernán Cortés y los primeros misioneros españoles que arribaron a America. Las Guadalupanas. La mexicana, hija de la española. Sanjuana Martínez y Rodrigo Vera. Tomado de: http://www.conocereislaverdad.org/Guadalupextremadura.htm

Fuente:
https://mercaba.org/FICHAS/Relat/mariologia_popular_03.htm
https://forosdelavirgen.org/244/nuestra-senora-de-la-cinta-de-huelva-espana-7-de-septiembre/
https://anglinews.wordpress.com/2012/05/18/cristobal-colon-y-hernan-cortes-llevaron-la-imagen-de-la-virgen-de-guadalupe-de-extremadura-espana-a-mexico/
http://www.conocereislaverdad.org/Guadalupextremadura.htm

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