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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

1 de junio de 2017

SANTA JUANA DE ARCO, Fiesta 30 de Mayo.

Juana de Arco

Óleo sobre pergamino del siglo XV, de Archivos Nacionales de Francia.
Juana de Arco (en francés: Jeanne d'Arc), también conocida como la Doncella de Orleans (en francés: la Pucelle; Domrémy, 6 de enero de 1412-Ruan, 30 de mayo de 1431),3 fue una heroína, militar y santa francesa. Su festividad se conmemora el día del aniversario de su muerte, el 30 de mayo, como es tradición en la Iglesia católica.
¿Quién fue Santa Juana de Arco? Responde Benedicto XVI

https://www.youtube.com/watch?v=v06N1Gz6kdI
Juana de Arco comandando el asedio de Orleans por Jules Eugène Lenepveu.
BENEDICTO XVI - AUDIENCIA GENERAL
Sala Pablo VI - Miércoles 26 de enero de 2011 - Santa Juana de Arco
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quiero hablaros de Juana de Arco, una joven santa de finales del Medievo, fallecida a los 19 años, en 1431. Esta santa francesa, citada varias veces en el Catecismo de la Iglesia católica, es particularmente cercana a santa Catalina de Siena, patrona de Italia y de Europa, de quien hablé en una catequesis reciente. En efecto, son dos mujeres jóvenes del pueblo, laicas y consagradas en la virginidad; dos místicas comprometidas, no en el claustro, sino en medio de las realidades más dramáticas de la Iglesia y del mundo de su tiempo. Quizás son las figuras más características de las «mujeres fuertes» que, a finales de la Edad Media, llevaron sin miedo la gran luz del Evangelio a las complejas vicisitudes de la historia. Podríamos compararlas con las santas mujeres que permanecieron en el Calvario, cerca de Jesús crucificado y de su Madre María, mientras los Apóstoles habían huido y Pedro mismo había renegado de él tres veces. La Iglesia, en ese período, vivía la profunda crisis del gran cisma de Occidente, que duró casi 40 años. Cuando muere Catalina de Siena, en 1380, hay un Papa y un Antipapa; cuando nace Juana, en 1412, hay un Papa y dos Antipapas. Además de esta laceración en el seno de la Iglesia, había continuas guerras fratricidas entre los pueblos cristianos de Europa, la más dramática de las cuales fue la interminable «Guerra de los cien años» entre Francia e Inglaterra.

Juana de Arco no sabía leer ni escribir, pero podemos conocer profundamente su alma gracias a dos fuentes de valor histórico excepcional: los dos Procesos contra ella. El primero, el Proceso de condena (PCon), contiene la transcripción de los largos y numerosos interrogatorios a Juana durante los últimos meses de su vida (febrero-mayo de 1431), y refiere literalmente las palabras de la santa. El segundo, el Proceso de nulidad de la condena, o de «rehabilitación» (PNul), contiene las declaraciones de cerca de 120 testigos oculares de todos los períodos de su vida (cf. Procès de Condamnation de Jeanne d'Arc, 3 vol. y Procès en Nullité de la Condamnation de Jeanne d'Arc, 5 vol., ed. Klincksieck, París 1960-1989).

Juana nace en Domremy, una pequeña aldea situada en la frontera entre Francia y Lorena. Sus padres son campesinos acomodados, conocidos por todos como excelentes cristianos. De ellos recibe una buena educación religiosa, con notable influjo de la espiritualidad del Nombre de Jesús, que enseñaba san Bernardino de Siena y los franciscanos difundieron en Europa. Al Nombre de Jesús se une siempre el Nombre de María y así, en el marco de la religiosidad popular, la espiritualidad de Juana es profundamente cristocéntrica y mariana. Desde su infancia demuestra una gran caridad y compasión hacia los más pobres, los enfermos y todos los que sufren, en el contexto dramático de la guerra.

Por sus propias palabras sabemos que la vida religiosa de Juana madura como experiencia mística a partir de la edad de 13 años (PCon, I, pp. 47-48). A través de la «voz» del arcángel san Miguel, Juana percibe que el Señor la llama a intensificar su vida cristiana y también a comprometerse en primera persona por la liberación de su pueblo. Su respuesta inmediata, su «sí», es el voto de virginidad, con un nuevo compromiso en la vida sacramental y en la oración: participación diaria en la misa, confesión y comunión frecuentes, largos momentos de oración silenciosa ante el Crucifijo o la imagen de la Virgen. La compasión y el compromiso de la joven campesina francesa frente al sufrimiento de su pueblo se hacen más intensos por su relación mística con Dios. Uno de los aspectos más originales de la santidad de esta joven es precisamente este vínculo entre experiencia mística y misión política. Después de los años de vida oculta y de maduración interior sigue el bienio breve, pero intenso, de su vida pública: un año de acción y un año de pasión.

A comienzos del año 1429, Juana inicia su obra de liberación. Los numerosos testimonios nos muestran a esta joven de sólo 17 años como una persona muy fuerte y decidida, capaz de convencer a hombres inseguros y desmoralizados. Superando todos los obstáculos, se encuentra con el Delfín de Francia, el futuro rey Carlos VII, que en Poitiers la somete a un examen por parte de algunos teólogos de la universidad. Su juicio es positivo: no ven en ella nada malo, sólo a una buena cristiana.

El 22 de marzo de 1429, Juana dicta una importante carta al rey de Inglaterra y a sus hombres que asedian la ciudad de Orleans (ib., pp. 221-222). Su propuesta es una paz verdadera en la justicia entre los dos pueblos cristianos, a la luz de los nombres de Jesús y de María, pero es rechazada, y Juana debe luchar por la liberación de la ciudad, que acontece el 8 de mayo. El otro momento culminante de su acción política es la coronación del rey Carlos VII en Reims, el 17 de julio de 1429. Durante un año entero, Juana vive con los soldados, llevando a cabo entre ellos una auténtica misión de evangelización. Son numerosos sus testimonios acerca de la bondad de Juana, de su valentía y de su extraordinaria pureza. Todos la llaman y ella misma se define «la doncella», es decir, la virgen.

La pasión de Juana comienza el 23 de mayo de 1430, cuando cae prisionera en manos de sus enemigos. El 23 de diciembre la llevan a la ciudad de Rouen. Allí tiene lugar el largo y dramático Proceso de condena, que se inicia en febrero de 1431 y acaba el 30 de mayo con la hoguera. Es un proceso grande y solemne, presidido por dos jueces eclesiásticos, el obispo Pierre Cauchon y el inquisidor Jean le Maistre, pero en realidad enteramente dirigido por un nutrido grupo de teólogos de la célebre Universidad de París, que participan en el proceso como asesores. Son eclesiásticos franceses, que al haber hecho una opción política opuesta a la de Juana, a priori tienen un juicio negativo sobre su persona y sobre su misión. Este proceso es una página desconcertante de la historia de la santidad y también una página iluminadora sobre el misterio de la Iglesia que, según las palabras del concilio Vaticano II, es «a la vez santa y siempre necesitada de purificación» (Lumen gentium, 8). Es el encuentro dramático entre esta santa y sus jueces, que son eclesiásticos. Acusan y juzgan a Juana, a quien llegan a condenar como hereje y mandan a la muerte terrible de la hoguera. A diferencia de los santos teólogos que habían iluminado la Universidad de París, como san Buenaventura, santo Tomás de Aquino y el beato Duns Scoto, de quienes hablé en algunas catequesis, estos jueces son teólogos carentes de la caridad y la humildad para ver en esta joven la acción de Dios. Vienen a la mente las palabras de Jesús según las cuales los misterios de Dios son revelados a quien tiene el corazón de los pequeños, mientras que permanecen ocultos a los sabios e inteligentes que no tienen humildad (cf. Lc 10, 21). Así, los jueces de Juana son radicalmente incapaces de comprenderla, de ver la belleza de su alma: no sabían que estaban condenando a una santa.

El tribunal rechaza, el 24 de mayo, la apelación de Juana al juicio del Papa. La mañana del 30 de mayo, recibe por última vez la santa Comunión en la cárcel e inmediatamente la llevan al suplicio en la plaza del antiguo mercado. Pide a uno de los sacerdotes que sostenga delante de la hoguera una cruz de procesión. Así muere mirando a Jesús crucificado y pronunciando varias veces y en voz alta el Nombre de Jesús (PNul, I, p. 457; cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 435). Cerca de 25 años más tarde, el Proceso de nulidad, iniciado bajo la autoridad del Papa Calixto III, se concluye con una solemne sentencia que declara nula la condena (7 de julio de 1456; PNul, II, pp. 604-610). Este largo proceso, que recogió las declaraciones de los testigos y los juicios de muchos teólogos, todos favorables a Juana, pone de relieve su inocencia y la perfecta fidelidad a la Iglesia. Más tarde, en 1920, Juana de Arco fue canonizada por Benedicto XV.

Queridos hermanos y hermanas, el Nombre de Jesús, invocado por nuestra santa hasta los últimos instantes de su vida terrena, era como el continuo respiro de su alma, como el latido de su corazón, el centro de toda su vida. El «Misterio de la caridad de Juana de Arco», que tanto fascinó al poeta Charles Péguy, es este amor total a Jesús, y al prójimo en Jesús y por Jesús. Esta santa había comprendido que el amor abraza toda la realidad de Dios y del hombre, del cielo y de la tierra, de la Iglesia y del mundo. Jesús siempre ocupa el primer lugar en su vida, según su hermosa expresión: «Nuestro Señor debe ser el primer servido» (PCon, I, p. 288; cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 223). Amarlo significa obedecer siempre a su voluntad. Ella afirma con total confianza y abandono: «Me encomiendo a Dios mi Creador, lo amo con todo mi corazón» (ib., p. 337). Con el voto de virginidad, Juana consagra de modo exclusivo toda su persona al único Amor de Jesús: es «su promesa hecha a nuestro Señor de custodiar bien su virginidad de cuerpo y de alma» (ib., pp. 149-150). La virginidad del alma es el estado de gracia, valor supremo, para ella más precioso que la vida: es un don de Dios que se ha de recibir y custodiar con humildad y confianza. Uno de los textos más conocidos del primer Proceso se refiere precisamente a esto: «Interrogada si sabía que estaba en gracia de Dios, responde: si no lo estoy, que Dios me quiera poner en ella; si lo estoy, que Dios me quiera conservar en ella» (ib., p. 62; cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 2005).

Nuestra santa vive la oración en la forma de un diálogo continuo con el Señor, que ilumina también su diálogo con los jueces y le da paz y seguridad. Ella pide con confianza: «Dulcísimo Dios, en honor de vuestra santa Pasión, os pido, si me amáis, que me reveléis cómo debo responder a estos hombres de Iglesia» (ib., p. 252). Juana contempla a Jesús como el «rey del cielo y de la tierra». Así, en su estandarte, Juana hizo pintar la imagen de «Nuestro Señor que sostiene el mundo» (ib., p. 172): icono de su misión política. La liberación de su pueblo es una obra de justicia humana, que Juana lleva a cabo en la caridad, por amor a Jesús. El suyo es un hermoso ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política, sobre todo en las situaciones más difíciles. La fe es la luz que guía toda elección, como testimoniará, un siglo más tarde, otro gran santo, el inglés Tomás Moro. En Jesús Juana contempla también toda la realidad de la Iglesia, tanto la «Iglesia triunfante» del cielo, como la «Iglesia militante» de la tierra. Según sus palabras: «De Nuestro Señor y de la Iglesia, me parece que es todo uno» (ib., p. 166). Esta afirmación, citada en el Catecismo de la Iglesia católica (n. 795), tiene un carácter realmente heroico en el contexto del Proceso de condena, frente a sus jueces, hombres de Iglesia, que la persiguieron y la condenaron. En el amor a Jesús Juana encuentra la fuerza para amar a la Iglesia hasta el final, incluso en el momento de la condena.

Me complace recordar que santa Juana de Arco tuvo una profunda influencia sobre una joven santa de la época moderna: Teresa del Niño Jesús. En una vida completamente distinta, transcurrida en clausura, la carmelita de Lisieux se sentía muy cercana a Juana, viviendo en el corazón de la Iglesia y participando en los sufrimientos de Cristo por la salvación del mundo. La Iglesia las ha reunido como patronas de Francia, después de la Virgen María. Santa Teresa había expresado su deseo de morir como Juana, pronunciando el Nombre de Jesús (Manuscrito B, 3r), y la animaba el mismo gran amor a Jesús y al prójimo, vivido en la virginidad consagrada.

Queridos hermanos y hermanas, con su luminoso testimonio, santa Juana de Arco nos invita a una medida alta de la vida cristiana: hacer de la oración el hilo conductor de nuestras jornadas; tener plena confianza al cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que sea; vivir la caridad sin favoritismos, sin límites y sacando, como ella, del amor a Jesús un profundo amor a la Iglesia. Gracias.

Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Parroquia de Santa Fe, a los Hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Fuensanta, de Morón de la Frontera, a los profesores venidos de Chile, así como a los demás grupos procedentes de España, Méjico y otros países latinoamericanos. Que a ejemplo de Santa Juana de Arco encontréis en el amor a Jesucristo la fuerza para amar y servir a la Iglesia de todo corazón. Muchas gracias.
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Casa natal de Juana de Arco, en Domrémy, actualmente convertida en museo.
SANTA JUANA DE ARCO: ASÍ ES EL RETRATO MÁS FIDEDIGNO DE LA MÁRTIR. 
SAO PAULO, 30 May. 17 / 06:40 pm (ACI).- Dos especialistas brasileños hicieron un trabajo de reconstrucción que revela la que sería la apariencia física más exacta de Santa Juana de Arco, la heroína y mártir francesa. 
Aunque en las películas y en algunas obras de arte se le ha representado como una joven rubia de cabello largo, la verdadera apariencia de esta santa francesa era de una mujer con cabello oscuro y corto. 
Ese corte de cabello era usado por los soldados en la época en que la Santa luchó en el ejército de Carlos VII para salvar a Francia de los ingleses. 
El trabajo de reconstrucción fue realizado por el artista Marcelo Braga y por el periodista y especialista en reliquias de la Arquidiócesis de São Paulo, Fábio Tucci Farah. 
El pasado 23 de marzo, Tucci asumió la membresía de la Academia Brasileña de Hagiología, institución que se dedica a estudiar las cosas sagradas y la vida de los santos de la Iglesia Católica. 
Cada miembro nombra a un santo como su patrón y él eligió a Santa Juana de Arco. Como un homenaje a su patrona, presentó la vasta investigación que hizo junto a Braga para realizar “el retrato artístico más fidedigno” de la santa. 
Farah explicó que el trabajo de la reconstrucción facial se basa en una reconstrucción forense del rostro utilizando el cráneo. En ese sentido recordó que existen los trabajos de reconstrucción del rostro de Santa Rosa de Lima, la Madre Paulina, San Nicolás, entre otros. 
En el caso de Santa Juana de Arco, Tucci no contaba con el cráneo de la santa porque ella 
“fue quemada y en un determinado momento su cráneo explotó por causa de la presión del vapor acumulado”. 
Además, 
“sus restos fueron reunidos y lanzados al río Sena para evitar que se volvieran reliquias o fuesen utilizados para brujería". 
Sin embargo se realizaron muchas representaciones de la Santa, aunque no se sabía cómo era su rostro. 
Tucci señaló que 
“el 3 de marzo de 1431, cuando la Santa estaba en la cárcel, uno de sus jueces le preguntó si ella se había mandado a hacer un autorretrato. Probablemente quería acusarla de presunción ya que ser retratado era un privilegio de los reyes, obispos y otras personalidades”. 
“Juana respondió que en una ocasión había visto una pintura que se parecía a ella y que estaba firmada por un artista escocés. En 1429 otra probable imagen de Juana combatiendo a los ingleses estaba siendo circulada a la venta". Pero “ninguno de estos ‘retratos’ fue preservado”. 
El especialista afirmó que entre las imágenes que han llegado a la actualidad 
“los estudiosos señalan que la más antigua y fiel de la Santa es una ilustración que aparece en la obra Le Champion des Dames, que data del año 1440, pero que es póstuma”. 
Otra de estas imágenes 
“lamentablemente no fue realizada por alguien con dotes artísticos. Se trata de un esbozo en el margen de un documento hecho por un escribano del Parlamento de París el 10 de mayo de 1429”. 
El experto en reliquias señaló asimismo que “entre tres y siete décadas después de la muerte de Juana se construyó un monumento sobre el puente de Tourelles, en Orleans”. En este la santa aparece arrodillada, con la cara redonda y el cuello corto. 
Sobre esta representación, Farah comentó que tiene un error por un detalle: 
“Juana no tenía el cabello largo cayendo sobre sus hombros. Lo usaba bien corto, como los soldados”. 
El periodista afirmó que la primera estatua de la Santa fue destruida en 1792. Pero había una copia en la catedral de Saint-Étienne de Toul, la cual 
"fue erigida bajo los auspicios de uno de los descendientes de la familia d'Arc: Claude Hordal". 
Por ello, 
"es razonable suponer que, entre los modelos disponibles, él haya escogido lo más fiel a la imagen de su ilustre antepasada". 
Asimismo, décadas más tarde, el sobrino de Santa Juana de Arco, Etienne Hordal, mandó a hacer una réplica de esta efigie para un oratorio en la ciudad natal de la mártir. 
En esa imagen, la Santa tenía dos características particulares: 
“además de sus cabellos cortos, ya mencionados anteriormente, estos no eran rojos o rubios, como sugería la escultura en Domrémy (el lugar donde nació). Juana era morena”. 
Esa representación fue la base para el proyecto de Fábio Tucci Farah y Marcelo Braga que resultó en “el retrato artístico más fidedigno” de la santa. Este será presentado próximamente en Francia, la tierra natal de Juana de Arco. 
Traducido por María Ximena Rondón. Publicado originalmente en ACI Digital
Fuente:
https://www.aciprensa.com/noticias/santa-juana-de-arco-asi-es-el-retrato-mas-fidedigno-de-la-martir-19525/

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