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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

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23 de mayo de 2019

EL AHORA PAPA EMÉRITO BENEDICTO XVI EXPLICÓ POR QUÉ ES PECADO VOTAR POR CANDIDATOS A FAVOR DEL ABORTO (Asamblea plenaria del Episcopado Estadounidense - Junio de 2004).

Benedicto XVI. Foto L'Osservatore Romano
Dignidad para recibir la Sagrada Comunión. 
Principios Generales. Nota del Cardenal Ratzinger a la Conferencia Episcopal de USA
Fuentes: ACI; AICA; Noticias Globales. 
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Nota que dirigió el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al Cardenal Theodore McCarrick, Arzobispo de Washington, con ocasión de la asamblea de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, celebrada en Denver, del 14 al 19 de junio de este año. Al concluir esa reunión los obispos dieron a conocer la Declaración Católicos en la Vida Pública. Original en Inglés
El Cardenal Joseph Ratzinger, que fue durante más de 20 años Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, explicó por qué es pecado votar a favor de candidatos que favorecen el aborto.
La misiva que envió el ahora Papa Emérito Benedicto XVI a los obispos de Estados Unidos tenía que ver con la disposición de negar la Eucaristía a los políticos a favor del aborto. En ella afirmaba que 
“Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia”.
➤Nota: Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia. Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación material remota, la cual puede ser permitida ante la presencia de razones proporcionales.
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DIGNIDAD PARA RECIBIR LA SAGRADA COMUNIÓN 
PRINCIPIOS GENERALES
1. El presentarse para recibir la Sagrada Comunión debería ser una decisión consciente, basada en un juicio razonado respecto de la propia dignidad para hacerlo, según los criterios objetivos de la Iglesia, haciéndose preguntas como: “¿Estoy en plena comunión con la Iglesia Católica? ¿Soy culpable de algún pecado grave? ¿He incurrido en una pena (p.ej. la excomunión, el entredicho) que prohíbe que reciba la Sagrada Comunión? ¿Me he preparado ayunando por lo menos una hora antes?” La práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la Sagrada Comunión, simplemente como consecuencia de estar presente en la Misa, es un abuso que debe ser corregido (cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum, números 81, 83).

2. La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia son pecado grave. La Carta Encíclica Evangelium vitae, respecto de decisiones judiciales o leyes civiles que autorizan o promueven el aborto o la eutanasia, declara que existe “una grave y clara obligación de oponerse por la objeción consciente. En el caso de una ley intrínsecamente injusta, como una ley que permite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito por tanto obedecerla, o ‘participar en una campaña de propaganda a favor de tal ley o votar por ella’” (n. 73).
Los cristianos tienen “una grave obligación de conciencia de no cooperar formalmente en prácticas que, aún permitidas por la legislación civil, son contrarias a la ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente con el mal. …Tal cooperación nunca puede ser justificada invocando el respeto a la libertad de otros o apelando al hecho de que la ley civil lo permite o lo requiere” (n. 74).

3. No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión.
Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.

4. Aparte del juicio de un individuo respecto de su propia dignidad para presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el ministro de la Sagrada Comunión se puede encontrar en la situación en la que debe rechazar distribuir la Sagrada Comunión a alguien, como en el caso de un excomulgado declarado, un declarado en entredicho, o una persistencia obstinada en pecado grave manifiesto (cf. Can. 915).

5. Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia), su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que lleve a término la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía.

6. Cuando “estas medidas preventivas no han tenido su efecto o cuando no han sido posibles”, y la persona en cuestión, con obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada Comunión, “el ministro de la Sagrada Comunión debe rechazar distribuirla” (cf. Declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos “Sagrada Comunión y Divorcio, Católicos vueltos a casar civilmente” [2002], números 3-4).
Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena. Tampoco es que el ministro de la Sagrada Comunión está realizando un juicio sobre la culpa subjetiva de la persona, sino que está reaccionando a la indignidad pública de la persona para recibir la Sagrada Comunión debido a una situación objetiva de pecado.
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Fuente:

27 de abril de 2019

COMO AYUDAR A UNA PERSONA MORIR EN PAZ. ES MUY IMPORTANTE QUE TODOS NOS PREPAREMOS PARA AYUDAR A NUESTROS SERES QUERIDOS A TENER UNA MUERTE AMOROSA. ES DECIR, QUE SE VAYAN TRANQUILOS Y EN PAZ. UN HECHO DE LA VIDA REAL QUE ALECCIONA Y A LA VEZ ESTREMECE.

NECESITAMOS DEJARLES IR ACOMPAÑÁNDOLES CON EXPRESIONES DE AMOR, GRATITUD Y DE PERDÓN, PALABRAS SUAVES Y ORACIONES.
No querías que los días avanzaran porque cada minuto que pasaba significaba que su marcha se aproximaba. El tic-tac del reloj de esa habitación te recordaba que cada segundo es un respiro menos de vida para ella. Siempre a su lado le hablabas al oído de tantas cosas. Sobre todo, de lo mucho que se amaban.

ELLA YA CON SU MIRADA PERDIDA ESTABA SIN ESTAR. TE RECONOCÍA DE REPENTE, SABÍA QUE ERAS TÚ PORQUE EL AMOR QUEDA IMPRESO EN LA MEMORIA DEL ALMA. NUNCA DEJÓ DE SENTIR QUE ENTRE USTEDES SIEMPRE HUBO UN GRAN AMOR. SU LUZ SE APAGABA POCO A POCO.

Tu corazón y tu cabeza nunca se pusieron de acuerdo. Le amabas tanto que no querías dejarle ir, pero tu corazón no resistía verle sufrir tanto.

¡Dios, qué confusión! Lleno de tristeza y angustia le gritabas al cielo, detén el tiempo. Dame un día más, solo uno para abrazarle, para fusionarme en un abrazo eterno con ella. Déjame dormir esta noche entre sus brazos y permíteme despertar pesando que todo fue una pesadilla.

Quizá el agotamiento, tanto físico como emocional te rebasaba, pero tú te aferrabas a seguir pidiendo por ese milagro, el que se quedara contigo por más tiempo, sin importar como estuviera. En el fondo de tu corazón sabías que era un milagro que Dios no concedería esta vez porque Él tenía otros planes mejores, aunque en este momento simplemente no te gustaban.

Ella ya con su mirada perdida siempre dirigiéndola al cielo… sabías que allá arriba había alguien que ya esperaba por ella. Por su cálida sonrisa y sus ojos puestos en el firmamento no había duda hacia dónde se dirigiría muy pronto. El verla tan en paz era un bálsamo para tu pobre corazón sufrido.

MUY A TU PESAR LOS DÍAS SEGUÍAN PASANDO Y COMO EN TODO, DIOS TIENE LA ÚLTIMA PALABRA. LLEGA ESE AMANECER QUE TANTO TEMÍAS. TU AMADA PASÓ POR UNA LARGA Y DOLOROSA AGONÍA, PERO A PARTIR DE HOY YA DESCANSA. ELLA YA, ¿PERO TÚ? PARA TI COMIENZA UNA NUEVA VIDA. TODO, ABSOLUTAMENTE TENDRÁ UN NUEVO ENFOQUE. NADA SERÁ LO MISMO.

No digo que será feo, simplemente distinto. Habrá que aprender a vivir de una manera diferente. Experimentas sentimientos encontrados. 

Por un lado, rogabas a Dios el milagro que te lo dejara por más tiempo. Por el otro, es tanto lo que le amas que prefieres no verle sufrir más y le dejas ir con amor, resignación y mucho, muchísimo dolor. Es verdad, la nueva vida sin la persona amada da mucho miedo. Uno no atina ni por dónde comenzar de nuevo.

NI LARGO NI CORTO. EL TIEMPO DE SU AGONÍA FUE JUSTO EL QUE NECESITABA. DE HECHO, PARECIERA QUE DURANTE ESE PROCESO EL TIEMPO SE DETENÍA. VOLTEABAS TUS OJOS HACIA ARRIBA Y PREGUNTABAS, ¿HASTA CUÁNDO? EN TU CORAZÓN ESCUCHABAS LA RESPUESTA DE DIOS: “HASTA QUE ESTÉ LISTA PARA EL CIELO”.

Si bien, es por demás importante tratar de vivir con ese espíritu de desprendimiento sabiendo que nada ni nadie nos pertenece, este pensamiento cobra aún más relevancia cuando sabemos que la muerte de nuestro ser querido es inminente, ya sea por una larga enfermedad o por su avanzada edad.

Como humanos se vale no querer que esto suceda. Sin embargo, el no aceptar o estar en negación no nos ayuda para avanzar. 
EN LA MISMA ACTITUD DE ACEPTACIÓN DIOS NOS VA DANDO LAS ARMAS, ES DECIR, LAS GRACIAS NECESARIAS PARA TRANSFORMAR NUESTRO SUFRIMIENTO EN LA ACEPTACIÓN SOBRENATURAL DE SU AMOROSA VOLUNTAD.

Nadie dice que será fácil, todo lo contrario. El dolor de aceptar la realidad de que nuestro ser querido se marchará, que ya no estará, que nunca más le volveremos a ver, no hay palabras que lo describan.

Pero sí se le puede dar un giro a esto y eso dependerá de tu fe. Es decir, vivir con la esperanza de la vida eterna y de que al final nos volveremos a reunir en la Casa del Padre. Aun así, la muerte del amado duele y mucho.

ES MUY IMPORTANTE QUE TODOS NOS PREPAREMOS PARA AYUDAR A NUESTROS SERES QUERIDOS A TENER UNA MUERTE AMOROSA. ES DECIR, QUE SE VAYAN TRANQUILOS Y EN PAZ. HAY QUE AYUDARLES CON PALABRAS SUAVES Y ASERTIVAS A QUE SIGAN EL CAMINO DE LA LUZ -COMO MUCHOS LE LLAMAN- HACIA LA PRESENCIA DE DIOS.

Necesitamos dejarles ir, pero en este sentido: acompañándoles con expresiones de amor, gratitud y de perdón; palabras suaves y amorosas y oraciones que a ellos les gustaban o que sean ad-hoc para el momento. Tomando respiraciones profundas hay que hablar y que al hacerlo nuestra voz sea serena, sosegada, calmada y firme.

El alma de la persona que está falleciendo se encuentra en su última -y la más pesada- de las batallas espirituales. Por un lado, está a nada de llegar al encuentro de Dios. Si fue una persona muy practicante y creyente, no hay anhelo que se compare a ese.

El estar cara a cara con Jesús es el sueño más grande de todos los cristianos y más aún si en vida fueron adoradores Eucarísticos. Por el otro lado, está dejando a los amores que tuvo en esta tierra y que, por supuesto, también son amores eternos.

Y no puedo dejar de mencionar las tentaciones que vienen del enemigo porque, como siempre, él desea esa alma para sí. Es por eso por lo que ese tránsito de la vida hacia la morada eterna debe ser por demás lleno de paz y oración.

Ni de chiste digo que no haya lágrimas, pero sí que no haya histeria porque eso no ayuda a la persona que está muriendo. Por favor, en la medida de lo posible y lo digo con el respeto que me merece el dolor por el que transitan, frente al moribundo evitemos dramas y palabras como: “No te vayas, no me dejes, sin ti me muero, qué voy a hacer sin ti…”.

Es cierto, el dolor es muchísimo. Es más, muchas veces el sentir es querer morir con ellos. Sin embrago, repito que en ese momento esos cuadros lejos de ayudar le angustian el espíritu.

Ayudarles a que tengan una muerte amorosa es ayudarles a que se enfrenten a su proceso de una manera asertiva, confiada, con aceptación y resignación, no mediocre, sino cristiana y, sobre todo, en paz.

Esto es muy difícil de comprender para lo que no lo estamos viviendo, pero las personas moribundas entran como en otro nivel espiritual. Es como si estuvieran en este mundo y a la vez no. Yo le llamo “el mundo de los brazos de Dios” porque por su mismo padecer están verdaderamente cerca de Él.

Es muy importante escucharlas y dejarlas hablar hasta donde su capacidad les permita comunicarse, y validar tanto lo que dicen como lo que sienten. En la medida de lo posible, hay que hablarles del perdón y quizá hasta preguntarles si se sienten con algún pendiente con algo o con alguien. Muchas veces querrán pedir perdón a alguien antes de morir.

Sí, hasta para escribir esto me estremezco. También está la terrible batalla espiritual a la que hay que estar atentos. Este combate es muy real.

EL ENEMIGO DE DIOS NO VA A DEJAR QUE ESA ALMA SE LE VAYA ASÍ DE FÁCIL. PUEDEN VENIR EXPERIENCIAS QUE NOS SOBRESALTEN Y ESTREMEZCAN. EL MORIBUNDO PUEDE EXPERIMENTAR SENTIMIENTOS COLÉRICOS DONDE DE SU BOCA SALGAN PALABRAS DE RENCOR, GRITOS DE DESESPERACIÓN Y DE ODIO, ENTRE OTRAS COSAS. NO TOMEMOS NADA DE ESAS ACTITUDES O PALABRAS DE MANERA PERSONAL.

ES MUY IMPORTANTE NO TENER MIEDO. SIMPLEMENTE HAY QUE ESTAR ATENTOS Y REVESTIDOS POR LA GRACIA SACRAMENTAL Y LOS SACRAMENTALES. QUE, EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE, EL AGONIZANTE RECIBA LOS SACRAMENTOS Y QUE LA HABITACIÓN DONDE SE ENCUENTRE ESTÉ RESGUARDADA POR SACRAMENTALES.

Hace muchos años tuve la bendita fortuna de vivir en carne propia esto de lo que hablo. Dios me concedió la bendición de acompañar a mi mamá a las puertas del cielo. Fue un proceso que comenzó muchos años antes de su muerte. Por mucho tiempo tuvimos diálogos parecidos a este:
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– ¿Mami, tienes miedo a morir?
– ¡No, ¡qué va! Miedo tengo de ser eterna…(Jajaja) Imagínate, ya estoy toda viejita y arrugadita. Sigo aquí, pero lo que yo quiero es ya estar con Dios. Tengo mucha ilusión de volver a ver a mis papás, a Manuel (su esposo) y a mis ángeles (sus hijas). Además, ¿por qué miedo si va a estar conmigo Miguelito (así le llamaba a su Ángel Custodio)?

– ¿Cómo te imaginas el cielo?
– Como un lugar maravilloso. Un jardín inmenso que se parece al de esta casa, lleno de flores, de pájaros cantando y de animalitos corriendo por doquier. Un lugar de paz donde la alegría, gozo y felicidad serán eternos. Estar para siempre con mis papás viendo el rostro de Dios. No puedo imaginar dicha más grande…”.

Así pasaba largas horas conversando con mi mamá, sobre cómo sería su paso hacia allá. Por ser ella ya de edad muy avanzada, el tema de la muerte era algo que ya le rondaba y, de alguna manera, le inquietaba. Necesitaba platicar de él, pero con nadie podía hacerlo, solo conmigo. Cuando intentaba hablarlo con algún otro de sus hijos le decían que se callara, que ella nunca se iba a morir.

“Sí, cómo no, como si fuera a ser eterna”, mi mamá pensaba. Digamos que montaban en histeria y coartaban ese tipo de temas con ella.

Yo tuve en mí esa intuición interior de que ella necesitaba hablar sobre la muerte de manera libre y sin tapujos, por lo que por muchos años me convertí en su receptora y me dediqué a escuchar sus inquietudes.

Cualquier dolor y sufrimiento que estas conversaciones me causaban, literal me los tenía que tragar y aparentar que todo estaba muy cool. En esa etapa de la vida de mi mamá, ella y su sentir eran lo único importantes para mí.

Un día entre plática y plática me dijo:
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–Yo quiero que tú me ayudes a morir.
Le respondí que a mí también me encantaría hacerlo y las dos nos pusimos a rezar y a pedirle a Dios que nos concediera ese milagro. Fueron años haciéndolo. Estaba en chino que sucediera porque tan solo eran 11 hijos vivos de mi mami que, seguramente, querían hacer lo mismo.

En ese entonces mis hijos eran muy pequeños. Aún así de chiquitos querían con toda el alma a su abuelita. Caí en la cuenta de que también a ellos necesitaba prepararlos para cuando ella muriera. Por lo que cada noche añadimos esta oración: 
“Papá Dios, te pedimos que abuelita esté lista para el cielo”.
Sin entrar en más detalles, me remontaré directamente al día en que Dios llamó a mi mami a su presencia. Era un sábado de diciembre. Con lo mariana que ella era no podía ser otro día. Todos arribaban a casa de mamá. Su recámara llena de hijos, nietos, bisnietos y demás familiares la despedían con muchísimo amor. Yo no me despegué de ella ni para ir al baño. Ella pedía por mí y por otra de sus hijas. Nos tenía que ver y sentir cerca.

Llegaba la tarde y ya todos cansados se retiraron a la cocina a comer. Yo no. Me quedé junto con Ángeles -mi hermana biológica- dentro de la habitación junto a mi mami.

Pareciera que Dios y mi mamá se habían puesto de acuerdo en los tiempos por justo cuando sale la última persona de la habitación, la enfermera me dice: “Tú mamá ya está falleciendo”. En ese momento sentí como un balde de agua fría me caía y que el cielo se me juntaba con la tierra.

Se me fue el aire y tuve que contener el llanto que se me vino cual cascada por los ojos. Ahogué mis sollozos, los dejé atorados en mi pecho y garganta y cual promesa de amor que previamente nos habíamos hecho comencé a hablar. Dios nos había cumplido el milagro que tanto le rogamos. Ahí estaba yo con mi mami ayudándole a llegar al cielo. Palabras más, palabras menos esto fue algo de lo poco que recuerdo le dije:
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“Felicidades mi muñequita hermosa, te ganaste el cielo. Mi reina, fuiste la mejor mamá que pudimos haber tenido. Sigue la luz mi amor, no te desvíes. Sigue el camino hacia el cielo. Sin miedo mi pequeña porque tu Miguelito va contigo mi reina hermosa. Vete con Dios mi niña preciosa. Ya no te necesitamos. Mira quién te está recibiendo en el cielo: es tu amado Jesús junto a María y ambos tienen los brazos abiertos para ti. Ya estás ahí, no te regreses. Quédate y abrázate a Dios, no te sueltes. Cuando veas a mi mami Ángeles dile que yo le mando decir que gracias por haberme regalado a su mami, que no le fallaste porque hasta el final me cuidaste y me llenaste de amor. Vete ya mi chiquita hermosa, no tengas miedo. Nos dejaste listos para vivir sin ti. Te amo mi viejita hermosa, amor más grande de mi vida. Vete ya mi niña, mi corazón…”
No sé cuantos minutos pasarían. Yo hablé y hablé hasta que su alma no estuvo más en su cuerpo. Claro tengo que el Espíritu Santo habló a través de mí. Despedí a mi mamá como ella se merecía y aún más importante, como ella lo quería, en un ambiente de armonía y sin dramas. Mi mami murió en paz y yo tuve la fortuna de ser la única hija en entregársela a Dios a las puertas del cielo.

También para mis hijos todo esto fue una lección de cómo Dios siempre nos escucha. Cuando su abuelita falleció y les llamé para dar la noticia, les dije: “¿Hijitos, se acuerdan por lo que rezábamos, que abuelita ya estuviera lista para el cielo? ¿Qué creen? Papá Dios ya nos escuchó”. Inmediatamente ambos supieron que mi mamá ya había fallecido y que ya estaba con Dios.

No tengamos miedo de escoltar a nuestros amados a las puertas del paraíso. Suena fuerte y casi impensable vivirlo, pero no lo es porque Dios da la gracia sobrenatural y las herramientas para hacerlo. Dios siempre nos muestra su rostro y su presencia y está en cada uno de nosotros saberlo descubrir.

Para mí no fue una coincidencia que mi mami, después de haber tenido 10 hijos vivos -más 2 fallecidos- y nacidos de su vientre me eligiera a mí, hija únicamente de su espíritu, para acompañarla al cielo.
Pintura: The doctor, 1891, Samuel Luke Fides
Fuente: 
https://es.aleteia.org/2017/07/14/como-ayudar-a-un-ser-querido-a-morir-en-paz/

17 de abril de 2019

SI DIOS LO PUEDE TODO, ¿CÓMO SE EXPLICA EL MAL Y LA MUERTE EN EL MUNDO?

El 11 de septiembre de 2016, hombres sirios que transportaban bebés se abrieron paso entre los escombros de edificios destruidos tras un ataque aéreo en el barrio de Salihin, controlado por los rebeldes, en la ciudad norteña de Alepo. Los ataques aéreos han matado a decenas de personas en partes controladas por los rebeldes en Siria, mientras la oposición considera si unirse a un acuerdo de tregua entre Estados Unidos y Rusia que entrará en vigencia el 12 de septiembre de 2016. / AFP PHOTO / AMEER ALHALBI
LA GRAN PREGUNTA QUE LOS HOMBRES DE TODOS LOS TIEMPOS SE PLANTEAN SOBRE DIOS.
El ser humano de todos los tiempos no ha cesado de hacerse preguntas frente al escándalo del mal (Desastres naturales, guerras, hambre, enfermedades y sufrimientos de todo tipo).
¿QUÉ OTRAS PREGUNTAS SE HACE EL SER HUMANO? Veamos algunas:
➤“Si Dios Padre todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? (Catecismo, 309). 
➤¿Por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en él no pudiera existir ningún mal?” (Catecismo, 310).
Estas preguntas, como tantas otras, exigen una respuesta no fácil ni breve; exigen una respuesta que tenga presente la diversidad de formas del mal presentes y operantes en el mundo. Algunas de estas formas del mal pueden ser imputadas al ser humano y a su mala manera de gestionar o entender la libertad, otras no.
COMENCEMOS POR TENER EN CUENTA CUATRO SUPUESTOS
1.- Que Dios es infinitamente grande y no hay que sorprendernos que también sea el misterio por excelencia. Y del por qué, del cómo y del para qué de sus decisiones son cosas que igualmente nos quedan inalcanzables e incomprensibles pues tenemos que reconocer nuestra condición de seres creados con unos límites implícitos.
2.- Que ante la realidad del mal una cosa importante, que hay que tener en cuenta por nuestra parte, es que todo intento por juzgar, justificar o acusar a Dios tiene que estar fuera de lugar.
3.- Que cuando hablamos de creación nos referimos, más concretamente y de manera especial, a nuestro planeta tierra.
4.- Que ante las preguntas antes mencionadas el hombre debe reconocer que, con la sola razón humana y/o con su lógica, no encontrará una respuesta plena y concluyente. Solo en el horizonte de la fe se puede tener alguna respuesta.
La fe por tanto no constituye un problema más, es más bien el único punto válido de referencia, para los creyentes, a través del cual poder dar una explicación a los múltiples rostros del dolor.
¿DÓNDE ENCONTRAR PUES LA EXPLICACIÓN QUE DA LA FE?
La Sagrada Escritura y la Iglesia nos permiten acercanos un poco a la verdad de las cosas.
Al inicio del presente artículo se mencionaron algunas expresiones del mal que hay.
➨Unas son aparentemente ajenas al hombre (desastres naturales, etc.); 
➨otras expresiones del mal involucran directamente al ser humano (muerte, enfermedades, antagonismo entre el hombre y la creación, guerras, violencia, hambre, etc.).
¿Por qué tiene que existir la muerte?
Si bien es cierto que Dios hizo su creación perfecta, ordenada, armónica, bella y buena; también es cierto que Dios ha creado un mundo finito y en evolución o en constante transformación. Nos dice el libro del Génesis:
“Y vio Dios que todo era bueno” (Gn 1, 26). Todo lo que creó Dios lo creó bueno, como no puede ser de otra manera.
LA FINITUD Y EL CONSTANTE DINAMISMO DE LA CREACIÓN, NOS PERMITE ENTENDER ALGUNOS ‘MALES’ DEL MUNDO.
  • Dios crea un mundo en cambio. 
  • Un mundo en el cual las creaturas puedan moverse activa y libremente hacia la perfección. 
Esto implica que numerosos seres cedan el paso, de una manera u otra, a la existencia de otros nuevos o similares. De manera pues que este “mal”, no es propiamente un mal, son etapas que la creación experimenta por designio de Dios.
Al releer el relato bíblico de la creación intuiremos el proyecto de Dios creador. Según este relato el universo, y cuánto existe, fue creado en orden, pero también está sujeto a una perfección mayor. El mundo no está en estado definitivo o permanente de perfección sino en camino hacia ese cumplimiento.
“En su poder infinito, Dios podría siempre crear algo mejor. Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo “en estado de vía” hacia su perfección última. 
Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza también las destrucciones.
Por tanto, con el bien físico existe también el mal físico, mientras la creación no haya alcanzado su perfección” (Catecismo, 310).
PERO OTRA EXPLICACIÓN DEL ‘MAL’ QUE HAY EN LA CREACIÓN DE NUESTRO MUNDO LA ENCONTRAMOS EN EL PECADO DEL SER HUMANO.
El ser humano fue puesto por Dios como soberano sobre la creación visible.
De esta manera el ser humano era responsable de la creación ante Dios, y ante la creación misma (Gn 1, 28-30). 
Pero la caída del hombre en lo que llamamos pecado también tuvo para nuestro mundo amplias y negativas repercusiones. Con el pecado del hombre la creación se ha resentido.
POR TANTO LA CREACIÓN TAMBIÉN NECESITA SER LIBERADA DE LA LEY DEL CAOS Y DESORDEN QUE PESA SOBRE ELLA.
“Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto” (Rm 8, 19-22).
Dios es amor absoluto y crea por amor y ama su creación, no puede ser de otra manera. Dios no aborrece lo que ha creado por amor. Dios ama su obra aun antes de crearla, desde que la ha pensado. Un artesano, después que hace su obra maestra no la coge a patadas. De Dios no puede salir el mal en ningún aspecto ni sentido.
EL PECADO ORIGINAL
Por el libro del Génesis se sabe que el mal entró en el mundo. Y si el mal entró en el mundo implícitamente se está diciendo que el mal ya existía antes de la creación.
¿Cuál es el origen del mal? 
La caída de ciertos ángeles. Ciertos ángeles cayeron porque pecaron. Y pecaron porque seguramente, al no tener conciencia de su propia identidad o teniéndola no la aceptaron, quisieron ser más de lo que Dios quiso para ellos. Quisieron, incluso, ser iguales a Dios.
Obviamente Dios tenía que hacer justicia y poner claras las cosas. Y como Dios no perdonó a los Ángeles que pecaron (2 P 2, 4) pues se rebelaron aun más contra Él. Y quisieron ir en contra de su designio haciendo caer a quien estaba al frente de su obra y generar, a través de él, un conflicto en dicha obra.
Dicho de otra manera el mal entró en el mundo cuando el ángel más rebelde, desquitándose de la reacción de Dios por su pecado, puso la creación en contra del mismo Dios a través de las posibilidades del ser humano recién creado, haciéndolo caer.
El mal pues empezó a actuar en el mundo cuando los primeros seres humanos fueron incitados a rebelarse contra Dios. Y el mal empieza aquí, empieza por desplazar a Dios, comienza cuando el ser humano, ocupando el lugar de Dios, decide qué es lo bueno y qué es lo malo, decide ser el motor de su vida.
De manera que queda totalmente descartado que “Dios no es la causa del pecado de Adán” (St 1, 13). Nosotros sabemos que Dios creó al ser humano bueno y libre. Es más, Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza. Y Dios creó al ser humano libre para que dominara la creación, sometiera la creación; pudiéramos decir también para administrar, de la mano de Dios, su obra. Dios no creó al ser humano para que fuera sometido ni esclavizado. Y recordemos que los ángeles que se rebelaron contra Dios también son obra creada.
Por tanto el ser humano estaba llamado por Dios a someter, incluso, a esos ángeles rebeldes, a no ser esclavizado por ellos. Pero no fue así porque el ser humano sucumbió al dejarse confundir por el ángel más ‘rebelde’ (el maligno), se dejó manipular, se dejó influenciar negativamente con las consecuencias que conocemos. Es lo que conocemos como pecado original.
Al pecado original tenemos que referirnos si queremos ver las cosas en profundidad. Sabemos, por la fe, que el ofrecimiento originario de la gracia por parte de Dios al hombre, incluía los dones de la integridad y de la inmortalidad; pero todo esto se perdió.
PRIMERA PARTE
LA PROFESIÓN DE LA FE
SEGUNDA SECCIÓN:
LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA
CAPÍTULO PRIMERO
CREO EN DIOS PADRE
ARTÍCULO 1
«CREO EN DIOS, PADRE TODOPODEROSO,
CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA»
Párrafo 4
EL CREADOR
279 "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1). Con estas palabras solemnes comienza la sagrada Escritura. El Símbolo de la fe las recoge confesando a Dios Padre Todopoderoso como "el Creador del cielo y de la tierra", "de todo lo visible y lo invisible". Hablaremos, pues, primero del Creador, luego de su creación, finalmente de la caída del pecado de la que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a levantarnos.

280 La creación es el fundamento de "todos los designios salvíficos de Dios", "el comienzo de la historia de la salvación" (DCG 51), que culmina en Cristo. Inversamente, el Misterio de Cristo es la luz decisiva sobre el Misterio de la creación; revela el fin en vista del cual, "al principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1): desde el principio Dios preveía la gloria de la nueva creación en Cristo (cf. Rm 8,18-23).

281 Por esto, las lecturas de la Noche Pascual, celebración de la creación nueva en Cristo, comienzan con el relato de la creación; de igual modo, en la liturgia bizantina, el relato de la creación constituye siempre la primera lectura de las vigilias de las grandes fiestas del Señor. Según el testimonio de los antiguos, la instrucción de los catecúmenos para el bautismo sigue el mismo camino (cf. Egeria, Peregrinatio ad loca sancta, 46: PLS 1, 1047; san Agustín, De catechizandis rudibus, 3,5).

I La catequesis sobre la creación
282 La catequesis sobre la Creación reviste una importancia capital. Se refiere a los fundamentos mismos de la vida humana y cristiana: explicita la respuesta de la fe cristiana a la pregunta básica que los hombres de todos los tiempos se han formulado: "¿De dónde venimos?" "¿A dónde vamos?" "¿Cuál es nuestro origen?" "¿Cuál es nuestro fin?" "¿De dónde viene y a dónde va todo lo que existe?" Las dos cuestiones, la del origen y la del fin, son inseparables. Son decisivas para el sentido y la orientación de nuestra vida y nuestro obrar.
283 La cuestión sobre los orígenes del mundo y del hombre es objeto de numerosas investigaciones científicas que han enriquecido magníficamente nuestros conocimientos sobre la edad y las dimensiones del cosmos, el devenir de las formas vivientes, la aparición del hombre. Estos descubrimientos nos invitan a admirar más la grandeza del Creador, a darle gracias por todas sus obras y por la inteligencia y la sabiduría que da a los sabios e investigadores. Con Salomón, éstos pueden decir: "Fue él quien me concedió el conocimiento verdadero de cuanto existe, quien me dio a conocer la estructura del mundo y las propiedades de los elementos [...] porque la que todo lo hizo, la Sabiduría, me lo enseñó" (Sb 7,17-21).

284 El gran interés que despiertan a estas investigaciones está fuertemente estimulado por una cuestión de otro orden, y que supera el dominio propio de las ciencias naturales. No se trata sólo de saber cuándo y cómo ha surgido materialmente el cosmos, ni cuando apareció el hombre, sino más bien de descubrir cuál es el sentido de tal origen: si está gobernado por el azar, un destino ciego, una necesidad anónima, o bien por un Ser transcendente, inteligente y bueno, llamado Dios. Y si el mundo procede de la sabiduría y de la bondad de Dios, ¿por qué existe el mal? ¿de dónde viene? ¿quién es responsable de él? ¿dónde está la posibilidad de liberarse del mal?

285 Desde sus comienzos, la fe cristiana se ha visto confrontada a respuestas distintas de las suyas sobre la cuestión de los orígenes. Así, en las religiones y culturas antiguas encontramos numerosos mitos referentes a los orígenes. Algunos filósofos han dicho que todo es Dios, que el mundo es Dios, o que el devenir del mundo es el devenir de Dios (panteísmo); otros han dicho que el mundo es una emanación necesaria de Dios, que brota de esta fuente y retorna a ella ; otros han afirmado incluso la existencia de dos principios eternos, el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, en lucha permanente (dualismo, maniqueísmo); según algunas de estas concepciones, el mundo (al menos el mundo material) sería malo, producto de una caída, y por tanto que se ha de rechazar y superar (gnosis); otros admiten que el mundo ha sido hecho por Dios, pero a la manera de un relojero que, una vez hecho, lo habría abandonado a él mismo (deísmo); otros, finalmente, no aceptan ningún origen transcendente del mundo, sino que ven en él el puro juego de una materia que ha existido siempre (materialismo). Todas estas tentativas dan testimonio de la permanencia y de la universalidad de la cuestión de los orígenes. Esta búsqueda es inherente al hombre.

286 La inteligencia humana puede ciertamente encontrar por sí misma una respuesta a la cuestión de los orígenes. En efecto, la existencia de Dios Creador puede ser conocida con certeza por sus obras gracias a la luz de la razón humana (cf. Concilio Vaticano I: DS, 3026), aunque este conocimiento es con frecuencia oscurecido y desfigurado por el error. Por eso la fe viene a confirmar y a esclarecer la razón para la justa inteligencia de esta verdad: "Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece" (Hb 11,3).

287 La verdad en la creación es tan importante para toda la vida humana que Dios, en su ternura, quiso revelar a su pueblo todo lo que es saludable conocer a este respecto. Más allá del conocimiento natural que todo hombre puede tener del Creador (cf. Hch 17,24-29; Rm1,19-20), Dios reveló progresivamente a Israel el misterio de la creación. El que eligió a los patriarcas, el que hizo salir a Israel de Egipto y que, al escoger a Israel, lo creó y formó (cf. Is 43,1), se revela como aquel a quien pertenecen todos los pueblos de la tierra y la tierra entera, como el único Dios que "hizo el cielo y la tierra" (Sal 115,15;124,8;134,3).

288 Así, la revelación de la creación es inseparable de la revelación y de la realización de la Alianza del Dios único, con su pueblo. La creación es revelada como el primer paso hacia esta Alianza, como el primero y universal testimonio del amor todopoderoso de Dios (cf. Gn15,5; Jr 33,19-26). Por eso, la verdad de la creación se expresa con un vigor creciente en el mensaje de los profetas (cf. Is 44,24), en la oración de los salmos (cf. Sal 104) y de la liturgia, en la reflexión de la sabiduría (cf. Pr 8,22-31) del pueblo elegido.

289 Entre todas las palabras de la sagrada Escritura sobre la creación, los tres primeros capítulos del Génesis ocupan un lugar único. Desde el punto de vista literario, estos textos pueden tener diversas fuentes. Los autores inspirados los han colocado al comienzo de la Escritura de suerte que expresan, en su lenguaje solemne, las verdades de la creación, de su origen y de su fin en Dios, de su orden y de su bondad, de la vocación del hombre, finalmente, del drama del pecado y de la esperanza de la salvación. Leídas a la luz de Cristo, en la unidad de la sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia, estas palabras siguen siendo la fuente principal para la catequesis de los misterios del "comienzo": creación, caída, promesa de la salvación.

II La creación: obra de la Santísima Trinidad
290 "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1): tres cosas se afirman en estas primeras palabras de la Escritura: el Dios eterno ha dado principio a todo lo que existe fuera de Él. Solo Él es creador (el verbo "crear" —en hebreo bara— tiene siempre por sujeto a Dios). La totalidad de lo que existe (expresada por la fórmula "el cielo y la tierra") depende de Aquel que le da el ser.

291 "En el principio existía el Verbo [...] y el Verbo era Dios [...] Todo fue hecho por él y sin él nada ha sido hecho" (Jn 1,1-3). El Nuevo Testamento revela que Dios creó todo por el Verbo Eterno, su Hijo amado. "En él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra [...] todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo y todo tiene en él su consistencia" (Col 1, 16-17). La fe de la Iglesia afirma también la acción creadora del Espíritu Santo: él es el "dador de vida" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano), "el Espíritu Creador" (Liturgia de las Horas, Himno Veni, Creator Spiritus), la "Fuente de todo bien" (Liturgia bizantina, Tropario de vísperas de Pentecostés).

292 La acción creadora del Hijo y del Espíritu, insinuada en el Antiguo Testamento (cf. Sal33,6;104,30; Gn 1,2-3), revelada en la Nueva Alianza, inseparablemente una con la del Padre, es claramente afirmada por la regla de fe de la Iglesia: "Sólo existe un Dios [...]: es el Padre, es Dios, es el Creador, es el Autor, es el Ordenador. Ha hecho todas las cosas por sí mismo, es decir, por su Verbo y por su Sabiduría", "por el Hijo y el Espíritu", que son como "sus manos" (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 2,30,9 y 4, 20, 1). La creación es la obra común de la Santísima Trinidad.

III “El mundo ha sido creado para la gloria de Dios”
293 Es una verdad fundamental que la Escritura y la Tradición no cesan de enseñar y de celebrar : "El mundo ha sido creado para la gloria de Dios" (Concilio Vaticano I: DS 3025). Dios ha creado todas las cosas, explica san Buenaventura, non [...] propter gloriam augendam, sed propter gloriam manifestandam et propter gloriam suam communicandam("no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla") (In secundum librum sententiarum, dist. 1, p. 2, a.2, q. 1, concl.). Porque Dios no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad: Aperta manu clave amoris creaturae prodierunt ("Abierta su mano con la llave del amor surgieron las criaturas") (Santo Tomás de Aquino, Commentum in secundum librum Sententiarum, 2, prol.) Y el Concilio Vaticano I explica:
El solo verdadero Dios, en su bondad y por su fuerza todopoderosa, no para aumentar su bienaventuranza, ni para adquirirla, sino para manifestar su perfección por los bienes que otorga a sus criaturas, con libérrimo designio, justamente desde el comienzo del tiempo, creó de la nada una y otra criatura. (DS 3002).
294 La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y esta comunicación de su bondad para las cuales el mundo ha sido creado. Hacer de nosotros "hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia" (Ef 1,5-6): "Porque la gloria de Dios es que el hombre viva, y la vida del hombre es la visión de Dios: si ya la revelación de Dios por la creación procuró la vida a todos los seres que viven en la tierra, cuánto más la manifestación del Padre por el Verbo procurará la vida a los que ven a Dios" (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4,20,7). El fin último de la creación es que Dios , «Creador de todos los seres, sea por fin "todo en todas las cosas" (1 Co 15,28), procurando al mismo tiempo su gloria y nuestra felicidad» (AG 2).

IV El misterio de la creación
Dios crea por sabiduría y por amor
295 Creemos que Dios creó el mundo según su sabiduría (cf. Sb 9,9). Este no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar. Creemos que procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad: "Porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad lo que no existía fue creado" (Ap 4,11). "¡Cuán numerosas son tus obras, Señor! Todas las has hecho con sabiduría" (Sal 104,24). "Bueno es el Señor para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras" (Sal 145,9).

Dios crea “de la nada”
296 Creemos que Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear (cf. Concilio Vaticano I: DS 3022). La creación tampoco es una emanación necesaria de la substancia divina (cf. ibíd., 3023-3024). Dios crea libremente "de la nada" (Concilio de Letrán IV: DS 800; Concilio Vaticano I: ibíd., 3025):
«¿Qué tendría de extraordinario si Dios hubiera sacado el mundo de una materia preexistente? Un artífice humano, cuando se le da un material, hace de él todo lo que quiere. Mientras que el poder de Dios se muestra precisamente cuando parte de la nada para hacer todo lo que quiere» (San Teófilo de Antioquía, Ad Autolycum, 2,4: PG 6, 1052).
297 La fe en la creación "de la nada" está atestiguada en la Escritura como una verdad llena de promesa y de esperanza. Así la madre de los siete hijos macabeos los alienta al martirio:
«Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes [...] Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia» (2 M 7,22-23.28).
298 Puesto que Dios puede crear de la nada, puede por el Espíritu Santo dar la vida del alma a los pecadores creando en ellos un corazón puro (cf. Sal 51,12), y la vida del cuerpo a los difuntos mediante la Resurrección. Él "da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean" (Rm 4,17). Y puesto que, por su Palabra, pudo hacer resplandecer la luz en las tinieblas (cf. Gn 1,3), puede también dar la luz de la fe a los que lo ignoran (cf. 2 Co4,6).

Dios crea un mundo ordenado y bueno
299 Porque Dios crea con sabiduría, la creación está ordenada: "Tú todo lo dispusiste con medida, número y peso" (Sb 11,20). Creada en y por el Verbo eterno, "imagen del Dios invisible" (Col 1,15), la creación está destinada, dirigida al hombre, imagen de Dios (cf. Gn1,26), llamado a una relación personal con Dios. Nuestra inteligencia, participando en la luz del Entendimiento divino, puede entender lo que Dios nos dice por su creación (cf. Sal 19,2-5), ciertamente no sin gran esfuerzo y en un espíritu de humildad y de respeto ante el Creador y su obra (cf. Jb 42,3). Salida de la bondad divina, la creación participa en esa bondad ("Y vio Dios que era bueno [...] muy bueno": Gn 1,4.10.12.18.21.31). Porque la creación es querida por Dios como un don dirigido al hombre, como una herencia que le es destinada y confiada. La Iglesia ha debido, en repetidas ocasiones, defender la bondad de la creación, comprendida la del mundo material (cf. San León Magno, c. Quam laudabiliter, DS, 286; Concilio de Braga I: ibíd., 455-463; Concilio de Letrán IV: ibíd., 800; Concilio de Florencia: ibíd.,1333; Concilio Vaticano I: ibíd., 3002).

Dios transciende la creación y está presente en ella
300 Dios es infinitamente más grande que todas sus obras (cf. Si 43,28): "Su majestad es más alta que los cielos" (Sal 8,2), "su grandeza no tiene medida" (Sal 145,3). Pero porque es el Creador soberano y libre, causa primera de todo lo que existe, está presente en lo más íntimo de sus criaturas: "En él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17,28). Según las palabras de san Agustín, Dios es superior summo meo et interior intimo meo ("Dios está por encima de lo más alto que hay en mí y está en lo más hondo de mi intimidad") (Confessiones, 3,6,11).

Dios mantiene y conduce la creación
301 Realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término. Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza:
«Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces pues, si algo odiases, no lo hubieras creado. Y ¿cómo podría subsistir cosa que no hubieses querido? ¿Cómo se conservaría si no la hubieses llamado? Mas tú todo lo perdonas porque todo es tuyo, Señor que amas la vida» (Sb 11, 24-26).
V Dios realiza su designio: la divina providencia
302 La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada "en estado de vía" (in statu viae) hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección:
«Dios guarda y gobierna por su providencia todo lo que creó, "alcanzando con fuerza de un extremo al otro del mundo y disponiéndolo todo suavemente" (Sb8, 1). Porque "todo está desnudo y patente a sus ojos" (Hb 4, 13), incluso cuando haya de suceder por libre decisión de las criaturas» (Concilio Vaticano I: DS, 3003).
303 El testimonio de la Escritura es unánime: la solicitud de la divina providencia es concreta e inmediata; tiene cuidado de todo, de las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia. Las sagradas Escrituras afirman con fuerza la soberanía absoluta de Dios en el curso de los acontecimientos: "Nuestro Dios en los cielos y en la tierra, todo cuanto le place lo realiza" (Sal 115, 3); y de Cristo se dice: "Si Él abre, nadie puede cerrar; si Él cierra, nadie puede abrir" (Ap 3, 7); "hay muchos proyectos en el corazón del hombre, pero sólo el plan de Dios se realiza" (Pr 19, 21).

304 Así vemos al Espíritu Santo, autor principal de la sagrada Escritura, atribuir con frecuencia a Dios acciones sin mencionar causas segundas. Esto no es "una manera de hablar" primitiva, sino un modo profundo de recordar la primacía de Dios y su señorío absoluto sobre la historia y el mundo (cf Is 10,5-15; 45,5-7; Dt 32,39; Si 11,14) y de educar así para la confianza en Él. La oración de los salmos es la gran escuela de esta confianza (cf Sal 22; 32; 35; 103; 138).

305 Jesús pide un abandono filial en la providencia del Padre celestial que cuida de las más pequeñas necesidades de sus hijos: "No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer? ¿qué vamos a beber? [...] Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura" (Mt 6, 31-33; cf Mt 10, 29-31).

La providencia y las causas segundas
306 Dios es el Señor soberano de su designio. Pero para su realización se sirve también del concurso de las criaturas. Esto no es un signo de debilidad, sino de la grandeza y bondad de Dios todopoderoso. Porque Dios no da solamente a sus criaturas la existencia, les da también la dignidad de actuar por sí mismas, de ser causas y principios unas de otras y de cooperar así a la realización de su designio.

307 Dios concede a los hombres incluso poder participar libremente en su providencia confiándoles la responsabilidad de "someter'' la tierra y dominarla (cf Gn 1, 26-28). Dios da así a los hombres el ser causas inteligentes y libres para completar la obra de la Creación, para perfeccionar su armonía para su bien y el de sus prójimos. Los hombres, cooperadores a menudo inconscientes de la voluntad divina, pueden entrar libremente en el plan divino no sólo por su acciones y sus oraciones, sino también por sus sufrimientos (cf Col 1, 24). Entonces llegan a ser plenamente "colaboradores [...] de Dios" (1 Co 3, 9; 1 Ts 3, 2) y de su Reino (cf Col 4, 11).

308 Es una verdad inseparable de la fe en Dios Creador: Dios actúa en las obras de sus criaturas. Es la causa primera que opera en y por las causas segundas: "Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Flp 2, 13; cf 1 Co 12, 6). Esta verdad, lejos de disminuir la dignidad de la criatura, la realza. Sacada de la nada por el poder, la sabiduría y la bondad de Dios, no puede nada si está separada de su origen, porque "sin el Creador la criatura se diluye" (GS 36, 3); menos aún puede ella alcanzar su fin último sin la ayuda de la gracia (cf Mt 19, 26; Jn 15, 5; Flp 4, 13).

La providencia y el escándalo del mal
309 Si Dios Padre todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal.

310 Pero ¿por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en él no pudiera existir ningún mal? En su poder infinito, Dios podría siempre crear algo mejor (cf santo Tomás de Aquino, S. Th., 1, q. 25, a. 6). Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo "en estado de vía" hacia su perfección última. Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza también las destrucciones. Por tanto, con el bien físico existe también el mal físico, mientras la creación no haya alcanzado su perfección (cf Santo Tomás de Aquino, Summa contra gentiles, 3, 71).

311 Los ángeles y los hombres, criaturas inteligentes y libres, deben caminar hacia su destino último por elección libre y amor de preferencia. Por ello pueden desviarse. De hecho pecaron. Y fue así como el mal moral entró en el mundo, incomparablemente más grave que el mal físico. Dios no es de ninguna manera, ni directa ni indirectamente, la causa del mal moral, (cf San Agustín, De libero arbitrio, 1, 1, 1: PL 32, 1221-1223; Santo Tomás de Aquino, S. Th. 1-2, Q. 79, a. 1). Sin embargo, lo permite, respetando la libertad de su criatura, y, misteriosamente, sabe sacar de él el bien:
«Porque el Dios todopoderoso [...] por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal, si Él no fuera suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal» (San Agustín, Enchiridion de fide, spe et caritate, 11, 3).
312 Así, con el tiempo, se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas: "No fuisteis vosotros, dice José a sus hermanos, los que me enviasteis acá, sino Dios [...] aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir [...] un pueblo numeroso" (Gn 45, 8;50, 20; cf Tb 2, 12-18 vulg.). Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia (cf Rm 5, 20), sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención. Sin embargo, no por esto el mal se convierte en un bien.

313 "En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8, 28). El testimonio de los santos no cesa de confirmar esta verdad:
Así santa Catalina de Siena dice a "los que se escandalizan y se rebelan por lo que les sucede": "Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin" (Dialoghi, 4, 138).
Y santo Tomás Moro, poco antes de su martirio, consuela a su hija: "Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor" (Carta de prisión; cf. Liturgia de las Horas, III, Oficio de lectura 22 junio).
Y Juliana de Norwich: "Yo comprendí, pues, por la gracia de Dios, que era preciso mantenerme firmemente en la fe [...] y creer con no menos firmeza que todas las cosas serán para bien [...] Tú misma verás que todas las cosas serán para bien" ("Thou shalt see thyself that all manner of thing shall be well"(Revelation 13, 32).

314 Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios "cara a cara" (1 Co 13, 12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat (cf Gn 2, 2) definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra.

Resumen
315 En la creación del mundo y del hombre, Dios ofreció el primero y universal testimonio de su amor todopoderoso y de su sabiduría, el primer anuncio de su "designio benevolente" que encuentra su fin en la nueva creación en Cristo.

316 Aunque la obra de la creación se atribuya particularmente al Padre, es igualmente verdad de fe que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son el principio único e indivisible de la creación.

317 Sólo Dios ha creado el universo, libremente, sin ninguna ayuda.

318 Ninguna criatura tiene el poder infinito que es necesario para "crear" en el sentido propio de la palabra, es decir, de producir y de dar el ser a lo que no lo tenía en modo alguno (llamar a la existencia de la nada) (cf Congregación para la Educación Católica, Decreto del 27 de julio de 1914, Theses approbatae philosophiae tomisticae: DS 3624).

319 Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

320 Dios, que ha creado el universo, lo mantiene en la existencia por su Verbo, "el Hijo que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hb 1, 3) y por su Espirita Creador que da la vida.

321 La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último.

322 Cristo nos invita al abandono filial en la providencia de nuestro Padre celestial (cf Mt6, 26-34) y el apóstol san Pedro insiste: "Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros" (1 P 5, 7; cf Sal 55, 23).

323 La providencia divina actúa también por la acción de las criaturas. A los seres humanos Dios les concede cooperar libremente en sus designios.

324 La permisión divina del mal físico y del mal moral es misterio que Dios esclarece por su Hijo, Jesucristo, muerto y resucitado para vencer el mal. La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que nosotros sólo conoceremos plenamente en la vida eterna.

Fuente:

9 de abril de 2019

¿CÓMO SERÁN NUESTROS CUERPOS CUANDO RESUCITEMOS AL FINAL DE LOS TIEMPOS?.

Al final de los tiempos dice la escritura que nuestra alma se unirá a nuestro cuerpo. O sea que habrá una resurrección general. Y esto es uno de los misterios más profundos del cristianismo.
¿Cómo se unirán las partes de nuestro cuerpo ya hecho polvo? ¿Qué apariencia física tendremos? ¿Con que otras cualidades contaremos?

Pero sin embargo no es en esencia algo distinto a la creación, en la cual Dios hizo al hombre a partir del polvo.
.
Salvo que mantendremos la misma identidad que tuvimos en la Tierra.

La resurrección es la reanimación de los restos descompuestos de nuestros cuerpos anteriores en la Tierra, y la unión final con el alma.

Es lo que sucedió a Jesucristo y por tanto nuestro antecedente. De modo que no pasaremos la eternidad como almas separadas del cuerpo, porque Jesús demostró a sus discípulos que tenía carne.
Comió con ellos y se hizo tocar luego de la resurrección, para demostrarle que no era un espíritu puro.

Tal como plantea la Biblia, nuestros cuerpos actuales serán renovados, y serán mejores que los anteriores.

Pero no deberíamos pensar que vamos a tener un nuevo cuerpo muy diferente del que teníamos en la Tierra.
Sino que habrá una transformación de los mismos cuerpos que teníamos.
Porque nuestros cuerpos son una parte importante de nuestra identidad.
Cuando Jesucristo resucitó los apóstoles y las mujeres no lo reconocieron inmediatamente, pero luego lo hicieron.
De modo que podemos pensar que nuestro cuerpo será parecido al que tenemos ahora pero no idéntico.
En Romanos 8: 11 San Pablo dice que nuestra resurrección será obra del Espíritu Santo.
Esa resurrección completa la glorificación de nuestra identidad, que el espíritu Santo fue trabajando en la Tierra, el Purgatorio y en el Cielo para lograr nuestra santidad.
El Espíritu Santo se encargó de perfeccionar a las almas que estaban esperando.

Seremos conformados completamente a la imagen de Cristo, en cuerpo y alma.

Y disfrutaremos de vida eterna o sea inmortalidad.
Los cuerpos de los condenados también resucitarán y tendrán propiedades diferentes a las que tienen actualmente.
Pero no serán cuerpos glorificados porque no tendrán la gloria de Dios en ellos, aunque serán inmortales.
Pero los justos, o sea los que han muerto en la gracia y en la amistad de Dios, manifestarán la gloria eterna en sus cuerpos y tendrán propiedades magníficas.
Toda esta enseñanza está en tradición bíblica que se refiere a la resurrección.
LA RESURRECCIÓN EN LA TRADICIÓN BÍBLICA

Hay pasajes del Antiguo Testamento que ya hablan de la resurrección de los muertos.

Job 19: 25 dice que 
“después de que mi piel haya sido destruida aún mi carne verá a Dios”.
Daniel 12: 2 dice que 
“multitudes que duermen en el polvo de la tierra se despertarán unos para la vida eterna y otros para vergüenza y el desprecio eterno”.
Y está el famoso pasaje de Ezequiel 37 donde describió su visión del 
“valle de los huesos secos” que resucitaban.
En el Nuevo Testamento las referencias a la resucitación son mayores, comenzando con Juan 2: 19, donde Jesús predice su propia resurrección.

En Juan 5: 25 se refiere a la resurrección general cuando dice que 
“viene un tiempo cuando los muertos oirán la voz del hijo de Dios y los que oigan vivirán”.
Consolando a Marta, en el episodio de la muerte de Lázaro, en Juan 11: 25 se dice 
“yo soy la resurrección y la vida el que cree en mí vivirá aunque muera”.
Y después hay varios relatos de resucitados de entre los muertos como el de Lázaro, el de la hija de Jairo, el del hijo de la viuda de Naín.
Aunque parecería que estos últimos han sido resucitaciones y no resurrecciones, porque revivieron con el mismo cuerpo, las mismas habilidades y limitaciones que tenían antes.
Entonces el punto es cómo serán nuestros cuerpos.

Y el tono nos lo da Juan en 1 Juan 3: 2 cuando dice “Ahora somos hijos de Dios y lo que seremos aún no se ha dado a conocer”.

Y luego agrega que “seremos semejantes a Él”, de modo que nuestro modelo es Jesús resucitado

CÓMO ERA EL CUERPO DE JESÚS RESUCITADO

Jesús apareció a sus seguidores no como un fantasma o un espejismo, sino cómo un ser físico de carne y hueso.

Que tenía las heridas de los clavos y además podía comer y beber. Estás cosas son las que dieron seguridad a los discípulos que estaban frente al resucitado. Porque no lo reconocieron inmediatamente.
De modo que se produjo un cambio físico en Jesús, pero al mismo tiempo conservo su identidad para que en última instancia fuera reconocido.

Jesús además mostró que no estaba limitado por las restricciones de su cuerpo terrenal.

Podía desmaterializarse desapareciendo, podía atravesar objetos sólidos y moverse de un lugar a otro instantáneamente. Es en base a esto que podemos anticipar sobre cómo serán nuestros cuerpos resucitados.
CUALIDADES GENERALES DE NUESTROS CUERPOS DE RESURRECCIÓN
En 1 Corintios 15: 42 en adelante, San Pablo describe los cuerpos humanos como perecederos, deshonrosos y débiles, debido al pecado.

Mientras que nuestros cuerpos glorificados, o sea luego de la resurrección, serán imperecederos, honorables y poderosos.

Serán cuerpos espiritualizados, que ya no se centrarán en nuestras cualidades naturales sino en el Espíritu Santo.
Cuando San Pablo habla sobre la honorabilidad de nuestros cuerpos gloriosos se refiere a que no serán avergonzados por el pecado.
Y serán imperecederos, no sufrirán la enfermedad y la muerte, ni tendrán calor, frío, hambre, sed.
En el Apocalipsis 3, la Biblia nos muestra a los cuerpos glorificados con vestiduras blancas.
Por otro lado, así como nuestros cuerpos terrenales estaban adaptados para la vida en la Tierra, nuestros cuerpos gloriosos estarán adaptados para la vida en el cielo.

Por lo tanto no tendremos impedimento para trasladarnos de un lugar a otro, ni necesidades propias de la Tierra.

Por ejemplo probablemente no tendremos la función sexual activada porque en la Tierra está estaba destinada a la reproducción.
Y de alguna manera Jesús nos da pistas en la Biblia (Mat 22:29) de que el matrimonio no existirá en el cielo, cuando los saduceos le ponen el ejemplo de la mujer que se casó 7 veces con hermanos y le preguntan cuál será su esposo en el cielo.
San Pablo además es claro cuando dice que nuestros cuerpos gloriosos serán los mismos pero diferentes y potenciados.
Para explicarlo habla de la diferencias entre una semilla y la planta ya crecida. Ambas son parte del mismo proceso, una continuación una de la otra, pero diferentes.

Y agrega que nuestros cuerpos serán mejores empezando porque serán imperecederos. O sea que no morirán ni envejecerán.

Nuestro cuerpo que morirá será el cuerpo adánico. Y él qué nacerá será glorificado, como en el caso del segundo Adán (Jesús).
En este planeta y por efecto del pecado original tenemos enfermedad y muerte, pero ya no más. Porque ahora sí tendremos nuestra ciudadanía en el cielo.
En definitiva debemos pensar que nuestros cuerpos de resurrección serán una continuidad del que tenemos ahora, pero potenciados con nuevas cualidades asociadas al nuevo hábitat.
Porque antes, nuestro cuerpo estaba gobernado por las leyes naturales y ahora estará gobernado por el espíritu. Y por lo tanto estará totalmente purificado y unido a Jesús a través del Espíritu Santo.
Esto parece de ciencia ficción, ¿pero en qué crees que se inspiraron los autores de ciencia ficción y los creadores de los superhéroes de los comics?
COMO SEREMOS EN CONCRETO - VEAMOS LOS PUNTOS CENTRALES QUE PODEMOS EXTRAER DE LAS ESCRITURAS SOBRE CÓMO SERÁN NUESTROS CUERPOS GLORIOSOS.
SEREMOS LOS MISMOS
  • Poseeremos nuestra identidad original.
  • Nuestro cuerpo será verdaderamente nuestro cuerpo, aunque no necesariamente se verá igual que cuando estábamos vivos en la Tierra.
  • Pero aunque no seamos estrictamente idénticos a como éramos, Dios se encargará que cada uno de nosotros pueda identificar al otro.
NUESTROS CUERPOS DE RESURRECCIÓN SERÁN FÍSICOS
  • Serán cuerpos reales y reconocibles como en el caso de Jesús, aunque no necesariamente de inmediato, cómo sucedió con Él.
  • En Lucas 24 36-43 Jesús se dio a conocer a sus discípulos cuando les dijo “la paz esté con ustedes”.
  • Ellos se asustaron pensando que un fantasma.
  • Es ahí cuando les dijo que lo tocarán porque los fantasmas no tienen carne y hueso.
  • Y también les mostró las llagas en las manos y en los pies.
  • Finalizando con la comida de un trozo de pescado asado que le dieron los discípulos y que Él comió.
SEREMOS ETERNOS
  • En nuestros cuerpos glorificados no habrá dolor enfermedad, sufrimiento o muerte.
  • Tampoco estaremos expuestos a desastres naturales y sobrenaturales.
  • Habrá un gozo interminable; espiritual y también físico a través de nuestros sentidos.
  • Tampoco habrá aburrimiento porque viviremos en un estado de Gloria permanente.
  • Y esto supone que conservaremos la misma salud y la misma apariencia física siempre.
  • Porque no envejeceremos como en la Tierra.
NUESTROS CUERPOS ESTARÁN ÍNTEGROS
  • A nuestro cuerpo no le faltará ninguna parte, independientemente si en nuestra vida terrenal perdimos alguna parte.
  • Incluso aquellos que han nacido en la Tierra con alguna deficiencia ya no la tendrán.
  • Allí veremos las cualidades íntegras de quienes han sido cuadripléjicos, han nacido con deficiencias mentales o con el Síndrome de Down.
NO TENDREMOS DOLORES
No experimentaremos los dolores de enfermedades ni los propios del envejecimiento.Pero tampoco experimentaremos los dolores que nos infligen otras personas.Por lo tanto tampoco tendremos lágrimas ni llantos de preocupación.Porque no nos deberemos preocupar por nada porque tendremos todo asegurado.
ESTAREMOS EN NUESTRA MEJOR EDAD
  • Nuestros cuerpos de resurrección estarán en la flor de la vida
  • Todos tendremos alrededor de 33 años, porque esa era la edad de Jesús en el momento de la resurrección.
  • Y se supone que es la mejor edad para un ser humano, que le permite estar en lo mejor de la vida.
  • Probablemente Adán y Eva tenían esa edad cuando Dios los creó, porque no fueron creados ni como bebés ni como ancianos.
  • Y ese estado de estar en nuestra mejor edad lo conservaremos siempre.
  • Pero habrá diferencias entre los cuerpos según el grado de santidad a que ha llegado la persona según la cooperación que ha mostrado con la gracia de Dios.
CONSERVAREMOS NUESTRAS IDENTIDADES RACIALES Y DE SEXO
  • En Apocalipsis 5 9 dice: “Tú eres digno de tomar el pergamino y abrir sus sellos, porque fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios personas de cada tribu y lengua, pueblo y nación”.
  • Y de alguna manera repite en apocalipsis 7: 9 “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud que nadie podía contar, de toda nación, tribu, pueblo e idioma, de pie delante del trono y delante del Cordero”.
➤Esto implica que nuestra procedencia racial y nuestra identidad de sexo permanecerán en el Cielo. Si eres negro, judío o blanco, o si eres mujer u hombre, mantendrás esas cualidades en el Cielo.
TENDRÁN CUALIDADES EXTRADIMENSIONALES
  • Son las cualidades de Agilidad (ir a donde se quiera a la velocidad del pensamiento) y Sutileza (atravesar materiales sólidos) que menciona Santo Tomás de Aquino.
  • En Lucas 24,30-31 Jesús estaba la mesa con los discípulos, tomó pan, dio gracias, lo partió y se los dio.
  • Y cuando lo reconocieron desapareció de su vista.
  • Además esa misma noche estaba en Jerusalén casi en el mismo momento.
  • Por otro lado en Juan 20,19-20, cuando los discípulos estaban orando junto con María en el Cenáculo con las puertas cerradas por temor a los judíos, Jesús entró se presentó entre ellos y les dijo “la paz sea con ustedes”. 
  • Y también le mostró las heridas.
  • En Hechos Cap 19 se relata la ascensión, cuándo Jesús fue llevado hacia el cielo ante sus propios ojos y una nube lo oculto de la vista de los Apóstoles que estaban con Él.
  • Estos tres pasajes muestran las habilidades extradimensionales que tenía Jesús y que seguramente tendrán nuestros cuerpos resucitados.
  • Podremos aparecer y desaparecer a gusto, viajar instantáneamente de un lugar a otro, pasar a través de objetos sólidos – como por ejemplo puertas cerradas – y volar como en el caso de Jesús cuando ascendió.
SEREMOS LUMINISCENTES
  • En 1 Corintios 15 San Pablo dice que la gloria de los cuerpos celestes es diferente a los de la Tierra.
  • Y esto lo podemos asociar a lo que cuenta el éxodo 34 cuando Moisés descendió del Monte Sinaí con las tablas de la ley. Su rostro estaba radiante y luminoso porque había hablado con el Señor. Al punto que Arón y los demás israelitas temieron acercarse a él.
  • El Lucas 9,28-30 también se relata la transfiguración de Jesús.
  • Jesús subió al monte con Pedro, Juan y Santiago y mientras está orando la apariencia de su rostro cambió y su ropa se volvió brillante.
  • Y junto a él aparecieron Moisés y Elías también brillantes, o sea en el cuerpo glorioso.
  • Pero además, en Hechos 9 se relata que Pablo quedó segado por el brillo de Jesús cuando se cayó del caballo rumbo a Damasco.
  • El Apocalipsis 1 Juan tuvo una visión de Cristo esplendorosa.
  • En Apocalipsis 21 dice que la Nueva Jerusalén será luminiscente e iluminada por la luz de Cristo resucitado.
  • Y Mateo 13,43 dice que los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre.
  • De modo que todo indica que nuestros cuerpos serán luminiscentes.
  • Nuestra brillantez es lo que nos hará hermosos más allá de lo imaginable y nuestro brillo estará relacionado con nuestro grado de santidad.
PASAJES BÍBLICOS QUE NOS DAN LAS PISTAS DE CÓMO SERÁN NUESTROS CUERPOS GLORIFICADOS.
EL CUERPO GLORIOSO DE JESUCRISTO
  • Nuestros cuerpos nuevos serán como el cuerpo glorioso de Cristo: 1 Juan 3, 2-3, Filipenses 3, 20-21, Rom 8, 28-30, Sal 17,15, Rom 6, 5-8, 1 Cor 15, 49, 2 Cor 3, 17-18
  • Él tenía la gloria antes y después de que vivió en la tierra: Juan 17, 3-5
  • La gloria del Señor es como un hermoso brillo colorido: Eze 1, 26-28
  • Él tiene el brillo de la gloria de Dios: Heb 1, 1-4
  • En la transfiguración, la cara de Jesús brilló como el sol y fue capaz de conversar con Moisés y Elías: Lucas 9, 28-32, Mateo 17, 2-3
  • Jesús se le apareció a Pablo irradiando luz. Hechos 9: 3-4, Hechos 26, 12-15
  • En su revelación, Juan describe a Jesús como teniendo ojos como fuego, pies como bronce fino, voz como muchas aguas, y un semblante como el sol brillando: Ap 1, 13-18, Ap 19, 11-16
  • El cuerpo resucitado de Cristo tenía carne y huesos y podía comer: Lucas 24: 36-43
  • Él caminó: Lucas 24, 15-16
  • Pudo desaparecer de la vista y entrar en habitaciones cerradas: Lucas 24, 25-32, Juan 20, 19-20, Juan 20, 26-29
  • Él nunca morirá otra vez: Rom 6, 9
NUESTRO FUTURO CUERPO GLORIOSO
  • Aunque no sabemos exactamente cómo serán nuestros nuevos cuerpos, sabemos que serán como el cuerpo glorioso de su Cristo: 1 Juan 3, 2-3
  • Cada uno de nuestros cuerpos será diferente y diferirá en gloria: 1 Cor 15, 35-58
  • Cristo será glorificado en nosotros: 2 Tes 1, 10-12
  • Seremos glorificados. Los sufrimientos actuales en este mundo no se pueden compararse con la gloria que se revelará en nosotros: Rom 8, 16-20
  • Nuestra gloria será la de nuestro Señor Jesús: 2 Tes 2: 14-15
  • Reflejaremos su gloria: 2 Cor 3, 17-18, Ex 34, 29-35
  • Los justos brillarán como el sol en Su reino: Mat 13, 43
  • Brillaremos como el brillo del firmamento y como las estrellas: Dan 12, 2-3
  • Job sabía que después que “su piel fuera destruida”, él vería a Dios: Job 19, 25-27
  • Daniel vio una visión de un hombre cuyo rostro era como la aparición de un rayo, ojos como antorchas, y brazos y pies como bronce: Dan 10, 4-9
  • Se describió que un ángel tenía un semblante como un rayo y vestía tan blanco como la nieve: Mat 28, 2-5
  • En su revelación, Juan describe a un ángel que tiene un arco iris en su cabeza, su rostro como el sol y pies como columnas de fuego: Ap 10, 1
¿CÓMO SERÁN NUESTROS CUERPOS GLORIOSOS? [DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN]

PAPA FRANCISCO “RESUCITAREMOS CON NUESTROS CUERPOS, ESTO ES VERDAD”. 04 DE DICIEMBRE DE 2013
PAPA FRANCISCO - AUDIENCIA GENERAL - Plaza de San Pedro - Miércoles 4 de diciembre de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy vuelvo una vez más a la afirmación «Creo en la resurrección de la carne». Se trata de una verdad no sencilla y para nada obvia, porque, viviendo inmersos en este mundo, no es fácil comprender las realidades futuras. Pero el Evangelio nos ilumina: nuestra resurrección está estrechamente relacionada con la resurrección de Jesús. El hecho de que Él resucitó es la prueba de que existe la resurrección de los muertos. Desearía, entonces, presentar algunos aspectos referidos a la relación entre la resurrección de Cristo y nuestra resurrección. Él resucitó, y porque Él resucitó también nosotros resucitaremos.
Ante todo, la Sagrada Escritura misma contiene un camino hacia la fe plena en la resurrección de los muertos. Ésta se expresa como fe en Dios creador de todo el hombre —alma y cuerpo—, y como fe en Dios liberador, el Dios fiel a la alianza con su pueblo. El profeta Ezequiel, en una visión, contempla los sepulcros de los deportados que se vuelven a abrir y los huesos secos que vuelven a vivir gracias a la infusión de un espíritu vivificante. Esta visión expresa la esperanza en la futura «resurrección de Israel», es decir, en el renacimiento del pueblo derrotado y humillado (cf. Ez 37, 1-14).
Jesús, en el Nuevo Testamento, conduce a su realización esta revelación, y vincula la fe en la resurrección a su persona y dice: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25). En efecto, será Jesús Señor quien resucitará en el último día a quienes hayan creído en Él. Jesús vino entre nosotros, se hizo hombre como nosotros en todo, menos en el pecado; de este modo nos tomó consigo en su camino de regreso al Padre. Él, el Verbo encarnado, muerto por nosotros y resucitado, dona a sus discípulos el Espíritu Santo como anticipo de la plena comunión en su Reino glorioso, que esperamos vigilantes. Esta espera es la fuente y la razón de nuestra esperanza: una esperanza que, si se cultiva y se custodia, —nuestra esperanza, si nosotros la cultivamos y la custodiamos— se convierte en luz para iluminar nuestra historia personal y también la historia comunitaria. Recordémoslo siempre: somos discípulos de Aquél que vino, que viene cada día y vendrá al final. Si lográsemos tener más presente esta realidad, estaremos menos cansados de lo cotidiano, menos prisioneros de lo efímero y más dispuestos a caminar con corazón misericordioso por el camino de la salvación.
Otro aspecto: ¿qué significa resucitar? La resurrección de todos nosotros tendrá lugar el último día, al final del mundo, por obra de la omnipotencia de Dios, quien restituirá la vida a nuestro cuerpo reuniéndolo con el alma, en virtud de la resurrección de Jesús. Ésta es la explicación fundamental: porque Jesús resucitó, nosotros resucitaremos; nosotros tenemos la esperanza en la resurrección porque Él nos abrió la puerta a esta resurrección. Y esta transformación, esta transfiguración de nuestro cuerpo se prepara en esta vida por la relación con Jesús, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Nosotros, que en esta vida nos hemos alimentado con su Cuerpo y con su Sangre, resucitaremos como Él, con Él y por medio de Él. Como Jesús resucitó con su propio cuerpo, pero no volvió a una vida terrena, así nosotros resucitaremos con nuestros cuerpos que serán transfigurados en cuerpos gloriosos. ¡Esto no es una mentira! Esto es verdad. Nosotros creemos que Jesús resucitó, que Jesús está vivo en este momento. ¿Pero vosotros creéis que Jesús está vivo? Y si Jesús está vivo, ¿pensáis que nos dejará morir y no nos resucitará? ¡No! Él nos espera, y porque Él resucitó, la fuerza de su resurrección nos resucitará a todos nosotros.
Un último elemento: ya en esta vida tenemos en nosotros una participación en la Resurrección de Cristo. Si es verdad que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, es también verdad que, en cierto sentido, con Él ya hemos resucitado. La vida eterna comienza ya en este momento, comienza durante toda la vida, que está orientada hacia ese momento de la resurrección final. Y ya estamos resucitados, en efecto, mediante el Bautismo, estamos integrados en la muerte y resurrección de Cristo y participamos en la vida nueva, que es su vida. Por lo tanto, en la espera del último día, tenemos en nosotros mismos una semilla de resurrección, como anticipo de la resurrección plena que recibiremos en herencia. Por ello también el cuerpo de cada uno de nosotros es resonancia de eternidad, por lo tanto, siempre se debe respetar; y, sobre todo, se ha de respetar y amar la vida de quienes sufren, para que sientan la cercanía del Reino de Dios, de la condición de vida eterna hacia la cual caminamos. Este pensamiento nos da esperanza: estamos en camino hacia la resurrección. Ver a Jesús, encontrar a Jesús: ¡ésta es nuestra alegría! Estaremos todos juntos —no aquí en la plaza, en otro sitio— pero gozosos con Jesús. ¡Éste es nuestro destino!...

¿PODRÉ VOLVER A ABRAZAR EN EL CIELO A MI HIJO NO NACIDO?
LOS VÍNCULOS TERRENOS SE VUELVEN A ENCONTRAR, PERO EN UNA DIMENSIÓN DISTINTA, LIGADA A CRISTO.
Una lectora nuestra nos pide: “¿Volveré a ver en el cielo a mi hijo no nacido? Cuando un día estemos en la “comunión eterna de los cielos” donde no habrá vínculos terrenos (mujer, marido, hijos, etc.) y gozaremos sólo de la presencia de Dios, ¿cómo podrá una mamá ya no serlo, no sentir la necesidad de “volver a abrazar” a sus hijos (quizás un hijo perdido, no nacido), el marido? ¿Será posible?”.
QUE PASA EN EL CIELO
Giovanni Ancona, profesor de Teología Dogmática y decano de la Facultad de Teología en la Universidad Pontificia Urbaniana responde a la pregunta, partiendo “de una bonita interpretación del Cielo”, hecha por un autor contemporáneo, J.B. Russell, el cual, en su libro sobre la historia del paraíso, afirma:
“El cielo es la comunidad de aquellos a los que Dios ama y que aman a Dios. Nosotros conservamos nuestra peculiar personalidad, pero unidos en una caridad perfecta, pues en el abrazo misericordioso de Dios todos aman a todos […]. En el cielo veremos todo nuestro amor, y la gracia y la paz se transmitirán a todos y a través de todos, y todo esto se realizará en cada uno, de modo que el amor de cada uno sea completo y se extienda perfectamente a todos. La mutua unión de los hombres en Cristo no es sólo en el cielo: es el cielo”.
El autor, explicó a Aleteia el profesor Ancona, –más allá de cuando se pueda decir de una realidad que va más allá de nosotros mismos– sostiene, ante todo, “la idea de que en el Cielo cada uno de nosotros conserva su propia personalidad”.
“La fe cristiana, de hecho, comprende la resurrección de cada hombre como plenitud de la propia vida y en la unidad de su ser, que le identifica personalmente, en relación con la resurrección de Jesucristo”.
SE RECUPERAN LOS VÍNCULOS TERRENALES
Dicho en palabras más sencillas, “la resurrección comporta para el hombre la recuperación de toda su vida, de su historia de relaciones, de vínculos;la resurrección es la completa maduración en el cuerpo de Cristo de toda la historia personal de cada uno. Se trata así de una condición transfigurada, por tanto no comparable a la condición histórica terrenal”.
Por esto Jesús “afirma que las relaciones en el Cielo no pueden ser equiparadas a las terrenas. Esto no significa, sin embargo, que no volveremos a encontrar nuestros vínculos”.
“Precisamente porque la resurrección nos coloca en el cielo, que es el mismo Dios, allí volveremos a encontrar todas las relaciones (parentales, afectivas, etc.) que han constituido nuestra historia de personas”.
“Un hijo no nacido es siempre parte de la historia de una madre, por tanto lo volverá a encontrar en una relación totalmente nueva, en unión a Cristo y a los demás hermanos en la fe (el amor mutuo en Cristo que es el cielo)”.
AUDIENCIA GENERAL - 4 DE DICIEMBRE DE 2013
PAPA FRANCISCO “RESUCITAREMOS CON NUESTROS CUERPOS, ESTO ES VERDAD”

Fuente: 
http://www.crisismagazine.com/2018/confounded-by-the-resurrection
http://www.robertjmorgan.com/devotional/seven-qualities-of-our-resurrection-bodies/
https://www.desiringgod.org/articles/do-we-receive-the-same-body-we-had-on-earth-at-the-resurrection
https://unlockingthebible.org/2016/10/what-will-our-resurrection-bodies-be-like/
https://www.gotquestions.org/glorified-bodies.html
http://www.heaven.to/contents/new_bodies.htm
https://www.ligonier.org/learn/devotionals/our-glorious-future/
https://forosdelavirgen.org/121184/cuerpo-glorioso/
https://es.aleteia.org/2013/12/04/documento-papa-resucitaremos-con-nuestros-cuerpos-esto-es-verdad/
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2013/documents/papa-francesco_20131204_udienza-generale.html
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2013/documents/papa-francesco_20131204_udienza-generale.html