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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".
“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.
Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.
La Cruz de Matará es un fiel testimonio de la Evangelización de nuestra tierra americana, y una clara muestra de la creatividad y el esfuerzo de aquellos heroicos misioneros, por inculturar el Evangelio en las culturas nativas de este continente.
La cruz de Matará es una talla que es fiel testimonio de la Evangelización de nuestra tierra americana, y una clara muestra de la creatividad y el esfuerzo de los heroicos misioneros por insertar el Evangelio en la cultura de este continente.
Esta cruz es la más antigua conocida en América y fue encontrada en Matará, Santiago del Estero, cuna de la evangelización argentina.
Es, por tal circunstancia y por la multiplicidad de símbolos que encierra, un fiel testigo de la acción evangelizadora de los primeros misioneros en tierra americana: los rasgos culturales, religiosos y artísticos hispánicos pasan a ser elementos del indio, que los asimiló y fusionó en su propia cultura, ejecutando esta preciosa obra.
Bajo la dirección de los padres jesuitas (Compañía de Jesús), la mano de obra fue indígena y muy hábil, logrando todo un estilo. La talla se hizo en madera fibrosa de la flora regional, el mistol. Sus dos partes están unidas por dos clavos de madera y el ensamble es perfecto.
Matará es el topónimo de la tribu de los indígenas matares de la zona, quienes se relacionaron de manera especial con dos misioneros ejemplares.
La fe moviliza a cientos de jóvenes hacia la Cruz Catequística de Matará - AÑATUYA
Todos los años, cientos de jóvenes y adolescentes participan de la caminata por 60 kilómetros.
Uno de ellos fue el Padre Alonso Barzana o Barcena, jesuita conocido como el “apóstol de Perú”, que pasó por Matará misionando toda esa zona; el otro fue San Francisco Solano, quien recorrió Santiago del Estero entre 1592 y 1593.
Corría el año 1594, cuando un grupo de misioneros jesuitas llegó al actual territorio de Santiago del Estero, a orillas del Río Salado, donde vivía una tribu de indígenas llamados Matará. Lo primero a realizar por parte de los religiosos fue ganar su confianza para poder conquistar sus corazones. Luego hubo que aprender su lenguaje para poder comunicarse con ellos y hablarles de Jesucristo.
Catedral de la ciudad de Añatuya
Era preciso encontrar un lenguaje que fuese común a ambos, para poder inculturar la Buena Nueva que venían a anunciar. Y así nació la idea de “escribir” el Evangelio en la Cruz de Matará.
No se sabe si fueron los jesuitas quienes tallaron la Cruz para enseñar a los nativos, o los mismos nativos quienes la confeccionaron para plasmar en ella lo aprendido. Lo importante es que ella es un testimonio vivo y patente de aquella historia de la primera evangelización de nuestra América.
Les hablaron de aquel que es el principio y el fin de todo, el Alfa y el Omega; de Dios, el que había creado todo por amor. Cómo los hombres se habían alejado de Dios, y cómo éste había enviado a su hijo único, Jesucristo, para salvarlos; de su nacimiento en Belén, de la estrella que guió a los magos, y cómo Jesucristo había pasado por el mundo haciendo el bien, obrando prodigios y milagros.
DESCRIPCIÓN DE LOS SÍMBOLOS QUE CONSTITUYEN LA CRUZ
Parte Superior
De la Ultima Cena, y de cómo nos había dejado el gran regalo de su Cuerpo y Sangre hechos pan y vino en la Eucaristía, antes de ser hecho prisionero. De Pedro, y de cómo lo había negado tres veces antes de que cantara el gallo.
Por otro lado, les contaron cómo Jesucristo fue conducido ante Pilatos, quien lo mandó a azotar, y cómo los soldados lo despojaron de sus vestiduras y sortearon su manto. Que fue condenado a morir en la cruz, y cómo con martillo y clavos, fueron clavados sus manos y pies en ella. De su Madre, La Virgen María, que lo había acompañado fiel hasta el final en todos sus sufrimientos, hasta que, no resistiendo más su maltratado cuerpo, entregó su alma y murió. La luna llena de la Pascua judía fue testigo de la muerte del Hijo de Dios.
Parte Siguiente del palo vertical
Luego les explicaron cómo poco después, un soldado le atravesó el costado con una lanza para comprobar si efectivamente había muerto y cómo bajaron su cuerpo de la cruz para sepultarlo. Y cómo tres días después, Jesucristo resucitó glorioso de entre los muertos para librar a la humanidad de las llamas del infierno que se había ganado al alejarse de Dios, y cómo podían ellos, los Matará, hacer suya esa salvación aceptando y honrando a Jesucristo como Dios y Salvador.
Parte Siguiente del palo vertical mas abajo
Fue así como aquellos primeros misioneros encontraron la manera de anunciar el Evangelio de Jesucristo entre los primeros pobladores de nuestras tierras, quienes recibieron al Dios de Jesucristo en sus vidas para poder adorarlo y glorificarlo desde entonces hasta nuestros días.
Parte Izquierda y Derecha mirándola de Frente
LA CRUZ DE MATARÁ
Debe su nombre a los Matarás, una tribus de naturales que habitaba una zona ubicada al sudeste de Santiago del Estero (Argentina), por entonces capital del Tucumán. Se estima que la cruz fue tallada alrededor del año 1594 (año que parece deducirse de los símbolos grabados en la misma ) por los jesuitas que evangelizaron a los matarás, para transmitirles la Buena Noticia de manera gráfica, dado que ellos eran analfabetos, o por alguno de los naturales.
Cruz de Matará
Finalizados los tiempos de la Evangelización, la cruz pasó de mano en mano durante varias generaciones hasta dar por fin con la familia de don Amelio Sosa Ruiz, que la recibió en herencia y la mantuvo en custodia por años.
En el año 1961 se crea la diócesis de Añatuya, a la cual pertenece hoy el territorio que habitaron los Matará, y su primer Obispo monseñor Jorge Gottau, entró en conversaciones con la mencionada familia para volver al culto de la añeja reliquia.
La Cruz estuvo entronizada en la Catedral de Añatuya, en espera de que se construyese un templo en Matará para albergar la cruz, y hubiese allí sacerdotes permanentes, para reintegrarla a su lugar de origen.
Finalmente, la iniciativa se cumplió y el mismo prelado fue el encargado de trasladar el tesoro a su ancestral terruño.Una réplica de la Cruz de halla en la Catedral de Santiago del Estero
Catedral de Santiago del Estero - República Argentina
DESCRIPCIÓN
La Cruz de Matará es de mistol, una especie arbórea propia de la región santiagueña, familiarizada con el quebracho. Más que un árbol es un arbusto y sobreabunda en la región chaqueña y el noroeste argentino.
Está compuesta de dos partes, la madera vertical de 47 centímetros de largo y la horizontal, de 17, unidas entre sí por clavos del mismo material. Las dos partes ensamblan perfectamente debido a la talla practicada en ambas piezas, en la zona de superposición, lo que permite su firmeza.
Cruz de Matará
La parte inferior del madero mayor se angosta a medida que se avanza hacia su base, que se encuentra bastante desgastada porque, en su momento, estuvo calzada en un pedestal, hoy extraviado.
Su superficie se halla cubierta por variados motivos tallados salvo en tres sectores y su estado es relativamente bueno pese a sus más de cuatro siglos de antigüedad
Cruz de Matará
PODEMOS DIVIDIR LA CRUZ EN CINCO PARTES
La primera, en el extremo superior, posee tres signos identificados con la A, la O y una M de mayor tamaño. El conjunto ha sido interpretado comparando a la A (3) con la letra “alfa” y la O (4) con la “omega”, principio y fin de todas las cosas en tanto la M es la inicial de un nombre que, sin ninguna duda es “Matará”. Le sigue debajo un número romano correspondiente al “1” y una cruz griega y a continuación, siempre en línea descendente, la palabra ATA en mayúsculas, y en minúsculas lo que parecen ser una “r” y una “a” con otro motivo que aún no ha sido descifrado. El conjunto, en su totalidad, vuelve a referirse a “Matará” (2) seguido por los números 1, 5, 9 y otro indescifrable que indicarían el año de la cruz o el comienzo de la evangelización en aquella región: 1594. También parece observarse una cruz griega en este sector (13).
La segunda parte está tallada sobre el madero horizontal y en ella destaca la figura del Señor crucificado (de la cintura hacia arriba) (8) que se completa en el madero mayor con el resto del cuerpo. Su cintura es sumamente estrecha, el tórax se ensancha y sus brazos se extienden hacia arriba en evidente posición de haber sido clavado. La cabeza está coronada por espinas y se halla enmarcada por una aureola claramente perceptible. Una falda recubre al Señor desde la cintura y sus pies se hallan sobre lo que parece ser un soporte.
En la tercera parte, a la izquierda del Señor, siempre en el madero menor, figura un cometa, que es la Estrella de Belén (7) con la luna (6) y el sol (5), evidenciando la primera la muerte del Salvador en plena Pascua y el segundo, símbolo primario de la vida, la luz y la fuerza, cualidades que caracterizaron a Jesucristo, "el sol que nace de lo alto".
En la cuarta, a la derecha del travesaño, es decir, del madero menor, se observa el martillo (14) con el que Cristo fue clavado y un cáliz sobre el que descansa una pequeña cruz o dos espigas atravesadas, con una hostia, símbolos indiscutidos de la Ultima Cena y la Santa Misa (9).
Finalmente la quinta parte, en el extremo inferior del madero vertical, presenta cuatro segmentos bien diferenciados, el primero aquel en el que se observan los cordeles (11), la lanza (7), la escalera(18) y los clavos (15) utilizados para flagelar a Jesús, atravesarle su pecho, bajarlo de la cruz y crucificarlo; el segundo el que nos muestra al gallo (10) que cantó dos veces cuando la negación de Pedro bajo el cual parecen encontrarse los dados (12) con los que la soldadesca romana se repartió las vestiduras del Señor; el tercero, aquel en el que aparece una figura femenina con rasgos e indumentaria española que simboliza a la Virgen María (16) al pie de la Cruz y el cuarto en el que se observan cuatro lenguas de fuego (19) bajo la cual destaca una extraña figura vestida aparentemente con plumas, (20) que podría representar a un cacique en actitud de súplica, con los brazos cruzados sobre su pecho. El conjunto simboliza a un jefe tribal implorando a María Santísima su intercesión para salir del Purgatorio (las cuatro lenguas de fuego) y la salvación de su alma a través del martirio de Cristo.
EL MENSAJE DE LA CRUZ DE MATARÁ
Corría el año 1594 (1), cuando un grupo de misioneros jesuitas llegó al actual territorio de Santiago del Estero, a orillas del Río Salado, donde vivía una tribu de indígenas llamados Matará (2).
Lo primero fue ganar su confianza para poder conquistar sus corazones. Luego hubo que aprender su lenguaje para poder comunicarse con ellos y hablarles de Jesucristo. Pero ¿cómo podían hacer para que estas personas pudieran recordar el Mensaje, si no sabían leer ni escribir? Era preciso encontrar un lenguaje que fuese común a ambos, para poder inculturar la Buena Nueva que venían a anunciar. Y así, nació la idea de “escribir” el Evangelio en la Cruz de Matará.
Les dijeron que les venían a hablar de Aquel que es el principio y el fin de todo, el Alfa (3) y el Omega (4). Les venían a hablar de Dios, el que había creado todo por amor. El creó el sol (5) y la luna (6), y puso las estrellas (7) en el cielo.
Cruz de Matará
Les contaron cómo los hombres se habían alejado de Dios, y cómo éste había enviado a su hijo único, Jesucristo (8), para salvarlos. Les contaron de su nacimiento en Belén, de la estrella (7) que guió a los magos, y cómo Jesucristo había pasado por el mundo haciendo el bien, obrando prodigios y milagros.
También les hablaron de la Última Cena, y de cómo Jesús nos había dejado el gran regalo de su Cuerpo y Sangre hechos pan y vino en la Eucaristía (9), antes de ser hecho prisionero. Les hablaron de Pedro, y de cómo lo había negado tres veces antes de que cantara el gallo (10).
Les contaron cómo Jesucristo fue conducido ante Pilatos, quien lo mandó a azotar (11), y cómo los soldados lo despojaron de sus vestiduras y sortearon (12 = dados) su manto.
Cruz de Matará
También les contaron que fue condenado a morir en la cruz (13), y cómo con martillo (14) y clavos (15), fueron clavados sus manos y pies en ella. Les hablaron también de su Madre, la Virgen María (16) que lo había acompañado fiel hasta el final en todos sus sufrimientos, hasta que, no resistiendo más su maltratado cuerpo, entregó su alma y murió. La luna llena (6) de la Pascua judía fue testigo de la muerte del Hijo de Dios.
Les contaron cómo poco después, un soldado le atravesó el costado con una lanza (17) para comprobar si efectivamente había muerto y cómo bajaron (18) su cuerpo de la cruz para sepultarlo.
También les hablaron de cómo tres días después, Jesucristo resucitó glorioso de entre los muertos para librar a la humanidad de las llamas (19) del infierno que se había ganado al alejarse de Dios, y cómo podían ellos, los Matará (20), hacer suya esa salvación aceptando y honrando a Jesucristo como Dios y Salvador.
Cruz de Matará
Fue así como aquellos primeros misioneros encontraron la manera de anunciar el Evangelio de Jesucristo entre los primeros pobladores de nuestras tierras, quienes recibieron al Dios de Jesucristo en sus vidas para poder adorarlo y glorificarlo desde entonces hasta nuestros días. DOCUMENTAL SOBRE LA CRUZ DE MATARÁ , SANTIAGO DEL ESTERO. ARGENTINA. RÉPLICA MANDADA A CONSTRUIR POR ARTESANOS CON LA GUIA DEL SEÑOR ALDO RE. FILMACIÓN ALEJANDRO RE. CRUZ ORIGINAL EN LA CATEDRAL DE AÑATUYA.
https://www.youtube.com/watch?v=QwiPZTeQVXg
Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará
Familia Religiosa del Verbo Encarnado UNA VENERABLE RELIQUIA ARGENTINA
La CRUZ DE MATARÁ es un testimonio histórico excepcional de la Evangelización del norte argentino.
La Cruz de Matará es una talla en madera de mistol (árbol de la familia del quebracho) de dos maderos trasversales (el vertical de 47 cm y el horizontal de 17 cm.) ensamblados y unidos por dos clavos de madera. La parte inferior del madero mayor se angosta a medida que se avanza hacia su base, que se encuentra bastante desgastada porque, en su momento, estuvo calzada en un pedestal, hoy extraviado.
Es un testimonio maravilloso de la evangelización realizada por los abnegados misioneros jesuitas en el norte de la Argentina (en la actual provincia de Santiago del Estero) y una clara muestra de la creatividad de los religiosos, que plasmaron en este pequeño madero la Catequesis que enseñaban.
Dos de esos misioneros destacados fueron el Padre Alonso Barzana o Barcena, jesuita conocido como el “apóstol de Perú”, que pasó por Matará misionando toda esa zona; el otro fue San Francisco Solano, quien recorrió Santiago del Estero entre 1592 y 1593. Un fruto ubérrimo de este trabajo apostólico es la Sierva de Dios Sor María Antonia de la Paz y Figueroa, nacida en Santiago del Estero en 1730 y fundadora de la Santa Casa de Ejercicios de Buenos Aires, próximamente Beata de la Iglesia, por decisión del Papa Francisco.
La figura de esta Cruz fue la tapa del Misal Romano editado en 1982 por la Conferencia Episcopal Argentina.
Debe su nombre a los Matarás, una tribu de naturales que habitaba una zona ubicada al sudeste de Santiago del Estero (Argentina), por entonces capital del Tucumán. Se estima que la cruz fue tallada alrededor del año 1594 (año que puede deducirse de los símbolos grabados en la misma) por los jesuitas que evangelizaron a los matarás, para transmitirles la Buena Noticia de manera gráfica, dado que ellos eran analfabetos, o por alguno de los naturales.
Ubicación de Matará, al noroeste de Añatuya
Esta Cruz pasó de mano en mano durante varias generaciones hasta dar por fin con la familia de don Amelio Sosa Ruiz, que la recibió en herencia y la mantuvo en custodia por años.
En el año 1961 se crea la diócesis de Añatuya, a la cual pertenece hoy el territorio que habitaron los Matará, y su primer Obispo monseñor Jorge Gottau, entró en conversaciones con la mencionada familia para volver al culto de la añeja reliquia. La Cruz estuvo entronizada en la Catedral de Añatuya, en espera de que se construyese un templo en el pueblo actual de Matará (1100 habitantes) para albergar la Cruz, y hubiese allí sacerdotes permanentes, para reintegrarla a su lugar de origen. Finalmente, la iniciativa se cumplió y el mismo prelado fue el encargado de trasladar el tesoro a su ancestral terruño. Una réplica de la Cruz de halla en la Catedral de Santiago del Estero
Catedral de Santiago del Estero COMPENDIO CATEQUÉTICO Y EXPRESIÓN ARTÍSTICA NOTABLE
Puede encontrarse en la Cruz de Matará una visión altamente unificada, sea en cuanto a la teología y descripción de la Pasión del Señor, como así también una expresión artística notable. El tallado de la Cruz es la manifestación de un autor anónimo que da testimonio de la ardua labor realizada por los misioneros jesuitas en la región del río Salado.
Sin duda, esta Cruz, tenía un propósito catequético. Sirvió y ayudó, en su tiempo a difundir la fe entre todos los pueblos semi-sedentarios indígenas de esa región, a saber, el pueblo de Matará y otros asentamientos indígenas cercanos, que habitaban el primitivo territorio de Santiago del Estero (regiones del Salado y Chaco-santiagueño).
Este retablo que es la Cruz de Matará, es como un resumen de la enseñanza católica. EXPLICACIÓN DE SUS GRABADOS TALLADOS Podemos dividir la Cruz en cinco partes:
La primera, en el extremo superior, posee tres signos identificados con la A, la O y una M de mayor tamaño. El conjunto ha sido interpretado comparando a la A (3) con la letra “alfa” y la O (4) con la “omega”,principio y fin de todas las cosas en tanto la M es la inicial de un nombre que, sin ninguna duda es “Matará”. Le sigue debajo un número romano correspondiente al “1” y una cruz griega y a continuación, siempre en línea descendente, la palabra ATA en mayúsculas, y en minúsculas lo que parecen ser una “r” y una “a” con otro motivo que aún no ha sido descifrado. El conjunto, en su totalidad, vuelve a referirse a “Matará” (2) seguido por los números 1, 5, 9 y otro indescifrable (1) que indicarían el año de la cruz o el comienzo de la evangelización en aquella región: 1594. También parece observarse una cruz griega en este sector (13).
La segunda parte está tallada sobre el madero horizontal y en ella destaca la figura del Señor crucificado(de la cintura hacia arriba) (8) que se completa en el madero mayor con el resto del cuerpo. Su cintura es sumamente estrecha, el tórax se ensancha y sus brazos se extienden hacia arriba en evidente posición de haber sido clavado. La cabeza está coronada por espinas y se halla enmarcada por una aureola claramente perceptible. Una falda recubre al Señor desde la cintura y sus pies se hallan sobre lo que parece ser un soporte.
En la tercera parte, a la izquierda del Señor, siempre en el madero menor, figura un cometa, que es la Estrella de Belén (7) con la luna (6) y el sol (5), evidenciando la primera la muerte del Salvador en plena Pascua y el segundo, símbolo primario de la vida, la luz y la fuerza, cualidades que caracterizaron a Jesucristo, "el sol que nace de lo alto".
En la cuarta, a la derecha del travesaño, es decir, del madero menor, se observa el martillo (14) con el que Cristo fue clavado y un cáliz sobre el que descansa una pequeña cruz o dos espigas atravesadas, con una hostia, símbolos indiscutidos de la Ultima Cena y la Santa Misa (9).
Finalmente la quinta parte, en el extremo inferior del madero vertical, presenta cuatro segmentos bien diferenciados, el primero aquel en el que se observan los cordeles (11), la lanza (7), la escalera (18) y losclavos (15) utilizados para flagelar a Jesús, atravesarle su pecho, bajarlo de la cruz y crucificarlo; el segundo el que nos muestra al gallo (10) que cantó dos veces cuando la negación de Pedro bajo el cual parecen encontrarse los dados (12) con los que la soldadesca romana se repartió las vestiduras del Señor; el tercero, aquel en el que aparece una figura femenina con rasgos e indumentaria española que simboliza a laVirgen María (16) al pie de la Cruz y el cuarto en el que se observan cuatro lenguas de fuego (19) bajo la cual destaca una extraña figura vestida aparentemente con plumas, (20) que podría representar a un cacique en actitud de súplica, con los brazos cruzados sobre su pecho. El conjunto simboliza a un jefe tribal implorando a María Santísima su intercesión para salir del Purgatorio (las cuatro lenguas de fuego) y la salvación de su alma a través del martirio de Cristo.
EL MENSAJE DE LA CRUZ DE MATARÁ
Corría el año 1594 (1), cuando un grupo de misioneros jesuitas llegó al actual territorio de Santiago del Estero, a orillas del Río Salado, donde vivía una tribu de indígenas llamados Matará (2).
Lo primero fue ganar su confianza para poder conquistar sus corazones. Luego hubo que aprender su lenguaje para poder comunicarse con ellos y hablarles de Jesucristo. Pero ¿cómo podían hacer para que estas personas pudieran recordar el Mensaje, si no sabían leer ni escribir? Era preciso encontrar un lenguaje que fuese común a ambos, para poder inculturar la Buena Nueva que venían a anunciar. Y así, nació la idea de “escribir” el Evangelio en la Cruz de Matará.
Les dijeron que les venían a hablar de Aquel que es el principio y el fin de todo, el Alfa (3) y el Omega (4). Les venían a hablar de Dios, el que había creado todo por amor. El creó el sol (5) y la luna (6), y puso las estrellas (7) en el cielo.
Les contaron cómo los hombres se habían alejado de Dios, y cómo éste había enviado a su hijo único, Jesucristo (8), para salvarlos. Les contaron de su nacimiento en Belén, de la estrella (7) que guió a los magos, y cómo Jesucristo había pasado por el mundo haciendo el bien, obrando prodigios y milagros.
También les hablaron de la Última Cena, y de cómo Jesús nos había dejado el gran regalo de su Cuerpo y Sangre hechos pan y vino en la Eucaristía (9), antes de ser hecho prisionero. Les hablaron de Pedro, y de cómo lo había negado tres veces antes de que cantara el gallo (10).
Les contaron cómo Jesucristo fue conducido ante Pilatos, quien lo mandó a azotar (11), y cómo los soldados lo despojaron de sus vestiduras y sortearon (12 = dados) su manto.
También les contaron que fue condenado a morir en la Cruz (13), y cómo con martillo (14) y clavos (15), fueron clavados sus manos y pies en ella. Les hablaron también de su Madre, la Virgen María (16) que lo había acompañado fiel hasta el final en todos sus sufrimientos, hasta que, no resistiendo más su maltratado cuerpo, entregó su alma y murió. La luna llena (6) de la Pascua judía fue testigo de la muerte del Hijo de Dios.
Les contaron cómo poco después, un soldado le atravesó el costado con una lanza (17) para comprobar si efectivamente había muerto y cómo bajaron (18) su cuerpo de la cruz para sepultarlo.
También les hablaron de cómo tres días después, Jesucristo resucitó glorioso de entre los muertos para librar a la humanidad de las llamas (19) del infierno que se había ganado al alejarse de Dios, y cómo podían ellos, los Matará (20), hacer suya esa salvación aceptando y honrando a Jesucristo como Dios y Salvador.
Cuando se produce el descubrimiento de América, han trascurrido ya varios siglos en los que Europa había vivido tiempos esplendorosos bajo el signo de la cruz. Trono y altar caminaban en una misma dirección en estrecha colaboración, no siendo fácil distinguir donde acababa uno y donde comenzaba el otro. Se trataba de un orden universal instaurado en Occidente que había de ser reconocido con el nombre de Cristiandad y que venía a ser una comunidad de fieles repartidos en una diversidad de pueblos con la misma Weltanschaung, o lo que es lo mismo, una misma concepción del mundo que le permitía vivir bajo una misma norma moral, aceptar el mismo magisterio, profesar una sola fe y un solo bautismo. Venía a ser, como se ha dicho, la expresión de una Europa cristiana o lo que es lo mismo de un cristianismo europeo. La Cristiandad llegó así a ser una construcción político-religiosa, en unos tiempos en los que Dios era reconocido como el verdadero Señor de la Historia y punto de convergencia entre política y religión, donde hubo errores sí; pero también grandes aciertos.
Impulsados por el espíritu de esta Cristiandad y no tanto por las aspiraciones expansionistas, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando se embarcaron en la gran aventura del descubrimiento de un nuevo continente. En su ánimo estuvo siempre la intención de trasplantar el cristianismo a otras culturas. El interés de Isabel por la evangelización de los indios queda patente en su testamento, donde recuerda y pide que se recuerde que el principal fin por el que les han sido concedidos los territorios del Nuevo mundo ha sido la evangelización de sus moradores. Solo bajo este supuesto puede ser entendida la presencia de España en estos territorios.
Hoy cuesta trabajo entender como el espíritu del Evangelio pudo llegar a gobernar a los estados; pero hubo un tiempo en que esto fue ciertamente así y España es un claro ejemplo de ello. El 12 de Octubre de 1492, el mismo año en que la enseña de Cristo comenzó a hondear en las almenas de Granada, era descubierto el Continente Americano para la mayor gloria de Dios. Ya sé que la leyenda negra ha ensuciado este glorioso acontecimiento; pero la verdad histórica es la que es y con todo el derecho del mundo los españoles podemos sentirnos orgullosos de un cristianismo y una cristiandad promovida por nuestra Patria en tierras americanas. Largos y dolorosos siglos de reconquista habían puesto a prueba la reciedumbre de sus soldados, de sus misioneros y de sus místicos. La cristiandad había encontrado en España el más firme valuarte y el embajador más cualificado para llevar la Buena Nueva allende los mares y esto es lo que cada 12 de Octubre conmemoramos, asociado a la festividad de la aparición de Ntra. Señora del Pilar a Santiago que nos remite a los orígenes del cristiano ibérico. Es así como la Hispanidad entera celebra unida la llegada de la fe, permaneciendo asociada al sentimiento de hispanidad la idea de catolicidad.
Más que de colonización americana habría que hablar de cristianización. Esta ha sido la altísima misión que la historia tenía reservada a España. Como bien dice el famoso historiador Caturelli: «Es evidente que aquella ‘presencia benéfica’, la más profundamente benéfica ha sido la evangelización de todo un continente por obra de los misioneros de la España Católica”. Y cuando hablamos de la España evangelizadora estamos hablando de la España trasmisora de la fe cristiana por una parte y por otra de la forjadora de una nueva y fructífera cristiandad. De la instrucción cristiana se encargaron una legión de misioneros que atravesando mares, montañas, selvas, desiertos, ríos y llanuras llegaban a las tribus alejadas y allí pacientemente se acomodaban a sus usos y costumbres, aprendían su lengua o dialecto, para poderles trasmitirles el mensaje evangélico, administrarles los sacramentos, proporcionarles todo tipo de ayudas espirituales y si el caso lo requería hacer causa común con ellos, defendiéndoles incluso de los colonos desalmados que pretendían esclavizarlos. Misión cristianizadora y humanitaria la suya que casi siempre encontró respaldo, dicho sea de paso, en la Corona de España.
Poco a poco y con el paso del tiempo se fueron creando las condiciones necesarias para establecer una interrelación cada vez más estrecha que acabaría por compartir no solo formas de vivir , sino también de pensar, de actuar y de sentir, inspiradas en el espíritu cristiano. Era el comienzo de una nueva era, una prolongación de la vieja cristiandad europea, que estuvo auspiciada por los Reyes Católicos, el cardenal Cisneros y los mejores Austrias. La gran familia Iberoamericana aprendió a hablar y a rezar en un mismo idioma, su política estaba impregnada de un mismo espíritu cristiano, la sociedad acogía el magisterio de la Iglesia Católica, plasmado en las Leyes de Burgos 1512 que surgen como respuesta al sermón de Montesinos, donde se insiste en el compromiso evangelizador de la Corona. Posteriormente, en la misma dirección vendría las leyes de Indias en el 1542 que fueron obra de teólogos y juristas. De este modo, Instituciones, cultura, arte, educación acabaron hundiendo sus raíces en la sabiduría cristiana. El proyecto de vida abierto a la trascendencia llegó a ser compartido por la casi totalidad de las capas sociales tanto en la Península como en el Continente, si bien, como es natural, las culturas precolombinas de los aztecas y los incas seguían ahí y ello hacía que hubiera indios que no lograron desasirse totalmente de algún tipo influencias ancestrales o adherencias mitológicas. Aún así, se vivía bajo la presencia de Dios dueño del destino universal de los hombres y de los pueblos, pudiéndose decir que durante el periodo del Renacimiento y la Ilustración cuando la Cristiandad Europea daba muestras de agotamiento, en la Comunidad Iberoamericana el espíritu cristiano seguía siendo el alma del estado.
El alumbramiento de esta nueva cristiandad en el Nuevo Mundo fue sin duda, la gesta incomparable de la España católica, digna de ser emulada. Pienso que, en los tiempos que corren, no viene mal recordar estas cosas a los hombres y mujeres de esta nuestra sociedad un tanto desmemorizados que miran con desdén la presencia religiosa en la vida pública y que se escandalizan del pensamiento cristiano, de la cultura cristiana, de la política cristiana, de la moral cristiana.