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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

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1 de junio de 2013

«HACED ESTO EN MEMORIA MÍA». POR EL PREDICADOR OFICIAL DEL VATICANO, EL PADRE FRANCISCANO RANIERO CANTALAMESSA

"La Eucaristía tiene algo que la distingue de cualquier otro memorial. Es memoria y presencia a la vez, y presencia real, no sólo intencional; hace a la persona realmente presente, aunque esté oculta bajo los signos del pan y del vino"
En la segunda lectura de esta solemnidad, San Pablo nos presenta el relato más antiguo de la institución de la Eucaristía, escrito no más de veinte años después del acontecimiento. Procuremos descubrir algo nuevo del misterio eucarístico, sirviéndonos del concepto de memoria: 
«Haced esto en memoria mía». 
La memoria es una de las facultades más misteriosas y grandiosas del espíritu humano. 
Todas las cosas vistas, oídas, pensadas y realizadas desde la primera infancia se conservan en este seno inmenso, dispuestas a despertarse y saltar a la luz a un reclamo exterior o de nuestra propia voluntad. 
Sin memoria dejaríamos de ser nosotros mismos, perderíamos nuestra identidad. Quién se ve golpeado por la amnesia total, vaga perdido por las calles, sin saber cómo se llama ni dónde vive. 

El recuerdo, al asomarse a la mente, tiene el poder de catalizar todo nuestro mundo interior y encaminarlo hacia su objeto, especialmente si no se trata de una cosa o un hecho, sino de una persona viva. 
Cuando una madre se acuerda del hijo que ha dado a luz pocos días atrás y ha dejado en casa, todo en su interior vuela hacia su criatura, un ímpetu de ternura sale de las entrañas maternas y vela tal vez los ojos de llanto. 

No sólo el individuo, sino también el grupo humano –familia, clan, tribu, nación- tiene su memoria. 
La riqueza de un pueblo no se mide tanto por las reservas de oro que conserva en su cámara acorazada, sino por la memoria que conserva en su conciencia colectiva. 
Precisamente compartir los mismos recuerdos es lo que cementa la unidad del grupo. Para conservar vivos tales recuerdos, se vinculan a un lugar o a una fiesta. 
Los americanos tienen el Memorial Day (el Día de la Memoria ), jornada en que recuerdan a los caídos de todas las guerras; los indios, el Ghandi memorial , un parque verde en Nueva Delhi que debe recordar a la nación lo que él fue e hizo por ella. También los italianos tenemos nuestros memoriales: las fiestas civiles recuerdan los eventos más importantes de nuestra historia reciente y a nuestros hombres más ilustres se han dedicado calles, plazas, aeropuertos... 
Este riquísimo trasfondo humano acerca de la memoria nos debería ayudar a entender mejor qué es la Eucaristía para el pueblo cristiano. 
Es un memorial porque recuerda el acontecimiento al que ya toda la humanidad debe su existencia, como humanidad redimida: la muerte del Señor. 
Pero la Eucaristía tiene algo que la distingue de cualquier otro memorial. 
Es memoria y presencia a la vez, y presencia real, no sólo intencional; hace a la persona realmente presente, aunque esté oculta bajo los signos del pan y del vino. 
El Memorial Day no puede hacer que los caídos vuelvan a la vida, el Ghandi memorial no puede lograr que Ghandi viva. 
Esto en cambio lo realiza, según la fe de los cristianos, el memorial eucarístico respecto a Cristo. 
Sin embargo, además de todas las cosas bellas que hemos mencionado de la memoria, debemos aludir también a un peligro innato en ella. 
La memoria se puede transformar fácilmente en estéril y paralizadora nostalgia. 
Esto sucede cuando la persona se hace prisionera de los propios recuerdos y acaba por vivir en el pasado. 
El memorial eucarístico no pertenece en verdad a este tipo de recuerdos. Al contrario: nos proyecta hacia delante; después de la consagración, el pueblo aclama: 
«Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven Señor Jesús!» (en otras versiones, «Anunciamos tu muerte, Señor. Proclamamos tu resurrección. En la espera de tu venida». Ndr). 
Una antífona atribuida a Santo Tomás de Aquino ( O sacrum convivium ) define la Eucaristía como el sagrado convite en el que 
«se recibe a Cristo, se celebra la memoria de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura»
La Santa Misa
San Josemaría habla sobre la presencia de Cristo vivo en el Pan y el Vino consagrados. "Señor: sé que vives, que estás ahí escondido por Amor" (1'18'')


http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=29489

7 de marzo de 2013

LA EUCARISTÍA. HISTORIA DEL CULTO EUCARÍSTICO FUERA DE LA SANTA MISA. POR EL PADRE ANGEL M. ROJAS, S.J.

http://www.youtube.com/watch?v=Xd5LdP-N5PU&feature=youtu.be
"Es importante conversar con Cristo: inclinados sobre el pecho de Jesús,como el discípulo amado,puede tocarnos el amor infinito de su Corazón!"
 Beato Juan Pablo II 
"Hoy vemos como algo normal el culto a la Eucaristía.Pero no siempre ha sido así, se ha conseguido a costa de grandes batallas en el campo de la fe.

4 de marzo de 2013

LA COMUNIÓN ESPIRITUAL

A veces nos encontramos ante el Señor sacramentado y pasamos momentos de aridez, sin percibir su voz ni llegar a decirle nada. ¿Qué hacer? He aquí una manera excelente de ocupar parte del tiempo en las visitas al Santísimo: hacer una comunión espiritual.

Llamamos comunión sacramental el recibir el cuerpo de Cristo bajo las especies eucarísticas en la Misa o fuera de ella. Es este un momento inefable de unión e intimidad con Dios, por cierto el momento (o el acontecimiento) más importante del día o de la semana.



Pero resulta que además podemos encontrarnos con Nuestro Señor haciendo una comunión espiritual que podrá tener tanto o hasta mayor fruto que la misma comunión eucarística, dependiendo del fervor con que uno se empeñe y de la liberalidad de Dios.

La comunión sacramental se puede recibir hasta dos veces por día, si la segunda vez que comulgo lo hago participando de una Misa, según estipula el Código de Derecho Canónico, canon 917.

En cambio, la comunión espiritual puedo hacerla en todo momento, en cualquier lugar, tantas veces cuantas quiera.

¿En qué consiste la comunión espiritual?
San Alfonso María de Ligorio nos lo explica muy claramente: "consiste en el deseo de recibir a Jesús Sacramentado y en darle un amoroso abrazo, como si ya lo hubiéramos recibido".

Esta devoción es mucho más provechosa de lo que se piensa y muy fácil de realizar. Hay fórmulas que nos ayudan a hacerla como, por ejemplo ésta, que es de la pluma del mismo santo:

"Oh Jesús mío, creo que estas presente en el Santísimo Sacramento, te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti, No permitas, Señor, que vuelva jamás a abandonarte. Amén"

Pero cada uno pude meditar y realizar la comunión espiritual sin necesidad de acogerse a una receta específica, aunque para que sea bien hecha, se recomienda que se haga:
  • un acto de fe en la Eucaristía (creo que estás presente en la Eucaristía);
  • un acto de amor (te amo sobre todas las cosas)
  • un acto de deseo (deseo recibirte en mi alma).
  • Por fin, un pedido: (ven espiritualmente a mi corazón, permanece en mí y haz que nunca te abandone).
Cuantas veces pensamos y hasta soñamos con cosas que queremos o que nos gustan. Es un imperativo de nuestro ser racional y volitivo. ¿Y cómo no vamos a tener en vista esa presencia tan benéfica que es, además, prenda de vida eterna?

Puede decirse que la comunión espiritual es un termómetro de nuestra fe y de nuestro amor a la Eucaristía. Y si no teníamos claro la factibilidad de esta práctica devocional, se comprende que no hayamos recurrido a ella; pero una vez que hemos comprendido cuán beneficiosa es para el alma, no tenemos más que hacerla parte de nuestros hábitos cotidianos.

Dice Jesús en el Evangelio que es preciso "orar en todo tiempo y no desfallecer" (Lc. 18, 1). La comunión espiritual es una forma excelente de oración que está siempre a nuestro alcance.

"Ecclesia de Eucharistía" es el título de una encíclica del beato Juan Pablo II. "La Iglesia vive de la Eucaristía" y sin ella no puede existir. De forma real o virtual, debemos comulgar siempre con el Señor. La Eucaristía fue hecha para los cristianos y los cristianos para la Eucaristía.

Un pagano como el centurión romano (Mt. 8, 5-17) vivió la experiencia de la comunión espiritual cuando dijo: 
"Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa pero decid una sola palabra...". 
La comunión con el Mesías, a través de un acto de fe, de esperanza y de amor, obtuvo su conversión y la cura de su siervo.
Creer, desear y adorar... ¡ya es comulgar!
Por el P. Rafael Ibarguren EP
Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/40906-La-Comunion-Espiritual#ixzz2McvSM3XASe autoriza su publicación desde que cite la fuente. 
San JOSEMARÍA ESCRIVA DE BALAGUER Fundador del OPUS DEI
 

Comunión Espiritual que enseñó San JOSEMARÍA ESCRIVA

COMUNIÓN EUCARÍSTICA Y ESPIRITUAL

Lo que para muchas personas…, ahora les resulta normal, como es oír misa todos días del año y comulgar diariamente, esto no era posible, años atrás. 
La antigua posición de muchos clérigos y teólogos, sobre este tema, giraba en torno a la idea, de que un abuso continuo de la comunión eucarística podía llevar a los fieles a perder la conciencia de la importancia, que nos debe de representar a todos, la presencia sacramental del Señor. 

A principios del pasado siglo, concretamente, por medio del decreto Sacra tridentina synodus, publicado en 1905 por la Congregación del concilio con la aprobación de San Pío X, este santo papa, resumió admirablemente la enseñanza revelada, en una presentación sintética que conviene citar. 
Evocando el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida, el texto nos dice: “Mediante esta comparación (Jn 6,59) con el pan y el maná, los discípulos podían comprender fácilmente que, siendo el pan el alimento cotidiano del cuerpo y que habiendo sido el maná el alimento cotidiano de los Hebreos en el desierto, de la misma manera, el alma cristiana podría nutrirse cada día del pan celestial. 
Además, cuando Jesucristo nos manda pedir en la oración dominical nuestro pan de cada día, hay que entender esto, como casi todos los Padres de la Iglesia lo enseñan, no tanto el pan material, alimento del cuerpo, cuanto el pan eucarístico que debe ser consumido cada día”. 
Este texto nos pone de relieve, de manera muy clara, cómo las escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, y luego los Padres de la Iglesia, mencionemos aquí a San Cipriano, San Basilio, San Ambrosio y San Agustín, convergen para indicar que la voluntad divina, es la de que: el pan eucarístico sea comido cada día por los miembros de la Iglesia de Cristo. Así San Agustín, en su Sermón 56, nos dice que: El cuerpo de Cristo y su Palabra constituyen un pan de Vida comido en la fe; la Palabra hace conocer la Eucaristía e inflama de amor hacia ella. Ambas son, conjuntamente, el pan del alma, ese pan que reciben los únicos hijos de Dios, mientras que el pan material, alimento del cuerpo mortal. 

En San Agustín, como en los Padres en general, el simbolismo eucarístico del pan cotidiano no es el único: 
"La misma Iglesia, que recomienda la comunión cotidiana del cuerpo de Cristo, aconseja también la audición o la lectura cotidiana de su Palabra, ofrecida precisamente como alimento en la liturgia eucarística”. 
Y sobre estas palabras de San Agustín, más tarde San Pío X, aclararía que no existe para el cristiano un deber de recibir diariamente el pan eucarístico, porque ello no corresponde a un precepto divino sino solamente a tener un ardiente deseo de Cristo y de su Iglesia del que ya estaba consciente la comunidad de Hipona a fines del siglo IV y principios del siglo V gracias a la palabra de San Agustín. 

Es decir, San Pío X claramente nos dice que no existe una obligación de comulgar diariamente, aunque si existe la de rezar. Nuestro Señor, más de una vez y en distintos momentos y con distintas palabras nos dejó dicho: “…, conviene orar perseverantemente y no desfallecer”. (Lc 18,1). “Vigilad y orar para que no caigáis en tentación”. (Mt 26,41). 
Y San Pablo también nos decía: "Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros”. (1Ts. 5,17-18). 
Existen dos formas de tomar la comunión: 
  • La eucarística 
  • La espiritual. 
La comunión espiritual, a juicio de algunos autores católicos como Ronald Knox, su valor es muy semejante al de la comunión eucarística y así escribe diciendo: “Nosotros sabemos que una comunión espiritual hecha sinceramente puede producir los mismos efectos que la comunión sacramental”. En todo caso, hay que considerar, que tanto en una como en otra clase de comunión, su valor al alma que lo recibe está en función de su deseo de amor al Señor y su entrega a Él. Royo Marín escribía: “Una sola comunión recibida con gran fervor bastaría, sin duda alguna, para elevar a un alma a la más encumbrada santidad”. La diferencia fundamental entre las dos clases de comuniones, radica en que solo en la comunión eucarística además de recibir el espíritu divino, también recibimos el cuerpo y la sangre del Señor, pues aunque solo tomemos el pan también tomamos la sangre. En la consagración de pan, se hacen también presentes, la sangre, alma, y divinidad de Cristo. Y lo mismo ocurre con la consagración de la sangre de Nuestro Señor. La doctrina explica porque el Cristo completo está presente bajo cada especie Eucarística. Cristo es indivisible; Su Cuerpo es inseparable de Su Sangre, de Su Alma humana, Su Naturaleza Divina y Su Persona Divina. De esta verdad se deduce que Jesús está enteramente presente en la Eucaristía. 

La Comunión espiritual es una oración con la que el fiel católico expresa el deseo de recibir a Jesucristo en la Eucaristía sin efectuar materialmente la comunión sacramental, es decir, sin recibir la forma consagrada. Se utiliza sobre todo como una preparación para la Santa Misa o en los casos en los que es imposible acudir a ella. La comunión espiritual, tiene su origen natural en el vehemente deseo de las almas de recibir al Señor eucarísticamente y no ser esto posible, en momento o circunstancia dada. 
En cuanto a su origen histórico, la comunión espiritual es muy anterior al Concilio de Trento en el cual ya se hizo referencia a ella alabándola y exhorta a los fieles a practicarla. 

Para Santo Tomás de Aquino, “La comunión espiritual consiste, en un deseo ardiente de recibir a Nuestro Señor Jesucristo sacramentalmente y en amoroso abrazo, como si se lo hubiera ya recibido.” El efecto o las consecuencias de recibir la comunión espiritual, pueden ser para el alma las mismas que la recepción eucarística, salvo lógicamente la no recpeción del cuerpo del Señor, solo recibiremos el Espíritu pero no el cuerpo material del Señor. 

Según la doctrina católica, las comuniones espirituales deben siempre tener la comunión eucarística como meta. Para Juan Pablo II. 
“La práctica de este deseo constante de Jesús en la Eucaristía tiene su raíz en la perfección última de la comunión eucarística, que es el fin último de todo deseo humano”. La comunión espiritual puede repetirse muchas veces al día. Puede hacerse en la iglesia o fuera de ella, a cualquier hora del día o de la noche, antes o después de las comidas. La comunión Espiritual no es primordialmente una sustitución de la comunión eucarística, sino más bien anticipación y extensión de sus frutos. 
Un acto de comunión espiritual, expresado mediante cualquier fórmula devota, es recompensado con una indulgencia parcial.
"¡Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual! Practícala frecuentemente y tendrás más presencia de Dios y más unión con Él en las obras". 

Por el deseo sincero de recibirlo, el Señor, se te confiere la gracia. Él lo da todo por las almas que tanto ama. Basta con que estas lo deseen. Su Misericordia no tiene límites. Durante la misa y con anterioridad al momento de comulgar eucarísticamente, podemos recibirlo espiritualmente. 
El Señor sabe encender nuestros corazones y siembra en nuestras almas el deseo fervoroso de recibirlo... ¡dulce huésped del alma! Las oraciones que podemos emplear en la comunión espiritual, son muy variadas y todas ellas son válidas pues lo importante es expresarle á Él el deseo de amor que nos embarga. 

San Josemaría Escrivá aprendió de niño de un padre escolapio, la siguiente fórmula: 
“Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los Santos”. 
San Maximiliano Kolbe, además de recibir la Eucaristía, hacía visitas frecuentes al Santísimo Sacramento: hasta diez veces al día. Esto no fue suficiente para él. Y, siguiendo a San Francisco de Sales, decidió hacer Comuniones Espirituales cada 15 minutos. A veces, dice San Maximiliano, la Comunión espiritual puede traer las mismas gracias que la sacramental. 

San Alfonso María de Ligorio, su fórmula decía así: “Creo, Jesús mío, que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo recibiros en mi alma. Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón. (Pausa en silencio para adoración) Como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno todo a Vos. No permitáis, Señor, que jamás me separe de Vos. Amén.” ...
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=27595

13 de febrero de 2013

LA EUCARISTÍA NO ES UN SÍMBOLO

Jesucristo dijo en la Cena del Jueves Santo:
"Tomad y comed todos de Él, porque esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros"
Son las mismas palabras que el sacerdote dice en la consagración dentro de la Santa Misa, por medio de las cuales se obra el milagro de la transubstanciación (el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre de Cristo, aunque se conserven los accidentes (color, sabor...)
Decir que la Eucaristía es un símbolo es una herejía que ha hecho y sigue haciendo mucho daño en las conciencias.
Ahora que va a comenzar la Cuaresma, hemos de reflexionar sobre el Sacramento de nuestra fe, el Amor de los Amores que baja del Cielo a la tierra cada vez que se celebra la Santa Misa. Dar gracias a Dios por su infinito Amor, y estar vigilantes ante las herejías que pueden pervertir nuestra vida cristiana.
Algunos teólogos, desde la segunda mitad del siglo XX, con sensible influencia protestante, enseñan que la Eucaristía NO es presencia REAL de Cristo, sino solo un símbolo de esa presencia. Y no pocos católicos siguen esta herejía apoyándose en una supuesta fidelidad a la Biblia. Cuando precisamente en la Biblia, Palabra de Dios,
Jesucristo expresa con claridad que es SU CUERPO y no dice "un signo o símbolo de mi cuerpo".
Quien crea que la Eucaristía es un símbolo peca gravemente contra el segundo mandamiento de la ley de Dios, pues se atreve a contradecir las mismas palabras de Jesucristo.
Consecuencias fatales de la extensión de esta herejía son las siguientes:
  • Se acude a Misa sólo cuando se siente la necesidad de ir, y no se tiene en cuenta el sentimiento de Cristo que nos espera cada domingo, o sea, consideramos solo nuestro sentir y no el sentir de Dios
  • Se olvida que es pecado mortal no acudir a Misa en domingo o precepto 
  • Se comulga tras haber faltado a Misa en día de precepto, sin tener conciencia de pecado o necesidad de confesarse
  • Se cree que hay que comulgar siempre que se va a Misa, olvidando que quien comulga indebidamente consume su propia condenación, en palabras del mismo San Pablo
  • Tras comulgar, no hay acción de gracias íntima y personal. Muchos comulgan y al volver al asiento se dedican a charlar o distraerse, ya que viven la comunión como algo simbólico y sociológico
  • Se acude a Misa de forma extraordinaria (Entierros, Bodas, Cultos de Hermandades) y se comulga sin haber ido a Misa los domingos
  • Se desprecia la enseñanza de la Iglesia con la excusa de "actuar en conciencia". Y se olvida que es la Iglesia quien debe formar las conciencias para que, una vez formada, se puede actuar en conciencia desde la verdad
  • Algunas personas va a comulgar para ser vistos por los demás, reduciendo la comunión a un mero acto social

Todas esas consecuencias descritas tienen una causa común: creer que la Eucaristía es un símbolo.
Esta herejía ha causado y sigue causando que se comentan muchísimos sacrilegios que dañan profundamente a la Iglesia
y llevan a las almas a la perdición definitiva de Dios. 
Es por eso por lo que debemos revitalizar una catequesis realmente Católica sobre la presencia Real (en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad) de Cristo en la Eucaristía.
JORGE LORING, S.I.
COMUNIDAD DE JESUITAS
Plaza del Ave María, 3 
11500 – EL PUERTO DE SANTA MARIA - 
CADIZ – ESPAÑA

11 de febrero de 2013

EUCARISTÍA: MISTERIO Y REALIDAD

La Eucaristía es un misterio inefable. Es propiamente "el misterio de nuestra fe" como dice la aclamación litúrgica de la Misa. Junto con la Trinidad y con la Encarnación, es de los principales misterios de nuestra religión y tiene una característica muy peculiar: es un misterio próximo, palpable, casi familiar. 




Es misterio, sí, pero al mismo tiempo tiene una luminosidad y un atractivo que no se amolda al concepto que todos nos hacemos de lo que sea un misterio. Un misterio es algo que no se puede explicar, que no se comprende y que no se termina de descubrir. Ahora, resulta que la Eucaristía se explica y se comprende plenamente a la luz del amor infinito de Dios. No solo se comprende así, sino que solo así se comprende. Y se descubre, bajo los velos de las sagradas especies, en ese signo y presencia que nunca falta en nuestras iglesias: la blanca hostia consagrada. 

Si la Eucaristía fuese un invento humano o, inclusive, una creación magisterial de la Iglesia -y no, como lo es, una institución del propio Jesús- no tendría esa fuerza y esa dulzura que congrega a las multitudes como un imán irresistible. 

Es que la Eucaristía es un misterio encantador y atrayente, no tiene nada que ver con los temores y las decepciones que ciertos misterios arcanos contienen. Es un misterio de amor de luz y de vida. 

Misterio, sí, pero también -y plenamente- realidad. Es presencia real, palpitante, vital. Sin ella nuestros templos serían museos, nuestro culto a Dios, un ritual folclórico, y nuestra vida interior hueca, sin esa savia edificante que en tantas ocasiones hemos experimentado. 

"Esto es mi cuerpo que será entregado", "esta es mi sangre que será derramada". El verbo "ser" es inequívoco. No es que está, ni que se representa, ni que se sugiere: "es". Realidad consoladora, ya que Jesús no solo se quedó en su Palabra, en los hermanos que se reúnen en su nombre o en tantos otros signos, sino que es y permanece en el Sacramento Eucarístico. Ecce agnus dei. 

La Iglesia vive de la Eucaristía; así tituló una de sus encíclicas el beato Juan Pablo II. El misterio Eucarístico encanta a los niños, robustece a los jóvenes, es sustento para la gente madura, es fármaco para los ancianos y viático para los moribundos. Para todos es semilla de inmortalidad y de gloria. 

Ella es uno de los siete sacramentos que son, como se sabe, vehículos de la gracia divina. Solo que la Eucaristía, además de trasmitir la gracia, contiene, es, el mismo Autor de la gracia, Jesucristo Nuestro Señor. 

Si es así, ¿cómo se puede pasar indiferente ante de ella? ¿Cómo es posible desinteresarse de una celebración eucarística? ¿Cómo llegar a adorar o a comulgar mecánicamente, solo por rutina o por obligación? Porque, en sana lógica, tanto si la Eucaristía es un misterio que se revela, cuanto si es una realidad que se experimenta, se debe ser en relación a ella consecuente como Santo Tomás que, ante las llagas y el costado abierto del Señor, fue llevado a exclamar ¡Mi Señor y mi Dios! 

Es desolador constatar el descuido con que tantos fieles se comportan en relación a la Eucaristía: omisión de la Misa dominical, abandono completo de los sagrarios, descuido de la confesión y comunión pascual que suele dejarse y postergarse a lo largo de los años... 

¡Con que ilusión un niño se prepara para recibir su primera comunión! Y con que frialdad renuncia progresivamente, siendo adulto, al amor a la Eucaristía, pudiendo llegar hasta profanarla sin escrúpulos. Lamentablemente, eso se da. ¡He ahí un grave signo de los tiempos que debería hacernos reflexionar! 

Los vientos de la civilización posmoderna soplan en el sentido de una ciencia sin fe, aséptica, o de un misticismo enfermizo que puede llevar hasta el mismo satanismo. Esos polos aparentemente opuestos son disputados por los oscilantes espíritus contemporáneos. 

En nuestra Iglesia, en cambio, el culto que damos a Dios es tan grandioso y lleno de significado, que cosas que pueden parecer incompatibles, como lo son el misterio y la realidad, se armonizan y conviven sin dificultad. 

¡Jesús Eucarístico: misterio inmenso y realidad segura! 


Por el P. Rafael Ibarguren EP
Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/44049#ixzz2KaQ3n4Sh
Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.

30 de diciembre de 2012

QUIENES NECESITAN COMULGAR. COMULGAR FRECUENTEMENTE

San Francisco de Sales nos responde...
"Las clases de gente que necesitan comulgar a menudo son: 
  • Los perfectos, porque no deben alejarse de Aquel que es fuente y manantial de su perfección y los imperfectos, para que puedan aspirar a la perfección; 
  • Los fuertes para no debilitarse y los débiles para fortalecerse; 
  • Los enfermos para sanar y 
  • los sanos para no enfermar… 
  • Y en cuanto a ti, imperfecto, débil y enfermo, debes comulgar frecuentemente para recibir a Aquél que es tu perfección, tu fuerza y tu médico.
  • Los que tienen poco trabajo, necesitan comulgar frecuentemente porque les sobra tiempo y la ociosidad es peligrosa para el espíritu, y 
  • los que están muy atareados, por la necesidad de alimento que requiere un arduo trabajo. 
  • Digan a los que les pregunten, que comulgan a menudo para aprender a hacerlo bien, porque es imposible hacer algo bien si no se practica con mucha frecuencia.
Comulguen a menudo, lo más a menudo que puedan. 

Creedme, si las liebres en las montañas se vuelven blancas en invierno de tanto ver la nieve, así ustedes también, de adorar y comer la misma hermosura, bondad y pureza en este divino Sacramento, llegarán a ser hermosura, bondad y pureza.

QUE MI ALMA SE ENAMORE DE TÍ, JESÚS EUCARISTÍA

6 de diciembre de 2012

PORQUÉ COMULGAR FRECUENTEMENTE?

¿QUIÉNES NECESITAN COMULGAR? 


San Francisco de Sales nos responde..."Las clases de gente que necesitan comulgar a menudo son: 


  • Los perfectos, porque no deben alejarse de Aquel que es fuente y manantial de su perfección y los imperfectos, para que puedan aspirar a la perfección; 
  • Los fuertes para no debilitarse y los débiles para fortalecerse; 
  • Los enfermos para sanar y los sanos para no enfermar… 
  • Y en cuanto a ti, imperfecto, débil y enfermo, debes comulgar frecuentemente para recibir a Aquél que es tu perfección, tu fuerza y tu médico.

Los que tienen poco trabajo, necesitan comulgar frecuentemente porque les sobra tiempo y la ociosidad es peligrosa para el espíritu, y los que están muy atareados, por la necesidad de alimento que requiere un arduo trabajo. 


Digan a los que les pregunten, que comulgan a menudo para aprender a hacerlo bien, porque es imposible hacer algo bien si no se practica con mucha frecuencia.
Comulguen a menudo, lo más a menudo que puedan. 

Creedme, si las liebres en las montañas se vuelven blancas en invierno de tanto ver la nieve, así ustedes también, de adorar y comer la misma hermosura, bondad y pureza en este divino Sacramento, llegarán a ser hermosura, bondad y pureza.»
http://graficoscatolicos.blogspot.com.ar/2012/12/quienes-necesitan-comulgar.html

19 de septiembre de 2012

EL SACRIFICIO EUCARÍSTICO

http://www.youtube.com/watch?v=YczTmeFyavs&NR=1&feature=endscreen

Charla de Antonio Orozco Delclós sobre la presencia del Sacrificio del Calvario en la Santa Misa. Puntos de apoyo: Catecismo de la Iglesia Caólica, núm. 1085 y Evangelio de Juan 8, 58: "Antes de que Abraham existiera, yo soy".

Sumario
• ¿Por qué se aburren algunos en la Santa Misa?
• ¿Qué es lo nuclear del Sacrificio Eucarístico?
• El sacerdote actúa "en la Persona de Cristo
• Conexión entre la Última Cena, el Sacrificio de la Cruz y la San Misa
• El número 1085 del Catecismo de la Iglesia Católica
• Los actos del hombre Jesucristo son actos de su Persona, que es el Verbo
• El Verbo, de algún modo, "eterniza" los acto de Jesucristo en el tiempo.
• Su muerte y resurrección, todo lo que es e hizo Jesucristo en el tiempo no puede quedar en el pasado, sino que participa de la eternidad divina.
• Los actos que componen el Misterio Pascual se hacen presentes sobre el altar cuantas veces se celebra la Santa Misa.
• No deben despistarnos las imperfecciones que los hombres ponemos al celebrar la Misa.

Notas a pie de vídeo:

Punto 1085 del Catecismo de la Iglesia Católica: En la Liturgia de la Iglesia, Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual. Durante su vida terrestre Jesús anunciaba con su enseñanza y anticipaba con sus actos el misterio pascual. Cuando llegó su Hora (cf Jn 13,1; 17,1), vivió el único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado, resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre "una vez por todas" (Rm 6,10; Hb 7,27; 9,12). Es un acontecimiento real, sucedido en nuestra historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida.
Jn 8, 42.--Jesús les respondió: "Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado.
Jn 8, 43.--¿Por qué no reconocéis mi lenguaje?Porque no podéis escuchar mi Palabra.
Jn 8, 44.--Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre.Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.
Jn 8, 45.--Pero a mí, como os digo la verdad, no me creéis.
Jn 8, 46.--¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador?Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?
Jn 8, 47.--El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios."
Jn 8, 48.--Los judíos le respondieron: "¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que tienes un demonio?"
Jn 8, 49.--Respondió Jesús: "Yo no tengo un demonio; sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí.
Jn 8, 50.--Pero yo no busco mi gloria; ya hay quien la busca y juzga.
Jn 8, 51.--En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás."
Jn 8, 52.--Le dijeron los judíos: "Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: "Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás."
Jn 8, 53.--¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?"
Jn 8, 54.--Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: "El es nuestro Dios",
Jn 8, 55.--y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros.Pero yo le conozco, y guardo su Palabra.
Jn 8, 56.--Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró."
Jn 8, 57.--Entonces los judíos le dijeron: "¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?"
Jn 8, 58.--Jesús les respondió: "En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera,Yo Soy."
Jn 8, 59.--Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

31 de agosto de 2012

NO OLVIDES LO MÁS IMPORTANTE. JESÚS EN LA SAGRADA EUCARISTÍA



Tú estás aquí, Señor en la Sagrada Eucaristía, a dos pasos de mí, dentro de ese Tabernáculo. Tu cuerpo, tu alma, tu humanidad, tu divinidad, todo tu ser esta ahí presente con sus dos naturalezas. Dios mío, qué cerca estás de mí, Jesús, Salvados mío, Hermano, Esposo y Bien Amado de mi alma. NO estabas más cerca de la Virgen Santísima, durante los nueve meses que te llevó en su vientre, de lo que lo estás de mí cuando te recibo en la comunión. NO estabas mas cerca de la Virgen Santísima y de San José en el Pesebre o en la casa de Nazaret o durante la huída a Egipto y en todos los instantes de aquella vida de familia, de lo que estás ahora de mí, y de lo que lo estuviste tantas otras veces dentro de este sagrario. Santa Magdalena, sentada a tus pies en Betania, no estaba más cerca de ti que yo, ahora, al pie de este altar. Y tú no estabas más cerca de tus Apóstoles , cuando te sentabas en medio de ellos, de lo que lo estás ahora de mí, Dios mío. Cuánta felicidad la mía. Estar a solas contigo en mi celda y conversar contigo en el silencio de la noche, es muy grato, Señor, porque en mi celda estás presente según tu divinidad y también según tu gracia; pero quedarme en ella cuando podría estar delante del Santísimo Sacramento, es obrar como si Santa Magdalena, sabiéndote en Betania, se hubiera quedado a solas en su casa, dedicada a pensar en ti. Besar los lugares que tú santificastes en tu vida mortal, como las piedras de Getsemaní y las del monte Calvario, y el suelo del camino doloroso, y las aguas del mas de Galilea, puede ser acto de piedad, y muy dulce; pero no debe preferirse a tu Tabernáculo, porque sería abandonar a Jesús vivo, dejarlo sólo cuando puedo estar en su presencia, para ir a venerar unas piedras muertas, en las cuales no está; sería dejar su habitación y su divina compañía para ir a besar el suelo de un aposento que alguna vez ocupó, pero que ya no habita. Dejar el tabernáculo para ir a venerar estatuas, es dejar la compañía de Jesús vivo para ir a otro lugar a reverenciar su retrato. ¿Qué tiempo estima mejor empleado aquel que ama, sino el tiempo que pasa junto al objeto de su amor? A menos que la voluntad o el bien del amado no requieran su alejamiento.

Allí donde esté la Sagrada Hostia, allí está Dios vivo, allí está tu Salvador con la misma realidad con que vivió y habló en Galilea y en Judea, con la misma realidad con que está ahora en el Cielo. No pierdas nunca por culpa tuya una sola comunión: una comunión es más que la vida, más que todos los bienes del mundo, más que todo el universo, es Dios mismo, soy Yo, Jesús. ¿Hay algo que pueda preferirse a mi Persona? Por muy poco que me ames, ¿te atreverías a perder voluntariamente la gracia que te ofrezco de entrar así en tu interior? Ámame con toda la amplitud de tu corazón y con toda sencillez.
Para leer más (online)
:

http://books.google.com.ar/books?id=7o4aHpdYAvEC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false

Además de la comunión sacramental diaria es muy importante hacer muchas comuniones espirituales, porque, habiendo comulgado sacramentalmente, ¡renuevan las gracias!

CARLOS DE FOUCAULD (Hermano Carlos de Jesús) nace en Francia, en Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana Maria, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar.

Adolescente, pierde la fe. Conocido por su gusto de la vida fácil él revela, no obstante una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883- 1884). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca ».

Regresando a Francia, le emociona mucho la acogida discreta y cariñosa de su familia profundamente cristiana, y comienza una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el Padre Huvelin, él encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para El».

Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero N.S. de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.

Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados».Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro...”?».

En el atardecer del 1° de Diciembre 1916, fue matado por una banda que rodeó la casa.
Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varia reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.
Fuente: www.IESVS.org

30 de julio de 2012

EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA


(Tomado del Compendio del Catecismo de La Iglesia Católica)
¿Qué es la Eucaristía?

La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna.

¿Cuándo instituyó Jesucristo la Eucaristía?
Jesucristo instituyó la Eucaristía el Jueves Santo, «la noche en que fue entregado» (1 Co 11, 23), mientras celebraba con sus Apóstoles la Última Cena.

¿Cómo instituyó la Eucaristía?
Después de reunirse con los Apóstoles en el Cenáculo, Jesús tomó en sus manos el pan, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros». Después tomó en sus manos el cáliz con el vino y les dijo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía».

¿Qué representa la Eucaristía en la vida de la Iglesia?
La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna.

¿Qué nombres recibe este sacramento?
La inagotable riqueza de este sacramento se expresa con diversos nombres, que evocan sus aspectos particulares. Los más comunes son: Eucaristía, Santa Misa, Cena del Señor, Fracción del Pan, Celebración Eucarística, Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, Santo Sacrificio, Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios, Santísimo Sacramento del Altar, Sagrada Comunión.

¿Qué lugar ocupa la Eucaristía en el designio divino de salvación?
En la Antigua Alianza, la Eucaristía fue anunciada sobre todo en la cena pascual, celebrada cada año por los judíos con panes ázimos, como recuerdo de la salida apresurada y liberadora de Egipto. Jesús la anunció en sus enseñanzas y la instituyó celebrando con los Apóstoles la Última Cena durante un banquete pascual. La Iglesia, fiel al mandato del Señor: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11, 24), ha celebrado siempre la Eucaristía, especialmente el domingo, día de la resurrección de Jesús.

¿Cómo se desarrolla la celebración de la Eucaristía?
La celebración eucarística se desarrolla en dos grandes momentos, que forman un solo acto de culto: la liturgia de la Palabra, que comprende la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios; y la liturgia eucarística, que comprende la presentación del pan y del vino, la anáfora o plegaria eucarística, con las palabras de la consagración, y la comunión.

¿Quién es el ministro de la celebración de la Eucaristía?
El ministro de la celebración de la Eucaristía es el sacerdote (obispo o presbítero), válidamente ordenado, que actúa en la persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia.

¿Cuáles son los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía?
Los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía son el pan de trigo y el vino de vid.

¿En qué sentido la Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo?
La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por todas, sobre la cruz en favor de la humanidad. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las mismas palabras de la institución: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros» y «Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre, que se derrama por vosotros» (Lc 22, 19-20). El sacrificio de la cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el oferente, y sólo es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz, incruenta en la Eucaristía.
¿De qué modo la Iglesia participa del Sacrificio eucarístico?
En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo.

¿Cómo está Jesucristo presente en la Eucaristía?
Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino.

¿Qué significa transubstanciación?
Transubstanciación significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, esto es las «especies eucarísticas».

La fracción del pan, ¿divide a Cristo?
La fracción del pan no divide a Cristo: Él está presente todo e íntegro en cada especie eucarística y en cada una de sus partes.

¿Cuánto dura la presencia eucarística de Cristo?
La presencia eucarística de Cristo continúa mientras subsistan las especies eucarísticas.

¿Qué tipo de culto se debe rendir al sacramento de la Eucaristía?
Al sacramento de la Eucaristía se le debe rendir el culto de latría, es decir la adoración reservada a Dios, tanto durante la celebración eucarística, como fuera de ella. La Iglesia, en efecto, conserva con la máxima diligencia las Hostias consagradas, las lleva a los enfermos y a otras personas imposibilitadas de participar en la Santa Misa, las presenta a la solemne adoración de los fieles, las lleva en procesión e invita a la frecuente visita y adoración del Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario.

¿Por qué la Eucaristía es el banquete pascual?
La Eucaristía es el banquete pascual porque Cristo, realizando sacramentalmente su Pascua, nos entrega su Cuerpo y su Sangre, ofrecidos como comida y bebida, y nos une con Él y entre nosotros en su sacrificio.

¿Qué significa el altar?
El altar es el símbolo de Cristo mismo, presente como víctima sacrificial (altar-sacrificio de la Cruz), y como alimento celestial que se nos da a nosotros (altar-mesa eucarística).

¿Cuándo obliga la Iglesia a participar de la Santa Misa?
La Iglesia establece que los fieles tienen obligación de participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto, y recomienda que se participe también en los demás días.

¿Cuándo se debe recibir la sagrada Comunión?
La Iglesia recomienda a los fieles que participan de la Santa Misa recibir también, con las debidas disposiciones, la sagrada Comunión, estableciendo la obligación de hacerlo al menos en Pascua.

¿Qué se requiere para recibir la sagrada Comunión?
Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de respeto a Cristo.

¿Cuáles son los frutos de la sagrada Comunión?
La sagrada Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia, conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmación y nos hace crecer en el amor al prójimo. Fortaleciéndonos en la caridad, nos perdona los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales para el futuro.

¿Cuándo se puede administrar la sagrada Comunión a los otros cristianos?
Los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica, siempre que éstos lo soliciten espontáneamente y tengan las debidas disposiciones.
Asimismo, los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de otras comunidades eclesiales que, en presencia de una grave necesidad, la pidan espontáneamente, estén bien dispuestos y manifiesten la fe católica respecto al sacramento.

¿Por qué se dice que la Eucaristía es «prenda de la gloria futura»?
La Eucaristía es prenda de la gloria futura porque nos colma de toda gracia y bendición del cielo, nos fortalece en la peregrinación de nuestra vida terrena y nos hace desear la vida eterna, uniéndonos a Cristo, sentado a la derecha del Padre, a la Iglesia del cielo, a la Santísima Virgen y a todos los santos.

«En la Eucaristía, nosotros partimos "un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto no para morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre"» (San Ignacio de Antioquía).
http://diaconoluisbreatorrens.blogspot.com.ar/2010/06/el-sacramento-de-la-eucaristia.html

8 de julio de 2012

ADORO TE DEVOTE

Adoro te devote, latens Deitas,
Quæ sub his figuris vere latitas;
Tibi se cor meum totum subjicit,
Quia te contemplans totum deficit.

Visus, tactus, gustus in te fallitur,
Sed auditu solo tuto creditur.
Credo quidquid dixit Dei Filius;
Nil hoc verbo veritátis verius.

Jesu, quem velatum nunc aspicio,
Oro, fiat illud quod tam sitio:
Ut te revelata cernens facie,
Visu sim beátus tuæ gloriæ.
Amen

ADORO TE DEVOTE
Te adoro con devoción, Dios
escondido, oculto verdaderamente
bajo estas apariencias. A Ti se somete
mi corazón por completo, y se rinde
totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista,
el tacto, el gusto; pero basta el
oído para creer con firmeza; creo
todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta
Palabra de verdad.

Jesús, a quien ahora veo oculto,
te ruego, que se cumpla lo que tanto
ansío: que al mirar tu rostro cara a cara,
sea yo feliz viendo tu gloria.
Amén.

10 de junio de 2012

CUERPO DE CRISTO


El Evangelio de San Juan, escrito por aquel que fuera el discípulo, seguramente, más querido por Jesucristo, recoge, en un momento determinado del mismo (6, 56-57) lo que es esencial para nuestra fe. Dice, poniendo en boca de Cristo, que “Mi carne es verdadera comida, y mi Sangre verdadera bebida; el que come mi Carne, y bebe mi Sangre, en Mí mora, y Yo en él.” Y nos muestra el significado exacto de lo que podemos entender como Cuerpo de Cristo y, sobre todo, lo que significa para los que creemos en Jesucristo, Hijo de Dios y hermano nuestro.

La fiesta del Corpus Christi se empezó a celebrar allá por el año 1246 en la ciudad de Lieja (Bélgica). Pero su extensión se produjo cuando el Papa Urbano IV publicó la bula “Transiturus” a través de la cual se estableció la celebración de tal festividad. Con la misma recordamos y celebramos la proclamación de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.

Al respecto del Corpus, dijo Benedicto XVI en la Homilía de la Santa Misa de la celebración del tal día en 2011 que

“’Todo parte, se podría decir, del corazón de Cristo, que en la Última Cena, en la víspera de su pasión, dio gracias y alabó a Dios y, obrando así, con el poder de su amor, transformó el sentido de la muerte hacia la cual se dirigía. El hecho de que el Sacramento del altar haya asumido el nombre de ‘Eucaristía’ —‘acción de gracias’— expresa precisamente esto: que la conversión de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo es fruto de la entrega que Cristo hizo de sí mismo, donación de un Amor más fuerte que la muerte, Amor divino que lo hizo resucitar de entre los muertos. Esta es la razón por la que la Eucaristía es alimento de vida eterna, Pan de vida. Del corazón de Cristo, de su ‘oración eucarística’ en la víspera de la pasión, brota el dinamismo que transforma la realidad en sus dimensiones cósmica, humana e histórica. Todo viene de Dios, de la omnipotencia de su Amor uno y trino, encarnada en Jesús. En este Amor está inmerso el corazón de Cristo; por esta razón él sabe dar gracias y alabar a Dios incluso ante la traición y la violencia, y de esta forma cambia las cosas, las personas y el mundo.”

Por lo tanto, el Cuerpo y la Sangre de Cristo constituyen en fuente de la vida eterna en la que beber el Agua Viva que nos lleva a ella.

Y, más adelante, en aplicación de lo que significa el Cuerpo de Cristo en nuestra vida de creyentes, dice el Santo Padre que

“Caminamos por los senderos del mundo sin espejismos, sin utopías ideológicas, llevando dentro de nosotros el Cuerpo del Señor, como la Virgen María en el misterio de la Visitación. Con la humildad de sabernos simples granos de trigo, tenemos la firma certeza de que el amor de Dios, encarnado en Cristo, es más fuerte que el mal, que la violencia y que la muerte. Sabemos que Dios prepara para todos los hombres cielos nuevos y una tierra nueva, donde reinan la paz y la justicia; y en la fe entrevemos el mundo nuevo, que es nuestra patria verdadera. También esta tarde, mientras se pone el sol sobre nuestra querida ciudad de Roma, nosotros nos ponemos en camino: con nosotros está Jesús Eucaristía, el Resucitado, que dijo: ‘Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos’ (Mt 28, 21). ¡Gracias, Señor Jesús! Gracias por tu fidelidad, que sostiene nuestra esperanza. Quédate con nosotros, porque ya es de noche. ‘Buen pastor, pan verdadero, oh Jesús, piedad de nosotros: aliméntanos, defiéndenos, llévanos a los bienes eternos en la tierra de los vivos’. Amén.”

En realidad, la Iglesia católica constituye el Cuerpo de Cristo. Pero tal cuerpo no es uno que no sea inerte sino que está vivificado por el Amor de Dios y por el de su fundador, Jesucristo. Es, somos, pues, un cuerpo vivo que nace de la voluntad de Dios de permanecer siempre con nosotros en Jesucristo, engendrado por el Creador desde la eternidad para ser hermano y para ser Él mismo hecho hombre.

Participar, pues, de ser miembro de la Iglesia católica y de constituir el Cuerpo de Cristo se ha de hacer de una forma que no sea indigna ni que pretiera lo más importante que tal pertenencia supone. Hacer lo contrario es dar pistas al Mal para que ahonde en la cizaña que, a veces, entra en la Iglesia católica como aquel humo del que habló Pablo VI.
Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.-
  http://www.analisisdigital.org/2012/06/07/cuerpo-de-cristo-2/