AQUÍ ENCONTRARÁS, ARTÍCULOS, FOTOS Y VÍDEOS SOBRE LA FE CATÓLICA APOSTÓLICA Y ROMANA, DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, COMENTARIOS DE ENCÍCLICAS, PENSAMIENTOS Y TEXTOS DE SANTOS, DIGNIDAD HUMANA, DERECHOS HUMANOS, HISTORIA, EDUCACIÓN, VIDEOS MUSICALES CLÁSICOS Y DE TODAS LAS ÉPOCAS.

"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

Mostrando las entradas con la etiqueta DIABLO DEMONIO SATANÁS LUCIFER INFIERNO. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta DIABLO DEMONIO SATANÁS LUCIFER INFIERNO. Mostrar todas las entradas

27 de abril de 2019

EL INFIERNO QUE A ALGUNOS ESPERA - P. Mario Rodolfo Bonabotta.

️
✔️Y habrán pasado los ríos abundantes de la misericordia, y seguirán pasando eternamente...pero te abrasará la sed.
Y las mandíbulas rígidas como de mármol frio, no podrán sino dejarla correr. Te abrasará la sed.

✔️Y los ojos, fuera de las órbitas, no se podrán cerrar ante las horrorosas imágenes que de tu pasado acudan, para lacerarte el alma por siempre jamás.

✔️Y pasarán los pobres ya saciados de justicia, cuyo clamor no quisiste oír. 

✔️Y los débiles, que no atinaste a sostener. 

✔️Y los pequeños, cuyas cabezas pisaste al subir. Pero ellos en su algarabía, no verán tu orilla ingrata, al borde del río continuo de la misericordia, porque habrá terminado el pasado de penas, que los que arruinaron la tierra les impusieron, para su pesar.

✔️Y pasará el cortejo de los solos que no visitaste, de los enfermos que no atendiste, de los olvidados que no recordaste, de los desnudos a los que no vestiste, de los ignorantes a los que despreciaste, de los hambrientos con los que no compartiste. 

✔️Ellos felices, con sus anhelos colmados,pero no verán tu agonía, por lo espeso del humo de las horas inútiles que quemaste, en la máquina del vicio, en el sueño perezoso y en el vino rancio de tu comodidad.

✔️Y volverás a ver los jóvenes cuerpos, los bellos rostros y las limpias miradas de los que en su inocencia asaltaste, con los negros garfios de la seducción. Y aquellos encantos, como brasas encendidas, te lacerarán los ojos, el rostro y las manos, porque no habrás olvidado el ultraje, de la inmunda baba de tu lujuria.

✔️E irán gráciles, inteligentes y alegres,los rengos y los ciegos, las feas y los tontos, los jorobados y los locos, resarcidos de sus desgracias, recompensados en sus fealdades, enriquecidos en sus miserias, que absortos en los dones de ahora, no podrán detenerse a aliviar tu condena, por lo que derrochaste en la banalidad infame de tu ligereza dañina.

✔️Y las cartas que no contestaste, y las miradas que evitaste, y los consuelos que te ahorraste y las ternuras que no diste,en el hospicio difícil de la vida en el mundo, al que te trajeron para dar frutos dulces y al que no diste sino amarguedades y nada pusiste, sino la presencia egoísta, indolente, lejana y burlona de tu figura ingrávida y de bienestares.

✔️Sin verdad, sin amor, sin pasión,a las que no te aferraste en tu fugaz pasaje, cayendo para siempre en el mundo oscuro de sombras eternas, de gélido frío, de soledad infinita.

✔️Y habrán pasado los ríos abundantes de la misericordia,y seguirán pasando eternamente...pero te abrasará la sed.

✔️Y las mandíbulas rígidas como de mármol frío, no podrán sino, dejarla correr,porque terminó el tiempo de merecer, porque te quedarás con lo que conseguiste, con tus recuerdos, con lo que elegiste y la conciencia fétida de tu querer.Y pasarán todos ellos... y con ellos, exultantes, quien salva, solemne, por enésima vez.

✔️Pero para ti, será tarde, con la conciencia fétida de tu querer. 

25 de julio de 2014

EXISTE EL DEMONIO?

Uno de los mayores triunfos del demonio ha sido hacer creer a muchos hombres que no existe. 
Parece que hablar del demonio es cosa del pasado. 
Suena a novela medieval, con brujos, calderos, pócimas y cuevas oscuras. 
Sin embargo, vemos en el mundo claramente la acción del demonio que se refleja en cosas terriblemente malas, espirituales algunas y muchas otras físicas. 
Tal vez uno de los mayores triunfos del demonio ha sido hacer creer a muchos hombres que no existe: de esta manera le dejan el camino libre para su acción al no estar atentos para detenerlo.
El Catecismo de la Iglesia Católica, hablando del pecado original nos recuerda que detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla la serpiente, una voz seductora, opuesta a Dios que, por envidia, los hace caer en la muerte. 
Caída del Hombre, pecado original y expulsión del Paraíso
(Peccato originale e cacciata dal Paradiso terrestre) - Miguel Ángel, 1509 - Capilla Sixtina, Vaticano
La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven simbolizado en la serpiente a un ángel caído, llamado Satán o diablo. 
La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios con una naturaleza buena, pero que se hizo malo por la elección libre de rechazar radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. 
Su pecado no se puede perdonar, ya que al ser un ser espiritual, sus decisiones son irrevocables. 
  • "No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte". [San Juan Damasceno]
Encontramos un reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: 
  • "Seréis como dioses" (Gn 3,5). 
  • "El diablo es "pecador desde el principio" (I Jn 3,8),
  • "Padre de la mentira". (Jn 8,44)
La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquél a quien Jesús llama 
  • "Homicida desde el principio" (Jn 8,44)
y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre. 
  • "El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo" (1 Jn 3,8). 
La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios.
El demonio ronda por todo el mundo como un animal herido, tratando de usar todo su poder angelical que recibió de Dios cuando todavía no se había alejado de Él para sembrar la mentira. 
Es hábil e inteligente, pues conoce bien a los hombres. Sabe atraerles hacia el mal, pues es la única satisfacción que encuentra en la eterna derrota de su lucha contra Dios. Ese es el demonio. Satanás. El padre de la mentira. El tentador. 
Sin embargo, el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero sólo criatura: 
  • Puede tentarnos
  • Invitarnos
  • Seducirnos
  • Pero no puede obligarnos a actuar de determinada manera. 
Su poder no es comparable con el poder infinito de Dios.
El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero 
  • "Nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman". (Rm 8,28)
Aunque Satán actúe en el mundo por odio contra Dios y su Reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños –de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física– en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del mundo. 
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, NN. 391.395
II LA CAÍDA DE LOS ÁNGELES
391 Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sb 2,24). 
La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn8,44; Ap 12,9). 
La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali ("El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos") (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS, 800).
392 La Escritura habla de un pecado de estos ángeles (2 P 2,4). Esta "caída" consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. Encontramos un reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: "Seréis como dioses" (Gn 3,5). El diablo es "pecador desde el principio" (1 Jn 3,8), "padre de la mentira" (Jn 8,44).
393 Es el carácter irrevocable de su elección, y no un defecto de la infinita misericordia divina lo que hace que el pecado de los ángeles no pueda ser perdonado. 
"No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte" (San Juan Damasceno, De fide orthodoxa, 2,4: PG 94, 877C).
394 La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama "homicida desde el principio" (Jn 8,44) y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (cf. Mt 4,1-11). "El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo" (1 Jn 3,8). 
La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios.
395 Sin embargo, el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios. Aunque Satán actúe en el mundo por odio contra Dios y su Reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños —de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física—en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del mundo. 
El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero "nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8,28).
Autor: Luis Rojas
Fuente: 
Catholic.net
http://www.pildorasdefe.net/while/sel/noticias/noticias.php?articulo=%27Realmente-existe-el-demonio%27

12 de junio de 2013

EL INFIERNO. TOMADO DE MANUAL DE TEOLOGÍA DOGMÁTICA

I. La Realidad del infierno
Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal van al infierno (de fe).
El infierno es un lugar y estado de eterna desdicha en que se hallan las almas de los réprobos. La existencia del infierno fue impugnada por diversas sectas, que suponían la total aniquilación de los impíos después de su muerte o del juicio universal. También la negaron todos los adversarios de la inmortalidad personal (materialismo).
El símbolo Quicumque confiesa: 
«Y los que (obraron) mal irán al fuego eterno»; Dz 40. 

El Papa Benedicto XII declaró en su constitución dogmática Benedictus Deus:
«Según la común ordenación de Dios, las almas de los que mueren en pecado mortal, inmediatamente después de la muerte, bajan al infierno, donde son atormentadas con suplicios infernales»; Dz 531 ; cf. Dz 429, 464, 693, 835, 840.
El Antiguo Testamento no habla con claridad sobre el castigo de los impíos, sino en sus libros más
recientes. 
Según Dan 12, 2, los impíos resucitarán para «eterna vergüenza y oprobio». 
Según Judith 16, 20s, el Señor, el Omnipotente, tomará venganza de los enemigos de Israel y los afligirá en el día del juicio: «El Señor omnipotente los castigará en el día del juicio, dando al fuego y a los gusanos sus carnes, para que se abrasen y lo sientan para siempre»; cf. Is 66, 24. 
Según Sap 4, 19, los impíos «serán entre los muertos en el oprobio sempiterno», «serán sumergidos en el dolor y perecerá su memoria» cf. 3, 10; 6, 5 ss. 
Jesús amenaza a los pecadores con el castigo del infierno. 
Le llama gehenna (Mt 5, 29 s; 10, 28; 23, 15 y 33; Mc 9, 43, 45 y 47), gehenna de fuego (Mt 5, 22; 18, 9), gehenna donde el gusano no muere ni el fuego se extingue (Mc 9, 46 s), fuego eterno (Mt 25, 41), fuego inextinguible (Mt 3, 12; Mc 9, 42), horno de fuego (Mt 13,42 y 50), suplicio eterno (Mt 25, 46). Allí hay tinieblas (Mt 8,12; 22, 13; 25, 30), aullidos y rechinar de dientes (Mt 13, 42 y 50;24,51 ; Lc 13, 28).
San Pablo da el siguiente testimonio:
«Esos [los que no conocen a Dios ni obedecen el Evangelio] serán castigados a eterna ruina, lejos de la faz del Señor y de la gloria de su poder» (2 Tes 1, 9; cf. Rom 2, 6-9; Heb 10, 26-31). Según Ap 21, 8, los impíos «tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y azufre»; allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (20, 10; cf. 2 Pe 2, 6; 7).
Los Padres dan testimonio unánime de la realidad del infierno.
Según SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, todo aquel que «por su pésima doctrina corrompiere la fe de Dios por la cual fue crucificado Jesucristo, irá al fuego inextinguible, él y los que le escuchan» (Ef 16, 2).
SAN JUSTINO fundamenta el castigo del infierno en la idea de la justicia divina, la cual no deja impune a los transgresores de la ley (Apol. II 9); cf. Apol. I 8, 4; 21, 6; 28, 1; Martyrium Polycarpi 2, 3; 11, 2; San Ireneo, Adv. Haer. iv, 28, 2.
II. Naturaleza del suplicio del infierno
La escolástica distingue dos elementos en el suplicio del infierno: 
  • la pena de daño (suplicio de privación)
  • la pena de sentido (suplicio para los sentidos). 
La primera corresponde al apartamiento voluntario de Dios que se realiza por el pecado mortal; la otra, a la conversión desordenada a la criatura 
La pena de daño, que constituye propiamente la esencia del castigo del infierno, consiste en verse privado de la visión beatífica de Dios; cf. Mt 25, 41 : «¡Apartaos de mí, malditos!»; Mt 25, 12: «No os conozco»; 1 Cor 6, 9: «¿ No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios?»; Lc 13, 27; 14, 24; Ap 22, 15; (San Agustín, Enchir, 112).
La pena de sentido consiste en los tormentos causados externamente por medios sensibles (es llamada también pena positiva del infierno). 
La Sagrada Escritura habla con frecuencia del fuego del infierno, al que son arrojados los condenados; designa al infierno como un lugar donde reinan los alaridos y el crujir de dientes imagen del dolor y la desesperación.
El fuego del infierno fue entendido en sentido metafórico por algunos padres (como Orígenes y San Gregorio Niseno) y algunos teólogos posteriores, los cuales interpretaban la expresión «fuego» como imagen de los dolores puramente espirituales, -sobre todo, del remordimiento de la conciencia- que experimentan los condenados. 
El magisterio de la Iglesia no ha condenado esta sentencia, pero la mayor parte de los padres, los escolásticos y casi todos los teólogos modernos suponen la existencia de un fuego físico o agente de orden material, aunque insisten en que su naturaleza es distinta de la del fuego actual. 
La acción del fuego físico sobre seres puramente espirituales la explica SANTO TOMÁS -siguiendo el ejemplo de San Agustín y San Gregorio Magno ­ como sujeción de los espíritus al fuego material, que es instrumento de la justicia divina. 
Los espíritus quedan sujetos de esta manera a la materia, no disponiendo de libre movimiento; Suppl. 70, 3.
III. Propiedades del infierno
A. Eternidad
Las penas del infierno duran toda la eternidad (dogma de fe).
El Concilio IV de Letrán (1215) declaró:
«Aquellos [los réprobos] recibirán con el diablo suplicio eterno» Dz 429; cf. Dz 40, 835, 840.
La Sagrada Escritura pone a menudo de relieve la eterna duración de las penas del infierno, pues nos habla de «eterna vergüenza y confusión» (Dan 12, 2; cf. Sap. 4, 19), de «fuego eterno> (Judith 16, 21; Mt 18, 8; 25, 41;), de «suplicio eterno» (Mt 25, 46), de «ruina eterna» (2 Tes 1, 9). El epíteto «eterno» no puede entenderse en el sentido de una duración muy prolongada, pero a fin de cuentas limitada. Así lo prueban los lugares paralelos en que se habla de «fuego inextinguible» (Mt: 3, 12; Mc 9, 42) o de la «gehenna, donde el gusano no muere ni el fuego se extingue» (Mc 9,46 s), e igualmente lo evidencia la antítesis «suplicio eterno ­ vida eterna» en Mt 25, 46.
Según Ap 14, 11 (19, 3), «el humo de su tormento [de los condenados] subirá por los siglos de los siglos», es decir, sin fin; (cf. Ap 20,10).
La «restauración de todas las cosas», de la que se nos habla en Hechos 3, 21, no se refiere a la suerte de los condenados, sino a la renovación del mundo que tendrá lugar con la segunda venida de Cristo.
Los padres, antes de Orígenes, testimoniaron con unanimidad la eterna duración de las penas del infierno: cf. San Ignacio de Antioquía, Eph. 16, 2, San Justino,Apol. 1 28, 1 ; Martyrium Polycarpi 2, 3; 11, 2; San Ireneo, Adv. Haer. IV 28,2; Tertuliano, De poenit. 12.
La negación de Orígenes tuvo su punto de partida en la doctrina platónica de que el fin de todo castigo es la enmienda del castigado. SAN AGUSTíN sale en defensa de la infinita duración de las penas del infierno, contra los origenistas y los «misericordiosos» que en atención a la misericordia divina enseñaban la restauración de los cristianos fallecidos en pecado mortal; cf. De civ. Dei xxi 23; Ad Orosium 6, 7; Enchir. 112.
La verdad revelada nos obliga a suponer que la voluntad de los condenados está obstinada inconmovíblemente en el mal y que por eso es incapaz de verdadera penitencia. Tal obstinación se explica por rehusar Dios, a los condenados, toda gracia para convertirse.
[¿Por qué razón las penas del infierno son eternas?
Dice Santo Tomás: ³La pena del pecado mortal es eterna, porque por él se peca contra Dios, que es infinito. Y como la pena no puede ser infinita en su intensidad, puesto que la criatura no es capaz de cualidad alguna infinita, se requiere que, por lo menos, sea de duración infinita² (45).]
B. Desigualdad
La cuantía de la pena de cada uno de los condenados es diversa según el diverso grado de su culpa (de sentido común).
Los concilios de Lyón y Florencia declararon que las almas de los condenados son afligidas con penas
desiguales, Dz 464, 693. Probablemente esto no se refiere únicamente a la diferencia específica entre el castigo del solo pecado original y el castigo por pecados personales, sino que también quiere darnos a entender la diferencia gradual que hay entre los castigos que se dan por los distintos pecados personales Jesús amenaza a los habitantes de Corozaín y Betsaida asegurando, que por su impenitencia, han de tener un castigo mucho más severo que los habitantes de Tiro y Sidón; Mt 11, 22.
Los escribas tendrán un juicio más severo; Lc 20, 47.
SAN AGUSTÍN nos enseña: «La desdicha será más soportable a unos condenados que a otros» (Enchir. III). La justicia exige que la magnitud del castigo corresponda a la gravedad de la culpa.
Visión del infierno de Santa Faustina Kowalska, según lo escribió en su diario:
³Hoy, fui llevada por un ángel a las profundidades del infierno. Es un lugar de gran tortura; ¡qué imponentemente grande y extenso es! Los tipos de torturas que vi: 
  • la primera que constituye el infierno es la pérdida de Dios; 
  • la segunda es el eterno remordimiento de conciencia; 
  • la tercera es que la condición de uno nunca cambiará; (160) 
  • la cuarta es el fuego que penetra el alma sin destruirla; es un sufrimiento terrible, ya que es un fuego completamente espiritual, encendido por el enojo de Dios; 
  • la quinta tortura es la continua oscuridad y un terrible olor sofocante y, a pesar de la oscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven unos a otros y ven todo el mal, el propio y el del resto; 
  • la sexta tortura es la compañía constante de Satanás; 
  • la séptima es la horrible desesperación, el odio de Dios, las palabras viles, maldiciones y blasfemias. 
Éstas son las torturas sufridas por todos los condenado juntos, pero ése no es el extremo de los sufrimientos. Hay torturas especiales destinadas para las almas particulares. Éstos son los tormentos de los sentidos. Cada alma padece sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionados con la forma en que ha pecado. Hay cavernas y hoyos de tortura donde una forma de agonía difiere de otra.
Yo me habría muerto ante la visión de estas torturas si la omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido.
Debe el pecador saber que será torturado por toda la eternidad, en esos sentidos que suele usar para pecar.
(161) Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma pueda encontrar una excusa diciendo que no hay ningún infierno, o que nadie ha estado allí, y que por lo tanto nadie puede decir cómo es. Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, he visitado los abismos del infierno para que pudiera hablar a las almas sobre él y para testificar sobre su existencia. No puedo hablar ahora sobre él; pero he recibido una orden de Dios de dejarlo por escrito. Los demonios estaban llenos de odio hacia mí, pero tuvieron que obedecerme por orden de Dios. Lo que he escrito es una sombra pálida de las cosas que vi. Pero noté una cosa: que la mayoría de las almas que están allí son de aquéllos que descreyeron que hay un infierno. Cuando regresé, apenas podía recuperarme del miedo. ¡Cuán terriblemente sufren las almas allí! Por consiguiente, oro aun más fervorosamente por la conversión de los pecadores. Suplico continuamente por la misericordia de Dios sobre ellos. 
Oh mi Jesús, preferiría estar en agonía hasta el fin del mundo, entre los mayores sufrimientos, antes que ofenderte con el menor de los pecados².
¿COMO SE ENTIENDE LA AUSENCIA DE DIOS EN EL INFIERNO SI DIOS ESTA EN TODAS PARTES?
El infierno no ocurre por la ausencia de Dios sino porque el hombre se autoexcluye definitivamente de la comunión con Dios.
Dios sostiene en vida a todos los condenados. Sin Dios nada puede existir.
Dios está en todas partes pero no es amado en todas partes. 
El infierno no es por ausencia de Dios sino El Catecismo de la Iglesia Católica 1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: ³Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él² (1 Jn 3,15). 
Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. 
Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ³infierno². 1034 Jesús habla con frecuencia de la ³gehenna² y del ³fuego que nunca se apaga² (cf. Mt 5, 22.29; 13, 42.50; Mc 9, 43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que ³enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidadŠ, y los arrojarán al horno ardiendo² (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación:² ¡Alejaos de mí, malditos al fuego eterno!² (Mt 25, 41) 1035 La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. 
Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, ³el fuego eterno² (cf DS 76; 409; 411; 80 1; 858; 1002; 135 1; 1575; SPF 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. 1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: ³Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran² (Mt 7, 13-14) : Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela.
Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con El en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a
las tinieblas exteriores, donde ³habrá llanto y rechinar de dientes² (LG 48). 1037 Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. 
En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que ³quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión² (2 P 3:9). por la falta de comunión con El.
MIGUEL RIVILLA: mirivmiguel@gmail.com
JORGE LORING, S.I. - COMUNIDAD DE JESUITAS - Plaza del Ave María, 3
11500 ­ EL PUERTO DE SANTA MARIA - CADIZ ­ ESPAÑA

13 de mayo de 2013

EXISTE EL DIABLO?. EL PAPA FRANCISCO RESPONDE...

Francisco y el diablo
Lo cita continuamente. Lo combate sin tregua. No lo considera en absoluto un mito, sino una persona real, el enemigo más insidioso de la Iglesia 
de Sandro Magister

ROMA, 13 de mayo de 2013 – En la predicación del Papa Francisco hay un tema que aparece con una frecuencia sorprendente: el diablo.

El mismo tema se repite con una frecuencia similar en el Nuevo Testamento. Sin embargo, la sorpresa permanece, aunque sólo sea porque con sus continuas referencias al diablo el Papa Jorge Mario Bergoglio se aleja de la predicación actual de la Iglesia, que sobre él calla o lo reduce a metáfora.

Es más, está tan difundida la minimización del diablo que ésta proyecta su sombra sobre las mismas palabras del Papa. Hasta ahora la opinión pública, tanto católica como laica, ha mostrado despreocupación ante su insistencia sobre el diablo o, como máximo, indulgente curiosidad.
En cambio, una cosa es cierta. Para el Papa Bergoglio el diablo no es un mito: es una persona real. En una de sus homilías matutinas en la capilla de la Domus Sanctae Marthae dijo que no sólo hay odio en el mundo hacia Jesús y la Iglesia, sino que detrás de este espíritu del mundo está "el príncipe de este mundo":

"Con su muerte y resurrección Jesús nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. El origen del odio es éste: estamos salvados y ese príncipe del mundo, que no quiere que seamos salvados, nos odia y hace nacer la persecución que desde los primeros tiempos de Jesús continua hasta hoy".

Hay que reaccionar ante el diablo – dice el Papa – como hizo Jesús, que "respondió con la palabra de Dios. Con el príncipe de este mundo no se puede dialogar. El diálogo entre nosotros es necesario; es necesario para la paz, es una actitud que debemos tener entre nosotros para escucharnos, para entendernos. Y debe mantenerse siempre. El diálogo nace de la caridad, del amor. Pero con ese príncipe no se puede dialogar; se puede solamente responder con la palabra de Dios que nos defiende".

Francisco habla del diablo demostrando que tiene muy claro en su mente sus fundamentos bíblicos y teológicos.

Y precisamente para refrescar la mente sobre dichos fundamentos ha intervenido en "L'Osservatore Romano" del 4 de mayo el teólogo Inos Biffi, con un artículo que recorre la presencia y el papel del diablo en el Antiguo y el Nuevo Testamento, tanto en lo que ha sido revelado y es evidente, como en lo que aún pertenece a un "panorama escondido" y, en definitiva, a los "inescrutables caminos" de Dios.

Reproducimos este artículo a continuación, que concluye con una crítica a la ideología corriente que "banaliza" la persona del diablo.

Ideología contra la cual Bergoglio hace un llamamiento a todos a la realidad.
CÓMO HABLAN DEL DEMONIO LAS ESCRITURAS, de Inos Biffi
Tras la aparición del hombre, obra del sexto día de la creación, se advierte la presencia de algo misterioso e inquietante, la serpiente. 
Asombra y desconcierta lo que ésta inicia con los progenitores, y lo que quiere de obtener de estos: insinuar en ellos la sospecha hacia Dios, es decir, persuadirles de que las prohibiciones por él planteadas provienen de sus celos, de su temor de que ellos quieran equipararse a él. 
La serpiente encarna, precisamente al principio del mundo y de su historia, la presencia de un ser envidioso: 
"Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo" (Sabiduría 2, 24).

En el Nuevo Testamento se menciona a menudo esta serpiente. 
Jesús declara que el diablo es "homicida desde el principio"; en él "no hay verdad"; "cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira" (Juan 8, 44). Y de nuevo Jesús lo define "Príncipe de este mundo" (Juan 12, 31; 16, 11).

Pablo afirma que "la serpiente engañó a Eva con su astucia" (2 Corintios 11, 3) y menciona a quien se pierde "yendo en pos de Satanás" (1 Timoteo 5, 15). 
El mismo apóstol habla del vivir mundano con el que se sigue al "Príncipe del imperio del aire, el Espíritu que actúa en los rebeldes" (Efesios 2, 2); menciona las "acechanzas del diablo" y nuestra batalla "contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal" (Efesios 6, 12). 

La primera carta de Pablo nombra el "enemigo", "el diablo" o el "acusador", que "ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (5, 8). 
Y en las cartas de Juan se recuerda al "anticristo" que debe venir (1 Juan 2, 18); el "mentiroso" que niega que Jesús es el Cristo; el "anticristo" que "niega al Padre y al Hijo" (2, 22). 
En el Apocalipsis está escrito: 
"Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él" (12, 7-9).

Entre estos textos y la exegesis de Jesús sobre el diablo, homicida y mentiroso desde el principio, el acuerdo es perfecto: se trata de un ser hostil a Dios, que quiere destruir su Palabra y, al mismo tiempo, hostil al hombre, al cual quiere seducir, induciéndolo a rebelarse contra el diseño divino. Es el maligno. En especial, el acuerdo exegético se refiere a aquel a quien el diablo reserva su aversión, a saber: Jesucristo.

Se sitúan así, en antítesis, dos realezas: la de Jesús y la del príncipe de este mundo. El demonio no tolera a Jesucristo e intenta obstaculizar de todas las maneras posibles el eterno plan divino concebido para él. Así sucede en el desierto.
Pero Jesús se proclama vencedor de este príncipe: 
"Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder" (Juan 14, 30); es precisamente cuando llega la hora de Jesús, la de su elevación en la cruz y a la derecha del Padre, cuando ese príncipe es derrotado: "en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado". 
Con la efusión del Espíritu del Señor glorificado ese príncipe encuentra su condena (Juan 16, 11). Sobre todo Pablo resalta el dominio del Resucitado: en él el Padre "nos libró del poder de las tinieblas" (Colosenses 1, 13) y "una vez despojados los Principados y las Potestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal" (2, 15). 

El cristiano ha pasado a ser partícipe del dominio de Jesús sobre el demonio: "estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo (…) y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús" (Efesios 2, 5-6).

Si bien ha sido derrotado definitivamente por el Señor, el demonio sigue insidiando para hacer caer al hombre redimido. Por este motivo hay que estar alerta. Pedro hablaba de su rugido y de su aún no aplacada voluntad de dañar; Pablo exhorta a aferrar el escudo de la fe con el cual apagar los "encendidos dardos del Maligno" (Efesios 6, 16). Y el mismo Jesús había enseñado a rezar pidiendo al Padre que nos liberase del maligno (Mateo 5, 13).

Las múltiples exegesis sobre la serpiente que aparece en los orígenes nos inducen a hacer algunas consideraciones.

La primera es sobre la “historia” consumada y decidida antes de la creación del hombre, y que consiste en el estallido de una "gran guerra en el cielo" (Apocalipsis 12, 7), es decir, en un consenso o en una rebelión acaecidos en el mundo angelical: un consenso o una rebelión no genéricos, pero cuyo objetivo es el concreto y eterno proyecto divino, que es personalmente Jesucristo.

La orgullosa intolerancia de los ángeles rebeldes tiene como objeto Jesús, el que "prevalece sobre todas las cosas" y que, por tanto, prevalece también sobre ellos. 
Se entiende, entonces, como la vida de Jesús haya estado obstaculizada por la presencia y las maquinaciones del diablo; y, por otra parte, desde el anuncio de su nacimiento hasta la ascensión, ha estado acompañada, servida y consolada por la presencia de los ángeles, que se alegran con él, y con él son vencedores del gran dragón y de sus satélites, expulsados del cielo y precipitados, como afirmaba el Apocalipsis. 
El mismo Jesús afirmaba haber visto "a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lucas 10, 18) y hablaba del "fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles" (Mateo 25, 41).
Hemos hablado de historia que precede a la historia visible del hombre: lo que conocemos es lo que aflora como si de un panorama escondido se tratara, que nos sobrepasa y se nos escapa, y que ahora sólo podemos presumir e intuir.

La segunda consideración se refiere al poder impresionante de Satanás, tan fuerte y tenaz que sólo la fuerza del Hijo de Dios lo puede doblegar y desbaratar; es más, la fuerza del Hijo de Dios derrotado en la cruz y, por tanto, en una condición de extrema debilidad humana se convierte, paradójicamente y sin esfuerzo, en potencia absoluta. 
El diablo consigue arrastrar todo y a todos, pero frente a Jesús sucumbe totalmente. El Crucificado resucitado recrea una humanidad vencedora, apartada de la influencia perversa del maligno. 
El atractivo del dominio es reemplazado por el atractivo de Cristo, que declara: "Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Juan 12, 32). Sólo compartiendo el vigor de Jesús muerto y glorioso conseguimos oponernos a la lisonja de la serpiente de los orígenes. 

Sin embargo, podría quedar una pregunta: sin duda, la caída del ángel y del hombre dependen únicamente de la libre voluntad de la criatura. No sólo: el perdón del hombre estaba incluido en el amor misericordioso del Padre, que predestinaba el Hijo Jesús redentor. Entonces, ¿por qué el orden concreto elegido por Dios incluye esa caída y, por tanto, la realidad del pecado? No somos capaces de responder a esto: pertenece al "pensamiento del Señor", a sus "insondables designios" y a sus "inescrutables caminos" (Romanos 11, 32-34).

Una tercera consideración es para manifestar sorpresa ante la ausencia en la predicación y en la catequesis de la verdad relativa al demonio. Por no hablar de esos teólogos que, por un lado, aplauden que por fin el Vaticano II haya declarado la Escritura "alma de la Sagrada Teología" (Dei Verbum, 24) y, por otro, no dudan tanto en decidir su inexistencia - como hacen con los ángeles -, como en considerar marginal una dato muy claro y ampliamente dado por cierto en la Escritura misma como es el que hace referencia al demonio, considerándolo la personificación de una oscura y primordial idea del mal, ahora ya desmitificado e inaceptable.

Un concepto como éste es una obra maestra de la ideología y equivale, sobre todo, a banalizar la obra misma de Cristo y su redención.

Es por esto por lo que no nos parecen secundarias las referencias al demonio que observamos en los discursos del Papa Francisco.

El periódico que ha publicado el artículo: L'Osservatore Romano

10 de marzo de 2013

EL DIABLO Y LOS DEMONIOS. FUNDAMENTO BÍBLICO Y TEOLÓGICO

I. FUNDAMENTO BÍBLICO Y TEOLÓGICO
El Diablo y los demonios eran ángeles que vivían en la presencia del Altísimo. Dios creó a Satanás para la gloria, pero hizo una libre elección hacia el mal. San Agustín (354-430), decía que "el Diablo estuvo en la verdad, pero no perseveró. Su defecto no estuvo en su naturaleza sino en su voluntad". Su caída se debió a tres razones:

1. Su propio orgullo, cuando se quiso igualar a Dios. Al respecto, escribía el profeta Ezequiel: "Tu belleza te llenó de orgullo, tu esplendor echó a perder tu sabiduría" (28,17). La misma opinión tiene San Pablo (1Timoteo 3,6).

2. La envidia y los celos que sitió cuando el Creador decidió hacer al hombre a su "imagen y semejanza" (Sabiduría 2,23-24).

Una vez el Diablo cayó en su falta, persuadió a otros ángeles a seguirlo. Según la Biblia fue una tercera parte de ellos (Apocalipsis 12,4; Daniel 8,10). San Macario (290-347), afirmaba que los ángeles rebeldes "son tan numerosos como las abejas"; y San Atanasio, patriarca de Alejandría (295-373), hablaba que el espacio está repleto de demonios. Desde entonces no hubo lugar para estos espíritus del mal en el cielo (Apocalipsis 12,8); teniendo como morada dos lugares:

1. El infierno o gehenna (en griego): Donde el fuego nunca se apaga (Mateo 5,22; 13,49-50; Marcos 9,43-48); llamado también como el abismo (Lucas 8,31; Apocalipsis 11,7; 17,8; 20,1-3); horno de fuego (Mateo 13,42); lugar de tormento (Lucas 16,28) y de tinieblas (Mateo 8,12). Porque "Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno y los dejó en tinieblas; encadenados y guardados para el juicio" (2Pedro 2,4; véase también Judas 6). 
Desde allí el "reino de los cielos" y el "reino del averno" tienen varias diferencias: del primero es luz, bien, amor, felicidad y sabiduría; del segundo, oscuridad, mal, odio, amargura y confusión.

2. Satanás y sus ángeles fueron lanzados a la tierra (Apocalipsis 12,9). Por eso, Jesús lo llama como "príncipe de este mundo" (Juan 14,30; 16,11); para San Pablo es "el dios de este mundo" (2Corintios 4,4); que junto con los espíritus del mal habitan en el aire (Efesios 2,2) o en el cielo (Efesios 6,12). Todo el mundo yace en poder del Maligno (1Juan 5,19); no porque lo haya creado, sino porque está lleno de pecado y pecadores (Génesis 6,5-6.11-12; 7,1; 8,21; Eclesiastés 4, 1-3); el mundo viene de Dios, y lo mundano del Diablo (1Juan 2,16). 
Incluso, en el libro de las Revelaciones la ciudad de "Babilonia" la grande (equivalente a la Roma imperial), era considerada como "vivienda de demonios, guarida de toda clase de espíritus impuros" (18,2). Del mismo modo, antiguas tradiciones talmúdicas de los hebreos, se nombra a Azazel "el demonio del desierto"; en recuerdo del macho cabrío que los israelitas enviaban cada año a este lugar, para expiar las faltas del pueblo de Dios (Levítico 16, 5-10). 
En tiempos de Jesucristo como los judíos ya no vivían en el desierto, despeñaban el animal por un barranco distante unos 20 kilómetros de Jerusalén. El desierto es el lugar de descanso de los "espíritus impuros" (Mateo 12,43; Isaías 34,14); el arcángel San Rafael encadenó al demonio en la parte más lejana de Egipto (Tobías 8,3). Siendo este el mismo escenario en que el Mesías resistió después de cuarenta días de ayuno, las tres tentaciones del Diablo (Mateo 4,1-11).
II. DIFERENTES DEMONIOS
En los primeros siglos del cristianismo (III-V), los monjes ermitaños se retiraron a las áridas arenas del desierto de Egipto y el Asia Menor; esperando vencer física y espiritualmente a los ejércitos infernales; por medio de una vida ascética que incluía la oración, la meditación de las Escrituras, el ayuno, la penitencia, la soledad y el trabajo manual. 
A ellos se les daba el título de "guerreros contra el Diablo". Uno de los más importantes fue San Antonio (251-356), patriarca de los cenobitas, de él cuenta San Atanasio que Lucifer llegó a dedicarle una verdadera galería de pinturas impuras, que el santo monje borró con agua bendita.

Por otra parte, los padres de la iglesia identificaron en los textos bíblicos que Lucifer, el Dragón, el rey de Tiro y el Diablo; son todos ellos el mismo Satanás. Sin embargo, cada uno presenta características especiales:

1. La Trinidad Satánica: Conformada por el anti-Padre (el dragón - Diablo); el anti-Hijo (el Monstruo - la Bestia); y el anti-Espíritu Santo (el Falso Profeta). (Apocalipsis 16,13; 20,10).

2. Lucifer (Luzbel): Su nombre significa "estrella de la mañana" o "portador de la luz". Era el más bello, sabio y poderoso de los ángeles; su caída fue como un "lucero al amanecer" (Isaías 14,12-15), "se le dio las llaves del pozo del abismo" (Apocalipsis 9,1).

3. Diablo: del griego "diabolos", en hebreo "satán", equivalente a "contradictor", "obstructor", "calumniador" o "detractor". Taciano, discípulo de San Justino (s. II), decía que "el Diablo es el primogénito de los demonios, y jefe principal. Su posición solo significa que el fue el primero en pecar, y convertirse en ángel caído". 
Es el Dragón que peleó con sus ángeles contra San Miguel (Apocalipsis 12,7); la palabra Dragón, simboliza un animal de gran tamaño, terrible crueldad y espantosa forma. Es también "la serpiente antigua" (Apocalipsis 12,9; 20,2); la misma que tentó a la primera mujer en el paraíso (Génesis 3,1.5; 2Corintios 11,3), y a todo el mundo (Apocalipsis 12,9). 
Es además, el "ángel acusador" que sube hasta la presencia de Dios, para pedir permiso de poner a prueba a Job (1,6-12; 2,1-6). El profeta Zacarías ve en una visión a Josué, el sumo sacerdote; en presencia del ángel del Señor y el ángel acusador (3,1); igualmente, es el acusador de todos los hombres (Apocalipsis 12,10). Satanás es el causante del sufrimiento (2Corintios 12,7), la enfermedad (Job 2,7), la maldad (1Samuel 18,10), la muerte (Romanos 5,12); siembra la cizaña (Mateo 13,25.39), persigue a los cristianos (Apocalipsis 2,10), opositor de Cristo (1Juan 2,22). "Homicida desde el principio y padre de la mentira" (Juan 8,44); es el "maligno" (Mateo 13,19); el "enemigo" (Lucas 10,19); el "tentador" (Mateo 4,3); el "engañador" (Apocalipsis 12,9). 
Algunos otros nombres que le dieron los Padres de la Iglesia; son: Ladrón, tirano, el exterminador, corrompido, maldito, apóstata, el Malo. San Ireneo (s. III) lo llama "ángel rebelde", y Tertuliano (160-230) "el mono de Dios".
Otros ángeles caídos mencionados en la Biblia, Son:
Abadón (hebreo) o Apolión (griego): Que quiere decir "destructor" o "ruina"; es considerado "El jefe de las langostas. Que es el ángel del abismo" (Apocalipsis 9,11).

Asmodeo: Demonio de la maldad y la muerte. Es el espíritu maligno que mató a siete maridos a Sara (Tobías 3,8); y que fue encadenado en el desierto por San Rafael.

Belcebú: "Señor de las moscas", llamado el "príncipe de los demonios" (Mateo 10,25). Los Fariseos acusaban a Jesús de recibir poder de este espíritu del infierno (mateo 12,24; Juan 8,48-49.52).

Belial: El "inútil" o el "impío" en hebreo. En los manuscritos del mar muerto, aparece como uno de los nombres del demonio que utilizó San Pablo (2Corintios 6,15).

Demonio: Del griego "daimon" significa en plural "espíritus impuros" (Apocalipsis 18,2), son "malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre este mundo oscuro" (Efesios 6,12). Pueden llegar a ser "legión"; es decir, "muchos" (Marcos 5,9).

Leviatán: Palabra hebrea que traduce "animal solapado", representado en la Biblia en forma de serpiente, cocodrilo, bestia marina o dragón del abismo (Isaías 27,1). La destrucción de Leviatán por Dios, simboliza la derrota definitiva de los enemigos de Israel.
III. LOS DEMONIOS EN LA BIBLIA
En el Nuevo Testamento, el "Diablo" aparece siempre asociado al pecado (1Juan 3,8). Ya desde la caída de Adán y Eva, los seres humanos tienen la libertad de escoger entre el bien o el mal (Génesis 3,22; Santiago 1,13); desde entonces estamos sometidos a continuas pruebas (1Corintios 10,13; Santiago 1,12); que podemos hacerle frente mediante la oración (Mateo 26,41), y la confianza en Dios (Romanos 8,31). 
Por eso, no hay que darle oportunidad al Diablo (Efesios 4,27), pues hay una continua batalla entre los hijos de la luz, y los hijos de las tinieblas (1Juan 3, 9-10; Colosenses 1,12-13), hasta el día del Armagedón (Apocalipsis 16,16). San Agustín enseñaba que "el que se aparta de Cristo, es presa fácil del demonio" (Compara con 2Timoteo 2,26); como ocurrió con Judas el "traidor" (Lucas 22,3; Juan 13, 2-4.27), y con Ananías (Hechos 5,3).
No puede haber ninguna relación entre "Cristo y el demonio"(2Corintios 6,15); ni "beber de la copa del Señor y, a la vez , de la copa de los demonios; ni pueden sentarse a la mesa del Señor, y a la vez, a la mesa de los demonios"(1Corintios 10,21). Al respecto, el escritor de Las Homilías Clementinas, obra apócrifa del siglo II, afirmaba que Dios rige el mundo con ambas manos. Con la "mano izquierda" (el Diablo) trae sufrimiento y aflicción; y con la "mano derecha" (Jesús), salvación y felicidad.
IV. LIBERACIONES Y EXORCISMOS
"El Hijo de Dios se ha manifestado para deshacer la obra del diablo" (1Juan 3,8; 4,4). Satanás no puede impedir la edificación del reino de Dios en la tierra, porque "será expulsado el que manda en este mundo" (Juan 12,31). Los demonios saben que hay un Dios y tiemblan de miedo (Santiago 2,19); además, Cristo Jesús "a los espíritus impuros da órdenes, y le obedecen" (Marcos 1,27). Ellos reconocen que es "el Santo de Dios" (Marcos 1,24), el "Hijo del Dios altísimo" (Marcos 5,7). 
Incluso, el Señor "expulsó a muchos demonios; pero no dejaba que los demonios hablaran, porque ellos le conocían" (Marcos 1,34).La liberación de espíritus malos por el Hijo del hombre, era una prueba de que el reino de Dios, había llegado (Mateo 12,28; Marcos 3,26). Jesús anduvo en la tierra "haciendo el bien y sanando a todos los que sufrían bajo el poder del diablo" (Hechos 10,38); en su ministerio terrenal realizó muchas liberaciones, como a un hombre que tenía un espíritu impuro en la sinagoga de Capernaum (Marcos 1,21-26); al endemoniado de Gerasa (Marcos 5,1-13); a la hija de una mujer de cananea (Mateo 15,21-28); a María Magdalena a la que le expulsó siete demonios (Marcos 16,9); a un muchacho por pedido de su padre (Mateo 17,14-19); y a muchos otros endemoniados (Marcos 1,32.39; Lucas 6,18; 7,21;13,32).

Además curó a otras personas que tenían incapacidades físicas atribuidas al Maligno (Mateo 12,22; Marcos 9,25); y de diferentes males, enfermedades y dolores (Mateo 4,24; 9,32; Marcos 1,26). El Señor Jesús les confiere este poder a los apóstoles y discípulos (Mateo 10,1.8; Marcos 6,7.12-13; Hechos 5,16; 8,6-7), para que lo hagan en su nombre (Lucas 10,17); también fue hecho por uno que no pertenecía al grupo de los doce (Marcos 9,38-39); y por el apóstol Pablo (Hechos 16,16-18). Esta será una de las señales dadas a los que creen (Marcos 16,17); pero a los que no seguían sus mandatos, no tenía efecto (Hechos 19, 13-15).

La Iglesia Católica define el rito del "exorcismo", como la acción de sacar a los malos espíritus introducidos en una persona (posesión diabólica), y llenar ese vacío con las gracias del Espíritu Santo (Gálatas 5,22-23; Romanos 8,14). Los Santos Padres de la Iglesia como San Justino mártir (s. II), Tertuliano (s. III), Orígenes (185-254), y San Cipriano (210-258), practicaban la liberación de endemoniados, además enseñaban que cada cristiano era un exorcista. Posteriormente, el Papa Cornelio hacia el año 251, creo una categoría de individuos con este poder carismático (1Corintios 12,4); que fue concedido después para los sacerdotes y los diáconos con la autorización del obispo. Hoy en día la Santa Sede ha autorizado un nuevo "ritual exorcista", este sacramental (signo sagrado), sólo se puede efectuar después de haber agotado todos los recursos de la medicina moderna, la siquiatría, y el campo de la parapsicología. 
Expertos en el tema como fue monseñor Corrado Balducci, exorcista oficial del Vaticano, y el Padre Gabriel Amorth, fundador y presidente honorífico de la asociación internacional de exorcistas; están de acuerdo en reconocer que solamente dos o tres casos de 100, son verdaderas posesiones satánicas.

Las mejores armas contra las fuerzas del infierno son: 
  • El sacramento del bautismo, que nos incorpora al cuerpo místico de Cristo, y nos protege contra el Diablo; al igual que la confesión y la eucaristía. 
  • La oración del Padre Nuestro, cuando Cristo nos invita a repetir: "No nos expongas a la tentación, sino líbranos del maligno" (Mateo 6,13). 
  • Los exorcistas tienen que recurrir a la fe en Jesús (Mateo 17,19-20), la plegaria (y el ayuno) (Marcos 9,29). 
  • Otros sacramentales utilizados son el agua bendita, la sal y el santo óleo; crucifijos, reliquias de santos, la oración de los salmos. 
  • El creyente puede recurrir a devociones particulares como 
  • el rezo del rosario, 
  • el vía crucis, 
  • cargar el escapulario o la medalla milagrosa; 
  • o pedir la intercesión de San Miguel arcángel y de la Bienaventurada Virgen María. Sobre el particular, se sabe de una aparición a San Hugo de Cluny, en el año 1060, donde ella se presenta como la "vencedora de Satanás".

V. LOS DEMONIOS EN LAS DISTINTAS CULTURAS Y TRADICIONES
En las diferentes civilizaciones del Oriente, y en las culturas y religiones ancestrales, se encuentran dioses del mal, espíritus malignos, guardianes del infierno, príncipes de las regiones subterráneas o señores de la muerte; como fueron Seth y Anobis en Egipto, Tiamat en Babilonia, Pazazú en la antigua Mesopotamia, Tifón para los griegos, Loki en los pueblos germanos y escandinavos; en Camboya, Birmania, Siam, Indonesia y Japón se menciona a Yama, en Siberia o Mongolia lo llaman Erlik, es también Arimám en el Zoroastrismo; Shiva y Kali en el Hinduismo; Aka-oni y ao-oni en el Budismo. Los escritores bíblicos identificaron a Baal, dios de Fenicia y Caldea; y Zeus (para los griegos) o Júpiter (para los romanos), como verdaderos ídolos del demonio (1Corintios 10,20; 2Corintios 6,16; Apocalipsis 9,20). Para los musulmanes es Eblis, el diablo que Mahoma sacó del Talmud judío a las páginas del Corán. En el día de juicio final; será aniquilado por el triunfo del Islam, y proclamado por el profeta Jesús. Corriente heréticas condenadas por la Iglesia Romana como los Gnósticos, Maniqueos, Priscilianos, Cátaros y Bogomilos; limitaban el poder del Altísimo por el del Diablo, hasta hacer de él un dios.

VI. DIFERENTES APARIENCIAS
Sobre el aspecto físico del Demonio se conservan antiquísimos dibujos, estatuillas de bronce, pinturas rupestres, mascaras y descripciones legendarias; en todas ellas hay aspectos según la imaginación popular que lo presentan como una figura de tamaño pequeña, cuernos, cabellos largos y enredados, la cara llena de arrugas, dientes filosos y lengua bífera, barba de chivo, cuerpo cubierto de escamas o víboras, enorme giba, cojo, pezuñas, larga cola y alas de murciélago. 
Otras veces su aspecto puede ser real, como los encuentros que vivieron los padres del desierto como San Antonio Abad, que fue seducido por Lilith (demonio en forma de mujer para los judíos), que recibe también el nombre de súcubo; a su discípulo San Hilario (s. IV), lo rodearon un círculo de mujeres desnudas, igual tentación tuvo San Hipólito (s. III); San Pacomio vio el Diablo como una doncella de raza negra; el santo expulsó a la diablesa de un golpe de su mano, después, el hedor quedó impregnado durante dos años. San Macario fue hostigado por una chusma de demonios negros. A otros, como San Nicolás de Mira (s. IV), se le apareció en su monasterio un "ángel luminoso" pero con una gran cola (comparar con 2Corintios 11,14); a Rufino, amigo de San Jerónimo (s. IV); llegó a visitarlo con el aspecto de Jesús; a San Martín de Tours (315-397); en forma de monaguillo burlón mientras oficiaba la misa; a San Benito (480-547) como un mirlo negro; a Santa Viridiana (1182-1242), como dos serpientes que la mortificaron mucho los últimos años de su vida; Santo Domingo de Guzmán (1170-1221), observó a un gato con un penetrante olor a azufre; San Estanislao Kostka (1550-1568), rechazó en tres oportunidades con la señal de la cruz, los atacas de un horrible mastín negro; a Santa Rosa de Lima (1586-1617); el demonio apareció como un perro sarnoso que amenazaba con atacarla, o como un galán seductor; a San Juan María Vianney (1785-18859), el célebre "cura de Ars" sufría continuamente los ataques como un perro negro que el llamaba el "zarpas"; San Juan Bosco (1815-1888) describió al demonio en un sueño como un furioso elefante; a Santa Gemma Galgani (1878-1903), asumía el aspecto de perro, gato, de mico negro, de pequeños monstruos, de personas conocidas como su confesor, de hombres feroces, como Cristo flagelante, con el corazón abierto todo ensangrentado; o como ángel guardián, que al ser descubierto desaparecía en una gran llamarada dejando en el suelo un montón de cenizas. Otras apariencias mencionadas son: León, leopardo, oso, caballo, toro, camello, lobo, zorro, cuervo, pavo real y escorpión.

VII. ATAQUES DIABÓLICOS
Estas visiones demoníacas iban acompañadas de temblores, ruidos, alucinaciones aterradoras, gritos, blasfemias, obscenidades, tentaciones de todo tipo, a veces cantando salmos, recitando versículos de las Escrituras o diciendo pequeñas verdades, antes de proferir una gran mentira (1Corintios 12,10). 
Incluyendo ataques físicos (Marcos 9,22; Lucas 22,31; 1Pedro 5,8); como a los ya mencionados San Antonio, a quien un grupo de espíritus malignos lo golpearon hasta dejarlo inconsciente; a San Hilario, el Diablo saltó sobre sus espaldas para azotarlo; al santo cura de Ars, lo arrojaba de la cama, le soplaba en la cara, o le tiraba toda clase de cosas; a Santa Gemma Galgani, la dejaba medio muerta en el suelo, con el rostro hinchado y los huesos dislocados; mientras que San Pío (1887-1968), el fraile estigmatizado, fue víctima de violentas golpizas en su celda del convento de Pietrelcina.

VIII. LA IDOLATRÍA AL PRÍNCIPE DEL MAL
A través de los tiempos ha existido la falsa adoración al príncipe del mal, en Europa en la edad media se les llamaba "luciferinos"; en los siglos XVI al XVIII, los brujos y las brujas se reunían en la noche en una celebración llamada "Aquelarre o Sabbath"; su punto de encuentro eran los cruces de caminos, los bosques, campos de cultivos o iglesias abandonadas; las reuniones estaban acompañadas de música, cantos y bailes en honor del Demonio; banquetes, orgías, pisoteaban la cruz, se postraban a los ídolos. 
Se decía que el Diablo se hacía presente en forma de macho cabrío; y en señal de sumisión le besaban el trasero, o las brujas llegaban a tener dolorosas relaciones sexuales con él (incubo). 
Otras acusaciones que el tribunal del santo oficio y la inquisición formulaban contra las brujas eran: La práctica de la hechicería, la magia negra, los maleficios, el mal de ojo, la adivinación, los encantamientos, la fabricación de pócimas y amuletos, la metamorfosis en animales, los vuelos nocturnos, el pacto con Satanás, el envenenamiento de los ríos, la destrucción de las cosechas, o una sequía prolongada.

En el siglo XVIII empezaron a surgir los cultos satánicos en el viejo continente; uno de los pioneros fue Aleister Crowley (1875-1947), el mismo se auto- denominó como "la gran bestia" o el "666" del libro de las revelaciones (13,18). En el siglo XX, Anton La Vey (1930-1997), conocido como el "papa negro", funda en 1966 la primera iglesia satánica llamada "la casa negra", en San Francisco (California). Es además el autor de la "biblia negra" y un libro sobre "rituales satánicos"; para la celebración de la misa negra, que contiene muchos elementos de la liturgia católica, pero a la inversa. 

En Francia se funda la Wicca (orden internacional de los brujos luciferinos), también la ciudad de Turín (Italia), es considerada la capital mundial del satanismo. Ya entre los jóvenes se ha multiplicado las sectas satánicas, que escuchan la música de heavy metal de Alice Cooper, Ozzy Ousbore, Marilyn Manson, Kizz (sigla en inglés que significa: Reyes Al Servicio de Satanás), Black Sabbath (sábado Negro), AC-DC (Anti- Cristo- Muerte de Cristo). 
Algunos ex miembros de estas sectas han confesado que los bautismos se hacen con orines de cabra, sacrifican bebés sin bautizar, o animales como perros, gatos y gallinas; destrucción de lápidas en los cementerios, crucifijos o descabezamientos de imágenes de la Virgen; hacen orgías bisexuales o tienen relaciones sexuales con los muertos (necrofilia) bajo el efecto de la droga y el licor, actos sacrílegos como la profanación de la hostia consagrada, el robo de cálices, cupones y custodias en los templos, a veces el asesinato de sacerdotes y el suicidio en homenaje de Satanás.

IX. EL ANTICRISTO Y SU DERROTA FINAL
Para muchos pastores fundamentalistas, este panorama actual es el presagio del advenimiento del reinado del "anti- Cristo". 
No obstante, en Las Sagradas Escrituras este apelativo no hace referencia a un personaje en particular; sino a todo aquel que se opone a Dios y su religión (1Juan 2,18; 4,3; 2Juan 7). 
En la historia universal ha habido muchos "anti- Cristo" que se han destacado por sus crímenes contra la humanidad (Salmo 7,14-16); como: Calígula, Nerón, Atila, Napoleón, Hitler, Stalin, Mao Tse-Tung, Pol Pot, Saddam Hussein, Osama Bin Laden entre muchos otros. Para San Pablo, el "hombre malvado" que se hace pasar por Dios, está por venir (2Tesalonisenses 2,3-4); "llegará con mucho poder, y con señales y milagros" (19); con la sabiduría "del diablo mismo" (Santiago 3,15). P
orque "el espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, siguiendo a espíritus engañadores y enseñanzas que vienen de los demonios" (1Timoteo 4,1). 
Sea que este "hombre malvado" ya halla llegado o esté por venir (o es un simbolismo); lo cierto es que el Diablo sabiendo que le queda poco tiempo, ha bajado a al tierra lleno de furor (Apocalipsis 12,12). 
En una revelación particular, la Virgen de Medjugorje, dice que "Satán se ha desatado". Sin embargo, el vencimiento del maligno es triple:

1. Cuando por castigo de su primer pecado, cayó del cielo como un rayo (Lucas 10,18).

2. Su férreo dominio del mundo, es quebrantado por la muerte redentora de Cristo en la cruz; derrotando al Diablo que tenía poder para matar (Hebreos 2,14). Jesús ha vencido al mundo (Juan 16,33); ante su nombre se dobla toda rodilla de los ángeles, los hombres, y los demonios (Filipenses 2,10).

3. "El Dios de la paz aplastará pronto a Satanás" (Romanos 16,20), y al "hombre malvado" "el Señor Jesús matará con su boca y destruirá cuando regrese en todo su esplendor" (2Tesalonisenses 2,8); en compañía de "miles y miles de sus ángeles" (Judas 14), entonces serán juzgados los demonios y los impíos (Isaías 24,21-22; Mateo 25,41). 
Porque "Por medio de Cristo, Dios venció a los seres espirituales que tienen poder y autoridad, y los humilló públicamente llevándolos como prisioneros en su desfile victorioso" (Colosenses 2,15).

Otros artículos de esta serie:
Verdades de la fe católica Tema 15
¡Ser discípulos! Aprende a defender tu fe (09 03 2013)
Boletín ¡Ser discípulos! Aprende a defender tu fe
Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net