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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

4 de mayo de 2017

EL SIGNIFICADO DE LA SEÑAL DE LA CRUZ. LAS 3 HERMOSAS VERDADES QUE CONTIENE. CÓMO NACE LA COSTUMBRE DE HACER EL SIGNO DE LA CRUZ.

EL PRIMER AUTOR QUE HABLA DE ELLA
El signo de la cruz es el primer gesto de fe que aprendemos y es el que acompaña a cada oración oficial o personal de la Iglesia. La simbología que expresa es límpida, especialmente cuando está acompañado por las palabras “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. 
Su historia es antiquísima y se pierde en los orígenes de la Iglesia apostólica, que inicia a estructurar su propia fe a través de gestos y palabras comunes.
Los primeros testimonios se remontan a la época de los padres de la Iglesia, y se refieren al pequeño signo de la cruz, el único entonces en uso, hecho con el pulgar generalmente en la frente, a veces en otras partes del rostro y después del cuerpo. 
Los cuatro padres de la Iglesia Latina: San Agustín de Hipona, San Gregorio Magno, San Ambrosio de Milán y San Jerónimo de Estridón.Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Villamelendro de Valdavia(Palencia, Castilla y León)
Se llama padres de la Iglesia a un grupo de pastores y escritores eclesiásticos autodidactas, obispos en su mayoría, de los primeros siglos del cristianismo, cuyo conjunto doctrinal es considerado fundamento de la fe y de la ortodoxia en la Iglesia católica.
Tertuliano, autor a caballo entre los siglos II y III, habla de un uso personal y difundido del signo de la cruz. En una obra clave en que compara el compromiso bautismal de los cristianos con el juramento de los soldados del imperio, afirma: 
  • “Si nos ponemos en camino, si salimos o entramos, si nos vestimos, si nos lavamos o vamos a la mesa, a la cama, si nos sentamos, en estas y en todas nuestras acciones nos marcamos la frente con el signo de la cruz” (La corona de los soldados, III,4).
    Tertuliano
    Tertullian.jpg
    Quinto Septimio Florente Tertuliano, 160-220, padre de la iglesia y teólogo
    Información personal
    Nombre secularQuintus Septimius Florens Tertullianus
    Nombre religiosoTertullianus
    Nacimientoca. 160
    Cartago, en el actual Túnez
    Fallecimientoca. 220
    Cartago
Poco más tarde aparecen los primeros testimonios litúrgicos. Se trata siempre del pequeño signo de la cruz, que acompaña en varios momentos a la liturgia bautismal, con la que se comunica el misterio de la Pascua de Cristo, para vivir en la comunión de la Trinidad.Según la Tradición apostólica, venerable texto litúrgico de ambiente romano del siglo III, el último exorcismo con el que se manda al espíritu enemigo que se aleje de los candidatos al Bautismo se acompaña de un signo de la cruz sobre la frente, sobre las orejas y sobre la nariz (n. 20). 
Al término del rito, la unción en la frente con el sagrado crisma sella el rito bautismal: el obispo
“lo signe sobre la frente, lo bese y diga: “El Señor esté contigo”, y el que ha sido signado responda: “Y con tu espíritu” (n. 21).
EL GESTO, DESPUÉS, ACOMPAÑA LA VIDA PERSONAL DE FE DEL CREYENTE.
  • “Cuando eres tentado, márcate devotamente la frente: es el signo de la Pasión, conocido y experimentado contra el diablo si lo haces con fe, no para ser visto por los hombres, sino presentándolo como un escudo” (n. 42).
La costumbre de signarse también el pecho se remonta al siglo V: nace en el Oriente cristiano, se difunde después en la Galia y en el ritual romano (unción con el óleo de los catecúmenos; durante la Misa al principio de la lectura del Evangelio). 
Siempre en Oriente, durante el siglo VI, nace la costumbre de signarse con tres o dos dedos abiertos, mientras que los demás permanecen cerrados. 
El gesto se refiere a las luchas teológicas para definir la fe en la Trinidad (los tres dedos abiertos) o en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre (los dos dedos abiertos). 
De nuevo, la costumbre para a la tradición latina. Tenemos de ella una representación plástica en un bajorrelieve en la catedral de Módena (Italia), que se remonta al siglo XII, donde se ven algunos fieles que se signan sobre la frente con los tres dedos abiertos, ante el sacerdote que inicia a leer el Evangelio.
La señal de la cruz es un signo, un sacramental, por el cual manifestamos nuestra fe en Cristo que nos redimió por Su Cruz. Como todo signo, vale en cuanto se hace como expresión auténtica del corazón
El uso de un gran signo de la cruz nace en los monasterios hacia el siglo X, pero probablemente se remonta a épocas anteriores, especialmente en el uso privado. Al principio se trazaba aún con los tres dedos abiertos y bajando de la frente al pecho, pasando después del hombro derecho al izquierdo. La tipología del gesto es típicamente oriental. En momentos posteriores, la tradición occidental comenzó a usar la mano extendida, invirtiendo el sentido de izquierda a derecha. Esta forma es codificada en la liturgia romana sólo con la reforma litúrgica del siglo XVI, después del concilio de Trento (Misal de san Pío V).
Canon del Misal romano edición de 1962.
Finalmente, recordemos que el signo de la cruz estaba muchas veces acompañado por una fórmula. La trinitaria, que usamos todavía hoy, se remonta a la redacción del Evangelio y se convirtió en canónica desde la reforma carolingia del siglo IX. Pero se usaban también otras fórmulas, como cuando se abre la oración de la mañana signándose la boca diciendo: “Señor, ábreme los labios”.Los Griegos suelen decir: “Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, ten piedad de nosotros”. 
CRUZ de TIERRA SANTA
Este gesto, a través de las pequeñas modificaciones, ha acompañado la vida de fe de la Iglesia a lo largo de los siglos. Volviendo a lo que decíamos al principio, es como un incipit para los momentos de fe que el creyente tiene la conciencia de vivir. A través de la Pascua de Cristo, en la que estamos inmersos a través del Bautismo, somos llamados a vivir en el amor de la Trinidad: el signo de la cruz nos recuerda a todos cuál es la esperanza a la qye hemos sido llamados.
Por el padre Valerio Mauro, profesor de Teología Sacramental. Artículo publicado por Toscana Oggi
Papa en audiencia general: Enseñad a vuestros hijos a hacer la señal de la Cruz
https://www.youtube.com/watch?v=6tcvKwzCPQ8
LA SEÑAL DE LA CRUZ ES UN SIGNO, UN SACRAMENTAL, POR EL CUAL MANIFESTAMOS NUESTRA FE QUE CRISTO NOS REDIMIÓ POR SU CRUZ.
Como todo signo, vale en cuanto se hace como expresión auténtica del corazón. Al señalarnos con la cruz decimos "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Catecismo #2157
"El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz, 'en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén'. El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades."
En el libro "Gestos y Símbolos" editado por el centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, encontramos una explicación más extensa:
Los cristianos, con frecuencia hacemos con la mano la señal de la cruz sobre nuestras personas. O nos la hacen otros, como en el caso del bautismo o de las bendiciones.
Al principio parece que era costumbre hacerla sólo sobre la frente. Luego se extendió poco a poco a lo que hoy conocemos: o hacer la gran cruz sobre nosotros mismos (desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho) o bien la triple cruz pequeña, en la frente, en la boca y el pecho, como en el caso de la proclamación del Evangelio.
Es un gesto sencillo, pero lleno de significado. Esta señal de la cruz es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión: al hacer sobre nuestra persona es como si dijéramos: 
"estoy bautizado, pertenezco a Cristo, El es mi Salvador, la Cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana..."
En realidad, el primero que hizo la señal de la Cruz, fue el mismo Cristo, que "extendió sus brazos en la Cruz" y sus brazos extendidos dibujaron entre el cielo y la tierra el signo imborrable de su Alianza". Si ya en el Antiguo Testamento se hablaba de los marcados por el signo de la letra "tau", en forma de cruz (Ez. 9:4-6) y el Apocalipsis también nombra la marca que llevan los elegidos, nosotros, los cristianos, al trazar sobre nuestro cuerpo el signo de la Cruz nos confesamos como miembros del nuevo Pueblo, la comunidad de los seguidores de ese Cristo que desde su Cruz nos ha salvado.
UNA VIDA SEGÚN LA CRUZ
Todo gesto simbólico, todo signo, puede ayudarnos por una parte a entrar en comunión con lo que simboliza y significa, que es lo importante. La imagen o señal de la Cruz quiere indicarnos es camino "pascual", o sea, de muerte y resurrección que recorrió ya Cristo. Es fácil hacer distraídamente la señal de la Cruz en los momentos que estamos acostumbrados. Lo que es difícil es escuchar y asimilar el mensaje que nos transmite este símbolo: -Un mensaje de salvación y esperanza, de muerte y de resurrección.
Los cristianos tenemos que reconocer a la Cruz todo su contenido, para que no sea un símbolo vacío. Y entonces sí, puede ser un signo que continuamente alimente la fe y el estilo de vida que Cristo nos enseñó. Si entendemos la Cruz, y si nuestro pequeño gesto de la señal de la cruz es consciente, estaremos continuamente reorientando nuestra vida en buena dirección.
SIGNIFICADO DE LA SEÑAL DE LA CRUZ - LAS 3 HERMOSAS VERDADES QUE CONTIENE.
Una terrible tragedia para el cristianismo ha sido, y será siempre, la separación entre el rito y el símbolo; o para ser más preciso, la tragedia se debe más bien al olvido por parte de los fieles del significado de los símbolos que se realizan durante los diversos ritos. Sí, porque la causa de la fracción no se da sola por arte de magia; esta nace y crece como fruto de nuestra desprovista formación. Alguno podrá objetar que no tiene tiempo para gastar en cuestiones que le competen a los teólogos y sacerdotes, pero esta es una falsa excusa que no nos exculpa. Salvando las distancias de la analogía, es como si alguien practicase un deporte que considera fundamental para su vida y del cual se profesa «fanático», y sin embargo, aseverase que no le interesa mucho, o para nada, conocer bien las reglas, la historia, las renovaciones y problemas en marcha del deporte en cuestión. ¿Quién le creería?
Es evidente, volviendo al ámbito de la fe cristiana, que tarde o temprano el vaciamiento «doctrinal» nos pasará la cuenta generándonos un consecuente vaciamiento «espiritual». Lo que amamos de verdad (pensemos a las personas que amamos o las actividades que realmente nos gustan) lo queremos conocer siempre más y más, incluso en sus pormenores. El desinterés en el fondo es falta de amor sincero (este criterio nos debería llevar a un profundo examen de conciencia). De hecho, regresando a nuestro caso, quien no desea ni busca comprender más el profundo significado de los símbolos que celebra, tiene que cuestionarse para cambiar de actitud. De lo contrario, esto no solo nos llevará a perder toda la riqueza cultural que estos portan consigo, sino, y sobre todo, esterilizará poco a poco nuestra capacidad interior de disponernos espiritualmente para acoger el caudal de gracia que nos comunican efectivamente. Esto es así, porque el rito cristiano exige siempre un grado de participación y cooperación. Para decirlo con San Agustín: 
Dios «creó sin que lo supiera el interesado, pero no justifica sin que lo quiera él» (Sermón 169, 11.13).
No es mera casualidad que quien no conoce los signos sagrados, acabe por vivir el rito como un mecanismo frío, repetitivo y carente sentido. No es de extrañarse entonces que la misa le parezca «aburrida». ¡Es que no entiende nada de lo que pasa ahí! No es sorprenderse tampoco que tantos tiendan a deformar los ritos buscando adaptarlos a simbologías llamativas que poco o nada tienen que ver con el soplo del Espíritu. Es un tema demasiado delicado como entrar aquí en detalle. Sin embargo, creo que lo que sí podemos concluir con el video de hoy, es que solo a través de la vivencia y del conocimiento profundo de la fe expresada en sus milenarios símbolos, podremos renovar en continuidad nuestras celebraciones litúrgicas. 
Pues solo conociendo la «forma» de la Iglesia en su Tradición milenaria es que se puede re-formar e informar en conformidad al Espíritu. Tal vez nos sorprendamos al descubrir, entrando en esta dinámica de formación interior, que en realidad el verdadero problema en este momento es que aún no hemos ni siquiera comenzado a comprender y a vivir el alcance de las grandes renovaciones espirituales que hemos heredado (incluso recientemente), porque en el fondo desconocemos la belleza y profundidad del ritual y sus símbolos. Nuestra primera tarea como creyentes es simple y parte de aquí: dediquémosle más tiempo a nuestra formación y renovación en la fe, antes de criticar o proponer nuevas ideas; busquemos profundizar, conocer y vivir mejor lo que ya celebramos cotidianamente, para que de esta manera demos un testimonio contundente y convincente de que 
«donde esté nuestro tesoro, allí esta también nuestro corazón» (Mt 6,21).
Señal de la cruz
https://www.youtube.com/watch?v=DM6z_8zE3X4
IGLESIA ORTODOXA
Los dos dedos extendidos simbolizan la doble naturaleza de Jesús, humana y Divina. Los tres dedos doblados simbolizan las Personas de la Santísima Trinidad ...
Para hacer la señal de la cruz debemos juntar los tres primeros dedos de la mano derecha (pulgar, índice y medio) y los otros dos (anular y meñique), se doblan hacia la palma. 
Los tres primeros dedos nos demuestran nuestra fe en la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. 
Posición de los dedos mientras hace la señal de la cruz de la manera bizantina.
Los dos dedos doblados, significan que el Hijo de Dios bajó a la tierra siendo Dios y se hizo hombre, demostrándonos sus dos naturalezas, la divina y la humana.
Al iniciar la señal de la cruz ponemos los tres dedos juntos en: la frente, para santificar nuestra mente; en el pecho/abdomen para santificar nuestros sentimientos interiores; al hombro derecho y después al izquierdo, para santificar nuestras fuerzas corporales.
La señal de la Cruz en la tradición bizantina, es en realidad la forma original que tuvo esta práctica entre todos los cristianos de los tiempos de la Iglesia Indivisa tanto de Occidente, como de Oriente. 
Esta manera antiquísima de persignarse que aún se conserva en el seno de la Iglesia Ortodoxa, expresa de manera simple y lógica la doctrina trinitaria, puesto que el cristiano cuando pone sus dedos de la frente al abdomen, lo hace diciendo en nombre del Padre, cuando se dirige al hombro derecho, dice en nombre del Hijo, y cuando se dirige al hombro izquierdo, dice en nombre del Espíritu Santo, y esto tiene su razón de ser, y es la siguiente: el Hijo está sentado a la derecha del Padre; es por eso que entre los ortodoxos la señal de la Cruz se hace de derecha a izquierda, y no a la inversa como es el uso común entre los cristianos de Occidente, ya sean católicos, anglicanos o protestantes. Sin embargo, en países de tradición ortodoxa como Rumanía, se explica la señal de la Cruz de esta forma: partiendo de la frente, decimos "En el nombre del Padre", descendiendo al abdomen se dice "y del Hijo", luego, llegando al hombro derecho se repite "y del Espíritu Santo", para terminar en el hombro izquierdo diciendo "Amén".
Cuando nos persignamos debemos hacerlo repitiendo mentalmente: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén." Así demostramos nuestra fe en la Santísima Trinidad. En nuestro deseo de vivir y trabajar para la gloria de Dios. La palabra Amén significa: "De verdad" o "Así sea." 
La señal de la cruz nos da fuerza para rechazar y vencer el mal. Tenemos que hacerlo correctamente, sin apuro, respetuosamente y conscientemente del acto que significa el persignarse.
Debemos persignarnos: 

  • al iniciar, durante y al final de una oración; 
  • al reverenciar los iconos; 
  • al entrar y salir de la Iglesia; 
  • al besar la Cruz; 
  • también hay que hacerlo en los momentos difíciles de nuestras vidas, 
  • en alegrías y penas, 
  • en dolor y congoja; 
  • antes y después de las comidas.

HACERNOS LA SEÑAL DE LA CRUZ ES UN GESTO SIMPLE PERO A LA VEZ UNA PROFUNDA EXPRESIÓN DE FE PARA LOS CATÓLICOS Y CRISTIANOS ORTODOXOS.
Hacernos la Señal de la Cruz es un gesto simple pero a la vez una profunda expresión de fe tanto de los Católicos como de los Cristianos Ortodoxos. Como católicos, es algo que hacemos cuando entramos en una iglesia, luego de recibir la comunión, antes de comer y cada vez que oramos. Pero, ¿qué es realmente lo que hacemos cuando nos santiguamos? 
Aquí hay 21 cosas:

1) Orar. Comenzamos y finalizamos nuestras oraciones con el Signo de la Cruz, tal vez no comprendiendo que el signo de la cruz es en sí mismo una oración. Si la oración es en esencia “la elevación de nuestra mente a Dios” como lo dice San Juan Damasceno, entonces el Signo de la Cruz califica perfectamente como tal. 
“No es un gesto vacío, el signo de la cruz es una potente oración que conecta al Espíritu Santo como nuestro Divino Intercesor y generador de una exitosa vida cristiana” escribe Bert Ghezzi.
2) Abrirnos a la gracia. Como un sacramental, el Signo de la Cruz nos prepara para recibir la bendición de Dios y nos dispone para cooperar con Su gracia, de acuerdo a Ghezzi.

3) Santificar el día. Como un acto que realizamos repetidas veces a lo largo del día, la Señal de la Cruz santifica nuestro día. 
“En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz.”, escribió Tertuliano.
4) Consagrar todo nuestro ser a Cristo. En el movimiento de nuestras manos, desde nuestra frente a nuestro pecho y luego hacia ambos hombros, le estamos pidiendo a Dios su bendición para nuestra mente, nuestras pasiones y deseos, nuestros propios cuerpos. En otras palabras, la Señal de la Cruz nos consagra en cuerpo y alma, mente y corazón a Cristo. 
“Deja que tome todo tu ser –cuerpo, alma, mente, voluntad, pensamientos, sentimientos, tus acciones y omisiones- y sellándolos con la cruz, fortalécelo y conságralo todo con la fuerza de Cristo, en el nombre de la Divina Trinidad” decía el teólogo del siglo XX, Romano Guardini.
5) Recordamos la Encarnación. Nuestro movimiento es hacia abajo, desde nuestra frente a nuestro pecho 
“porque Cristo descendió de los cielos a la tierra”, escribía el Papa Inocente III en sus instrucciones para hacer la Señal de la Cruz. Sosteniendo dos dedos juntos- ya sea el pulgar con el anular o el índice- también representan las dos naturalezas (humana y divina) de Cristo.

6) Recordamos la pasión de Nuestro Señor. Fundamentalmente, al trazar las líneas de la cruz sobre nosotros, estamos recordando la crucifixión de Cristo. Esta remembranza se ve profundizada si mantenemos nuestra mano derecha abierta, usando los cinco dedos para hacer la señal- correspondiente a las cinco heridas que sufrió Cristo.

7) Afirmar la Trinidad. Al invocar el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, estamos afirmando nuestra creencia en un Dios Trino. Esto también se refuerza si usamos los tres dedos para hacer la señal, de acuerdo al Papa Inocente III.

8) Enfocar nuestra oración en Dios. Una de las tentaciones cuando oramos, es dirigirnos a Dios con nuestra concepción personal de El- El hombre de arriba, nuestro amigo, una especie de genio cósmico, etc. Pero cuando esto sucede, nuestras oraciones se tratan más de nosotros que de un encuentro con el Dios viviente. La Señal de la Cruz inmediatamente nos enfoca en el Dios verdadero, de acuerdo a Ghezzi: 
“Cuando invocamos la Santísima Trinidad, ponemos nuestra atención en el Dios que nos creó, no en el Dios que nosotros hemos creado. Dejamos de un lado esas imágenes y dirigimos nuestras oraciones a Dios que se ha revelado a sí mismo como: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.
9) Afirmar la procedencia del Hijo y El Espíritu. Al levantar primero nuestra mano a la frente recordamos que El Padre es La Primera Persona de la Trinidad. Al bajar nuestra mano nosotros “expresamos que El Hijo procede de El Padre”. Y, al finalizar con El Espíritu Santo, aseguramos que El Espíritu procede del Padre y del Hijo, como lo dice San Francisco de Sales.

10) Confesar nuestra fe. Al afirmar nuestra creencia en la Encarnación, crucifixión y en la Trinidad, estamos haciendo una mini confesión de fe en palabras y gestos, proclamando las verdades fundamentales de nuestro credo.

11) Invocar el poder del nombre de Dios. En la escritura, el nombre de Dios tiene poder. San Pablo nos dice que 
“ante que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos” (Filipenses 2,10). Y Jesús mismo dijo 
Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo. Y también haré lo que me pidan invocando mi Nombre” (Juan 14,13-14)
12) Crucificarnos personalmente con Cristo. Todo el que quiera seguir a Jesús debe “negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirlo” como dijo Jesús a sus discípulos en Mateo 16,24. “He sido crucificado con Cristo”, escribe San Pablo a los Gálatas en el capítulo 2,19. 
“Proclamar la Señal de la Cruz es proclamar nuestro si a la condición de discípulos de Cristo”, escribe Ghezzi.
13) Pedir apoyo en nuestro sufrimiento. Al cruzar sobre nuestros hombros le pedimos a Dios “que nos dé apoyo- nos meta el hombro- en nuestro sufrimiento”, escribe Ghezzi.

14) Reafirmar nuestro bautismo. Al usar las mismas palabras con las que hemos sido bautizados, la Señal de la Cruz es un “resumen y aceptación de nuestro bautismo” de acuerdo al Cardinal Joseph Ratzinger.

15) Revertir la maldición. La Señal de la Cruz recuerda el perdón de nuestros pecados y da vuelta a nuestra caída pasando “del lado izquierdo de la maldición al derecho de la bendición” de acuerdo a De Sales. El movimiento de izquierda a derecha también significa nuestro futuro paso de la miseria del presente a la gloria futura, como Cristo ha “cruzado de la muerte a la vida y del infierno al Cielo”, escribió el Papa Inocente II.

16) Rehacernos a imagen de Cristo. En Colosenses 3, San Pablo usa la imagen de la vestimenta para describir como nuestra naturaleza pecadora se transforma en Cristo. Debemos tomar nuestro ser viejo y ponerlo en el ser “que está siendo renovado… a imagen de su creador”, nos dice Pablo. Los Padres de la Iglesia veían una conexión entre este verso y el desnudar a Cristo en la cruz, 
“nos muestra que debemos despojarnos de nuestra vieja naturaleza en el bautismo y ponernos una nueva como participación de nuestra desnudez con Cristo en Su crucifixión”, escribía Ghezzi. 
Él concluye que podemos ver la Señal de la Cruz como 
“nuestra forma de participar en la desnudez de Cristo en la Crucifixión y ser vestidos con la gloria de Su resurrección”. 
Así que al hacer la Señal de la Cruz, estamos identificando radicalmente con todo el evento de la crucifixión- no solo con esas partes que podemos aceptar o que podemos procesar sin dañar nuestras sensibilidades.

17) Marcarnos a nosotros mismos por Cristo. En la Antigua Grecia, la palabra para señal era “sphragis”, que también era una señal de propiedad, de acuerdo a Ghezzi. 
“Por ejemplo, un pastor marcaba sus ovejas como su propiedad con una marca que llamaban sphragis” escribe Ghezzi. 
 Al hacer la Señal de la Cruz, nos marcábamos como pertenencia de Cristo, nuestro verdadero Pastor.

18) Ser soldados para Cristo. El “sphragis” era también un término para el nombre de un general que era tatuado en sus soldados de acuerdo a Ghezzi. Esto también es una metáfora de la vida cristiana: mientras podemos ser comparados a ovejas en el sentido que seguimos a Cristo como nuestro pastor, no debemos ser tímidos o mansos. 
Más bien somos llamados a ser soldados para Cristo como lo escribe San Pablo en Efesios 6 
“Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza; tengan buen calzado, estando listos para propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios”.
19) Custodia contra el demonio. La Señal de la Cruz es una de las muchas armas que usamos en la batalla con el demonio. Como decía un predicador del medievo llamado Aelfric, 
“Un hombre puede mover sus brazos maravillosamente sin crear ninguna bendición hasta que hace la Señal de la Cruz. Pero, si lo hace, el enemigo pronto sentirá temor a cuenta de la victoria ya reclamada”. 
En otra afirmación, atribuida a San Juan Crisóstomo, se dice que los demonios “vuelan lejos” ante la Señal de la Cruz “temiéndola como un bastón con el que están siendo abatidos”. (Fuente: Enciclopedia Católica).

20) Sellarnos con El Espíritu. En el Nuevo Testamento, la palabra “sphragis”, mencionada antes, es a veces traducida como sello, como en 2ª Corintios 1,22, donde San Pablo escribe que 
Y Dios es el que nos da fuerza, a nosotros y a ustedes, para Cristo; él nos ha ungido y nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros los primeros dones del Espíritu”. 
Al hacer la Señal de la Cruz, estamos nuevamente sellándonos en el Espíritu, invocando Su poderosa intervención en nuestras vidas.

21) Ser testigos para otros. Como un gesto que a menudo hacemos en público, la Señal de la Cruz es una simple forma de testificar nuestra fe para otros. 
“No nos sintamos avergonzados de confesar al Crucificado. Que la Cruz sea nuestro sello hecho con valentía por nuestros dedos en nuestra frente, y en todo; sobre el pan que comemos, en las copas que bebemos; en nuestras entradas y salidas; antes de dormir, cuando nos acostamos y cuando nos levantamos; cuando estamos en camino y cuando estamos quietos” escribió San Cirilo de Jerusalén.
(Fuentes citadas: La Señal de la Cruz, de Bert Ghezzi y Señales de Vida, de Scott Hahn)
Fuente:
http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/como-nace-la-costumbre-de-hacer-el-signo-de-la-cruz-5852917399552000
http://www.corazones.org/diccionario/senal_cruz.htm
http://enelcaminocorrecto.blogspot.com.ar/2010/09/como-hacer-la-senal-de-la-cruz.html
http://catholic-link.com/2016/04/15/video-3-hermosas-verdades-contiene-senal-cruz/
https://www.pildorasdefe.net/aprender/fe/cosas-que-hacemos-cuando-nos-realizamos-la-senal-de-la-cruz

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