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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

30 de abril de 2016

RELATIVISMO - NO ME IMPONGAS TU VERDAD.

El relativismo es el concepto que sostiene que los puntos de vista no tienen verdad ni validez universal, sino que sólo una validez subjetiva y relativa a los diferentes marcos de referencia. En general, las discusiones sobre el relativismo se centran en cuestiones concretas; así, el relativismo gnoseológico considera que no hay verdad objetiva, dependiendo siempre la validez de un juicio de las condiciones en que este se enuncia; o el relativismo moral, que sostiene que no hay bien o mal absolutos, sino dependientes de las circunstancias concretas. Similares postulados se defienden tanto en el relativismo lingüístico como en el relativismo cultural.
Los relativistas y los escépticos consideran que aceptar cualquier creencia es algo servil, una torpe esclavitud que coarta la libertad de pensamiento e impide una forma de pensar elevada e independiente.
Sin embargo -como decía C. S. Lewis-, aunque un hombre afirme no creer en la realidad del bien y del mal, le veremos contradecirse inmediatamente en la vida práctica. Por ejemplo, una persona puede no cumplir su palabra o no respetar lo acordado, arguyendo que no tiene importancia y que cada uno ha de organizar su vida sin pensar en teorías. Pero lo más probable es que no tarde mucho en argumentar, refiriéndose a otra persona, que es indigno que haya incumplido con él sus promesas.
Cuando los defensores del relativismo hablan en defensa de sus derechos, suelen desprenderse de todo su relativismo moral y condenar con rotundidad la objetiva inmoralidad de quien pretenda causarle daño. Y si alguien les roba la cartera, o les da una bofetada, lo más probable es que olviden su relativismo y aseguren -sin relativismo ninguno- que eso está muy mal, diga lo que diga quien sea (sobre todo si lo dice el ladrón o agresor correspondiente). Porque si la palabra dada no tiene importancia, o si no existen cosas tales como el bien y el mal, o si no existe una ley natural, ¿cuál es la diferencia entre algo justo o injusto? ¿Acaso no se contradicen al mostrar que, digan lo que digan, en la vida práctica reconocen que hay una ley de la naturaleza humana?
El relativismo, al no tener una referencia clara a la verdad, lleva a la confusión global de lo que está bien y lo que está mal. Si se analizan con un poco de detalle sus argumentaciones, es fácil advertir -como explica Peter Kreeft- que casi todas suelen refutarse a sí mismas:
  • "La verdad no es universal" (¿excepto esta verdad?).
  • "Nadie puede conocer la verdad" (salvo tú, por lo que parece).
  • "La verdad es incierta" (¿es incierto también lo que tú dices?).
  • "Todas las generalizaciones son falsas" (¿esta también?).
  • "No puedes ser dogmático" (con esta misma afirmación estás demostrando ser bastante dogmático).
  • "No me impongas tu verdad" (tú me estás imponiendo ahora tus verdades).
  • "No hay absolutos" (¿absolutamente?).
  • "La verdad solo es opinión" (tu opinión, por lo que veo). 
Etcétera ad nauseam.
La Universidad es el lugar sagrado del saber donde se aprende a venerar la integridad de la persona humana, desde que nace hasta su muerte natural.
Formas de totalitarismo y dominación de la persona - La catequesis de estado, es cuando un estado se hace formador de la conciencia moral de todos los ciudadanos, en un pensamiento único que es el suyo. Destruye así todas las otras formas de la inquietud intelectual del ser humano y uso de la recta razón; a un estado totalitario le conviene mentes párvulas.

El ejercicio de la recta razón es fundamental en el pensar del hombre para evitar todo relativismo.

Europa no puede prescindir del logo griego, del logo cristiano que es amor, pues constituye la identidad propia de Europa.

Europa no es una unidad geográfica, es una unidad de pueblos, gracias al cristianismo.
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En la civilización actual prevalece una cultura que privilegia la autonomía, el relativismo, la inmanencia y la autosuficiencia. De frente a esta situación, hay que proponer el kerigma cristiano con todo su peso de verdad revelada del cual el Obispo es Maestro auténtico por la autoridad recibida de Cristo, en su Diócesis en comunión con Pedro.
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Picasso. Mujer...
Viviendo en un mundo en el que la mayoría tiene razón, bueno, pues si conseguimos que la mayoría vote que ahora es de noche, pues es de noche, es un absurdo, claro. Nunca la mayoría ha tenido razón, es absolutamente imposible que las mayorías tengan razón. Las mayorías son las beneficiarias de lo que minorías crean. ¿Cuántos santos hay?, pocos. ¿Y cuántos sabios? Muy pocos. Pero ellos son los que tienen el deber de trabajar en beneficio de la sociedad y la sociedad recoge los buenos resultados de ello. Ahora, eso se niega: “No, la mayoría tiene razón”, bueno, pues la mayoría quiere que ahorquen al árbitro de fútbol porque ha perdido su equipo.

La regla de mayoría no es razón. La mayoría no sustituye la razón.

El apoyo mayoritario, momentáneo, a opciones políticas que apoyan el asesinato por aborto, la manipulación genética, el reconocimiento y la potenciación de las aberraciones sexuales, la ruptura familiar y la explotación laboral, que cercena la libertad educativa y favorece la desintegración social y nacional, dentro de un marco de totalitarismo legal con ilimitación jurídica, no legitima sus acciones, aunque éstas sigan cauces legales.

«No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad». Aristóteles

Contra la manipulación histórica, el rigor de los que saben.
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UNA PARÁBOLA PARA DESENMASCARAR LA FINALIDAD DEL RELATIVISMO - por Octavio Rodríguez
El relativismo hace posible la burla y el abuso de quien tiene el poder en su mano

En un libro publicado antes de su elección como Romano Pontífice, Benedicto XVI se refería a una parábola budista [1] . Un rey del norte de la India reunió un día a un buen número de ciegos que no sabían qué es un elefante. A unos ciegos les hicieron tocar la cabeza, y les dijeron: "esto es un elefante". Lo mismo dijeron a los otros, mientras les hacían tocar la trompa, o las orejas, o las patas, o los pelos del final de la cola del elefante. Luego el rey preguntó a los ciegos qué es un elefante, y cada uno dio explicaciones diversas según la parte del elefante que le habían permitido tocar. Los ciegos comenzaron a discutir, y la discusión se fue haciendo violenta, hasta terminar en una pelea a puñetazos entre los ciegos, que constituyó el entretenimiento que el rey deseaba.

Este cuento es particularmente útil para ilustrar la idea relativista de la condición humana. Los hombres seríamos ciegos que corremos el peligro de absolutizar un conocimiento parcial e inadecuado, inconscientes de nuestra intrínseca limitación (excusa teórica del relativismo). Cuando caemos en esa tentación, adoptamos un comportamiento violento e irrespetuoso, incompatible con la dignidad humana (excusa ética del relativismo).

Lo lógico sería que aceptásemos la relatividad de nuestras ideas, no sólo porque eso corresponde a la índole de nuestro pobre conocimiento, sino también en virtud del imperativo ético de la tolerancia, del diálogo y del respeto recíproco.

La filosofía relativista se presenta a sí misma como el presupuesto necesario de la democracia, del respeto y de la convivencia.

Pero esa filosofía no parece darse cuenta de que el relativismo hace posible la burla y el abuso de quien tiene el poder en su mano: en el cuento, el rey que quiere divertirse a costa de los pobres ciegos; en la sociedad actual, quienes promueven sus propios intereses económicos, ideológicos, de poder político, etc. a costa de los demás, mediante el manejo hábil y sin escrúpulos de la opinión pública y de los demás resortes del poder.

¿Qué tiene que ver todo esto con la fe cristiana? Mucho. Porque es esencial al Cristianismo el autopresentarse como religio vera, como religión verdadera. La fe cristiana se mueve en el plano de la verdad, y ese plano es su espacio vital mínimo. La religión cristiana no es un mito, ni un conjunto de ritos útiles para la vida social y política, ni un principio inspirador de buenos sentimientos privados, ni una agencia ética de cooperación internacional. La fe cristiana ante todo nos comunica la verdad acerca de Dios, aunque no exhaustivamente, y la verdad acerca del hombre y del sentido de su vida . La fe cristiana es incompatible con la lógica del "como si". No se reduce a decirnos que hemos de comportarnos "como si" Dios nos hubiese creado y, por consiguiente, "como si" todos los hombres fuésemos hermanos, sino que afirma, con pretensión veritativa, que Dios ha creado el cielo y la tierra y que todos somos igualmente hijos de Dios. Nos dice además que Cristo es la revelación plena y definitiva de Dios, «resplandor de su gloria e impronta de su sustancia», único mediador entre Dios y los hombres, y por lo tanto no puede admitir que Cristo sea solamente el rostro con que Dios se presenta a los europeos..
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Octavio Rodríguez
[1] Ratzinger, J., Fede, verità, tolleranza. Il Cristianesimo e le religioni del mondo , Cantagalli, Siena 2003 (trad. Española:
Recomendamos vivamente: ‘Fe, verdad y tolerancia’, Ed. Sígueme, Salamanca 2005) pp. 170 ss. Autor al siglo Joseph Ratzinger: Benedicto PP. XVI).-
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El Siglo XX ha sido un andar -para el cristiano- de sangre y fuego.
HISTORIA SIGLO XX - …[…]… Se nos escapa la memoria directa del horror pero también de actos y «momentos estelares de la humanidad» -parafraseando a Stefan Zweig- que han hecho de la civilización cristiana, ilustrada y democrática occidental el mundo más libre, más compasivo y generoso jamás habido, el más capaz de generar la promesa y la esperanza de felicidad a los seres humanos.

RELATIVISMO
- El rigor y la verdad pierden todos los días batalla frente a la ofensiva de nuevas supersticiones predicadas por todo el arsenal mediático, ante la terrible levedad de la adquisición de ideas fáciles, el pensamiento débil, la mediocridad impuesta y los valores intercambiables de un relativismo en el que sólo tienen solvencia el poder, la comodidad y la supervivencia.
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La verdadera educación comporta y asume ciertamente la ciencia, la cultura y la técnica, pero está orientada al objetivo nobilísimo de la formación de la persona, en sus dimensiones humanas integrales y en la perspectiva de sus fines más elevados. La educación es, por consiguiente, proposición y asimilación de “valores”, que son fundamento de la identidad, dignidad, vocación y responsabilidad del hombre como persona y como miembro de la sociedad. Los jóvenes, con pleno derecho, esperan tener educadores que sean auténticos maestros que sepan orientarles hacia ideales elevados y darles ejemplo de ellos con su vida. Una actitud y un clima de relativismo y de permisivismo, desarrollados frecuentemente sobre la pérdida o la erosión de valores espirituales y éticos, no han producido ciertamente buenos frutos y no ayudan al desarrollo de la auténtica personalidad de los jóvenes.
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Sigue vigente el principio de que sólo delinquen y son responsables criminalmente las personas físicas. Ningún delincuente puede manchar otro honor que no sea el propio.

Hay quienes piensan que la democracia entraña el triunfo de la bondad moral y que, en ella, todos los ciudadanos, o la mayoría de ellos, son justos y benéficos. Es falso. La democracia no cancela la brutalidad ni suprime la barbarie. Por el contrario, nace más bien de la constatación de la existencia del mal. Precisamente por ello instaura los principios de la transparencia y de la libertad de expresión, y los mecanismos de limitación del poder, al que sitúa bajo permanente sospecha. Si la barbarie no fuera posible, acaso cupiera prescindir de los gobiernos y de la fuerza legítima del Derecho. Pero no es así. Si no lo es nunca, perfecta ocasión para la extensión del odio y la barbarie. Lo democracia no imposibilita la existencia de Caín; sólo impide, y no siempre, su impunidad.
Dr. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA. 2004.05. ESPAÑA.
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«El relativismo no une. Y tampoco el puro pragmatismo». «La renuncia a la verdad y a la convicción no eleva al hombre y ni siquiera lo acerca a los demás, sino que le deja en manos del cálculo de lo útil y del egoísmo, privándole de su grandeza».
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Frente al intento de vincular tolerancia y relativismo, acaba resultando imposible hablar de tolerancia sin referirnos repetidamente a elementos éticos objetivos.

Resulta llamativo en efecto que, en un momento en que se proponen los más variopintos presuntos derechos, no se hable de un derecho a la verdad. En Nueva York encontraremos una Estatua de la Libertad, convertida en símbolo de la cultura occidental, pero no encontraremos una estatua dedicada a la Verdad; ni siquiera, como en la Grecia precristiana, a la Verdad desconocida. La dictadura del relativismo tiende a presentar la verdad como enemiga de la libertad, aunque luego se muestre incapaz de vivir sin verdades inconfesadas.

Frente al intento de vincular tolerancia y relativismo, acaba resultando imposible hablar de tolerancia sin referirnos repetidamente a elementos éticos objetivos. Para empezar, sólo cabe tolerar aquello que se considera falso o rechazable; lo acertado suscita adhesión y lo bueno entusiasmo, pero en ningún caso tolerancia. Así lo plantean todos los grandes teóricos de la tolerancia, de Locke y Voltaire a Popper y Marcuse. A algunos esto hoy les parece negativo, pero pretendiendo dar a la toleracia un contenido positivo presentan como tal lo que es más bien exigible reconocimiento de derechos; imitan así a los que conceden caritativamente lo que en realidad deben por justicia.

Si para considerar algo falso o rechazable se precisa, concientemente o no, un concepto de lo verdadero y lo bueno, sólo puede invitar a tolerarlo otro elemento ético objetivo: el respeto a la dignidad del otro. Pero habrá un tercer elemento ético objetivo que está presente en todos los teóricos de la tolerancia: la existencia de una frontera de lo intolerable. Locke no tolera a los ateos, porque no le parecen de fiar, ni a los católicos por considerarlos fanáticos; Marcuse considera «represiva» una tolerancia que ignora algo para él tan objetivamente rechazable como la opresión alienante. Sin esa triple referencia objetiva, si nada es verdad ni mentira, la tolerancia se convierte en humo.

El problema de la fundamentación de los derechos. El relativismo lleva a un pensamiento único, a la vez un tanto cómico, ya que se habla continuamente de derechos humanos pero se considera académicamente incorrecto sugerir que los derechos fundamentales tienen fundamento ético objetivo. Andrés Ollero, 
catedrático de filosofía: acaba de publicar un libro sobre el argumento - MADRID, jueves 30 junio 2005«Derecho a la verdad. Valores para una sociedad pluralista» es el título del último libro del profesor Andrés Ollero, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y diputado durante más de 17 años, editado en Pamplona por Eunsa.2005-07-03
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Si nos remontamos a Pedro el Grande o Iván el Terrible veremos que Rusia siempre se ha modernizado imitando la arquitectura de Europa, pero nunca copió de Europa el respeto a los derechos humanos.
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Hace siglos, Cartesio intentó superar el relativismo filosófico con la afirmación: “Pienso, luego existo”. Quizás, el relativismo hoy puede ser vencido con una sencilla y aún más profunda intuición: “Amo, luego existo”. O, todavía mejor: “He sido amado, luego existo”.
En nuestra época, sólo a través de la verdad del amor se puede entender de nuevo la verdad de la libertad y la libertad puede estar unida a la verdad.
Cada persona está en busca de un amor verdadero. Y en esta busca del amor verdadero, cada uno en su corazón, hombre o mujer, puede comprender si el amor es verdadero, y en esta verdad puede entender una verdad fundamental de la persona humana.
Pero en una cultura basada en el materialismo, en la secularización y el relativismo, ¿dónde se puede encontrar la realidad del verdadero amor? En nuestra cultura occidental, cada vez más posmoderna, el razonamiento filosófico tiene cada vez menos la capacidad de persuasión. Todos están todavía en busca del amor, desde el momento en que la vocación al amor está inscrita en el corazón de cada persona.
Sabemos que el amor que estamos buscando está cada día a disposición en el sacrificio vivo de sí mismo que Nuestro Señor hace cuando está presente en la Eucaristía.
La Gaudium et spes nos dice que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (nº 22). Y entonces, ¿no es también posible que en nuestro tiempo, a través del misterio del Santo Sacrificio que el Señor hace de sí mismo, se revele la identidad del hombre, su valor, su dignidad, su verdadera vocación y la profunda verdad de su existencia?
Por eso, la eclesiología Eucarística y la comunidad Eucarística, que han sido recordadas tan a menudo durante este encuentro, presuponen una antropología Eucarística. A través de la exploración de la visión Eucarística de la persona humana -centrada en el sacrificio de amor de nuestro Señor en la Misa- podemos encontrar un nuevo Catequismo de la Eucaristía que, al mismo tiempo, hará posible un nuevo don evangélico: al unirse el hombre más íntimamente a Nuestro Señor en la Eucaristía, se unirá más íntimamente el hombre a la más profunda realidad de sí mismo.2005.
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La fidelidad a la democracia, la única que puede garantizar la igualdad y los derechos de todos. En efecto, se da una especie de dependencia recíproca entre democracia y justicia, que impulsa a todos a comprometerse de modo responsable para que se salvaguarde el derecho de cada uno, especialmente de los débiles o marginados. La justicia es el banco de prueba de una auténtica democracia. 

Dicho esto, no hay que olvidar que la búsqueda de la verdad constituye al mismo tiempo la condición de posibilidad de una democracia real y no aparente: "Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia" (Centesimus annus, 46). De aquí la invitación a trabajar para que aumente el consenso en torno a un marco de referencias comunes. De lo contrario, el llamamiento a la democracia corre el riesgo de ser una mera formalidad de procedimiento, que perpetúa las diferencias y acentúa los problemas.
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"El relativismo de la cultura contemporánea consiste básicamente en fabricarnos nuestra propia moral que se atiene a las «leyes» que a uno le convienen y evade las que no le agradan. Es una forma de hipocresía. Somos delincuentes con máscara de ciudadanos respetables… La hipocresía es atuendo y disfraz, máscara, escudo protector de toda perversión, incluido el capital de los capitales, la soberbia.." MMVI
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«El peor crimen de nuestro tiempo es el de la indiferencia»

-Retorna el nihilismo, un concepto de hace más de un siglo...

-Nihilismo no es relativismo, es mucho peor: es negar la existencia del mal, que es la idea más nefasta del siglo XX, la de los fascismos rojos o negros. Si no existe el mal, todo está permitido. Tenemos el nihilismo violento de la guerra y un nihilismo pasivo, que consiente el crimen. El nazismo no fue sólo un crimen de alemanes, fue un crimen europeo, el crimen de la indiferencia. 2007-

-¿Quedará alguien con autoridad moral para juzgar el mal?

-Pienso en Havel, o en Juan Pablo II, que suscitaba ironía en algunos jefes de estado, pero que fue una autoridad moral para Solidarnosc. Pienso en las nueve personas que se manifestaron en la Plaza Rojacuando los tanques soviéticos invadieron Praga; en los profesores de universidad que prefirieron limpiar cristales antes de difundir la propaganda comunista del gobierno checo. En la gente que en 1953 salió a la calle en Berlín y en los obreros de Budapest en 1956. Y pienso, recientemente, en la población de Kiev y Georgia, con la revolución de las rosas. Y en los disidentes que defendieron los derechos humanos hasta provocar el más grande movimiento geopolítico del siglo XX: la caída del comunismo y la reunificación de Europa. 2007-09-

BARCELONA-España. Con setenta años cumplidos, André Glucksmann (filósofo francés), sigue siendo una de las conciencias más indomables del pensamiento europeo.
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Estar a la última moda y lucir un aspecto físico envidiable se han convertido, hoy en día, para muchos, en el pasaporte para alcanzar la felicidad. Belleza y felicidad se convierten, así, en un binomio potenciado desde la televisión y las revistas de moda, dedicadas a vender ilusiones, proponiendo un estereotipo corporal al que todos aspiran. Pero, ¿eso es así? 
El DECÁLOGO DEL BUEN RELATIVISTA
El progreso intelectual de la civilización occidental ha degenerado en un círculo oriental, del que es imposible salir. La anulación de su libertad.

Para dialéctica de altura la del siglo XIX y primera parte del XX. Desde entonces, desde el fin de la II Guerra Mundial hasta ahora, vivimos de prestado. Los tratados se han convertido en eslóganes y la búsqueda de la verdad en búsqueda de la búsqueda: en definitiva, en la turbadora tentación de que la verdad no existe, por lo que el conocimiento no merece la pena: lo único que merece la pena es la divagación eterna e infructuosa sobre las formas de conocimiento. La cosa empezó a torcerse con Descartes, pero en el siglo XX alcanzó su plenitud: es decir, alcanzó el desastre.

Es como si la razón hubiera sido recluida en una cárcel y, con ella, la libertad. Recluida, claro está, en nombre de la libertad de pensamiento. El progreso intelectual de la civilización occidental ha degenerado en un círculo oriental, del que es imposible salir. En Occidente le llamamos relativismo, pero en el fondo éste no esconde más que la anulación del hombre como ser racional y, con ello, la anulación de su libertad. Vivimos en el universo de la contradicción permanente.

Analicemos la situación en unos pocos aforismos, que son lo mandamientos vigentes. El primero y más importante de todos, que los engloba a todos, que los resume y abarca a todos, es el siguiente:

1. “Nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. Ahora bien, la frasecita de Campoamor, que revela como ninguna otra el acta de defunción de las verdades absolutas, es la que incurre en la primera contradicción flagrante: nada es verdad ni nada es mentira… menos esta frase, este principio, este dogma aniquilador.

2. “Prohibido prohibir”, tradujeron los del mayo francés, una generación que continúa sin abandonar el poder. Ahora bien, si prohibimos prohibir, ya hay algo que sí está prohibido: prohibir.

3. “Todo es opinable”, aseguran los hombres de la sociedad de la comunicación. Sí, todo es opinable; todo menos justamente eso: que todo sea opinable.

4. “Los dogmas son inadmisibles”. Salvo justamente el que acabo de enunciar, que es indemostrable pero de aplicación forzosa. En cualquier caso, el hombre siempre parte de un dogma para concluir, tanto en el pensamiento deductivo como en el inductivo.

5. “Libertad de pensamiento”. Muy cierto, pero dos más dos sólo son cuatro en base 1 y por definición. Nadie comienza a pensar desde cero, sino desde un eje de coordenadas que le viene dado. El pensamiento humano está sometido a reglas estrechas, que componen lo que se conoce como la ciencia de la lógica: no damos para más y no es para avergonzarse de ello. A fin de cuentas, mal de muchos…

6. “Toda idea, principio o creencia es tan respetable como otra”. ¿Todas? No, porque la que acabo de escribir vale mucho más que cualquier otra y es acreedora del mayor de los respetos.

7. “Eduquemos en libertad”. Pero eso es imposible: si concedemos libertad al alumno para someterse o rechazar la educación, seguramente optará por la libertad de no educarse, sobre todo si piensa en el sometimiento y el esfuerzo que implica el hacerlo.
Lo único que importa es la tolerancia, no las ideas que se toleran. Es más, la misma libertad de expresión es un atentado contra la libertad ajena, en cuanto puede influir en el interlocutor.

8. “Sólo acepto lo que sea demostrable”. Pero ni siquiera puedo demostrar mi propia existencia: vaya comienzo. Lo empíricamente demostrable no alanza ni el 0,1% de los conocimientos humanos.

9. “Lo que se ve, existe; y lo que no se ve, no existe”. Pero nuestros sentidos nos engañan con frecuencia. Además, de esta forma no existirían la lunas de Júpiter, ni el amor, ni el dolor, ni la belleza, ni el arte, ni la literatura… Además, ¿estamos seguros de que la vida no es sueño y que el ensueño no es la verdadera vida?

10. “Nadie puede decir lo que está bien o lo que esta mal”. Pero esta política de no injerencia es buena en sí misma, así como sus numerosos desarrollos en forma de juicios morales, esos juicios que constantemente estamos pronunciando. Es más, si en algo creemos es en nuestras críticas al prójimo o en nuestros halagos (en ésos menos, dado que resultan menos numerosos).

No es extraño que el hombre actual esté mareado. Sufre de vértigo intelectual y sus síntomas son: falta de personalidad, acentuada inseguridad en sus talentos. O sea, que el relativismo le ha llevado al complejo de inferioridad, a la tristeza: Porque el hombre puede ser bueno o malo, sabio o ignorante, pero lo que su propia naturaleza racional no puede aceptar jamás sin romperse en pedazos es vivir en la contradicción. El único velo capaz de ocultar la incoherencia es la locura. Y esa es, precisamente, la meta lógica de todo relativismo. Los altavoces refuerzan la voz, pero no los argumentos.
Por Luis Olivera Marañón - Arvo Net, 13.12.2005
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En nuestros ambientes se registra una crisis de fe, progresa la descristianización y el secularismo, parece triunfar el relativismo y el agnosticismo basado en un individualismo exasperado, se exalta hasta el extremo la libertad absoluta del yo, se busca el placer a toda costa, se pone en tela de juicio la milenaria civilización occidental, se ataca la religión, muchos medios de comunicación difunden ideas malsanas que envenenan la sociedad, se destruye a la familia, hay parlamentos y gobiernos que imponen leyes inicuas y así se violan los más fundamentales derechos humanos, como es el derecho a la vida desde su inicio hasta su fin natural. La situación es grave y suscita en nosotros, los cristianos, preocupaciones, frustración; nos sentimos turbados y angustiados como los dos caminantes hacia Emaús.
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S. Em. R. Card. Francis ARINZE, Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso (Ciudad del Vaticano).

El acercamiento de la Iglesia a personas de religión diferente se basa en su fe en Jesucristo. La humanidad toda pertenece a Cristo, primogénito de toda la creación (cfr. Col 1, 15). Para la Iglesia, el diálogo, o colaboración, interreligioso está marcado por la esperanza, la esperanza de que todos los hombres y todas las cosas se reconcilien en Cristo, Señor de la Historia y anhelo de todos los corazones.

En el mundo moderno el obispo no puede elegir entre promocionar o no promocionar el diálogo interreligioso, porque el pluralismo de las religiones es un hecho real en la mayor parte de las sociedades. Los movimientos de los pueblos por razones económicas, culturales, políticas o de cualquier otro tipo han sido facilitados por los actuales medios de transporte. Hoy como nunca, culturas, religiones y lenguas se encuentran en la historia humana. La praxis ortodoxa tiene que basarse en la ortodoxia: el obispo es, en primer lugar, el maestro de la doctrina de la fe. Evidentemente, tiene que velar sobre las ideas teológicas en materia de diálogo interreligioso en su terreno de competencia. Sin embargo, lo que es aún más importante, tiene que alimentar a su pueblo con la rica doctrina encerrada en LG, GS, AG, NA, Redemptoris Missio, Dominus Jesus, Dialogue and Mission e Dialogue and Proclamation. El obispo debe promocionar, alentar y guiar la reflexión teológica sobre los temas concernientes al diálogo. Hay un número creciente de iniciativas sobre el diálogo interreligioso por parte de individuos e instituciones que tienen distintos grados de credibilidad; el obispo tendrá que ser muy cauteloso a la hora de decidir con cuáles comprometerse, ya que el sincretismo y el relativismo son peligros reales. La mayoría de los obispos encontrará útil, y a veces hasta necesario, tener una pequeña comisión formada por personas capaces y disponibles que vigilen que la dimensión del apostolado diocesano sea llevada de forma oportuna.

Un cristiano que encuentra a personas de otras religiones es, en primer lugar, un testigo de Cristo. Mediante ese cristiano, los otros creyentes deben ver, escuchar, vivir, tocar, hablar y trabajar en Cristo.

Si el diálogo interreligioso puede empezar con la dimensión horizontal - la búsqueda conjunta de justicia, paz, armonía y valores sociales -, tiene que apuntar sobre todo a una dimensión vertical: la búsqueda de Dios, la búsqueda de la verdad religiosa, el esfuerzo para una mayor apertura con respecto a la acción divina.

Si no es el obispo el que enseña y difunde estas verdades, ¿quién lo hará, en su lugar? 2001.
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Sobre los factores que alimentan hoy la increencia. Es un fenómeno complejo, pero podrían citarse estos tres:

– El economicismo y el cientifismo, con sus repercusiones en las masas, en las formas de consumo y de mercado, y en la expectativa de que todo puede tener una solución tecnológica, no facilita el que surjan preguntas más fundamentales y existenciales.

– El relativismo, propio de las actuales sociedades democráticas. El pluralismo, al presentar un variado mercado de valores y estilos de vida, de religiones incluso, no sólo ha tenido como resultado el surgimiento de valores auténticos como el respeto y la tolerancia, sino que, mal comprendido, ha producido un relativismo muy hondo: no se concibe que alguien, sea persona o institución, se presente como poseyendo la verdad plena y absoluta. Y en la medida en que piensan que la religión cristiana tiene esa pretensión, se la descalifica. En muchos ambientes, tanto de intelectuales como de gente sencilla, la Iglesia se percibe un residuo de absolutismo y dogmatismo, como una institución rídiga que no ha sabido acomodarse a los tiempos democráticos.

– El no seguir los caminos que el Concilio Vaticano II (GS, 20) recomendaba para frenar el avance de la increencia, sería también un factor que la alimenta. En resumen serían estos tres: 1º. Una inadecuada exposición de la doctrina: la formación doctrinal del pueblo, e incluso de muchos catequistas y clérigos, es ciertamente “inadecuada”; 2º. Inautenticidad de vida cristiana: no referida sólo a que algunos cristianos no vivan de acuerdo con su fe, sino también referida a las formas con que, en ocasiones, se celebra el Evangelio; 3º. Falta de “diálogo sincero”, tanto al interior de la Iglesia, como con los “de fuera”. Si los cristianos tomásemos en serio las exigencias que el Concilio nos ha recordado, estaríamos en el camino adecuado para frenar el avance de la increencia.
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En estos momentos de relativismo, una cultura que exalte de manera absoluta a la persona y ya no la impulse a la solidaridad se expone al riesgo de ver que la libertad se transforma en dominio de los más fuertes sobre los más débiles, en contradicción consigo misma. Esto compromete las relaciones personales, empobrece y deforma la convivencia, y sujeta el saber al poder de un pensamiento que lo explota.
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¿Qué es llevar una vida limpia? Es vivir la propia existencia según las normas morales del Evangelio propuestas por la Iglesia. Actualmente, por desgracia, para muchos es fácil caer en un relativismo moral y en una falta de identidad que sufren tantos jóvenes, víctimas de esquemas culturales vacíos de sentido o de algún tipo de ideología que no ofrece normas morales altas y precisas. Ese relativismomoral genera egoísmo, división, marginación, discriminación, miedo y desconfianza hacia los otros. Más aún, cuando un joven vive "a su forma", idealiza lo extranjero, se deja seducir por el materialismo desenfrenado, pierde las propias raíces y anhela la evasión. Por eso, el vacío que producen estos comportamientos explica muchos males que rondan a la juventud: el alcohol, la sexualidad mal vivida, el uso de drogas, la prostitución que se esconde bajo diversas razones -cuyas causas no son siempre sólo personales-, las motivaciones fundadas en el gusto o las actitudes egoístas, el oportunismo, la falta de un proyecto serio de vida en el que no hay lugar para el matrimonio estable, además del rechazo a toda autoridad legítima, el anhelo de la evasión y de la emigración, huyendo del compromiso y de la responsabilidad para refugiarse en un mundo falso cuya base es la alienación y el desarraigo.

Ante esa situación, el joven cristiano que anhela llevar "una vida limpia", firme en su fe, sabe que está llamado y elegido por Cristo para vivir en la auténtica libertad de los hijos de Dios, que incluye no pocos desafíos. Por eso, acogiendo la gracia que recibe de los Sacramentos, sabe que ha de dar testimonio de Cristo con su esfuerzo constante por llevar una vida recta y fiel a Él.

La fe y el obrar moral están unidos. En efecto, el don recibido nos conduce a una conversión permanente para imitar a Cristo y recibir las promesas divinas. Los cristianos, por respetar los valores fundamentales que configuran una vida limpia, llegan a veces a sufrir, incluso de modo heroico, marginación o persecución, debido a que esa opción moral es opuesta a los comportamientos del mundo. Este testimonio de la cruz de Cristo en la vida cotidiana es también una semilla segura y fecunda de nuevos cristianos. Una vida plenamente humana y comprometida con Cristo tiene ese precio de generosidad y entrega.

Queridos jóvenes, el testimonio cristiano, la "vida digna" a los ojos de Dios tiene ese precio. Si no están dispuestos a pagarlo, vendrá el vacío existencial y la falta de un proyecto de vida digno y responsablemente asumido con todas sus consecuencias.La Iglesia tiene el deber de dar una formación moral, cívica y religiosa, que ayude a los jóvenes cubanos a crecer en los valores humanos y cristianos, sin miedo y con la perseverancia de una obra educativa que necesita el tiempo, los medios y las instituciones que son propios de esa siembra de virtud y espiritualidad para bien de la Iglesia y de la Nación. 23.01.1998
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El relativismo ético –que no reconoce nada como definitivo– no puede ser considerado como una condición de la democracia, como si fuera lo único que garantiza la tolerancia, el respeto recíproco entre las personas y la adhesión a las decisiones de la mayoría. Una sana democracia promueve la dignidad de cada persona humana y el respeto de sus derechos intangible e inalienables. Sin una base moral objetiva, ni siquiera la democracia puede asegurar una paz estable (cfr.Evangelium Vitae, n.70).
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EL RELATIVISMO DESTRUYE LA CONVIVENCIA POLÍTICA
Fue la gran conclusión de la Nota del 16 de agosto sobre católicos y vida pública de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Su hasta hace pocos meses Secretario y hoy Obispo de Génova, Tarcisio Bertone, ha vuelto a recordar los puntos clave. En realidad, la Nota no aportó ninguna novedad doctrinal, pero sí ayudó pedagógicamente a recordar los principios católicos sobre la convivencia política y el quehacer del católico en su actuación pública diaria.

Sin ninguna duda, el gran debate doctrinal es cómo resolver la compatibilidad del pluralismo político con los principios morales firmes. El cardenal Bertone argumenta que cuando la democracia abandona los principios morales se tiende a disponer de la vida del hombre como un producto. Una tendencia que desgraciadamente se convierte en una realidad. Como no puede ser de otra manera. Porque si el "otro" no es mi hermano -porque no somos hijos del mismo Padre- ¿por qué debo de respetarlo? Si Dios no existe, todo está permitido...

Sé que habrá quien argumente que es posible sostener una moral laica. Es decir, criterios morales fundados en la ley natural. De hecho, esto es lo que parece sugerir el Card. Bertone cuando apuesta por la existencia de principios morales no confesionales. Fue el intento fracasado del Instituto Libre de Enseñanza: "No a la religión, sí a la moral" dijeron entonces los Ginés de los Ríos. Y en algunos casos funcionó. Incluso de forma heroica y ejemplar, como el de ese médico que trataba a sus pacientes como si de su misma hija se tratara.

Pero convendrán conmigo que resulta un tanto difícil sostener la moral sobre criterios naturistas. Al menos para el común de los mortales. La experiencia española -y también hispanoamericana- es que una vez arrancada la fe, desaparece la moral. La fe son las raíces que sostienen el entramado moral. Arrancadas las raíces, desaparece el tallo. Y aunque intelectualmente sea posible sostener la validez de una moral laica, en la práctica resulta muy complejo. Porque en cualquier caso, necesitamos una raíz sólida que sostenga nuestros principios morales. Y esa raíz la podemos encontrar en la naturaleza y en la Revelación. Pero prescindiendo de esta última, no es posible estudiar antropología y desconocer el espíritu de trascendencia del hombre.

Y es precisamente este análisis sincero y no soberbio el que ofrece más garantías a la convivencia política, sea cual sea la forma de gobierno. Porque si Dios existe, el gobernante deja de ser dios. Y también el Estado y el mercado dejan de ser dios. De lo contrario, caeríamos en la tentación de pensar que el Estado providente que ejerce de mamá y de papá al mismo tiempo, es una especie de dios, que no me garantiza la vida eterna, pero que velará por mi pase lo que pase. O por el contrario, pesaríamos que la "mano invisible" del mercado, es una especie de "dios" capaz de ordenar eficientemente los recursos para garantizar el Bien Común. Una bonita aberración porque según el pensamiento liberal, es el egoísmo individual puesto en común el que produce el Bien. ¿Cómo puede ser que el mal produzca bien?

El Bien Común de la comunidad política sólo se puede garantizar desde el momento en que se conoce la realidad. Y la realidad es que el hombre tiene espíritu de trascendencia y que además, es contingente. No asumir la realidad, nos convierte en "dioses". Y como no hay nadie por encima de nosotros, los científicos serán los nuevos "sumos sacerdotes" de la "nueva religión". Será en pro de la ciencia sobre la que habrá que sacrificar los 200.000 futuros contribuyentes que permanecen en la nevera a la espera del dictamen de los nuevos césares.

Y serán estos nuevos "sacerdotes" los que señalen la bondad o maldad de la adopción de niños por parejas homosexuales. Y ya puestos, la ciencia nos podrá proporcionar ratios de compatibilidad y por tanto de seguridad en nuestro matrimonio. Una solemne estupidez que aunque parezca mentira ha empezado a funcionar con notable éxito de público...

Porque el hombre necesita del Absoluto. Y cuando el Absoluto no es Dios, entonces puede ser cualquier cosa. El "poderoso caballero" puede convertirse en un becerro adorable, la Ciencia puede sustituir nuestras aspiraciones trascendentales, o el Estado puede convertirse en el nuevo "dios". Pero también como sociedad necesitamos apelar a la trascendencia. De otra forma, el gobernante tendría un cheque en blanco sólo limitado por el tiempo del mandato. Y destronado a Dios del lugar que le corresponde, la sociedad puede endiosar cualquier cosa, desde el mismo sistema democrático, hasta el bienestar. Valores absolutos que se encontrarán por encima del mismo derecho a la vida del no nacido, o de la realidad política. ¿Debe Rwanda gobernarse por el sistema democrático de partidos tal y como lo conocemos en el mundo occidental?

La Iglesia sostiene la legítima autonomía de lo temporal. Y respeta tanto la actuación política que ni siquiera entra a valorar la mejor forma de gobierno. Pero la autonomía de lo temporal, debe de encuadrarse en un marco de valores morales compartidos que contemplen también la trascendencia. ¿Es menos democrático Estados Unidos por celebrar el Día Nacional de la Oración? Una vez asegurados estos principios, el pluralismo se convierte en una necesidad. Porque para obtener un fin compartido, es legítimo interpretar diferentes caminos.

Por otra parte, el supuesto pluralismo "destrascendentalizado" deja de ser pluralismo para convertirse en una verdadera toma de postura. La "delicadeza" europea ha llevado a la Iglesia a la sacristía y a los cristianos a esconder su fe. ¿Por qué el cristiano debe de refugiarse en la sacristía? ¿Por qué el mundo cultural esconde el hecho religioso cuando un tercio de los españoles acude a misa los domingos? Pues porque nuestra sociedad, lejos de adoptar el pluralismo, ha optado por una sociedad laicista, que nada tiene que ver con la sociedad laica. La afirmación de que la verdad no existe, ya presupone en sí misma una verdad irrefutable. Una "verdad" intelectualmente castrante que conduce al hombre desesperadamente hacia una búsqueda permanente de la nada.

Ya es hora de ofrecer la Verdad frente al nihilismo. Lo contrario nos convierte en cómplices. Y no se trata de un debate intelectualmente estéril. Se trata de unos barros que han traído los lodos de la aceptación social del aborto, la disolución de la familia, la apelación a los "derechos reproductivos" e incluso del "derecho al deseo". Es la cultura del bienestar que se encuentra demasiado cómoda en la cultura de la muerte, en la dictadura demográfica y en la esclavitud laboral... Luis Losada Pescador - HISPANIDAD DIGITAL. 2003. AGOSTO 29
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En este nuevo multiculturalismo no falta la herencia de un cierto tipo de marxismo que retoma los viejos tópicos de la sociedad sin clases y del desquite de las culturas oprimidas. Hay también un tercermundismo inconsciente en los gobiernos europeos, surgido de las culpas cometidas en sus aventuras coloniales. Pero el multiculturalismo es, sobre todo, producto de la crisis de la modernidad, hijo del pensamiento débil que renuncia a la verdad y niega a la razón humana la capacidad de alcanzarla. El multiculturalismo como ideología no es sino un epifenómeno delrelativismo cultural.
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El cristiano prevalece siempre por su amor a Dios y al próximo, en la Iglesia que Jesús fundó hace 2000 años.

La vida cristiana ante las sectas - El baluarte donde refugiarse frente al error y la confusión es la tradición apostólica y la Iglesia de Dios, «columna y fundamento de la verdad» (1 Tim. 3, 15). Ante el espectáculo de las ideologías de moda, San Pablo anima a su discípulo amado: «combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna ... guarda el depósito. Evita las palabrerías profanas, y también las objeciones de la falsa ciencia; algunos que la profesaban se han apartado de la fe» (1 Tim. 6, 12. 20-21). «No te avergüences ... Ten por norma las palabras sanas que oíste de mi en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros» (2 Tim. 1, 8. 13-14; cf. 1 Jn. 4, 6). Las palabras son gráficas: «Rechaza las fábulas profanas y los cuentos de viejas» (1 Tim. 4, 7). «Evita las palabrerías profanas, pues los que a ellas se dan crecerán cada vez más en impiedad, y su palabra irá cundiendo como gangrena» (2 Tim. 2, 15-17). A Tito por su parte, el Apóstol le avisa que a los «habladores y embaucadores» es menester «taparles la boca» y «reprenderles severamente», «a fin de que conserven sana la fe» (Tito 1, 11. 13).

El Señor edifica la Iglesia, que es su Cuerpo, en la unidad de su fe (cf. Ef. 4, 11-13), «para que no seamos ya niños llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error, antes bien, siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquél que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo recibe» (Ibíd. vv. 14-16).

La intensa vida espiritual de los creyentes les mantendrá inmune de las asechanzas (cf. 1 Pe. 5, 8) y la fascinación de las sectas. El estudio y profundización de nuestra fe, así como la vida interior y el ejemplo de vida hasta el padecimiento, son las mejores armas para hacer frente a los contradictores del Evangelio. San Pedro escribe: «dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero hacedlo con dulzura y respeto. Mantened una buena conciencia, para que aquello mismo que os echen en cara, sirva de confusión a quienes critiquen vuestra buena conducta en Cristo. Pues más vale padecer por obrar el bien, sí esa es la voluntad de Dios, que por obrar el mal» (1 Pe. 3, 13-17).

El apóstol San Judas confía a sus queridos discípulos esta misión frente a las divisiones gestadas por las "hairesis": «edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A unos, a los que vacilan, tratad de convencerles; a otros tratad de salvarles arrancándoles del fuego; y a otros mostradles misericordia con cautela, odiando incluso la túnica manchada por su carne» (Jds, 20-23).

Las estrategias sectarias que buscan acercarse a los fieles y conquistarlos para sus ideologías y grupos no eran desconocidos a los Apóstoles. En los textos antes citados te habla de la «acción solapada» de los sectarios, de «discursos capciosos» y «argumentos embaucadores», así como de «vana palabrería» y «objeciones de la falsa ciencia». Estos «visitan las casas» y perturban a los fieles, fomentan las «disensiones y disputas», procurando arrastrar a la gente contra la verdad del Evangelio. Las acciones de reclutamiento que promueven los líderes de las "hairesis" van desde las palabras dulces y falaces basta la persecución directa.

En este marco se deben ubicar las advertencias apostólicas. «Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele" (Tito 3, 10). «Si alguno viene a vosotros y no es portador de esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le saludéis, pues el que le saluda se hace solidario de sus malas obras» (2 Jn. 10-11).

El apóstol san Pablo Insiste: «Esto has de enseñar; y conjura en presencia de Dios que se eviten las discusiones de palabras, que no sirven para nada, si no es para perdición de los oyentes» (2 Tim. 2, 14; cf. ibíd. 2, 23). Y refiriéndose a las doctrinas y cultos paganos, les dice a los corintios: «No os juntéis con los infieles. Pues ¿qué relación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué unión entre la luz y las tinieblas? ¿Qué armonía entre Cristo y Beliar? ¿Qué participación entre el fiel y el infiel? ¿Qué conformidad entre el santuario de Dios y el de los ídolos?» (2 Cor. 6. 14-15).

Ante el fenómeno sectario he aquí en pocas palabras la máxima apostólica: vigilancia y crecimiento en la intimidad con el Señor. «Vosotros pues, queridos, estando ya advertidos, vivid alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos disolutos, os veáis derribados de vuestra firme postura. Creced, pues, en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pe. 3, 17-18).

Esta unión íntima con el Maestro por la gracia y oración se intensifica y halla su momento privilegiado en la Palabra de Dios, la Santísima Eucaristía y la Virgen María.

La vida espiritual y la sana doctrina encuentra en las Escrituras Sagradas la fuente preciosa que educa "al hombre de Dios" y le mantiene en la fe y sabiduría de Cristo. San Pablo elogia el conocimiento de los Libros Sagrados de su discípulo Timoteo y le encomienda vivamente la familiaridad con la palabra de Dios para no verse arrastrado por el error y el desaliento. He aquí el texto: «Tú, en cambio, persevera en lo que aprendiste y en lo que creíste, teniendo presente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Letras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y educar en la justicia, así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena» (2 Tim. 3, 14-17).

La Palabra de Dios lleva a la Eucaristía: el Verbo al Verbo que se hizo Carne por nosotros. El corazón de la espiritualidad bíblica radica en la Santísima Eucaristía, Sacrificio y Comunión del Cuerpo y Sangre de Cristo. Los Apóstoles lo habían aprendido del mismo Maestro (cf. Mt. 26, 26-28; Lc. 22, 19-20; Jn. 6, 53-58) y lo vivieron con notable fervor (cf. 1 Cor. 11, 23-25). La Eucaristía, Sacramento de la Fe y de la unidad —tal como nos describe los Hechos de los Apóstoles— constituía y edificaba la Comunidad de los creyentes (cf. Hech. 2, 42).

Inseparable de Jesucristo, la Madre por excelencia, que siempre intercede ante su divino Hijo (cf. Jn. 2) junto a su Iglesia (cf. Jn. 19. 25-27; Hech. 1. 14), la Virgen María, maestra de oración y de entrega a Dios (cf. Lc. I, 38; 1, 46-55; 2, 19. 51). Ella aplasta la serpiente y vence al dragón protegiendo a sus hijos del mal y del error (cf. Gén. 3, 15; Apoc. 12). La devoción mariana ocupa un puesto particular en la perseverancia de los fieles y en ministerio apostólico frente al florecimiento de las "hairesis" contrarias al Evangelio de Jesucristo.

La consecuencia inmediata de la auténtica vida espiritual es la evangelización. Los fieles, pertrechados de las armas del espíritu (Hech. 2; 4, 8; Ef. 6, 10-20), se lanzan a la aventura misionera, para compartir con todos la insondable riqueza de Jesucristo (cf. Ef. 3, 8. 14-19). El Espíritu Santo les lleva a vivir para Cristo Jesús (cf. Rom. 8, 14-17), y a no descansar hasta ver al Señor formado en cada uno (cf. Cor. 9, 16. 22-23); extender el Evangelio a todos los confines (cf. Mt. 28. 18-20), confiando en Dios, que da el crecimiento (cf. 1 Cor. 3, 6-7).

Los tiempos difíciles, lejos de hacer palidecer la actividad apostólica, exigen por el contrario un mayor fervor evangelizador. El incansable Apóstol de los gentiles nos dejó en la persona de Timoteo aquella gran consigna: «Te conjuro en la presencia de Dios ... Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio» (2 Tim. 4, 1-5).

La caridad y la paciencia serán en esta tarea apostólica la luz que mostrará la verdad y la sal que sazonará al mundo (cf. Mt. 5, 13.14). «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn. 13, 35). «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt. 5, 16).

«¡Mirad cómo se aman!». La historia nos narra cómo llamaba la atención de los paganos el amor que se tenían los cristianos y su entereza ante las persecuciones. «La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma ... Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía» (Hech. 4, 32. 33). Las escenas y sentimientos de los Apóstoles seguían este tono «Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre. Y no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Nueva de Cristo Jesús cada día en el Templo y por las casas» (Hech. 5, 41. 42). Las obras de misericordia volvían patentes las palabras del Señor, y los perseguidores quedaban atónitos al ver cómo los fieles afrontaban la muerte con la esperanza del Cielo y la resurrección.
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Los enemigos de Benedicto XVI son los enemigos de la naturaleza humana y de la libertad del hombre. Vivimos una época en la que la política clásica y la religión han sido expulsadas de la vida pública y sustituidas por la ética y la economía como principios rectores del actuar. La política siempre se ha mantenido sobre el equilibro estable de las relaciones entre la autoridad y el poder. Es posible que a la Iglesia le competa el orden de la autoridad y a la política el del poder.

El monopolio del poder y la pretensión de la autoridad como elementos que han hecho al Estado, han convertido a éste último en el gran enemigo de la Iglesia. El Estado es particularista; la Iglesia es universalista; el Estado tiene la pretensión de racionalidad última; mientras que la Iglesia propone una cosmovisión íntegra de las facultades humanas; el Estado actúa en el espacio de lo humano; y la Iglesia activa el tiempo de lo humano. Lo que Benedicto XVI representa es un ejercicio de autoridad, de saber social, que no deja indiferente a los ministros de la estatalidad y del nuevo poder ético y económico que, supuestamente, legitiman el gobierno oligárquico de nuestra democracia nacional. Podrá un ministro de Justicia construir un sistema legislativo sobre el poder, que deviene de la representación –sin entrar ahora a cuestionar la forma y el modo en que se ejerció esa representación- pero de lo que adolece es de la autoridad que sostiene el Derecho y que sirve a la construcción del orden y del bien común. La judicialización de la vida social en nada beneficia a los ciudadanos.

En una conferencia pronunciada en 1992 en Bratislava por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, y publicada en español en el libro “Verdad, valores y poder”, nos recordaba que la tarea del Estado es “mantener la convivencia humana en orden”, es decir, garantizar el derecho como condición de libertad y el bienestar general. “Corresponde al Estado, ante todo, gobernar, pero, en segundo lugar, es también función suya hacer que el gobierno no sea simplemente un ejercicio de poder, sino protección del derecho que asiste al individuo y garantía del bienestar de todos”, afirmó. No es competencia del Estado crear nuevos hombres, nuevas formas de relación, o convertir el mundo en un paraíso.

Vaclav Belohradsky señaló que en el siglo XX culminaría “la invasión del poder inocente”, un poder que se pone más allá del bien y del mal que reivindica una inocencia permanente. Un poder, el inocente, que se justifica en la mentira sobre el hombre, sobre sus derechos y sobre sus reivindicaciones. No hay nada más nihilista que la voluntad de una minoría que acaba imponiendo a la sociedad unas leyes que atentan contra la racionalidad y contra la naturaleza, contra la realidad. Benedicto XVI es muy consciente de que su ministerio se va a topar con los poderes inocentes, con los talantes, y con aquellos que los sostienen y justifican. 2005.04
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El Vaticano II reafirma así la doctrina católica tradicional, según la cual el hombre, en cuanto criatura espiritual, puede conocer la verdad y, por tanto, tiene el deber y el derecho de buscarla (cf. ib., 3). Puesto este fundamento, el Concilio insiste ampliamente en la libertad religiosa, que debe garantizarse tanto a las personas como a las comunidades, respetando las legítimas exigencias del orden público. Y esta enseñanza conciliar, después de cuarenta años, sigue siendo de gran actualidad. En efecto, la libertad religiosa está lejos de ser asegurada efectivamente por doquier: en algunos casos se la niega por motivos religiosos o ideológicos; otras veces, aunque se la reconoce teóricamente, es obstaculizada de hecho por el poder político o, de manera más solapada, por el predominio cultural del agnosticismo y del relativismo.
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CUANDO LOS PUEBLOS SE EQUIVOCAN
Lo dijo Churchill y es cierto. La democracia es el peor de los sistemas de gobierno si se exceptúan todos los demás. El sistema garantiza, por regla general, el turno pacífico y regular en el poder y, gracias a ello, la existencia de raciones no despreciables de libertad y derivadamente de paz social y de justicia. Lamentablemente, la democracia no puede garantizar la virtud, la bondad o la decencia. Incluso puede convertirse en el camino hacia el poder de fuerzas políticas que, una vez en él, consagrarán la existencia de sistemas antidemocráticos o la mera esclavitud de sectores enteros de la población. En el colmo de las perversiones esas fuerzas llegan al poder apoyados en los votos de millones de ciudadanos.

Mussolini se hizo con el dominio absoluto de Italia no gracias a un golpe de estado, a una revolución o a una guerra civil sino al respaldo de importantes sectores de la población que le veían como una garantía de orden y progreso. Mayor interés, sin embargo, merece el caso de Hitler. El Führer se aupó a la cancillería alemana sobre millones de votos que lo consideraron la garantía cierta de que los alemanes recuperarían su autoestima nacional. Por supuesto, Hitler tuvo opositores pero la aplastante mayoría de los alemanes consideraron que lo que hacía lo hacía bien y que si no había que apoyarlo al menos había que dejarle hacer. Ni siquiera esa opinión varió cuando el III Reich comenzó a cosechar derrota tras derrota y a ser objeto de terribles bombardeos. El mensaje nacionalsocialista había calado tan hondo entre los alemanes que ahora se consideraban víctimas de una conjura mundial promovida –¡cómo no!– por los judíos. Fue necesaria la derrota militar para que Alemania sometiera a profunda crítica sus últimos doce años de Historia, la historia de un pueblo que, conscientemente, entregó el poder a los nazis por encima de cualquier otra consideración como la de la supervivencia de los no-nacionalistas o de los judíos.

(...) En ocasiones, los pueblos cometen terribles equivocaciones pero lo más grave no es que se condenen con ellas al desastre. Lo peor es que ese desastre lo transmiten a gente cercana que la única culpa que arrastran es la de tenerlos cerca. Así los justos –al menos de esa falta– pagan por los empedernidos pecadores. Alemania en los años treinta fue un buen ejemplo de la veracidad de esta tesis. La libertad digital, 14.V.01 – César VIDAL.
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Tenía razón Anatole France cuando decía que «gobernar es crear descontentos». Aunque parezca mentira, siempre son más numerosos los colectivos perjudicados que los beneficiados por una decisión política, y más si es justa. Tolstoi escribía que «es más fácil dictar leyes que gobernar». Ese es el reto de cualquier político en este tiempo de incertidumbres y descontento. Antonio de Guevara escribió en su «Relox de príncipes», libro modélico sobre los modos de gobernar. «Porque si en alguna cosa, por ínfima que fuese, hallásemos contentamiento, en ella y no en otra pondríamos nuestro paraíso (...) El que es loco con cualquiera cosa se contenta, mas el que es cuerdo no fácilmente se arroja ni determina.» En ese plazo de cien días, -que se le concede a un nuevo gobierno- debe decidir lo fundamental de cualquier acción política: «Lo que hay que hacer, lo que no hay que hacer, lo que hay que dejar hacer y lo que hay que dejar de hacer.» Y, luego, para que todos estemos contentos, recordar lo que decía Alfredo de Vigny: «El gobierno menos malo es aquel que hace menos ostentación, que se hace sentir menos y que resulta menos caro».
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“Las doctrinas centrales del cristianismo fueron capaces de inspirar y sostener relaciones sociales y organizaciones atractivas, liberadoras y eficientes”. Fueron las doctrinas de la Iglesia las que permitieron que el cristianismo se encontrara “entre los movimientos de revitalización más formidables y de mayor éxito en la historia”. Con los cristianos aparece un Dios que, de hecho —algo nunca visto hasta entonces—, se preocupa por todos los seres humanos, que los ama con locura y que pide y espera de sus seguidores un amor semejante entre ellos y fuera de ellos, incluso a sus enemigos y a quienes no les entienden. La Buena Nueva del cristiano, era dos veces buena y nueva, pues al dar a la humanidad un Dios amoroso y misericordioso daba también a los hombres y a las mujeres su auténtica humanidad.
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También Jenofonte y Platón se hicieron anti-demócratas tras ver cómo el voto popular condenaba a Sócrates a muerte.
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El imperio de la mentira, una de las potencias más destructoras del mundo.

No se mide el inmenso poder destructor de la mentira, sobre la que nada se puede edificar, mientras que la verdad es coherente, consistente, la tierra firme sobre la que se puede caminar, por dura y lamentable que sea.
No hay que intentar contentar a los que no se van a contentar. 
JULIÁN MARÍAS. FILÓSOFO. ESP. 2003-05-22 ABC.
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"No sigas a la muchedumbre para obrar mal, ni el juicio acomodes al parecer del mayor número, si con ello te desvías de la verdad" SAN ATANASIO + 373 ca.
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«¿No es una arrogancia hablar de verdad en cosas de religión y llegar a afirmar haber hallado en la propia religión la verdad, la sola verdad, que por cierto no elimina el conocimiento de la verdad en otras religiones, pero que recoge las piezas dispersas y las lleva a la unidad?». Card. + Joseph Ratzinger - Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe - Fragmento de «La Unicidad y la Universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia»
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Un requisito fundamental para el cristiano del siglo XXI, es tener: "una conciencia moral recta, bien formada, fiel al magisterio de la Iglesia".
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Parece que los políticos y novelistas de moda se han puesto de acuerdo para escupir sobre el cristianismo. Parece que el pensamiento único quiere dar una vuelta de tuerca y barrer la presencia cristiana de la vida europea. En realidad, esos políticos y escritores repiten la ingenuidad de Herodes, y me temo que tropezarán en la misma piedra, como ya tropezaron sus ilustrados padres. Paul Hazard nos dice que el Siglo de las Luces fue crítico hasta la extenuación, y que el centro de su crítica tenía un nombre propio: Jesucristo. Mucho más que una reforma, querían abolir la Cruz, eliminar la posibilidad de una comunicación entre Dios y el hombre.
Hazard lo explica en ese libro extraordinario que es El pensamiento europeo en el siglo XVIII, en una primera parte que titula El proceso al cristianismo. Podríamos pensar que exagera si no viéramos lo que estamos viendo, y si Julián Marías no hubiera dicho lo mismo en La perspectiva cristiana, otro lucidísimo ensayo que cobra ahora más actualidad que nunca. Desde que existe el cristianismo –explica nuestro pensador–, el ser humano se ha podido ver de una manera nueva. En primer lugar, creado. En segundo lugar, libre. Y, además, imagen de Dios y amado por Él para siempre, de manera que seguirá viviendo después de la muerte corporal y biológica. Todo ello representa una radical novedad, una innovación histórica de una magnitud incomparable con cualquier otra. Sin embargo, «se puede hablar de un proceso de descristianización en varias etapas, realizado por distintos equipos que se han ido relevando, con extraña continuidad, desde el siglo XVIII».
Por sí algún novelista desea tomar nota, un Dostoyevski ateo dispuso de media docena de años para pensar, preso en Siberia, sobre la vida humana y su sentido. Fruto de esa experiencia es Memorias de la casa muerta, un magnífico relato que inaugura el género de las memorias de presidio. Pero Dostoyevski vivió en Siberia una experiencia mucho más intensa que la carcelaria. Pudo leer el Nuevo Testamento, y en esas páginas descubrió que «nadie es más bello, profundo, comprensivo, razonable, viril y perfecto que Cristo. Pero, además –y lo digo con un amor entusiasta–, no puede haber nada mejor. Más aún: si alguien me probase que Cristo no es la verdad, y si se probase que la verdad está fuera de Cristo, yo preferiría quedarme con Cristo antes que con la verdad».
En este asunto, el problema de nuestros políticos es que se ven obligados a negar la evidencia, pues está claro que la Historia no ha sido dividida por Julio César o Pendes, ni por Picasso o Fidel Castro, sino por Jesucristo. Y que su autoridad es radical e inaudita: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». Hegel y Nietzsche –que no son curas ni profesores de Religión– afirman que la realidad histórica de Jesucristo ha hecho violencia a la Historia hasta convertirse en su quicio, hasta cambiar su derrotero de forma irreversible. Hoy, mientras releo a Hopkins, tan querido y tan bien traducido por Dámaso Alonso, me llaman la atención los títulos y piropos que dedica al Dios encarnado: Orgullo, Rosa, Príncipe, Héroe nuestro, Amor del corazón, Señor de las mareas, del antiguo diluvio, del año que termina... Y no me cabe duda de que es también Señor de los políticos.
José Ramón Ayllón – 2004.11.07-Esp-
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«La fe está abierta a todo aquello que en la cultura es grande, verdadero y puro... Pero, desde siempre, el cristianismo ha estado amenazado por elementos anticristianos y hoy estamos ante una cultura que se aleja de manera siempre creciente del cristianismo. Prueba de ello son las amenazas a la vida, los ataques a la familia basada en el matrimonio, la reducción de la fe a una realidad subjetiva, la secularización, la fragmentación y la relativización de la ética».

El cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha subrayado que la evangelización no es una simple asimilación a la cultura dominante.
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Dios habla a los hombres a través de esa belleza única llamada María", Madre de Dios y Madre nuestra (Juan Pablo II).
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No valemos por nuestra imagen, sino por el amor que Dios nos tiene, que es mayor -si cabe- cuando estamos enfermos o débiles.
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"Obedecer al Obispo y al clero con mentes sin divisiones y compartir el pan -la medicina de la inmortalidad- y el remedio soberano para escapar la muerte y vivir en Jesucristo para siempre... La única Eucaristía que deben apreciar como válida es una que es celebrada por Obispo mismo o por una persona autorizada por él. Donde está el Obispo, ahí debe estar su gente, al igual que donde estaba presente Jesucristo, ahí está la Iglesia católica..."

[San Ignacio de Antioquía, discípulo de San Juan Evangelista, (+ 107)] Ignacio nació en los días en que Cristo era crucificado. Conoció a San Pedro y a San Pablo.
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Judería: Conjunto de judíos referidos a un espacio. (Por ejemplo, la judería toledana).
Judaísmo: Religión, cultura y civilización de los judíos.
Judeidad: Conjunto ecuménico de los judíos.
Judaicidad: Características distintivas de los judíos según épocas u otras circunstancias.
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"Hay dos errores iguales y opuestos, en los cuales el género humano puede caer a propósito de los diablos. Uno es no creer en su existencia. El otro es creer en ella y sentir un interés excesivo y malsano por ellos. Por su parte, a ellos les gusta por igual uno y otro error y saludan con idéntico placer al materialista y al mago" M. Savignon. 2004
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Por lo pronto, retengamos esta idea: no siempre "lo último" es lo mejor. En el plano de los artefactos (la técnica), lo mejor siempre coincide con lo posterior; es mejor el televisor en color que en blanco y negro, así como éste superó a la radio. Pero existe un orden de realidades que no se deja encerrar por la técnica ni por la ciencia, ya que se compara a ellas como la causa a su efecto: me refiero al espíritu.
En el orden espiritual, el progreso es simultáneamente histórico y biográfico, de la Humanidad y de la persona. No es lineal, ni siempre hacia adelante. Aunque es siempre posible: pues su horizonte permanece abierto; pero avanzar en él es tarea moral, cuyo agente es una persona libre.
Mientras la técnica avanza impersonalmente, el hombre progresa moralmente, o retrocede moralmente.

La técnica sólo avanza, produciendo objetos, y no conoce retrocesos. Ahora bien, el valor de la vida depende del espíritu, no de los objetos; éstos sólo cobran valor si son asumidos dentro del horizonte del espíritu.
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"La fidelidad a la verdad nos depara una inmensa libertad interior"
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Las féminas tienen la misión especial de «ser testigo de los valores esenciales en la sociedad» S.S. Juan Pablo II – Lourdes 2004.08.15

«Centinelas de lo invisible» y depositarias de la salvaguardia de los «valores esenciales» de la sociedad. » S.S. Juan Pablo II – Lourdes 2004.08.15

«La vida es un don sagrado, del que nadie puede convertirse en dueño»

Que los católicos hagan «cuanto esté en su mano para que la vida, cualquier vida, sea respetada desde la concepción hasta su término natural»

«La vida es un don sagrado, del que nadie puede convertirse en dueño»

El Magisterio católico persiste en el rol que la Iglesia otorga a las mujeres y a la familia tradicional como defensores de la arquitectura social católica. Es la única respuesta válida» porque «en ella reside el secreto de la verdadera alegría y de la paz». 2004-08-15 Lourdes.
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«En Lourdes están representadas todas las enfermedades del mundo menos una, que es la ausencia del sentido de pecado» S.S. Juan Pablo II - 2004-08-15
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«Aquellos que se creen demasiado inteligentes como para involucrarse en la Política reciben su castigo al ser gobernados por otros que son mucho más tontos que ellos.» (Platón )
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La Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad. S.S. Juan Pablo II – 2004.08
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«Solo de la fidelidad a Dios puede nacer una vida fecunda». «Quien adora la riqueza, el poder, el suceso, termina por perder su dignidad de persona humana» S.S. Juan Pablo II - 2004-09-01
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Con quietud, con sosiego, con silencio, oirás a Dios.
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Si no defiendes tu libertad para salvar tu vida, perderás vida y libertad
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Decía Dostoievski que si Dios no existe, todo está permitido. Evidente. Si no hay Alguien que fije las reglas del juego para todos, nosotros nos hacemos dueños de esas reglas, y por tanto del juego y de los jugadores, ponemos castigo a los perdedores y damos el premio que nos da la gana a los ganadores. Determinamos quién puede jugar y cómo y quién debe ser expulsado del juego.
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Tolerar significa permitir algo que no se tiene por lícito. Es decir, que tolerancia significa permitir lo malo, no aprobarlo como bueno. Cuanto más tolerante soy, más manifiesto que hay realidades perversas en la sociedad. No, yo no quiero ser tolerante. Yo respetaré siempre a las personas, pero no me pidan que respete las ideas que no comparto. Lucharé con mi vida por la verdad y contra el error, aunque me cueste la sangre. Si alguien la quiere, aquí me tiene. 2004.09.02 Roberto de Tapia
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“Viendo lo que Jesús ha hecho por mí y por tí, ¿qué vamos, en lo adelante, a hacer por Él?” [Ignacio de Loyola (+ 1556)]
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«La democracia es una forma o método político que posee valor moral, pero que no garantiza la moralidad de sus resultados, pues éstos dependerán, sobre todo, del criterio y de la formación moral de la mayoría de los ciudadanos. Se concede una valoración excesiva al consenso como método para determinar lo que es o no correcto en el orden moral. Si es dudoso en el ámbito de la política, es falso en el orden moral. La mayoría no tiene necesariamente razón, lo que tiene es la fuerza democrática; si abusa de ella, degenera en tiranía». Ignacio Sánchez Cámara – España - 2004-09-
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Tengo la impresión de que, con san Agustín y santa Teresa, piensa aquello de que Nos sumus tempora y que, por consiguiente, no es cuestión tanto de que los hombres nos adecuemos a los tiempos, cuanto de que sepamos poner los tiempos a la altura de los hombres y de unas pautas y principios firmes, permanentes y claros, porque –alguna vez se lo he oído– lo sustancial, o lo es de verdad, en serio, o deja de ser sustancial.
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Maimónides - Nació en Córdoba en 1135 y falleció en Fustat (Egipto) en 1204. En 1148 la invasión almohade entran en Córdoba y los judíos abandonan la ciudad ante las masacres y órdenes de conversiones forzosas al Islam en un ambiente de intolerancias, torturas y vejaciones mahometanas.
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La fe tiene necesidad de la razón para no caer en la superstición.

La razón tiene necesidad de la fe para no caer en la desesperación. Juan Pablo II
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Hacer el bien es mucho más atractivo, aunque no siempre más fácil. «Vencer el mal con el bien» es una consigna que empalma a san Pablo (siglo I) con Juan Pablo II (siglo XXI). Veinte siglos de sabiduría cristiana coexistiendo con la estupidez no ajena al cristiano (nada humano nos es ajeno). Sigue siendo verdad. El bien es más poderoso, más atractivo, más apasionante que el mal. El bien es lo estrictamente verdadero, bueno y bello. Jesucristo nos exhorta a interesarnos por el bien, al menos igual que otros se interesan por el mal. Es decir, nos alienta a pensar en el bien, en lo bueno que es hacer el bien; a indagar constantemente en el modo de hacerlo. Y hacerlo. Y hacerlo cada vez mejor. 2004
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El amor no se da pleno y maduro de entrada. Debe superar la prueba del tiempo. Debe despojarse de mucho egoísmo, saber desprenderse de factores accidentales que lo acompañan (belleza, juventud, salud, posición), que pueden ser imprescindibles pero no constituyen la esencia del amor. Serán precisamente las pruebas, crisis y contrariedades las que harán que el amor se purifique y arraigue. Si bien el matrimonio es efecto del amor, en mayor medida la vivencia más profunda y real del amor es fruto de años de matrimonio. Pero para ello requiere superar la prueba del tiempo, necesita de purificación, pues sin ella el amor no escapa en el presente a la ilusión ni en el porvenir a la muerte.
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«Dios no ha respondido a este interrogante angustiante que surge del escándalo que provoca el mal con una explicación de principios, como queriendo justificarse, sino con el sacrificio de su propio Hijo en la Cruz». 
«En la muerte de Jesús se encuentran el aparente triunfo del mal y la victoria definitiva del bien; el momento más oscuro de la historia y la revelación de la gloria divina». 
«La Cruz de Cristo es para los creyentes imagen de esperanza, pues en ella se cumplió el designio salvador del amor de Dios» S.S. Juan Paulo II – magno -2004.09
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"Que haya más divorcios quiere decir que hay más problemas, no que hay más desarrollo y más libertad, sino que hay una constatación en mayor número de fracasos en algo tan importante como es la vida íntima de las personas, su proyecto fundamental que es su proyecto de convivencia familiar". 2004.
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S. S. Juan XXIII: «La autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por lo tanto, si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y, consiguientemente, en contradicción con la voluntad de Dios, no tendrían fuerza para obligar en conciencia...; más aún, en tal caso, la autoridad dejaría de ser tal y degeneraría en abuso». ( Carta enc. Pacem in terris l.c., 271. )
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«Cuando una ley está en contraste con la razón, se la denomina ley inicua; sin embargo, en este caso deja de ser ley y se convierte más bien en un acto de violencia». (Summa Theologiae, I-II, q. 93, a. 3, ad 2um.)

«Toda ley puesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto deriva de la ley natural. Por el contrario, si contradice en cualquier cosa a la ley natural, entonces no será ley sino corrupción de la ley». (Ibid., I-II, q. 95, a. 2. El Aquinate cita a S.. Agustín: «Non videtur esse lex, quae insta non fuerit», De libero arbitrio, I, 5, 11: PL 32, 1227.)
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“Ante los desafíos de la globalización, nosotros los católicos disponemos de una riqueza enorme, precisamente porque somos católicos; y católico quiere decir universal, es decir, nosotros tenemos una experiencia de globalización de 2000 años”.
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Dirigida por el Espíritu Santo, la Iglesia, como madre, no cesa de exhortar a sus hijos a la purificación y a la renovación para que brille con mayor claridad la señal de Cristo en el rostro de la Iglesia.
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Jesucristo, al momento en que envía a los apóstoles a predicar el evangelio a todo el mundo, desea que su Iglesia sea universal (en griego católicos), es decir: en plena catolicidad hasta al final de los tiempos, la designa Jesucristo.
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Los cristianos deben defender sus convicciones “sin arrogancia pero sin pusilanimidad” . Un requisito fundamental para el cristiano del siglo XXI, es tener: "una conciencia moral recta, bien formada, fiel al magisterio de la Iglesia". 
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Si alguna frase o proposición se hubiere deslizado en la presente Web, no del todo conforme a la fe católica, la reprobamos, sometiéndonos totalmente al Supremo Magisterio del Papa, jefe venerado de la Iglesia universal, en comunión con todos los Obispos del mundo entero –efectiva catolicidad, universalidad tal como el Cristo pidió.
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¡Gloria al Señor, Rey de Reyes, fundamento de la Iglesia!

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre del Salvador!

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla"; ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible; ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza?.
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“El que oye a vosotros oye a mí; el que os rechaza a ustedes, rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a Aquel que me envió”. Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San LUCAS 10-13,16
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«El que no sirve para servir, no sirve para amar». La Madre Teresa lo afirmó y lo vivió.
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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

“En la grandeza y hermosura de las criaturas, proporcionalmente se puede contemplar a su Hacedor original… Y si se admiraron del poder y de la fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su plasmador...; si fueron seducidos por su hermosura, ... debieron conocer cuánto mejor es el Señor de ellos, pues es el autor de la belleza quien hizo todas estas cosas”.

La fe es como una noche, una noche oscura, diseminada de estrellas. En efecto, San Juan de la Cruz - aquél gran místico de la cristiandad - justamente hablaba de la noche oscura de la fe en la vida espiritual. ¿No es verdad, sin embargo, que durante la noche se ve mucho más? Durante el día, es verdad, vemos con claridad, con más precisión (hasta podemos tocar las cosas, medirlas), a pesar de esto, vemos poco porque vemos lo que nos circunda ya que nuestro campo visivo es muy limitado. Durante la noche, también es verdad que vemos con menos claridad, sin precisión, sin embargo, podemos ver más plenamente, vemos más lejos y podemos ver las lejanas estrellas que están a miles de años luz, así podemos ver nuestra pequeña vida en el contexto del inmenso universo, en el contexto de la totalidad de la creación.
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Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

Por la gracia de Dios, en el año del Señor 2007: Anno Domini

"In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!
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La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo - «Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicara los otros la amistad con Él» (Benedicto XVI,).

Dar razón de la belleza de Cristo en los escenarios del mundo contemporáneo.

2000 años en que la Iglesia-cuna de Cristo, muestra su belleza al mundo.
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“El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).
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In Obsequio Jesu Christi.
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Fuente:
Alfonso Aguiló - www.interrogantes.net
http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=840

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