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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

20 de enero de 2016

HISTORIA DE LA MASONERIA EN EL MUNDO Por Traian Romenescu. (La transcripcion textual del artículo, no necesariamente implica la total coincidencia con las opiniones del autor)

ÍNDICE
(02) Roma.
(03) Europa.
(05) América.
(08) Rusia.
(12) Uruguay.
(13) Chile.
(14) Cuba.
(16) Japón.
(17) EEUU.
(--) Fuentes.
Existe una gran confusión sobre los orígenes y los verdaderos fines de la masonería, debido a que los dirigentes hebreos se han preocupado siempre de que todo se haga dentro del mayor sigilo. Esta precaución les ha permitido llegar a !a antesala del dominio mundial, donde están en estos momentos (1960). Es la masonería la mejor arma secreta del judaísmo y es secreta a pesar de que tiene siglos de existencia.

La mayoría de quienes intentaron en el pasado descubrir los orígenes y las finalidades de la masonería se concretaron a estudiarla desde la aparición de las primeras logias en Inglaterra, a fines del siglo XVII. De este modo, la sociedad milenaria adquirió el "origen inglés", circunstancia que sólo viene a aumentar la confusión y a servir a los fines del hebraísmo.

La literatura masónica común siempre es simbólica, falsa pero con apariencia de formal. Invariablemente es hebraica, en su forma y en su contenido. Los supremos dirigentes de la masonería han sido siempre judíos.
Egipto y medio oriente.
La masonería fue fundada alrededor de 1430 años antes de Jesucristo, como una sociedad secreta fraternal de los judíos dirigida contra los egipcios, que los tenían cautivos. Como consecuencia de su nacimiento en Egipto, aunque íntegramente judía, la masonería tiene aún cierta influencia egipcia en sus ritos, en sus uniformes, en la decoración de sus templos o logias y hasta en sus símbolos.

En los primeros tiempos, la hermandad fue varias veces reorganizada, y sus finalidades readaptadas a las necesidades político-sociales de cada época. La institución mantuvo su carácter puramente judío hasta el siglo XVII, en que se permitió la formación de logias mixtas para atraer a su seno a los no judíos, que servirían después a sus fines.

Desde los tiempos remotos, los verdaderos directores de la masonería han sido los jefes políticos y religiosos de los israelitas. Hiram, el artífice del primer templo, y sus treinta y tres "hijos", ' es decir, los treinta y tres jefes de equipo encargados de las obras, sirvieron más tarde de inspiración para los ritos masónicos. Los 33 grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado sirven para recordar a los 33 "hijos" de Hiram, y precisamente los masones se llaman "hermanos" entre ellos..., hijos del mismo padre. Y se consideran "constructores", no del Templo sino de la "felicidad del mundo".

Cuando en el año 587 a. C. el rey Nabucodonosor de Babilonia tomó Jerusalén, destruyó el Templo y se llevó en cautiverio a los judíos, se proclamó "gran maestro masón", tomando así el título de los reyes vencidos.

Cuarenta y nueve años después (538 a. C.), los hebreos volvieron a Palestina bajo el mando de Zorobabel, descendiente de David, a quien el rey persa Ciro —conquistador de Babilonia— le permitió reconstruir el Templo de Salomón. Zorobabel se proclamó entonces "Gran Maestro provincial de la logia masónica de Judá", naturalmente que con una finalidad patriótica.

Más tarde (332 a. C.), los judíos se aliaron con Alejandro Magno contra los persas y muchos de ellos se instalaron en Alejandría, la ciudad fundada por el guerrero macedonio en Egipto. Con el tiempo, Alejandría fue un poderoso centro comercial y cultural hebraico y a la vez centro masónico. Allí se hicieron las primeras traducciones de los libros religiosos judíos al griego, entre ellos la Biblia.

Bajo los sucesores de Alejandro, especialmente durante el reinado de Antíoco IV Epifanes (175-164 a. C.), en Siria, los judíos se declararon enemigos de los griegos. Jemaalén perdió su carácter hebreo, en tanto que el Templo de Salomón fue dedicado (168 a. .C.) al culto de Zeus. Los judíos, allí, fueron proscritos. Entonces Alejandría quedó como el más importante centro judaico del mundo antiguo, aunque había en ella menos israelitas que en Palestina.

Roma.
Al llegar los romanos a Oriente, los judíos buscaron su alianza contra los griegos y Palestina se convirtió en una especie de protectorado de Roma, desde donde los hebreos se diseminaron por todo el imperio de los Césares. Setenta años después de Cristo los judíos de Palestina intentaron una rebelión contra Roma, lo que trajo como resultado la destrucción de Jerusalén y del Templo por las legiones de Tito. Fue el comienzo de la Diáspora o dispersión. (La creación del Estada de Israel, en 1948, debía poner fin a la Diáspora, pero muy pocos judíos se mostraron dispuestos a volver al "hogar nacional". Los más recibieron órdenes —de sus jefes— de permanecer en "sus" respectivos países para seguir en la tarea de dominar al mundo. El nuevo Israel sirve sólo como refugio en caso de que fracase la gran conspiración y al mismo tiempo como símbolo. De acuerdo con los planes, Jerusalén será la futura "Capital del mundo").

A raíz de la destrucción de Jerusalén, Alejandría tomó la hegemonía religiosa, cultural, política y comercial del pueblo deicida. A falta de reyes, los rabinos se constituyeron en jefes de la masonería. Allí la secta se fortaleció grandemente en los siglos I y II y de nuevo se enriqueció con la influencia egipcia. Las mujeres masonas adoptaron, para sus ceremonias, los vestidos que usaban las egipcias en la época romana.

Europa.
Hasta 926 la masonería había conservado su pureza judía. Ese año, un grupo de hebreos procedentes de Alejandría se estableció en Inglaterra, donde para congraciarse nombraron al rey Aethelstan miembro honorífico de la secta, a la que presentaron como una "sociedad fraternal". 

Este primer intento de infiltrarse entre los gentiles fracasó en 1020, cuando el rey Canuto el Grande expulsó a los judíos. Vueltos al país en 1066 con los normandos de Guillermo el Conquistador, los hebreos pudieron permanecer en suelo inglés hasta 1290, cuando fueron echados otra vez y sus instituciones oficialmente disueltas.

Comenzó entonces para la masonería una época dura. Reconoció su fracaso entre los cristianos y optó por luchar con armas tan sutiles como la adulación y el servilismo aparente, hasta con-quistar prosélitos tanto en Inglaterra como en el continente. Era la Edad Media. La judería salía expulsada de un país, pero pronto volvía a él mediante la infiltración a base de cohechos y disimulos.

Entre 1290 y 1600 aparecieron varias sociedades masónicas -sobre todo en Francia, integradas por los alquimistas, los místicos, los iluminados (de Avignon), los martinistas, los teósofos y, principalmente, por los "rosacruces", de los cuales deriva la mayoría de los ritos masónicos actuales. En la llamada "Carta de Colonia" (1535) se consigna la existencia de algunas sociedades masónicas conocidas aún antes de Francisco Bacon, que fue uno de los primeros "rosacruces". Otros, notables, fueron Alberto el Grande, Paracelso, Christian Rosenkranz, Michael Mayer, Valentín Andrea, Amos Comenius, van Helmot, Robert Fludd, Robert Boyle y Descartes.

Pero estos "rosacruces" no practicaban la masonería atea de hoy, dirigida hacia una finalidad política bien clara, sino más bien una especie de alquimismo, ciencias ocultas y pseudo cristianismo. Su acción iba dirigida contra el prestigio de la Iglesia y de las monarquías. Alentaba el libre pensamiento y sembraba el cisma y toda clase de dudas acerca de la religión y el clero. 

El mayor triunfo de la sociedad judío masónica fue la separación de las Islas Británicas del mundo católico, gracias al rey Enrique VIII, que había sido influido hondamente por los judíos y alentado en su depravación (asesinó a varias de sus esposas) por los masones. El monarca creó en 1.534 la Iglesia Anglicana y él mismo se declaró primer jefe de la misma. Todo ocurrió aún antes de que el regreso de los judíos al país fuera oficialmente autorizado por Cromwell en 1649. Estos se habían infiltrado, disfrazados de comerciantes y marinos, especialmente desde Holanda.

La primera logia conocida en las Islas Británicas fue la llamada "logia masónica número uno de Edimburgo" (Escocia), fundada en 1599. El primer masón identificado como tal en Inglaterra fue el judío Elias Ashmole, "rosacruz" a quien seguían Robert Fludd, J. T. Desaguliers, Jacques Anderson, G. Payne, King, Klavat, Lumden, Madden y Elliot. Con ellos fundó la logia "Warrington-Lancashire" hacia 1650. Se trataba de la primera logia oficial inglesa, a la que pertenecía Cromwell, el cabecilla de la revolución que culminó con el asesinato del rey Carlos I, en Í649. Precisamente un año después, Cromwell firmó un pacto con Manaseh Ben Israel, gran rabino de Amsterdam y a la sazón jefe supremo del judaísmo, conforme al cual los judíos podían internarse libremente en Inglaterra.

Desde entonces Gran Bretaña se constituyó en el bastión del judaísmo, que dio vida y auge al imperialismo inglés, como instrumento de sus fines de alcance mundial. Fue la masonería, di-rigida por los judíos, la que instituyó el sistema parlamentario que le permite dirigir el imperio al margen del rey; la misma que extendió el dominio británico y que hoy lo destruye en be-neficio de los planes hebraicos.

Entre 1652 y 1696, la judería creó no menos de treinta logias y "talleres" mixtos en Inglaterra. Aparte funcionaban logias exclusivas para israelitas, que eran las directoras de la organización, tal como ocurre hasta la fecha.

Entre las primeras mixtas más importantes estaban la "Aberdeen", fundada en 1670, y la "Melrose" en 1674. En 1701 apareció la "Alnwich" y en 1705 la de York. En 1716, cuatro logias de Londres se unieron y formaron la "Gran Logia de Inglaterra", cuyo primer Gran Maestro fue el judío Anthony Sayer, "consagrado" el 24 de junio de 1717.

En 1725 todas las logias de Inglaterra, inclusive la de York que era la más importante, se unieron a la "Gran Logia". La ciudad inglesa de York, donde afirmase que el rey Aethelstan convocó para la "primera asamblea general masónica" en el año de 926, se transformó en una especie de ciudad santa de los masones. 

Pacientemente, los judíos consiguieron atraer a la masonería a toda la aristocracia inglesa, inclusive las familias reales, hecho que les permitió infiltrarse en la dirección política del país hasta que se apoderaron totalmente de ella hacia 1800, a través de la secta. Esto permitió que más adelante hebreos como Lord Reading, Lord Samuel, Lord Beaverbrook, Lord Montagu y otros fueran los verdaderos amos políticos de Inglaterra. Desde entonces el rey, al asumir el trono, es declarado "gran maestro" honorario. Es el caso, además, que los jerarcas de la Iglesia Anglicana sean a la vez "venerables" de la hermandad, con lo cual están en manos del judaísmo.

El método por el cual los hebreos controlan la masonería es sencillo. La judería tiene su masonería propia conocida como la rama Mizraim o Misrahi de la secta, que es la verdadera masonería con ritos diferentes. Por ejemplo, en sus ceremonias se invoca a Jehová, Dios de los judíos y no al "Supremo Arquitecto del Universo", como se hace en el resto de la masonería. A la rama Mizraim sólo pueden pertenecer israelitas que al mismo tiempo sean jefes o miembros de las logias masónicas mixtas. De tal dualidad no deben saber absolutamente nada los adeptos no judíos. Las decisiones tomadas en las logias y consejos masónico-judíos son comunicadas a las logias mixtas por los hebreos como "propuestas", que invariablemente son aceptadas, gracias a que tales individuos ocupan puestos clave.

Expansión.
Inglaterra sirvió de base para expandir la masonería al resto del mundo. Un dato curioso es que jamás hubo logias donde no había judíos. La secta se ramificó al África, por ejemplo, sólo a través de individuos iniciados educados en Europa. Detrás de ellos llegaron los israelitas.

La "Gran Logia de Inglaterra" fundó en 1729 la primera logia en Gibraltar, y ésta daría más tarde vida a sus similares de España, entre ellas la "Soberano Capitulo" y el "Taller Sublime", de Cádiz. Cuatro años más tarde creó la primera logia francesa, en Paría. En 1734, hizo lo propio en Alemania; en Holanda y Portugal en 1735; en Suiza en 1740; en Dinamarca en 1745; en Italia en 1763; en Bélgica en 1765; en Rusia en 1771 y en Suecia en 1773.

La masonería extendió sus tentáculos al Asia en 1730, cuando nació la logia de Calcuta, India. En Madrás surgió la segunda, en 1752.

América.
En el Nuevo Mundo el éxito de la masonería fue halagador desde el principio. Ya en 1730 existían unas trece logias en las principales ciudades de las colonias de España. Fueron ellas, junto con las de España e Inglaterra, las que prepararon el terreno a "las luchas de independencia" en América, no con el noble fin de salvar a los naturales de la dominación, sino de destruir al entonces poderoso imperio español, que era un estorbo para los planes del judaísmo. La independencia es noble y legítimo anhelo de los pueblos. Pero se malogra cuando intereses extraños intervienen.

En América esos planes son evidentes: desde la "independencia" los países han vivido un caos permanente en lo político, administrativo, cultural y social, caos que en la actualidad (1960) es la mejor palanca para empujar el continente hacia el comunismo.

En 1738 fue creada la logia de la Isla de Antigua; en 1739 la de la Isla de San Cristóbal y en 1742 la de Jamaica.

El judío Jonathan Belcher fue el primer masón conocido en las colonias inglesas que más tarde constituyeron los Estados Unidos, gracias a la primera gran traición masónica contra el imperio británico. Hecho comprobado es que todos los dirigentes de la "revolución y guerra de independencia americanas" fueron masones encabezados por George Washington, Benjamín Franklin, Lafayette, etc. Belcher llegó de Inglaterra en 1704. La primera logia norteamericana fue creada en Boston en 1720 y la segunda en Filadelfia diez años después. En 1 733 apareció en Boston la primera logia constituida con autorización escrita de la Gran Logia Madre de Inglaterra, y la dirigía el hebreo Viscount Montagu, que ostentaba el rimbombante título de "Provincial Grand Master of New England and Dominions and Territories thereunto belonging". Hoy, la masonería norteamericana es la más numerosa del mundo, debido a que en los Estados Unidos existe la mayor comunidad hebrea del mundo.

En el Canadá la primera logia data de 1840 y a la fecha en ese país existen nueve muy importantes en Sasketchewan, Manitoba, Alberta, Quebec, Columbia Británica, Ontario, Prince Edward Island, New Brunswick y New Scotland. 

La Gran Logia.
Australia cuenta con siete logias masónicas de primer orden, la primera de las cuales nació en 1884. La Gran Logia de Inglaterra les dio vida, lo mismo que a las existentes en Nueva Zelandia, Islas Filipinas, México, Puerto Rico y Cuba.

El número de logias de distintas partes del mundo, registradas en la Gran Logia de Inglaterra, llegaba a fines de 1957 a 6.831. En 1946 eran solamente 6.097. Fácil es, pues, imaginar la enorme influencia que ejerce la secta judaica sobre los países infestados por la masonería, cuyos miembros suman centenares de miles. En 1957, por ejemplo, la Gran Logia extendió 17.575 certificados personales a favor de nuevos "hermanos". ¡Y pensar que ese número de traidores potenciales y efectivos favorecedores del comunismo se refiere sólo a la rama inglesa! 

Los adeptos de todos los ritos suman millones. El gran maestro de la "United Lodge of Anttent, Free and Accepted Masons of England", como se llama oficialmente la Gran Logia de Inglaterra, es hoy el aristócrata Lord Scarborough, cuyo poder es superior al del Primer Ministro, subordinado suyo dentro de la masonería, al igual que la reina, verdadera figura decorativa que sólo satisface los sentimientos tradicionalistas del pueblo.

En tales condiciones, la política de Inglaterra y de la Commonwealth en general es dirigida por la "Gran Logia". Sólo así se explican tantas catástrofes causadas por los políticos británicos en contra del Occidente cristiano en los últimos decenios, especialmente después de la "victoria" de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad (1960), el Reino Unido tiene la misión judaica de impedir el resurgimiento de Alemania como potencia.

En Europa, durante el siglo XVIII, la judeo-masonería consiguió grandes avances en su plan de derrumbamiento espiritual, moral, político y social. Su triunfo más preciado fue la Revolución Francesa en 1789, movimiento que según se admite en los "Protocolos" fue obra de la judería a través de la masonería. Sus escritores fueron los que sembraron y alimentaron el germen explosivo; todos ellos son tenidos hasta hoy en día como "genios de la literatura y el pensamiento humano". Con mantenerlos en el pináculo de la fama, se logra un propósito muy importante: la vigencia de tales libros y el interés de la gente por conocerlos. 

La propaganda se hace del mismo modo que la que convierte en "grandes figuras" a los judíos que se aventuran en los diversos terrenos de la vida de los pueblos occidentales. El monopolio de la publicidad en manos judías abarca hasta los premios "Nobel". Los encargados de otorgar los galardones son prominentes masones. Por eso hubo premios "Nobel" para traidores como Churchill y Marshall; para conspiradoras comunistas como la Pavlova y para escritores judíos sin mérito literario como Boris Pasternak, cómplice máximo del también israelita Ilya Ehrenburg que en su libro El Trust Para la Destrucción de Europa, publicado en 1942 en Nueva York, predijo la total desintegración de los pueblos europeos a manos del bolchevismo.
La Revolución Francesa.
Entre los escritores masones que prepararon el terreno ideológico a la Revolución Francesa cabe mencionar a Voltaire, Lafayete, Condorcet, Montesquieu, Diderot y D'Alamoert. El primero fue iniciado en la secta el 7 de abril de 1778 por la logia "Les neuf soeurs" (las nueve hermanas), que presidía Benjamín Franklin, quien más tarde fue uno de los "padres" de la Revolución americana.

Al estallar la revuelta en Francia la masonería contaba en ese país con 629 logias, a las que pertenecía la aristocracia, inclusive miembros de la familia real que después fueron enviados por sus "hermanos" a la guillotina. 

Entre 1773 y 1793 fue gran maestro del Gran Oriente' de Francia nada menos que Louis Philíppe de Orleans, duque de Chartres y primo del rey Luis XVI, que habría de ser guillotinado. Una vez cumplida su traición, el propio duque de Chartres corrió idéntica suerte. ¡Ya no era útil a la masonería y ésta eliminó en él a un testigo peligroso! Antes, su espada de masón había sido rota en la Gran Logia de París, acto que significa expulsión y muerte.

Aunque durante la Revolución la masonería se mantuvo agazapada, el Gran Oriente de Francia giró una circular el 30 de junio de 1789, a todas sus logias, circular en la que dejaba entrever claramente su papel en los acontecimientos que estaban por ocurrir. Decía: "Ninguna época de la masonería más memorable que ésta. Nunca pudo nuestra sociedad esperar más esplendor y fortaleza que cuando ella ha contribuido a recuperar para el hombre sus derechos usurpados, los que le había otorgado la naturaleza, la igualdad".

La Asamblea Constituyente creada al principio de la Revolución fue en realidad una asamblea masónica. Los principales cabecillas de la Revolución fueron masones. Entre ellos, Marat, Dantón, Robespierre, Mirabeau. Es decir, los más terribles verdugos en aquella matanza que terminó cuando acabaron por matarse entre ellos. 

Característica predominante del movimiento fue su odio satánico a la doctrina cristiana, sustituida por el dogma masónico con sus "dioses", sus ceremonias y su culto. Llegóse al grado de imponer, en lugar del calendario cristiano, el masónico que comenzaba en 1792. También los meses recibieron otros nombres. La influencia judaica afloraba por todos lados. Notable en el judaísmo es que generalmente se ostenta como amigo de los cristianos hasta que los lleva al cadalso.

Napoleón fue al fracaso cuando no se atrevió a suprimir a la masonería. Frecuentó algunas logias, aunque sin recibir títulos. Más bien iba a informarse y llegó en ocasiones a prohibir ciertas actividades masónicas. Pretendió utilizar a la masonería en sus planes y al fin sucumbió víctima de las argucias de ella, fraguadas principalmente en Inglaterra. 

Cuando el corso declaró el imperio, la masonería francesa se reorganizó y estableció en París un consejo de los grados 33, del que fue nombrado Gran Maestro nada menos que José Bonaparte, hermano de Napoleón, a fin de obtener cierta influencia en torno de éste. Poco, sin embargo, fue lo que consiguió en ese sentido en virtud de las precauciones del emperador.

Un gran número de los generales y ministros de Napoleón eran masones. Entre ellos Bernadotte, Fouché, Talleyrand, Kellermann, Murat, Masena, Soult, Eugene Beaumarchais (hijo de la emperatriz Josefina), Cambaceres, Lefevre y Lacepede. Muchos de ellos traicionaron a su jefe abiertamente, como Bernadotte que más tarde fue rey de Suecia, el ministro del Interior Fouché y el mismo Talleyrand, también ministro.

Francia, después de la caída del primer imperio, quedó totalmente en manos de la judeomasonería, que a lo largo de decenios ha llevado al país de revolución en revolución, hasta nuestros días en que al frente del gobierno está el Gran Maestro Charles de Gaulle, que exteriormente aparece como católico ferviente. Lo cual no le impide cumplir fielmente con el mandato masónico de liquidar el imperio colonial galo, especialmente en África, donde la consigna es abrirle las puertas al comunismo.

Todo lo que pasó en Francia tras la caída de Napoleón fue preparado por la masonería. Masón fue el rey Luís XVIII; masónica fue la revolución de julio de 1830, lo mismo que la asamblea constituyente de 1848 y la revolución de ese año; masón "carbonario" fue Napoleón III, vencido en Sedán en 1871 por Bismarck, y destronado. Masónica también fue la revolución conocida como la "Comuna de París" (primera revuelta de tipo comunista, en 1871), en la que el judío León Gambetta desempeñó un papel muy importante. En esa ocasión los "hermanos" lucharon en las barricadas, con sus mandiles distintivos.

Hasta 1875, la masonería francesa había conservado sus juramentos y alusiones al "Gran Arquitecto del Universo", sustituto del Dios cristiano. Pero desde esa fecha, todo ese formulismo fue suprimido, de modo que las logias quedaron con su carácter ateo y ateizante que conservan hasta la fecha.

Mientras los masones se adueñaban del poder, los judíos se apoderaban de la economía. Así fue cómo los hebreos Rotschild sentaron las bases para un imperio financiero que dura hasta nuestros días. Un débil brote antisemita, que fue rápidamente acallado, se produjo cuando apareció el libro “La Francia Judía”, de Eduardo Drummont.

Obra de la masonería en Francia fueron la introducción del divorcio en la legislación y la separación de la Iglesia y el Estado.

Algunos masones franceses cristianos se dieron cuenta del desastre y crearon en 1914 una logia "nacional", sin darse cuenta de que por su misma índole, estaba atada y sometida a la inspiración "internacional", que en este caso equivale a decir judía. Fue así como la llamada "Gran Logia Nacional Independiente y Regular para la Francia" siguió la misma política antifrancesa que sus hermanas, de las que han salido "estadistas" distinguidos por su entreguísmo como Fierre Mendes France, Rene Cassin (jefe de la Alianza Israelita Universal y vicepresidente del Consejo de Estado de Francia), Jules Moch, Maurice Schuman, Rene Meyer, Michel Debré —primer ministro de De Gaulle— y Gilbert Grandval.

Rusia.
Introducida por los judíos en Rusia en 1771, la masonería consiguió pronto bastantes adeptos como para intentar arrebatar el poder a los zares con la "Revolución de los decembristas" en 1825, fallida intentona que determinó al zar Nicolás I (1825-1855) a proscribir la secta. 

Las logias judías continuaron sus actividades en la clandestinidad, hasta que en 1860 reapareció la masonería como institución oficial. En su seno se formaron todos los revolucionarios socialistas, nihilistas y anarquistas rusos, que sirvieron al judaísmo para las revoluciones comunistas de 1905 y 1917.

El hebreo Alexander Kerenski (Kibís Adler), que después de ser ministro en el gobierno zarista proclamó la república en 1917 y luego dejó el poder en manos de sus camaradas rojos dirigidos por Lenín y Trotski, fue uno de los "grandes maestros" de la masonería rusa. Su filiación masónica le permitió más tarde residir cómodamente en California, sostenido por el gobierno americano. 

Después de la revolución comunista de 1917, todas las logias masónicas mixtas de la recién nacida Unión Soviética fueron disueltas porque ya su papel había terminado. Sus miembros no judíos fueron utilizados durante algún tiempo y después, salvo raras excepciones, todos desaparecieron liquidados por los pelotones de ejecución o en los campos de reclusión de Siberia. Los "Protocolos" se cumplieron en ellos al pie de la letra.

Pero las logias judías, en la Rusia comunista, antes que desaparecer surgieron a la luz pública convertidas en los "soviets" o consejos de mando de la revolución. El Politburó de Moscú es el equipo que representa al consejo central de la masonería secreta judaica de la URSS. Cuando Stalin se volvió demasiado autócrata y desoyó las indicaciones del Politburó o Presidium (como se llama ahora), fue nulificado por sus compañeros tras una turbulenta sesión secreta que siguió al encarcelamiento de los médicos judíos del Kremlin en 1952.
Guerras Mundiales.
Cuando la judeomasonería preparaba la primera guerra mundial, algunos gobiernos como el italiano y el húngaro advirtieron el peligro y clausuraron las logias, lo cual no afectó mayormente a la conjura.

Antes de la segunda guerra mundial, aparte de las logias de cada país había quince consejos masónicos que coordinaban la actividad de la hermandad desde Portugal hasta las fronteras de la URSS.

La actitud de Hitler fue desastrosa para la judeomasonería, pues entre 1933 y 1943 fue suprimida toda existencia masónica donde llegaron las tropas alemanas.

Lo mismo había hecho Franco en España y en menor escala Mussolini en Italia y Salazar en Portugal. En Rumania, después haber sido proscrita por decreto del mariscal Antonescu, la masonería fue desenmascarada al exhibirse en Bucarest objetos e instrumentos capturados en las logias, inclusive los esqueletos nos que servían de "decoración" en las cámaras de "mem". Millares de rumanos conocieron de cerca a la fatídica, que había llevado a mi país (Rumania) de tumbo en tumbo, por más treinta años.

Los llamados "dictadores fascistas" hicieron trizas la organización masónica; pero cometieron el grave error de dejar libres a los cabecillas de la secta, que a la postre formaron la quinta columna de traidores emboscados, error al que no se sustrajeron Hitler,Mussolini ni Antonescu. 

La caída de Alemania se debió en gran parte a la labor de esos traidores y saboteadores, algunos de ellos colocados en puestos importantes del gobierno y del ejército. Uno de ellos fue Hjalmar Schacht, el "mago de las finanzas", a quien Hitler conocía como masón y no obstante lo mantuvo como ministro. Otro traidor importante fue el almirante Guillermo Canaris, masón que controlaba a un buen número de generales y mariscales alemanes también afiliados.
Igual traición ocurrió contra Mussolini y Antonescu. En Rumania los conspiradoresfueron más tarde aniquilados por los comunistas, cuando éstos se adueñaron del poder y los masones perdieron su valor estratégico. Sólo escaparon el rey y un grupito.

La mayoría de los masones sobrevivió a la segunda guerra mundial. Se reorganizaron rápidamente al hacerse la paz y hoy están en una situación muy parecida a la de 1930, cuando eran dueños de casi todos los gobiernos europeos. España es casi la única excepción. Es el único país cuya policía cuenta con una sección antimasónica especial, destinada a preservar la seguridad interior y exterior del Estado. En Alemania Occidental no ha conseguido un control absoluto. Donde más fuerte es la secta es en el Partido Socialista del judío Ollenhauer y en el ala protestante del Partido Demócrata Cristiano de Adenauer.

Sin embargo, los masones alemanes no son ahora tan numerosos como antes de Hitler, debido en gran parte al menor número de judíos que viven en Alemania Occidental: unos 30.000.

La relación siempre es significativa: donde no hay judíos tampoco hay masones; donde hay menos judíos hay menos masones y donde abundan los judíos también abundan los masones. El número aproximado de adeptos no judíos en Alemania Occidental es de 15,000, Antes de Hitler había unos 800,000 hebreos y cerca de 400,000 masones. En Estados Unidos viven varios millones de israelitas, y también son varios millones de adeptos no judíos. Uno de cada doce norteamericanos está conectado de un modo u otro con la secta.

La masonería alemana tiene hoy (1960) como Gran Maestro Supremo al judío Pinkerneíl. El último "convento" anual fue en octubre de 1959 en Frankfort y a él asistieron, entre otros, Scheíchelbauer, Gran Maestro de la masonería de Austria; Schenkel, ministro alemán de Cultos, y Bockelman, alcalde de Frankfort. En esa ocasión los masones hicieron una fiesta nada menos que en la iglesia protestante de San Pablo, el 4 de octubre.
Nada extraño es que casi todos los enemigos políticos de Adenauer, dentro de Alemania, sean masones protestantes o hebreos y comunistas. Fueron ellos quienes intentaron derrocar al canciller en junio de 1959, dirigidos por el masón Gerstenmeier, presidente de la Cámara de Bonn.

Argentina.
En Argentina, bajo el régimen de Juan Perón, debido sobre todo a Eva Perón, la judeomasonería y el comunismo fueron paralizados. 

El justicialismo había librado al pueblo de la secta, ama y señora desde la guerra de independencia. También recuperó para los argentinos las empresas que explotaban los servicios públicos y las enormes riquezas naturales que habían sido creadas y manejadas por "sociedades anónimas" judías con membretes de americanas, inglesas o francesas.

La secta trató de defenderse principalmente por medio de una campaña de desprestigio encabezada por el diario La Prensa, órgano judeomasónico, campaña secundada y mantenida hasta la fecha por las agencias informativas del judaismo, es decir, todas, en nombre de una supuesta "libertad de prensa".

Al mismo tiempo los judíos, los masones y los comunistas emprendieron la tarea de infiltrarse en el gobierno y desde dentro crearle problemas y minarlo. Su éxito mayor fue cuando lograron provocar un conflicto entre el régimen y la Iglesia Católica. 

La muerte de Eva Perón, su peor enemigo, les había facilitado la traición. El judío Eduardo Vuletich, poderoso líder obrero, fue uno de los principales conspiradores. Era un comunista emboscado, ex miembro de las brigadas internacionales rojas que combatieron contra Franco en España.

Vuletich, para encumbrarse en el puesto máximo de la Confederación General del Trabajo, fue ayudado por otro judío: Abraham Krislavin. Este era subsecretario del Interior y principal "consejero" de Ángel Borlenghi, titular del ministerio.

El dúo Vuletich-Krislavin consiguió que el gobierno de Perón aceptara, en un intervalo de siete meses (entre el fin de 1954 y mediados de 1955), casi todo el programa secreto formulado por la masonería contra la Iglesia Católica.

Los puntos fundamentales eran la ley de divorcio; supresión de la enseñanza de la religión cristiana en las escuelas; supresión del descanso obligatorio para cinco días festivos de la Iglesia; anulación de la exención de impuestos de que disfrutaba la Iglesia sobre los bienes raíces y otros y que servía para sostener escuelas, hospitales, asilos, misiones, etc.; prohibición de las procesiones y concentraciones religiosas al aire libre sin permiso de la policía, y separación de la Iglesia y el Estado, según un proyecto del hebreo Vuletich (la Iglesia Católica había sido oficial desde la independencia).

Tales medidas hirieron el sentimiento del pueblo y hubo entonces pretexto para que la policía al mando de Krislavin desatara persecuciones, detenciones y vejaciones sin cuento, hechos que repercutieron contra el prestigio del gobierno. Los efectos se acentuaron cuando el mismo Perón fue excomulgado y perdió así el apoyo de las masas católicas. 

El plan judeomasónico había salido perfecto. Sólo faltaba' el golpe militar para derrocar a Perón y de él se encargó el judío almirante Rojas, cuyo verdadero apellido es Roth. 

Al derrocamiento siguieron el caos político, las matanzas, y manos libres para judíos, masones y comunistas.

En Argentina, hoy en día (1960), se imprime la mayor parte de la propaganda roja que se distribuye en América. Y es tal la influencia judaica en el actual gobierno, que agentes policíacos hebreos pudieron sacar del país, sin contratiempos, a Adolf Eichmann, refugiado alemán que los sabuesos de Sión perseguían desde hacía quince años como "criminal de guerra", delito inventado para justificar el asesinato de todo aquel que se oponga a los planes del "pueblo escogido".

La declaración del arzobispo Plaza, en el sentido de que fueron los masones quienes incendiaron iglesias en las postrimerías del peronismo, originó un atentado con bombas contra el palacio arzobispal de La Plata, el 24 de octubre de 1959. Fue la confirmación de las afirmaciones del prelado.

Venezuela.
En Venezuela se repitió el caso argentino. Las tácticas que aniquilaron a Perón dieron el mismo resultado con Marcos Pérez Jiménez. La conspiración llevó al poder al masón, marxista e inmoral Rómulo Betancourt, intelectual del marxismo, y la maquinaria judaica mundial de la propaganda se ha ocupado de alabarlo. Mientras tanto los comunistas, que tienen como jefe visible a Machado, se han apoderado de los sindicatos, de la educación pública y de puestos clave en el gobierno. Todos continúan la obra sovietizante iniciada por el marino masón Larrazábal, que encabezó el golpe militar contra Pérez Jiménez en 1957. Y eso que éste siempre había vivido en buenos términos con la masonería, aunque cometió el error imperdonable de haber dado refugio en Venezuela a los anticomunistas expulsados de Europa oriental. Estos son ahora perseguidos por el régimen "democrático" de Betancourt.

Uruguay.
En la actualidad el centro de la conspiración masónicacomunista en contra de América es Montevideo. La dirige un individuo conocido como Samoilov, que maneja un presupuesto de cien millones de dólares y capitanea unas ochenta organizaciones camufladas. El estado mayor de la conjura está en la embajada rusa y lo forman unos setenta especialistas preparados en: Moscú y provistos de pasaportes diplomáticos. Ese grupo concentra su actividad hacia la costa atlántica de Sudamérica.

Chile.
La conjura en el frente sudamericano del Pacífico está encomendada a un equipo de la China roja que reside en Santiago de Chile. La conspiración en América Central y el Caribe es dirigida desde México. La embajada soviética en ese país cuenta con una legión de espías y agitadores "diplomáticos".
Cuba.
Del mismo modo que en África y Asia los agentes comunistas fomentan el odio a todo lo europeo, en Ibero América incitan rencores hacia los norteamericanos. Lo más lamentable es que en América Latina se concede generalmente muy poca importancia a la conjura.

Al comenzar 1959 se produjo un golpe contra las "dictaduras" americanas, al ser derrocado Fulgencio Batista en Cuba por una conjura masónica-comunista con Fidel Castro Ruz como jefe externo. Este es miembro de la logia "Juventud en Evolución" y del Partido Comunista desde 1948. Comparte el poder con su hermano Raúl y con el argentino Ernesto Guevara, el "Che", que primero sirvió a la masonería infiltrado en el peronismo y luego se aventuró en el experimento comunista de Jacobo Arbenz en Guatemala. De fotógrafo callejero en México; se encumbró, por obra de la masonería, a jefe de las finanzas en Cuba. 

Raúl Castro, activo sovietizante, concurrió a varios congresos rojos, entre ellos al de Bucarest en 1953. 

Para quienes conozcan las tácticas masónicas no resultará extraño que al día siguiente de su entrada triunfal en La Habana Fidel Castro haya dicho en un Club Rotario (masonería camuflada), que 200.000 norteamericanos morirían si los Estados Unidos pretendían inmiscuirse en su gobierno. No obstante lo cual Washington lo siguió distinguiendo con una actitud paternal que culminó poco después con un recibimiento de héroe para el "jefe barbudo". La publicidad izquierdista lo sigue mimando como a un libertador, con olvido punible de los centenares de cubanos asesinados por los pelotones de fusilamiento del castrismo, de la agitación histérica que patrocina y de la manga ancha que ha otorgado a los rusos. Ahora que tiene "conflicto" con Estados Unidos, toda la América masónica lo apoya.

Todos los golpes contra los llamados "dictadores", anticomunistas sin excepción, han sido preparados invariablemente por los círculos judeo-masónico-comunistas de Washington y Nueva York, que lograron imponer en Cuba, como ministro de Justicia, al judío Alfredo Yabur Maluff, encargado de destruir "legalmente" a la élite nacionalista y anticomunista antillana.

Esos mismos círculos han concentrado ahora su ofensiva contra los gobernantes de la República Dominicana, del Paraguay y de Nicaragua. La aquiescencia del gobierno norteamericano es patente y hasta visible.

Asia y Africa.
El aumento de la actividad judeomasónica se ha reflejado últimamente en los acontecimientos de Sudáfrica, aparentemente debidos a motivos raciales, pero en realidad provocados por el "United Party" (Partido Unido), que dirige el judío Jacobo Cedeón Nel Straus. Esa agrupación política no ha hecho otra cosa que llevar adelante los planes del Partido Comunista de Sudáfrica, cuyos dirigentes son los judíos Kahn, Snitcher, Berstein y Harmel. Lo que persigue allí la masonería es sublevar a los hombres de color contra los blancos, para sembrar el caos y adueñarse del poder a fin de implantar el comunismo.

Lo de emancipar a los negros es sólo un mito masónico.

El mismo embuste se usó para llevar al poder en Indonesia al masón comunistófilo Sukarno; al masón Nkrumah en Ghana y al comunista Sekou Turé en Guinea.

El caso más notorio ha sido el masón Nehru, en la India.

Es ilustrativo lo que ocurrió en Singapur, donde la lucha por la "independencia" la inició el judío David Marshall, y que Singapur es hoy un bastión comunista. 

También judío fue el promotor de la "liberación" de Ceilán, Salomón Bandanaraike. 

Cada uno de todos esos "líderes emancipadores" ha salido de las logias europeas a cumplir un mandato masónico.

La agitación en el Congo Belga ha sido propiciada nada menos que desde Bélgica por "los hermanos" adheridos al Partido Socialista de Paul Henri Spaak, instrumento valioso de la masonería y del comunismo, llevado a la Secretaría General de la O.T.A.N.

¿Es así como Europa quedará a salvo de la amenaza comunista? No hay que olvidar que fue Spaak quien dirigió la oposición encarnizada que culminó con la abdicación del rey Leopoldo III de Bélgica. El, desde el cargo de Primer Ministro, provocó un grave conflicto con el catolicismo en su país, en 1955.

Japon.
Japón Al término de la Segunda Guerra Mundial, la masonería fue introducida en el tradicionalista Japón por los norteamericanos. 

El campo estaba fértil después de que el clan judaico Roosevelt-Baruch-Morgenthau impuso la guerra al pueblo nipón y lo orilló a la miseria y lo ablandó con "leyes democráticas" impuestas militarmente para abolir las tradiciones.

Esas leyes abrieron las puertas a los "caballos de Troya" de la judería, como lo son el liberalismo, el socialismo y el comunismo.

En 1955 la masonería se apoderó del gobierno japonés mediante una banda de setenta "personajes" preparados en las logias, encabezados por el Primer Ministro Hatoyama. 

El 27 de marzo de aquel año, durante una ceremonia masónica efectuada en la casa de Hatoyama, éste fue elevado a la categoría de Gran Maestro. Ese día, a la vista de los "hermanos", Hatoyama lloró de emoción.

Últimamente (1960) Japón está sufriendo las consecuencias de la conspiración y va cada vez más a la izquierda.
EEUU
Vale la pena señalar que en Estados Unidos, el mayor centro masónico del mundo, hay 49 grandes logias y 15.500 logias subordinadas, así como un número muy elevado de sociedades y clubes dependientes de la secta.

El mando supremo está en manos del llamado Consejo Imperial del Templo de Norteamérica, cuyo jefe máximo es el judío Bernard Baruch

En el resto del mundo funcionan unas sesenta grandes logias y cerca de 11.000 logias subordinadas, la mayor parte controladas desde Inglaterra. Unas seis están dentro del Imperio Británico. 

La organización en Francia es la tercera en importancia (no debe perderse de vista que fue un judío masón, Mendes-France, quien ordenó la capitulación de Indochina ante el avance rojo).

En 1953, cinco años después del nacimiento del Estado judío, fue oficialmente constituida la Gran Logia de Israel, exclusiva para israelitas. Está destinada a ocupar con el tiempo el lugar del Templo Imperial de Norteamérica, la Gran Logia de Inglaterra y el Gran Oriente de Francia.

La Gran Logia de Israel está en manos de la orden hebraica B'rith, los judíos masones más peligrosos, dirigidos por un tal Label A. Katz, que a la vez son poderosos influyentes en las Naciones Unidas, en la Liga Contra la Difamación (E.U.) y en la Asociación Nacional para el Progreso de los Hombres de Color, causante ésta de todos los disturbios raciales en los Estados Unidos.

Para reconocerse entre ellos, los masones disponen de un lenguaje simbólico universal que les es enseñado en las logias según el grado a que pertenezcan. El signo universal por excelencia son tres puntos colocados de tal modo que forman un triángulo equilátero. Ese medio de identificación común facilita la existencia de un gobierno secreto masónico en cada país, muchos de cuyos miembros pertenecen a la vez al gobierno oficial. Cada gobierno masónico está integrado por los tres poderes tradicionales: ejecutivo, legislativo y judicial. Este último es ejercitado generalmente por los llamados "caballeros Kadosch", masones de grado 30 del rito escocés, capacitados para dictar sentencias de muerte, inclusive. Son los encargados de velar por la disciplina entre los "hermanos".
Gracias a ellos, es remoto el peligro de incumplimiento en las consignas de la secta. Por eso vemos que masones como Eisenhower, MacMillan, De Gaulle, Gronchi, Nehru y otros simulan que defienden a sus países del comunismo, y hacen todo lo contrario. En ese doble juego los ayuda eficazmente la enorme maquinaria de propaganda, sobre todo periodística, que está en manos de la judería. Esta tiene el control de casi todos los grandes periódicos "independientes" del mundo libre y de las agencias noticiosas. Por eso ha sido posible organizar las "grandes campañas de prensa" cuando se trata de aniquilar a "dictadores".

Vale la pena repasar el caso de los Estados Unidos. Masón fue George Washington, el "libertador" que logró imponer al país una Constitución masónica, no cristiana, misma que permitió al judaísmo adueñarse de la situación en menos de 150 años. 

Masón fue Abraham Lincoln, el que por orden de la secta desencadenó la más sangrienta guerra civil so pretexto de salvar de la esclavitud a los negros del sur (1860-1864). 

Masón fue Woodrow Wilson, quien colocó en las altas esferas del gobierno al hebreo Bernard Baruch en 1915. 

Baruch merece especial atención. Se ha mantenido como una eminencia gris tras la silla presidencial durante 45 años. Por táctica, jamás ha pertenecido a ningún partido político. Esto le ha permitido "servir" indistintamente a los gobiernas "demócratas" y "republicanos". 

Influyó poderosamente para empujar a los Estados Unidos (ayudado naturalmente por el poderío de su raza) a la primera guerra mundial, para facilitar la Revolución comunista en Rusia; en la misma forma estuvo presente en la crisis económica de los Estados Unidos en 1929, cuando los bancos israelitas retiraron el dinero de la circulación. Apoyó la ascensión de Franklin Delano Rooseveltal poder, lo indujo a que reconociera a la Unión Soviética en 1933 y luego lo dirigió para que lanzara a Norteamérica a la segunda guerra mundial, para salvar al comunismo de la destrucción a que lo había condenado la Alemania de Hítler.
Masón fue el sucesor de Roosevelt, Harry Salomón Truman, y masón es Dwight David Eisenhower, el ex-presidente de Norteamérica que desempeñó a maravilla el papel de "inepto" para permitir el avance del bolchevismo en todos los frentes, desmoralizar al pueblo norteamericano y restar prestigio al partido republicano.

Masones son nueve de los diez ministros nombrados por Kennedy, que aunque él mismo no es masón (por lo menos todavía no tenemos informes al respecto), pertenece, como su hermano "Boby" —por él nombrado nada menos que Ministro de Justicia— al grupo de los "intelectuales" izquierdistas salidos de las universidades masónicas de la famosa "Ivy League" (universidades norteamericanas, entre ellas la de Harvard, donde estudió Kennedy). 

No importa que el Presidente Kennedy y su hermano sean o no miembros de la masonería (la religión les prohíbe oficialmente tal pertenencia). Lo importante es que ellos se rodearon de judíos y masones y ejecutan el programa judío-masónico destinado a derrumbar al mundo occidental desde el interior, en favor del imperialismo soviético. 

Además Kennedy recibió parte de su "educación" en la "Economics School" de Londres, fundada por el "socialista" (munista) judío Harold Laski, el "padre" del "socialismo británico".

Todos los "colaboradores" de Kennedy, además de sus ministros judíos Goldberg, Ribicoff, Dillon Zapowakj, etc., o masones como Udal, Day, Hodges, Rusk, McNamara, etc., fueron escogidos por los mismos círculos izquierdistas o sea de "intelectuales" y millonarios procomunistas del tipo de Stevenson, Harriman, Williams, Bowles, Schlesinger, Heller, etc.

No falta en esa banda la señora Eleanor Roosevelt, que parece haber establecido una especie de "matriarcado" en la jefatura judío-masónica-comunista instalada en Washington, reinante también con la "administración democrática" de Kennedy.

Nota aclaratoria:
La transcripcion textual del artículo, no necesariamente implica la total coincidencia con las opiniones del autor.

No comfundir sionismo con semitismo ni anti-sionismo con anti-semitismo.

Para evitar malos entendidos, se trasncrible parte de una entrevista que le hizo la Televisón francesa a Aleksander Isáyevich Solzhenitsyn, autor del libro Archipielago Gulag.

A una pregunta del entrevistador, Solzhenitsyn respondió:

"En el Archipiélago Gulag, el sistema de prisiones y campos de concentración, se calcula que perecieron 44 millones de personas (66 millones en toda la URRSS)… Yo me he limitado a dar los nombres de las personas que dirigían entonces los destinos del Gulag, de los jefes de la NKVD, de los directivos de la construcción del Canal del Mar Báltico. Aquí están los principales. Yo no tengo la culpa de que todos ellos sean de procedencia judía. No se trata de una selección artificial. La separación la ha hecho la historia…" 

(Al llegar a este punto fue cortada la entrevista que hacía la TV francesa).
Discurso de Benjamin Freedman en 1961
https://www.youtube.com/watch?v=_x9mpYQqWlU
Fuente:
http://lagazeta.com.ar/masoneria_en_el_mundo.htm
- Traian Romanescu. Traición a occidente. p.23
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
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