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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

1 de marzo de 2012

DIME QUÉ DESEAS... Y TE DIRÉ QUIÉN ERES. “NO ABANDONES TUS ANSIAS DE HACER DE TU VIDA ALGO EXTRAORDINARIO... NO PERMITAS QUE LA VIDA TE PASE POR ENCIMA SIN QUE LA VIVAS"

Dime qué deseas...
Y te diré quién eres
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación

El peregrino había caminado varias jornadas debajo de un sol abrazador cuando divisó un frondoso árbol solitario en el medio de la llanura. Preso del cansancio, llego hasta él y se echó a descansar entre sus tupidas ramas que llegaban hasta el suelo. ¿Qué más podría desear?

Se tendió en el suelo y lo sintió duro. Mientras más trataba de ignorarlo y relajarse, más duro le parecía el suelo sobre el que estaba.

“Si al menos tuviera una cama”, pensó.

Al instante, apareció una enorme cama con hermosas sábanas de seda y suaves pieles para abrigar sus pies.

El peregrino no sabía que se había sentado debajo del legendario árbol de los deseos, capaz de convertir en realidad cualquier deseo expresado bajo sus ramas.

El hombre se acostó en el mullido lecho.

“¡Qué bien me siento, lástima que tengo hambre!”, pensó, y ante él se le apareció una mesa cubierta de sabrosas comidas servidas en una singular vajilla. Carnes asadas, exóticas verduras y frutas, y tentadores postres observaron sus ojos asombrados. Todo lo soñado en largas noches de peregrinar lo tenía ahora todo para él.

Comió hasta el hartazgo con el temor de que todo desapareciera.

“Ya no puedo más”, dijo al aire solitario, y, en ese momento, la mesa desapareció. Es maravilloso, pensó, mientras un sentimiento de felicidad lo embargaba. No me moveré de aquí y seré por siempre feliz. Pero, de pronto, una idea terrible surcó su mente: “Claro que esta planicie es famosa por sus feroces tigres. ¿Qué sucedería si un tigre me descubriese? Sería terrible morir, después de finalmente haber encontrado el árbol de la felicidad. Fue la milésima de una fracción de segundo, pero bastó. Cumpliendo su deseo, en aquel momento, surgió de la nada un terrible tigre que lo devoró.

Así, el árbol de la felicidad quedó solo de nuevo (adaptación del cuento sufí El árbol de la felicidad).

La felicidad es una construcción cotidiana. Con las herramientas apropiadas, se puede lograr. Se trata de una decisión interior, de voluntad, disposición y “ganas de”.

Es aquí donde los deseos cobran una importancia vital, como así también la mirada que se tiene sobre uno mismo.

La autoestima y la autovaloración marcan, casi definitoriamente, la manera con que las personas se paran frente a la vida. En otras palabras: si tú no sientes respeto por ti mismo, nadie te respetará, si no sientes estima por ti mismo, nadie te estimará, si no te valoras, nadie te valorará.

Para conseguir esto, no existen recetas magistrales o mágicas. Sí es necesario tener conciencia del grado de insatisfacción que llevas contigo mismo que te involucra en deseos continuos y constantes. Para algunos, conseguir un deseo no es suficiente porque siempre querrán algo más. Ese querer desmedido traerá como consecuencia la postergación de la felicidad como estado de pleno disfrute. Desear más es casi siempre tener menos.

Para evitar esto, es bueno recordar el famoso “carpe diem”, “aprovecha el día presente”, frase acuñada por Horacio, un poeta latino que nació en 65 a.C.─, que se hizo popular gracias al filme La sociedad de los poetas muertos. Este proverbio también fue usado por Walt Whitman, poeta y humanista estadounidense, en su poema homónimo:

No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido un poco más feliz, sin haber alimentado tus sueños… No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte, que es casi un deber.

No dejes de creer que las palabras y la poesía sí pueden cambiar al mundo; porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.

Somos seres humanos, llenos de pasión. La vida es desierto y es también oasis. Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia... Pero no dejes nunca de soñar, porque solo, a través de sus sueños, puede ser libre el hombre… Aprende de quienes pueden enseñarte...

Se trata entonces de no sentirse atrapado en deseos inalcanzables, en deseos que serán solo deseos con la impronta de la frustración de no haberse hecho realidad. La consecuencia: la vida se vive con sabor a poco, ya que no se puede adquirir aquello que se desea, por tratarse de deseos quiméricos.

Los deseos nos marcan el lugar al que queremos llegar. Lo que queremos obtener. Se debe estar dispuesto a pagar un precio para alcanzarlos, sabiendo siempre que ese precio se paga antes y nunca a costa de la propia vida.

La sociedad cambia constantemente, y no ejercemos control sobre lo que nos rodea.

Cuando se presentan imprevistos o las cosas no son como pensábamos, es necesario asumir la capacidad de hacer las modificaciones que se requieran. En esto también entra la posibilidad de flexibilizar los deseos.

En primer lugar, se debería cuestionar lo que se desea. ¿Para qué deseo lo que deseo? ¿Cómo se modificará mi vida una vez conseguido lo que deseo conseguir? ¿Cuáles son los costos y beneficios de ese deseo?

Para lograr un deseo, se debe confiar en la posibilidad de lograrlo. Si se ha intentado y no se ha obtenido éxito, quizá se necesite rever la manera de llegar al éxito o la posibilidad de concreción que tiene ese deseo. 

Preguntarse si el deseo vale el esfuerzo que va a realizarse para hacerlo realidad.
Uno de los mayores obstáculos son nuestras ideas y creencias, forma de pensar, conductas y sentimientos negativos. Es necesario reconocerlos y modificarlos.

Modificar no significa haber fracasado. Significa haber aprendido algo nuevo que transformó mis expectativas, forma de pensar o de percibir en algo más funcional de acuerdo con mis necesidades.

Aprovecha los errores y conviértelos en fuente de sabiduría.

“No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario... No permitas que la vida te pase por encima sin que la vivas".

Desea pero no dejes que los deseos te consuman, sino que sean motores de tu vida.
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