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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

12 de diciembre de 2018

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE. Fiesta 12 de Diciembre.

Nuestra Señora de Guadalupe1 es una aparición mariana de la Iglesia católica de origen mexicano, cuya imagen tiene su principal centro de culto en la Basílica de Guadalupe, ubicada en las faldas del cerro del Tepeyac, en el norte de la Ciudad de México.
De acuerdo a la tradición oral mexicana,2 y según lo descrito por múltiples documentos históricos del Vaticanoy otros encontrados alrededor del mundo en distintos archivos se cree que la Virgen María, se apareció en cuatro ocasiones al indio San Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el cerro del Tepeyac, y una quinta ocasión a Juan Bernardino, tío de Juan Diego. El relato guadalupano conocido como Nican mopohua narra que tras la primera aparición, la Virgen ordenó a Juan Diego que se presentara ante el primer obispo de México, Juan de Zumárraga. Juan Diego en la última aparición de la Virgen, y por orden de esta, llevó en su ayate unas flores que cortó en el Tepeyac. Juan Diego desplegó su ayate ante el obispo Juan de Zumárraga, dejando al descubierto la imagen de la Virgen María, morena y con rasgos mestizos.
Según el Nican Mopohua, las mariofanías tuvieron lugar en 1531, ocurriendo la última el 12 de diciembre de ese mismo año. La fuente más importante que las relata fue el mismo Juan Diego que habría contado todo lo que había acontecido. Posteriormente esta tradición oral fue recogida en un escrito con sonido náhuatl pero con caracteres latinos (técnica que ningún español sabía hacer y que solo muy rara vez usaban los indígenas); este escrito es llamado el Nican mopohua, y es atribuido al indígena Antonio Valeriano (1522-1605). Posteriormente en 1648 es publicado el libro Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupepor el presbítero Miguel Sánchez, contribuyendo a recopilar todo lo que se sabía en la época sobre la devoción guadalupana.
San Juan Diego
Juan-Diego.jpg
Pintura de San Juan Diego en la Basílica de Guadalupe.
NombreCuauhtlatoac (El aquila que habla)
Nacimiento1474
CuautitlánImperio azteca
Fallecimiento30 de mayo de 1548
Flag of Cross of Burgundy.svg MéxicoNueva España
Venerado enIglesia católica
Beatificación1990 por Juan Pablo II
Canonización2002 por Juan Pablo II
Festividad9 de diciembre
AtributosTilma
PatronazgoPueblos indígenas
Según diversos investigadores, el culto guadalupano es una de las creencias más históricamente arraigadas en el actual México y parte de su identidad3 4 5 , y ha estado presente en el desarrollo como país desde el siglo XVI6 incluso en sus procesos sociales más importantes como la Independencia de México, la de Reforma, la Revolución mexicana5 y en la sociedad mexicana actual, en donde cuenta con millones de fieles, algunos de ellos profesantes como guadalupanos sin ser necesariamente parte del catolicismo.7
Alegoría de la declaración pontifica de Benedicto XIV el 24 de Abril de 1754 del patronato Guadalupano sobre la Nueva España, anónimo novohispano, siglo XVIII.

Mons DIEGO MONROY PONCE Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector de la Basílica de Guadalupe  - (Video).


EL NICAN MOPOHUA

Es el relato de las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe al Beato Juan Diego, indígena azteca, ocurridas del 9 al 12 de diciembre de 1531. Escrito originalmente en la lengua náhuatl, todavía en uso en varias regiones de México. Las dos palabras iniciales Nican Mopohua se han usado por antonomasia para identificar este relato, aunque muchos documentos indígenas comienzan igual. El título completo es: "Aquí se cuenta se ordena como hace poco milagrosamente se apareció la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra Reina; allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe". Es la principal fuente de nuestro conocimiento del Mensaje de la Sma. Virgen al Beato Juan Diego, a México y al Mundo. La copia más antigua se halla en la Biblioteca Pública de Nueva York Rare Books and Manuscripts Department. The New York Public Library, Astor, Lenox and Tilden Foundation.

EL AUTOR

Se atribuye a Don Antonio Valeriano (1520?-1605?) sabio indígena aventajado discípulo de Fr. Bernardino de Sahagún. Don Antonio recibió la historia de labios del vidente, muerto en 1548.

EL ARGUMENTO

Se narra la Evangelización de una cultura por la intervención de Dios y de la Santísima Virgen. Leyendo entre líneas y más, desde la óptica náhuatl, se percata uno de cómo esta Evangelización empapó hasta las más íntimas fibras de la cultura pre-hispánica.
Se lleva a cabo la unión de dos pueblos irreconciliables. En la plenitud de los tiempos para América aparece María Santísima portadora de Cristo. Hay una identificación de lo esencial de la Biblia: Cristo, centro de la Historia- (Juan 3,14-16) con lo esencial del Nican Mopohua (vv.26-27) y con lo esencial del mensaje glífico de la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe: el Niño Sol que lleva en su vientre Santísimo.

LOS PROTAGONISTAS

La Virgen que pide un templo para manifestar a su Hijo. El Beato Juan Diego, vidente y confidente de la Sma. Virgen. El Obispo Fr. Juan de Zumárraga a cuya Autoridad se confía el asunto. El Tío del Beato Juan Diego, sanado milagrosamente. Los criados del Obispo que siguen al Beato Juan Diego. Lo espían. La ciudad entera que reconoce lo sobrenatural de la imagen y entrega su corazón a la Sma. Virgen.

LAS APARICIONES

Relato de las apariciones de acuerdo al Nican Mopohua, el escrito más antiguo que existe sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe.
Santuario Nacional de la Gran Promesa del Corazón de Jesús

DEL NICAN MOPOHUA, RELATO DEL ESCRITOR INDÍGENA DEL SIGLO DIECISÉIS DON ANTONIO VALERIANO.

Según una constante y sólida tradición, la imagen de la Virgen de Guadalupe, a raíz de su impresión en la tilma del indio Juan Diego en 1531, en la ciudad de México, permaneció algunos días en la capilla episcopal del obispo fray Juan de Zumárraga, y luego en el templo mayor. El 26 de diciembre de ese mismo año fue trasladada solemnemente a una ermita construida al pie del cerro del Tepeyac. Su culto se propagó rápidamente e influyó mucho para la difusión de la fe entre los indígenas. Después de habérsele construido sucesivamente otros tres templos al pie del cerro, se construyó el actual, que fue terminado en 1709 y elevado a la categoría de basílica por san Pio X en 1904. En 1754, Benedicto XIV confirmó el patronato de la Virgen de Guadalupe sobre toda la Nueva España (desde Arizona hasta Costa Rica) y concedió la primera misa y Oficio propios. Puerto Rico la proclamó su Patrona en 1758. El 12 de octubre de 1895 tuvo lugar la coronación pontificia de la imagen, concedida por León XIII, el cual había aprobado un año antes un nuevo Oficio propio. En 1910, san Pio X la proclamó Patrona de la América Latina; en 1935, Pio XI la nombró Patrona de las Islas Filipinas; y, en 1945, Pio XII le dio el título de Emperatríz de América.
La veneración a la Virgen de Guadalupe despierta en el pueblo una grande confianza filial hacia ella, ya que se presenta solícita para dar auxilio y defensa en las tribulaciones; es, además, un impulso hacia la práctica de la caridad cristiana, al mostrar la predilección de María por los humildes y necesitados, y su disposición por remediar sus angustias.

INTERPRETACIÓN DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE.

Los pueblos mesoamericanos desde tiempos remotos ya veneraban en el cerro del tepeyac a una deidad llamada Tonantzin (que quiere decir Nuestra Madrecita), por esta razón, fue má fácil la asimilación el mensaje traído por la Virgen María como verdadera Madre de Dios y Madre nuestra.
El nombre de “SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE” ella misma lo dio a Juan Bernardino, tío de Juan Diego, cuando se le apeareció para sanarle de sus enfrmedades.

Cabello

Lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas es señl de virginidad. Es Virgen y Madre.

Rostro

Su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración. Su semblante es dulce, frecso, amable, refleja amor y ternura, además de una gran fortaleza.

Manos

Sus manos están juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, podrían simbolizar la unión de dos razas distintas.
Embarazo: Su gravidez se constanta por la forma aumentada del abdomen, donde se destaca una mayor prominencia vertical que transversal, corresponde a un embarazo casi en su última etapa.

Edad

Representa a una joven que su edad aproximada es de 18 a 20 años.

Estatura

La estatura de la Virgen en el ayaste es de 1.43 centímetros.

El cinto

El cinto marca el embarazo de la Virgen. Se localiza arriba del vientre. Cae en dos extremos trapezoidales que en el mundo náhuatl representaban el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era. En la imagen simboliza que con Jesucristo se inicia una nueva era tanto para el viejo como para el nuevo mundo.

Los rayos

La Virgen esta rodeada de rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura. El mensaje transmitido es: ella es la Madre de la luz, del Sol, del Niño Sol, del Dios verdadero, ella lo hace descender hacia el “centro de la luna” (México de nátuahl) para que allí nazca, alumbre y dé vida.

La luna

La Virgen de Guadalupe esta de pie en medio de la luna, y no es casual que la palabra México en nátuahl son “Metz – xic – co” que significan “en el centro de la luna”. También es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida. Marca los cilos de la fertilidad femenina y terrestre.

La flor

La flor de cuatro pétalos o Nahui Ollin: es el símbolo principal en la imagen de la Virgen, es el máximo símbolo nátuahl y representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del especio y del tiempo. En la imagen presenta a la Virgen de Guadalupe como la Madre de Dios y marca el lugar donde se encuentra Nuestro Señor Jesucristo en su vientre.

El ángel

Un ángel esta a los pies de la Guadalupana con ademán de quien acaba de volar. Las alas son como de águila, asimétricas y muy coloridas, los tonos son parecidos a los del pájaro mexicano tzinitzcan que Juan Diego recordó, anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe. Sus manos sostienen el extremo izquierdo de la túnica de la Virgen y el derecho del manto.

LA VIRGEN DE GUADALUPE, SÍMBOLO POR EXCELENCIA DE LA FÉ DE TODOS LOS MEXICANOS

Su imagen, ha sido un acompañante fiel de nuestro país a lo largo de su historia. Desde que el Cura Miguel Hidalgo la tomó allá por 1810 como estandarte en la independencia.
Que hay detrás de la historia de las apariciones de la virgen son varios, pues existen muy pocas referencias escritas, debido a la época en la que ocurrieron los sucesos, sin embargo como prueba del milagro está el ayate de Juan Diego, en el cual a través de varios símbolos nos dice más de lo que se ve a simple.

1.-Las manos de la Virgen

La Virgen de Guadalupe tiene una mano mas clara que la otra y se encuentran entrelazadas en posición de oración. Esto como simbolismo del mestizaje de las dos razas la española y la indígena.

2.-La cinta morada

La Virgen tiene una cinta morado obscuro amarrada al vientre como símbolo de embarazo. En esa época si una mujer mostraba su vientre durante el embarazo era una gran falta de respeto a ella y al bebé que estaba por nacer. Para indicar que una mujer estaba embarazada se amarraba una cinta al vientre de alli el termino de "estar en cinta".

3.-La Túnica

La túnica de la Virgen representa lo terrenal tiene un lado más obscuro para denotar la noche y un lado más claro que es el dia.

4.-Las Flores de su túnica

En la túnica se observan nueve rosas cada una de ellas simboliza a una de las tribus nómadas que salieron de Aztlán a fundar la Gran Tenochtitlan.

5.-El Sol

El resplandor del quinto sol se encuentra detras de la Virgen de Guadalupe.

6.-El manto estrellado

En el manto estrellado de la Virgen están plasmadas las constelaciones visibles en el horizonte del Cerro del Tepeyac la madrugada de la aparición de la Virgen.

7.-La Luna

La Luna tiene una doble funcion representa la fase lunar del día de la aparición y la Virgen de Guadalupe se encuentra en el centro de la Luna. Lo cual significa que esta en México debido a que la traducción del nombre de nuestro país seria "En el ombligo de la Luna". Ya que las raíces nahuas de las que proviene son: Me de Mextli que significa Luna, Xi de Xictli que significa ombligo y Co que denota lugar.

8.-El Ángel Tricolor

Representa a Juan Diego como mensajero de la Virgen las plumas de sus alas son de diferentes colores debido a que provienen de diferentes aves . Las plumas verdes pertenecen a un Quetzal, las blancas a una garza y las rojas a un papagayo macho.

9.-Las nubes

Las cuatro esquinas son la representación del cielo y en el se observan algunas nubes.

DATOS INTERESANTES

La Virgen de Guadalupe le hablo a Juan Diego en Náhuatl pues él aun no podía expresarse en un español fluido cuando ocurrió la aparición. He aquí la transcripción textual de las palabras de la Virgen Morena recopilada por Antonio Valeriano en el Nican Mopohua un texto escrito poco antes o poco después de la muerte de Juan Diego.
¿Cuix ahmo nican nicah nimonantzin?
¿Cuix ahmo nozehuallotitlan, necauhyotitlan in ticah?
¿Cuix ahmo nehuatl in nimopaccayeliz?
¿Cuix ahmo nocuexanco, nomamalhuazco in ticah?
¿Cuix oc itla in motech monequi?
¿Acaso no estoy aquí yo que soy tu Madre?
¿Acaso no estás a mi sombra y bajo mí amparo?
¿Acaso no soy yo tu salud?
¿Acaso no estas en mi regazo y entre mis brazos?
¿Acaso necesitas alguna otra cosa?
El ayate de Juan Diego esta hecho de fibras de maguey las cuales tienen un periodo de vida máximo de 40 años, sin embargo la imagen de la Guadalupana se ha conservado por más de tres siglos.
Se han analizado los ojos de la Virgen y se ha llegado a la conclusión de que es una doncella de entre 14 y 17 años de edad.

HISTORIA DE LA FIESTA

Aunque las diferentes advocaciones de la Virgen María son muy numerosas, la Iglesia le da especial importancia a las tres apariciones de la Virgen María en diferentes partes del mundo:
  • Aparición de la Virgen de Guadalupe: 12 de Diciembre de 1531 en México.
  • Aparición de la Virgen de Lourdes     : 11 de Febrero de 1858 en Francia.
  • Aparición de la Virgen de Fátima       : 13 de Mayo de 1917 en Portugal.
Debemos recordar que es la misma Virgen María la que se ha aparecido en los distintos lugares, en estos tres momentos para ayudarnos y animarnos a seguir adelante en nuestro camino al cielo. En estas apariciones, la Virgen nos ha pedido:

  • Rezar el Rosario
  • Acudir al Sacramento de la Penitencia
  • Hacer sacrificios para la salvación del mundo
La Virgen de Guadalupe es muy importante para la fe de todos los mexicanos, pues en ella nuestra Madre del Cielo manifestó claramente su amor de predilección por este pueblo, dejando un hermoso mensaje lleno de ternura y dejando su imagen grabada en un ayate como muestra de su amor. 

EN EL NICAN MOPOHUA SE PUEDE ENCONTRAR LA HISTORIA COMPLETA DE LAS APARICIONES DE LA VIRGEN DE GUADALUPE, PERO AQUÍ PRESENTAMOS UN RESUMEN DE LA MISMA.

Hace muchos años, los indios aztecas que vivían en el valle de México, no conocían a Jesús. Ellos tenían muchos dioses y eran guerreros. Los misioneros eran unos sacerdotes que vinieron de España y que poco a poco fueron evangelizando a los indios. Les enseñaron a conocer, amar e imitar a Jesús en la religión católica y los bautizaron. 
Entre los primeros que se bautizaron, había un indio muy sencillo llamado Juan Diego, quien iba todos los sábados a aprender la religión de Cristo y a la misa del pueblo de Tlatelolco. 
El sábado 9 de Diciembre de 1531, cuando Juan Diego pasaba por el Cerro del Tepeyac para llegar a Tlatelolco, escuchó el canto de muchos pájaros y una voz que le decía:
- "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?".
Al voltear Juan Diego vio una Señora muy hermosa. 
La Señora le dijo:
- "Yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios. He venido hasta aquí para decirte que quiero que se me construya un templo aquí, para mostrar y dar mi amor y auxilio a todos ustedes". 
Juan Diego Cuauhtlatoatzin por Miguel Cabrera  1752
La Virgen le dijo a Juan Diego que fuera a ver al Obispo y le contara lo que Ella le había dicho. 
Juan Diego salió de la casa del Obispo muy triste porque no le creyó. Entonces fue al Cerro del Tepeyac a pedirle a la Virgen que mejor mandara a un hombre más importante porque a él no le creían. 
La Señora le dijo a Juan Diego que volviera el domingo a casa del Obispo. Esta vez, el Obispo le dijo que le trajera una señal, es decir, una prueba de que la Señora de verdad era la Virgen. 
Juan Diego no pudo ir al día siguiente al Tepeyac, pues su tío Bernardino se puso muy enfermo y fue por un médico. Fue hasta el martes, cuando al pasar por el cerro para ir por un sacerdote que confesara a su tío, se le apareció la Virgen y le dijo: "Juanito, Juan Dieguito; ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿Por qué te preocupas?”. 
Juan Diego Cuauhtlatoatzin por Miguel Cabrera
Después, le hizo saber que su tío ya estaba curado y le pidió que subiera a la punta del cerro a cortar unas rosas y las guardara en su ayate. Juan Diego se sorprendió de aquella orden, pues era invierno y no era tiempo de rosas. Sin embargo, obedeció y encontró las rosas tal como la Virgen le había dicho. Se las llevó y Ella le dijo: "Hijo mío, el más pequeño, estas rosas serán la prueba que llevarás al obispo". 
Juan Diego fue de nuevo a ver al Obispo y le dijo que la Virgen le había mandado la prueba de que Ella era realmente la Virgen. 
Al soltar su ayate, las rosas cayeron al suelo y apareció dibujada en la tela la preciosa imagen de la Virgen de Guadalupe. 
Fue entonces cuando el Obispo creyó que la Virgen quería que le construyeran en ese lugar un templo. 
El ayate permaneció un tiempo en la capilla del Obispo Fray Juan de Zumárraga. El 26 de diciembre de 1531 lo trasladaron a una ermita construida al pie del Tepeyac.
En 1754, Benedicto XIV nombró a al Virgen de Guadalupe patrona de la Nueva España, desde Arizona hasta Costa Rica.
El 12 de octubre de 1895 se llevó a cabo la coronación pontificia de la imagen, concedida por León XIII.
En 1904, San Pío X elevó el santuario de México a la categoría de Basílica y en 1910 proclamó a la Virgen de Guadalupe, Patrona de toda América Latina.
En 1945, Pío XII le dio el título de la Emperatriz de América. El 12 de Octubre de 1976 se inauguró la nueva Basílica de Guadalupe.
Miles de personas de México y del mundo entero, visitan cada año la Basílica de Guadalupe, en donde está la hermosa pintura que la Virgen pintó a Juan Diego en su ayate para pedirle a Nuestra Madre su amor, su protección y su ayuda.
Las peregrinaciones no sólo se llevan a cabo en México, las hay en todos los países del mundo a diferentes templos. Algunas personas van de rodillas, porque le hacen una promesa a la Virgen cuando le piden un favor. En las peregrinaciones, la gente va haciendo oración, sacrificios y cantando. Muchas veces, las peregrinaciones vienen de muy lejos y se tardan varios días en llegar a darle gracias a la Virgen por algún milagro o favor que les concedió. El amor a la Virgen es lo que mueve a todas estas personas a irla a visitar desde su ciudad. 
En las peregrinaciones, las personas suelen llevar estandartes con la imagen de la Virgen y mantas donde escriben el nombre de su pueblo, de su familia, de su empresa.
12 de diciembre
Éste es el documento histórico en el que se relata las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe al Beato Juan Diego, indígena azteca, ocurridas del 9 al 12 de diciembre de 1531.
Es un escrito originalmente en lengua náhuatl "lingua franca" en Mesoamérica, y todavía en uso en varias regiones de México. A pesar de que muchos documentos indígenas comienzan con el Nican Mopohua, estas dos palabras iniciales han permanecido por antonomasia para identificar este relato. El título completo es: "Aquí se cuenta se ordena como hace poco milagrosamente se apareció la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra Reina; allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe".
Este relato es la principal fuente de lo que sabemos sobre el Mensaje de la Santísima Virgen al Beato Juan Diego, a México y al Mundo. La copia más antigua se halla en la Biblioteca Pública de Nueva York Rare Books and Manuscripts Department. The New York Public Library, Astor, Lenox and Tilden Foundation.
El autor del documento fue Don Antonio Valeriano (1520-1605), sabio indígena y aventajado discípulo de Fr. Bernardino de Sahún. Valeriano recibió la historia por el mismo Juan Diego, quien murió en 1548.

ARGUMENTO DEL DOCUMENTO

Es la narración de la evangelización de una cultura donde la ayuda de Dios y de la Virgen fue evidente. Por medio de un estilo correcto, digno y sólido uno se da cuenta que esta evangelización llegó hasta la más profunda raíz de la cultura pre-hispánica, llevándose a realizar la de dos pueblos irreconciliables.
En la plenitud de los tiempos para América aparece María Santísima portadora de Cristo. Hay una identificación de lo esencial de la Biblia: -Cristo, centro de la Historia- (Juan 3,14-16) con lo esencial del Nican Mopohua (vv.26-27) y con lo esencial del mensaje glífico de la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe: el Niño Sol que lleva en su vientre Santísimo.
Finalmente, entre los protagonistas del relato están: · La Santísima Virgen que pide un templo para manifestar a su Hijo. 
  • El Beato Juan Diego, vidente y confidente de la Sma. Virgen. 
  • El Obispo Fr. Juan de Zumárraga a cuya Autoridad se confía el asunto. 
  • El Tío del Beato Juan Diego, sanado milagrosamente. 
  • Los criados del Obispo que siguen al Beato Juan Diego. 
  • La ciudad entera que reconoce lo sobrenatural de la imagen y entrega su corazón a Nuestra Señora de Guadalupe.

NICAN MOPOHUA - (TEXTO EN ESPAÑOL)

Aquí se narra se ordena, cómo hace poco, milagrosamente se apareció la perfecta virgen santa maría madre de Dios, nuestra reina, allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe.
Primero se hizo ver de un indito, su nombre Juan Diego; y después se apareció su Preciosa Imagen delante del reciente obispo don fray Juan de Zumárraga. (...)
Diez años después de conquistada la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas las flechas, los escudos, cuando por todas partes había paz en los pueblos, así como brotó, ya verdece, ya abre su corola la fe, el conocimiento de Aquél por quien se vive: el verdadero Dios.
En aquella sazón, el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un indito, un pobre hombre del pueblo.
Su nombre era Juan Diego, según se dice, vecino de Cuauhtitlan, y en las cosas de Dios, n todo pertenecía a Tlatilolco.
Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus mandatos. Y al llegar cerca del cerrito llamado Tepeyac ya amanecía. 
Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros finos; al cesar sus voces, como que les respondía el cerro, sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos sobrepujaban al del coyoltototl y del tzinitzcan y al de otros pájaros finos. 
Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá nomás lo estoy soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños? 
¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento; acaso en la tierra celestial? 
Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial.
Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de oírse, entonces oyó que lo llamaban, de arriba del cerrillo, le decían: "JUANITO, JUAN DIEGUITO". 
Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación pasaba en su corazón ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía alegre y contento por todo extremo; fue a subir al cerrillo para ir a ver de dónde lo llamaban. 
Y cuando llegó a la cumbre del cerrillo, cuando lo vio una Doncella que allí estaba de pie, lo llamó para que fuera cerca de Ella. 
Y cuando llegó frente a Ella mucho admiró en qué manera sobre toda ponderación aventajaba su perfecta grandeza: su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; el resplandor de Ella como preciosas piedra, como ajorca (todo lo más bello) parecía la tierra como que relumbraba con los resplandores del arco iris en la niebla. 
Y los mezquites y nopales y las demás hierbecillas que allí se suelen dar, parecían como esmeraldas. Como turquesa aparecía su follaje. Y su tronco, sus espinas, sus aguates, relucían como el oro. 
En su presencia se postró. Escuchó su aliento, su palabra, que era extremadamente glorificadora, sumamente afable, como de quien lo atría y estimaba mucho. 
Le dijo:- "ESCUCHA, HIJO MÍO EL MENOR, JUANITO. ¿A DÓNDE TE DIRIGES?" 
Y él le contestó:_ "Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré, a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor: nuestros sacerdotes" 
EN SEGUIDA, CON ESTO DIALOGA CON ÉL, LE DESCUBRE SU PRECIOSA VOLUNTAD; LE DICE:
"SÁBELO, TEN POR CIERTO, HIJO MÍO EL MÁS PEQUEÑO, QUE YO SOY LA PERFECTA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERÍSIMO DIOS POR QUIEN SE VIVE, EL CREADOR DE LAS PERSONAS, EL DUEÑO DE LA CERCANÍA Y DE LA INMEDIACIÓN, EL DUEÑO DEL CIELO, EL DUEÑO DE LA TIERRA, MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME LEVANTEN MI CASITA SAGRADA.
EN DONDE LO MOSTRARÉ, LO ENSALZARÉ AL PONERLO DE MANIFIESTO:
LO DARÉ A LAS GENTES EN TODO MI AMOR PERSONAL, EN MI MIRADA COMPASIVA, EN MI AUXILIO, EN MI SALVACIÓN: PORQUE YO EN VERDAD SOY VUESTRA MADRE COMPASIVA, TUYA Y DE TODOS LOS HOMBRES QUE EN ESTA TIERRA ESTÁIS EN UNO, Y DE LAS DEMÁS VARIADAS ESTIRPES DE HOMBRES, MIS AMADORES, LOS QUE A MÍ CLAMEN, LOS QUE ME BUSQUEN, LOS QUE CONFÍEN EN MÍ, PORQUE ALLÍ LES ESCUCHARÉ SU LLANTO, SU TRISTEZA, PARA REMEDIAR PARA CURAR TODAS SUS DIFERENTES PENAS, SUS MISERIAS, SUS DOLORES.
Y PARA REALIZAR LO QUE PRETENDE MI COMPASIVA MIRADA MISERICORDIOSA, ANDA AL PALACIO DEL OBISPO DE MEXICO, Y LE DIRÁS QUE CÓMO YO TE ENVÍO, PARA QUE LE DESCUBRAS CÓMO MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME PROVÉA DE UNA CASA, ME ERIJA EN EL LLANO MI TEMPLO; TODO LE CONTARÁS, CUANTO HAS VISTO Y ADMIRADO, Y LO QUE HAS OÍDO.
Y TEN POR SEGURO QUE MUCHO LO AGRADECERÉ Y LO PAGARÉ, QUE POR ELLO TE ENRIQUECERÉ, TE GLORIFICARÉ; Y MUCHO DE ALLÍ MERECERÁS CON QUE YO RETRIBUYA TU CANSANCIO, TU SERVICIO CON QUE VAS A SOLICITAR EL ASUNTO AL QUE TE ENVÍO.
YA HAS OÍDO, HIJO MÍO EL MENOR, MI ALIENTO MI PALABRA; ANDA, HAZ LO QUE ESTÉ DE TU PARTE".
E inmediatamente en su presencia se postró; le dijo:_ "Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; por ahora de Ti me aparto, yo, tu pobre indito". 
Luego vino a bajar para poner en obra su encomienda: vino a encontrar la calzada, viene derecho a México. 
Cuando vino a llegar al interior de la ciudad, luego fue derecho al palacio del obispo, que muy recientemente había llegado, gobernante sacerdote; su nombre era D. Fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco. 
Y en cuanto llegó luego hace el intento de verlo, les ruega a sus servidores, a sus ayudantes, que vayan a decírselo; después de pasado largo rato vinieron a llamarlo, cuando mandó el señor obispo que entrara. 
Y en cuanto entró, luego ante él se arrodilló, se postró, luego ya le descubre, le cuenta el precioso aliento, la preciosa palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice todo lo que admiró lo que vio, lo que oyó. 
Y habiendo escuchado toda su narración, su mensaje, como que no mucho lo tuvo por cierto, le respondió, le dijo: "Hijo mío, otra vez vendrás, aun con calma te oiré, bien aun desde el principio miraré, consideraré la razón por la que has venido, tu voluntad, tu deseo". 
Salió; venía triste porque no se realizó de inmediato su encargo. 
Luego se volvió, al terminar el día , luego de allá se vino derecho a la cumbre del cerrillo, y tuvo la dicha de encontrar a la Reina del Cielo: allí cabalmente donde la primera vez se le apareció, lo estaba esperando. 
Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por tierra, le dijo: 
"Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del gobernante sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste. 
Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero, por lo que me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene por cierto. 
Me dijo: "Otra vez vendrás; aun con calma te escucharé, bien aun desde el principio veré por lo que has venido, tu deseo, tu voluntad". 
Bien en ello miré, según me respondió, que piensa que tu casa que quieres que te hagan aquí, tal vez yo nada más lo invento, o que tal vez no es de tus labios; mucho te suplico, Señora mía; Reina, Muchachita mía, que a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean. 
Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías, Virgencita mía, Hija mía menor, Señora, Niña; por favor dispénsame: afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía".
LE RESPONDIÓ LA PERFECTA VIRGEN, DIGNA DE HONRA Y VENERACIÓN:
"ESCUCHA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS, TEN POR CIERTO QUE NO SON ESCASOS MIS SERVIDORES, MIS MENSAJEROS, A QUIENES ENCARGUÉ QUE LLEVEN MI ALIENTO MI PALABRA, PARA QUE EFECTÚEN MI VOLUNTAD; PERO ES MUY NECESARIO QUE TÚ, PERSONALMENTE, VAYAS, RUEGUES, QUE POR TU INTERCESIÓN SE REALICE, SE LLEVE A EFECTO MI QUERER, MI VOLUNTAD.
Y, MUCHO TE RUEGO, HIJO MÍO EL MENOR, Y CON RIGOR TE MANDO, QUE OTRA VEZ VAYAS MAÑANA A VER AL OBISPO.
Y DE MI PARTE HAZLE SABER, HAZLE OÍR MI QUERER, MI VOLUNTAD, PARA QUE REALICE, HAGA MI TEMPLO QUE LE PIDO.
Y BIEN, DE NUEVO DILE DE QUÉ MODO YO, PERSONALMENTE, LA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, YO, QUE SOY LA MADRE DE DIOS, TE MANDO".
Juan Diego, por su parte, le respondió, le dijo:_ "Señora mía, Reina, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón; con todo gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni estimo por molesto el camino. 
Iré a poner en obra tu voluntad, pero tal vez no seré oído, y si fuere oído quizás no seré creído. 
Mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu palabra, a tu aliento, lo que me responda el gobernante sacerdote. 
Ya me despido de Tí respetuosamente, Hija mía la más pequeña, Jovencita, Señora, Niña mía, descansa otro poquito. 
Y luego se fue él a su casa a descansar.. 
Al día siguiente, domingo, bien todavía en la nochecilla, todo aún estaba oscuro, de allá salió, de su casa, se vino derecho a Tlatilolco, vino a saber lo que pertenece a Dios y a ser contado en lista; luego para ver al señor obispo. 
Y a eso de las diez fue cuando ya estuvo preparado: se había oído misa y se había nombrado lista y se había dispersado la multitud. 
Y Juan Diego luego fue al palacio del señor obispo.
Y en cuanto llegó hizo toda la lucha por verlo, y con mucho trabajo otra vez lo vió; a sus pies se hincó, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle la palabra, el aliento de la Reina del Cielo, 
que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle su casita sagrada, en donde había dicho, en donde la quería 
Y el gobernante obispo muchísimas cosas le preguntó, le investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella; todo absolutamente se lo contó al señor obispo. 
Y aunque todo absolutamente se lo declaró, y en cada cosa vió, admiró que aparecía con toda claridad que Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador Nuestro Señor Jesucristo, sin embargo, no luego se realizó. 
Dijo que no sólo por su palabra, su petición se haría, se realizaría lo que él pedía, que era muy necesaria alguna otra señal para poder ser creído cómo a él lo enviaba la Reina del Cielo en persona. 
Tan pronto como lo oyó Juan Diego, le dijo al obispo: 
"Señor gobernante, considera cuál será la señal que pides, porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me envió". 
Y habiendo visto el obispo que ratificaba, que en nada vacilaba ni dudaba, luego lo despacha. 
Y en cuanto se viene, luego le manda a algunos de los de su casa en los que tenía absoluta confianza, que lo vinieran siguiendo, que bien lo observaran a dónde iba, a aquién veía, con quién hablaba.
Y así se hizo. Y Juan Diego luego se vino derecho. Siguió la calzada. 
Y los que lo seguían, donde sale la barranca cerca del Tepeyac, en el puente de madera lo vinieron a perder. Y aunque por todas partes buscaron, ya por ninguna lo vieron. 
Y así se volvieron. No sólo porque con ello se fastidiaron grandemente, sino también porque les impidió su intento, los hizo enojar. 
Así le fueron a contar al señor obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que nada más inventaba lo que venía a decirle, o que sólo soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía. 
Y bien así lo determinaron que si otra vez venía, regresaba, allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que ya no volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente. 
Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del señor obispo; la que, oída por la Señora, le dijo:
"BIEN ESTÁ, HIJITO MÍO, VOLVERÁS AQUÌ MAÑANA PARA QUE LLEVES AL OBISPO LA SEÑAL QUE TE HA PEDIDO; CON ESO TE CREERÁ Y ACERCA DE ESTO YA NO DUDARÁ NI DE TI SOSPECHARÁ; Y SÁBETE, HIJITO MÍO, QUE YO TE PAGARÉ TU CUIDADO Y EL TRABAJO Y CANSANCIO QUE POR MI HAS EMPRENDIDO; EA, VETE AHORA; QUE MAÑANA AQUÍ TE AGUARDO".
Y al día siguiente, lunes, cuando debía llevar Juan Diego alguna señal para ser creído, ya no volvió. 
Porque cuando fué a llegar a su casa, a un su tío, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad, estaba muy grave. 
Aun fué a llamarle al médico, aún hizo por él, pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave. 
Y cuando anocheció, le rogó su tío que cuando aún fuere de madrugada, cuando aún estuviere oscuro, saliera hacia acá, viniera a llamar a Tlatilolco algún sacerdote para que fuera a confesarlo, para que fuera a prepararlo, porque estaba seguro de que ya era el tiempo, ya el lugar de morir, porque ya no se levantaría, ya no se curaría. 
Y el martes, siendo todavía mucho muy de noche, de allá vino a salir, de su casa, Juan Diego, a llamar el sacerdote a Tlatilolco, y cuando ya acertó a llegar al lado del cerrito terminación de la sierra, al pie, donde sale el camino, de la parte en que el sol se mete, en donde antes él saliera, dijo: 
"Si me voy derecho por el camino, no vaya a ser que me vea esta Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al gobernante eclesiástico como me lo mandó; que primero nos deje nuestra tribulación; que antes yo llame de prisa al sacerdote religioso, mi tío no hace más que aguardarlo".
PAPA Francisco
En seguida le dio la vuelta al cerro, subió por en medio y de ahí atravesando, hacia la parte oriental fue a salir, para rápido ir a llegar a México, para que no lo detuviera la Reina del Cielo. 
Piensa que por donde dio la vuelta no lo podrá ver la que perfectamente a todas partes está mirando. 
La vio cómo vino a bajar de sobre el cerro, y que de allí lo había estado mirando, de donde antes lo veía. 
Le vino a salir al encuentro a un lado del cerro, le vino a atajar los paso; le dijo:
"¿QUÉ PASA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS? ¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?":
Y él, ¿tal vez un poco se apenó, o quizá se avergonzó? ¿o tal vez de ello se espantó, se puso temeroso? 
En su presencia se postró, la saludó, le dijo: 
"Mi Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta; ¿cómo amaneciste? ¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía? 
Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío. 
Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella. 
Y ahora iré de prisa a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de Nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo, porque en realidad para ello nacimos, los que vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte. 
Más, si voy a llevarlo a efecto, luego aquí otra vez volveré para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía. 
Te ruego me perdones, ténme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa". 
En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen:
"ESCUCHA, PONLO EN TU CORAZÓN, HIJO MÍO EL MENOR, QUE NO ES NADA LO QUE TE ESPANTÓ, LO QUE TE AFLIGIÓ, QUE NO SE PERTURBE TU ROSTRO, TU CORAZÓN; NO TEMAS ESTA ENFERMEDAD NI NINGUNA OTRA ENFERMEDAD, NI COSA PUNZANTE, AFLICTIVA.
¿NO ESTOY AQUI, YO, QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO? ¿NO SOY, YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA? ¿NO ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO, EN EL CRUCE DE MIS BRAZOS? ¿TIENES NECESIDAD DE ALGUNA OTRA COSA?.
QUE NINGUNA OTRA COSA TE AFLIJA, TE PERTURBE; QUE NOTE APRIETE CON PENA LA ENFERMEDAD DE TU TÍO, PORQUE DE ELLA NO MORIRÁ POR AHORA. TEN POR CIERTO QUE YA ESTÁ BUENO"
(Y luego en aquel mismo momento sanó su tío, como después se supo): 
Y Juan Diego, cuando oyó la amable palabra, el amable aliento de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló, bien con ello se apaciguó su corazón, y le suplicó que inmediatamente lo mandara a ver al gobernador obispo, a llevarle algo de señal, de comprobación, para que creyera la Reina Celestial luego le mandó que subiera a la cumbra del cerrillo, en donde antes la veía; Le dijo: 
"SUBE, HIJO MÍO EL MENOR, A LA CUMBRE DEL CERRILLO, A DONDE ME VISTE Y TE DI ÓRDENES ALLÍ VERÁS QUE HAY VARIADAS FLORES: CÓRTALAS, REÚNELAS, PONLAS TODAS JUNTAS; LUEGO, BAJA AQUÍ; TRÁELAS AQUÍ, A MI PRESENCIA".
Y Juan Diego luego subió al cerrillo, y cuando llegó a la cumbre, mucho admiró cuantas había florecidas, abiertas sus corolas, flores las más variadas, bellas y hermosas, cuando todavía no era su tiempo: porque de veras que en aquella sazón arreciaba el hielo; estaban difundiendo un olor suavísimo; como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno. 
Luego comenzó a cortarlas, todas las juntó, las puso en el hueco de su tilma. Por cierto que en la cumbre del cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, sólo abundan los riscos, abrojos, espinas; nopales, mezquites, y si acaso algunas hierbecillas se solían dar, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come, lo destruye el hielo. Y en seguida vino a bajar, vino a traerla a la Niña Celestial las diferentes flores que había ido a cortar, y cuando las vio, con sus venerables manos las tomó; luego otra vez se las vino a poner todas juntas en el hueco de su ayate, le dijo:
"MI HIJITO MENOR, ESTAS DIVERSAS FLORES SON LA PRUEBA, LA SEÑAL QUE LLEVARÁS AL OBISPO; DE MI PARTE LE DIRÁS QUE VEA EN ELLAS MI DESEO, Y QUE POR ELLO REALICE MI QUERER, MI VOLUNTAD.
Y TÚ..., TÚ QUE ERES MI MENSAJERO...., EN TI ABSOLUTAMENTE SE DEPOSITA LA CONFIANZA; Y MUCHO TE MANDO, CON RIGOR QUE NADA MÁS A SOLAS EN LA PRESENCIA DEL OBISPO EXTIENDAS TU AYATE, Y LE ENSEÑES LO QUE LLEVAS.
Y LE CONTARÁS TODO PUNTUALMENTE LE DIRÁS QUE TE MANDÉ QUE SUBIERAS A LA CUMBRE DEL CERRITO A CORTAR FLORES, Y CADA COSA QUE VISTE Y ADMIRASTE, PARA QUE PUEDAS CONVENCER AL GOBERNANTE SACERDOTE, PARA QUE LUEGO PONGA LO QUE ESTÁ DE SU PARTE PARA QUE SE HAGA, SE LEVANTE MI TEMPLO QUE LE HE PEDIDO".
Y en cuanto le dio su mandato la Celestial Reina, vino a tomar la calzada, viene derecho a México, ya viene contento. Ya así viene sosegado su corazón, porque vendrá a salir bien, lo llevará perfectamente. Mucho viene cuidando lo que está en el hueco de su vestidura, no vaya a ser que algo tire; viene disfrutando del aroma de las diversas preciosas flores. 
Cuando vino a llegar al palacio del obispo, lo fueron a encontrar el portero y los demás servidores del sacerdote gobernante, y les suplicó que le dijeran cómo deseaba verlo, pero ninguno quiso, fingían que no le entendían, o tal vez porque aún estaba muy oscuro, o tal vez porque ya lo conocían que nomás los molestaba, los importunaba, y ya les habían contado sus compañeros, los que lo fueron a perder de vista cuando lo fueron siguiendo Durante muchísimo rato estuvo esperando la razón. 
Y cuando vieron que por muchísimo rato estuvo allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si era llamado, y como que algo traía, lo llevaba en el hueco de su tilma; luego pues, se le acercaron para ver qué traía y desengañarse. 
Y cuando vio Juan Diego que de ningún modo podía ocultarles lo que llevaba y que por eso lo molestarían, lo empujarían o tal vez lo aporrearían, un poquito les vino a mostrar que eran flores. 
Y cuando vieron que todas eran finas, variadas flores y que no era tiempo entonces de que se dieran, las admiraron muy mucho, lo frescas que estaban, lo abiertas que tenían sus corolas, lo bien que olían, lo bien que parecían 
Y quisieron coger y sacar unas cuantas; tres veces sucedió que se atrevieron a cogerlas, pero de ningún modo pudieron hacerlo, porque cuando hacían el intento ya no podían ver las flores, sino que, a modo de pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma las veían. 
Inmediatamante fueron a decirle al gobernante obispo lo que habían visto, cómo deseaba verlo el indito que otras veces había venido, y que ya hacía muchísimo rato que estaba allí aguardando el permiso, porque quería verlo. 
Y el gobernante obispo, en cuando lo oyó, dió en la cuenta de que aquello era la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba el hombrecito. 
Enseguida dio orden de que pasara a verlo. Y habiendo entrado, en su presencia se postró, como ya antes lo había hecho. Y de nuevo le contó lo que había visto, admirado, y su mensaje.
Le dijo:_"Señor mío, gobernante, ya hice, ya llevé a cabo según me mandaste; así fui a decirle a la Señora mi Ama, la Niña Celestial, Santa María, la Amada Madre de Dios, que pedías una prueba para poder creerme, para que le hicieras su casita sagrada, en donde te la pedía que la levantaras; y también le dije que te había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal, alguna prueba de su voluntad, como me lo encargaste. 
Y escuchó bien tu aliento, tu palabra, y recibió con agrado tu petición de la señal, de la prueba, para que se haga, se verifique su amada voluntad. 
Y ahora, cuando era todavía de noche, me mandó para que otra vez viniera a verte; y le pedí la prueba para ser creído, según había dicho que me la daría, e inmediatamente lo cumplió. 
Y me mandó a la cumbre del cerrito en donde antes yo la había visto, para que allí cortara diversas rosas de Castilla. 
Y cuando las fui a cortar, se las fui allevar allá abajo; y con sus santas manos las tomó, de nuevo en el hueco de mi ayate las vino a colocar, para que te las viniera a traer, para que a ti personalmente te las diera.
Aunque bien sabía yo que no es lugar donde se den flores la cumbre del cerrito, porque sólo hay abundancia de riscos, abrojos, huizaches, nopales, mezquites, no por ello dudé, no por ello vacilé. 
Cuando fui a llegar a la cumbre del cerrito miré que ya era el paraíso. 
Allí estaban ya perfectas todas las diversas flores preciosas, de lo más fino que hay, llenas de rocío, esplendorosas, de modo que luego las fui a cortar; y me dijo que de su parte te las diera, y que ya así yo probaría, que vieras la señal que le pedías para realizar su amada voluntad, 
y para que aparezca que es verdad mi palabra, mi mensaje. Aquí las tienes, hazme favor de recibirlas." Y luego extendió su blanca tilma , en cuyo hueco había colocado las flores. 
Y así como cayeron al suelo todas las variadas flores preciosas, luego allí se convirtió en señal, se apareció de repente la Amada Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura en que ahora está, en donde ahora es conservada en su amada casita, en su sagrada casita en el Tepeyac, que se llama Guadalupe. 
Y en cuanto la vio el obispo gobernante y todos los que allí estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron, se pusieron de pie para verla, se entristecieron, se afligieron, suspenso el corazón, el pensamiento.....
Y el obispo gobernante con llanto, con tristeza, le rogó, le pidió perdón por no luego haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra, y cuando se puso de pie, desató del cuello de donde estaba atada, la vestidura, la tilma de Juan Diego en la que se apareció, en donde se convirtió en señal la Reina Celestial, Y luego la llevó; allá la fue a colocar a su oratorio. Y todavía allí pasó un día Juan Diego en la casa del obispo, aún lo detuvo. 
Y al día siguiente le dijo:_"Anda, vamos a que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo. 
De inmediato se convidó gente para hacerlo, levantarlo, Y Juan Diego, en cuanto mostró en dónde había mandado la Señora del Cielo que se erigiera su casita sagrada, luego pidió permiso: 
quería ir a su casa para ir a ver a su tío Juan Bernardino, que estaba muy grave cuando lo dejó para ir a llamar a un sacerdote a Tlatilolco para que lo confesara y lo dispusiera, de quien le había dicho la Reina del Cielo que ya había sanado.
Pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa. Y al llegar vieron a su tío que ya estaba sano, absolutamente nada le dolía. Y él, por su parte, mucho admiró la forma en que su sobrino era acompañado y muy honrado; le preguntó a su sobrino por qué así sucedía, el que mucho le honraran; Y él le dijo cómo cuando lo dejó para ir a llamarle un sacerdote para que lo confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyac se le apareció la Señora del Cielo; y lo mandó a México ver al gobernante obispo, para que allí le hicera una casa en el Tepeyac.
Y le dijo que no se afligiera, que ya su tío estaba contento, y con ello mucho se consoló. 
Le dijo su tío que era cierto, que en aquel preciso momento lo sanó, y la vió exactamente en la misma forma en que se le había aparecido a su sobrino, le dijo cómo a él también lo había enviado a México a ver al obispo; y que también, cuando fuera a verlo, que todo absolutamente le descubriera, le platicara lo que había visto y la manera maravillosa en que lo había sanado, y que bien así la llamaría bien así se nombraría; LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE, su Amada Imagen. 
Y luego trajeron a Juan Bernardino a la presencia del gobernante obispo, lo trajeron a hablar con él a dar testimonio, y junto con su sobrino Juan Diego, los hospedó en su casa el obispo unos cuantos días, en tanto que se levantó la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyac; donde se hizo ver de Juan Diego. 
Y el señor obispo trasladó a la Iglesia Mayor la amada Imagen de la Amada Niña Celestial. 
La vino a sacar de su palacio, de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran la admiraran, su amada Imagen. 
Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver a admirar su preciosa Imagen. Venían a reconocer su carácter divino. Venían a presentarle sus plegarias. 
Muchos admiraron en qué milagrosa manera se había aparecido, puesto que absolutamente ningún hombre de la tierra pintó su amada Imagen.

PARA MEDITAR, REFLEXIONAR, ORAR O REZAR NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE - Memoria

  • — La aparición de la Virgen a Juan Diego.
  • — Nuestra Señora precede a todo apostolado y prepara las almas.
  • — La nueva evangelización. El Señor cuenta con nosotros. No desaprovechar las ocasiones.

I. La devoción a la Virgen de Guadalupe en México tiene su origen en los comienzos de su evangelización, cuando los creyentes eran aún muy pocos. Nuestra Señora se apareció en aquellos primeros años a un indio campesino, Juan Diego, y lo envió al Obispo del lugar para manifestarle el deseo de tener un templo dedicado a Ella en una colina próxima, llamada Tepeyac. Le dijo la Virgen en la primera aparición: «en este santuario le daré a las gentes todo mi amor personal, mi mirada compasiva, mi auxilio, mi salvación: porque Yo, en verdad, soy vuestra Madre compasiva, tuya y de todos los hombres... Allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores»1.

El Obispo del lugar, antes de acceder a esta petición, pidió una señal. Y Juan Diego, por encargo de la Señora de los Cielos, fue a cortar un ramo de rosas, en el mes de diciembre, sobre la árida colina, a más de dos mil metros de altura. Habiendo encontrado, con la consiguiente sorpresa, las rosas, las llevó al Obispo. Juan Diego extendió su blanca tilma, en cuyo hueco había colocado las flores. Y cuando cayeron en el suelo «apareció de repente la Amada Imagen de la Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura que ahora se encuentra»2. Esa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe quedó impresa en la rústica tilma del indio, tejida con fibras vegetales. Representa a la Virgen como una joven mujer de rostro moreno, rodeada por una luz radiante.

María dijo a Juan Diego, y lo repite a todos los cristianos: «¿No estoy Yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás por ventura en mi regazo?». ¿Por qué hemos de temer, si Ella es Madre de Jesús y Madre de los hombres?

Con la aparición de María en el cerro del Tepeyac comenzó en todo el antiguo territorio azteca un movimiento excepcional de conversiones, que se extendió a toda América Centro-Meridional y llegó hasta el lejano archipiélago de Filipinas. «La Virgen de Guadalupe sigue siendo aún hoy el gran signo de la cercanía de Cristo, al invitar a todos los hombres a entrar en comunión con Él, para tener acceso al Padre. Al mismo tiempo, María es la voz que invita a los hombres a la comunión entre ellos...»3. La Virgen ha ido siempre por delante en la evangelización de los pueblos. No se entiende el apostolado sin María. Por eso, cuando el Papa, Vicario de Cristo en la tierra, pide a los fieles la recristianización de Europa y del mundo acudimos a Ella para que «indique a la Iglesia los caminos mejores que hay que recorrer para realizar una nueva evangelización, Le imploramos la gracia de servir a esta causa sublime con renovado espíritu misionero»4. Le suplicamos que nos señale a nosotros el modo de acercar a nuestros amigos a Dios y que Ella misma prepare sus almas para recibir la gracia.
II. «Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas... mira cuán grande es la mies, e intercede junto al Señor para que infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios...»5, que los fieles «caminen por los senderos de una intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas»6. Solo así –con una intensa vida cristiana, con amor y deseos de servir– podremos llevar a cabo esa nueva evangelización en todo el mundo, empezando por los más cercanos. ¡Cuánta mies sin brazos que la recojan!, gentes hambrientas de la verdad que no tienen quienes se la enseñen, personas de todo tipo y condición que desearían acercarse a Dios y no encuentran el camino. Cada uno de nosotros debe ser un indicador claro que señale, con el ejemplo y con la palabra, el camino derecho que, a través de María, termina en Cristo.

De Europa partió la primera llamarada que encendió la fe en el continente americano. ¡Cuántos hombres y mujeres, de razas tan diversas, han encontrado la puerta del Cielo, por la fe heroica y sacrificada de aquellos primeros evangelizadores! La Virgen les fue abriendo camino y, a pesar de las dificultades, con tesón, paciencia y sentido sobrenatural enseñaron por todas partes los misterios más profundos de la fe. «Ahora nos encontramos en una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que arraiga una penosa incertidumbre moral con la disgregación de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y movimientos»7. De estos países que fueron profundamente cristianos, algunos dan la impresión de estar en camino de volver al paganismo del que fueron sacados, muchas veces con la sangre del martirio y siempre con la ayuda eficaz de la Virgen. Toda una civilización cimentada sobre ideas cristianas parece encontrarse sin recursos para reaccionar. Y desde estas naciones, de donde salió en otros tiempos la luz de la fe para propalarse por todo el mundo, desgraciadamente «se envía al mundo entero la cizaña de un nuevo paganismo»8.

Los cristianos seguimos siendo fermento en medio del mundo. La fuerza de la levadura no ha perdido su vigor en estos veinte siglos, porque es sobrenatural y es siempre joven, nueva y eficaz. Por eso nosotros no nos quedaremos parados, como si nada pudiéramos hacer o como si las dimensiones del mal pudieran ahogar la pequeña simiente que somos cada uno de los que queremos seguir a Cristo. Si los primeros que llevaron la fe a tantos lugares se hubieran quedado paralizados ante la tarea ingente que se les presentaba, si solo hubieran confiado en sus fuerzas humanas, nada habrían llevado a cabo. El Señor nos alienta continuamente a no quedar rezagados en esta labor, que se presenta «fascinadora desde el punto sobrenatural y humano»9. Pensemos hoy ante Nuestra Señora de Guadalupe, una vez más, qué estamos haciendo a nuestro alrededor: el interés por acercar a Cristo a nuestros familiares y amigos, si aprovechamos todas las ocasiones, sin dejar ninguna, para hablar con valentía de la fe que llevamos en el corazón, si nos tomamos en serio nuestra propia formación, de la que depende la formación de otros, si prestamos nuestro tiempo, siempre escaso, en catequesis o en otras obras buenas, si colaboramos también económicamente en el sostenimiento de alguna tarea que tenga como fin la mejora sobrenatural y humana de las personas. No nos debe detener el pensar que en ocasiones es poco lo que tenemos a nuestro alcance, en medio de un trabajo profesional que llena el día y aún le faltan horas. Dios multiplica ese poco; y, además, muchos pocos cambian un país entero.
III. Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a todas las criaturas10. Estas palabras del Señor son actuales en cada época y en todo tiempo, y no excluyen a ningún pueblo o civilización, a ninguna persona. Los Apóstoles recibieron este mandato de Jesucristo, y ahora lo recibimos nosotros. En un mundo que muchas veces se muestra como pagano en sus costumbres y modos de pensar, «se impone a los cristianos la dulcísima obligación de trabajar para que el mensaje divino de la revelación sea conocido por todos los hombres de cualquier lugar de la tierra»11. Contamos con la asistencia siempre eficaz del Señor: Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos12.

Dios actúa directamente en el alma de cada persona por medio de la gracia, pero es voluntad del Señor, afirmada en muchos pasajes del Evangelio, que los hombres sean instrumento o vehículo de salvación para los demás hombres. Id, pues, a los caminos, y a cuantos encontréis llamadlos a las bodas13. Y comenta San Juan Crisóstomo: «Son caminos también todos los conocimientos humanos, como los de la filosofía, los de la milicia, y otros por el estilo. Dijo, pues: id a la salida de todos los caminos, para que llamen a la fe a todos los hombres, cualquiera que sea su condición»14. Los mismos viajes, de negocios o de descanso, son ocasiones que Dios pone muchas veces a nuestro alcance para dar a conocer a Cristo15. También los lazos familiares, la enfermedad, una visita de cortesía a casa de unos amigos, una felicitación de Navidad, una carta a un periódico... «Son innumerables las ocasiones que tienen los seglares para ejercitar el apostolado de la evangelización y de la santificación»16. Nosotros, cada uno, tendríamos que decir con Santa Teresa de Lisieux: «No podré descansar hasta el fin del mundo mientras haya almas que salvar»17. ¿Y cómo vamos a descansar, si además esas almas están en el mismo hogar, en el mismo trabajo, en la misma Facultad, en el vecindario? Hemos de pedir a la Virgen el deseo vivo y eficaz de ser almas valientes, audaces, atrevidas para sembrar el bien, procurando, sin respetos humanos, que no haya rincones de la sociedad en los que no se conozca a Cristo18. Es preciso desterrar el pesimismo de pensar que no se puede hacer nada, como si hubiera una predeterminación hacia el mal. Con la gracia del Señor, seremos como la piedra caída en el lago, que produce una onda, y esta otra más grande19, y no para hasta el fin de los tiempos. El Señor da una eficacia sobrenatural a nuestras palabras y obras que nosotros desconocemos la mayor parte de las veces.

Hoy pedimos a Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe que se muestre como Madre compasiva con nosotros, que nos haga anunciadores del Evangelio, que sepamos comprender a todos, participando de sus gozos y esperanzas, de todo lo que inquieta su vida, para que, siendo muy humanos, podamos elevar a nuestros amigos al plano sobrenatural de la fe. «¡Reina de los Apóstoles! Acepta nuestra prontitud para servir sin reserva a la causa de tu Hijo, la causa del Evangelio y la causa de la paz, basada sobre la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos»20.
Referencias
1 Nican Mopohua, según la traducción de M. Rojas, México 1981, nn. 28-32. — 2 Ibídem, nn. 181-183. — 3 Juan Pablo II, Ángelus 13-XII-1987. — 4 Ibídem. — 5 Cfr. ídem, Oración a la Virgen de Guadalupe, México 27-I-1979. — 6Ibídem. — 7 ídem, Discurso 6-XI-1981. — 8 A. del Portillo, Carta pastoral 25-XII-1985. — 9 Ibídem. — 10 Mc 16, 1. — 11 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 3. — 12 Mt 28, 18. — 13 Mt 22. 9. — 14 San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. III, p. 63. — 15 Cfr. Conc. Vat. II, loc. cit., 14. — 16 Ibídem, 6. — 17 Santa Teresa de Lisieux, Novissima verba, en Obras completas, Monte Carmelo, 5ª ed., Burgos 1980. — 18 Cfr. San Josemaría Escrivá, Forja, n. 716. — 19 Cfr. ídem, Camino, n. 831. — 20 Juan Pablo II, Homilía en Guadalupe, 27-I-1979.
* El día 9 de diciembre de 1531 se apareció la Virgen María a un indio llamado Juan Diego, en el cerro de Tepeyac, cerca de la ciudad de México, manifestándole sus deseos de que allí fuese erigido un templo. Después de sanar milagrosamente al indio Bernardino, tío de Juan Diego, el 12 de diciembre, cuando, por mandato de la Virgen, llevaba al Prelado unas flores, al dejarlas caer de su tilma, la imagen de la Señora apareció grabada en esa prenda, que se venera en la actualidad en el Santuario Basílica de Guadalupe, en México. Era la señal que había pedido el Obispo Juan de Zumárraga, que levantó una capilla en 1553.
Existen diversos documentos que testifican los hechos acaecidos. El más antiguo es el que recoge la declaración de un testigo presencial de la entrevista entre Zumárraga y Juan Diego, Se conserva en la Biblioteca Nacional de México.
Fuente: http://www.iesvs.org/

NICAN MOPOHUA NARRACIÓN HISTÓRICA COMPLETA Y ORDENADA DEL GRAN ACONTECIMIENTO 

Traducción y comentarios de Mons. José Luis Guerrero Rosado
INTRODUCCIÓN
Aquí se cuenta, se ordena, cómo hace poco, en forma por demás maravillosa, el amor de la perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra venerable Señora y Reina, la hizo visible allá en el Tepeyac, que se conoce [ahora] como Guadalupe. En un principio se dignó dejarse ver de un indito de nombre Juan Diego, y, al final, su amor nos entregó su preciosa y amada imagen en la presencia del reciente Obispo Don Fray Juan de Zumárraga.
AMBIENTACIÓN
1.- Diez años después de sojuzgada la ciudad de México, ya por tierra la flecha y el escudo, [acabada la guerra], ya por doquier sosegados sus aguas y sus montes, [las ciudades],
2.- así como brotó, ya macolla, ya revienta sus yemas la adquisición de la verdad, el conocimiento de Quien es causa de toda vida: el verdadero Dios.
3.- Entonces, en el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un caballero indio, pobre pero digno,
4.- su nombre era Juan Diego, casateniente, por lo que se dice, allá en Cuautitlán,
5.- y, en lo eclesiástico, todo aquello era aún jurisdicción de Tlaltelolco.
PRIMERA APARICIÓN
6.- Era sábado, muy de madrugada, lo movía su interés por Dios [respondiendo a] su insistente llamada. 7.- Y cuando vino a llegar al costado del cerrito, en el sitio llamado Tepeyac, despuntaba ya el alba.
8.- Oyó claramente sobre el cerrito cantar, como cantan diversos pájaros preciosos. Al interrumpir su gorjeo, como que les coreaba el cerro, sobremanera suave, agradabilísimo, su trino sobrepujaba al del coyoltótotl y del tzinitzcan y al de otras preciosas aves canoras.
9.- Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura es mi mérito, mi merecimiento lo que ahora oigo? ¿Quizá solamente estoy soñando? ¿Acaso estoy dormido y sólo me lo estoy imaginando?
10.- ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso ya en el sitio del que siempre nos hablaron los ancianos, nuestros antepasados, todos nuestros abuelos: en su tierra florida, en su tierra de nuestro sustento, en su patria celestial? 
11.- Tenía fija la mirada en la cumbre del cerrito, hacia el rumbo por donde sale el sol, porque desde allí algo hacía prorrumpir el maravilloso canto celestial.
12.- Y tan pronto como cesó el canto, cuando todo quedó en calma, entonces oye que lo llaman de arriba del cerrito, le convocan: <<-Mi Juanito, mi Juan Dieguito>>.
13.- En seguida, pero al momento, se animó a ir allá a donde era llamado. En su corazón no se agitaba turbación alguna, ni en modo alguno nada lo perturbaba, antes se sentía muy feliz, rebosante de dicha. Fue pues a subir al montecito, fue a ver de dónde era llamado.
14.- Y al llegar a la cumbre del cerrito, tuvo la dicha de ver a una Doncella, que por amor a él estaba allí de pie,
15.- la cual tuvo la delicadeza de invitarlo a que viniera 'juntito' a Ella.
16.- Y cuando llegó a su adorable presencia, mucho se sorprendió por la manera que, sobre toda ponderación, destacaba su maravillosa majestad:
17.- sus vestiduras resplandecían como el sol, como que reverberaban,
18.- y la piedra, el risco en que estaba de pie, como que lanzaba flechas de luz;
19.- su excelsa aureola semejaba al jade más precioso, a una joya,
20.- la tierra como que bullía de resplandores, cual el arco iris en la niebla.
21.- Y los mezquites y nopales, y las otras varias yerbezuelas que ahí se dan, parecían esmeraldas. Cual la más fina turquesa su follaje, y sus troncos, espinas y ahuates deslumbraban como el oro.
22.- Ante su presencia se postró. Escuchó su venerable aliento, su amada palabra, infinitamente grata, aunque al mismo tiempo majestuosa, fascinante, como de un amor que del todo se entrega.
23.- Se dignó decirle: <<-Escucha bien, hijito mío el más pequeño, mi Juanito: ¿A dónde te diriges?>>
24.- Y él le contestó: <<-Mi señora, mi reina, mi muchachita, allá llegaré a tu casita de México Tlatelolco. Voy en pos de las cosas de Dios que se dignan darnos, enseñarnos, quienes son imágenes del Señor, nuestro Dueño, nuestros sacerdotes>>.
25.- Acto continuo con él dialoga, le hace el favor de descubrirle su preciosa y santa voluntad,
26.- le comunica: <<-Ten la bondad de enterarte, por favor pon en tu corazón, hijito mío el más amado, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, y tengo el privilegio de ser Madre del verdaderísimo Dios, de Ipalnemohuani, (Aquel por quien se vive), de Teyocoyani (del Creador de las personas), de Tloque Nahuaque (del Dueño del estar junto a todo y del abarcarlo todo), de Ilhuicahua Tlaltipaque (del Señor del Cielo y de la Tierra). Mucho quiero, ardo en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito,
27.- para allí mostrárselo a Ustedes, engrandecerlo,
28.- entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación.
29.- Porque en verdad yo me honro en ser madre compasiva de todos Ustedes,
30.- tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno,
31.- y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión.
32.- Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores.
33.- Y para realizar con toda certeza lo que pretende Él, mi mirada misericordiosa, ojalá aceptes ir a al palacio del Obispo de México, y le narres cómo nada menos que yo te envío de embajador para que le manifiestes cuan grande y ardiente deseo tengo de que aquí me provea de una casa, de que me levante en el llano mi templo. Absolutamente todo, con todos sus detalles, le contarás: cuanto has visto y admirado, y lo que has oído.
34.- Y quédate seguro de que mucho te lo voy a agradecer y a pagártelo, 35.- pues te enriqueceré, te glorificaré, 36.- Y mucho merecerás con esto que yo recompense tu cansancio, tu molestia de ir a ejecutar la embajada que te confiero.
37.- Ya has oído, Hijo mío el más amado, mi aliento, mi palabra: ¡Ojalá aceptes ir y tengas la bondad de poner todo tu esfuerzo!>>
ENTREVISTA CON ZUMARRAGA
38.- E inmediatamente en su presencia se postró, respetuosamente le dijo: <<-Señora mía, mi Niña, por supuesto que ya voy para poner por obra tu venerable aliento, tu amada palabra. Por ahora de ti me despido, yo, tu humilde servidor.>>
39.- En seguida bajó para ir a poner por obra su encargo: Vino a tomar la calzada que viene derecho a México.
40.- Y cuando hubo llegado al interior de la ciudad, de inmediato y directo se fue al palacio del Obispo que muy recientemente había llegado de Jefe de Sacerdotes, cuyo reverendo nombre era D. Fray Juan de Zumárraga, Sacerdote de San Francisco.
41.- Y al llegar, de inmediato hace el intento de verlo, rogando a sus servidores, sus domésticos, que vayan a anunciarlo.
42.- Al cabo de una espera un tanto excesiva, vienen a llamarlo cuando el Señor Obispo tuvo a bien convocarlo para que pasara.
43.- Y en cuanto entró, en seguida en su presencia se arrodilló, se postró. Luego ya le declara, le narra el venerable aliento, la preciosa palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también le refirió respetuosamente todas las cosas que admiró, que miró, que escuchó.
44.- Y cuando hubo escuchado todas sus palabras, su mensaje, como que no del todo le dio crédito.
45.- Le respondió, se dignó decirle: <<-Hijito mío, otra vez vendrás, aún con calma te oiré, muy aun desde el principio lo miraré, pensaré lo que te hizo venir acá, tu voluntad, tu deseo.>>
SEGUNDA APARICIÓN
46.- Salió, pues, abatido de tristeza porque su encomienda no se realizó de inmediato.
47.- En seguida se regresó. Poco después, ya al acabar el día, se vino luego en derechura a la cumbre del cerrito,
48.- y allí tuvo la grande suerte de reencontrar a la Reina del Cielo, allí precisamente donde por primera vez la había visto. Lo estaba esperando bondadosamente.
49.- Y apenas la miró, se postró en su presencia, se arrojó por tierra, tuvo el honor de decirle:
50.- <<Dueña mía, Señora, Reina, Hijita mía la más amada, mi Virgencita, fui allá donde Tú me enviaste como mensajero, fui a cumplir tu venerable aliento, tu amable palabra. Aunque muy difícilmente, entré al lugar del estrado del Jefe de los Sacerdotes. Lo vi, en su presencia expuse tu venerable aliento, tu amada palabra, como tuviste la bondad de mandármelo>>.
51.- <<Me recibió amablemente y me escuchó bondadosamente, pero, por la manera como me respondió, su corazón no quedó satisfecho, no lo estima cierto.
52.- Me dijo: Otra vez vendrás, aún con más calma te oiré, muy aun desde el principio examinaré la razón por la que has venido, tu deseo, tu voluntad.>>
53.- <<Me di perfecta cuenta, por la forma cómo me contestó, que piensa que el templo que Tú te dignas concedernos el privilegio de edificarte aquí, quizá es mera invención mía, que tal vez no es de tus venerados labios.
54.- Por lo cual, mucho te ruego, Señora mía, mi Reina, mi Virgencita, que ojalá a alguno de los ilustres nobles, que sea conocido, respetado, honrado, a él le concedas que se haga cargo de tu venerable aliento, de tu preciosa palabra para que sea creído.>>
55.- <<Porque yo en verdad no valgo nada, soy mecapal, soy cacaxtle, soy cola, soy ala, sometido a hombros y a cargo ajeno, no es mi paradero ni mi paso allá donde te dignas enviarme, Virgencita mía, Hijita mía la más amada, Señora, Reina.
56.- Por favor, perdóname: afligiré tu venerado rostro, tu amado corazón. Iré a caer en tu justo enojo, en tu digna cólera, Señora, Dueña mía>>.
57.- Y la siempre gloriosa Virgen tuvo la afabilidad de responderle:
58.- <<-Escucha, hijito mío el más pequeño, ten por seguro que no son pocos mis servidores, mis embajadores mensajeros a quienes podría confiar que llevaran mi aliento, mi palabra, que ejecutaran mi voluntad;
59.- mas es indispensable que seas precisamente tú quien negocie y gestione, que sea totalmente por tu intervención que se verifique, que se lleve a cabo mi voluntad, mi deseo.
60.- Y muchísimo te ruego, hijito mi consentido, y con rigor te mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo.
61.- Y de mi parte adviértele, hazle oír muy claro mi voluntad, mi deseo para que realice, para que haga mi templo que le pido.
62.- Y de nuevo comunícale de que manera nada menos que yo, yo la siempre Virgen María, la Venerable Madre de Dios, allá te envío de mensajero.>>
63.- Y Juan Diego le respondió respetuosamente, le dijo reverentemente: <<-Señora mía, Reina, Virgencita mía, ojalá que no aflija yo tu venerable rostro, tu amado corazón; con el mayor gusto iré, voy ciertamente a poner en obra tu venerable aliento, tu amada palabra; de ninguna manera me permitiré dejar de hacerlo, ni considero penoso el camino.
64.- Iré, pues, desde luego, a poner en obra tu venerable voluntad, pero bien puede suceder que no sea favorablemente oído, o, si fuere oído, quizá no seré creído; pero
65.- mañana, por la tarde, cuando se ponga el sol, vendré a devolver a tu venerable aliento, a tu amada palabra lo que me responda el Jefe de los Sacerdotes>>
66.- <<Ya me despido, Hijita mía la más amada, Virgencita mía, Señora, Reina. Por favor, quédate tranquila>>.
67.- Y, acto continuo, él se fue a su casa a descansar.
SEGUNDA ENTREVISTA CON ZUMARRAGA
68.- Al día siguiente, Domingo, muy de madrugada, cuando todo estaba aún muy oscuro, de allá salió de su casa hacia acá, a Tlaltelolco: viene a aprender las cosas divinas, a ser pasado en lista; luego a ver al Gran Sacerdote.
69.- Y como a las diez de la mañana estuvo dispuesto: se había oído Misa, se había pasado lista, se había dispersado toda la gente.
70.- Y él, Juan Diego, luego fue al palacio del Señor Obispo.
71.- Y tan pronto como llegó, hizo todo lo posible para tener el privilegio de verlo, y con mucha dificultad otra vez tuvo ese honor.
72.- A sus pies hincó las rodillas, llora, se pone triste, en tanto que dialoga, mientras le expone el venerable aliento, la amada palabra de la Reina del Cielo,
73.- para ver si al fin era creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, tocante a que le hagan, le edifiquen, le levanten, su templo donde se dignó indicarlo, en donde se digna quererlo.
74.- Y el Señor Obispo muchísimas cosas le preguntó, le examinó, para que bien en su corazón constase (para cerciorarse) dónde fue a verla, qué aspecto tenía. Todo lo narró al Señor Obispo, con todos sus detalles,
75.- pero, pese a que todo absolutamente se lo pormenorizó, hasta en los más menudos detalles, y que en todas las cosas vio, se asombró porque clarísimamente aparecía que Ella era la perfecta Virgen, la venerable, gloriosa y preciosa Madre de nuestro Salvador Jesucristo,
76.- a fin de cuentas, no estuvo de acuerdo de inmediato,
77.- sino que le dijo que no nada más por su palabra, su petición, se haría, se ejecutaría lo que solicitaba,
78.- que era todavía indispensable algo como señal para que poder creerle que era precisamente Ella, la Reina del Cielo, quien se dignaba enviarlo de mensajero.
79.- Y tan pronto como lo oyó, Juan Diego dijo respetuosamente al Obispo: 80.- <<-Señor Gobernante, por favor sírvete ver cuál será la señal que tienes a bien pedirle, pues en seguida me pondré en camino para solicitársela a la Reina del Cielo, que se dignó enviarme acá de mensajero>>.81.- Y cuando vio el Obispo que todo lo confirmaba, que desde su primera reacción en nada titubeaba o dudaba, luego lo despidió; pero
82.- apenas hubo salido, luego ordenó a algunos criados, en quienes tenía gran confianza, que fueran detrás de él, que cuidadosamente lo espiaran a dónde iba, y a quién veía o hablaba.
83.- Y así se hizo. Y Juan Diego en seguida se vino derecho, enfiló la calzada.
84.- Y lo siguieron, pero allí donde sale la barranca, cerca del Tepeyac, por el puente de madera, lo perdieron de vista, y por más que por todas partes lo buscaron, ya en ningún lugar lo vieron,
85.- por lo que se regresaron. Y con eso no sólo se vinieron a enfadar grandemente, sino también porque los frustró, los dejó furiosos,
86.- de manera que le fueron a insistir al Señor Obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le inventaron que lo que hacía era sólo engañarlo deliberadamente, que era mera ficción lo que forjaba, o bien que sólo lo había soñado, sólo imaginado en sueños lo que decía, lo que solicitaba.
87.- Y en este sentido se confabularon unos con otros, que si llegaba a volver, a regresar, allí lo habían de agarrar y castigar duramente para que otra vez ya no ande contando mentiras, ni alborotando a la gente.
88.- Entre tanto Juan Diego estaba en la presencia de la Santísima Virgen, comunicándole la respuesta que venía a traerle de parte del Señor Obispo.
89.- Y cuando se lo hubo notificado, la Gran Señora y Reina le respondió:
90.- <<-Así está bien, Hijito mío el más amado, mañana de nuevo vendrás aquí para que lleves al Gran Sacerdote la prueba, la señal que te pide.
91.- Con eso en seguida te creerá, y ya, a ese respecto, para nada desconfiará de ti ni de ti sospechará.
92.- Y ten plena seguridad, Hijito mío predilecto, que yo te pagaré tu cuidado, tu servicio, tu cansancio que por amor a mí has prodigado.
93.- ¡Animo, mi muchachito! que mañana aquí con sumo interés habré de esperarte>>.
TERCERA APARICIÓN - EL TÍO MORIBUNDO
94.- Pero a la mañana siguiente, lunes, cuando Juan Diego debería llevarle alguna señal suya para ser creído, ya no regresó,
95.- porque cuando fue a llegar a su casa, a un tío suyo, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad, estaba en las últimas,
96.- por lo que se pasó el día buscando médicos, todavía hizo cuanto pudo al respecto; pero ya no era tiempo, ya estaba muy muy grave.
97.- Y al anochecer, le rogó instantemente su tío que, todavía de noche, antes del alba, le hiciera el favor de ir a Tlaltelolco a llamar a algún sacerdote para que viniera, para que se dignara confesarlo, se sirviera disponerlo,
98.- porque estaba del todo seguro que ya era el ahora, ya era el aquí para morir, que ya no habría de levantarse, que ya no sanaría.
99.- Y el martes, todavía en plena noche, de allá salió, de su casa, Juan Diego, a llamar al sacerdote, allá en Tlatelolco.
100.- Y cuando ya vino a llegar a la cercanía del cerrito Tepeyac, a su pie, donde sale el camino, hacia el lugar donde se pone el sol, donde antes él pasara, se dijo:
101.- <<-Si sigo de frente por el camino, no vaya a ser que me vea la noble Señora, porque como antes me hará el honor de detenerme para que lleve la señal al Jefe de los Sacerdotes, conforme a lo que se dignó mandarme.
102.- Que por favor primero nos deje nuestra aflicción, que pueda yo ir rápido a llamar respetuosamente el sacerdote religioso. Mi venerable tío no hace sino estar aguardándolo>>.
103.- En seguida le dio la vuelta al monte por la falda, subió a la otra parte, por un lado, hacia donde sale el sol, para ir a llegar rápido a México, para que no lo demorara la Reina del Cielo. 104.- Se imaginaba que por dar allí la vuelta, de plano no iba a verlo Aquella cuyo amor hace que absolutamente y siempre nos esté mirando.
105.- Pero la vio como hacia acá bajaba de lo alto del montecito, desde donde se había dignado estarlo observando, allá donde desde antes lo estuvo mirando atentamente. 106.- Le vino a salir al encuentro de lado del monte, vino a cerrarle el paso, se dignó decirle: 107.- <<-¿Qué hay, Hijo mío el más pequeño? ¿A dónde vas? ¿A dónde vas a ver?>>.
108.- Y él, ¿acaso un poco por eso se apenó, tal vez se avergonzó, o acaso por eso se alteró, se atemorizó?
109.- En su presencia se postró, con gran respeto la saludó, tuvo el honor de decirle:
110.- <<-Mi Virgencita, Hija mía la más amada, mi Reina, ojalá estés contenta; ¿Cómo amaneciste? ¿Estás bien de salud?, Señora mía, mi Niñita adorada?
111.- Causaré pena a tu venerado rostro, a tu amado corazón: Por favor, toma en cuenta, Virgencita mía, que está gravísimo un criadito tuyo, tío mío.
112.- Una gran enfermedad en él se ha asentado, por lo que no tardará en morir.
113.- Así que ahora tengo que ir urgentemente a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que tenga la bondad de confesarlo, de prepararlo.
114.- Puesto que en verdad para esto hemos nacido: vinimos a esperar el tributo de nuestra muerte.
115.- Pero, aunque voy a ejecutar esto, apenas termine, de inmediato regresaré aquí para ir a llevar tu venerable aliento, tu amada palabra, Señora, Virgencita mía.
116.- Por favor, ten la bondad de perdonarme, de tenerme toda paciencia. De ninguna manera en esto te engaño, Hija mía la más pequeña, mi adorada Princesita, porque lo primero que haré mañana será venir a toda prisa>>.
117.- Y tan pronto como hubo escuchado la palabra de Juan Diego, tuvo la gentileza de responderle la venerable y piadosísima Virgen:
118.- <<-Por favor presta atención a esto, ojalá que quede muy grabado en tu corazón, Hijo mío el más querido: No es nada lo que te espantó, te afligió, que no se altere tu rostro, tu corazón. Por favor no temas esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna o dolor entristecedor.
119.- ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad de cosa otra alguna?
120.- Por favor, que ya ninguna otra cosa te angustie, te perturbe, ojalá que no te angustie la enfermedad de tu honorable tío, de ninguna manera morirá ahora por ella. Te doy la plena seguridad de que ya sanó>>.
121.- (Y luego, exactamente entonces, sanó su honorable tío, como después se supo).
LAS FLORES
122.- Y Juan Diego, apenas oyó el venerable aliento, la amada palabra de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló, mucho con ello quedó satisfecho su corazón.
123.- Y le suplicó instantemente que de inmediato tuviera a bien enviarlo de mensajero para ver al gobernante Obispo, para llevarle la señal, su comprobación, para que le crea.
124.- Y la Reina del Cielo de inmediato se sirvió mandarle que subiera arriba del cerrito, allí donde antes había tenido el honor de verla.
125.- Se dignó decirle: <<-Sube, Hijito mío queridísimo, arriba del cerrito, donde me viste y te dic órdenes.
126.- Allí verás que están sembradas diversas flores: Córtalas, reúnelas, ponlas juntas. Luego bájalas acá, aquí ante mí tráemelas>>.
127.- Y acto continuo, Juan Diego subió al cerrito. 128.- Y al alcanzar la cumbre, quedó mudo de asombro ante las variadas, excelentes, maravillosas flores, todas extendidas, cuajadas de capullos reventones, cuando todavía no era su tiempo de darse. 129.- Porque en verdad entonces las heladas son muy fuertes. 130.- Su perfume era intenso, y el rocío de la noche como que las cuajaba de perlas preciosas.
131.- En seguida se puso a cortarlas, todas absolutamente las juntó, llenó con ellas el hueco de su tilma.
132.- Y conste que la cúspide del cerrito para nada es lugar donde se den flores, porque lo que hay en abundancia son riscos, abrojos, gran cantidad de espinas, de nopales, de mezquites. 133.- y si algunas hierbezuelas se dan, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo devora, lo aniquila el hielo.
134.- Bajó en seguida trayendo a la Reina del Cielo las diversas flores que le había ido a cortar,
135.- y Ella, al verlas, tuvo la afabilidad de tomarlas en sus manecitas,
136.- y volvió amablemente a colocárselas en el hueco de su tilma. Se dignó decirle:
137.- <<-Hijito queridísimo, estas diferentes flores son la prueba, la señal que le llevarás al Obispo.
138.- De parte mía le dirás que por favor vea en ella mi deseo, y con eso ejecute mi deseo, mi voluntad.
139.- Y tú... tú eres mi plenipotenciario, puesto que en ti pongo toda mi confianza.
140.- Y con todo rigor te ordeno que sólo exclusivamente frente al Obispo despliegues tu tilma y le muestres lo que llevas.
141.- Y le contarás con todo detalle cómo yo te mandé que subieras al cerrito para cortar las flores, y todo lo que viste y admiraste.
142.- Y con esto le conmoverás el corazón al Gran Sacerdote para que interceda y se haga, se erija mi templo que he pedido.
143.- Y al dignarse despedirlo la Reina del Cielo, vino a tomar la calzada, viene derecho a México, viene feliz, rebosante de alegría,
144.- ya así viene, rebosante de dicha su corazón, porque esta vez todo saldrá bien, lo desempeñará bien.
145.- Pone exquisito cuidado en lo que trae en el hueco de su tilma, no vaya a ser que algo se le caiga.
146.- Viene extasiado por el perfume de las flores, tan diferentes y maravillosas.
CUARTA APARICIÓN - TERCERA ENTREVISTA CON ZUMÁRRAGA
Alegoría de la declaración pontifica de Benedicto XIV el 24 de Abril de 1754 del patronato Guadalupano sobre la Nueva España, anónimo novohispano, siglo XVIII.
147.- Y al llegar al palacio episcopal le salió al encuentro el mayordomo e incluso otros criados del señor Obispo.
148.- Y les rogó que por favor le dijeran que quería verlo; pero ninguno accedió, no querían hacerle caso, quizá porque aún no amanecía,
149.- o quizá porque ya lo conocen, que sólo los fastidia, que les es insoportable,
150.- y porque ya les habían hablado de él sus compañeros que lo habían perdido de vista cuando pretendieron seguirlo.
151.- Muy largo tiempo estuvo esperando la respuesta,
152.- y cuando vieron que llevaba ahí tan largo tiempo, cabizbajo, sin hacer nada, a ver si era llamado, notaron que al parecer traía algo en su tilma, y se le acercaron para ver lo que traía, para dar gusto a su corazón.
153.- Y al ver Juan Diego que era imposible ocultarles lo que llevaba, y que por eso lo molestarían, lo expulsarían a empellones o lo maltratarían, un poquito les mostró que eran flores.
154.- Y al ver que se trataba de diversas y finísimas flores, siendo que no era su tiempo, se asombraron muchísimo, y más al ver cuán frescas estaban, cuán abiertas, cuán exquisito su perfume, cuán preciosas,
155.- y ansiaron coger unas cuantas, arrebatárselas.
156.- Y no una, sino tres veces se atrevieron a agarrarlas, pero fracasaron,
157.- porque cuando pretendían tomarlas, ya no podían ver flores, sino las veían como pinturas, como bordados o aplicaciones en la tilma.
158.- Con eso, en seguida fueron a decirle respetuosamente al Señor Obispo lo que habían visto,
159.- y que pretendía verlo el indito que ya tantas veces había venido, quien tenía mucho esperando el recado, porque suplicaba permiso para verlo.
160.- Y tan pronto como el Señor Obispo escuchó eso, captó su corazón que esa era la prueba para que aceptara lo que ese hombre había estado gestionando.
161.- De inmediato se sirvió llamarlo, que en seguida entrara a casa para verlo.
162.- Y cuando entró, se prosternó en su presencia, como toda persona bien educada. 163.- Y de nueva cuenta, y con todo respeto, le narró todo lo que había visto, admirado, y su mensaje.
LA VERSIÓN DE JUAN DIEGO
164.- Le dijo con gran respeto: <<-Mi Señor, Gobernante, ya hice, ya cumplí lo que tuviste a bien mandarme, 
165.- y así tuve el honor de ir a comunicarle a la Señora, mi Ama, la Reina del Cielo, venerable y preciosa Madre de Dios, que tú respetuosamente pedías una señal para creerme, y para hacerle su templecito, allí donde tiene la bondad de solicitarte que se lo levantes.
166.- Y también tuve el honor de decirle que me había permitido darte mi palabra de que tendría el privilegio de traerte algo como señal, como prueba de su venerable voluntad, conforme a lo que tú te dignaste indicarme>>.
167.- <<Y tuvo a bien oír tu venerable aliento, tu venerable palabra y se prestó gustosa a tu solicitud de alguna cosa como prueba, como señal, para que se haga, se ejecute su amada voluntad.
168.- Y hoy, siendo aún noche cerrada, se sirvió mandarme que tuviera el honor de venir de nuevo a verte.
169.- Y yo me honré pidiéndole algo como su señal para que fuera creído, conforme a lo que me había dicho que me daría, y de inmediato, pero al instante, condescendió en realizarlo,
170.- y se sirvió enviarme a la cumbre del cerrito, donde antes había tenido el honor de verla, para que fuera a cortar flores diferentes y preciosas>>.
171.- <<Y luego que tuve el privilegio de ir a cortarlas, se las llevé abajo.
172.- Y se dignó tomarlas en sus manecitas,
173.- para de nuevo dignarse ponerlas en el hueco de mi tilma,
174.- para que tuviera el honor de traértelas y sólo a ti te las entregara>>.
175.- <<Pese a que yo sabía muy bien que la cumbre del cerrito no es lugar donde se den flores, puesto que sólo abundan los riscos, abrojos, espinas, nopales escuálidos, mezquites, no por ello dudé, no por eso vacilé.
176.- Cuando fui a alcanzar la cumbre del montecito, quedé sobrecogido: ¡Estaba en el paraíso!.
177.- Allí estaban reunidas todas las flores preciosas imaginables, de suprema calidad, cuajadas de rocío, resplandecientes, de manera que yo -emocionado- me puse en seguida a cortarlas.
178.- Y se dignó concederme el honor de venir a entregártelas, que es lo que ahora hago, para que en ellas te sirvas ver la señal que pedías, para que te sirvas poner todo en ejecución.
179.- Y para que quede patente la verdad de mi palabra, de mi embajada,
180.- ¡Aquí las tienes, hazme el honor de recibirlas!>>
LA IMAGEN EN LA TILMA
181.- Y en ese momento desplegó su blanca tilma, en cuyo hueco, estando de pie, llevaba las flores. 182.- Y así, al tiempo que se esparcieron las diferentes flores preciosas, 183.- en ese mismo instante se convirtió en señal, apareció de improviso la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal como ahora tenemos la dicha de conservarla, 184.- guardada ahí en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac, que llamamos Guadalupe.
185.- Y tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro,
186.- se levantaron para verla, profundamente conmovidos y convertidos, suspensos su corazón, su pensamiento.
187.- Y el señor Obispo, con lágrimas de compunción le rogó y suplicó le perdonara por no haber ejecutado de inmediato su santa voluntad, su venerable aliento, su amada palabra.
188.- Y poniéndose de pie, desató del cuello la vestidura, el manto de Juan Diego,
189.- en donde se dignó aparecer, en donde está estampada la Señora del Cielo,
190.- y en seguida, con gran respeto, la llevó y la dejó instalada en su oratorio.
191.- Y todavía un día entero pasó Juan Diego en casa del Obispo, él tuvo a bien retenerlo.
192.- Y al día siguiente le dijo: <<-¡Vamos! para que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templecito>>.
193.- De inmediato se convidó gente para hacerlo, para levantarlo.
QUINTA APARICIÓN - EL TÍO SANO
194.- Y Juan Diego, una vez que les hubo mostrado dónde se había dignado mandarle la Señora del Cielo que se levantara su templecito, luego les pidió permiso.
195.- Aun quería ir a su casa para ver a su honorable tío Juan Bernardino, que estaba en cama gravísimo cuando lo había dejado y venido para llamar a algún sacerdote, allá en Tlatelolco, para que lo confesara y dispusiera, de quien la Reina del Cielo se había dignado decirle que ya estaba sano.
196.- Y no solamente no lo dejaron ir solo, sino que lo escoltaron hasta su casa.
197.- Y al llegar vieron a su venerable tío que estaba muy contento, ya nada le dolía.
198.- Y él quedó muy sorprendido de ver a su sobrino tan escoltado y tan honrado.
199.- Y le preguntó a su sobrino por qué ocurría aquello, por qué tanto lo honraran.
QUINTA APARICIÓN: EL NOMBRE DE GUADALUPE
200.- Y él le dijo cómo cuando salió a llamar al sacerdote para que lo confesara y preparara, allá en el Tepeyac bondadosamente se le apareció la Señora del Cielo,
201.- y lo mandó como su mensajero a ver al Señor Obispo para que se sirviera hacerle una casa en el Tepeyac,
202.- y tuvo la bondad de decirle que no se afligiera, que ya estaba bien, con lo que quedó totalmente tranquilo.
203.- Y le dijo su venerable tío que era verdad, que precisamente en ese momento se dignó curarlo.
204.- Y que la había visto ni más ni menos que en la forma exacta como se había dignado aparecérsele a su sobrino.
205.- Y le dijo cómo a él también se dignó enviarlo a México para ver al Obispo.
206.- Y que, cuando fuera a verlo, que por favor le manifestara, le informara con todo detalle lo que había visto,
207.- y cuán maravillosamente se había dignado sanarlo,
208.- y que condescendía a solicitar como un favor que a su preciosa imagen precisamente se le llame, se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE.
INICIO DEL CULTO
209.- Y en seguida traen a Juan Bernardino a la presencia del Señor Obispo, para rendir su informe y dar fe ante él.
210.- Y a ambos, a él y a su sobrino, los hospedó el Obispo en su casa unos cuantos días,
211.- durante todo el tiempo que se erigió el templecito de la Soberana Señora allá en el Tepeyac, donde se dignó dejarse ver de Juan Diego.
212.- Y el señor Obispo trasladó a la Iglesia Mayor la preciosa y venerada imagen de la preciosa Niña del Cielo.
213.- Tuvo a bien sacarla de su palacio, de su oratorio, donde estaba, para que toda la gente pudiera ver y admirar su maravillosa imagen.
214.- Absolutamente toda la ciudad se puso en movimiento ante la oportunidad de ver y admirar su preciosa y amada imagen.
LA CONVERSIÓN DE MÉXICO
Juan Diego, religiosa hoja grabado por José Guadalupe Posada pre 1895
215.- Venían a reconocer su carácter divino,
216.- a tener la honra de presentarle sus plegarias,
217.- y mucho admiraban todos la forma tan manifiestamente divina que había elegido para hacerles la gracia de aparecerse,
218.- como que es un hecho que a ninguna persona de este mundo le cupo el privilegio de pintar lo esencial de su preciosa y amada imagen.

NICAN MOPOHUA, LA NARRACIÓN DE LAS APARICIONES DE GUADALUPE.


Traducción del Nahuatl por Miguel Leon-Portilla
Fuente: http://www.carmelitas.org/noticias/nican-mopohua/
EL NICAN MOPOHUA RELATA, EN FORMA VÍVIDA Y POÉTICA LOS HECHOS QUE ACONTECIERON EN EL CERRO DEL TEPEYAC, EN LA IGLESIA DE TLATELOLCO Y EN LA CASA DEL OBISPO DE MÉXICO, ENTRE EL 9 Y EL 12 DE DICIEMBRE DE 1531, Y DE CINCO APARICIONES DE LA VIRGEN DE GUADALUPE. LAS PRIMERAS TRES SÓLO A JUAN DIEGO EN EL TEPEYAC, LA CUARTA ANTE EL OBISPO ZUMÁRRAGA Y CUANTOS ESTABAN JUNTO A ÉL, AL DESPLEGARSE EL AYATE DEL INDIO, Y FINALMENTE, UNA A JUAN BERNARDINO, EN LA CUAL DICE SU NOMBRE: SANTA MARÍA DE GUADALUPE.

I
Aquí se relata, se pone en orden,
cómo, hace poco, de manera portentosa,
se mostró la perfecta doncella.
Santa María, madrecita de Dios,
nuestra noble señora,
allá en Tepeyácac, Nariz del monte,
que se dice Guadalupe.
Primero se mostró a un hombrecillo,
de nombre Juan Diego.
Luego apareció su imagen preciosa
ante el recién electo obispo
don fray Juan de Zumárraga,
y [también se relatan] todas las maravillas
que ha hecho.

Y a diez años
de que fue conquistada el agua, el monte,
la ciudad de México,
ya reposó la flecha, el escudo,
por todas partes estaban en paz
en los varios pueblos.
No ya sólo brotó,
ya verdea, abre su corola
la creencia, el conocimiento
del Dador de la Vida, verdadero Dios.
Entonces, en el año 1531,
pasados algunos días
del mes de diciembre, sucedió.
Había un hombrecillo, un pobrecillo,
su nombre era Juan Diego.
Se dice que tenía su casa en Cuauhtitlán.
Y en cuanto a las cosas divinas,
aún todo pertenecía a Tlatelolco.

Y era sábado,
todavía muy de mañana,
venía en seguimiento de las cosas divinas
y de todo lo que estaba mandado.
Y vino a acercarse al cerrito,
donde se llama Tepeyácac,
ya relucía el alba en la tierra.
Allí escuchó: cantaban sobre el cerrito,
era como el canto de variadas aves preciosas.
Al interrumpir sus voces,
como que el cerro les respondía.
Muy suaves, placenteros,
sus cantos aventajaban a los del pájaro cascabel,
del tzinitzcan y otras aves preciosas que cantan.

Se detuvo Juan Diego,
se dijo:
¿Es acaso merecimiento mío
lo que escucho?
¿Tal vez estoy sólo soñando?
¿Acaso sólo me levanto del sueño?
¿Dónde estoy?
¿Dónde me veo?
¿Tal vez allá,
donde dejaron dicho los ancianos,
nuestros antepasados, nuestros abuelos,
en la Tierra florida, Xochitlalpan,
en la Tierra de nuestro sustento, Tonacatlalpan,
tal vez allá en la Tierra celeste, Ilhuicatlalpan?

Hacia allá estaba mirando,
hacia lo alto del cerrito,
hacia donde sale el sol,
hacia allá, de donde venía
el precioso canto celeste.
cesó el canto,
dejó de escucharse.
Ya entonces oyó,
era llamado
de arriba del cerrito.
Le decían: Juanito, Juan Dieguito.
Luego ya se atrevió,
así irá a allá,
donde era llamado.

Nada inquietó su corazón,
ni con esto se alteró,
sino que mucho se alegró,
se regocijó.
Fue a subir al cerrito,
allá va a ver donde lo llamaban.
Y cuando llegó
a la cumbre del cerrito,
contempló a una noble señora.
que allí estaba de pie.

Ella lo llamó,
para que fuera a su lado.
Y cuando llegó a su presencia,
mucho le maravilló
cómo sobrepasaba
toda admirable perfección.
Su vestido,
como el sol resplandecía,
así brillaba.
Y las piedras y rocas
sobre las que estaba
flechaban su resplandor
como de jades preciosos,
cual joyeles relucían.
Como resplandores de arco iris
reverberaba la tierra.
Y los mezquites, los nopales
y las demás variadas yerbitas
que allí se dan,
se veían como plumajes de quetzal,
como turquesas aparecía su follaje,
y su tronco, sus espinas, sus espinitas,
relucían como el oro.

Delante de ella se inclinó,
escuchó
su reverenciado aliento, su reverenciada palabra,
en extremo afable,
muy noble,
como que lo atraía,
le mostraba amor.
Le dijo ella:
Escucha, hijo mío, el más pequeño,
Juanito, ¿a dónde vas?

Y él le respondió:
Señora mía, noble señora,
mi muchachita,
me acercaré allá, a tu reverenciada casa
de México Tlatelolco,
voy a seguir las cosas divinas,
las que nos entregan,
nos enseñan
los que son imagen del Señor,
el Señor Nuestro, nuestros sacerdotes.

En seguida así le habla ella,
le muestra su preciosa voluntad,
le dice:
Sábelo,
que esté así tu corazón,
hijo mío, el más pequeño,
en verdad soy yo
la en todo siempre doncella,
Santa María,
su madrecita de él, Dios Verdadero,
Dador de la vida, Ipalnemohuani,
Inventor de la gente, Teyocoyani,
Dueño del cerca y del junto, Tloque Nahuaque,
Dueño de los cielos, Ilhuicahua,
Dueño de la superficie terrestre, Tlalticpaque.
Mucho quiero yo,
mucho así lo deseo
que aquí me levanten
mi casita divina,
donde mostraré,
haré patente,
entregaré a las gentes
todo mi amor;
mi mirada compasiva,
mi ayuda, mi protección.
Porque, en verdad, yo soy
vuestra madrecita compasiva,
tuya y de todos los hombres
que vivís juntos en esta tierra
y también de todas las demás gentes,
las que me amen,
las que me llamen, me busquen,
confíen en mí.

Allí en verdad oiré
su llanto, su pesar,
así yo enderezaré,
remediaré todas sus varias necesidades,
sus miserias, sus pesares.
Y para que sea realidad lo que pienso,
lo que es mi mirada compasiva,
ve allá al palacio
del obispo de México.
Y le dirás cómo te envío
para que le muestres
cómo mucho deseo
que aquí se me haga una casa,
se me levante mi casa divina en el llano.
Bien le contarás
todo cuanto viste,
lo que te ha admirado,
y lo que oíste.

Y que así esté tu corazón,
porque bien lo agradeceré,
lo compensaré,
en verdad así te daré en abundancia,
te enalteceré.
Y mucho allí merecerás,
así yo te recompensaré
por tu fatiga, tu trabajo,
con que irás a cumplir
a lo que yo te envío.
Ya escuchaste, hijo mío el más pequeño,
mi aliento, mi palabra.
Ve ya,
hazlo con todo tu esfuerzo.

Luego él ante ella se postró,
le dijo:
Señora mía, noble señora,
en verdad ya voy, cumpliré
tu reverenciado aliento, tu reverenciada palabra.
Así pues ahora te dejo,
yo tu pobre servidor.

Luego vino a bajar
para ir a cumplir su encargo,
vino a encontrar la calzada
que va derecho a México.
Cuando llegó al interior de la ciudad,
luego se fue derecho al palacio del obispo,
el cual hacía poco había llegado,
el gobernante de los sacerdotes,
su nombre era don fray Juan de Zumárraga,
sacerdote de San Francisco.

Y fue a cercarse,
luego trata de verlo,
suplica a los que le sirven,
a sus criados,
que vayan a decirle.
Ya un poco se hizo larga la espera.
Vienen a llamarlo,
ya lo dispuso el que gobierna, obispo,
así entrará.
Y ya entró,
en seguida ante él se pone de rodillas,
se inclina.
Luego ya le hace manifiesto,
le comunica
su reverenciado aliento, su reverenciada palabra
de la noble señora del cielo,
lo que es su mensaje.
También le refiere
todo lo que le había maravillado,
lo que vió, lo que escuchó.

Pero el obispo cuando oyó todo su relato,
su mensaje,
como que no le pareció muy verdadero.
Le respondió el obispo, le dijo:
Hijo mío, otra vez vendrás,
más despacio te escucharé,
así desde el comienzo veré,
pensaré qué te ha traído,
lo que es tu voluntad,
lo que es tu deseo.

II
Salió, se fue triste,
porque no en seguida se cumplió
lo que era su mensaje.
Después fue a regresar,
cuando ya se había completado el día,
allá se fue derecho
a lo alto del cerrito.
Y llegó delante de ella,
la noble señora celeste,
allí donde la primera vez se le hizo visible,
allí lo estaba aguardando.
Y cuando así la vio,
ante ella se inclinó,
se humilló hasta el suelo,
le dijo:
Mi señora, señora, noble señora,
hija mía la más pequeña, mi muchachita,
ya fui allá,
a donde me enviaste como mensajero,
en verdad fui a que se cumpliera
tu reverenciado aliento, tu reverenciada palabra,
Aún cuando con mucha dificultad, entré
allá donde es su lugar de estar,
del que manda a los sacerdotes,
en verdad lo vi,
en verdad ante él expuse
tu reverenciado aliento tu reverenciada palabra, como tú me lo mandaste.
Me recibió él con agrado,
y con atención escuchó
pero así me respondió
como que su corazón no lo reconoció,
no lo tuvo por verdad.

Me dijo:
Otra vez vendrás,
así despacio te escucharé,
así podré ver desde el comienzo
por qué has venido,
lo que es tu deseo,
lo que es tu voluntad.
De eso pude ver,
del modo como me respondió,
que en verdad piensa él
que tu reverenciada casa divina,
que quieres que aquí te hagan,
tal vez yo sólo la he inventado,
tal vez no viene de tus reverenciados labios.
Por esto, mucho te ruego,
señora mía, noble señora, mi muchachita,
que a alguno de los preciosos nobles,
los conocidos, reverenciados, honrados,
así le encargues
que lleve, que conduzca
tu reverenciado aliento, tu reverenciada palabra,
para que así sea creída.

En verdad yo soy un infeliz jornalero,
sólo soy como la cuerda de los cargadores,
en verdad soy angarilla,
sólo soy cola, soy ala,
soy llevado a cuestas, soy una carga,
en verdad no es lugar donde yo ando,
no es lugar donde yo me detengo,
allá a donde tú me envías,
mi muchachita, mi hija la más pequeña,
señora, noble señora.
Por favor, perdóname,
daré pena con esto a tu rostro, a tu corazón,
iré, caeré
en tu enojo, en tu cólera,
señora, señora mía.

Así le respondió la perfecta,
admirable doncella:
Escucha, tú el más pequeño de mis hijos,
que así lo comprenda tu corazón,
no son gente de rango mis servidores,
mis mensajeros,
a quienes yo podré encargar
que lleven mi aliento, mi palabra,
los que podrán hacer se cumpla mi voluntad.
Pero es muy necesario
que tú vayas,
abogues por esto,
gracias a ti se realice,
se cumpla mi querer, mi voluntad.
Y mucho te pido,
hijo mío, el más pequeño,
y mucho te mando
que, una vez más, vayas mañana,
vayas a ver al obispo.

Y de mi parte haz que sepa,
haz que oiga bien
lo que es mi querer,
lo que es mi voluntad,
para que cumpla,
edifique mi casa divina,
la que yo le pido.
Y, una vez más dile
cómo yo,
la siempre doncella Santa María,
yo, su madrecita de Teotl Dios,
a ti como mensajero te envío.

Y Juan Diego le respondió,
le dijo:
Señora mía, noble señora, muchachita mía,
no disguste yo
a tu rostro, a tu corazón.
En verdad, de corazón iré,
marcharé para que se cumpla
tu reverenciado aliento, tu reverenciada palabra.
En verdad no lo abandonaré
ni tengo por penoso el camino.
Iré ya,
a cumplir tu voluntad,
sólo que tal vez no seré oído
y, si fuere escuchado,
quizá no seré creído.
Pero en verdad, mañana,
ya de tarde,
ya puesto el sol,
vendré a devolverte
tu reverenciado aliento, tu reverenciada palabra,
lo que me responderá
el que gobierna a los sacerdotes.
Ya te dejo, hija mía la más pequeña,
mi muchachita, señora, noble señora,
que así pues descanses.

III
Y luego él se fue a reposar a su casa.
Y ya el día siguiente,
domingo, todavía un poco de noche,
estaba oscuro,
de allá salió, de su casa,
vino derecho a Tlatelolco,
vino a aprender las cosas divinas
y a ser contado en la lista.
Luego ya verá al que gobierna a los sacerdotes.

Y tal vez a las diez
había terminado,
así ya había oído misa,
y fue contado en la lista,
y toda la gente se había ido.
Pero él, Juan Diego,
luego va al palacio,
su casa, del que gobierna, obispo.
Y cuando llegó,
puso todo su empeño en verlo,
y, con mucha dificultad,
otra vez lo vio.

Junto a sus pies se arrodilló.
Llora, se aflige, así le habla,
así le manifiesta
el reverenciado aliento, la reverenciada palabra,
de la noble señora celeste.
Acaso no será creído el mensaje,
la voluntad
de la que es en todo doncella,
que le hagan su casa divina
donde ella lo había dicho,
donde ella lo quería.
Más el que gobierna, obispo,
muchas cosas así le preguntó
e inquirió,
para de este modo enterarse
dónde la vio, cómo era.

Todo se lo refirió al que gobierna, obispo.
Pero, aunque todo se lo hizo manifiesto,
cómo era y todo lo que vio,
lo que admiró,
que en verdad así aparece
la que es ella la en todo doncella,
la admirable, reverenciada madre,
del que nos liberó, Señor Nuestro Jesucristo,
sin embargo, no luego se cumplió su deseo.

Dijo el obispo que no sólo por la palabra,
la petición de él, Juan Diego, se hará,
se cumplirá lo que pidió.
Todavía se necesitaba alguna señal
para que bien pudiera ser creído
cómo a él lo enviaba como mensajero
la noble señora celeste.

Y así que lo escuchó Juan Diego,
luego le dijo al obispo:
Señor, tú que gobiernas,
mira cuál será
la señal que tú pides,
que en verdad iré luego,
iré a pedírsela a la noble señora celeste,
la que a mí me envió.

Y como vio el obispo
que él tenía ello por verdad,
porque en nada dudaba, vacilaba,
luego lo hizo irse.
Y cuando ya se va,
en seguida manda el obispo
a algunas de las gentes de su casa,
en las que bien confía,
que lo vayan a seguir,
que vean bien hacia dónde va,
y a quién mira,
con quién habla.

Así se hizo.
Y Juan Diego en seguida se fue derecho,
siguió la calzada.
Pero los que iban tras él,
allí donde se abre la barranca,
junto al Tepeyácac,
en el puente de tablas,
vinieron a perderlo.
Aunque por todas partes lo buscaron,
en ninguna parte lo vieron.
Así vinieron a regresarse,
no sólo porque con esto mucho se cansaron,
sino también porque él los disgustó,
les causó enojo.

Así fueron a decírselo al que gobierna, obispo.
Le fueron a exponer que no le creyera,
le dijeron que sólo contaba mentiras,
sólo inventaba eso que venía a decirle,
o que sólo soñó,
sólo sacó del sueño,
eso que le decía,
eso que le pedía.
Y así le dijeron que,
si una vez más venía,
regresaba,
luego lo atraparían
y con fuerza lo apresarían,
para que ya no otra vez mintiera,
inquietara a la gente.

El día siguiente, lunes,
cuando tenía que llevar Juan Diego
alguna señal para ser creído,
no vino a regresar.
Porque, cuando fue a acercarse a su casa,
a un tío suyo, de nombre Juan Bernardino,
se le puso la enfermedad,
ya estaba al cabo.
Aún fue a llamar al médico,
todavía se ocupó de él,
pero ya no era tiempo,
pues ya estaba al cabo.
Y cuando ya era de noche,
le rogó su tío que todavía de madrugada,
aún a oscuras, saliera,
fuera a llamar allá en Tlatelolco,
a alguno de los sacerdotes,
para que viniera a confesarlo
y a dejarlo preparado.
Porque eso ya estaba en su corazón,
que en verdad ya era tiempo,
que ya entonces moriría,
porque ya no se levantaría,
ya no sanaría.

Y el martes,
cuando todavía estaba muy oscuro,
entonces salió de su casa Juan Diego,
llamará al sacerdote
allá en Tlatelolco.
Y vino a acercarse al cerrito,
al pie del Tepeyácac,
donde sale el camino
hacia donde se pone sol,
por allá donde antes había salido.
Dijo:
Si sigo derecho el camino,
no sea que venga a verme la noble señora,
porque me detendrá como antes,
para que lleve la señal
al sacerdote que gobierna,
según me lo ordenó.
Que antes nos deje nuestra aflicción
que así llame yo al sacerdote
al que el pobre de mi tío
nada más está aguardando.

Luego rodeó el cerro,
por en medio subió y de allí,
por una parte,
vino a pasar hacia donde sale el sol.
Así, de prisa, iba a acercarse a México,
así no lo detendría
la noble señora celeste.
Piensa él que allí donde dio vuelta,
no podrá verlo
la que bien a todas partes ve.

Contempló él cómo vino a descender ella
de la cumbre del cerrito.
Desde allí lo había estado mirando,
desde allí donde antes lo vio.
Vino a encontrarse con él
a un costado del cerro,
vino a atajarlo,
le dijo:
Hijo mío el más pequeño,
¿a dónde vas,
a dónde te encaminas?

Pero él, ¿acaso un poco se perturbó?
¿O acaso tuvo vergüenza?
¿O tal vez se asustó, se espantó?
Ante ella se postró,
la saludó, le dijo:
Muchachita mía, hija mía la más pequeña,
noble señora, que estés contenta,
¿cómo te amaneció?
¿Sientes bien tu precioso cuerpecito,
señora mía, reverenciada hija mía?
Daré aflicción a tu rostro, a tu corazón.
Sabe, muchachita mía,
que está ya al cabo
un servidor tuyo, mi tío.
Grave enfermedad se le ha puesto,
porque en verdad por ella pronto morirá.
Y así pues me iré con prisa
a tu reverenciada casa de México,
llamaré a uno de los amados del Señor Nuestro,
a uno de nuestros sacerdotes,
que vaya a confesarlo
y a dejarlo preparado,
porque en verdad para esto nacimos,
hemos venido a esperar
el trabajo de nuestra muerte.
Pero si voy a hacer esto,
luego otra vez volveré acá.
Así iré,
llevaré
tu reverenciado aliento, tu reverenciada palabra,
señora, muchachita mía.
Perdóname,
todavía tenme paciencia,
porque no me burlo de ti,
hija mía, la más pequeña,
hijita mía, mañana mismo vendré de prisa.

Así que oyó
la palabra de Juan Diego
le respondió la compasiva,
del todo doncella:
Escucha,
que así esté en tu corazón,
hijo mío, el más pequeño,
nada es lo que te hace temer,
lo que te aflige.
Que no se perturbe
tu rostro, tu corazón,
no temas esta enfermedad
ni otra cualquier enfermedad,
que aflige, que agobia.
¿Acaso no estoy aquí,
yo que soy tu madrecita?
¿Acaso no estás bajo mi sombra,
y en resguardo?
¿Acaso no soy la razón de tu alegría?
¿No estás en mi regazo,
en donde yo te protejo?
¿Acaso todavía te hace falta algo?
Que ya no te aflija cosa alguna,
que no te inquiete,
que no te acongoje
la enfermedad de tu tío.
En verdad no morirá ahora por ella.
Esté en tu corazón que él ya sanó.

Y luego entonces se curó su tío,
como así luego se supo.
Y Juan Diego, al escuchar
el reverenciado aliento, la reverenciada palabra
de la noble señora celeste,
mucho se tranquilizó en su corazón,
su corazón se calmó.
Y le rogó entonces
que lo enviara como mensajero,
para que viera al que gobierna, obispo,
y le llevara su señal, su testimonio,
para que él le crea.

Y la noble señora celeste
luego le ordenó
que subiera a la cumbre del cerrito,
allí donde él la había visto antes.
Le dijo:
Sube, tú el más pequeño de mis hijos,
a la cumbre del cerrito
y allí donde tú me viste
y donde te di mi mandato,
allí verás
extendidas flores variadas.
Córtalas, júntalas,
ponlas todas juntas,
baja en seguida,
tráelas aquí delante de mí.

Y luego Juan Diego
subió al cerrito
y cuando llegó a su cumbre,
mucho se maravilló
de cuántas flores allí se extendían,
tenían abiertas sus corolas,
variadas flores preciosas, como las de Castilla,
no siendo aún su tiempo de darse.
Porque era entonces
cuando arreciaba el hielo.
Las flores eran muy olorosas,
eran como perlas preciosas,
henchidas del rocío de la noche.
En seguida comenzó a cortarlas,
todas las vino a juntar
en el hueco de su tilma.

Pero allá en la cumbre del cerrito
no se daban ningunas flores,
porque es pedregoso,
hay abrojos, plantas con espinas,
nopaleras, abundancia de mezquites.
Y si algunas hierbas pequeñas allá se dan,
entonces en el mes de diciembre
todo lo come,
lo echa a perder el hielo.

Y luego vino a bajar,
vino a traerle a la noble señora celeste
las variadas flores que había ido a cortar.
Y cuando ella las vio,
con sus reverenciadas manos las cogió.

Luego las puso de nuevo
en el hueco de la tilma de Juan Diego,
y le dijo:
Hijo mío, el más pequeño,
estas variadas flores son la prueba,
la señal que llevarás al obispo.
De parte mía le dirás
que con esto vea lo que es mi voluntad
y que con esto cumpla mi querer,
lo que es mi deseo.
Y tú, tú eres mi mensajero,
en ti está la confianza.
Y bien mucho te ordeno
que únicamente a solas, ante el obispo,
extiendas tu tilma
y le muestres lo que llevas.
y todo le referirás,
le dirás cómo te ordené
que subieras a la cumbre del cerrito,
fueras a cortar las flores
y todo lo que tú viste,
lo que tú admiraste.
Así tú convencerás en su corazón
al que es gobernante de los sacerdotes,
así luego él dispondrá
que se haga,
se levante mi casa divina,
la que le he pedido.

IV
Y cuando ya le dio su orden
la noble señora celeste,
vino él siguiendo en derechura
la calzada de México,
ya está contento,
ya está calmado su corazón,
porque va a salir bien,
bien llevará las flores.
Va cuidando mucho
lo que viene en el hueco de su tilma,
no sea que algo se le caiga.
Lo alegra el aroma
de las variadas flores preciosas.

Cuando llegó
al palacio del obispo,
los fueron a encontrar el que cuida su casa
y los otros servidores del sacerdote que gobierna.
él les pidió que le dijeran
que quería él verlo,
pero ninguno de ellos quiso.
No querían escucharlo
o quizás era aún de madrugada.
O tal vez ya lo reconocían,
sólo los molestaba,
como que se les colgaba.
Y ya les habían hablado sus compañeros,
los que fueron a perderlo de vista
cuando habían ido a seguirlo.

Por largo tiempo
estuvo él esperando la palabra.
Y vieron ellos que mucho tiempo
allí estuvo de pie,
estuvo con la cabeza baja,
estuvo sin hacer nada,
por si tal vez fuera llamado.
Y como que venía trayendo algo
que estaba en el hueco de su tilma,
luego ya se le acercaron,
para ver qué es lo que traía
y satisfacer así su corazón.

Y vio Juan Diego
que no podía ocultarles
eso que llevaba,
y que por ello lo afligirían,
le darían de empellones,
o tal vez lo golpearían,
un poco les mostró que eran flores.
Y al ver que todas
eran variadas flores como las de Castilla.
y como no era tiempo de que se dieran,
mucho se admiraron
de que estaban muy frescas,
con sus corolas abiertas,
así olorosas, preciosas.

Y tuvieron deseo
de coger algunas pocas,
sacarlas.
Y tres veces fue
que se atrevieron a tomarlas,
aunque nada realmente sucedió.
Porque cuando trataban de hacerlo,
ya no veían las flores,
sólo como una pintura o un bordado,
o algo que estuviera cosido,
así lo veían en la tilma.

En seguida fueron a decirle
al que gobierna, obispo,
lo que habían contemplado,
y cómo quería verlo
el hombrecillo que otras veces había venido,
y que ya llevaba largo rato
en espera de la palabra
pues quería verlo.

Y el que gobierna, obispo,
así como escuchó esto,
tuvo ya en su corazón
que ésa era su señal,
con la que quería acercarse a su corazón,
para que él llevara a cabo
el en cargo en que andaba el hombrecillo.

Luego ordenó
que entrara, lo verá.
Y entró, se inclinó ante él,
como antes lo había hecho.
Y una vez más le refirió
todo lo que había visto,
lo que había admirado y su mensaje.

Le dijo:
Señor mío, tú que gobiernas,
en verdad ya hice,
ya cumplí según tú me ordenaste.
Así fui a decirle a la señora, mi señora,
la noble señora celeste, Santa María,
su preciosa madrecita de Dios,
que tú pedías una señal
para creerme,
así le harías su casa divina
allá donde ella te pedía
que la construyeras.
Y le dije
que yo te había dado mi palabra
de que te traería alguna señal,
un testimonio de su reverenciada voluntad,
según en mi mano tú lo dejaste.
Y ella escuchó bien
tu reverenciado aliento, tu reverenciada palabra,
y recibió con alegría lo que tú pedías,
la señal suya,
el testimonio para que se haga,
se cumpla su voluntad.

Y hoy, todavía de nochecita,
me ordenó que, una vez más,
viniera a verte.
Y yo le pedí su señal
para ser creído,
como me dijo que me la daría,
y en seguida lo cumplió.
Y me envió a la cumbre del cerrito,
en donde antes yo la vi,
para que allí cortara
flores como las de Castilla.
Y yo las fui a cortar,
las llevé luego abajo.
Y ella con sus reverenciadas manos las cogió.
Luego las puso en el hueco de mi tilma,
para que a ti te las trajera,
te las viniera a entregar.

Aunque yo sabía
que no es lugar donde se dan las flores
la cumbre del cerrito,
porque sólo es pedregoso,
hay abrojos, plantas espinosas,
nopales silvestres, mezquites,
no por esto dudé,
no por esto titubeé.
Fui a acercarme a la cumbre del cerrito,
vi que era la Tierra florida,
allí habían brotado variadas flores,
como las rosas de Castilla,
resplandescientes de rocío,
así luego las fui a cortar.
Y me dijo ella
que de parte suya te las diera,
y así yo cumpliría
para que tú vieras
la señal que pides.
De este modo cumplirás
lo que es su reverenciada voluntad
y así aparezca es verdad
mi palabra, mi mensaje.
Aquí están, recíbelas.

Y extendió luego su blanca tilma
en cuyo hueco estaban las flores.
Y al caer al suelo
las variadas flores como las de Castilla,
allí en su tilma quedó la señal,
apareció la preciosa imagen
de la en todo doncella Santa María,
su madrecita de Dios,
tal como hoy se halla,
allí ahora se guarda,
en su preciosa casita,
en su templecito,
en Tepeyácac, donde se dice Guadalupe.

Y cuando la contempló el que gobierna, obispo,
y también todos los que allí estaban,
se arrodillaron, mucho la admiraron.
Se levantaron para verla,
se conmovieron, se afligió su corazón,
como que se elevó su corazón, su pensamiento.

Y el que gobierna, obispo,
con lágrimas, con pesar,
le suplicó,
le pidió lo perdonara
por no haber cumplido luego
su reverenciada voluntad,
su reverenciado aliento, su reverenciada palabra.
Y el obispo se levantó,
desató del cuello, de donde estaba colgada,
la vestidura, la tilma de Juan Diego,
en la que se mostró,
en donde se volvió reverenciada señal
la noble señora celeste.
Y luego la llevó allá,
fue a colocarla en su oratorio.

Y allí todavía un día entero
estuvo Juan Diego,
en la casa del obispo,
quien hizo se quedara allí.
Y al día siguiente, le dijo:
Anda, para que tú muestres
dónde es la reverenciada voluntad
de la noble señora celeste
que se le levante su templo.

En seguida se dio orden
de hacerla, levantarla.
Pero Juan diego cuando ya mostró
dónde había ordenado
la noble señora celeste
que se le levantara su templo,
luego manifestó
que quería acercarse a su casa,
ir a ver a su tío Bernardino,
que se hallaba muy mal cuando lo dejó,
y había ido a llamar a uno de los sacerdotes,
allá a Tlatelolco,
para que lo confesara,
lo fuera a disponer,
de quien la noble señora celeste
le había dicho que ya estaba curado.

Y no sólo lo dejaron que fuera,
sino que lo acompañaron allá a su casa.
Y cuando ya llegaron,
vieron a su reverenciado tío
que estaba muy bien,
nada le afligía.
Y él mucho se maravilló
de que sobrino viniera acompañado
con muchos honores.
Preguntó a su sobrino
por qué ocurría
que tanto lo honraban.

Y él le dijo
que cuando fue allá
a llamar a un sacerdote,
que lo confesara, lo dejara dispuesto,
allá en el Tepeyácac
se le apareció la noble señora celeste
y lo envió a México,
a que fuera a ver al gobernante obispo
para que le edificara su casa en el Tepeyácac.
Y que ella le dijo que no se afligiera
porque ya estaba él curado,
y con esto mucho se tranquilizó su corazón.

Su tío le dijo que era verdad,
que entonces ella lo curó
y que la contempló
de la misma forma
como se había aparecido a su sobrino.
Y le dijo
cómo también a él lo envió a México
para que viera al obispo.
Y también que, cuando fuera a verlo,
todo se lo manifestara,
le dijera lo que había contemplado
y el modo maravilloso como lo había curado
y que así la llamara,
así se nombrara,
la del todo doncella
Santa María de Guadalupe,
su preciosa imagen.

Y en seguida llevaron a Juan Bernardino
delante del que gobierna, obispo
para que viniera a hablarle,
delante de él diera testimonio.
Y con su sobrino Juan Diego,
los aposentó en su casa el obispo
unos pocos días,
mientras se levantó la reverenciada casa
de la noble señora allá en Tepeyácac,
donde se le mostró a Juan Diego.

Y cuando el que gobierna obispo
tuvo ya algún tiempo, allá en la iglesia mayor,
a la preciosa reverenciada imagen
de la noble señora celeste,
vino a sacarla de su palacio,
de su oratorio donde estaba,
para que toda la gente viera,
se maravillara de su preciosa imagen.

Y todos a una,
toda la ciudad se conmovió,
cuando fue a contemplar,
fue a maravillarse,
de su preciosa imagen.
Venían a conocerla como algo divino,
le hacían súplicas.
Mucho se admiraban
cómo por maravilla divina
se había aparecido
ya que ningún hombre de la tierra pintó su preciosa imagen.


El 12 de diciembre la Iglesia católica celebra la aparición de la Virgen de Guadalupe en México el 1531. Una devoción sobre la que se cimentaría la expansión del cristianismo en América.
➖En el museo nacional de escultura se conserva este oleo sobre lienzo de 3x2,56 m. Donde se narra en episodios como si fueran viñetas de un cómic actual los hechos ocurridos en el cerro de Tepeyac, con la aparición de la virgen al indio Juan Diego y la impresión de su imagen de forma milagrosa en la tilma que llevaba.
➖Todas las representaciones que se hacen de la Guadalupana siguen la misma iconografía calcada por lo que cualquier cuadro que se vea de esta advocación es fácilmente reconocido: manto azul de estrellas, corona, resplandor, ángel y luna a los pies y manos juntas.
➖La historia de este cuadro de Juan Correa, de 1667 es fruto de la amplia presencia e intercambio con América desde la península, llegado al convento de San Francisco de Valladolid, ya que el obispo que aparece en el cuadro, segundo protagonista fue Fray Juan de Zumarraga, primer obispo del nuevo mundo e hijo profeso del convento vallisoletano.
La desamortización llevó este cuadro hasta el museo donde se conserva

ACLARACIÓN IMPORTANTE: No debe confundirse con Virgen de Guadalupe de ESPAÑA.
La Virgen de Guadalupe es una advocación mariana cuyo santuario está situado en la villa y puebla de Guadalupe (Cáceres), España. Es la Patrona de Extremadura desde 190.
Madre Santísima de Guadalupe
Mb-guadalupe extremadura.jpg
Venerada enIglesia católica
TemploMonasterio de Guadalupe
Festividad8 de septiembre
Patrona deExtremadura, Reina de las Españas
Notas
  1. Volver arriba↑ También se la conoce con títulos tales como Virgen María de Guadalupe o Santa María de Guadalupe (ver: Medina Estévez, Jorge A. (25 de marzo de 1999). «Decreto concerniente a la celebración de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe en todo el continente americano, el día 12 de diciembre de cada año». Roma: Libr. Editrice Vaticana. Consultado el 18 de septiembre de 2013.; Torre Villar, Ernesto de la; Navarro de Anda, Ramiro, eds. (2007). Nuevos testimonios históricos guadalupanos. Tomo 1. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica. ISBN 978-968-16-7551-6. Consultado el 18 de septiembre de 203.), o Santa María de Guadalupe en el Tepeyac (ver: Sánchez Flores, Ramón (2007). «Desarrollo del guadalupanismo». En Torre Villar, Ernesto de la; Navarro de Anda, Ramiro. Nuevos testimonios históricos guadalupanos. Tomo 2. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica. p. 17. ISBN 978-968-16-8425-9. Consultado el 18 de septiembre de 203.; Noguez, Xavier (1993). Documentos guadalupanos: Un estudio sobre las fuentes de informacion tempranas en torno a las mariofanias en el Tepeyac. EE. UU.: Fondo de Cultura Económica. p. 45. ISBN 978 lo-968-16-4206-8 |isbn= incorrecto (ayuda). Consultado el 18 de septiembre de 2013.). 
  2. Volver arriba↑ Instituto de Estudios Teológicos e Históricos Guadalupanos (2011). Basílica de Santa María de Guadalupe, ed. «Documentos Históricos». Archivado desde el original el 29 de noviembre de 2015. «Los documentos publicados en el Boletín Guadalupano, sección Acontecimiento Guadalupano, obran en esta dirección». 
  3. Volver arriba↑ Brading, David A. (1 de enero de 2002). La Virgen de Guadalupe: imagen y tradición. Aguilar Editorial. ISBN 9789681906597. Consultado el 14 de enero de 2016. 
  4. Saltar a:a b c d e f g h i Nebel, Richard (1 de enero de 1995). Santa Maria Tonantzin Virgen De Guadalupe. Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789681645366. Consultado el 14 de enero de 2016. 
  5. Saltar a:a b Maza, Francisco de La (1 de enero de 1953). El Guadalupanismo mexicano, por Francisco de La Maza. Porrúa y Obregón. Consultado el 14 de enero de 2016. 
  6. Saltar a:a b c Lafaye, Jacques (15 de agosto de 1987). Quetzalcoatl and Guadalupe: The Formation of Mexican National Consciousness, 1531-1813 (en inglés). University of Chicago Press. ISBN 9780226467887. Consultado el 14 de enero de 2016. 
  7. Volver arriba↑ «Mexicanos, guadalupanos antes que católicos, historiador». Terra. Consultado el 14 de enero de 2016. 

Fuente:
http://www.nuestraedad.com.mx/Nican_Mopohua.htm
http://www.es.catholic.net/santoraldehoy/
http://www.aciprensa.com/Maria/Guadalupe/nican.htm
Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; Colección Hablar con Dios de www.FranciscoFCarvajal.org de www.edicionespalabra.es , misalpalm.com, Catholic.net

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