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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

4 de marzo de 2017

QUÉ ES LA ORACIÓN - ¿CUÁNTAS VECES HAY QUE ORAR? ¿REZAS MECÁNICAMENTE? CONSEJOS PARA APRENDER A HACERLO BIEN.

El reconocimiento de la realidad de Dios provoca la tendencia a dirigirse a Él.
LA ORACIÓN
LA ORACIÓN ES NECESARIA PARA LA VIDA ESPIRITUAL: ES LA RESPIRACIÓN QUE PERMITE QUE LA VIDA DEL ESPÍRITU SE DESARROLLE, Y ACTUALIZA LA FE EN LA PRESENCIA DE DIOS Y DE SU AMOR.
1. QUÉ ES LA ORACIÓN [1]
En castellano se cuenta con dos vocablos para designar la relación consciente y coloquial del hombre con Dios: plegaria y oración
La palabra “plegaria” proviene del verbo latino precor , que significa rogar, acudir a alguien solicitando un beneficio. 
El término “oración” proviene del substantivo latino oratio , que significa habla, discurso, lenguaje.

Las definiciones que se dan de la oración, suelen reflejar estas diferencias de matiz que acabamos de encontrar al aludir a la terminología. 
Por ejemplo, San Juan Damasceno, la considera como 
«la elevación del alma a Dios y la petición de bienes convenientes»[2]  
mientras que para San Juan Clímaco se trata más bien de una 
«conversación familiar y unión del hombre con Dios» [3] .
La oración es absolutamente necesaria para la vida espiritual. Es como la respiración que permite que la vida del espíritu se desarrolle. 
  • En la oración se actualiza la fe en la presencia de Dios y de su amor. 
  • Se fomenta la esperanza que lleva a orientar la vida hacia Él y a confiar en su providencia. 
  • Y se agranda el corazón al responder con el propio amor al Amor divino.
En la oración, el alma, conducida por el Espíritu Santo desde lo más hondo de sí misma (cfr. Catecismo, 2562), se une a Cristo, maestro, modelo y camino de toda oración cristiana (cfr. Catecismo, 2599 ss.), y con Cristo, por Cristo y en Cristo, se dirige a Dios Padre, participando de la riqueza del vivir trinitario (cfr. Catecismo, 2559-2564). De ahí la importancia que en la vida de oración tiene la Liturgia y, en su centro, la Eucaristía.
2. CONTENIDOS DE LA ORACIÓN
Los contenidos de la oración, como los de todo diálogo de amor, pueden ser múltiples y variados. Cabe, sin embargo, destacar algunos especialmente significativos:
PETICIÓN
Es frecuente la referencia a la oración impetratoria a lo largo de toda la Sagrada Escritura; también en labios de Jesús, que no sólo acude a ella, sino que invita a pedir, encareciendo el valor y la importancia de una plegaria sencilla y confiada. La tradición cristiana ha reiterado esa invitación, poniéndola en práctica de muchas maneras: 
  • petición de perdón, 
  • petición por la propia salvación y por la de los demás, 
  • petición por la Iglesia y por el apostolado, 
  • petición por las más variadas necesidades, etc.
De hecho, la oración de petición forma parte de la experiencia religiosa universal. 
El reconocimiento, aunque en ocasiones difuso, de la realidad de Dios (o más genéricamente de un ser superior), provoca la tendencia a dirigirse a Él, solicitando su protección y su ayuda. 
Ciertamente la oración no se agota en la plegaria, pero la petición es manifestación decisiva de la oración en cuanto reconocimiento y expresión de la condición creada del ser humano y de su dependencia absoluta de un Dios cuyo amor la fe nos da conocer de manera plena (cfr. Catecismo, 2629.2635).
ACCIÓN DE GRACIAS
El reconocimiento de los bienes recibidos y, a través de ellos, de la magnificencia y misericordia divinas, impulsa a dirigir el espíritu hacia Dios para proclamar y agradecerle sus beneficios. 
La actitud de acción de gracias llena desde el principio hasta el fin la Sagrada Escritura y la historia de la espiritualidad. Una y otra ponen de manifiesto que, cuando esa actitud arraiga en el alma, da lugar a un proceso que lleva a reconocer como don divino la totalidad de lo que acontece, no sólo aquellas realidades que la experiencia inmediata acredita como gratificantes, sino también de aquellas otras que pueden parecer negativas o adversas.

Consciente de que el acontecer está situado bajo el designio amoroso de Dios, el creyente sabe que todo redunda en bien de quienes –cada hombre– son objeto del amor divino (cfr. Rm 8, 28)
«Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. —Porque te da esto y lo otro. —Porque te han despreciado. —Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. —Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. —Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso... Dale gracias por todo, porque todo es bueno» [4] .
 ADORACIÓN Y ALABANZA
Es parte esencial de la oración reconocer y proclamar la grandeza de Dios, la plenitud de su ser, la infinitud de su bondad y de su amor. 
A la alabanza se puede desembocar a partir de la consideración de la belleza y magnitud del universo, como acontece en múltiples textos bíblicos (cfr., por ejemplo, Sal 19; Si 42, 15-25; Dn 3, 32-90) y en numerosas oraciones de la tradición cristiana [5] ; o a partir de las obras grandes y maravillosas que Dios opera en la historia de la salvación, como ocurre en el Magnificat (Lc 1, 46-55) o en los grandes himnos paulinos (ver, por ejemplo, Ef 1, 3-14); o de hechos pequeños e incluso menudos en los que se manifiesta el amor de Dios.

En todo caso, lo que caracteriza a la alabanza es que en ella la mirada va derechamente a Dios mismo, tal y como es en sí, en su perfección ilimitada e infinita. 
«La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace sino por lo que Él es» (Catecismo, 2639). 
Está por eso íntimamente unida a la adoración, al reconocimiento, no sólo intelectual sino existencial, de la pequeñez de todo lo creado en comparación con el Creador y, en consecuencia, a la humildad, a la aceptación de la personal indignidad ante quien nos trasciende hasta el infinito; a la maravilla que causa el hecho de que ese Dios, al que los ángeles y el universo entero rinde pleitesía, se haya dignado no sólo a fijar su mirada en el hombre, sino habitar en el hombre; más aún, a encarnarse.
ADORACIÓN, ALABANZA, PETICIÓN, ACCIÓN DE GRACIAS RESUMEN LAS DISPOSICIONES DE FONDO QUE INFORMAN LA TOTALIDAD DEL DIÁLOGO ENTRE EL HOMBRE Y DIOS.
Sea cual sea el contenido concreto de la oración, quien reza lo hace siempre, de una forma u otra, explícita o implícitamente, 
  • adorando, 
  • alabando, 
  • suplicando, 
  • implorando 
  • o dando gracias a ese Dios al que reverencia, al que ama y en el que confía. 
Importa reiterar, a la vez, que los contenidos concretos de la oración podrán ser muy variados. En ocasiones se acudirá a la oración para 
  • considerar pasajes de la Escritura, 
  • para profundizar en alguna verdad cristiana, 
  • para revivir la vida Cristo, 
  • para sentir la cercanía de Santa María... 
En otras, iniciará a partir de la propia vida 
  • para hacer partícipe a Dios de las alegrías y los afanes, 
  • de las ilusiones y los problemas que el existir comporta; 
  • o para encontrar apoyo o consuelo; 
  • o para examinar ante Dios el propio comportamiento y llegar a propósitos y decisiones; 
  • o más sencillamente para comentar con quien sabemos que nos ama las incidencias de la jornada.
Encuentro entre el creyente y Dios en quien se apoya y por el que se sabe amado, la oración puede versar sobre la totalidad de las incidencias que conforman el existir, y sobre la totalidad de los sentimientos que puede experimentar el corazón. 
«Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”» [6]
SIGUIENDO UNA Y OTRA VÍA, LA ORACIÓN SERÁ SIEMPRE UN ENCUENTRO ÍNTIMO Y FILIAL ENTRE EL HOMBRE Y DIOS, QUE FOMENTARÁ EL SENTIDO DE LA CERCANÍA DIVINA Y CONDUCIRÁ A VIVIR CADA DÍA DE LA EXISTENCIA DE CARA A DIOS.
3. EXPRESIONES O FORMAS DE LA ORACIÓN

Atendiendo a los modos o formas de manifestarse la oración, los autores suelen ofrecer diversas distinciones: 
  • oración vocal 
  • y oración mental; 
  • oración pública 
  • y oración privada; 
  • oración predominantemente intelectual 
  • o reflexiva 
  • y oración afectiva; 
  • oración reglada 
  • y oración espontánea, etc. 
En otras ocasiones los autores intentan esbozar una gradación en la intensidad de la oración distinguiendo entre 
  • oración mental, 
  • oración afectiva, 
  • oración de quietud, 
  • contemplación, 
  • oración unitiva...
EL CATECISMO ESTRUCTURA SU EXPOSICIÓN DISTINGUIENDO ENTRE
  • oración vocal, 
  • meditación 
  • y oración de contemplación. 
Las tres 
«tienen en común un rasgo fundamental: Esta actitud vigilante para conservar la Palabra y permanecer en presencia de Dios hace de todas ellas tiempos fuertes de la vida de oración» (Catecismo, 2699). 
el recogimiento del corazón. 
Un análisis del texto evidencia, por lo demás, que el Catecismo al emplear esa terminología no hace referencia a tres grados de la vida de oración, sino más bien a dos vías, la oración vocal y la meditación, presentándo ambas como aptas para conducir a esa cumbre en la vida de oración que es la contemplación. En nuestra exposición nos atendremos a este esquema.
ORACIÓN VOCAL
La expresión “oración vocal” apunta
a una oración que se expresa vocalmente, es decir, mediante palabras articuladas o pronunciadas. 
Esta primera aproximación, aun siendo exacta, no va al fondo del asunto. Pues, de una parte, todo dialogar interior, aunque pueda ser calificado como exclusiva o predominantemente mental, hace referencia, en el ser humano, al lenguaje; y, en ocasiones, al lenguaje articulado en voz alta, también en la intimidad de la propia estancia. 
De otra, hay que afirmar que la oración vocal no es asunto sólo de palabras sino sobre todo 
de pensamiento y de corazón. 
De ahí que sea más exacto sostener que la oración vocal 
es la que se hace utilizando fórmulas preestablecidas tanto largas como breves (jaculatorias), bien tomadas de la Sagrada Escritura (el Padrenuestro,el Avemaria ...), bien recibidas de la tradición espiritual (el Señor mío Jesucristo, el Veni Sancte Spiritus , la Salve, el Acordaos ...).
Todo ello, como resulta obvio, con la condición de que las expresiones o formulas recitadas vocalmente sean verdadera oración, es decir, que cumplan con el requisito 
de que quien las recita lo haga no sólo con la boca sino con la mente y el corazón. 
  • Si esa devoción faltara, 
  • si no hubiera conciencia de quién es Aquél al que la oración se dirige, 
  • de qué es lo que en la oración se dice 
  • y de quién es aquél la dice, 
entonces, como afirma con expresión gráfica Santa Teresa de Jesús, no se puede hablar propiamente de oración 
«aunque mucho se meneen los labios» [7] .
La oración vocal juega un papel decisivo en la pedagogía de la plegaría, sobre todo en el inicio del trato con Dios. De hecho, mediante el aprendizaje de la señal de la Cruz y de oraciones vocales el niño, y con frecuencia también el adulto, se introduce en la vivencia concreta de la fe y, por tanto, de la vida de oración. No obstante, el papel y la importancia de la oración vocal no está limitada a los comienzos del diálogo con Dios, sino que está llamada a acompañar la vida espiritual durante todo su desarrollo.
LA MEDITACIÓN
Meditar significa 
aplicar el pensamiento a la consideración de una realidad o de una idea con el deseo de conocerla y comprenderla con mayor hondura y perfección. 
En un cristiano la meditación –a la que con frecuencia se designa también oración mental– implica 
  • orientar el pensamiento hacia Dios tal y como se ha revelado a lo largo de la historia de Israel y definitiva y plenamente en Cristo. 
  • Y, desde Dios, dirigir la mirada a la propia existencia para valorarla y acomodarla al misterio de vida, comunión y amor que Dios ha dado a conocer.
La meditación puede desarrollarse 
  • de forma espontánea, con ocasión de los momentos de silencio que acompañan o siguen a las celebraciones litúrgicas 
  • o a raíz de la lectura de algún texto bíblico o de un pasaje autor espiritual. 
  • En otros momentos puede concretarse mediante la dedicación de tiempos específicamente destinados a ello. 
En todo caso, es obvio que –especialmente en los principios, pero no sólo entonces– 
  • implica esfuerzo, 
  • deseo de profundizar en el conocimiento de Dios y de su voluntad, 
  • y en el empeño personal efectivo con vistas a la mejora de la vida cristiana. 
En ese sentido, puede afirmarse que 
  • «la meditación es, sobre todo, una búsqueda» (Catecismo, 2705)
si bien conviene añadir que se trata 
  • no de la búsqueda de algo , sino de Alguien
A lo que tiende la meditación cristiana no es sólo, ni primariamente, a comprender algo (en última instancia, a entender el modo de proceder y de manifestarse de Dios), 
  • sino a encontrarse con Él y, encontrándolo, identificarse con su voluntad y unirse a Él.
LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA
El desarrollo de la experiencia cristiana, y, en ella y con ella, 
el de la oración, conducen a una comunicación entre el creyente y Dios cada vez más continuada, más personal y más íntima. 
En ese horizonte se sitúa la oración a la que el Catecismo califica de contemplativa, que es fruto de un crecimiento en la vivencia teologal del que fluye un vivo sentido de la cercanía amorosa de Dios; en consecuencia, el trato con Él se hace cada vez más directo, familiar y confiado, e incluso, más allá de las palabras y del pensamiento reflejo, se llega a vivir de hecho en íntima comunión con Él.
«¿QUÉ ES ESTA ORACIÓN?», SE INTERROGA EL CATECISMO AL COMIENZO DEL APARTADO DEDICADO A LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA, para contestar enseguida afirmando, con palabras tomadas de Santa Teresa de Jesús, que no es otra cosa 
«sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» [8]
La expresión oración contemplativa, tal y como la emplean el Catecismo y otros muchos escritos anteriores y posteriores, remite pues a lo que cabe calificar como el ápice de la contemplación; es decir, 
el momento en el que, por acción de la gracia, el espíritu es conducido hasta el umbral de lo divino trascendiendo toda otra realidad. 
Pero también, y más ampliamente, 
a un crecimiento vivo y sentido de la presencia de Dios y del deseo de una profunda comunión con Él. 
Y ello sea en los tiempos dedicados especialmente a la oración, sea en el conjunto del existir. La oración está, en suma, llamada a envolver a la entera persona humana –inteligencia, voluntad y sentimientos–, 
llegando al centro del corazón para cambiar sus disposiciones, a informar toda la vida del cristiano, haciendo de él otro Cristo (cfr. Ga 2,20).

4. CONDICIONES Y CARACTERÍSTICAS DE LA ORACIÓN
La oración, como todo acto plenamente personal, requiere 
  • atención e intención,
  • conciencia de la presencia de Dios
  • y diálogo efectivo y sincero con Él. 
Condición para que todo eso sea posible es el recogimiento
La voz recogimiento significa 
la acción por la que la voluntad, en virtud de la capacidad de dominio sobre el conjunto de las fuerzas que integran la naturaleza humana, procura moderar la tendencia a la dispersión, promoviendo de esa forma el sosiego y la serenidad interiores. 
ESTA ACTITUD ES ESENCIAL EN LOS MOMENTOS DEDICADOS ESPECIALMENTE A LA ORACIÓN, CORTANDO CON OTRAS TAREAS Y PROCURANDO EVITAR LAS DISTRACCIONES
Pero no ha de quedar limitada a esos tiempos: sino que debe extenderse, hasta llegar al recogimiento habitual, que se identifica con una fe y un amor que, llenando el corazón, llevan a procurar vivir la totalidad de las acciones en referencia a Dios, ya sea expresa o implícitamente.
OTRA DE LAS CONDICIONES DE LA ORACIÓN ES LA CONFIANZA
Sin una confianza plena en Dios y en su amor, no habrá oración, al menos oración sincera y capaz de superar las pruebas y dificultades. 
No se trata sólo de la confianza en que una determinada petición sea atendida, sino de la seguridad que se tiene en quien sabemos que nos ama y nos comprende, y ante quien se puede por tanto abrir sin reservas el propio corazón (cfr. Catecismo , 2734-2741).
En ocasiones la oración es diálogo que brota fácilmente, incluso acompañado de gozo y consuelo, desde lo hondo del alma; pero en otros momentos –tal vez con más frecuencia– puede reclamar decisión y empeño
Puede entonces insinuarse el desaliento que lleva a pensar que el tiempo dedicado al trato con Dios carece sentido (cfr.Catecismo , n. 2728)
En estos momentos, se pone de manifiesto la importancia de otra de las cualidades de la oración: 
  • la perseverancia 
La razón de ser de la oración
  • no es la obtención de beneficios, 
  • ni la busca de satisfacciones, 
  • complacencias o consuelos, 
sino la comunión con Dios; de ahí la necesidad y el valor de la perseverancia en la oración, que es siempre, con aliento y gozo o sin ellos, un encuentro vivo con Dios (cfr. Catecismo , 2742-2745, 2746-2751).
RASGO ESPECÍFICO, Y FUNDAMENTAL, DE LA ORACIÓN CRISTIANA ES SU CARÁCTER TRINITARIO.
Fruto de la acción del Espíritu Santo que, infundiendo y estimulando la fe, la esperanza y el amor, lleva a crecer en la presencia de Dios, hasta saberse a la vez en la tierra, en la que se vive y trabaja, y en el cielo, presente por la gracia en el propio corazón [9] . El cristiano que vive de fe se sabe invitado a tratar a los ángeles y a los santos, a Santa María y, de modo especial, a Cristo, Hijo de Dios encarnado, en cuya humanidad percibe la divinidad de su persona. Y, siguiendo ese camino, a reconocer la realidad de Dios Padre y de su infinito amor, y a entrar cada vez con más hondura en un trato confiado con Él.

La oración cristiana es por eso y de modo eminente una oración filial
La oración de un hijo que, en todo momento –en la alegría y en el dolor, en el trabajo y en el descanso– se dirige con sencillez y sinceridad a su Padre para colocar en sus manos los afanes y sentimientos que experimenta en el propio corazón, con la seguridad de encontrar en Él comprensión y acogida. Más aún, un amor en el que todo encuentra sentido.
José Luis Illanes Bibliografía básica Catecismo de la Iglesia Católica,2558-2758.
[1] La Iglesia profesa su Fe en el Símbolo de los Apostóles ( Primera parte de estos guiones). Celebra el Misterio, es decir, la realidad de Dios y de su amor a la que nos abre la fe, en la Liturgia sacramental (Segunda parte ). Como fruto de esa celebración del Misterio los fieles reciben una vida nueva que les lleva a vivir de acuerdo con la condición de hijos de Dios ( Tercera parte ). Esa comunicación al hombre de la vida divina reclama ser recibida y vivida en actitud de relación personal con Dios: esta relación se expresa, desarrolla y potencia en la oración ( Cuarta parte ).
[2] San Juan Damasceno, De fide orthodoxa, III, 24; PG 94,1090.
[3] San Juan Clímaco, Scala paradisi, grado28; PG 88, 1129.
[4] San Josemaría, Camino, 268.
[5] Remitamos a dos de las más claras y conocidas: las “Alabanzas al Dios Altísimo” y el “Cántico del hermano sol” de San Francisco de Asís.
[6] San Josemaría, Camino , 91.
[7] Santa Teresa de Jesús, Moradas primeras, c. 1, 7, en Obras completas, ed. de Efrén de la Madre de Dios y O. Steggink, Madrid 1967, p. 366.
[8] Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida , c. 8, n. 5, en Obras completas, p. 50; cfr. Catecismo, 2709.
[9] Cfr. San Josemaría, Conversaciones , 116.
Lecturas recomendadas
San Josemaría, Homilías El triunfo de Cristo en la humilda; La Eucaristía, misterio de fe y amor ; La Ascensión del Señor a los cielos; El Gran Desconocido y Por María, hacia Jesús, en Es Cristo que pasa , 12-21, 83-94, 117-126, 127-138 y 139-149; Homilías El trato con Dios; Vida de oración y Hacia la santidad, en Amigos de Dios , 142-153, 238-257, 294-316.
J. Echevarría, Itinerarios de vida espiritual , Planeta, Barcelona 2001, pp. 99-114.
J.L. Illanes, Tratado de teología espiritual, Eunsa, Pamplona 2007, pp. 427-483.
M. Belda, Guiados por el Espíritu de Dios. Curso de Teología Espiritual,Palabra , Madrid 2006, pp. 301-338.
¿CUÁNTAS VECES HAY QUE ORAR?
La oración, como el amor, no soporta el cálculo de las veces. El que ama lo dice en la oración. - Por: P. Raniero Cantalamessa

En aquel tiempo, Jesús les decía una parábola a sus discípulos para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. La parábola es la de la viuda inoportuna. A la pregunta:
«¿Cuántas veces hay que orar?», 
Jesús responde:
¡Siempre!
La oración, como el amor, no soporta el cálculo de las veces. ¿Hay que preguntarse tal vez cuántas veces al día una mamá ama a su niño, o un amigo a su amigo? Se puede amar con grandes diferencias de conciencia, pero no a intervalos más o menos regulares. Así es también la oración.

Este ideal de oración continua se ha llevado cabo, en diversas formas, tanto en Oriente como en Occidente. La espiritualidad oriental la ha practicado con la llamada oración de Jesús:
«Señor Jesucristo, ¡ten piedad de mí!». 
Occidente ha formulado el principio de una oración continua, pero de forma más dúctil, tanto como para poderse proponer a todos, no sólo a aquellos que hacen profesión explícita de vida monástica. San Agustín dice
que la esencia de la oración es el deseo. 
Si continuo es el deseo de Dios, continua es también la oración, mientras que si falta el deseo interior, se puede gritar cuanto se quiera; para Dios estamos mudos. Este deseo secreto de Dios, hecho de recuerdo, de necesidad de infinito, de nostalgia de Dios, puede permanecer vivo incluso mientras se está obligado a realizar otras cosas:
«Orar largamente no equivale a estar mucho tiempo de rodillas o con las manos juntas o diciendo muchas palabras. Consiste más bien en suscitar un continuo y devoto impulso del corazón hacia Aquél a quien invocamos».
JESÚS NOS HA DADO ÉL MISMO EL EJEMPLO DE LA ORACIÓN INCESANTE.De Él se dice en los evangelios que oraba de día, al caer de la tarde, por la mañana temprano y que pasaba a veces toda la noche en oración. La oración era el tejido conectivo de toda su vida.
PERO EL EJEMPLO DE CRISTO NOS DICE TAMBIÉN OTRA COSA IMPORTANTE.
Es ilusorio pensar que se puede orar siempre, hacer de la oración una especie de respiración constante del alma incluso en medio de las actividades cotidianas, si no reservamos también tiempos fijos en los que se espera a la oración, libres de cualquier otra preocupación. Aquel Jesús a quien vemos orar siempre es el mismo que, como todo judío de su tiempo, tres veces al día –al salir el sol, en la tarde durante los sacrificios del templo y en la puesta de sol se detenía, se orientaba hacia el templo de Jerusalén y recitaba las oraciones rituales, entre ellas el Shema Israel, Escucha Israel. El Sábado participa también Él, con los discípulos, en el culto de la sinagoga y varios episodios evangélicos suceden precisamente en este contexto.
LA IGLESIA IGUALMENTE HA FIJADO, SE PUEDE DECIR QUE DESDE EL PRIMER MOMENTO DE VIDA, UN DÍA ESPECIAL PARA DEDICAR AL CULTO Y A LA ORACIÓN, EL DOMINGO
Todos sabemos en qué se ha convertido, lamentablemente, el domingo en nuestra sociedad; el deporte, en particular el fútbol, de ser un factor de entretenimiento y distensión, se ha transformado en algo que con frecuencia envenena el domingo... Debemos hacer lo posible para que este día vuelva a ser, como estaba en la intención de Dios al mandar el descanso festivo, una jornada de serena alegría que consolida nuestra comunión con Dios y entre nosotros, en la familia y en la sociedad.

Es un estímulo para nosotros, cristianos modernos, recordar las palabras que los mártires Saturnino y sus compañeros dirigieron, en el año 305, al juez romano que les había mandado arrestar por haber participado en la reunión dominical:
«El cristiano no puede vivir sin la Eucaristía dominical. ¿No sabes que el cristiano existe para la Eucaristía y la Eucaristía para el cristiano?».
Raniero Cantalamessa, de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, nació en Colli del Tronto (AP) el 22 de julio del año 1934. Ordenado sacerdote en el año 1958, se doctoró en Teología en Friburgo (Suiza), y en Letras clásicas en la Universidad Católica de Milán.
Raniero Cantalamessa, de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos
Predicador de la Casa Pontificia
Ex profesor ordinario de Historia de los orígenes del cristianismo y Director del Departamento de ciencias religiosas de la Universidad del Sagrado Corazón de Milán, fue miembro de la Comisión Teológica Internacional desde el año 1975 hasta el año 1981 y, durante doce años, miembro de la delegación católica para el diálogo con las Iglesias Pentecostales.
En el año 1979 abandonó la docencia para dedicarse a tiempo completo al ministerio de la Palabra. Juan Pablo II lo nombró Predicador de la Casa Pontificia en el año 1980 y Benedicto XVI lo confirmó en dicho cargo en 2005. En calidad de predicador dirige cada semana, en Adviento y en Cuaresma, una meditación en presencia del Papa, de los cardenales, obispos, prelados y superiores generales de órdenes religiosos. Se le llama a hablar en muchos países del mundo, a menudo también por hermanos de otras denominaciones cristianas.
Ha recibido el Doctorado Honoris Causa en Ciencias del Derecho, en la Universidad Notre Dame de South Bend (Indiana); en Ciencias de la comunicación, en la Universidad de Macerata y en Teología en la Universidad Franciscana de Steubenville (Ohio).
Además de los libros científicos escritos como historiador de los orígenes del cristianismo, sobre la cristología de los Padres, la Pascua en la Iglesia antigua y otros temas, ha publicado otros numerosos libros de espiritualidad, fruto de su predicación en la Casa Pontificia, traducidos a una veintena de lenguas.
Desde el año 1994 hasta el 2010, cada sábado por la tarde tuvo en la cadena de televisión pública italiana «Rai Uno» el programa de explicación del evangelio del domingo «Las razones de la esperanza».
Desde el año 2009, cuando no está ocupado en la predicación en la Casa Pontificia y en otras partes del mundo, vive en el Eremo del Amor Misericordioso de Cittaducale (RI), prestando su servicio sacerdotal a una pequeña comunidad de monjas de clausura.
El día 18 de Julio 2013 el ha sido confirmado por el papa Francisco en su papel de Predicador de la Casa Pontificia.
Raniero Cantalamessa, de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos
Predicador de la Casa Pontificia

¿REZAS MECÁNICAMENTE? CONSEJOS PARA APRENDER A HACERLO BIEN. - Por: Sebastian Campos 
Si a ti al igual que a mí, te llama profundamente la atención, incluso te incomoda un poco, ver a tanta gente compartiendo fotos, cadenas de oración y hashtags del tipo #PrayForJuanito y te preguntas: ¿será que esta gente realmente reza o solo comparte una imagen? Y después de unos minutos te vuelves a preguntar: ¿será que rezaron por todas las otras tragedias que han ocurrido desde hace años con las mismas ganas con las que lo hacen ahora? Te invito a tomar aire, tranquilizarte un poco y juntos mirar con calma esta situación. Hay algo bueno detrás de todo esto.
EL SEÑOR SIEMPRE SE APROVECHA DE LO QUE OCURRE A NUESTRO ALREDEDOR PARA DARNOS UNA LECCIÓN.
Te propongo una tesis: la gente en general (creyentes, practicantes, observantes, católicos de palabra, etc.) creen en la efectividad de la oración y creen que si elevan alguna plegaria a Dios, ésta tendrá efectos en los destinatarios. Sabemos que la oración no consiste en enviar buenas vibras para que el cosmos se ponga a favor de alguien o que los astros se alineen generando las condiciones necesarias para que ocurra algo. 
Creemos que nuestra oración a Dios tiene efectos reales que afectan la vida de los demás, incluso creemos que Dios puede cambiar las situaciones si rezamos pidiendo por ellas. Eso es un signo esperanzador. Las personas siguen creyendo en el poder de la oración. Nadie puede negar que esto es un don.
¿Qué te parece si tomamos ese salvavidas que nos regala el Señor y aprovechamos la oportunidad de aprender, enseñar y motivar en la práctica de la oración? ¿Qué te parece dejar de ser parte de la policía de Facebook que critica a todo el mundo (como lo hago yo), y ser más bien de los pastores de Facebook que toman las buenas intenciones y las convierten en santas intenciones? Acá te dejamos algunas reflexiones con respecto a esto:
1. INCLUSO EN QUIENES MENOS LO ESPERAMOS, HAY FE. APRENDAMOS A DISTINGUIRLO.

En el mundo hay fe. Dios se manifiesta en la vida de las personas, incluso en la de aquellos en los que nosotros no tenemos puestas nuestras expectativas espirituales y que no etiquetaríamos en los afiches de nuestros eventos evangelizadores. El Señor es bueno y pone en sus corazones la intención de rezar. Aunque se quede en la intención, esto ya es un primer paso, un paso positivo.
2. DIOS NO QUIERE EL SUFRIMIENTO EN NINGUNA DE SUS FORMAS

No podemos culpar a Dios por las cosas que los hombres hacemos mal y nadie puede decir que Dios permite que pasen estas cosas para que nosotros aprendamos una lección. Dios no quiere las tragedias, y quizás sufre más que nosotros. Estos momentos (no deseados por Él ni por nadie) son oportunidades de encuentro y de conversión.
“Dios no ha venido a suprimir el sufrimiento. Ni siquiera ha venido a explicarlo. Ha venido a llenarlo con su presencia. Quedan muchas cosas oscuras; pero hay una cosa, al menos, que no podemos decirle a Dios: ‘Tú no sabes lo que es sufrir’”.Paul Claudel

3. NO DEJEMOS QUE SE ACABE EL IMPULSO

Ver tanta gente motivada, inspirada y conmovida es un tremendo impulso de oración, y aunque muchos realmente no se hayan detenido a hacer una plegaria real, podemos aprovechar su intención y seguir animándolos. La oración no es una campaña que tiene una fecha de término: es una forma de relacionarnos con Dios y estas “campañas” pueden ser el momento de inicio de esa relación para muchos.Aprovechemos la oportunidad, aprendamos y enseñemos a rezar.
4. VISIBILICEMOS AL INVISIBLE
Muchos han aprovechado para visibilizar otras situaciones terribles argumentando que ocurren desde hace mucho tiempo y que nadie rezaba por ellas, pero lo hacen de forma incómoda, morbosa, haciendo que no den ganas de rezar. El Apóstol en su rol de profeta, anuncia y denuncia. Valgámonos de estas oportunidades y sigamos mostrando el rostro sufriente de Cristo, no solo para informar, sino para ayudar a los demás a comprender que nuestra oración como Iglesia es importante. El Señor espera que nos sumemos a esta batalla espiritual con una actitud espiritualmente activa.
5. DETENGÁMONOS PRIMERO

¿Cuántas veces nos hemos comprometido en las redes sociales y en vivo y en directo a rezar por alguien? Detente. Sinceramente haz una parada en el día y ofrece esa oración que tantos necesitan de ti. El territorio más difícil de misionar es el propio corazón.
6. RECORDEMOS QUE NO LE ESTAMOS HABLANDO AL AIRE

Esta es la tesis que fundamenta este post. Creemos que cuando rezamos pasan cosas, no porque nuestras buenas vibras y deseos se teletransporten, sino porque Dios pone su mirada y atención en nuestros deseos y anhelos; en la generosidad y en la rectitud de nuestros corazones y, si es su voluntad, nos concede las gracias que tanto le pedimos. Es con Dios con quien entablamos esta conversación. Creer en esto, ponerlo en práctica y confiar en la respuesta de Dios, es un don que no debemos dejar de compartir. ¡A rezar!

Fuente:
http://es.catholic.net/op/articulos/12727/cat/568/cuantas-veces-hay-que-orar-jesus-responde-siempre.html
http://opusdei.org.bo/es-bo/article/tema-39-la-oracion/
http://es.catholic.net/op/articulos/63742/rezas-mecanicamente.html

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