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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

28 de febrero de 2017

EN LA OTRA VIDA ¿CÓMO RECORDAREMOS LO QUE VIVIMOS EN LA TIERRA?. ¿QUE ES EL CIELO?. (Muy Completo).

NO TENEMOS UN CONOCIMIENTO PRECISO DE SI VAMOS A TENER TODOS LOS RECUERDOS DEL PASADO CUANDO ESTEMOS EN EL CIELO. 

DE CÓMO VAMOS A MANEJAR NUESTROS RECUERDOS DE LOS PECADOS COMETIDOS. 

SI PODREMOS CAMBIAR ALGO DE NUESTRO PASADO. 

Y CÓMO VAMOS A SENTIR RESPECTO A AQUELLOS SERES QUERIDOS CON LOS QUE EVENTUALMENTE ESTAREMOS SEPARADOS POR TODA LA ETERNIDAD. 

QUIENES HAN TENIDO EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE PROBABLEMENTE NOS HAN ACERCADO ALGUNOS ASPECTOS DE LA VIDA ETERNA. 

AUNQUE SON MÁS QUE NADA IMPRESIONES DE LO QUE VIVEN LOS SENTIDOS: LO QUE VIERON, OYERON, OLIERON, ETC.


Lo que hoy podemos hacer es especular sobre cómo podría funcionar nuestra memoria, el recuerdo de nuestro pasado en el cielo y como nuestros sentimientos.
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Una pista es que muchas personas que tuvieron experiencias cercanas a la muerte señalan que fueron recibidos por familiares y amigos, por lo que existiría una memoria del pasado.
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Y por otro lado no ha aparecido ninguna mención a la angustia de eventualmente estar separados eternamente con seres queridos que se rebelaron contra Dios.


¿QUE VAMOS A RECORDAR?

EL CIELO ES DIFÍCIL DE CONCEPTUALIZAR EN TÉRMINOS DE ESPACIO Y TIEMPO.

Habida cuenta de que nuestras vidas están llenas de pecado, las cosas malas que hemos hecho, así como las cosas malas que nos han hecho a nosotros, son una gran parte de lo que somos.

Esto es cierto incluso cuando aceptamos la oferta gratuita de Dios de perdón, ya que no podemos simplemente eliminar nuestros recuerdos sin falsear nuestras identidades.

Algunos teólogos imaginan la temporalidad del cielo como un punto de la presencia pura de Dios eterno.
  • Pero un eterno ahora que nunca cambia y por lo tanto hace que no haya lugar para hacer nuevos recuerdos y no ofrece ninguna razón para la recuperación de los antiguos.
  • Pero si la resurrección es una resurrección de la carne, entonces ese cuerpo se moverá a través de un nuevo tipo de espacio y, por tanto, una nueva clase de tiempo.
  • El tiempo redimido nos libera de las formas en las que estamos atados a nuestro pasado como a la ansiedad sobre el futuro.
  • Pero todavía seremos la misma persona, lo que significa que tendremos todavía básicamente la misma memoria terrenal.

Aun suponiendo que podemos hacer nuevos recuerdos en nuestra existencia eterna, los nuevos no van a simplemente reemplazar los viejos.

¿Y QUÉ SUCEDE CON LAS COSAS NEGATIVAS DE NUESTRO PASADO?

¿Cómo vamos a ser capaces de recordar el pasado en el cielo de manera que todavía no concedamos al pasado ninguna potencia negativa en el presente?

Seguramente vamos a ser libres de movernos a través del tiempo de manera similar a cómo vamos a tener libertad de movimiento a través del espacio.

Aunque es mucho más fácil imaginar la libertad espacial que la libertad temporal.

En la tierra, estamos más atados al tiempo que el espacio.

Podemos viajar en cualquier dirección, pero el pasado es, como se dice, un país extranjero al que nunca podremos visitar.

Aunque es cierto que podemos cambiar nuestra manera de interpretar el pasado.

Cuando damos o recibimos el perdón, por ejemplo, podemos llegar a un acuerdo con las acciones pecaminosas de nuestro pasado.
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Pero los hechos con respecto a los acontecimientos pasados siguen siendo los mismos.

Por mucho que quisiéramos que algún acontecimiento no hubiera ocurrido, o que pudiéramos cambiar las consecuencias de alguna acción pasada, el pasado sigue siendo una parte de nosotros y algo más allá de nuestro alcance.
La causalidad, en pocas palabras, no funciona al revés.

Como resultado, las acciones pecaminosas pasadas todavía pueden hacernos sentir arrepentimiento, incluso si no nos sentimos culpables de pecado o juzgados por Dios.

La idea de partes temporales puede dar sentido de la redención del tiempo.

También conocido como tetra dimensionalismo y perduración temporal, esta idea asume que así como tenemos partes que existen en el espacio, tenemos partes que existen en el tiempo.

Nosotros somos la suma de nuestras partes temporales, a pesar de que ninguna de las partes es esencial para nuestra identidad.

Por el contrario, ninguna de nuestras partes temporales es la totalidad de lo que somos.

Como conjunto de dimensiones, nunca somos simplemente la persona que existe en un solo punto en el tiempo.

Los teóricos de las partes temporales rechazan la idea de que las cosas son reales sólo cuando existen en el presente.

Ellos argumentan en cambio que todas las partes temporales de una persona (o un objeto) tienen el mismo peso ontológico, a pesar de que todas estas partes existen en diferentes momentos.

La persona continua que el que soy no tiene acceso a todas estas partes temporales en el misma manera que yo tengo acceso a mis partes espaciales.

La idea de las partes temporales desafía algunas de nuestras intuiciones acerca de la existencia terrenal.

Pero podría hacer sentido acerca de lo que será la vida en el cielo.

Piensa en el cielo como el lugar donde la igualdad ontológica de partes temporales se convierte en absolutamente real.

O en otras palabras, donde el continuo espacio-tiempo se convierte en la realidad ordinaria de nuestra extraordinaria existencia, en que el tiempo se convierte en una dimensión funcional del espacio.

En el cielo, vamos a ser capaces de movernos a través del tiempo (en cualquier dirección) más fácilmente que ahora nos movemos a través del espacio.
¿CÓMO NUESTRA LIBERTAD DE MOVERNOS A TRAVÉS DEL TIEMPO NOS AYUDARÁ CON EL PROBLEMA DE LA MEMORIA?

En el cielo, el pasado se convertirá en una tierra en que podremos habitar durante todo el tiempo que se necesite para experimentar el poder sanador del amor de Dios.
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En otras palabras, podríamos ser capaces de cambiar los acontecimientos pasados que se necesitan cambiar, y no sólo por la reinterpretación de ellos.

Nosotros podemos cambiar el pasado, sólo a través de nuestra imaginación, y podríamos cambiarlo de verdad, de acuerdo a la teoría de la relatividad, si fuéramos tan rápido como la luz.

Pero en el cielo tal vez seremos capaces de cumplir con los que hemos herido o si hemos sido heridos y dejar que Dios haga las cosas bien.

Así como los médicos terrenales pueden operar en una de nuestras partes espaciales (una de las extremidades, por ejemplo), Dios podría operar en cualquiera de nuestras partes temporales de una manera que podamos preservar y, aún sanar nuestros recuerdos.

La memoria todavía importa, pero su importancia no limitará la forma en que experimentamos el tiempo.
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Por lo que vamos a ser finalmente capaces de recordarnos a nosotros mismos como Dios quiso que fuéramos.

¿CÓMO SEREMOS FELICES EN EL CIELO SABIENDO NUESTRA SEPARACIÓN ETERNA DE UN SER QUERIDO?.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que en el Juicio Final “la verdad de la relación de cada hombre con Dios, será puesta al desnudo” (CIC 1039).
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Esto significa que el bienaventurado en el cielo sabrá cuáles de sus seres queridos están en el infierno.

¿Y NO SE SENTIRÁN INFELICES POR ESTO?
Para aclarar esto deberemos ir sobre las escrituras.

En primer lugar, Jesús nos advirtió que si amas a tu padre o madre más que a Él, no eres digno de Él; o si amas a tu hijo o a tu hija más que a Él (Mt. 10:37).

Dios es lo más grande imaginable, por lo tanto, mantener a nuestras familias, pero perderlo a Él, sería una pérdida indescriptible.
Tenemos que mantener nuestros amores en su orden correcto.
Por lo tanto, los que obstinadamente pierden el cielo no podrían estropear el cielo para aquellos que lo aceptan.

Pero lo central es lo segundo: 
La Biblia enseña que Dios enjugará toda lágrima de los ojos (Ap. 21: 4).
Pablo escribe que el cielo estará más allá de nuestra comprensión o la imaginación (1 Cor. 2: 9).
También escribe que no podemos entender esto ahora, pero lo haremos en el futuro histórico (1 Cor. 13:12).
Mientras que esta objeción es actualmente difícil de entender, la Biblia promete que esto tendrá sentido en la eternidad (Ap. 6:10; 16: 5-7; 18:20; 19: 1-3).
En el Cielo, vamos a ver con una nueva y mucha mejor perspectiva. Vamos a estar totalmente de acuerdo con el juicio de Dios sobre los malos.
Los mártires en el cielo claman a Dios para juzgar a las personas malas sobre la tierra (Ap. 6: 9-11).

En el Cielo, nunca vamos a cuestionar la justicia de Dios, preguntándonos cómo Él podría enviar buena gente al infierno.

Más bien, vamos a ser abrumados con su gracia, maravillándonos de lo que hizo para enviar a personas que creíamos malas al cielo.
En el cielo veremos claramente que Dios se reveló a cada persona y que ha dado suficientes oportunidades para que cada corazón y conciencia lo busquen y respondan a Él (Romanos 1: 18, 2: 16).
Tuvieron su oportunidad en la tierra, muchas veces, pero todas las veces se rebelaron.
En el Cielo vamos a abrazar la santidad y justicia de Dios. Vamos a alabarlo por su bondad y gracia. Dios será nuestra fuente de alegría.
La pequeña y lejana sombra del infierno no va a interferir con la grandeza de Dios o nuestra alegría en Él.

Por otro lado, nuestro amor por los demás en el Cielo estará directamente vinculado a Dios, que es el objeto central de nuestro amor.

No vamos a amar a aquellos en el infierno porque cuando vemos a Jesús como Él es, lo amaremos solamente a Él, y lo que le agrada y glorifica y lo refleja.

Lo que nos había encantado en los que murieron sin Cristo era la belleza de Dios que una vez vimos en ellos.

Cuando Dios se retira para siempre de ellos, ya no cargarán con su imagen y ya no reflejarán su belleza.

Aunque sean las mismas personas, sin Dios van a ser despojados de todas las cualidades que nos encantaron.

Por lo tanto, paradójicamente, en un sentido no van a ser las personas que una vez amamos.

Podemos estar absolutamente seguros que el infierno no tendrá ningún poder sobre el cielo; ninguna miseria del infierno jamás vetará cualquiera alegría del cielo.


QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE EL CIELO
EL CIELO SERÁ MÁS ALLÁ DE NUESTRAS EXPECTATIVAS MÁS QUERIDAS. NO MÁS ENFERMEDAD, NI DOLOR, NI MUERTE, NI SIQUIERA TRISTEZA. TODO SERÁ HECHO NUEVO.
El Apocalipsis se nos dice que en la nueva creación no habrá más 
“llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4).
Los pocos atisbos del Cielo que nos dan las Escrituras revelan una sensación penetrante de la santidad de Dios (Isaías 6; Apocalipsis 4-5) que las palabras humanas son inadecuadas para describir plenamente.
Ezequiel sólo podía describir 
“como qué” era la gloria del Cielo o a qué “se parecía” (Ezequiel 1).
Al describir su aparente visita al cielo, el apóstol Pablo dijo que 
“oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2 Corintios 12:4).
¡LO QUE ÉL VIO NO SÓLO NO ESTABA PERMITIDO SINO QUE NO ERA POSIBLE DESCRIBIR EN TÉRMINOS HUMANOS!
¡El Cielo ciertamente está entre aquellas cosas que él describió en otra parte como 
“cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón de hombre” (1 Corintios 2:9)!
  • Según lo que sugiere el Libro del Apocalipsis, un aspecto interesante y sorprendente de la nueva tierra será la falta de los vastos océanos, que cubren más del 70 por ciento de nuestro mundo actual.
  • Habrá mucha más tierra frondosa e idílica para los seguidores redimidos de Dios.
  • La característica más grande de la ciudad santa es el brillo que ilumina la presencia de Dios.
  • La inmensidad y la enormidad de la ciudad ofrecerán un amplio espacio para una multitud de santos por toda la eternidad.

  • Cada puerta de la ciudad contiene una perla que es lo suficientemente grande como para cubrir la puerta de entrada a la ciudad.
  • “Oro puro, semejante al cristal” es el material de las calles..
  • Los habitantes de la gran ciudad en realidad caminarán sobre piedras preciosas.
  • No habrá ningún templo en la nueva ciudad santa
  • No habrá necesidad de sol ni de luna en la nueva ciudad, en la medida que la magnificencia de Dios proveerá luz más que suficiente.
  • La gloria del Señor brillará e iluminará toda la ciudad.
  • Dejará de haber cosas tales como la luz o la oscuridad, sólo la luz gloriosa que los seres humanos nunca han experimentado antes.
  • Muchos se preguntan si en el Cielo todavía estaremos sujetos al tiempo. Pero no hay realmente ninguna razón para creer que no lo estaremos.
También parece ser que en el Cielo estaremos informados, en cierto grado, de lo que está ocurriendo en la tierra.
Cuando Moisés y Elías se reunieron con el Señor en el Monte de la Transfiguración, está registrado que discutieron el próximo retorno del Señor a la gloria (Lucas 9:30-31).
Y durante el próximo período de tribulación se nos dice que 
los santos en el Cielo estarán esperando ansiosamente la terminación de los propósitos de Dios en la tierra (Apocalipsis 6:10-11).
¡Nuestros cuerpos no sólo serán libertados de la enfermedad y del envejecimiento sino que nuestras capacidades serán expandidas y transformadas inmensamente!

¡Pablo lo describe como un cuerpo que es 
“espiritual, honorable, imperecedero y poderoso”!
¡Cuando al apóstol Juan se le dio una visión de la vida en la nueva creación fue anonadado de tal forma que se le tuvo que recordar que registrara lo que estaba viendo (Apocalipsis 21:5)!
¡Y se le tuvo que asegurar en dos oportunidades que lo que estaba contemplando realmente ocurriría (Apocalipsis 21:5; 22:6)!
Si bien en muchos aspectos habrá una cierta continuidad entre nuestra vida presente y futura, muchas tareas y ocupaciones del orden actual ya no serán necesarias.

¡Las empresas en las que nos involucraremos serán totalmente creativas y productivas, y mucho más gratificantes y excitantes que cualquier cosa que conocemos en la tierra hoy!

Esto es para nuestro discernimiento.
¿QUE ES EL CIELO?
EL CIELO ES FELICIDAD QUE REBASA NUESTROS DESEOS, ACTIVIDAD SIN CANSANCIO, DESCANSO SIN ABURRIMIENTO, CONOCIMIENTO SIN VELOS.
Por: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Serie 
LA DEFINICIÓN DEL CIELO QUE NOS DA EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA ES
"El Cielo es la participación en la naturaleza divina, gozar de Dios por toda la eternidad, la última meta del inagotable deseo de felicidad que cada hombre lleva en su corazón. Es la satisfacción de los más profundos anhelos del corazón humano y consiste en la más perfecta comunión de amor con la Trinidad, con la Virgen María y con los Santos. Los bienaventurados serán eternamente felices, viendo a Dios tal cual es." Catecismo de la Iglesia Católica, 1023-1029, 1721-1722.
Seguramente has de estar pensando: "¿Qué el Cielo es qué? ¡No entendí nada! Algo tan difícil de entender no debe ser tan bueno", o tal vez: "¡Qué aburrido suena eso de contemplar a Dios… y por toda la eternidad! A mí me gusta la actividad, eso de ángeles , querubines y cantos gregorianos… ¡como que no se me antoja!"

Realmente esta imagen del Cielo resulta muy poco atractiva para cualquiera, pero es que el Cielo no es como lo pintan los cuadros. 
¿Qué tal si te digo que el Cielo es algo así como la suma de todos tus momentos felices, de todos tus deseos cumplidos, de todos tus "hobbies" realizables? 
Empieza a sonar interesante, pero aún se queda corto.
Ante la imposibilidad de explicar lo que es el Cielo, muchos autores y teólogos han intentado describirlo como lo que no es: 
en el Cielo no habrá sufrimiento, no habrá hambre, ni sed, ni cansancio, ni injusticias, no existirá el dolor y tampoco la muerte.
Esto es un buen comienzo, sin embargo, es demasiado pobre el describir el Cielo como la ausencia del mal, pues el Cielo es eso y mucho más.
El Cielo es felicidad que rebasa nuestros deseos, actividad sin cansancio, descanso sin aburrimiento, conocimiento sin velos, grandeza sin exceso, amor sin afán de posesión, perdón sin memoria, gratitud sin dependencia, amistad sin celos, compañía sin estorbos. 
En el Cielo, Dios nos concederá mucho más de lo que podemos pedir o imaginar y aún aquello que no nos atrevemos a pedir.

Realmente puedes imaginarte el Cielo como quieras: imagina el lugar más bello que hayas visto, llénalo de todo lo que te guste y quítale todo lo que te disguste, despúes pon en él todo lo bueno que te puedas imaginar, acompañado de gente extraordinariamente buena y simpática, haciendo aquello que más te guste. Cuando hayas terminado de visualizar así el Cielo, puedes estar seguro de que esa imagen es nada junto a lo que realmente será.

¿POR QUÉ SE USA EL CIELO COMO SÍMBOLO DEL CIELO?
La bóveda celeste, el firmamento, es el símbolo que desde siempre se ha utilizado para representar el Cielo. Este símbolo significa lo trascendente, lo inaccesible, lo infinito. Si observamos el cielo en una noche estrellada, forzosamente nos llenaremos de admiración y sobrecogimiento ante la belleza y la grandiosidad del mismo. Sin embargo, el Cielo, la felicidad eterna, sobrepasa este símbolo.

¿ES EL CIELO UN LUGAR? ¿EN DÓNDE SE ENCUENTRA?
No lo podemos ubicar ni arriba ni abajo, ni delante ni detrás, pues el Cielo no es un lugar, sino un estado en el cual los hombres encontraremos la felicidad buscada y la conservaremos por toda la eternidad.
¿EN EL CIELO SEREMOS COMO ÁNGELES O TENDREMOS TAMBIÉN CUERPO?
Dios nos ha creado como hombres y nos ama como hombres, por eso, el premio que nos ofrece es para disfrutarlo como hombres, dotados de alma y cuerpo.

En el Cielo nuestra alma disfrutará al estar en contacto con Dios y, después de la resurrección de los cuerpos, también disfrutaremos con un cuerpo, aunque será un cuerpo distinto, un cuerpo glorioso que ya no estará limitado por el espacio y el tiempo, como el de Jesús resucitado, que podía aparecer y desaparecer en cualquier lugar. San Pablo habla de esto en I Cor 15, 40 ss.: 
Sonará la trompeta y los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que ese ser corruptible sea revestido de incorruptibilidad y que ese ser mortal sea revestido de inmortalidad.
¿CÓMO PODRÉ SER FELIZ SI ALGUNA DE LAS PERSONAS A QUIENES AMO ESTÁN EN EL INFIERNO?

Por supuesto esto es un misterio, pero la felicidad que recibirás en el Cielo colmará todas tus necesidades y nada podrá limitarla.

Tendrás el conocimiento perfecto y una claridad absoluta acerca de las intenciones de los demás, te darás cuenta de que los condenados no están recibiendo un castigo injusto, sino que ellos mismos lo han escogido libre y voluntariamente. Su sufrimiento no afectará tu felicidad plena.

¿EXISTEN DIFERENTES TIPOS O NIVELES DE FELICIDAD EN EL CIELO?
Sí, pero esto no se debe a que el Cielo sea diferente, sino a que las personas que llegan a él son diferentes. 

La felicidad será plena para todo el que llegue al Cielo. No es que unos sean más felices que otros, todos serán totalmente felices en la intimidad con Dios , pues todos estarán totalmente llenos de Dios. 

La diferencia está en que, así como hay vasos grandes a los que les cabe más agua que a otros más pequeños, de la misma manera, hay almas más santas y otras menos, de acuerdo con la capacidad que cada uno desarrolló a lo largo de su vida.

LO QUE JESÚS NOS DIJO ACERCA DEL CIELO
Jesús nos habla en el Evangelio muchísimas veces acerca del Cielo y nos lo explica en un lenguaje que podemos entender:
A los hambrientos les hablaba de pan, a la samaritana de un agua que sacia definitivamente la sed (Jn 4, 1 ss). Hablaba de perlas preciosas (Mt 13, 45.), de onzas de oro, de una oveja perdida y recuperada. Nos habla de un banquete, de una fiesta de bodas, de redes colmadas de peces, de un tesoro escondido en el campo.
Todos estos símbolos que utiliza Jesucristo nos pueden dar una idea de la felicidad que tendremos en el Cielo, ya que las felicidades terrenas son una imagen de la felicidad celeste.

ALGUNOS TESTIMONIOS DE LOS QUE HAN VISTO LO QUE ES EL CIELO.

HAN EXISTIDO MUCHOS SANTOS A LOS QUE DIOS LES HA CONCEDIDO LA GRACIA DE PODER VER LO QUE ES EL CIELO. HE AQUÍ ALGUNOS DE SUS TESTIMONIOS, CON LOS CUALES HAN TRATADO DE EXPLICARNOS CON PALABRAS TERRENAS LO QUE NOS ESPERA EN EL CIELO

San Pablo: 
Dios es capaz de hacer indeciblemente más de lo que nosotros pedimos o imaginamos (Ef 3,20).
Nada son los sufrimientos de la vida presente, comparados con la gloria que nos espera en el Cielo (2 Cor 4,17).
Teresa de Jesús: 
Pude ver a Jesús en su Santa Humanidad completa. Se me apareció con una belleza y una majestad incomparables. No temo decir que, aunque no tuviéramos otro espectáculo para encantar nuestra vista en el Cielo, ya sería una gloria inmensa. (Vida de Santa Teresa).
San Agustín: 
Es más fácil decir qué cosas no hay en el cielo, que decir qué cosas hay: En el Cielo contemplaremos y descansaremos, descansaremos y alabaremos, alabaremos y amaremos, amaremos y contemplaremos. (Confesiones).
San Juan de la Cruz: 
Tanto es el deleite de la vista de tu ser y hermosura, que no la puede sufrir mi alma, sino que tengo que morir viéndola, máteme tu vista y hermosura. (Cántico espiritual).
San Francisco de Asís: 
El bien que espero es tan grande, que toda pena se me convierte en placer.
¿QUÉ DEBO HACER PARA ALCANZAR EL CIELO?
Jesús nos habla en el Evangelio del camino a seguir: 
  • Entrar por la puerta estrecha (Mt 7,13.). 
  • Tomar la cruz. 
  • Vender todo lo que tienes y dárselo a los pobres. 
  • Dejar a tu padre y a tu madre. 
  • Tomar el arado y no voltear hacia atrás. 
¡Se oye muy fuerte! ¡Parece muy difícil! Sin embargo, si vuelves a leer los testimonios de los santos que han podido verlo, te darás cuenta de que vale la pena y que ningún sufrimiento es demasiado grande para evitar que luchemos por él.

Querer ganar el Cielo significa tratar de tenerlo desde ahora y eso, como ya vimos, se logra viviendo las Bienaventuranzas.

Tener el Cielo es tener a Dios y tener a Dios es vivir en gracia.

Entre la gloria y la gracia no hay diferencia en esencia: 
Quien tiene la bellota, ya tiene el encino; quien posee la gracia santificante, posee el Cielo, es decir a Dios. 
Las diferencias son en el modo de tenerlo: 
Aquí en la Tierra, quien tiene la bellota, tendrá más tarde el encino. La bellota no es aún el encino, pero llegará a serlo. En la tierra vemos el capullo, en el cielo la flor; en la tierra el amanecer, en el cielo el mediodía; aquí las sombras, allá la luz; aquí lo parcial, allá la plenitud; aquí la lucha, allá la victoria. M.M. Arami, Vive tu vida.
LOS MEDIOS PARA VIVIR SIEMPRE EN GRACIA YA LOS CONOCES
  • la oración; 
  • la huida de las ocasiones de pecado; 
  • el sacrificio; 
  • la frecuencia en la recepción de los sacramentos; 
  • la devoción a la Virgen María, 
  • la vivencia de las Bienaventuranzas. 
PARA SALIR VICTORIOSOS EN EL JUICIO FINAL: JESÚS NOS LO DICE CLARAMENTE
"Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer, porque tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me vestisteis, forastero y me acogisteis, enfermo y me visitasteis… Todo lo que hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis."
PAPA FRANCISCO EXPLICA QUÉ ES EL CIELO
VATICANO, 26 Nov. 14 / 09:43 am (ACI).- En su catequesis de este miércoles en la habitual audiencia general, el Papa Francisco explicó qué es el Cielo, el destino final después de la muerte hacia el cual camina toda la Iglesia.

“Un poco feo el día, pero ustedes son valientes. ¡Felicitaciones! Esperamos rezar juntos hoy”, comenzó el Papa. Efectivamente, el cielo amaneció encapotado en Roma y desde las primeras horas de la mañana la lluvia mojó el suelo de la ciudad. También los adoquines de la Plaza de San Pedro, llamados “San Pietrini” quedaron empapados por la lluvia.

Al día siguiente de su visita a los organismos oficiales de la Unión Europea en la ciudad francesa de Estrasburgo, el Pontífice resaltó que la “Iglesia que peregrina hacia el cielo”.
“Al presentar la Iglesia a los hombres de nuestro tiempo, el Concilio Vaticano II tenía bien presente una verdad fundamental, que no hay que olvidar jamás: la Iglesia no es una realidad estática, detenida, con fin en sí misma, sino que está continuamente en camino en la historia, hacia la meta última y maravillosa que es el Reino de los cielos, del cual la Iglesia en la tierra es el germen y el inicio”, indicó.
SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOS, EL PAPA DIJO
“la Constitución conciliar Gaudium et spes (del Concilio Vaticano II), de frente a estos interrogantes que resuenan desde siempre en el corazón del hombre, afirma: ‘Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano’”.
Para el Pontífice, la meta a la que aspira la Iglesia es la “Jerusalén nueva”, el “Paraíso” o el Cielo, como comúnmente se le conoce. Pero “más que de un lugar, se trata de un ‘estado’ del alma, en el cual nuestras expectativas más profundas serán cumplidas de manera superabundante y nuestro ser, como criaturas y como hijos de Dios, alcanzará la plena maduración”.
EL PAPA DIJO LUEGO QUE
  • “ES BELLO PENSAR EN EL CIELO”, QUE “TODOS NOS ENCONTRAREMOS ALLÍ”. ESTO “DA ¡FUERZA AL ALMA!”, EXCLAMÓ.
En relación a esta idea, es también “bello” percibir “cómo hay una continuidad y una comunión de fondo entre la Iglesia que está en el cielo y aquella todavía en camino sobre la tierra”, 
porque, además, 
“aquellos que ya viven en la presencia de Dios, de hecho, nos pueden sostener e interceder por nosotros, rezar por nosotros”.
El Santo Padre dijo además que los cristianos también están invitados desde la tierra a 
“ofrecer buenas acciones, oraciones y la Eucaristía” para “aliviar las tribulaciones de las almas que todavía están esperando la beatitud sin fin”.
“El universo será renovado y liberado de una vez para siempre de todos los rastros del mal y de la misma muerte”, lo que “es llevar cada cosa a su plenitud de ser, de verdad, de belleza”.
Al finalizar la catequesis, saludó a los peregrinos que acudieron a escucharle provenientes de diversos lugares del mundo. Saludó también a los de lengua española, en particular a los de España, Argentina, México y a los llegados de otros países de Latinoamérica.

EL JUICIO, EL CIELO, EL PURGATORIO, EL INFIERNO. LA VIDA ETERNA.
En el mes de Noviembre -dedicado a los fieles difuntos- proponemos releer y meditar los párrafos que el Catecismo de la Iglesia Católica dedica a las realidades últimas (la muerte, el juicio, el cielo, el infierno , el purgatorio...). De ahí sacaremos motivos de esperanza y de optimismo, y un impulso nuevo para la pelea de cada jornada.
Con la muerte concluye el tiempo de realizar buenas obras y de merecer ante Dios. Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2 Co 5,8).
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
Artículo 12 "CREO EN LA VIDA ETERNA"
1020 El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia El y la entrada en la vida eterna. Cuando la Iglesia dice por última vez las palabras de perdón de la absolución de Cristo sobre el cristiano moribundo, lo sella por última vez con una unción fortificante y le da a Cristo en el viático como alimento para el viaje. Le habla entonces con una dulce seguridad:
"Alma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió. Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con Santa María Virgen, Madre de Dios, con San José y todos los ángeles y santos. ... Te entrego a Dios, y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y todos los ángeles y santos. ... Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor..." (OEx. "Commendatio animae", Recomendación del alma).
I. EL JUICIO PARTICULAR
Cristo Juez, de Fra Angélico (detalle)
1021 La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo (cf. 2 Tm 1, 9-10). El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno con consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23, 43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16, 26) que puede ser diferente para unos y para otros.

1022 Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación (cf. Cc de Lyon: DS 857-858; Cc de Florencia: DS 1304-1306; Cc de Trento: DS 1820), bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo (cf. Benedicto XII: DS 1000-1001; Juan XXII: DS 990), bien para condenarse inmediatamente para siempre (cf. Benedicto XII: DS 1002). "A la tarde te examinarán en el amor" (San Juan de la Cruz, dichos 64).

II. EL CIELO
1023 Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven "tal cual es" (1 Jn 3, 2), cara a cara (cf. 1 Co 13, 12; Ap 22, 4):
Definimos con la autoridad apostólica: que, según la disposición general de Dios, las almas de todos los santos ... y de todos los demás fieles muertos después de recibir el bautismo de Cristo en los que no había nada que purificar cuando murieron;... o en caso de que tuvieran o tengan algo que purificar, una vez que estén purificadas después de la muerte ... aun antes de la reasunción de sus cuerpos y del juicio final, después de la Ascensión al cielo del Salvador, Jesucristo Nuestro Señor, estuvieron, están y estarán en el cielo, en el reino de los cielos y paraíso celestial con Cristo, admitidos en la compañía de los ángeles. Y después de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo vieron y ven la divina esencia con una visión intuitiva y cara a cara, sin mediación de ninguna criatura (Benedicto XII: DS 1000; cf. LG 49).

1024 Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama "el cielo" . El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.

1025 Vivir en el cielo es "estar con Cristo" (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17). Los elegidos viven "en El", aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre (cf. Ap 2, 17):
Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino (San Ambrosio, Luc. 10,121).

1026 Por su muerte y su Resurrección Jesucristo nos ha "abierto" el cielo. La vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo quien asocia a su glorificación celestial a aquellos que han creído en El y que han permanecido fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a El.

1027 Este misterio de comunión bienaventurada con Dios y con todos los que están en Cristo sobrepasa toda comprensión y toda representación. La Escritura nos habla de ella en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso: 
"Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman" (1 Co 2, 9).
1028 A causa de su transcendencia, Dios no puede ser visto tal cual es más que cuando El mismo abre su Misterio a la contemplación inmediata del hombre y le da la capacidad para ello. Esta contemplación de Dios en su gloria celestial es llamada por la Iglesia "la visión beatífica":
¡Cuál no será tu gloria y tu dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar en las alegrías de la salvación y de la luz eterna en compañía de Cristo, el Señor tu Dios, ...gozar en el Reino de los cielos en compañía de los justos y de los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada (San Cipriano, ep. 56,10,1).

1029 En la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera. Ya reinan con Cristo; con El "ellos reinarán por los siglos de los siglos' (Ap 22, 5; cf. Mt 25, 21.23).

III LA PURIFICACION FINAL O PURGATORIO
1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:
Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: 
"Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). 
Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:
Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).

IV. EL INFIERNO
1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3, 15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si no omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".

1034 Jesús habla con frecuencia de la "gehenna" y del "fuego que nunca se apaga" (cf. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehusan creer y convertirse , y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que "enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad..., y los arrojarán al horno ardiendo" (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación:" ¡Alejaos de Mí malditos al fuego eterno!" (Mt 25, 41).

1035 La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, "el fuego eterno" (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; SPF 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: 
"Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran" (Mt 7, 13-14) :
Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde `habrá llanto y rechinar de dientes' (LG 48).

1037 Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que "quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión" (2 P 3, 9):
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos (MR Canon Romano 88)
El Cielo, La Muerte, El Purgatorio
EL CIELO, LA MUERTE, EL PURGATORIO. ¿QUÉ SON LOS NOVÍSIMOS
ALGUNAS ENSEÑANZAS DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE LA BUENA COSTUMBRE DE REZAR POR LOS FAMILIARES Y AMIGOS DIFUNTOS, ESPECIALMENTE INDICADAS PARA CONSIDERAR EN EL MES DE NOVIEMBRE
Artículo con imágenes de la Capilla Sixtina, situada en el palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano.
EN LOS LIBROS SANTOS SE LLAMAN NOVÍSIMOS A LAS COSAS QUE SUCEDERÁN AL HOMBRE AL FINAL DE SU VIDA, LA MUERTE, EL JUICIO, EL DESTINO ETERNO: EL CIELO O EL INFIERNO. LA IGLESIA LOS HACE PRESENTES DE MODO ESPECIAL DURANTE EL MES DE NOVIEMBRE. A TRAVÉS DE LA LITURGIA, SE INVITA A LOS CRISTIANOS A MEDITAR SOBRE ESTAS REALIDADES.
1. ¿QUÉ HAY DESPUÉS DE LA MUERTE? ¿DIOS JUZGA A CADA PERSONA POR SU VIDA?
El Catecismo de la Iglesia católica enseña que
«la muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo».
«Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de la purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre». En este sentido, San Juan de la Cruz habla del juicio particular de cada como señalando que
«a la tarde, te examinarán en el amor». Catecismo de la Iglesia Católica, 1021-1022.
MEDITAR CON SAN JOSEMARÍA
  • Todo se arregla, menos la muerte... Y la muerte lo arregla todo. Surco, 878.
  • Cara a la muerte, ¡sereno! Así te quiero. No con el estoicismo frío del pagano; sino con el fervor del hijo de Dios, que sabe que la vida se muda, no se quita. ¿Morir?... ¡Vivir! Surco, 876.
  • ¡No me hagas de la muerte una tragedia!, porque no lo es. Sólo a los hijos desamorados no les entusiasma el encuentro con sus padres. Surco, 885.
  • El verdadero cristiano está siempre dispuesto a comparecer ante Dios. Porque, en cada instante si lucha para vivir como hombre de Cristo, se encuentra preparado para cumplir su deber. Surco, 875.
  • "Me hizo gracia que hable usted de la 'cuenta' que le pedirá Nuestro Señor. No, para ustedes no será Juez —en el sentido austero de la palabra— sino simplemente Jesús". —Esta frase, escrita por un Obispo santo, que ha consolado más de un corazón atribulado, bien puede consolar el tuyo. Camino, 168.
2. ¿QUIÉNES VAN AL CIELO? ¿CÓMO ES EL CIELO?
El cielo es
"el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha”. 
San Pablo escribe:
"Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por pensamiento de hombre las cosas que Dios ha preparado para los que le aman". (1Cor 2, 9).
Después del juicio particular, los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados van al cielo. Viven en Dios, lo ven tal cual es. Están para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, gozan de su felicidad, de su Bien, de la Verdad y de la Belleza de Dios.

Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama el cielo. Es Cristo quien, por su muerte y Resurrección, nos ha “abierto el cielo”. Vivir en el cielo es "estar con Cristo" (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17). Los que llegan al cielo viven "en Él", aún más, encuentran allí su verdadera identidad. Catecismo de la Iglesia católica, 1023-1026
MEDITAR CON SAN JOSEMARÍA
  • Mienten los hombres cuando dicen "para siempre" en cosas temporales. Sólo es verdad, con una verdad total, el "para siempre" de la eternidad. —Y así has de vivir tú, con una fe que te haga sentir sabores de miel, dulzuras de cielo, al pensar en esa eternidad, ¡que sí es para siempre! Forja, 999.
  • Piensa qué grato es a Dios Nuestro Señor el incienso que en su honor se quema; piensa también en lo poco que valen las cosas de la tierra, que apenas empiezan ya se acaban... En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo: sin traiciones, sin engaños: ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia...! Y sin empalago: te saciará sin saciar. Forja, 995.
  • Si transformamos los proyectos temporales en metas absolutas, cancelando del horizonte la morada eterna y el fin para el que hemos sido creados —amar y alabar al Señor, y poseerle después en el Cielo—, los más brillantes intentos se tornan en traiciones, e incluso en vehículo para envilecer a las criaturas. Recordad la sincera y famosa exclamación de San Agustín, que había experimentado tantas amarguras mientras desconocía a Dios, y buscaba fuera de El la felicidad: ¡nos creaste, Señor, para ser tuyos, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti! Amigos de Dios, 208
  • En la vida espiritual, muchas veces hay que saber perder, cara a la tierra, para ganar en el Cielo. —Así se gana siempre. Forja, 998.
3. ¿QUÉ ES EL PURGATORIO? ¿ES PARA SIEMPRE?
Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados.

Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: 
"Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). 
Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos. Catecismo de la Iglesia católica, 1030-1032

MEDITAR CON SAN JOSEMARÍA
  • El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El. Surco, 889
  • No quieras hacer nada por ganar mérito, ni por miedo a las penas del purgatorio: todo, hasta lo más pequeño, desde ahora y para siempre, empéñate en hacerlo por dar gusto a Jesús. Forja, 1041.
  • "Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas". —Luego, ¿el hombre pecador tiene su hora? —Sí..., ¡y Dios su eternidad! Camino, 734.
4. ¿EXISTE EL INFIERNO?
Significa permanecer separados de Él –de nuestro Creador y nuestro fin- para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno.

Morir en pecado mortal, sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios es elegir este fin para siempre.

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, "el fuego eterno". La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

Jesús habla con frecuencia de la gehenna y del fuego que nunca se apaga, reservado a los que, hasta el fin de su vida, rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo.

Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. 
Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión:
"Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran" (Mt 7, 13-14). Catecismo de la Iglesia católica, 1033-1036
MEDITAR CON SAN JOSEMARÍA
  • No me olvidéis que resulta más cómodo —pero es un descamino— evitar a toda costa el sufrimiento, con la excusa de no disgustar al prójimo: frecuentemente, en esa inhibición se esconde una vergonzosa huida del propio dolor, ya que de ordinario no es agradable hacer una advertencia seria. Hijos míos, acordaos de que el infierno está lleno de bocas cerradas. Amigos de Dios, 161.
  • Un discípulo de Cristo nunca razonará así: "yo procuro ser bueno, y los demás, si quieren..., que se vayan al infierno". Este comportamiento no es humano, ni es conforme con el amor de Dios, ni con la caridad que debemos al prójimo. Forja, 952
  • Sólo el infierno es castigo del pecado. La muerte y el juicio no son más que consecuencias, que no temen quienes viven en gracia de Dios. Surco, 890.
5. ¿CUÁNDO SERÁ EL JUICIO FINAL? ¿EN QUÉ CONSISTIRÁ?
  • La resurrección de todos los muertos, "de los justos y de los pecadores" (Hch 24, 15), precederá al Juicio final. 
  • Esta será "la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz [...] y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5, 28-29). 
  • Entonces, Cristo vendrá "en su gloria acompañado de todos sus ángeles [...] Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda [...] E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna." (Mt 25, 31. 32.
El Juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre conoce el día y la hora en que tendrá lugar; sólo Él decidirá su advenimiento. Entonces Él pronunciará por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido último de toda la obra de la creación y de toda la economía de la salvación, y comprenderemos los caminos admirables por los que su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último. 
  • El Juicio final revelará que la justicia de Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte (cf. Ct 8, 6).
  • El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía "el tiempo favorable, el tiempo de salvación" (2 Co 6, 2). 
  • Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. Anuncia la "bienaventurada esperanza" (Tt 2, 13) 
MEDITAR CON SAN JOSEMARÍA
  • Cuando pienses en la muerte, a pesar de tus pecados, no tengas miedo... Porque El ya sabe que le amas..., y de qué pasta estás hecho. Si tú le buscas, te acogerá como el padre al hijo pródigo: ¡pero has de buscarle! Surco, 880.
  • “Conozco a algunas y a algunos que no tienen fuerzas ni para pedir socorro”, me dices disgustado y apenado. —No pases de largo; tu voluntad de salvarte y de salvarles puede ser el punto de partida de su conversión. Además, si recapacitas, advertirás que también a ti te tendieron la mano. Surco, 778.
  • El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer —que nada vale—, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad. Camino, 708.
  • Por salvar al hombre, Señor, mueres en la Cruz; y, sin embargo, por un solo pecado mortal, condenas al hombre a una eternidad infeliz de tormentos...: ¡cuánto te ofende el pecado, y cuánto lo debo odiar! Forja, 1002.
6. AL FINAL DE LOS TIEMPOS DIOS HA PROMETIDO CIELO NUEVO Y UNA TIERRA NUEVA ¿QUÉ DEBEMOS ESPERAR?
  • La Sagrada Escritura llama "cielos nuevos y tierra nueva" a esta renovación misteriosa que transformará la humanidad y el mundo (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1). 
  • Esta será la realización definitiva del designio de Dios de "hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef 1, 10).
  • Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano, querida por Dios desde la creación y de la que la Iglesia peregrina era "como el sacramento" (LG1). 
Los que estén unidos a Cristo formarán la comunidad de los rescatados, la Ciudad Santa de Dios. Ya no será herida por el pecado, las manchas, el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica de Dios será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua.
"Ignoramos el momento de la consumación de la tierra y de la humanidad, y no sabemos cómo se transformará el universo.
Ciertamente, la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa, pero se nos enseña que Dios ha preparado una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y superará todos los deseos de paz que se levantan en los corazones de los hombres"(GS 39).
"No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios" (GS 39). Catecismo de la Iglesia Católica, 1043-1049.
MEDITAR CON SAN JOSEMARÍA
  • Mientras vivimos aquí, el reino se asemeja a la levadura que cogió una mujer y la mezcló con tres celemines de harina, hasta que toda la masa quedó fermentada. Quien entiende el reino que Cristo propone, advierte que vale la pena jugarse todo por conseguirlo: es la perla que el mercader adquiere a costa de vender lo que posee, es el tesoro hallado en el campo. El reino de los cielos es una conquista difícil: nadie está seguro de alcanzarlo, pero el clamor humilde del hombre arrepentido logra que se abran sus puertas de par en par. Es Cristo que pasa, 180
  • En esta tierra, la contemplación de las realidades sobrenaturales, la acción de la gracia en nuestras almas, el amor al prójimo como fruto sabroso del amor a Dios, suponen ya un anticipo del Cielo, una incoación destinada a crecer día a día. No soportamos los cristianos una doble vida: mantenemos una unidad de vida, sencilla y fuerte en la que se funden y compenetran todas nuestras acciones. Cristo nos espera. Vivamos ya como ciudadanos del cielo, siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios. Es Cristo que pasa, 126.
  • El tiempo es nuestro tesoro, el "dinero" para comprar la eternidad. Surco, 882.
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¿POR QUÉ REZAR POR LOS DIFUNTOS? - EXPLICACIONES DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.

 En la Iglesia Católica el mes de noviembre, está iluminado de modo particular por el misterio de la comunión de los santos que se refiere a la unión y la ayuda mutua que podemos prestarnos los cristianos: quienes aún estamos en la tierra, los que ya seguros del cielo se purifican antes de presentarse ante Dios de los vestigios de pecado en el purgatorio y quienes interceden por nosotros delante de la Trinidad Santísima donde gozan ya para siempre. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha (Catecismo de la Iglesia Católica, 1024).

"Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando `claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es'".
Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos en mismo himno de alabanza a nuestro Dios. (Catecismo, punto 954).

La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oraciones 'pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados' (Catecismo, punto 958).

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo (Catecismo, punto 1030).

La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados (Catecismo, punto 1031).

Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.

SAN JOSEMARÍA, EN SURCO
  • “El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El" (Punto 889).
  • “¡Qué contento se debe morir, cuando se han vivido heroicamente todos los minutos de la vida! Te lo puedo asegurar porque he presenciado la alegría de quienes, con serena impaciencia, durante muchos años, se han preparado para ese encuentro" (Punto 893).
El Cielo, La Muerte, El Purgatorio
Fuentes: 
http://forosdelavirgen.org/78152/en-en-cielo-recordaremos-nuestro-pasado-podremos-actuar-sobre-el-2014-05-05/
http://forosdelavirgen.org/42212/las-estructuras-del-paraiso-son-brillantes-traslucidas-y-parecen-hechas-de-joyas-como-en-la-biblia-2012-04-02/
http://es.catholic.net/op/articulos/7566/cat/394/que-es-el-cielo.html
https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-explica-que-es-el-cielo-61995/
http://www.primeroscristianos.com/index.php/noticias/item/1468-la-vida-eterna-el-juicio-el-cielo-el-purgatorio-el-infierno/1468-la-vida-eterna-el-juicio-el-cielo-el-purgatorio-el-infierno
http://www.opusdei.es/es-es/article/cielo-purgatorio-infierno-difuntos/

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