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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

5 de enero de 2016

DONDE ESTÁN LOS CUERPOS DE LOS REYES MAGOS?. SEGÚN BENEDICTO XVI: ¿SABIOS DE PERSIA O REYES DE TARSIS?. Fiesta 06 de Enero

Supuestos restos de los Reyes Magos
Muchos se hacen esta pregunta. Algunos piensan que en ninguna parte porque se trata de una leyenda. Otros los consideran tan magos que piensan que sus figuras se esfuman entre las nubes de colores. ¿Qué podemos saber de todo ello? Es interesante conocer un poco la historia de estos personajes tan simpáticos, queridos por todos, pero demasiado asociados a la cultura del comercio y el regalo. 
Jesús Callejo Cabo nos ofrece una respuesta sintética de estas cuestiones que en estos días cobran especial relevancia.
Reyes Magos de Oriente
Adoration Magi Louvre OAR511.jpg
La adoración de los magos, detalle. Vitral, Alemania, ca. 1400.
ApodoSantos Reyes
Magos de Oriente
Sabios de Oriente />Reyes Magos
Venerado enIglesia católicaIglesias ortodoxas, Iglesias antiguas orientales
Festividaddel 5 al 6 de enero
AtributosRepresentados normalmente conoroincienso y mirra en las manos.
PatronazgoBandera de México Los ReyesLa Paz y Pueblo de Los ReyesTlalnepantla de Baz.
Estado de México.
Si alguien pensaba que esto de los reyes era un cuento chino (por lo de Oriente) o un mito o una invención interesada de la Iglesia que se vaya a la catedral de Colonia (Alemania) y verá una arqueta de oro de estilo gótico donde dicen que yacen las reliquias de los tres Reyes Magos. Otra cosa es que dejen ver el interior y otra más es que algún día se atrevan a analizar esos restos óseos con el carbono 14. 
Marco Polo nos dejó constancia, en su Libro de las Maravillas, de otra ubicación. Según sus informantes, situaban en la ciudad de Sava, enclavada en las áridas tierras de la antigua Persia de donde partieron para Jerusalén, el lugar en el que supuestamente estaban enterrados Melchor,Gaspar y Baltasar, “en tres sepulturas grandes y hermosas; encima de cada sepultura hay una casa cuadrada, redonda en la cima, bien trabajada; y están unas al lado de otras”. En Sava, hoy Saveh, en Irán, ya no queda ni rastro de esas tumbas, si es que alguna vez existieron.
La historia de cómo llegaron a la ciudad de Colonia es muy rocambolesca. La primera persona que encontró esos cuerpos incorruptos fue Santa Helena, madre de Constantino, en el siglo IV, una auténtica Indiana Jones a la hora de localizar por ciencia infusa toda clase de reliquias cristianas. Se los llevó a Constantinopla y allí fueron guardados en un sarcófago de granito. En el reinado del emperador Manuel apareció un religioso griego con nombre de santo, Eustorgio, que fue elegido obispo de Milán y el emperador le regaló entonces los tres cuerpos para que se los llevara a esta ciudad italiana a principios del siglo XII. 
Según la tradición, poco duró la estancia y la tranquilidad de los Reyes Magos en Milán (que por entonces estaban incorruptos) ya que el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico Barbarroja, saqueó la ciudad en 1162, trasladando los restos a Colonia y allí siguen de momento. Bueno, no todos. Tras varios siglos de reclamaciones por parte de las autoridades milanesas, en su afán de recuperar esos restos mortuorios, a principios del siglo XX una tibia, un húmero y un esternón fueron llevados solemnemente a la iglesia de San Eustorgio y colocados en su antiguo sarcófago. Lo dicho, que no los analicen por si acaso.
¿Por qué se celebra el 6 de enero? 
Está claro que si el niño Jesús nació un 25 de diciembre (que no fue así) del año I (que tampoco fue así) los reyes no pudieron llegar de Babilonia a Jerusalén el día 6 de enero, por mucho turbo que tuvieran los camellos. O el día 9 de enero, como afirma El Evangelio Armenio de la Infancia, que “habían salido de su país hacia nueve meses” (capítulo XI). En cambio, El Evangelio Árabe de la Infancia (también denominado Evangelio árabe del Pseudo Juan) asegura algo mucho más insólito e inverosímil: “Partidos de Persia al primer canto del gallo, llegaron a Jerusalén al rayar el día (Cap. VII). Lo más parecido que conozco a eso es la teletransportación. 
Y no deja de ser raro que el 6 de enero sea la Epifanía, palabra griega que significa “manifestación”, y se le adjudique por las buenas el Día de Reyes, que se comenzó a celebrar a principios del siglo III por los cristianos orientales de Constantinopla, coincidiendo con la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, engendrado por la virgen Koré, símbolo del Tiempo Nuevo. También en la misma fecha se celebraban en Roma los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos. Así que había que cristianizar el 6 de enero, como posteriormente se hizo con el 25 de diciembre. Y vamos que se hizo.
En Occidente se empezó a celebrar esta fiesta en el siglo V cuando en el 450 el citado papa León I definió la Epifanía como la “fiesta de los Reyes Magos” y punto. Poco a poco se fueron añadiendo distintos elementos a la cabalgata. La costumbre de que sus “graciosas majestades” trajeran regalos surgió a mediados del siglo XIX para contrarrestar la tradición de San Nicolás, un obispo de la Iglesia oriental que vivió en el siglo IV en Asia Menor conocido por su generosidad con los niños, cuya onomástica es el día 6 de diciembre. El flacucho San Nicolás, por esos azares del destino, se transformó con el tiempo en el orondo Santa Claus.
Unos y otros rivalizan cada año para entregar regalos a los más pequeños de la casa en diferentes días. Según estadísticas de Servimedia, realizada en el 2006, el 46 % de los niños reciben los regalos el día de Reyes, un 16 % los reciben exclusivamente de Papá Noel el 25 dediciembre y el 38 % restante tienen la gran suerte de recibir regalos de ambos. Es el misterio y la fantasía de esos días donde el 34% de los niños de 4 a 8 años aseguran a pies juntillas haber visto a los Reyes Magos o a Papá Noel en persona dejando regalos en sus casas. Y tanto, pues de los 4.000 niños entrevistados de entre 4 y 12 años, un 55% aseguraron sin pestañear que Papá Noel o los Reyes Magos entran en sus casas usando de su magia, mientras que el 25% dicen que lo hacen por la ventana y el 20% creen que se cuelan por la chimenea, eso sí, dependiendo del tamaño de la barriga de Papá Noel.
Rosca de Reyes
Y en el apartado gastronómico, un español o un mexicano no dejará pasar estos días sin probar un trozo de Roscón de Reyes. La costumbre de un dulce con sorpresa en su interior parece remontarse a la época del antiguo imperio romano, con sus fiestas Saturnales. Al que le tocara el haba seca se le hacía el “rey del haba” y de ahí viene, según algunos estudiosos, la expresión “tonto el haba”. 
Al igual que la tradición de comer 12 uvas en la Nochevieja, la del Roscón de Reyes también tiene un origen español. Dice la leyenda que un cocinero aragonés fue nombrado pastelero de la Corte del rey francés Luís XV quien acostumbraba a invitar a reyes, príncipes y embajadores extranjeros el día 6 de enero de cada año. 
Les obsequiaba con pasteles pero casi siempre eran de la misma clase, hasta que le pidió a su cocinero que ideara uno nuevo. Entonces recordó una torta que se hacía en Zaragoza en su juventud. Confeccionó un pan de rosca adornado con frutas escarchadas en el que introdujo un doblón, símbolo de riqueza y prosperidad para aquel al que le tocase en suerte en la degustación del dulce. El rey añadió que aquél a quien le tocara la moneda debería pagar al año siguiente la elaboración del roscón e invitarles a todos a comérselo. Fue un éxito y dada la alcurnia de los comensales se le denominó “roscón de reyes”. De Francia pasó la tradición a España de la mano y el gusto del rey Felipe V, aunque ya existía un antecedente: el Roscón de Navidad.



El papa Benedicto XVI, en su último libro “La infancia de Jesús”, editado por Planeta, se inclina por considerar que el relato evangélico de los Reyes Magos es histórico y no solo una narración catequética de la primera comunidad cristiana.

El papa ha logrado reunir en muy poco espacio, y con un lenguaje muy asequible, las principales teorías sobre el origen y significado del episodio de los, hasta ahora, sabios de Oriente. Pero ¿y si llegaron de Occidente? No se sabe. Podían proceder de Persia en Oriente. Pero Benedicto XVI aventura otra hipótesis que deja abierta y no desarrolla. Podían ser reyes de Tarsis, un lugar que se situaba en África o quizá en el sur de la península ibérica, como centro de la cultura tartésica que floreci 3; en este espacio geográfico.
Dice el papa, en su libro, respondiendo a qué tipo de hombres eran aquellos que se pusieron en camino hacia el rey Jesús: “Tal vez fueran astrónomos, pero no a todos los que eran capaces de calcular la conjunción de los planetas, y la veían, les vino la idea de un rey en Judá, que tenía importancia también para ellos. Para que la estrella pudiera convertirse en un mensaje, debía haber circulado un vaticinio como el del mensaje de Balaán”.
Varios factores, explica, “podían haber concurrido a que se pudiera percibir en el lenguaje de la estrella un mensaje de esperanza. Pero todo ello era capaz de poner en camino sólo a quien era hombre de una cierta inquietud interior, un hombre de esperanza, en busca de la verdadera estrella de la salvación”.
En búsqueda de la verdad
Para Benedicto XVI, los hombres de los que habla el evangelista Mateo no eran únicamente astrónomos. “Eran ´sabios´; representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra”.
“Podemos decir con razón –afirma- que representan el camino de las religiones hacia Cristo, así como la autosuperación de la ciencia con vistas a él. Están en cierto modo siguiendo a Abraham, que se pone en marcha ante la llamada de Dios. De una manera diferente están siguiendo a Sócrates y a su preguntarse sobre la verdad más grande, más allá de la religión oficial. En este sentido, estos hombres son predecesores, precursores, de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos”.
Asegura que, de modo paralelo a como la tradición de la Iglesia ha leído el relato de la Navidad sobre el trasfondo de Isaías 1,3, también ha leído la historia de los Magos a la luz de Salmos 72,10 e Isaías 60. “Y de esta manera, los hombres sabios de Oriente se han convertido en reyes, y con ellos han entrado en la gruta [en las representaciones del belén] los camellos y los dromedarios”, afirma.
“La promesa contenida en estos textos --añade- extiende la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis-Tartesos en España), pero la tradición ha desarrollado ulteriormente este anuncio de la universalidad de los reinos de aquellos soberanos, interpretándolos como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa. El rey de color aparece siempre: en el reino de Jesucristo no hay distinción por la raza o el origen. En él y por él, la humanidad está unida sin perder la riqueza de la variedad”.
El reino de Tartessos
Tartessos o Tartéside fue el nombre con el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de Occidente. Posible heredera de la edad del Bronce final atlántico, se desarrolló en el triángulo formado por las actuales provincias de Sevilla, casi toda, y parte de las de Huelva y Cádiz, en la costa suroeste de la península Ibérica, influyendo sobre las tierras del interior y el Algarve portugués.
Al parecer, tuvo como eje el río Tartessos, que los romanos llamaron luego Betis, antes Oleum flumen (río de aceite) y los árabes Guadalquivir (río grande).
Los tartesios desarrollaron una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos y, en su fase final, tuvieron influencias culturales de egipcios y fenicios.
La primera fuente histórica que alude a Tartessos es la Historia de Herodoto, del siglo V a.C, que habla del rey Argantonio (Hombre de plata), del que se dice que gobernó cien años y se habla de su incontable riqueza, sabiduría y generosidad.
Una fuente más tardía data del siglo IV, del escritor romano Rufo Festo Avieno, que escribió una obra titulada Ora maritima, conocida también como “Las costas marítimas”, poema en el que se describen las costas mediterráneas.
El poeta afirma que utilizó fuentes antiquísimas de autor desconocido. Una de estas fuentes data del siglo IV a.C, de la que Avieno escribió que era un "periplo", es decir, un viaje de navegación costera, realizado por un marino griego y cartaginés, en el que partiendo de las costas de Cornualles (Inglaterra) llegó hasta Massalia (Marsella). Como resultado de aquel viaje se narran los lugares visitados por el desconocido marino, que proporciona las noticias más antiguas sobre la península ibérica.
Argantonio es el único rey del que se tienen referencias históricas. Se sabe que fue el último rey de Tartessos. Vivió 120 años según Herodoto, aunque algunos historiadores piensan que puedan referirse a varios reyes conocidos por el mismo nombre. También dice Herodoto que su reinado duró 80 años, desde el 630 a.C. al 550 a.C. Propició el comercio con los griegos foceos durante 40 años, los cuales crearon varias colonias costeras durante su reinado.
En el siglo VI a.C, Tartessos desaparece abruptamente de la historia, posiblemente barrida por Cartago y las demás colonias fenicias --Gadir (Cádiz), metrópolis fenicia, se encontraba en pleno reino tartessio- que, después de la batalla de Alalia, entre Cartago y Grecia, le hicieron pagar así su alianza con los griegos focenses. Los romanos llamaron a la amplia bahía de Cádiz Tartessius Sinus, pero el reino ya no existía.
En la Biblia, aparecen referencias a un lugar llamado ´Tarshish´, también conocido como ´Tarsis´ o ´Tarsisch´. “En efecto, el rey [Salomón] tenía en el mar la flota de Tarsis, además de la flota de Hiram; cada tres años la flota de Tarsis llevaba cargamentos de oro y de plata, de marfil, de monos y de babuinos”. (Libro de los Reyes I, 10-22).
En la actualidad, algunos creen que Salomón no se refería a Tartessos, sino que se refería al puerto de Aqaba, en la península del Sinaí.
En un texto del profeta Ezequiel (27, 12) (siglo VI a.C.) se comenta que Tiro comerciaba con Tarsis y en este caso es posible que sí se refiera a Tartessos, puesto que Fenicia ya había contactado con ellos: “Tarsis comerciaba contigo, por tus riquezas de todo género, intercambiando tus mercaderias con plata, hierro, estaño y plomo”.
El Libro de Jonás 1,3 (siglo VIII a.C.) dice: "Pero Jonás se levantó para ir a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvéh. Bajó a Yoppe y encontró una nave que iba a zarpar hacia Tarsis. Pagó el pasaje y se embarcó en ella para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvéh".
En todo caso, los Reyes Magos no podían proceder del Tartessos de la península ibérica mientras que, como no se sabe muy bien donde estaba la Tarsis de la Biblia, toda posibilidad queda abierta.
Son la humanidad en camino hacia Cristo
Sin embargo, a Benedicto XVI le interesan menos estos datos históricos, en los que tampoco profundiza, para detenerse en el significado profundo del hecho para nuestra fe.
Por ello, al final de este apartado dedicado a los sabios que visitaron y adoraron a Jesús, afirma: “Más tarde se ha relacionado a los tres reyes con las tres edades de la vida del hombre: la juventud, la edad madura y la vejez. También esta es una idea razonable, que hace ver cómo las diferentes formas de la vida humana encuentran su respectivo significado y su unidad interior en la comunión con Jesús”.
“Queda la idea decisiva --concluye--: los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro de Cristo”.
A mediados del siglo XII, el Emperador Federico Barbarroja invadió Milán y se apoderó de las reliquias de los Reyes Magos, que se encontraban en la iglesia de San Eustorgio, de esa ciudad, desde comienzos del siglo VI. 
Y el entonces Arzobispo de Colonia, Rainald von Dasel, se encargó de realizar su traslado hacia la Roma del Norte. 
El día 23 de julio de 1164, al son de los carillones de las iglesias, el Arzobispo Rainald entraba en la antigua catedral conduciendo las venerables reliquias. 
Para guardarlas y servirles de relicario, se planeó la confección de una gran urna de oro y piedras preciosas, trayendo en el frontispicio la escena de la adoración de los tres Reyes Magos.
Este relicario, comenzado por Nikolaus von Verdun en 1181 y terminado por sus discípulos en 1220, constituye —juntamente con el que guarda los restos mortales de Carlomagno— uno de los puntos altos de la orfebrería medieval.
Sin embargo, la piedad popular quería más.
Era preciso un relicario aún mayor, en el cual la piedra tallada a modo de encaje y el vitral multicolor protegiesen y envolviesen de esplendor la urna de oro y de piedras preciosas. 
Se planeó entonces una inmensa catedral, la mayor del mundo, cuya primera piedra fue colocada por el Arzobispo Konrad von Hochstaden en 1248, en el mismo lugar de la antigua catedral erigida en el siglo IX.
Fuente:
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=26903

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