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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

28 de enero de 2014

LA ORACIÓN "La oración necesita a veces de cosas pequeñas que la van mejorando: anotar, escribir las luces o los puntos de la meditación, adoptar la postura física más conveniente, los momentos y lugares más apropiados"

La oración es un don y es cierto. Sin Dios nada podemos hacer en el orden sobrenatural. Pero al mismo tiempo no menos verdadero es que Dios necesita de nuestra colaboración, del compromiso de nuestras facultades para hacer fructificar el tesoro de sus gracias.
La oración es un acto humano
  • Pide la atención de nuestra mente
  • El empeño de nuestra voluntad
  • La participación de nuestros afectos, emociones y sentimientos. 
No podemos dejar que Dios haga sólo la obra de la oración. Los dones naturales y sobrenaturales que Él generosamente nos ha dado deben contribuir a forjar nuestro espíritu de oración. Hay que reconocer que hoy día vivimos en una cultura que nos inclina hacia lo superficial y fácil, a seguir la ley del mínimo esfuerzo y por ello la concentración en la oración, la profundidad de la misma, la atención se ven con frecuencias comprometidas.
En la oración hemos de poner todo nuestro ser para que el Señor pueda hacer su obra en nosotros. Con frecuencia la falta de progreso en nuestra vida no depende tanto de la acción divina en nosotros, sino de una actitud nuestra más bien perezosa o poco dinámica en donde el Espíritu puede quedar sofocado porque ha caído la palabra divina en terreno poco profundo (Mt 13, 21). 
Por ello la oración exige lo mejor:
  • De nosotros mismos
  • De nuestro tiempo
  • De nuestra inteligencia
  • De nuestra voluntad
  • De nuestros afectos y sentimientos. 
Ello exige de parte del hombre una continua purificación de sí mismo y de modo simultáneo una elevación de su ser hacia lo alto. Por ello se dice que la oración se reconoce en el rostro. 
La persona que ora, sin darse cuenta, se transfigura y también desde un punto de vista humano porque la oración requiere un trabajo sobre sí mismos que eleva al hombre en sus facultades y lo hace ser mejor persona.
La colaboración que exige la oración puede llegar a elementos muy sencillos y prácticos. El Papa Francisco ha dicho que el amor es concreto.
También la oración para que sea eficaz necesita a veces de cosas pequeñas que la van mejorando: 
  • Anotar
  • Escribir las luces o los puntos de la meditación
  • Adoptar la postura física más conveniente
  • Los momentos y lugares más apropiados.
Todo esto es un acto de homenaje por parte de nuestra parte al Dios Creador y Salvador con quien entramos en contacto en la oración. La obediencia de la fe que implica toda respuesta a Dios se manifiesta en la disponibilidad del alma a 
  • "Presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela y entrar así en comunión íntima con El" (Cfr. CCC 154).
LA IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN EN LA VIDA DEL CRISTIANO
¿POR QUÉ ES NECESARIO ORAR? 
Para responder a esta pregunta es necesario acercarse a la oración sabiendo que no es sólo una serie de peticiones a Dios o un ejercicio espiritual, sino que es una actitud que nos acerca íntimamente al corazón de Dios.
San Pío X, Papa, da a conocer brevemente las razones de la oración cristiana al contestar a tres preguntas redactadas en su Catecismo. De este modo, el Papa Pío X explica:
  • “¿Es necesario orar? Es necesario orar y orar frecuentemente, porque Dios lo manda, y de ordinario, sólo por medio de la oración concede las gracias espirituales y temporales.
  • ¿Por qué concede Dios las gracias que pedimos? Dios concede las gracias que pedimos, porque Él, que es fidelísimo, nos lo ha prometido si se las pedimos con confianza y perseverancia en nombre de Jesucristo.
  • ¿Por qué hemos de orar a Dios en nombre de Jesucristo? Hemos de orar a Dios en nombre de Jesucristo, porque sólo de Él, su Hijo y único mediador entre Dios y los hombres, reciben su valor nuestras oraciones y buenas obras; por eso la Iglesia suele terminar las oraciones con estas palabras o equivalentes por nuestro Señor Jesucristo.
LA ORACIÓN NACE DE LA PEQUEÑEZ HUMANA Y SE ENCUENTRA CON LA GRANDEZA DIVINA
La oración se origina de la necesidad. Si orar es, entre otras cosas, pedir, nadie pide si no tiene necesidad. Es así que nadie pide si no lo necesita. Cuando oramos no solo pedimos en el modo interesado, sino que pedimos ser óptimos en el Padre, de quien procede todo bien a través de Cristo por efecto del Espíritu Santo.
 
Orar es abandonarse a las manos de Dios no sólo en nuestras peticiones, sino en nuestra existencia. Es por esto que la oración no se limita a ser petición, sino que se completa al ser una actitud. Las órdenes religiosas cristianas han tenido esto siempre presente en sus reglas. Esto se debe a que el cristianismo no se plenifica si la oración no llega a ser modelo y actitud de vida. Grandes ejemplos de la oración llevada a la vida son los santos que fundamentaron sus acciones en la oración. Entre estos “hombres hechos oración” tenemos a: 
  • San Francisco de Asís
San Francisco de Asís
  • San Bruno de la cartuja
San Bruno de la cartuja
  • Santa Teresita de Liseux, entre otros muchos.
Santa Teresita de Liseux
Podríamos decir que la oración es un acto que constata nuestro amor a Dios. Si amando nos entregamos, más lo haremos cuando oramos, pues nos abandonamos en las manos de Dios no sólo con la palabra o el pensamiento. 
Si la oración es amor, también podemos orar 
  • “Con todo el corazón, con toda la mente, con todo el espíritu y con todas las fuerzas” (Cf. Lc 10, 27) 
Orar con todas las fuerzas implica saber actuar en la fe, la esperanza y la caridad. Es decir, la oración que no se lleva a la acción no es plena. Orar es encomendarse en todos los sentidos a Dios, sin embargo, esto no significa que no tomemos la dirección de nuestra vida, pues Dios nos hizo libres. Antes bien, hay que actuar en 
  • Libertad
  • Prudencia
  • Planeación
Sabiendo que con la oración deseamos que Dios nos lleve a nuestra plenificación como un guía que no nos quita nuestra libertad, sino que nos muestra el mejor camino que debemos seguir.
ORAR ES ESTAR CON EL AMIGO
La oración es fundamental en la vida del cristiano porque con ella, como actitud, nos ponemos en las manos de Dios, aceptamos su superioridad y tomamos conciencia de ser sus hijos.
Cuando oramos no lo hacemos por una obligación autoritario, sino que recurrimos al diálogo con Dios como hijos que tienen un Padre Bueno y Proveedor. Cuando oramos nos dirigimos a un Padre bueno que nos ama, a través del Hijo, el Logos Cristo, en quien somos hijos de Dios.
Por la oración podemos entrar en intimidad con Dios y hacerlo partícipe de nuestros pesares, alegrías y necesidades. Cuando oramos buscamos un consuelo, un consejo y admitimos que somos limitados y necesitamos del poder de Dios para ser óptimamente felices. En la oración recurrimos a Dios como a un amigo supremo al que le comunicamos nuestras debilidades y le pedimos ayuda. A
Santa Teresa de Jesús le gustaba decir que orar es estar con el amigo. Estando con el amigo podemos pedir y sentirnos seguros, pues Dios comunica su gracia cuando se la pedimos en nombre de Cristo.
Santa Teresa de Jesús
REFLEXIÓN DE JOSEPH RATZINGER SOBRE LA ORACIÓN EN LA VIDA DEL CRISTIANO
Desde que el hombre es hombre, reza. Siempre y por doquier el hombre se ha dado cuenta de que no está solo en el mundo, que hay Alguien que lo escucha. Siempre se ha dado cuenta de que necesita a Otro más grande y que debe tender a Él para que su vida sea lo que tiene que ser. Pero el rostro de Dios siempre ha estado velado y sólo Jesús nos ha mostrado su verdadero rostro. 
  • El que le ve a Él ve al Padre (cf. Jn 14,9)
Así, pues, si por una parte al hombre le resulta natural rezar 
  • Pedir en el momento de la necesidad
  • Dar gracias en el momento de la alegría
Por la otra, está siempre nuestra incapacidad de rezar y hablar a un Dios escondido. 
  • No sabemos pedir como conviene, dice San Pablo (Rm 8, 26). 
Por eso debemos decirle siempre al Señor, como los discípulos:
  • “Señor, enséñanos a orar” (Lc11,1) 
El Señor nos ha enseñado el Padrenuestro como modelo de auténtica oración
Y nos ha dado una Madre, la Iglesia, que nos ayuda a rezar. 
La Iglesia ha recibido de la Sagrada Escritura un gran tesoro de oraciones. 
En el transcurso de los siglos se han elevado, de los corazones de los fieles, numerosas oraciones con las que éstos cada vez nuevamente se dirigen a Dios. 
Al rezar con la Madre Iglesia nosotros mismos aprendemos a rezar.
(Roma, 18 de febrero de 2005)
A QUIÉN SE HACE LA ORACIÓN
No sólo se trata de hacer oración, sino de saber a quién nos dirigimos y por qué lo hacemos
Cuando hacemos oración ¿A quién la hacemos? 
Estrictamente la oración podemos dirigirla a 
  • Dios en su Santísima Trinidad
  • La Virgen
  • Podemos pedir la intercesión de los santos para que presenten nuestras oraciones al Señor
  • Podemos pedir la intercesión de los ángeles para que presenten nuestras oraciones al Señor

Nuestras oraciones deben ser dirigidas a Dios, Trino y Uno. 
A Dios Padre le dirigimos nuestra oración, pero como lo establece con claridad el Catecismo de la Iglesia Católica 
  • "No hay otro camino de oración cristiana que Cristo. Sea comunitaria o individual, vocal o interior, nuestra oración no tiene acceso al Padre más que si oramos "en el Nombre" de Jesús. La santa humanidad de Jesús es, pues, el camino por el que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre."(CEC 2664)
Y sin duda, el motor fundamental de la oración es el Espíritu Santo, pues siguiendo nuevamente al Catecismo 
  • "Nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!», sino por influjo del Espíritu Santo" [1Co 12,3 .]. 
Cada vez que en la oración nos dirigimos a Jesús, es el Espíritu Santo quien, con su gracia preveniente, nos atrae al camino de la oración. Puesto que El nos enseña a orar recordándonos a Cristo, ¿cómo no dirigirnos también a él orando? 
Por eso, la Iglesia nos invita a implorar todos los días al Espíritu Santo, especialmente al comenzar y al terminar cualquier acción importante.
  • Si el Espíritu no debe ser adorado, ¿cómo me diviniza él por el bautismo? Y si debe ser adorado, ¿no debe ser objeto de un culto particular?. [San Gregorio Nacianceno]" (CEC 2670)
"La forma tradicional para pedir el Espíritu es invocar al Padre por medio de Cristo nuestro Señor, para que nos dé el Espíritu Consolador. Jesús insiste en esta petición en su Nombre en el momento mismo en que promete el don del Espíritu de Verdad. Pero la oración más sencilla y la más directa es también la más tradicional: "Ven, Espíritu Santo", y cada tradición litúrgica la ha desarrollado en antífonas e himnos:

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. [Misal Romano]

Rey celeste, Espíritu Consolador, Espíritu de Verdad, que estás presente en todas partes y lo llenas todo, tesoro de todo bien y fuente de la vida, ven, habita en nosotros, purifícanos y sálvanos, Tú que eres bueno. [Liturgia]" (CEC 2671)

  • "El Espíritu Santo, cuya unción impregna todo nuestro ser, es el Maestro interior de la oración cristiana. Es el artífice de la tradición viva de la oración. Ciertamente hay tantos caminos en la oración como orantes, pero es el mismo Espíritu el que actúa en todos y con todos. En la comunión en el Espíritu Santo la oración cristiana es oración en la Iglesia." (CEC 2672)
Como hemos podido ver, en nuestra oración la Santísima Trinidad está presente:
  • En el Padre, a quien dirigimos nuestros ruegos
  • En Jesucristo que como puerta del cielo (Jn 10,9) es el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6) y nadie va al Padre si no es por Jesús
  • En nuestra oración está presente el Espíritu Santo quien con su gracia nos atrae al camino de oración (CEC 2670).
Pero no nos olvidemos de que nuestras peticiones también pueden ser dirigidas a: 
  • La Santísima Virgen
  • Los ángeles
  • Los Santos 
Para que intercedan por nosotros y como mediadores acudan al Padre para pedirle por nosotros lo que necesitamos.
Para nuestra oración, podemos ir de la mano de la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra. No olvidemos que el Magisterio de la Iglesia nos enseña que 
  • "María es la orante perfecta, figura de la Iglesia. Cuando le rezamos, nos adherimos con ella al designio del Padre, que envía a su Hijo para salvar a todos los hombres. Como el discípulo amado, acogemos en nuestra intimidad a la Madre de Jesús, que se ha convertido en la Madre de todos los vivientes. Podemos orar con ella y orarle a ella. La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María. Y con ella está unida en la esperanza." (CEC 2679)
En cuanto a los santos, debemos saber claramente que:
  • "Los testigos que nos han precedido en el Reino, especialmente los que la Iglesia reconoce como "santos", participan en la tradición viva de la oración, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración hoy. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. Al entrar "en la alegría" de su Señor, han sido "constituidos sobre lo mucho". Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero." (CEC 2683)
"La intercesión de los santos. "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad":
  • No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida. [Santo Domingo de Guzmán] 
Santo Domingo de Guzmán
  • Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra. [Santa Teresita del Niño Jesús]" (CEC 956)

Es muy común el tener devoción a los santos y pedir su intercesión en nuestras necesidades. Un ejemplo es pedir a:
  • Santa Rita en problemas muy graves
  • San José para tener un trabajo
  • San Francisco de Asís para rogar por la humildad.
En cuanto a los ángeles, acudamos al Antiguo Testamento. 
En el libro de Tobías podemos ver cómo el Arcángel San Rafael recomienda hacer oración: 
  • "…Buena es la oración"(Tb 14, 9)
 y le dice al padre de Tobías 
  • "Cuando tú y Sarra hacíais oración, era yo el que presentaba y leía ante la Gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones." (Tb 14, 12) 
Así que nos es mala idea dirigirnos a nuestros ángeles custodios, o al mismo San Rafael Arcángel, para poner en sus manos nuestra oración y pedirle que las presente y lea ante la Gloria del Señor. Los ángeles son valiosos auxiliares en nuestra oración, pues su función fundamental es la de ser mensajeros.
San Rafael Arcángel
Recordemos, tras meditar en lo leído, que la oración podemos dirigirla a Dios en su Santísima Trinidad, a la Virgen para pedirle que ruegue; podemos pedir la intercesión de los santos y a los ángeles para que presenten nuestras oraciones al Señor.
QUÉ DECIR Y PEDIR EN LA ORACIÓN
 
A veces nos encerramos en nosotros mismos pidiendo cosas y ayudas para esta vida, olvidándonos de Dios, del prójimo y de las cosas que benefician a nuestra alma
Hay un refrán popular que reza "Solo se va al pozo cuando tiene agua", y desgraciadamente a veces solo hacemos oración o nos dirigimos a Dios cuando tenemos un problema tan grave que no encontramos la manera de resolverlo solos. 
También nos acordamos de Dios cuando queremos algo: una nueva casa, un nuevo coche, que nos consiga un trabajo, etc. en ocasiones muy poco nos acordamos de Él para alabarlo por las maravillas que hace todos los días. 
Es necesario poner a Dios primero en nuestra oración, porque Él nos lo da todo y es infinitamente generoso. Si le damos las gracias a un mesero porque nos sirvió un café en un restaurante, ¿No tenemos acaso una obligación infinitamente más grande con el Sumo Creador, que nos da vida, la luz del sol, el aire que respiramos y que lo ha hecho sin tener ninguna obligación? 
Nuestra oración debe comenzar por Él y no por nosotros.
Ahora bien, es perfectamente válido pedirle a Dios lo que necesitamos, Jesucristo nos ha enseñado a hacerlo y a tenerle confianza y solicitarle lo que nos hace falta:
  • "Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!" (Lc 11, 9-13) 
El problema está en que a veces únicamente le pedimos cosas materiales y temporales ¿Y dónde dejamos a nuestra alma? El Santo Cura de Ars en su Sermón sobre la Oración dice: 
  • "Podéis pedir cosas temporales… mas siempre con la intención de que os serviréis de ellas para gloria de Dios, para salvación de vuestra alma y la de vuestro prójimo; de lo contrario, vuestras peticiones procederían del orgullo o de la ambición; y entonces, si Dios rehúsa concederos lo que le pedís, es porque no quiere perderos."
Santo Cura de Ars
Es importante reflexionar que antes de pedir cualquier cosa temporal, hay que pensar en pedirle a Dios que perdone nuestras faltas y las ofensas que contra él hemos cometido. Como seres humanos podemos muy poco. Tendemos a ser débiles, a que nos falte voluntad, generosidad, Fe. 
¿Qué hacer entonces? ¡Pues pedirle su ayuda! Rogarle que haga del nuestro un corazón generoso, que nos ayude a tener más y más fe. Esto lo expresa muy bellamente (y puedes llevarlo a tu oración si te faltan palabras) el Papa Clemente XI en el primer párrafo de su "Oración Univeral":
  • "Creo en Tí, Señor, pero ayúdame a creer con más firmeza; espero en Ti, pero ayúdame a esperar con más confianza; te amo, Señor, pero ayúdame a amarte más ardientemente; estoy arrepentido, pero ayúdame a tener mayor dolor"
Clemente XI
Papa de la Iglesia católica
8 de diciembre de 1700 - 19 de marzo de1721
Clement XI.jpg
Ordenaciónseptiembre de 1700
Consagración episcopal30 de noviembre de 1700 por
Emmanuel-Theódose de la Tour d’Auvergne de Bouillon
PredecesorInocencio XII
SucesorInocencio XIII
Cardenales creadosVéase categoría
Información personal
Nombre secularGiovanni Francesco Albani
Nacimiento23 de julio de 1649
Urbino Flag of the Papal States.gif Estados Pontificios,
Fallecimiento19 de marzo de 1721
Roma Flag of the Papal States.gif
C o a Clemente XI.svg
Escudo de Clemente XI
Ficha en catholic-hierarchy.org
Si ponemos primero a Dios en nuestra oración, entonces vamos por el camino correcto. Y podemos pedirle cosas para nosotros, pero… ¿Y qué pasa con el mandamiento del señor en el que nos pide que amemos al prójimo como a nosotros mismos? Recuerda aquel pasaje del Evangelio que dice: 
"…«¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le contestó: 
  • «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.» Mc12, 28-31
Como ya vimos, en nuestra primera parte de la oración siempre es buena idea comenzar por Dios alabándole, glorificándole y dándole gracias por todo lo que nos da cada día. En eso comenzamos a cumplir el primer Mandamiento, pero si de inmediato nos ponemos a pedir cosas para nosotros, estamos dejando la caridad a un lado y no estamos cumpliendo bien el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo".
Siempre es bueno tener en nuestro Cuaderno de oración una lista de personas e intenciones y pedir por nuestros seres más amados.
También podemos incluir a alguna obra de apostolado que conozcamos para que rinda buenos frutos. Podemos pedir:
  • Por las personas que sabemos que están sufriendo
  • Que tienen alguna necesidad
  • Que están solas
  • Que están enfermas
  • En la cárcel. 
Y bueno, aunque no tenemos obligación de hacerlo, podemos pedir por nuestros enemigos. Hacerlo es "de mucha perfección", decía Santo Tomás de Aquino.
Santo Tomás de Aquino
St-thomas-aquinas.jpg
Proclamado Doctor de la Iglesia el 11 de abril de 1567 por el papa San Pío V
NombreTommaso d'Aquino
ApodoDoctor Angélico
Nacimiento1224 ó 1225
RoccaseccaNápolesReino de Sicilia
Fallecimiento7 de marzo de 1274
Abadía de FossanuovaLacio,Italia
Venerado enIglesia católica
Canonización18 de julio de 1323 por elpapa Juan XXII en Aviñón
Festividad28 de enero Novus Ordo
7 de marzo Vetus Ordo
AtributosHábito dominico, libro, sol en el pecho, iglesia bajo el brazo
PatronazgoTodos los establecimientos educativos católicos
Tras pensar seriamente en lo que hemos escrito, a nadie le sorprenderá que el Padre Nuestro sea la oración más perfecta, pues alabamos, glorificamos y le pedimos a Dios lo que nos hace falta, y lo hacemos en el orden más perfecto. 

Y tras alabar y glorificar a Dios en nuestra oración y pedirle por otros, ya habrá pasado un buen tiempo 
¿Y luego dice uno que "no sabe qué decir en la oración" o que "esa media hora en el oratorio es demasiado larga"? 
Bueno, pues es que a veces no hacemos bien nuestra oración y nos parece un tiempo interminable tal vez porque somos demasiado egoístas. Si viéramos un poco hacia afuera, nos daríamos cuenta de que ¡Hay tanto de qué hablar con Dios aún antes de hacer nuestras peticiones propias!
Una vez que hemos 
  • Alabado
  • Glorificado
  • Dado gracias a Dios
  • Y que hemos pedido por los demás
Entonces es el momento de abrirle al Señor nuestro corazón, 
  • Contándole confiadamente nuestras cosas
  • Nuestros temores
  • Nuestras esperanzas
Nuestra oración debe ser un íntima confidencia con Dios que nos ama infinitamente. 
En la oración Dios nos da 
  • Luces
  • Buenos propósitos
  • Afectos
  • Inspiraciones
La oración fortalece nuestras vidas y les da un sentido teniendo a Dios como centro. Por eso es importante acostumbrarnos a contarle todo a Nuestro Señor: 
  • Nuestras debilidades y caídas
  • Nuestras luchas
  • Todo lo que está alrededor nuestro
Y poco a poco, veremos con más claridad lo que Dios espera de nosotros.
No debemos tener miedo de contarle todo a Dios ¡Como si pudiera sorprenderse de las cosas malas que hacemos! Cuando uno va al médico, tiene que decirle dónde le duele, y si la herida se ve fea e incluso es maloliente, uno no debe taparla por vergüenza, o de otro modo el doctor no podrá curarla. Pues lo mismo pasa con Dios. Debemos hablarle con franqueza, hablarle de nuestros pecados, de lo que nos cuesta trabajo. Hay que contarle con sinceridad aquello que tanto nos cuesta porque si Él quiere puede curarnos. No debemos olvidar nunca la gran cantidad de curaciones que hizo Jesús, y así como curaba los cuerpos de tullidos y ciegos, él también puede curar nuestro espíritu.
CÓMO HACER ORACIÓN
Aprende de una manera rápida y amena cómo hacer tu oración diaria con recomendaciones y ayudas prácticas.
Ya sabemos qué es la oración, qué debemos pedir y dónde es más adecuado hacer oración, llega la parte crucial: ¿Cómo se hace?
  • Estando en el lugar apropiado, “Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: busco tu rostro Señor; Señor, anhelo ver tu rostro.” (San Anselmo de Canterbury, Proslogión, cap. 1)
San Anselmo de Canterbury
O.S.B.
Anselm of Canterbury.jpg
Anselmo de Canterbury, Doctor de la Iglesia Católica
Proclamado Doctor de la Iglesia el 1720 por el papa Clemente XI
Nacimiento1033
Aosta
Fallecimiento1109
Canterbury
Venerado enIglesia Católica e Iglesia anglicana.
Canonización1494
ÓrdenesBenedictinos
Festividad21 de abril
AtributosBáculoLibro y Pluma
Antes de hacer tu oración, determina cuánto tiempo vas a dedicarle. Algunos autores insisten en un tiempo fijo, lo cual puede estar muy bien. 
Para comenzar habría que dedicarle todos los días, sin excepción, diez minutos a Jesús. Él después hará lo demás.
Una vez que has determinado donde, cuándo y cuánto tiempo harás de oración ponte de rodillas (es un acto de sumisión y de reconocer lo poquito que somos frente a Dios, pero también puedes hacerlo de pie o sentado), deja que pasen algunos segundos para tranquilizarte y que tu mente esté despejada de lo que has hecho en el día y entonces ponte en presencia de Dios.
Para empezar tu oración, recuerda el orden y las cosas que debes y puedes pedir en la oración.
Puedes también tomar tu libro de lectura espiritual o las Sagradas Escrituras meditándolo y comentándolo con Dios en tu oración.
  • "Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí, se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad para llegar a la Luz: "Señor, ¿qué quieres que haga?". (CEC 2706)
Si deseas material que pueda ayudarte a hacer tu oración, dale un vistazo a las Lecturas Espirituales.
Decir sinceramente: Señor, ¿qué quieres que haga?, supone hacer uno o varios propósitos prácticos que intentaremos vivir en las próximas horas. Esas resoluciones, díselas a Él y pídele ayuda para cumplir con lo que le prometes.
Procura acudir a María, nuestra Madre en tu oración. 
  • "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros… " 
Con Isabel, nos maravillamos y decimos: 
  • "¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1, 43). 
Porque nos da a Jesús su hijo, María es madre de Dios y madre nuestra; podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones: ora para nosotros como oró para sí misma: 
  • "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). 
Confiándonos a su oración, nos abandonamos con ella en la voluntad de Dios: 
  • "Hágase tu voluntad"
  • "Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". 
Pidiendo a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la "Madre de la Misericordia", a la Virgen Santísima. Nos ponemos en sus manos "ahora", en el hoy de nuestras vidas. 
Y nuestra confianza se ensancha para entregarle desde ahora
  • "La hora de nuestra muerte". Que esté presente en esa hora, como estuvo en la muerte en Cruz de su Hijo y que en la hora de nuestro tránsito nos acoja como madre nuestra (cf Jn 19, 27) para conducirnos a su Hijo Jesús, al Paraíso. (CEC 2677)
Para terminar tu oración dale gracias a Dios desde el fondo de tu corazón y pídele a la Virgen que te ayude siempre.
EN DÓNDE HACER ORACIÓN
Elegir adecuadamente el lugar para hacer la oración puede determinar un mayor avance en la vida espiritual

San Juan Crisóstomo decía que:
  • "Orar es siempre posible. (…) “Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o vendiendo, o incluso haciendo la cocina.” 
Como la oración es un acto de la razón y Dios es omnipresente, podemos hacerla en cualquier lugar y en cualquier momento sin embargo hay lugares en los que la paz necesaria para comunicarse adecuadamente con Dios facilitan y hasta propician la oración.
Sin duda, el mejor lugar para hacer oración es frente al Santísimo Sacramento, pues ahí está Jesús Sacramentado quien nos ve y nos oye verdaderamente. El mismo Jesús que descansaba en Betsaida, a quien tocaban los enfermos esperando su curación, al que crucificaron en el Calvario y quien resucitó al tercer día está oculto en un pedacito de Pan. Ahí está verdaderamente Jesucristo. Por lo tanto, no hay un lugar mejor para hacer la oración que estando frente al Sagrario.
Como no siempre es facil acudir a un oratorio, una capilla o una parroquia en donde esté Jesús Sacramentado podemos hacer nuestra oración en un lugar que nos permita un mínimo de privacía. Nuestra casa, en una habitación puede ser el lugar ideal para hacer oración.
Siempre es buena idea que donde hagamos nuestra oración tengamos a la mano las Sagradas Escrituras (los Salmos son una fuente excepcional para la oración) o los textos del Evangelio.
Un libro espiritual puede ayudarnos, además, a meditar y sobre lo leído conversar con Dios en nuestra oración. Entre los muchos libros espirituales que siempre vale la pena tener para alimentar nuestra oración está el clásico "Imitación de Cristo" de Tomás de Kempis. 
Un libro excepcional es "Orar con Juan Pablo II". 
Santa Teresa de Jesús nunca iba a la oración sin un libro que le ayudara cuando tenía dificultades.
También es útil tener en nuestro "rincón de oración" una imagen que puede ser un crucifijo o una pintura de la Santísima Virgen o de algún santo. 
El Catecismo nos orienta en este sentido diciéndonos que: 
  • "Las imágenes sagradas, presentes en nuestras iglesias y en nuestras casas, están destinadas a despertar y alimentar nuestra fe en el Misterio de Cristo. A través del icono de Cristo y de sus obras de salvación, es a El a quien adoramos. A través de las sagradas imágenes de la Santísima Madre de Dios, de los ángeles y de los santos, veneramos a quienes en ellas son representados." (CEC 1192)
Con toda confianza, como católicos, podemos tener en casa imágenes piadosas que nos ayuden en la oración pues: 
  • "…Siguiendo la enseñanza divinamente inspirada de nuestros santos Padres y la tradición de la Iglesia católica [pues reconocemos ser del Espíritu Santo que habita en ella], definimos con toda exactitud y cuidado que las venerables y santas imágenes, como también la imagen de la preciosa y vivificante cruz, tanto las pintadas como las de mosaico u otra materia conveniente, se expongan en las santas iglesias de Dios, en los vasos sagrados y ornamentos, en las paredes y en cuadros, en las casas y en los caminos: tanto las imágenes de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo, como las de nuestra Señora inmaculada la santa Madre de Dios, de los santos ángeles y de todos los santos y justos. [Concilio de Nicea II]" (CEC 1161)
Con lo anteriormente explicado, podremos entender mejor en dónde podemos hacer nuestra oración:
"La iglesia, casa de Dios, es el lugar propio de la oración litúrgica de la comunidad parroquial. Es también el lugar privilegiado para la adoración de la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. La elección de un lugar favorable no es indiferente para la verdad de la oración:
  • Para la oración personal, el lugar favorable puede ser un "rincón de oración", con las Sagradas Escrituras e imágenes, a fin de estar "en lo secreto" ante nuestro Padre. En una familia cristiana este tipo de pequeño oratorio favorece la oración en común;
  • En las regiones en que existen monasterios, una misión de estas comunidades es favorecer la participación de los fieles en la Oración de las Horas y permitir la soledad necesaria para una oración personal más intensa;
  • Las peregrinaciones evocan nuestro caminar por la tierra hacia el cielo. Son tradicionalmente tiempos fuertes de renovación de la oración. Los santuarios son, para los peregrinos en busca de fuentes vivas, lugares excepcionales para vivir en comunión con la Iglesia las formas de la oración cristiana." (CEC 2691)
Gabriel González Nares - Sección: El ABC de la oración
http://encuentra.com/el_abc_de_la_oracion/la-importancia-de-la-oracion-en-la-vida-del-cristiano/
http://encuentra.com/el_abc_de_la_oracion1147/

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