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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

27 de marzo de 2013

VÍA CRUCIS EN VIDEO

VIA CRUCIS - 1º a 8º Estación

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=mJzIFrtosek
Observaciones: Al finalizar cada una de las catorce estaciones, luego de la reflexión, se debe detener el video y rezar un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria. Al finalizar la octava estación del primer video, saltarse al segundo video, pues en el primero -por error- aparece una parte de la novena estación, misma que está completa en el segundo video.

El libro Via Crucis consta de breves comentarios a las catorce estaciones del Via Crucis, nacidos de la oración personal de Josemaría Escrivá.

"El Vía Crucis no es un ejercicio triste -comenta Mons. Álvaro del Portillo en el prólogo-. Muchas veces enseñó mons. Escrivá de Balaguer que la alegría tiene sus raíces en forma de cruz. Si la Pasión de Cristo es camino de dolor, también es la ruta de la esperanza y de la victoria segura. Esta nueva obra póstuma de Mons. Escrivá de Balaguer, como las anteriores, fue preparada para ayudar a hacer oración y, con la gracia de Dios, para crecer en espíritu de compunción -dolor de amor- y de agradecimiento al Señor, que nos ha rescatado con el precio de su sangre".

Señor mío y Dios mío, bajo la mirada amorosa de nuestra Madre, nos disponemos a acompañarte por el camino de dolor, que fue precio de nuestro rescate. Queremos sufrir todo lo que Tú sufriste, ofrecerte nuestro pobre corazón, contrito, porque eres inocente y vas a morir por nosotros, que somos los únicos culpables. Madre mía, Virgen dolorosa, ayúdame a revivir aquellas horas amargas que tu Hijo quiso pasar en la tierra, para que nosotros, hechos de un puñado de lodo, viviésemos al fin in libertatem gloriæ filiorum Dei, en la libertad y gloria de los hijos de Dios. Via Crucis, Introducción 

Han pasado ya las diez de la mañana. El proceso está llegando a su fin. No ha habido pruebas concluyentes. El juez sabe que sus enemigos se lo han entregado por envidia, e intenta un recurso absurdo: la elección entre Barrabás, un malhechor acusado de robo con homicidio, y Jesús, que se dice Cristo. El pueblo elige a Barrabás. Pilatos exclama: —¿Qué he de hacer, pues, de Jesús? (Mt XXVII,22). Contestan todos: —¡Crucifícale! El juez insiste: —Pero ¿qué mal ha hecho? Y de nuevo responden a gritos: —¡Crucifícale!, ¡crucifícale! Se asusta Pilatos ante el creciente tumulto. Manda entonces traer agua, y se lava las manos a la vista del pueblo, mientras dice: —Inocente soy de la sangre de este justo; vosotros veréis (Mt XXVII,24). Y después de haber hecho azotar a Jesús, lo entrega para que lo crucifiquen. Se hace el silencio en aquellas gargantas embravecidas y posesas. Como si Dios estuviese ya vencido. Jesús está solo. Quedan lejanos aquellos días en que la palabra del Hombre-Dios ponía luz y esperanza en los corazones, aquellas largas procesiones de enfermos que eran curados, los clamores triunfales de Jerusalén cuando llegó el Señor montado en un manso pollino. ¡Si los hombres hubieran querido dar otro curso al amor de Dios! ¡Si tú y yo hubiésemos conocido el día del Señor! 1. Jesús ora en el huerto: Pater mi (Mt XXVI,39), Abba, Pater! (Mc XIV,36). Dios es mi Padre, aunque me envíe sufrimiento. Me ama con ternura, aun hiriéndome. Jesús sufre, por cumplir la Voluntad del Padre... Y yo, que quiero también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del Maestro, ¿podré quejarme, si encuentro por compañero de camino al sufrimiento? Constituirá una señal cierta de mi filiación, porque me trata como a su Divino Hijo. Y, entonces, como El, podré gemir y llorar a solas en mi Getsemaní, pero, postrado en tierra, reconociendo mi nada, subirá hasta el Señor un grito salido de lo íntimo de mi alma: Pater mi, Abba, Pater,...fiat! 2. El Prendimiento: ... venit hora: ecce Filius hominis tradetur in manus peccatorum (Mc XIV,41)... Luego, ¿el hombre pecador tiene su hora? ¡Sí, y Dios su eternidad!... ¡Cadenas de Jesús! Cadenas, que voluntariamente se dejó El poner, atadme, hacedme sufrir con mi Señor, para que este cuerpo de muerte se humille... Porque —no hay término medio— o le aniquilo o me envilece. Más vale ser esclavo de mi Dios que esclavo de mi carne. 3. Durante el simulacro de proceso, el Señor calla. Iesus autem tacebat (Mt XXVI,63). Luego, responde a las preguntas de Caifás y de Pilatos... Con Herodes, veleidoso e impuro, ni una palabra (cfr. Lc XXIII,9): tanto deprava el pecado de lujuria que ni aun la voz del Salvador escucha. Si se resisten a la verdad en tantos ambientes, calla y reza, mortifícate... y espera. También en las almas que parecen más perdidas queda, hasta el final, la capacidad de volver a amar a Dios. 4. Está para pronunciarse la sentencia. Pilatos se burla: ecce rex vester! (Ioh XIX,14). Los pontífices responden enfurecidos: no tenemos rey, sino a César (Ioh XIX,15). ¡Señor!, ¿dónde están tus amigos?, ¿dónde, tus súbditos? Te han dejado. Es una desbandada que dura veinte siglos... Huimos todos de la Cruz, de tu Santa Cruz. Sangre, congoja, soledad y una insaciable hambre de almas... son el cortejo de tu realeza. 
9º a 14º Estación

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=SMgMO-KwXl0
Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y Él, con la cruz a cuestas, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, donde le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y en el centro Jesús. 
Pilato escribió el título y lo puso sobre la cruz. 
Estaba escrito: Jesús Nazareno, el Rey de los judíos (Jn 19,16-19).

No saben lo que hacen
Ahora crucifican al Señor, y junto a El a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Entretanto Jesús dice:
— Padre, perdónales porque no saben lo que hacen (Lc 23,34).
Es el Amor lo que ha llevado a Jesús al Calvario. Y ya en la Cruz, todos sus gestos y todas sus palabras son de amor, de amor sereno y fuerte.
Con ademán de Sacerdote Eterno, sin padre ni madre, sin genealogía (cfr. Hb 7,3), abre sus brazos a la humanidad entera.

Junto a los martillazos que enclavan a Jesús, resuenan las palabras proféticas de la Escritura Santa: han taladrado mis manos y mis pies. Puedo contar todos mis huesos, y ellos me miran y contemplan (Sal 21,17-18).
— ¡Pueblo mío! ¿Qué te hice o en qué te he contristado? ¡Respóndeme! (Mi6,3).

Y nosotros, rota el alma de dolor, decimos sinceramente a Jesús: soy tuyo, y me entrego a Ti, y me clavo en la Cruz gustosamente, siendo en las encrucijadas del mundo un alma entregada a Ti, a tu gloria, a la Redención, a la corredención de la humanidad entera. Via Crucis. XI Estación

Le injurian y se mofan de Él
En la parte alta de la Cruz está escrita la causa de la condena: Jesús Nazareno Rey de los judíos (Jn 19,19). Y todos los que pasan por allí, le injurian y se mofan de Él.
— Si es el rey de Israel, baje ahora de la cruz (Mt 27,42).
Uno de los ladrones sale en su defensa:
— Este ningún mal ha hecho... (Lc 23,41).
Luego dirige a Jesús una petición humilde, llena de fe:
— Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino (Lc 23,42).
— En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso (Lc 23,43).
Junto a la Cruz está su Madre, María, con otras santas mujeres. Jesús la mira, y mira después al discípulo que El ama, y dice a su Madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. 
Luego dice al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre (Jn 19,26-27).

Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Se apaga la luminaria del cielo, y la tierra queda sumida en tinieblas. Son cerca de las tres, cuando Jesús exclama:
—Elí, Elí, lamma sabachtani?! Esto es: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt 27,46).

Después, sabiendo que todas las cosas están a punto de ser consumadas, para que se cumpla la Escritura, dice:
— Tengo sed (Jn 19,28).
Los soldados empapan en vinagre una esponja, y poniéndola en una caña de hisopo se la acercan a la boca. Jesús sorbe el vinagre, y exclama:
— Todo está cumplido (Jn 19,30).

El velo del templo se rasga, y tiembla la tierra, cuando clama el Señor con una gran voz:
— Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23,46).
Y expira.

Fuente de vida interior
Ama el sacrificio, que es fuente de vida interior. Ama la Cruz, que es altar del sacrificio. Ama el dolor, hasta beber, como Cristo, las heces del cáliz».
Via Crucis. XII Estación
Jesús está extenuado. Su paso se hace más y más torpe, y la soldadesca tiene prisa por acabar; de modo que, cuando salen de la ciudad por la puerta Judiciaria, requieren a un hombre que venía de una granja, llamado Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y le fuerzan a que lleve la cruz de Jesús (cfr. Mc XV,21). 
En el conjunto de la Pasión, es bien poca cosa lo que supone esta ayuda. Pero a Jesús le basta una sonrisa, una palabra, un gesto, un poco de amor para derramar copiosamente su gracia sobre el alma del amigo. Años más tarde, los hijos de Simón, ya cristianos, serán conocidos y estimados entre sus hermanos en la fe. Todo empezó por un encuentro inopinado con la Cruz. 
Me presenté a los que no preguntaban por mí, me hallaron los que no me buscaban (Is LXV,1). 
A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros. Y si acaso ante esa Cruz inesperada, y tal vez por eso más oscura, el corazón mostrara repugnancia... no le des consuelos. Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz!Via Crucis, quinta estación
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