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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

29 de septiembre de 2016

LA SILLA VACIA. CUENTOS E HISTORIAS PARA PENSAR

Cuando iban de camino entró en cierta aldea, 
y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 
Tenía esta una hermana llamada María que,
sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra
(Lc 10)
María, sentada a los pies del Señor, escuchaba. ¡Qué buen lugar supo escoger María! ¡Qué sabiduría la suya!
Una mujer pidió a un sacerdote que fuera a visitar a su padre, que padecía una grave enfermedad. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo vio una silla al lado de su cama, por lo que pensó que el hombre sabía que vendría a verlo. Pero el enfermo no lo esperaba.

—Soy el sacerdote que su hija llamó para que viniera a verle; cuando vi la silla vacía al lado de su cama he pensado que usted sabía que yo vendría.

—Oh sí, la silla –dijo el enfermo–, ¿le importa cerrar la puerta?
  • «Nunca he contado esto a nadie –habló desde la cama– pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Muchas veces había oído que se debe orar y los beneficios que trae la oración, pero nunca he sabido cómo hacerlo realmente. Por eso, la abandoné. Pero conversando con un amigo sacerdote, que ya murió, me dijo que la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. “Quizá –me sugirió– te pueda ayudar lo siguiente: te sientas en una silla y colocas otra vacía enfrente de ti, luego con fe miras a Jesús sentado delante de ti. Puedes hacerlo, pues Él nos dijo: Yo estaré siempre con vosotros. Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora”. Así lo hice una vez, y me ayudó tanto que lo he seguido llevando a la práctica cada día desde entonces».
Ángel Custodio
El sacerdote le animó a que siguiera tratando así a Jesús.
Dos días después, la hija le llamó para decirle que su padre había fallecido. 

El sacerdote le preguntó si había muerto en paz.

—Sí, cuando me disponía a salir de casa me llamó y fui a verlo, y me dijo lo mucho que me quería. Cuando regresé de hacer las compras una hora más tarde había fallecido.
  • «Pero hay algo extraño en relación a su muerte, pues parece que antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, y así lo encontré. ¿Qué cree usted que pueda significar esto?».
Cuando estamos cerca del sagrario no necesitamos imaginarnos que Él está allí, en la silla que le hemos preparado. ¡Él se encuentra realmente presente! A pocos metros...
Tabernáculo. Capilla anexa al Museo Provincial de Lugo, Galicia, España
María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Igualmente cerca nos encontramos nosotros. Estamos sentados a los pies del Señor. Si guardamos un poco de silencio en el corazón (¡tanto ruido!) también le oímos. Allí le hablamos, le contamos lo que nos pasa, cosas quizá triviales que han sucedido durante el día. ¡No importa que Él ya las sepa! Y le escuchamos. La oración es diálogo de persona viva a Persona que también vive, está presente y escucha con atención lo que le contamos o pedimos.
San José, María y el niño Jesús Escena del retablo de Torreciudad
Y si nos cuesta el diálogo, nos puede ayudar este consejo, que viene de buena mano: 
  • «A tu Madre María, a San José, a tu Ángel Custodio... ruégales que hablen al Señor, diciéndole lo que, por tu torpeza, tú no sabes expresar»1. 
Angel custodio
¡Qué torpes somos! Pero nuestros santos intercesores saben bien cómo enderezar nuestra oración. Ellos sabrán expresarlo mejor, si estamos tan apurados que nada viene a nuestra mente.
San José, María y el niño Jesús. 
Ese rato junto al Señor nos une profundamente a Él, y también a los demás. Nos unimos a toda la Iglesia, a los que en ese momento tienen más necesidad de ayuda, a los enfermos, a los atribulados...:
No vengo a la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.
No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.
Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva toda la Iglesia
dentro de su corazón.
Y dice siempre «nosotros»,
incluso si dice «yo»2.
NUESTRA ORACIÓN PERSONAL ES RIQUEZA PARA TODA LA IGLESIA. NO LA DEJEMOS JAMÁS. ALGUIEN CAE CUANDO LA OLVIDAMOS O LA HACEMOS MAL. ALGUIEN SE LEVANTA Y CAMINA SI CUIDAMOS CON ATENCIÓN ESE DIÁLOGO CON EL SEÑOR.
Cfr. El día que cambió mi vida

Fuente:
http://www.hablarcondios.org/meditacionperiodica.asp

1 comentario:

  1. Orar no es otra cosa sino saber que Dios siempre nos escucha, y dejar oir su susurro en lo más íntimo de nuestro corazón.

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