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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

15 de mayo de 2012

LA AVARICIA. HACE ALGUNOS SIGLOS EXISTÍA UNA TRIBU DE INDIOS PARA QUIENES LO MATERIAL NO ERA CONSIDERADO COMO LO MEJOR DE LA VIDA. LOS INDIOS KWAKIUTL

Kwakiutl en Vancouver, Canadá.
Por P. Modesto Lule msp
Hace algunos siglos existía una tribu de indios para quienes lo material no era considerado como lo mejor de la vida. 
Eran los indios Kwakiutl, que se establecieron en Canadá, en lo que hoy conocemos como Vancouver. Estos indios, para obtener renombre ante su comunidad, hacían un ritual un tanto extraño para poder ganarse el respeto de los miembros de su tribu. 

Entre ellos había una ceremonia que se llamaba potlatch; esta consistía en acumular una cuota determinada, de 20 canoas, 20 pieles de lince, 20 pieles de marmota, además de 20 mantas y otras menudencias acompañadas de 20 esclavos para después entregarlos a la comunidad, todo esto a cambio de una placa de cobre. Pero, no se piense que la autoridad se obtenía sólo con la posesión de aquella placa. El hombre que deseaba tener un lugar privilegiado en la comunidad debía destruir en el fuego aquella placa en presencia de toda la tribu. 

Todo esto se llevaba a cabo para demostrar que los dirigentes no estaban dominados por la ambición; a cambio de esto, sentían un desapego absoluto por lo material. 

Las prácticas actuales nos moldean en muchos aspectos. La cultura consumista de hoy te hace sentir que eres y vales más por cuanto posees o adquieres, la moda del gancho para la ropa. Los hombres luchamos a brazo partido por adquirir bienes materiales sin importarnos en muchos casos la propia salud. No menosprecio el trabajo arduo de los padres de familia que siempre buscan dar lo mejor a sus hijos, pero cuando éstos se olvidan de que lo principal es el amor, comienzan los problemas; así tenemos padres de familia que entregan su vida al trabajo para saciar de bienes materiales a sus hijos, olvidándose que para ellos son más valiosas otras cosas, entre las cuales están el tiempo que se les dedica para estar con ellos, la caricia y la palabra de ternura después de levantarse o antes de dormir, el tierno abrazo de felicitación el día de su cumpleaños o al entregar sus calificaciones. 

También cuando son escuchados al contar lo que les sucedió en la escuela. Todos estos son momentos invaluables en la vida de las personas cuando van creciendo.

El Catecismo de la Iglesia Católica describe la avaricia como: una inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones. Este pecado está prohibido por el noveno y décimo mandamiento (CIC 2514, 2534). La avaricia viene del latín «avarus»: es el ansia o deseo desordenado y excesivo por la riqueza. Este mismo pecado es la raíz de otras faltas como la deslealtad, la traición, el fraude, el perjurio o el juramento en falso, sufriendo, como consecuencia, el endurecimiento del corazón.
Escrito por P. Modesto Lule msp
Domingo 06 de Mayo 2012
http://www.elobservadorenlinea.com/content/view/3616/1/

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