| por Joaquín Rocha Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación joacorocha05@yahoo.com.ar |
Fernando Tria de Bies, escritor y economista
Cada día se habla más de las ventajas del humor en
las empresas, en tiempos que algunos consideran de crisis. Más que
tiempos de crisis podríamos decir de desorientación y relatividad, lo
que lleva a vivir en un cierto estado de desmoralización y fracaso. Esto
requiere la necesidad de acomodación a los cambios continuos sin que
sufra la integridad de la persona.
Adoptar el humor como manera de vivenciar la
cotidianidad empresarial, más que desventajas, proporciona un sinfín de
beneficios. Posiblemente los que tienen a su cargo la implementación de
nuevas técnicas para alcanzar una mayor productibilidad en los empleados
busquen cómo insertar el humor en sus empresas y, así, lograr un mejor
estado de ánimo. De esta manera, obtienen: reducción del estrés laboral y
una mejor disposición para enfrentar los problemas, los fracasos y
cualquier otro tipo de situación que incomode a los empleados.
El humor atrae a las personas. Si de recursos
humanos hablamos, las retiene y potencia sus capacidades al servicio de
los proyectos anuales empresariales. Fortalece la motivación, la
creatividad, la toma de decisiones. Favorece el aprendizaje y la
comunicación optimizando los vínculos interpersonales.
En una empresa, sobre todo las que comercializan
productos, el humor atrae clientes y potencia el impacto persuasivo en
los mensajes de venta. Grandes empresas de países desarrollados,
comprobando las ventajas de la utilización del humor, lo han integrado
en programas de formación de personal y retribuyen a sus empleados,
incluyendo a sus ejecutivos, según lo divertido que resulta trabajar con
ellos. Algunas conceptos teórico-prácticos provenientes de otras
tierras, no tan “santos” en otros aspectos, son dignos de tener en
cuenta.
El humor y el trabajo no se enfrentan, sino que se
asocian obteniendo los mejores resultados esperados. Una de las
características de aquellos directivos que desean conducir una empresa
en términos de rendimiento y seriedad es la represión del sentido del
humor. El humor lleva el peso de temores y mitos.
Desde sus propios miedos e incapacidades, suponen
que es algo arriesgado y que si el personal a su cargo se divierte, no
trabaja. Por otro lado, gran error, si piensan que para emplear el humor
se necesita un don especial. Solo se necesita disposición para dejar de
lado formalismos, solemnidad y ese culto al ejecutivo agresivo que
consigue siempre, a través del grito y del maltrato o del no
reconocimiento, lo que se propone. La “cara de perro” sirve como máscara
defensiva para imponer obediencia y sumisión, que acerca más la empresa
a algo así como una “sociedad totalitaria”. Generar un ambiente hostil
produce efectos “boomerang” haciendo más vulnerables a los directivos a
ataques directos e indirectos por parte de sus empleados.
El humor es liberador, a pesar de que, en
estructuras no democráticas, como las organizaciones empresariales, la
libertad no es del todo bien vista. La solemnidad es casi siempre factor
desmotivante en cualquier cultura de una empresa.
Hay directivos originales y excepcionales. Esta
originalidad y excepcionalidad consisten en poder reírse de sí mismos y
no por eso perder el respeto de sus empleados. Al contrario, despertarán
la lealtad y la admiración de todos ellos.
En los momentos difíciles, hace falta el humor. La
risa es una medicina valiosa para la mente y el espíritu. “Por lo tanto,
creemos que es mejor canalizar esta necesidad humana que tratar de
reprimirla. Si los comunicados oficiales tienen chispa, si las reuniones
son divertidas, si la consecución de objetivos se propone como un
juego, si se entrena al personal para bromear adecuadamente con los
clientes, se pone el sentido del humor al servicio del negocio, en vez
de que se convierta en un sumidero de energías desaprovechadas. El truco
consiste en que el trabajo mismo resulte para que las y los empleados
no tengan que buscarse la diversión por su cuenta, a costa de la
productividad” (E. Jáuregui. J.D. – Fernández, Alta Diversión. Los beneficios del humor en el trabajo, Barcelona, Alienta, 2008).
Si el humor es una herramienta hoy día
imprescindible. Nunca es tiempo perdido el generar espacios para que
directivos y empleados busquen salidas a través del humor. Algunas
empresas ya lo utilizan con muy buenos resultados: implementan talleres
para sus empleados que les han servido de base para la estrategia de branding interno
(“ponerse la camiseta de la empresa”). Los empleados identificados con
los valores y el posicionamiento de una empresa son su mejor publicidad.
En internet, existe una gama de ofertas de talleres, como por ejemplo,
los que se ofrecen en espaciosabiertos.blogspot.es.
Trabajar con humor rinde a corto plazo sus frutos.
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