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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

“Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, como debo obrar, para el bien de los hombres, de la iglesia y el triunfo de Jesucristo”.

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

15 de septiembre de 2011

¡FÍATE DE DIOS!. EL ALPINISTA

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua inició su travesía, después de años de preparación.
Pero quería la gloria para el solo, por lo tanto subió sin compañeros. 
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde... 

Pero, obsesionado, no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima.
Oscureció, la noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes. 

Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... 
Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas cada vez más oscuras que se deslizaban por la misma oscuridad y sentir la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo... 

Y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida; pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón tan fuerte que casi lo parte en dos...

¡Si!, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura. 
En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar: 

¡Ayúdame Dios Mío... !

De repente una voz grave y profunda le contestó desde los cielos:

¿Que quieres que haga, Hijo Mio?

¡Sálvame, Dios Mío!

¿Realmente crees que te pueda salvar?

¡Por supuesto, Señor...!

Entonces corta la cuerda que te sostiene...

Hubo un momento de silencio y quietud. 

El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó...

Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado fuertemente con las manos a una cuerda...

¡A TAN SÓLO DOS METROS DEL SUELO...! 

¿Y tú? 

¿Que tan confiado estas de tu cuerda? 

¿Por qué no la sueltas?

¡¡¡ FÍATE DE DIOS !!!



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